Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer. La historia le pertenece a AngstGoddess003. Y está siendo traducida por varias personas en el Blog de A.P.

Capítulo 20: Sonrisas de Chocolate Derretido.

Traducido por: Ioreth y Lucía.


*Bella*

Esa sonrisa. Esa torcida, gloriosa, radiante, sexy, y seductora sonrisa. Nunca me había sonreído así. Y yo conocía esa sonrisa. Se la había visto utilizar en dos ocasiones. Una de ellas para que la señora Cope lo dejase salir antes. La otra para conseguir postre gratis de la cocinera en la escuela. Esa sonrisa era el arma de Edward con las mujeres. Sabía que cuando la utilizaba, caían rendidas a sus pies. Y, Dios, sí que funcionaba.

No sé si fue el beso, o los doce días sin mí, pero algo en su forma de mirarme había cambiado. En un muy, muy, buen sentido.

Cuando llegué a casa, estaba francamente radiante. Había dejado atrás el juicio, había dejado atrás Phoenix y todavía tenía a Edward. Y posiblemente, la oportunidad de obtener un poco más de él de lo que había previsto anteriormente. Tenía esperanzas y no me sentía mal por ello.

Alice y Esme estaban tiradas en el sofá del salón en pijama cuando entré. Subí a mi habitación y dejé caer la mochila. Me cepillé el cabello enmarañado antes de ir a verlas. Estaban remoloneando y cuando vieron mi cara, sonrieron ampliamente. Tenía claro que había cambiado por completo mi estado de ánimo desde ayer. Edward tenía ese tipo de efecto sobre mí.

Me quité la sudadera y me dejé caer en el sofá con ellas. Por sus sonrisas sabía que no me habían atrapado. Esme acarició mi rodilla y me sonrió dulcemente antes de levantarse del sofá con su pijama rosa, saliendo de la habitación para vestirse.

Y me acordé de lo mucho que quería reírme de nuevo con Alice, así que me quité los zapatos y me senté al estilo indio frente a ella, evocando la adolescente en mi interior.

—Alice. —Mi voz estaba aún un poco áspera, pero casi había vuelto a la normalidad. Pinté una expresión muy seria en la cara y ella arqueó una ceja—. Suéltalo todo de una vez —le pregunté en serio, necesitaba saber lo que estaba pasando con Jasper. Su rostro se iluminó y se volvió hacia mí, imitando mi posición, totalmente emocionada. Se rio una vez.

—Jasper es increíble —dijo, bajando la voz y poniendo los ojos en blanco. Me reí con ella, contenta de que las cosas finalmente empezaran entre ellos. Le hice un gesto con la mano para que continuara. Necesitaba más detalles. Se rio de nuevo—. Hemos pasado toda la semana juntos. —Miró alrededor de la habitación, se inclinó hacia mí con la mano ahuecando su boca y continuó en un susurro—. Y el armario del conserje ahora está coordinado por colores.

No pude evitarlo. Realmente traté de aguantar la risa, pero casi hace que me caiga del sofá a carcajada limpia. Me podía imaginar la cara de Jasper cuando Alice paró de enrollarse con él para arreglar la habitación porque estaba muy sucia para cumplir sus estándares. Ella se rio conmigo, me sentí tan ligera y despreocupada en ese momento. Cuando dejamos de reírnos, continuó.

—Y los besos... —Suspiró con una mirada de ensueño. Sacudió la cabeza un poco, haciéndola mover el negro cabello de punta, y buscó mi mirada de nuevo con una amplia sonrisa—. Los besos son casi mejor que el sexo. —Movió las cejas sugestivamente. La miré boquiabierta. Sorprendida. Aunque realmente no debería de haber sido así. Alice no era virgen. Los pantalones de cuero lo decían todo. Rio y entornó los ojos—. ¡Oh, vamos, Bella! —Me reprendió, golpeando suavemente mi rodilla, jugando—. No estés tan sorprendida. —Sonrió. Y le devolví la sonrisa, porque al menos había tardado un par de semanas. Esperaba. Y tal vez si yo me tomaba bien sus indiscreciones, ella podría tomarse mejor las mías si alguna vez se enteraba de lo de Edward. Dejé de hacer preguntas después de eso. Jasper era mi segundo chico favorito, y no quería poner en peligro ese estatus con un caso realmente malo de demasiada información.

Me pasé el resto del día deshaciendo la maleta y reevaluando mi situación con Edward. Me pregunté si debía ir más allá con mi plan anterior de pequeños pasos para enseñarle que me gustaba. Pensé que ahora era un buen momento, ya que me miraba de otra manera. Y definitivamente me sonreía de otra manera. Además, básicamente había tratado de tener sexo con él a través de los pijamas. Era estúpido ser tímida ahora con un poco de coqueteo.

Así que cuando Alice me pidió que la dejara peinarme de nuevo, acepté agradecida. Y no solo porque pensara que a Edward le podría gustar, sabía que era así porque vi tres dibujos diferentes de mi cabello en su cuaderno, sino porque simplemente me gustaba pasar el rato con Alice. De alguna manera amplificaba la adolescente dentro de mí. Antes lo odiaba, pero ahora me sentía contenta de ser normal. O tan normal como podría llegar a ser.

Peinó y mimó mi largo pelo durante dos horas. Volviéndolo brillante y rizado como la última vez. Tenía expresión de concentración cuando la miraba en el espejo del tocador. No estaba mintiendo cuando le dije a Edward que le gustaría tener el pelo más largo. Pero nunca aguantaba a que le creciera lo suficiente. La miré y no pude evitar sonreír al notar la forma en la que disfrutaba cuando un rizo salía perfectamente curvado, y la forma en que fruncía el ceño cuando no mantenía el cabello en el rizador el tiempo suficiente y quedaba chafado. Por supuesto, Alice lo cogía de nuevo empezando el proceso desde el principio. Me pregunté si sus tendencias perfeccionistas ya habían atacado a Jasper. No creía que «grunge» estuviera en su vocabulario.

Hablaba distraída mientras trabajaba con el rizador, contándome las cosas que me había perdido en la escuela antes de las vacaciones de Navidad. Mike Newton salía con Jessica de nuevo, y tuve que sonreír, porque estaban hechos el uno para el otro de una forma muy incorrecta. Cuando terminó, hizo una pequeña reverencia a sus rizos brillantes. Me reí de ella y moví la cabeza, haciendo que los rizos se moviesen. Su sonrisa aumentó de tamaño.

Hice pasta Alfredo para la cena. Realmente era para Edward, pero a Esme y Alice también les gustaba mucho. Se acercaba Navidad, faltaba una semana, y ya estábamos en vacaciones escolares. Así que Alice me había reclutado para una excursión de compras. Le dije que no cinco veces, recurrió a los pucheros. Y me rendí. Ella sabía cómo vencerme.

Cuando dieron las nueve Alice y Esme se fueron a la cama, y yo comencé con las galletas, sabiendo perfectamente el evento más importante en mi día. Así que empaqueté todo, la pasta y las Sonrisas de Chocolate Derretido, y salí a encontrarme con Edward a las diez. Me miré al espejo antes de salir. Los rizos ridículamente brillantes habían resistido todo el día. A pesar de haberme quitado los ganchos bastante dolorosos. Puse los ojos en blanco a mi reflejo de nuevo, y salí por la puerta.

De nuevo no llovía, y estuve agradecida por mi cabello. Me encaminé a través de los patios y subí el enrejado escalando mejor después de pasar una larga noche de sueño. Notaba el cabello rebotando una y otra vez cuando subí y me dirigí a la barandilla. Llamé con cuidado, Edward estaba esperándome en la puerta. Cuando me vio de pie en el balcón con el cabello y todos mis rizos brillantes flotando en la brisa ligera, coloco una extraña expresión en su rostro. No estaba segura de lo que significaba, pero entré junto a él en la habitación, y comencé a descargar su comida en la cama.

—Probablemente tienes hambre, ¿eh? —Me reí, imaginando que tenía que haberse hecho su propia comida durante doce días. No me respondió ni saltó a la cama como hacía siempre, así que después de vaciado mi bolso, me di la vuelta. Estaba de pie justo detrás de mí, mirándome sin expresión. Fruncí las cejas, preguntando cuál era el problema. Pero en lugar de responder a la pregunta, levantó una mano y colocó un rizo rebelde detrás de mi oreja, siguiendo sus movimientos con los ojos.

Entonces me ruboricé, como si toda la situación de los rizos brillantes no fuera lo suficientemente obvio sin ello. Retiró lentamente su mano, desviando la mirada de mi cabello y se acercó a la cama, en silencio, dejándose caer en frente de la comida. Abrió el recipiente y sus ojos se agrandaron. Me reí de nuevo, porque sabía que estaría muerto de hambre. Cuando oyó mi risa, me miró, todavía de pie junto a la cama, y sonrió con la misma sonrisa torcida. Mi respiración se detuvo, igual que lo hizo por la mañana, y mi cara se puso más caliente. Totalmente mortificada por mis reacciones, me volví a toda prisa caminando hacia el sofá.

El iPod estaba en el sofá esperándome, y sonreí cuando lo vi, había echado de menos la música. Me dejé caer, haciendo que mis rizos oscilaran y lo cogí, poniéndome los auriculares en los oídos.

—¿Alice otra vez? —Escuché murmurar a Edward desde la cama con la boca llena. Elevé la mirada desde el iPod, él seguía mirándome el cabello. Asentí con la cabeza hacia él.

—Síp —me aclaré la garganta suavemente—. Nos pasamos el día hablando de Jasper. Poniéndonos al día, ¿sabes? —Me encogí de hombros con indiferencia, tratando de salvar un poco de dignidad y me concentré en el iPod de nuevo, rezando para que mi cara no estuviese roja como un tomate. Le oí gemir en voz baja, no tenía claro si por la comida o por mi respuesta.

—Parece que los hubieran soldado por las caderas. Es repugnante —masticaba. Me reí, porque probablemente lo estaban. Literalmente. Soldados por las caderas. Hice una mueca.

Resoplé un mechón de cabello de mi cara, lamentando haberme quitado los muy necesarios y dolorosos ganchos.

—Entonces —empecé tratando de distraer mi mente de la vida sexual de Alice—. ¿Qué vas a hacer en vacaciones? —Le pregunté, mirándolo devorar la pasta con el entusiasmo. Él frunció el ceño al masticar los fideos, y se encogió de hombros.

—¿Y tú? —Me preguntó luego de tragar, girando el tenedor en los fideos.

Desvié la vista del iPod y lo miré a través de mis pestañas, parpadeando un poco y sintiéndome ridícula.

—Alice me llevará de compras algún día de esta semana. Aparte de eso, probablemente nada. —Me encogí de hombros suavemente, observando que sus ojos se abrían un poco más. Tenía miedo de que estuviera siendo demasiado evidente, así que rápidamente me centré de nuevo en el iPod, con la cara envuelta en llamas rojas.

Se quedó en silencio mientras yo escuchaba música. Me sobresalté un poco cuando escuché una versión especialmente inquietante de All the pretty Little horses en el iPod. Temí que hubiese encontrado algo para sustituirme mientras estuve fuera y ahora no me necesitara más, antes de darme cuenta que estaba cansado cuando llegué, así que seguramente no le funcionó. Lo cual era comprensible, porque la canción sonaba francamente extraña. Me preguntaba cómo alguien se le habría ocurrido cantarle algo tan espeluznante a su hijo.

—Deberíamos hacer algo —dijo Edward en voz baja desde la cama. Levanté la cabeza, haciendo que todos mis rizos se balancearan por encima de mi sudadera. Estaba mirando el plato atentamente, enrollando los fideos con el tenedor, y no me miró de vuelta. Yo estaba con la boca abierta.

Cerré la boca, tratando de no albergar muchas esperanzas.

—¿Como qué? —Le pregunté intentando no sonar muy emocionada.

Seguía mirando fijamente el plato y se paso los dedos por el cabello.

—Carajo, no sé, algo... —murmuró, y luego se detuvo, dejando escapar lo que parecía ser un suspiro—. Tal vez podrías venir conmigo a Port Angeles. —Giró sus fideos en torno al tenedor—. Ayudarme a actualizar mi colección de libros o algo así. —Se encogió de hombros, hundiendo el tenedor en la boca con mucha más fuerza de la necesaria, sin mirarme.

Me quedé de piedra. Edward y yo nunca habíamos sido vistos juntos en público, y solo había hablado a la luz del día con él una vez, detrás de la escuela.

—Síp —le dije, mi rostro cada vez más rojo—. Me gustaría eso. —Sonreí, tratando de no parecer tan feliz por todo el asunto como realmente estaba. Me sentí tan parecida a Alice tratando de parecer indiferente hacia Jasper. En mi interior me puse los ojos en blanco.

Después de unos momentos de silencio, eché un vistazo a través de las pestañas a Edward que me miraba intensamente, sin dejar de masticar. Cuando me reuní con su mirada, le vi tragar de golpe y asentir, desplazando su atención hacia el plato de nuevo.

Nos quedamos en silencio mientras terminaba de cenar. Edward estaba disfrutando de la pasta, y yo estaba reflexionando sobre los nuevos acontecimientos, intentando comprender exactamente lo que significaba. Estaba luchando por no sacar conclusiones precipitadas. Y fallaba miserablemente en ello.


*Edward*

Eran los jodidos rizos brillantes. Ella sabía lo mucho que me gustaban esos rizos. Había tres jodidas páginas con ellos en el cuaderno de dibujos. De hecho, fueron las últimas tres páginas. Tenía que haberlo notado. Lo que solo podía significar una cosa. Mi chica estaba tratando de verse bonita para mí. Era tan malditamente obvio. El pequeño rubor solo lo confirmó. Podía descartar la pasta Alfredo con facilidad. Me la podía haber hecho porque se había ido doce días y sabía que estaba muriéndome de hambre. Pero solo una cosa podría explicar los puñeteros rizos brillantes.

Y no solo se había arreglado para mí, sino que me miró a través de sus pestañas y parpadeó con una pequeña sonrisa. Y eso me lo confirmó para la mierda. Estaba condenadamente coqueteando. Entonces me di cuenta... no era la primera vez.

Se hizo evidente que la primera vez que se hizo los condenados rizos, estaba coqueteando conmigo. Lo que significaba que la noche antes de irse a Phoenix, no estaba besándome para buscar distracción. Lo hizo porque era yo.

Me pregunté, mientras me comía la maldita cena sujetando el plato como si tuviera la clave de mi existencia, desde exactamente cuánto tiempo se sentía así, y cuántas veces yo lo había jodido, porque nunca me di cuenta de ello.

Tal vez incluso desde la fiesta, cuando me preguntó acerca de la rubia con reflejos rosados, y quería saber si yo pensaba que era hermosa. Cuanto más pensaba más me convencía, incluso explicaba la situación con Stanley. Tuvo que escuchar que me la había follado. Estaba puñeteramente celosa. Incluso el primer beso tuvo más sentido. La forma en que prácticamente me pidió que lo hiciera.

Incluso explicaba Acción de Gracias, cuando me dejó poner mis brazos alrededor de ella y se quedó, acercándose lo más posible a mí. Tal vez podría seguir en esa línea hasta el cenador la primera vez que intenté hablarle de Stanley. Y cuánto más lo pensaba, más estúpido me sentía por no haberlo visto todo antes.

La revelación casi hizo que me ahogara con los jodidos fideos. Mi chica nunca había tenido un interruptor para mí. Y yo estaba tan ocupado tratando de mantener apagado el mío, que jamás me di la jodida cuenta.

Y porque había dejado las riendas de todo esto a mi chica, yo tenía que hacer algo. Había dado tantos pequeños pasos sin que lo notara que yo necesitaba dar uno muy grande para compensar. Menos mal que me dejó la ventana abierta al intentar coquetear. Se sentía como si estuviéramos haciendo la mierda al revés. Ya dormíamos juntos en la misma cama cada noche. Ya nos besamos y nos enrollamos. Y justo ahora, estaba tratando de llevarla a una maldita cuasi-no-cita. Confuso era el puñetero eufemismo del siglo.

Luego estaba todo el tema de dónde llevarla. No podíamos salir en Forks, atraparían mi trasero, y en menos de una hora la ciudad entera se habría enterado. No estaba preparado para toda esa mierda. Todavía estaba jodidamente seguro de que Brandon me arrancaría las pelotas. Ni siquiera Jazz podría disuadirla. Port Angeles era mi única opción. A mi chica le gustaban los libros. Y probablemente me pasaría el día entero mirando sus malditos rizos. Algo me decía que los llevaría ese día también.

Entonces cuando se lo pregunté, me preocupé de que estuviese leyendo entre líneas más de lo que debería. Solté las palabras de golpe pareciendo un completo idiota. Pero dijo que sí. Luego hizo lo de las pestañas otra vez. Mi revelación era cierta.

Finalmente terminé con la condenadamente deliciosa pasta Alfredo, puse el recipiente al lado de la cama y le lancé una mirada a Bella en el sofá. Estaba mirando mi iPod, aún endemoniadamente sonrojada. Me hizo sonreír. Incluso los rubores tenían más sentido ahora.

—Gracias. Joder, estaba bueno —dije sinceramente, instalándome de nuevo en la cama. Ella encontró mi mirada y sonrió, así que puse mi sonrisa torcida, la que sabía que le había gustado. E igual que las dos últimas veces, sus ojos se iluminaron y se sonrojó más fuerte. Era casi demasiado fácil. Rápidamente lanzó su mirada de vuelta al iPod.

La verdad era que quería dibujar los putos rizos brillantes de mi chica y hablar con ella un rato más, pero estaba cansado hasta el infierno, todavía teníamos que recuperar sueño.

—¿Cansada? —Le pregunté, sin querer cortarla con la música. Ella me miró y asintió, haciendo que sus rizos se movieran en todas direcciones, y yo seguía sin poder dejar de mirarlos. Impaciente por sentirlos en mis manos.

Se quitó los auriculares de los oídos y dejó el iPod en el sofá, levantándose y agarrando la bolsa. Se fue al baño con ella, y yo seguía mirando sus rizos, viéndolos arremolinarse con cada paso que daba. Era tan condenadamente hermosa.

Mientras estaba en el baño me pregunté cuándo sería un buen momento para decírselo. Lo jodidamente preciosa que pensaba que era. Bella era una chica, después de todo. Me imaginaba que a ellas les gustaba oír mierdas de ese estilo de vez en cuando. No sería inapropiado. De hecho, si tenía la suficiente fe en mi revelación, podría incluso ir tan lejos como para decir que le encantaría escuchar algunas mierdas así... de mí en particular.

Diez minutos más tarde mi chica salió del baño en pijama, balanceando sus rizos alrededor de la camiseta blanca. Sus brazos no me parecían obscenos ahora. Incluso se veían bonitos. Recorrió su camino a la cama mientras yo iba a cambiarme y a ponerme el pijama. Cuando entré en el baño y cerré la puerta, miré el cepillo de dientes azul, y me pregunté si no tenía algo que ver con toda esta epifanía también. Pero luego pensé que era solo un cepillo de dientes de mierda. Definitivamente estaba leyendo demasiado entre líneas.

Salí, mirando a Bella en la cama esperándome, y me deslicé debajo de las mantas, decidido a no dejar que la epifanía hiciera las mierdas incomodas para mí. Me volví para apagar la luz con rapidez, impaciente por tocar sus rizos. Tan pronto como el cuarto quedó a oscuras, me di la vuelta y la abracé. No perdí el tiempo, hundiendo las manos en sus rizos suaves y sedosos, enterrando la cara en ellos antes que su cabeza se apoyara en mi pecho por completo. Siempre olía tan endemoniadamente bien.

Por lo general suspiraba cuando enterraba mi cara en el cabello de mi chica. Pero esa noche gemí de satisfacción y la apreté más puñeteramente fuerte. Sabía que a ella le gustaría. Pude sentir su respiración en mi pecho. A ella le gustaba mi olor también.

Sentí sus pequeños dedos acariciando mi cabello con suavidad y dulzura. Y porque yo la estaba dejando llevar el ritmo, y porque no pude controlar mi mierda, y porque ya había empezado a tararear y temía no tener la oportunidad de hacerlo si me dormía, levanté mi brazo de alrededor de su cintura, y retiré todos los rizos de su rostro y su cuello. Hice un ovillo con ellos por encima de su cabeza para poder enterrar a mi cara. Pude sentir su sonrisa en mi pecho y su mano acariciarme aún más mientras tarareaba. Sonreí sumergido en rizos. Iba a poner mi brazo a su alrededor otra vez, pero opté por la cara que estaba presionada contra mi pecho. Froté con suavidad la mejilla con mi pulgar lentamente mientras respiraba todas sus flores y galletas. Y el momento pareció ideal.

—Eres jodidamente preciosa. —Suspiré en todos sus malditos rizos brillantes, frotándome más profundamente en la parte superior de la cabeza. Su tarareó se detuvo, y poco a poco inclinó la cabeza lejos de mi pecho, moviendo todo el cabello de mi cara para encontrarse con mi mirada, por lo que incliné la cabeza hacia atrás para poder verla.

Era casi como una de esas extrañas conversaciones silenciosas que siempre tenía con Jazz. Los grandes ojos castaños de mi chica clavados en los míos. Y la forma en que me estaba mirando y sonriendo me decía que estaba muy contenta de que se lo hubiese dicho, aunque ella no se lo creyera. Me limité a rozarle la mejilla con el pulgar, tratando de decirle con mis ojos lo mucho que pensaba que era cierto, y lo perdido que me encontraba con todo esto.

Y ese era el verdadero jodido problema en todo esto. Estaba perdido y confundido. Y realmente necesitaba que lo entendiera. Y odiaba no poder ser mejor para ella.

Lentamente cerré los ojos, sin cesar los movimientos de mi dedo pulgar en su suave mejilla.

—Estoy tan puñeteramente perdido, Bella —dije en voz baja. Y realmente lo estaba, carajo. Sentí su mano bajando poco a poco de mi cabello a mi mejilla, acariciándome igual que yo estaba haciendo con ella. Abrí los ojos con lentitud para encontrarme con su mirada.

Parecía preocupada. Por mí. Y yo quería reírme de ella por ser tan ridícula, porque a estas alturas ya estaba jodidamente acostumbrado a estar perdido. Me sonrió lentamente.

—Está bien —susurró, frotándome la mejilla, imitando mis movimientos. Y esperaba en verdad que lo estuviera. Porque necesitaba que fuera así. Por los dos. Pero tuve que hacer la advertencia habitual, solo para que lo supiera.

—Soy el mejor jodiendo las cosas, Bella —dije en voz baja, tratando de hacerle entender que probablemente acabaría haciendo precisamente eso. Y tratando de demostrarle con todo lo que tenía lo mucho que eso me aterrorizaba. Suspiré y cerré los ojos, sacudiendo la cabeza suavemente contra la palma de su mano—. Pero realmente quiero intentarlo... —dije en voz baja, deteniéndome para acariciar su mejilla con más firmeza, demostrándole toda mi convicción. Porque realmente quería. Y porque tenía que saberlo—... joder, si tú en verdad quieres que lo haga.

Pude sentir su dedo pequeño rozando mi mejilla con suavidad, y era relajante, pero aún estaba totalmente aterrado de cualquier respuesta que me fuera a dar. Así que abrí los ojos. Y mi chica estaba sonriendo. Porque quería que lo intentara. Lancé un profundo suspiro y asentí con la cabeza. Solo para que ella entendiera que me sentía bien con intentarlo.

Sonrió y movió el pulgar por encima de mis labios. Lo besé para la mierda, porque estaba justo allí. Dejó escapar un profundo suspiro que me sopló en la cara.

—¿Qué significa todo esto? —Preguntó en voz baja con esos grandes ojos marrones. Me encogí de hombros, porque no lo sabía.

—Tendremos que esperar y solo puñeteramente ver —murmuré contra su pulgar, y sabía que tenía que añadir la advertencia final de la noche—. Tratar de no forzar demasiado las cosas. Solo... —Hice una pausa y dejé escapar un profundo suspiro, sacudiendo la cabeza contra la almohada con suavidad—… Simplemente dejar que pasen. —Me encogí de hombros. Probablemente sonaba como una respuesta de mierda, pero era todo lo que tenía. Asintió y movió el pulgar contra mis labios de nuevo, lanzando su mirada hacia ellos. Quería darme un beso. Y yo sabía que probablemente no debería, porque no quería otra situación incomoda como la última vez, pero necesitaba besarla también. Así que me incliné, viendo como cerraba los ojos lentamente, y acerqué su cara a la mía, dándole un beso suave. Ella me apretó mas cerca con un suspiro.

Tomé su suave labio inferior entre los míos y lo succioné con cuidado, mientras ella hacía lo mismo con mi labio superior. Pero me aparté. No porque quisiera. Sino porque no debía. Moví los labios hasta su frente y le di un pequeño beso allí. Para demostrarle que no solo era lujuria para mí. En el jodido caso que no lo supiera aún.

Con un suspiro, apretó la cabeza en mi pecho, dejando los malditos rizos brillantes a mi alcance. Quité la mano de la mejilla y agrupé todos los rizos de nuevo mientras ella volvía a acariciar mi cabello y a tararear. Y yo solo me hundí en los putos rizos suaves y sedosos y me quedé dormido rápidamente, rezando para no joderlo todo.


Muchas gracias por los reviews y alertas.

Muchas gracias a Ioreth y Lucía por traducir este capítulo.

Jajajaja, entonces solo dejaran que las cosas ocurran. Ese Edward si se engaña, pero awww, nuestros chicos andan…. Uffff demasiado bellos, los amo.

Nos leemos en el siguiente (El Martes). Si les gustó o no, dejen reviews. El adelanto lo enviaré en los reply de reviews.