Los personajes de Bleach pertenecen a Tite Kubo.
La historia es una adaptación del libro Drácula de Bram Stoker.
ADVERTENCIAS: Contiene OoC. AU.
GRACIAS: Kuchiki´s, Konata Kuchiki, Don Cocono, Kurosaki Skydark, FrikiHimechan, Azulaill.
EL PRÍNCIPE DE LA NOCHE
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Capítulo XXI.- Un trago de eternidad.
1 de octubre. Por la mañana. Inuzuri.
Ichigo entró a la oficina de su padre a las once de la mañana, después de desayunar algo ligero. Adentro ya lo esperaban los demás, Isshin sentado detrás del escritorio y Urahara, Ishida y Chad sentados alrededor del mismo.
Todos tenían en común el semblante cansado, pues la noche había sido muy agotadora tanto física como mentalmente, no obstante también compartían el optimismo.
—¿Y Rukia? —preguntó Isshin con curiosidad por no verla junto a su hijo.
—Ella se siente cansada. —respondió el chico de cabello naranja mientras arrastraba hacia atrás una silla junto a Urahara. —así que la he dejado dormir más. —agregó tomando asiento.
—¿Y eso te preocupa? —cuestionó Urahara, pues notó intranquilidad en el chico.
—Quizá es una tontería, pero cuando la desperté por un momento me miró con terror, como si no me reconociera. —comentó visiblemente preocupado. Suspiró de forma cansada. —y me preocupa también su cansancio.
—No les des vuelta a eso. —intervino Ishida. —es lógico que por la preocupación de ayer se quedara despierta hasta tarde, y no me sorprendería que hasta pesadillas hubiera tenido.
Los demás empezaron a pronunciarse a favor del comentario del de lentes, y entre todos lograron que Ichigo se relajara y no le diera importancia a ese tema.
—¿Y bien? —preguntó Chad cuando los ánimos habían mejorado. —¿Qué haremos hoy?
—Por ahora sólo investigar a donde han ido a parar los veintiún cajones que faltan. —comentó Isshin con seriedad. Hablando con Urahara llegaron a la conclusión de que no apresurarían las cosas, era mejor ser cautelosos para no cometer errores y advertir al conde.
—Yo puedo ir a investigar. —se apuntó Ichigo. —Como ex–abogado de Byakuya Kuchiki puedo tener una pantalla si se llegara a presentar algún problema.
—De acuerdo. —concedió Urahara. —pero llama a Yumichika e Ikkaku para que vayan contigo, pueden serte de utilidad.
Ichigo asintió. Ellos se habían retirado después de que salieron de la mansión Cárfax, pero les habían dejado sus números de celular para que los pudieran contactar fácilmente.
—Nosotros también saldremos. —comentó Uryu refiriéndose a él y Chad. —Trataremos de conseguir información por otros medios. —El tener un apellido prestigioso le abría muchas puertas.
—En cuanto a mí, me gustaría, de ser posible, hablar con Renji. —confesó Kisuke viendo a Isshin. —Me parece un caso fascinante. Quiero conocer más sobre él y de su consumo de animales.
—No entiendo porque tanto interés en alguien tan inestable. —interrumpió Chad. Aunque lo escuchó hablar de un modo muy elocuente no dejaba de ser un paciente con un desorden mental, y para él el único interés era saber qué relación tenía con el conde.
—Es que lo que hace fascinante el estudio de las enfermedades mentales es precisamente la desviación del pensamiento y la memoria, y creo que podré aprender más de Renji que de las teorías plasmadas en los libros. —comentó con interés.
Chad no dijo nada pero entendió su postura.
—Y quizá puedas obtener más información de él. —agregó el director del psiquiátrico refiriéndose al conde. Urahara asintió —yo tengo mucho trabajo atrasado. —mencionó colocando una mano sobre una pila de expedientes. —pero daré instrucciones para que puedas pasar a verlo.
Urahara le agradeció y en compañía de los demás salió de la oficina.
Ichigo se fue a despedir de Rukia, quien aún dormía y luego salió del psiquiátrico junto a Uryu y Chad que tomaron otro camino.
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Renji estaba sentado en una silla en medio de su habitación, con los codos apoyados en sus rodillas y viendo hacia la ventana.
¡Media mañana!, había pasado media mañana y su amo no le había enviado ni una mísera mariposa.
La puerta de su habitación se abrió y a él no le importó mirar de quien se trataba.
—¡Hola Renji! —saludó Urahara mientras cerraba la puerta. A pesar de su aspecto, el rubio no se confiaba totalmente del paciente por lo que decidió permanecer junto a la salida.
El muchacho no cambió su semblante malhumorado, no le respondió ni lo volteó a ver.
—¿No me reconoces? —preguntó Kisuke extrañado. Quizá había entrado en alguna fase de su condición.
—Lo reconozco perfectamente. Es usted el idiota de Kisuke Urahara. —su respuesta no fue nada tranquilizadora. —Desearía que se fuera usted con sus baratas teorías psicológicas a otro lado. —agregó con desdén. No estaba de ánimos para recibir a nadie.
Y Renji adoptó una postura de total indiferencia hacia la otra persona dentro de la habitación.
Un poco decepcionado por no averiguar nada, Urahara regresó con Isshin para platicarle su experiencia.
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Mientras tanto Ichigo, Yumichika e Ikkaku habían llegado a un pequeño poblado a dos horas de Inuzuri llamado Bethnal Green, ahí se encontrarían con Kenryu, uno de los cargueros que trasportó las cajas de madera del conde.
Tras caminar veinte minutos de terracería, pues por las condiciones del camino el vehículo no tenía acceso, llegaron a una pequeña casa de una planta de color azul.
Fueron recibidos por el hombre que presentaba un considerable estado de ebriedad. Se veía desaliñando, con la camisa por fuera y a medio abotonar, barba de un par de días y aliento alcohólico.
—¿Son ustedes los que llamaron? —preguntó Kenryu luchando por mantenerse derecho junto a la puerta. Los chicos tuvieron que poner mucha atención para entenderle, pues hablaba un poco enredado.
Ichigo se presentó como el abogado del señor Kuchiki.
—Necesitamos información sobre el destino de los cajones. —comentó el de cabello naranja y dio una pequeña explicación sobre un nuevo negocio.
Kenryu negó con la cabeza.
—No puedo dar… la información que me piden. —habló con dificultad. —Es confidencial.
Ichigo intentó convencerlo de ayudarlos, pero el hombre siguió negándose diciendo que aunque quisiera no recordaba nada.
Ikkaku harto de la situación se acercó al hombre y lo tomó con rudeza del cuello de su camisa. Ejerció presión sobre él dificultándole respirar.
En otro momento el abogado habría intervenido en favor del carguero, pero era urgente obtener información y estaba de acuerdo con el método de Ikkaku. Yumichika volteó hacia los lados para cerciorarse de que nadie mirara.
—Sabes amigo, no soy muy paciente. —comentó el chico sin cabello. —así que si no quieres que me enfade, más te vale cooperar con nosotros. —amenazó.
El hombre intentó zafarse, pero Ikkaku fue más fuerte y lo azotó contra la pared. Lo amenazó una vez más con palabras altisonantes.
El hombre asustado terminó por decirles la dirección de su amigo, asegurándoles que él podría ayudarlos.
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Inuzuri.
Isshin entró en la habitación de Renji y lo encontró de pie frente a la ventana, contemplando las nubes. Se quedó muy intrigado tras la charla con Urahara, por lo que creyó prudente ir a verlo.
—Buenos días Renji. —saludó. —¿Cómo van hoy las moscas?
Renji dio media vuelta y lo miró con una gran sonrisa arrogante. Ese nuevo cambio desconcertó más al médico.
—Las moscas mi querido señor, tienen una característica sorprendente. —respondió llevando las manos a su espalda. —Sus alas son el símbolo de poder aéreo de las facultades psíquicas. ¡Qué razón tenían los antiguos en representar al alma como una mariposa! —agregó con aire intelectual.
—Así que lo que le preocupa ahora son las almas. —declaró Isshin pensando en llevar la analogía mencionada hasta los extremos lógicos, quería ver su reacción.
Ante aquella declaración Renji cambió de semblante a uno perplejo y luego movió la cabeza en negación.
—No, no, las almas no me interesan. —señaló. —lo único que quiero es vida. Pero ahora ya no me preocupa, me va bien y tengo todo lo que quiero.—sonrió satisfecho.
Isshin decidió profundizar en la implicación de lo mencionado.
—Entonces mandas sobre la vida. ¿Acaso eres un Dios? —Renji sonrió con benévola e inefable superioridad.
— ¡Ah no! Estoy muy lejos de considerarme una deidad. —pronunció con calma. —más bien creo que soy como Enoch*
—¿Y por qué como él? —preguntó intrigado el médico, pues no sabía a quién se refería.
—Porque él anduvo con Dios. —contestó con simpleza el paciente.
El médico no vio la semejanza en ese momento, por lo que prefirió regresar la atención a su negación anterior. Algo de lo que sin duda se arrepentiría después.
—De modo que no le interesa la vida y no quiere almas, ¿cómo es eso?
La pregunta de Isshin logró su cometido, pues Renji se desconcertó por un momento. Sin embargo pronto recobró la calma.
—No quiero almas, es cierto, no quiero. —Respondió Renji. — No quiero almas, pues no sabría qué hacer con ellas. No podría comerlas o …
Renji guardó silencio y una expresión de socarronería se formó en su rostro.
—Escuche doctor, en cuanto a la vida, ¿qué es después de todo? —habló nuevamente. —Tengo amigos, buenos amigos, como usted, doctor Kurosaki. —Dijo con una expresión de indecible astucia.— ¡Sé que nunca me faltarán los medios de vida!
Renji sonrió y optó la posición en la que Isshin lo encontró. Él, sabiendo que el paciente no hablaría más, salió de la habitación.
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Urahara se encontraba en uno de los corredores de la planta baja de pie frente a Rukia. Ella se veía molesta.
—¡Es increíble que no quieran decirme nada! —exclamó ella. Se había encontrado con el hombre en el pasillo y cuando ella le quiso preguntar sobre la noche anterior, Urahara comentó que era mejor que no supiera nada.
—Rukia, lo hacemos por tu bien.— Urahara intentó tranquilizarla. —Nos enfrentaremos a muchos peligros y horrores.
Rukia lo miró con el ceño fruncido y se llevó a las manos a la cadera.
—¿Y creen que porque soy mujer no seré capaz de soportarlo? —preguntó indignada. En ese momento Isshin se acercó a ellos. —¿Creen que si voy con ustedes me echaré a llorar y a pedir ayuda asustada? —preguntó alternando la vista entre los hombres, quienes no sabían que decir.— Créanme, les sorprendería saber lo que soy capaz de soportar. —declaró, y sin esperar respuesta giró hacia un costado y empezó a caminar hacia el ala de las habitaciones de los pacientes. —Veré a Renji. —sentenció parándose un momento y luego retomó su rumbo.
Urahara e Isshin siguieron perplejos por unos minutos, pues les sorprendió el carácter tan fuerte y decidido de la mujer de ojos violeta.
No es que fueran machistas, o que creyeran que Rukia no era necesaria para la misión, simplemente por las circunstancias en todos ellos había nacido un fuerte instinto de protección por la única chica del grupo.
—Vaya, ella sí que asusta un poco. —declaró divertido Isshin. Urahara asintió y los dos subieron a la oficina del primero.
Rukia entró a ver a Renji, pues le había tomado cariño a pesar del corto tiempo, y era correspondida, pues el chico pelirrojo cambió de humor al verla y se portó muy amable y animado con ella.
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Por la tarde Isshin seguía en su oficina terminando los últimos pendientes. Rukia estaba durmiendo en su habitación pues durante la comida había manifestado sentirse cansada. Kisuke también estaba en su habitación leyendo algunos libros.
Un toque a la puerta lo hizo levantar la vista, después de su indicación, Omaeda entró a la oficina.
—Siento molestarlo, pero Renji insiste en que vaya a verlo. —mencionó. —y como me ha dicho que su caso le interesa mucho creí conveniente avisarle.
—Gracias Omaeda, enseguida iré. —respondió. —¿has notado cambios en su conducta? —preguntó antes de que el enfermero saliera.
—Después de su última visita se mantuvo irritado, caminaba de un lado a otro de la habitación susurrando, a veces gritaba algo así como ¿Por qué tarda tanto? —recordó. —Pero cuando entró la señora Rukia se mostró más alegre y amable, hasta la despidió besándole la mano. Ahora lo dejé en un estado de seriedad. —informó. Como Isshin no tuvo más preguntas, Omaeda salió de la oficina.
Isshin terminó de completar un informe más y luego se puso de pie. Omaeda tenía razón, él estaba demasiado interesado en el caso de Renji, y aprovecharía ahora que él estaba dispuesto a hablar.
Esta vez el médico encontró a Renji sentado en la silla en medio de la habitación.
—¿Qué me dice de las almas? —inmediatamente Renji soltó la pregunta.
—¿Qué me dices tú de ellas? —inquirió Isshin.
El paciente tardó en responder.
—¡No quiero almas! —manifestó finalmente.
—Así que te gusta la vida, ¿quieres la vida? —preguntó el médico, tratando de ahondar más al respecto.
—¡Oh, sí! Pero, eso ya está bien. ¡No necesita usted preocuparse por eso! —respondió confiadamente, sabiendo que él tampoco.
—Pero ¿cómo vamos a obtener la vida sin obtener el alma al mismo tiempo? —estaba nadando en aguas peligrosas pero necesitaba descubrir si había relación entre el conde y él.—Pasarás un tiempo muy divertido cuando salgas de aquí, con las almas de todas las moscas, arañas, pájaros y gatos, zumbando, retorciéndose y maullando en torno tuyo. Les has quitado las vidas y debes saber qué hacer con sus almas.
Estaba siendo cruel, pero por una buena causa.
Renji recordó todos los seres de los que se alimentó y se imaginó sus almas rodeándolo. Cerró los ojos y se tapó los oídos. No quería escuchar sus sonidos.
Isshin sintió culpa, la persona frente a él se veía indefensa, casi como un niño asustado.
—¿Quieres un poco de azúcar para volver a atraer las moscas? —preguntó Isshin subiendo el volumen para que Renji lo pudiera escuchar. Intentaba ganarse su confianza nuevamente.
—No quiero moscas. —replicó.
—O arañas.
—¡No quiero arañas! —expresó molesto. —¿para qué sirven las arañas? No tienen nada para comer o…
No terminó la frase y fue ahí cuando Isshin conectó la plática anterior y se dio cuenta que no mencionaba la palabra "beber".
—No tengo ningún interés en esos animales. —continuó Renji. —Ninguno tiene importancia.
—Ya comprendo, lo que quieres es un animal grande, ¿te gustaría probar un elefante? —preguntó Isshin.
—¡Está diciendo puras tonterías! —manifestó poniéndose de pie.
—¿No quieres el alma de un elefante? —Continuó Isshin viendo que estaba consiguiendo lo que quería.
—¡Ya le dije que no quiero almas! —mencionó Renji desesperado. —¡Váyanse al infierno usted y sus almas! —exclamó, sus ojos mostraron el brillo de la furia. —Discúlpeme doctor. —agregó al ver a Isshin retroceder un paso. — perdí el control pero no necesita llamar por ayuda. —comentó, pues el médico había sacado el silbato con el que llamaba a los enfermeros.
Renji volvió a sentarse en la silla e Isshin se relajó un poco más, aunque sin dejar de estar alerta.
—Tiene que entender que ya tengo mucho de que sufrir y preocuparme sin pensar en las almas. —agregó Renji un poco abatido. —Si conociera usted el problema al que tengo que enfrentarme y al que tengo que buscar una solución, me tendría lástima, me toleraría y me excusaría. Así que le pido por favor que ya no me moleste con lo de las almas.
Isshin decidió dejar a Renji solo y salió de la habitación para buscar a Kisuke. De la plática anterior logró captar algunas cosas y las quería comentar con su amigo.
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—Él anduvo con Dios. —repitió Urahara la frase de Renji. Isshin estaba sentado en una silla frente a él, quien permanecía sentado en la orilla de la cama. El médico ya le había narrado todo sobre su plática con el chico de cabello rojo.
—En su momento no entendí la comparación. —mencionó Isshin. —pero ahora todo tiene sentido.
—No desea mencionar la palabra "beber", teme el sentirse cargado con el "alma" de algo, no tiene miedo de pensar en la "vida" en el futuro y desprecia todas las formas inferiores de vida, aunque teme ser atormentado por sus almas. —Urahara resumió los puntos a los que llegaron.
—¡Lógicamente, todos esos puntos indican algo! —manifestó Isshin. —Tiene la seguridad, en cierto modo, de que llegará a adquirir cierta forma de vida superior, teme la consecuencia, la carga de un alma, por consiguiente es una vida humana la que está buscando, además se compara con alguien que anduvo cerca de Dios.
—No hay duda, ¡El conde ha estado con él y se prepara algún otro tremendo horror! —declaró el rubio, compartiendo consternación con su amigo.
Necesitaban averiguar más al respecto, así que bajaron a ver a Renji.
Él cantaba mientras extendía azúcar en la ventana. Ellos le preguntaron sobre el conde, pero el muchacho no les prestó atención.
No iban a lograr nada con él, pero necesitaban mantenerlo vigilado, así que Isshin asignó a un enfermero para que se quedara afuera de su habitación toda la noche.
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Por la noche y sentados en el comedor improvisado que dispusieron en una de las habitaciones desocupadas, estaban todos terminando su cena.
Ichigo, Uryu y Chad tenían una hora de haber regresado.
La plática giraba en torno a cosas triviales como el pronóstico del tiempo, alguna noticia relevante o catedra de la historia de algún objeto cortesía del rubio del equipo.
Rukia se puso de pie precipitadamente, la silla hizo ruido al arrastrarse.
—Bien, lo entiendo. —exclamó golpeando la mesa con sus palmas. —No hablarán hasta que me marche. —su voz demostraba su frustración. —No estoy contenta con su decisión pero lo aceptaré porque piensan que es lo mejor. —dijo.
Ichigo extendió su mano para tomar la de su esposa.
—Gracias Rukia. —A pesar de su fuerte carácter era muy comprensiva. Ella sonrió discretamente y salió del comedor.
Cuando estuvieron solos ya pudieron contarse lo que les había sucedido en el día.
—Nos encontramos con Kenryu, uno de los cargueros. —comenzó a relatar Ichigo. —estaba ebrio y alegaba no recodar nada sobre el cargamento, pero Ikkaku logró hacer que nos diera la dirección de su compañero. —todos se imaginaron el método utilizado. —Viajamos durante una hora más hasta Walworth, ahí encontramos a Enryu en su casa. Para evitar una negación empecé diciéndole que necesitaba un favor muy importante pero que por supuesto iba a ser bien recompensado. Luego de eso se mostró muy atento.
Con él lograron averiguar que seis de los cajones que recogió de Carfax fueron llevados a Kinogaya, otros seis fueron llevados a Kasazaki.
—Pero faltan cajones. —mencionó Chad, pues sólo eran doce de los veintiún que faltaban.
—Lo mismo pensé. —continuó Ichigo. —así que le pregunté si no había sacado más cajones de Carfax. Me respondió que no, pero que había escuchado a otro compañero decir que había tenido que hacer un trabajo sucio y raro en una casa de Inuzuri. En ese momento no contaba con la dirección del hombre, pero se comprometió a averiguarla y mandármela por un mensaje. —informó el chico de cabello naranja.
—En ese caso tendremos que esperar para poder descubrir dónde están los otros cajones. —señaló Urahara.
Luego fue el turno de Isshin de platicar lo que sospechaban de Renji y el conde Kuchiki.
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Renji estaba sentado sobre la cama, arrinconado hacia una pared, cuando vio que a través de las rendijas de la ventana se empezó a filtrar neblina.
Se puso de pie enseguida, enfurecido.
—No me ha mandado nada en todo el día y aun así entra sin pedir permiso. —reprochó el interno.
La neblina tomó la forma de Byakuya, y éste lo miró con burla y porte altivo. Renji volvió a reclamar pero el conde no le prestó atención y volviéndose a hacer incorpóreo salió de la habitación.
Esa noche de nuevo se alimentaría de la sangre de Rukia, nuevamente minaría su vida.
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2 de octubre. Por la mañana. Inuzuri.
Ichigo regresó a su habitación después de darse un baño y desayunar. Le preocupó ver a Rukia todavía dormida, pues ya eran casi las diez y ella siempre se levantaba muy temprano.
Se acercó a ella y se sentó en la orilla. Estaba pálida y dormía profundamente. Se removió inquieta y abrió los ojos, lo miró con confusión.
—Tranquila. —susurró Ichigo y ella pareció recordar donde estaba porque se relajó. —¿Qué pasa?¿Te sientes mal? —preguntó.
Rukia negó con la cabeza y lentamente se acomodó hasta que su espalda quedó recargada en la cabecera de la cama.
—Sólo estoy un poco cansada, no dormí bien. —aclaró.
—Estuve pensando y creo que lo mejor será que regreses a casa. —mencionó Ichigo. Ella hizo una mueca de desagrado. —quizá te sientas mejor si vuelves a tus actividades diarias. El ambiente de aquí puede estarte afectando.
Por las noches a veces podían escuchar los gritos que lanzaban varios de los internos del psiquiátrico, en una ocasión fueron testigos de cómo los enfermeros tuvieron que someter a un nuevo paciente que entró en una fase agresiva.
—Ichigo Kurosaki, ni pienses que aceptaré dejarte solo. —advirtió ella. —No traspases mis límites.
—De acuerdo. —dijo él. Sabía que por más que luchara no lograría ganarle a su esposa. —Estaré fuera toda la tarde, tu intenta descansar mientras tanto. —pidió.
Luego se despidió de su esposa con un beso y salió de la habitación.
Más tarde Rukia fue a visitar a Renji de nuevo.
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Por la noche todos los hombres se reunieron en la oficina de Isshin. Esta vez Ikkaku y Yumichika también acudieron.
—No nos fue difícil dar con la dirección que me mandó Enryu y pudimos entrevistarnos con su compañero. —mencionó Ichigo. —También le ofrecí una recompensa y no tuvo reparos en decirnos todo lo que sabía. Él hizo dos viajes entre Carfax y una casa en Sakurabashi, trasladando en total nueve cajones muy pesados.
—Los que faltan. —comentó Isshin en tono alegre, pues ya los tenían todos localizados.
—Así es. —continuó Ichigo. —Por supuesto preguntamos por la dirección, pero no la recordaba, sólo nos dijo que se trataba de una vieja casona que estaba a unas cuantas casas de una iglesia blanca y nos describió la fachada.
—Además nos dijo que un hombre pálido y de cabello negro lo ayudó a subir los cajones en Carfax y también a bajarlos en Sakurabashi. Sigue sin entender cómo llegó tan rápido y sigue sorprendido por la gran fuerza que demostró, pues cargó los cajones muy fácil. —Añadió Yumichika, pues lo creyó conveniente.
—Tenemos que darnos prisa. —comentó Urahara. —él puede manejar los cajones solo, así que puede distribuirlos pasando inadvertido.
—Hay que ir a las casas y esterilizar todos los cajones con tierra como lo hicimos con los de la casa de al lado. —comentó Isshin.
—¿Pero cómo entraremos en ellas? —preguntó Chad. —la vez anterior entramos a la casa porque este lugar esta solitario, pero no podemos cometer ese delito en las otras casas. —externó el moreno.
—A mí no me importa. —dijo Ikkaku.
—A mi tampoco. —Yumichika también tenía ese aire de indiferencia.
—Creo que Chad tiene razón. —comentó Uryu. —debemos buscar otra forma de entrar.
—Ichigo, ve a descansar. —aconsejó Isshin, pues lo notó cansado. —Nosotros seguiremos tratando de encontrar una solución y te la diremos mañana.
Ichigo aceptó no tanto por el cansancio, pues es algo a lo que estaba acostumbrado por su profesión, sino porque le preocupaba Rukia. Se despidió y salió de la oficina.
—No importa que hagamos, necesitaremos trasporte. —comentó Ikkaku.
—Yo me encargaré de conseguir unos coches. —mencionó Uryu. —lo mejor será no utilizar los propios. —los demás asintieron.
Unos golpes insistentes en la puerta interrumpieron la reunión.
—Adelante. —indicó Isshin serio. Ya era tarde, así que si lo molestaban era por algo importante.
Un guardia de cabello negro entró con rostro asustado y con sangre en los zapatos y ropa.
—Doctor. —habló alarmado. —el paciente del seis ha sufrido un accidente. —informó. Isshin se puso de pie.
—¿Qué ha pasado? —quiso saber mientras rodeaba su escritorio.
—No lo sé, lo escuché gritar y cuando fui a verlo estaba tirado en el suelo, boca abajo y bañado en sangre.
—Urahara, ven conmigo. —pidió, pues tenía conocimientos más avanzados de medicina.
Los demás también quisieron acompañarlo.
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Cuando entraron en la habitación Isshin no pudo evitar sentir una opresión en el pecho por el estado tan lamentable de Renji. Él ya estaba tendido sobre un costado, el rostro lo tenía magullado y un charco de sangre estaba debajo de él.
Yumichika e Ikkaku prefirieron quedarse afuera, Chad y Uryu se acomodaron en una esquina, pendientes de lo que pudieran ayudar. El guardia se quedó inmóvil en el umbral de la puerta.
Isshin y Urahara se acercaron para socorrer al joven herido.
—Tiene la espalda rota. —señaló Kisuke después de darle la vuelta con cuidado para dejarlo boca arriba. —mira, todo su lado derecho está paralizado. No hay más heridas, la sangre es del rostro.
—¿Pero cómo es eso posible? —preguntó el guardia. —comprendo que pudo haberse caído de la cama y romperse la espalda, o que se lastimara el rostro, pero no veo como pudo hacerse las dos cosas si no hay más rastros de sangre.
Urahara e Isshin intercambiaron miradas. La única explicación posible no podían decírsela a ese hombre.
—Es un desafortunado e inexplicable accidente, como muchos que pasan. —mencionó el rubio. —ahora hágame el favor de traer mi maletín negro del cuarto y buscar material de curación.
El guardia asintió y presuroso salió a cumplir con el encargo. Cuando regresó dejó todo al alcance del rubio e Isshin lo hizo retirarse.
Urahara lo examinó con cuidado. Las heridas del rostro eran superficiales y pudo detener las pequeñas hemorragias fácilmente, el problema recaía en la fractura simple de cráneo que se extendía sobre la región motora.
Necesitaba una operación urgente, pero el hospital más cercano estaba a más de media hora. Kisuke tendría que operarlo con los recursos disponibles.
—Debemos reducir la presión. —señaló el rubio. —Es necesario hacer una trepanación.
—¿Una qué? —preguntó Uryu.
—Una perforación en el cráneo. —resumió en palabras simples Isshin. Chad, Uryu y los chicos que escuchaban afuera sintieron escalofríos. —¿pero con que instrumentos la harás? — cuestionó Isshin, pues no era un hospital.
—No hay más remedio que volver a los viejos tiempos. —dijo Urahara revisando su maletín, del que sacó un par de instrumentos antiguos.
Con suma presteza y habilidad Urahara realizó el procedimiento.
La respiración de Renji se hizo jadeante e irregular, abrió los ojos y permanecieron fijos, con una mirada salvaje e imponente. Permaneció así durante un par de minutos y luego su semblante se suavizó.
—Doctor, quíteme la camisa de fuerza, estaré tranquilo. —mencionó con dificultad. He tenido un terrible sueño y quedé tan débil que ni siquiera puedo moverme. ¿Qué me sucede en el rostro? Lo siento inflamado y me duele horriblemente. —A todos se les acongojó el corazón.
—Cuéntanos tu sueño, Renji. —pidió con suavidad Urahara, arrodillado a su costado.
Al escucharlo el rostro del chico se iluminó a pesar de las magulladuras.
—Usted es Urahara. ¡Me alegro mucho de que esté usted aquí! Deme un trago de agua; tengo los labios secos. Luego se lo contaré todo. —Hizo una pausa, y pareció desvanecerse.
—Chad, tráele algo de beber. —pidió Isshin. —en mi oficina hay licor.
El moreno se fue rápidamente y regresó con una botella de brandy, un vaso y una jarra de agua. Isshin se apresuró a humedecerle los labios con el licor. Renji cerró los ojos por un momento y luego los abrió.
—No debo engañarme, no lo he soñado, en verdad pasó. —respondió estando más consciente. —Me estoy muriendo, no tengo mucho tiempo, pero debo decirles algo muy importante. —declaró con una terrible expresión. Isshin nuevamente humedeció sus labios. —Todo comenzó aquella noche, cuando le imploré que me dejara salir de aquí.
Les narró como Byakuya se le presentó en toda su grandeza, ofreciéndole la vida de muchos animales, y como él lo invitó a pasar. De cómo espero todo el día anterior sin recibir nada, de cómo el conde entró la noche anterior.
Los presentes se alarmaron, pues aquello que temían se hizo realidad.
—Pero lo más grave lo comprendí esta tarde cuando la señora Rukia me visitó. Ella no era la misma, estaba muy pálida, parecía ya no tener sangre en el cuerpo. Cuando ella se marchó empecé a reflexionar, él le estaba robando la vida. Y cuando el conde entró esta noche, lo enfrenté furioso. He escuchado que los locos tienen una fuerza sobrenatural, y como sabrán yo estaba loco, al menos a veces, así que decidí utilizar mi poder.
Renji se calló por un momento, su respiración se tornó más pesada. Isshin le dio un trago de agua.
—Lo sujeté fuertemente y pensé que iba a vencerlo, porque no quería que continuara robándole la vida a ella. Entonces vi sus ojos. Su mirada roja y brillante me traspasó, y mis fuerzas me abandonaron. Se soltó, y cuando trataba otra vez de aferrarlo, me levantó en el aire y me dejó caer. Luego vi una nube roja frente a mí y oí un ruido como un trueno. La niebla pareció escaparse por debajo de la puerta. —sonaba cada vez más débil.
Urahara se puso de pie.
—Ahora conocemos lo peor. —señaló. —él está aquí, con Rukia. Puede que no sea tan tarde, debemos enfrentarlo. —declaró.
Isshin se puso de pie y los otros cuatro hombres se enderezaron. Con prisa y angustia se dirigieron hacia la habitación de Rukia e Ichigo, buscando antes las armas con las que habían entrado a Carfax.
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Se detuvieron al llegar frente a la puerta, preguntándose momentáneamente si estaría bien irrumpir así.
—No hay tiempo para cortesías. —mencionó Ikkaku mientras le daba una fuerte patada a la puerta. Una segunda patada bastó para abrirla.
Entraron y lo que vieron los dejó estupefactos, el corazón pareció detenérseles.
La luz de la luna era tan fuerte que, a través de las cortinas, la habitación podía verse con claridad.
Sobre la cama, al lado opuesto de ellos, estaba tendido Ichigo, con el rostro sonrojado y respirando pesadamente, como presa de estupor.
Arrodillada sobre el borde más cercano de la cama se distinguía la figura blanca y pequeña de Rukia. A su lado estaba un hombre alto y delgado, vestido de negro. Estaba de perfil, pero pudieron reconocerlo. Era Byakuya Kuchiki.
Con su mano izquierda tenía sujetas las dos manos de Rukia, apartándolas junto con sus brazos; su mano derecha la aferraba por la parte posterior del cuello, obligándola a inclinar la cabeza hacia su pecho. Su ropa de dormir estaba manchada de sangre y un ligero reguero del mismo precioso líquido corría por el pecho desnudo del hombre.
Byakuya giró la cabeza para ver a los intrusos, en su rostro apareció la expresión infernal que tantas veces leyeron en los escritos, pero que no pensaron fuera tan intimidante. Sus ojos brillaron, rojizos, con una pasión demoníaca; sus dientes blancos y agudos, detrás de los labios gruesos de la boca succionadora de sangre, estaban apretados, como los de un animal salvaje.
Giró bruscamente, de tal modo que su víctima cayó sobre la cama como si tuviera un lastre, y se lanzó sobre los hombres que permanecían inmóviles.
Pero para entonces Urahara ya había salido de su estupor y le esperaba con el crucifijo dorado en la mano. El conde se detuvo repentinamente, del mismo modo que Orihime lo había hecho fuera de su tumba, y retrocedió.
En ese momento los demás también colocaron los crucifijos en alto y avanzaron hacia él. La luz de la luna desapareció de pronto, cuando una gran nube negra avanzó en el cielo, y cuando Chad encendió la luz, no vieron más que un ligero vapor que desaparecía bajo la puerta que, con el retroceso natural después de haber sido abierta bruscamente, estaba en su antigua posición.
Isshin, Urahara y Uryu se dirigieron hacia Rukia, que seguía inconsciente sobre la cama. Chad, Ikkaku y Yumichika salieron en busca del conde.
Isshin abrazó a Rukia, quien empezó a removerse inquieta y al tiempo que lanzó un grito desesperado lo alejó de ella.
Se arrodilló de nuevo en la cama y se mantuvo quieta con los ojos abiertos. Su rostro estaba fantasmal, con una palidez que era acentuada por la sangre que manchaba sus labios, sus mejillas y su barbilla; de su cuello surgía un delgado hilillo de sangre; sus ojos estaban desorbitados de terror.
Entonces, se cubrió el rostro con sus pobres manos lastimadas, que llevaban en su blancura la marca roja de la terrible presión ejercida por el conde sobre ellas, y de detrás de sus manos salió un gemido de desolación que hizo que el terrible grito de unos instantes antes pareciera solamente la expresión de un dolor interminable.
Urahara avanzó y cubrió el cuerpo de Rukia con las sábanas, con suavidad. Mientras tanto Uryu se dedicó a intentar despertar a Ichigo.
A través de la ventana se podía observar a Chad corriendo por el césped y escondiéndose detrás de un árbol, mientras Ikkaku y Yumichika lanzaban disparos al aire.
Tendría que pensar cómo explicaría aquello a la policía, pero lo dejaría para después.
Ichigo se despertó, permaneció anonadado un rato y luego se sentó en la cama, miró hacia un costado y vio a su esposa sollozar, ensangrentada y cubriéndose la cara con las manos.
—¿Qué ha pasado? —preguntó alarmado. —¿Qué significa esa sangre? —volvió a preguntar y pronto cobró todo sentido. Se levantó rápidamente y rodeó la cama para acercarse a Rukia. —Explíquenme lo que ha ocurrido. —ordenó furioso. —él ha estado aquí. —el mismo se respondió.
Al ver las caras de Urahara, Isshin y Uryu supo que estaba en lo cierto.
Su rostro se desfiguró por el coraje y empuñó sus manos.
—Cuídenla mientras yo voy a buscarlo. —dijo determinado. No importaba si era un simple humano y aquel un ser infernal. Había lastimado a la persona que más quería y le haría pagar por ello, aun a costa de su propia vida.
—Ichigo, detente. — ordenó Rukia limpiándose las lágrimas. —No servirá de nada que vayas ahora. —mencionó. —Esta noche huyó porque se vio rodeado, pero uno solo no será oponente para él.
—Rukia. —susurró él. El dolor y la furia seguían latentes, pero el ver la entereza con que Rukia enfrentaba la situación lo reconfortaba. Estaba orgulloso de ella.
Ella tenía terror, pero no dejaría que eso la paralizara, no dejaría que Ichigo corriera a una muerte segura.
El chico de cabello naranja se acercó a Rukia y la abrazó con fuerza, pegándola a su pecho. Ella vio que la playera azul de él se mancó con la sangre de la herida de su labio e intentó apartarse, pero él se lo impidió.
—No te atrevas a separarte de mí. —advirtió.
Volvieron a fundirse en un abrazo compartiendo el sufrimiento.
Urahara de nuevo se sintió impotente. Miró hacia la ventana, donde los tonos naranja anunciaban que el sol estaba por salir.
Suspiró mientras pensaba que ese día el sol no se elevaría sobre ningún lugar que estuviera más sumido en la tristeza que ese.
*Enoch es un personaje bíblico del libro de Génesis.
La escena entre Rukia y Byakuya la colocaré en el siguiente capítulo.
Saludos…
