Capítulo 21: Un Enfrentamiento Decisivo
De repente, una vigorosa patada que fue a parar directamente contra la mano del príncipe Deimono Caronte, lo obligó a soltar al joven Tintín antes de que éste pereciera, salvándole así la vida.
—¿¡Qué demonios…! —el malvado príncipe no pudo terminar de formular la pregunta, pues, sin previo aviso, una poderosa bola de energía dio contra él, arrojándolo hacia abajo como si fuera una bala de cañón, estrellándose finalmente contra el muro con un gran impacto.
Antes de que el reportero cayera al duro suelo de piedra negra, fue retenido por quien lo había ayudado.
—¡Rayos y centellas! ¡Tintín! —exclamó Haddock, asombradísimo.
Poco a poco, Jade comenzó a abrir más y más tanto la boca como los ojos, completamente atónita. Haciendo un gran esfuerzo por su parte, consiguió ponerse de pie sin quitar la vista de la cima de la pirámide.
—¡N-no puede ser! —soltó el igualmente sorprendido capitán Black, deteniéndose en seco en el umbral de la puerta que daba hacia el patio de la pirámide.
—¡E-es imposible! —se quejó el adolorido pero atónito príncipe, aún incrustado en la pared de piedra ante su igualmente atónito público.
Por fin, Jade sonrió, iluminándose su pálido rostro.
"¡Lo sabía! ¡Esto no podía telminal así!" —pensó Tío, llenándosele los ojos de lágrimas.
Tanto él como los demás, se detuvieron junto al capitán Augusto Black, todos igualmente maravillados.
—¡TÍO JACKIEEE! —gritó al fin la feliz muchacha.
—¡El mismo que calza y viste, Jade! —saludó el resucitado Jackie Chan, quien aún permanecía hincado en el piso sosteniendo a Tintín con un brazo, llevándose la otra mano detrás de la cabeza y riéndose con ganas—. Aunque debo admitir que ahora no estoy vistiendo muy bien, ¡je, je, je!
—¡Oh, tío…! —los oscuros ojos de la joven se llenaron de lágrimas de felicidad—. Creí que habías muerto.
—La pasé un poco mal, Jade, pero finalmente la suerte me acompañó; y los talismanes también —le guiñó un ojo. El Talismán del Perro le había caído como regalo del cielo.
—¿E-entonces no estás enojado conmigo, tío?
—Por supuesto que no, Jade. Todo lo que hiciste fue a causa de la maligna manipulación de ése malvado príncipe tras haberte convertido en esa tal Keya… —Sonrió amigablemente—. Todo está olvidado y perdonado entre nosotros, Jade, no te preocupes más.
—Tío… —sonrió temblorosamente, eternamente agradecida al buen corazón de su tío.
—Bueno, ¿qué te parece si me lanzas el Talismán del Caballo para curar a Tintín?
—¡Sí! —asintió con renovada energía, disponiéndose a lanzarle con todas sus fuerzas el objeto pedido, pero un estruendoso grito proferido por el furioso Deimono Caronte, la detuvo.
—¡! ¡JAMÁS PERMITIRÉ QUE UNOS PATÉTICOS SERES COMO USTEDES SE SALGAN CON LA SUYA! ¡DESTRUIRÉ ESTE MALDITO MUNDO JUNTO CON TODOS USTEDES Y SUS MALDÍTOS HABITANTES!
Una impresionante explosión de chi maligno lo liberó de su momentánea prisión, destruyendo gran parte del muro y a varios de sus seguidores, permaneciendo amenazadora y majestuosamente suspendido en el aire, con los músculos exageradamente desarrollados y una oscura y asombrosa aura maligna rodeando todo su cuerpo. Sus ropajes negros ondeaban al compás de su cabello negro y sus ojos rojos brillaban con cruel furia, otorgándole una visión espeluznante, obligando que tanto Jackie, Jade y sus demás compañeros, tragaran saliva, terriblemente asustados.
—¡Rayos y centellas! ¡Que un mal rayo nos parta! ¿Ahora cómo demonios vamos a hacer para acabar con un engendro como ése? —se quejó a su manera el capitán Haddock en cuanto llegó al lado de Jackie y Tintín al mismo tiempo que Milóu aparecía de entre unos escombros desprendidos en el primer ataque de Jade y corría feliz junto a su desvanecido amo.
Jackie frunció el entrecejo con expresión grave.
—¡Jade! —se volvió hacia su sobrina—. ¡Acaba con él!
—¡Sí! —asintió con su habitual intrepidez, volteando hacia su enemigo —. ¡Le haré pagar por todo lo que nos hizo pasar!
—¡Ven, entonces! ¡Aquí te espero! —la desafío el príncipe, furioso.
—¡Te patearé el trasero, principito de cuartaaa! ¡Aaaaaaaaahhhhhhh! —se lanzó de un salto hacia él, con el puño directo al rostro de su enemigo mientras el arqueólogo revolvía los ojos a causa de todo el palabrerío inútil de su sobrina. Aún así, estaba feliz, pues eso sólo significaba que ella ya había vuelto a ser la persona que siempre había sido: valiente, impulsiva, decidida y de noble corazón.
En un segundo, Jade y Caronte se trenzaron en una feroz lucha cuerpo a cuerpo, propinándose entre los dos una lluvia de golpes de puño y patadas que impactaban sin ninguna contemplación en sus cuerpos provocando el daño suficiente como para que ambos escupieran sangre. A pesar de los daños, ninguno de los dos estaba dispuesto a dejarse vencer por el otro, pues los mundos que ellos defendían estaban en juego, para bien o para mal.
—¡E-esto es sorprendente! —exclamó El Toro Fuerte, sineramente impresionado.
Mientras tanto, Deimono Caronte había tomado inesperadamente a Jade por los tobillos y comenzó a hacerla girar alrededor de él más y más rápido hasta que repentinamente la soltó, siendo disparada como una bala en contra de la muralla oscura. La chica se hubiera estrellado de lleno en contra del muro, pero gracias a una ágil voltereta, sus pies tocaron la barrera en vez de su cuerpo y, con un poderoso impulso de sus piernas, brincó hacia su malvado enemigo, propinándole un puñetazo tan fuerte en medio del estómago, que esta vez él fue lanzado nuevamente contra la muralla, haciéndolo pasar a través de ella, dejando un hueco entre sus ladrillos de mármol negro.
—¡Eso es, rayos y centellas! ¡Haz que ese zafarrancho de combate se arrepienta de haberse metido con nosotros! —festejó el capitán Haddock a viva voz mientras daba brincos de alegría alrededor de Jackie y Tintín, quien recién había podido recuperar la conciencia.
—… L-lo hace muy bien… ¿verdad…? —sonrió débilmente el joven reportero a quien Jackie aún mantenía recostado sobre su brazo izquierdo.
Afortunadamente para él, el Talismán del Perro aún lo mantenía con vida hasta que pudieran utilizar el Talismán del Caballo.
—Sí, siempre estuve muy orgulloso de ella… —asintió Jackie con gran satisfacción.
—¿Y bien? ¿Eso era todo lo que tenías, principillo? —se burló su sobrina, poniendo los brazos en jarra mientras ladeaba la cabeza, mirando hacia el cráter de la pared.
—¡Jade! ¡No te confíes! —le advirtió el arqueólogo.
Jade se volvió hacia él.
—¡Bah! Te preocupas por nada, tío. ¿Acaso no viste lo que le hice? Seguramente ese cobarde se fue llorando a la casa de su mamá.
Apenas terminó de decir esto, un enorme y grueso rayo de maligno chi negro, atravesó el agujero de la pared desde el sitio en donde supuestamente había caído Deimono Caronte, dando de lleno contra Jade.
—¡! —gritó, sufriendo un dolor indescriptible pero permaneciendo testarudamente de pie.
—¡Jadeeeeeeeeeeeeeee! —chilló Jackie al ver cómo su sobrina caía de rodillas sobre el piso para luego desplomarse cuan larga era sobre él, completamente inconsciente.
Segundos después, comenzó a escucharse una risa diabólica que provenía del fondo del hueco de la pared. Esa risa desagradable era Deimono Caronte, quien evidentemente era el que había lanzado aquel ataque.
—¿Ése era todo tu poder, pobre criatura inútil? —se burló, reapareciendo cómodamente a través del cráter. Sus ricas ropas negras estaban estropeadas y su cuerpo un tanto magullado y con algunos raspones; nada grave, para la desgracia de Jackie y sus compañeros.
El príncipe sonrió malignamente.
—Bueno —dijo, levantando la palma de su mano hacia Jade Chan con la intención de eliminarla definitivamente con uno de sus más poderosos ataques chi—, creo que llegó la hora de deshacerme de los estorbos…
—¡Ni siquiera te atrevas a tocarle un pelo! —Jackie lo sorprendió con la velocidad del Talismán de la Tortuga y la levitación del Talismán del Gallo y una inesperada seguidilla de ágiles y veloces golpes de puño y patadas para luego finalizar con un doble impacto de poder utilizando los Talismanes del Dragón y del Cerdo, lanzándolo lejos de allí, haciéndolo rodar bruscamente por el suelo.
¡Jade! ¿Estás bien? —se arrodilló ante ella lleno de preocupación con la intención de despertarla, pero Deimono Caronte, furioso, se puso de pie con un nuevo plan en la cabeza y con su energía chi al máximo.
—¡Despierta, Keya! ¡Tu amo de lo ordena!
—¡Waaaahhhh! —Jackie Chan cayó sentado al suelo con la mano palpándose repetidamente el pecho como hacía cada vez que se asustaba con algo: Jade había abierto los ojos repentinamente tras haber escuchado la llamada de su amo—. ¡J-jade!
La chica se sentó en un segundo como si fuera una marioneta manipulada por un titiritero. El Príncipe Oscuro sonrió satisfecho: aún podía mantener el control sobre ella.
—Acaba con ese maldito entrometido, mi querida Keya.
Sin pronunciar una sola palabra, Keya volvió la cabeza hacia su tío, aterrorizándolo con sus ojos velados por la oscuridad.
—¡Glups! ¡J-jade! —Jackie retrocedió arrastrándose de espaldas sobre el suelo en cuanto ella se puso de pie con el rostro inexpresivo y levantaba la palma de la mano hacia él con la intención de disparar su maligna energía chi para eliminarlo.
—¡Oh, no! ¡El Plíncipe de la Osculidad aún tiene podel soble ella! —exclamó el atemorizado Tío, tan pálido como un fantasma.
—¡Va a destruir a Jackie! —gritó el impotente capitán Black.
—¡Rayos y centellas! ¡Todo está perdido! —se quejó Haddock, quien ahora sostenía a Tintín entre sus brazos, quien, a su vez, también abrazaba a su perro Milóu.
—… No se preocupe, capitán… —susurró—… Tenga fe en la luz interior de la niña…
Archivald lo miró compasivamente.
—¡Pobre amigo mío! ¡Está tan mal que ni siquiera sabe lo que dice!
Mientras tanto, la maligna energía chi de Jade había comenzado a materializarse en una pequeña esfera negra en la palma de su mano para el espanto de su aterrorizado tío.
—¡Jade! ¡Lucha! ¡No puedes caer en lo mismo otra vez! —le pidió, poniéndose de pie, enfrentándose pasivamente a ella—. ¡Yo no pelearé contigo otra vez! ¡Se fuerte y abre los ojos si no quieres asesinar a tu propio tío!
—¡Jah, jah, jah! ¿Crees que con esas estúpidas palabras lograrás convencer a mi títere? ¡Nunca lo lograrás! ¡Jah, jah, jah! —se burló Deimono Caronte, cruzándose triunfalmente de brazos.
Pero en vez de atacar a Jackie, la mano de Keya empezó a temblar mientras ella hacía chirriar los dientes y sus ojos comenzaron a tomar su verdadero color.
—Y-yo… ¡no soy tu maldito títere! —gritó, girando sobre sus pies hacia él, arrancándose con la otra mano el colgante que él le había regalado en el templo budista cuando era un niño.
—¡Eso es, Jade! ¡Así se hace! —exclamó Jackie, batiendo las manos lleno de emoción.
