Ha vuelto a pasarme lo del capítulo extra largo y lo he cortado en dos, y me da mucha rabia porque yo creo que lo que he cortado de este, que viene en el siguiente ya, si que os va a gustar jajajaja o al menos eso espero, pero tampoco quiero meter capítulos super largos de esos que a la mitad empiezas a pensar "¿pero cuanto queda?" xD quería dejarlo ya metido en este, pero bueno, no os preocupéis, está escrito, mañana lo subo y os enteráis de como quería que acabase este jeje

Los descargos habituales, los personajes de OUAT no me perecen. Espero que os guste y gracias por leer :)!


Viajar con Merida era…bueno, diferente, menos tranquilo, menos silencioso.

- Voy a matarla.

Dijo Regina fulminando con la mirada a la pelirroja que caminaba unos metros delante de ellas con Mulan. La guerrera había pensado que sería lo mas seguro teniendo en cuenta que Merida había acabado con la paciencia de la reina a las pocas horas de empezar a viajar con ellas, no dejaba de quejarse, de pedir, de exigir y de atacar, sobretodo a Regina.

- Ten un poco de paciencia, Regina, en cuanto podamos deshacernos de ella de forma segura…

- Se supone que eres la Reina Malvada y todo lo que se te ocurre es atarme, ni siquiera has querido luchar conmigo. Tienes miedo ¿verdad? Oooooh la grande y terrible Reina Malvada asustada de una pobre chica con un arco.

Dijo justo en ese momento Merida bien alto y Emma tuvo que sujetar la mano de la reina para que no la incinerase. Sabían que solo lo hacía para provocarlas, para que cometiesen un error del que poder aprovecharse, y si no al menos que alguien la escuchase, con suerte una de las inútiles partidas de caza.

- Aunque he oído rumores de que tienes debilidad por los arcos, quizá debería estar alerta por las noches.

Se burló la pelirroja mirando hacía atrás con una mirada ofensiva, y esta vez fue Emma la que quiso echarse encima de ella para destrozarla y Regina quien la sujetó.

- Uuuuuh, el Oscuro es territorial.

Añadió Merida con una sonrisa de autosuficiencia. Mulan la agarró por el brazo obligandola a volver la vista al frente.

- Tu misma acabas de decirme que debería tener paciencia.

Rió Regina entrelazando la mano con la que había detenido a la Salvadora en su brazo, Emma seguía mirando la espalda de Merida con el ceño fruncido.

- Lo se, pero ha insinuado que tu…

- Han dicho cosas peores de mi, querida.

- Pero…

Aprovechando que las otras dos mujeres no estaban mirando, Regina se inclinó y calló lo que fuera que Emma iba a decir con un beso que las hizo detenerse un momento.

- Vale, pero como siga así, te regalaré una bufanda marca Merida.

Cedió la rubia al final, ceño desfruncido y ojos aun cerrados. Regina rió con una mueca de disgusto.

- Preferiría que la enterrases y plantases un árbol o algo encima, nunca me ha gustado mucho vestir de piel humana.

Dijo la morena con una risa echando a andar de nuevo.

- ¿Cómo que "mucho"?

Eso hizo reír de nuevo a Regina. Delante de ellas Mulan intentaba meter algo de sentido común en una pelirroja cabeza.

- ¿Te parece buena idea enfadar a la Reina Malvada y al Oscuro?

Merida rió con excesiva confianza en si misma.

- Ni siquiera han querido luchar conmigo, en una pelea justa estoy segura de que sería mas rápida que cualquiera de ellas.

Respondió haciendo un gesto con la cabeza hacía atrás, donde se escuchaban algunas risas.

- Ellas no quisieron hacerte daño.

Dijo la guerrera como si fuese algo demasiado obvio para no notarlo, la pelirroja la miró con una ceja alzada, como si esas palabras no pueden pronunciarse juntas si se hablaba de la Reina Malvada y el Oscuro.

- ¿Por qué viajas con ellas? Tu pareces… bueno, decente.

Mulan no supo si sentirse halagada o no, sobretodo por la mirada de arriba abajo que le echó Merida, como si fuese una villana decepcionante o una heroína poco heroica.

- Me equivoqué. Yo también las seguía para cobrar la recompensa, pero no sabía que Emma era el Oscuro. Somos amigas, ella no es malvada es…una larga historia.

- ¿Y yo soy la que va atada? – Dijo Merida con una sonora carcajada sarcástica. – Tu estabas rastreando a tu propia amiga por unas monedas.

La guerrera frunció el ceño, dándola otro empujón para que caminase, aunque no había dejado de hacerlo en ningún momento.

- Tenía mis motivos, y no sabía que era ella.

- Pero sabías quien era la reina, y seguro que sabías que se conocían. ¿O desconocías que tu amiga era amiga de la Reina Malvada?

La pregunta llevaba un claro retintín burlón, claro que Mulan sabía quien era la reina, sabía por Emma y Mary Margaret que compartía un hijo con la rubia, sabía por la Salvadora que quería cambiar, pero en cuanto escuchó que había vuelto con el Oscuro no dudó de su culpabilidad.

- Eso no te excusa de estar cazando a dos personas por dinero.

Argumentó Mulan queriendo alejar el tema de si misma para evitar esos sentimientos de culpabilidad. La expresión burlona de Merida desapareció.

- No es por dinero. – Gruñó con un resoplido. – Midas robó mi fuego fatuo.

Lo dijo con toda la naturalidad del mundo, la guerrera esperaba algún tipo de explicación que no llegaba.

- ¿Tu qué?

- Mi fuego fatuo, lo necesito para pedirle que me lleve hasta mis hermanos y salvarlos. O podría pedirle directamente que los salve. El caso es que Midas lo robó y me dijo que me lo devolvería si le llevaba a la Reina Malvada.

Toda su bravuconería había desaparecido, miraba a Mulan casi con una súplica de comprensión, no estaba haciendo eso por gusto, pero haría lo que fuese para reunirse de nuevo con sus hermanos.

- Lo necesito.

Añadió al ver que la guerrera no respondía, pero la verdad es que no sabía que decir, conocía ese sentimiento de hacer lo que fuese con tal de proteger a un ser amado, como cuando ella sustituyó a su padre en la guerra, cuando habría dado cualquier cosa por rescatar a Aurora, o cuando dejó a Emma y Mary Margaret luchando junto a aquel portal sin saber si volvería a verlas o no, por correr a devolverle el corazón a la Bella Durmiente. Echó una mirada hacía atrás, donde Emma y Regina las seguían cogidas del brazo sin hacerlas caso.

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Pero esa noche ella estaba sentada con Emma, cabeza con cabeza, cuchicheando algo y dejando a Regina con la única compañía de Merida. La reina se sentó frente al fuego manteniendo las distancias con la pelirroja, que seguía atada y con la mirada fija en las llamas. Regina lanzaba molestas miradas hacía Emma y Mulan, preguntándose que sería eso que estaban hablando, empezaba a molestarse de que cuando ella aparecía ellas se callaran, incluso aquella vez que volvió de su baño escuchando indudablemente la palabra "reina" y aun no tenía ni idea de que se traían esas dos entre manos.

- Eres la Reina Malvada, estoy segura de que tienes la daga, ¿por qué simplemente no la obligas a sentarse contigo?

Preguntó Merida que aunque no había apartado la vista de las llamas tampoco había perdido detalle de las envenenadas miradas de la reina.

- Ella es libre de hacer lo que quiera. – Respondió con un chasquido, despegando los ojos de Mulan y Emma. - ¿Si te suelto intentarás alguna estupidez?

Le dijo a la pelirroja, que tenía a su lado un plato de comida sin tocar. Llevaba todo el día atada y seguramente estaba incomoda, seguramente le dolerían las muñecas por todas las veces que había forcejeado por escapar.

- Antes de que te des cuenta tendrás la punta de una flecha apoyada en tu nuca.

Respondió Merida mirándola por fin, Regina giró los ojos e igualmente le soltó las manos con un movimiento mágico. Inmediatamente la chica intentó moverse, pero estaba pegada al suelo con la misma magia que ya la había sujetado antes.

- En una pelea justa no tendrías ninguna oportunidad.

- Tu tienes tus armas y yo tengo las mías, solo que las mías son mas efectivas. Come algo, aun nos queda mucho camino. – Merida se cruzó testarudamente de brazos. - ¿Cómo vas a seguir intentando escapar si no tienes fuerzas?

Dijo la reina con un impaciente resoplido, a lo mejor si intentaba arrancarle un miembro conseguía que Emma y Mulan se dejasen de tanto secretismo y se sentasen con ellas de una vez. Como si en realidad no quisiese hacerlo, Merida cogió su plato y empezó a comer, viendo la lógica en las palabras de la reina, que había vuelto a ignorarla para lanzar miradas asesinas a las otras dos mujeres.

Cuando Emma terminó de hablar con Mulan fue a sentarse junto a la desatada, pero todavía mágicamente retenida, Merida. Le pareció escuchar un resoplido de Regina.

- Átala de nuevo antes de irte a dormir si no quieres que escape.

Gruñó la morena metiéndose entre sus mantas de espaldas a ella. Emma la miró sin comprender ni esa actitud ni porqué a Merida parecía hacerle tanta gracia, pero tenía algo que hablar con la pelirroja.

- Mulan me ha contado tu situación. – Empezó, y Merida clavó una mirada traicionada en la guerrera. – No la mires así, intenta ayudar. Mira, nosotras no somos el enemigo, no somos quien todo el mundo cree.

- ¿No sois el Oscuro y la Reina Malvada?

Preguntó la pelirroja señalando vagamente a la acostada reina, casi como pregunta retorica ya que sabía la respuesta.

- Bueno, si. Pero no somos ninguna amenaza, ella ya no es malvada y yo no quiero ser el Oscuro. Si hemos vuelto al Bosque Encantado es solo para quitarme esto de encima.

Ganar a Merida como aliada les haría a todos el viaje mas fácil, y mas después de saber cuales habían sido sus motivaciones.

- Claro, seguro. ¿Ahora que somos amigas, puedo irme?

La chica no era fácil, eso desde luego, y aunque Emma podía tener paciencia, el Oscuro no estaba tan dispuesto, pero se mordió la lengua.

- Lo que intento decir, es que podemos ayudarte, y tu puedes ayudarnos a nosotras.

- Oh claro, ahora lo entiendo. Me necesitas para algo.

Dijo Merida con unas risa, comprendiendo de pronto que esa amabilidad no era tal.

- Intento ayudarte, maldita sea. ¿Crees que podrás simplemente escucharme y tener mientras la boca cerrada? ¿O voy a tener que sacarte el corazón para ello?

Gruñó Emma con el ceño fruncido y una mano cual garra sobre el pecho de la pelirroja, queriendo atravesarlo para coger el corazón de esa insolente chica.

- Emma…

Ese murmullo la devolvió a la realidad. Mulan estaba medio levantada, con una mano apoyada en la espada, lista para actuar si era necesario. Emma miró su mano sobre el pecho de su prisionera y la apartó de inmediato, lanzando una rápida mirada a Regina, asegurándose de que ella no había visto nada. La rubia soltó el aire que había estado conteniendo sin saberlo entre sus mandíbulas apretadas, haciendo un gesto para tranquilizar a Mulan, que se sentó de nuevo sin quitarle el ojo de encima ni la mano de la espada.

- Perdona, no quería hacer eso. No…

- No sois ninguna amenaza ¿verdad?

Merida intentó sonar irónica sin que le temblase la voz, disimular que por un momento había tenido verdadero miedo, no podía morir sin volver a ver a sus hermanos.

- Por eso tengo que librarme de esto, tengo que dejar de ser el Oscuro.

- Tengo entendido que la única manera es la muerte.

La pelirroja escupió esa palabra a la cara de Emma como una sentencia, pero la rubia negó con la cabeza, ignorándola, intentando ordenar sus pensamientos de forma pacífica.

- Estamos buscando un mago…pero no es eso de lo que quería hablarte. Mulan me ha dicho que buscas un fuego fatuo para que te cumpla un deseo. – Merida no dijo nada. - ¿Crees que luego podría cumplir uno mío?

Preguntó con avidez, casi queriendo zarandear a Merida hasta conseguir su respuesta.

- ¿Quieres pedirle dejar de ser el Oscuro?

Dijo la pelirroja con el ceño fruncido, no muy segura de que eso fuese algo tan fácil.

- No, quiero… Es para otra cosa.

Respondió Emma sin querer dar mas explicaciones, y ahora incluso Mulan la miró extrañada, sin saber para que mas podría querer el fuego fatuo. Pero Emma tenía otra cosa en la cabeza, o mas bien a otra persona. Estaba segura de que no sería tan sencillo librarse de la maldición del Oscuro, pero quizá podría curar a Regina, deshacer lo que ella misma se hizo tanto tiempo atrás, y eso era algo que no iba a compartir con nadie.

- ¿Qué dices? Podemos ser aliadas, hará tu viaje mucho mas sencillo.

Dijo levantando la cuerda con la que la tenía que volver a atar para dormir.

- Puedes confiar en ella.

Intervino Mulan, Merida soltó una risa sarcástica, poco convencida.

- Puedes confiar en mi.

Cambió la guerrera mirándola honestamente a los ojos, con la mano aun sobre el mango de la espada, pero relajada. Las dos mujeres se mantuvieron la mirada por un momento y finalmente Merida asintió.

- Esta bien, pero mas vale que tengas razón o tendré que hacértelo pagar, mujer guerrera.

Le dijo la pelirroja a Mulan sin creerse que de verdad estuviese confiando en ella y por extensión en la Reina Malvada y el Oscuro. La morena asintió solemnemente, dando silenciosamente su palabra. Emma se levantó dejando a Merida desatada como acto de confianza hacía ella, pero al pasar junto a su amiga le pidió silenciosamente que no le quitase el ojo de encima, y luego, olvidándose de que Merida no sabía nada, se metió bajo las mantas con Regina, pasando un brazo por su cintura para dormir.

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Aunque cuando despertó por la mañana la morena ya no estaba allí, y cuando miró a su alrededor para buscarla, el único buenos días que recibió fue un seco:

- ¿Te dejo sola un rato y te haces amiga otra vez de la persona que quería cazarnos?

Sin preocuparse siquiera en bajar la voz. Se pusieron en marcha en seguida, pero Emma no tuvo tiempo explicárselo a Regina porque Mulan la reclamó para si, preocupada por lo que había pasado la noche anterior, o mas bien de lo que casi había pasado con el corazón de Merida.

- A veces aun tengo…problemas…con la parte del Oscuro. Sobretodo desde que llegamos al Bosque Encantado. Tengo que mantenerlo a raya, pero no tienes nada de lo que preocuparte, Regina y yo estamos trabajando en ello.

Las dos miraron a la morena que caminaba muy erguida delante de ellas, manteniendo vigilada a Merida, que caminaba solo unos pasos a su lado, mirándola con la misma vigilancia. Mulan puso rápidamente al día a su amiga sobre la corta conversación que habían tenido Merida y ella después de que la Salvadora se durmiese, Mulan pensaba que de verdad podían confiar en ella, aunque no por ello tenían que bajar la guardia. Emma asintió y se adelantó para andar con Regina, intentando coger su brazo como el día anterior.

- Hola guapa.

Dijo con una sonrisa y tono juguetón. Regina la miró con una ceja alzada.

- ¿Ya ni siquiera recuerdas mi nombre o que?

La sonrisa de Emma desapareció sin saber exactamente que era lo que había hecho para enfadar a Regina.

- ¿Te pasa algo?

- Nada.

Pero era un "nada" totalmente falso, dicho en el mismo tono que un "tu sabrás" o un "haz lo que quieras", frases que dichas en ese tono sabías automáticamente que habías hecho algo y mejor que lo averiguases y lo arreglases rápido. Su brazo cayó del de Regina por la impresión, haciendo trabajar su cabeza a toda velocidad intentando recordar en que momento había metido la pata. ¿Habría visto lo que pasó la otra noche? ¿Ese momento en el que casi perdió el control otra vez? A lo mejor estaba enfadada por eso. ¿Podía ser? Algo le decía que Regina no iba a contárselo. La reina había seguido caminando, dejándola atrás y Emma resopló.

- Bueno, supongo que ahora si podemos decir oficialmente que estamos saliendo.

Gruñó enfurruñada ella también, acelerando el paso para adelantar a Regina.

- ¿Y que suponías que habíamos estado haciendo todos estos días?

Dijo la reina a la espalda de la rubia exactamente en el mismo tono gruñón. Detrás de ellas Mulan y Merida intercambiaron una mirada, replanteándose seriamente huir en ese momento antes de verse en medio de una pelea de pareja.