Mar y Nino habían hablado un rato más sobre Adrien. Nino le había contado a la chica algunas anécdotas del pasado, sucede que ambos estuvieron en una pandilla, pero no fue por malas intenciones, o eso daba a entender Nino.
—Yo simplemente buscaba algo que le diera una pizca de emoción a mí vida —comentaba Nino mientras bebía un poco de gaseosa —. Mis padres eran muy estrictos conmigo y siempre me hacían cuidar a mi hermano menor, él era terrible.
—No hables mal de un niño —retó Mar. Aunque se sintió raro para la joven decir aquello, como sino fuese lo que realmente sintiera. ¿Acaso a ella no le agradaban los niños antes?
—Si lo hubieses conocido te darías cuenta de lo insoportable que es. Era un niño que se creía un adulto —Nino rodó los ojos.
—Familia es familia.
En ese momento los síntomas comenzaron. Taquicardia, visión borrosa y dificultad para respirar. Mar intentó calmarse del modo en el que Nathaniel le había enseñado, pero no funcionó.
—¿Debo llamar al exorcista? —Nino no sabía bien qué hacer. La niña parecía poseída, era algo completamente extraño.
Él sabía de esas crisis, Adrien se lo había comentado en una ocasión. Pero una cosa es saber sobre ellas y otra completamente distinta es presenciar eso en vivo y en directo. Era una sensación bastante rara. Miedo de no saber cómo ayudar.
Mar podía ver la misma habitación borrosa de siempre y al mismo hombre acostado en una cama. Este señor tosía constantemente mientras una chica de coletas lo observaba.
Entre tanta distorsión era difícil distinguir algo, pero la tristeza era palpable aún para ella.
Fue retirada de la habitación.
—¿Ves por qué es necesario que estemos juntos? —era un tono burlesco, cínico —. Sino cumples con lo prometido, él morirá.
Vio como la chica hacia puños sus manos, o al menos eso parecía.
—La familia es lo primero y estoy segura de que él me entenderá.
Una risa se escuchó.
—Morirá antes de que puedas hacer algo.
—Haré lo que sea con tal de salvar a mi padre, aún cuando eso signifique escapar.
Volvió a la realidad. Respiró. Y se encontró con la escena más extraña posible. Nino la estaba abrazando.
—¿Acaso sigo durmiendo? —preguntó algo incómoda. Puede que ahora sean más cercanos, pero no es para tanto.
—¡Me asustaste! —Nino se separó de la chica —. ¿Dónde se supone que vas cuándo tienes esos ataques? Es difícil verte así, tus ojos se ponen blancos, pareces muerta en vida.
Mar suspiró.
Realmente no quería hablar de esos recuerdos con nadie, sentía que era algo personal, algo que no merecía ser compartido.
—Es como tener sueños en vida —respondió de modo tajante.
—Adrien y tú son tan parecidos.
—¿Disculpa?
—Cuando Adrien se enoja ataca a todo el mundo, responde de modo cortante, algo así como tú —Nino rodó los ojos sintiéndose enojado —. Al menos tú no me dices imbécil.
—No sé de qué te quejas, si tú le dices idiota a Nathaniel.
Nino se sentó y levantó las manos en son de paz y de no poder creer lo que escuchaba.
—¡Adrien fue quien le puso idiota a Nathaniel! —se defendió —. Además, él chico no llamaba tanto la atención, era un artista que vivía en su mundo.
En su mundo.
Otra vez estaba pasando, solo que de modo más leve.
—¡Otra vez no! —reclamó Nino al notar lo que estaba ocurriendo.
Esta vez Mar pudo ver algo distinto. Se veía a sí misma en una habitación distinta. Entre la distorsión se veía algo rosa y llamativo, pero más llamativo aún era ver muchas hojas y algunos lápices cerca de ella.
Parecía estar esmerada en un dibujo, un dibujo de algo grande, pero no se veía del todo.
—Siempre perdida en tú mundo de dibujos —dijo una voz femenina que aparecía en la habitación.
—¡Sabes que amo dibujar! Me encanta tener la capacidad de crear mucho diseños —esa voz estaba llena de deseos, de ilusión —. Algún día me enfrentaré a mi padre y le diré que lo que realmente quiero es ser diseñadora de modas.
Un suspiro se escuchó.
—Sabes que esos son solo sueños.
—No lo son, Kagami. Yo soy una luchadora e iré por mis sueños.
Volvió a la realidad. Aunque ahora sabía algo, ella conocía a una chica llamada Kagami que la animaba a luchar por sus sueños.
¿Quién podría ser Kagami?
—¿Dos veces en un día? Me haces sentir útil —se burló Nino.
Mar solo tomó su cabeza entre sus manos un momento y luego relajó su respiración.
—Creo que solo utilizas las palabras correctas en el momento adecuado.
—¿Hay palabras claves? —Mar simplemente asintió. Nino quería seguir hablando del tema, pero tampoco quería agobiar a la chica. Así que fue por el camino sencillo: —. ¡Será mejor que empecemos a celebrar!
Lo primero que hicieron fue comer pizza. Lo segundo que hicieron fue colocar música a un volumen alto y comenzar a bailar como dos desquiciados, se estaban divirtiendo bastante. Nino bailaba horrible y Mar parecía tener dos pies izquierdos.
Un golpe se escuchó en la puerta.
—¡Adrien, abre la puerta! ¡yo también me quiero divertir!
Era la voz de Lila.
Tanto Mar como Nino compartieron una mirada rápida. Ambos demostraron preocupación.
—Adrien me advirtió mantenerme alejada de Lila —recordó Mar.
—Yo tampoco quiero tener que ver con esa loca —susurró Nino.
Los golpes continuaban.
—¿Qué hacemos? —susurró Mar.
Nino apagó la música y se acercó un poco a la puerta.
—Lila, Adrien no está. Soy Nino y estoy a cargo —escuchó el resoplido de Lila.
—¡Baja esa música! ¡algunos queremos dormir! —seguido de ello se escuchó el portazo proveniente de la habitación de al lado.
Nino rodó sus ojos sintiéndose fastidiado. Claro, sino se trataba de Adrien a la chica no le interesaba. Siempre era lo mismo.
Mar parpadeó confundida.
—¿Qué fue eso? —preguntó ella.
—Fue Lila siendo Lila.
No le dieron mayor importancia al tema y comenzaron a jugar videojuegos, donde inevitablemente tampoco pudieron evitar gritar. Y obviamente consiguieron enojar aún más a Lila, quien decidió llamar al recepcionista para reclamar.
Adrien no podía dejar de pensar en aquel ofrecimiento. Sabía que era una oportunidad grandiosa para Mar, pero al mismo tiempo sabía que tenía su riesgo. Solo debía pensar en eso, después de todo, no tenía mucho en qué pensar.
O al menos eso era lo que Adrien creía.
—¡Adrien! ¡qué bueno que vienes!
Iván siempre parecía tan alegre, solo que hoy demostraba algo de enojo, es se notaba solo con ver su seria expresión. Raro en él.
—Ya dime qué está pasando.
—Hay muchos ruidos en tú departamento y he recibido quejas —confesó Iván —. Por favor ve y arregla el problema.
Adrien se tensó un poco. Él bien sabía que era algo arriesgado dejar a Nino y a Mar solos, Nino no apreciaba a esa chica y... ¿acaso sería capaz de hacerle algo?
—¡Maldita sea, Nino! —gritó mientras apretaba con desesperación el botón del elevador, era capaz de romperlo con toda la fuerza que estaba utilizando.
Iván estaba apunto de regañarlo, pero no lo hizo porque en ese momento exacto el elevador hizo su llegada. Adrien subió y maldijo la lentitud del aparato. Cuando se encontró en el pasillo cerca de su puerta escuchaba los gritos, que solo consiguieron aumentar su tensión.
—¡Te mataré! —gritó Nino. Luego escuchó los gritos de Mar y se preocupó aún más. Abrió la puerta con rapidez.
—¡Nino, no mates a Mar! —gritó apenas abrió la puerta. Nino ofendido se levantó del sillón y encaró a su amigo.
—¡Dile que deje de ganarme en los juegos! —reclamó como niño pequeño.
—¿Videojegos? —preguntó desconcertado Adrien.
En ese momento se dio cuenta de que realmente estaban jugando videojuegos y pensó en ahorcar a Iván por ser un maldito exagerado de pacotilla.
—Pero...
—Lila —respondió Nino.
Y con esa simple respuesta bastó para comprender todo, Lila seguía obsesionada y pendiente de todo lo que él hacía. Era desesperante y un tanto inquietante.
—Estábamos haciendo el mayor ruido posible para molestar aún más a Lila —explicó Mar sonriente. Adrien fulminó con la mirada a Nino, ¿cómo se le ocurría una idea tan estúpida como esa?
—¡Imbécil! —y golpeó en la nuca a su amigo.
—¡Fue idea de ella! —se defendió Nino.
—¡¿Mía?! —Mar se levantó del sillón para enfrentar a Nino —. ¡Yo ni siquiera conozco a esa chica! Y tampoco quisiera hacerlo... —lo último lo susurro.
Ambos discutían mientras Adrien los observaba sin saber qué hacer. Parecían una pareja de hermanos, los hermanos siempre peleaban por alguna tontería, él lo sabía bien. La tarea de los padres era separarlos, pero... ¡sorpresa! Él no era padre.
Sentado desde el sillón los observaba pelear y comprendía un poco el porque en ocasiones su padre perdía el control. Las discusiones eran desesperantes y más aún cuando no tenían sentido, como ocurría ahora.
—Maldita sea... —susurró. Él venía cansado del trabajo y lo que más ansiaba era dormir, no estar frente a una discusión.
—¡Tú eres muy ruidoso! —le gritaba Mar a Nino.
—Al menos yo no tengo una voz infantil.
—Eso es cuestionable.
La boca de Nino se abrió debido a esa respuesta tan inesperada. ¡¿Su voz era infantil?!
—Al menos yo no soy tan baja como tú —Mar rodó los ojos.
—Eso es porque tú eres mayor. Aunque tiene arreglo —Mar se subió al sillón, Nino no se quedó atrás y también se subió al sillón. Desde esa altura siguieron discutiendo.
Adrien se levantó y los observó a ambos con enojo.
—¡Dejen de pelear! —gritó —. Se están comportando como dos niños inmaduros.
—Soy una niña —respondió Mar.
—Y yo soy un inmaduro —respondió Nino.
Adrien negó con la cabeza y se sentó de nuevo en su sillón. ¿Por qué esos dos eran tan imposibles? Qué desesperantes.
—Solo no se suban al... —muy tarde, ambos seguían sobre el sillón.
—¡Fue él/ella!
Y en ese momento Adrien comprendió que estaba lidiando con dos niños. Una que sí era niña y otro que era un inmaduro y disfrutaba estar con una niña.
¿Eso lo convertía en un adulto amargado?
