¡Hola! Esta vez, demoré un mes. ¿Voy mejorando? Supongo que cada vez demoraré menos. Bueno, chicos y chicas, esta es la última nota del fic. ¡No! ¡Es broma! Jajaja, es la última nota del sexto curso. Ahora faltan tres notas más del último curso y llegamos al final de esta historia. Disculpen por no responder a todos los reviews, he estado muy ocupada, prometo que en esta nota responderé cada review con mucho, mucho amorrr. Les dejo que lean.

Las pelirrojas y los besos

Los besos de las pelirrojas son rudos y suaves al mismo tiempo. Son pasionales, te quitan el aire, son sorpresivos. Besan como si se tratara del primer y último beso.

-Entonces… -la castaña me observó con sus enormes ojos.

-¿Entonces qué?

-¿Se supone que ahora son pareja?

-No lo sé, Chris. No es que lo hayamos conversado –respondí instantáneamente.

-Eso es entendible. Paran con los labios ocupados cuando están solos –río.

-Deja el tema.

-Suerte que los gemelos no están aquí –dijo. Hizo un apunte en el pergamino mientras cerraba el libro de transformaciones.

-¿Ya terminaste? –la miré sorprendido.

-Ni he empezado –volvió a reír-. Tu queridísima amada acaba de pisar la biblioteca y tengo miedo de que me coma a besos a mí también. Así que, por mi salud física y mental, es mejor que me marche –me guiñó el ojo-. ¡Ay, el amor! ¡Qué lindo es al inicio!

-Scorpius –la voz de mi pelirroja sonó a mis espaldas- tenemos que hablar.

-Es la hora de besar –murmuró la castaña en voz casi inaudible, sólo yo la pude escuchar y, por supuesto, se ganó una mirada característica de un Malfoy fastidiado-. ¡Bueno! No quiero tocar violines, ni cellos. Mejor es que me vaya.

Christine se levantó de su asiento y con una fingida lentitud recogió el tintero, la pluma, el pesado libro y fue metiéndolos uno a uno en su mochila. Yo la miraba con un claro mensaje de "¿es en serio? ¡Corre, vuela, pero vete ya!" Parece que ella captaba el mensaje a la perfección, pero ¡Claro! Uno de sus pasatiempos favoritos, al igual que los gemelos, era agotar mi paciencia. Cuando mi amiga culminó con su jodido ritual, me sonrió y se fue canturreando una melodía.

Sentí el olor a moras colarse por mi nariz. Ella se estaba acercando cada vez más a mi persona. Sentí su aliento cerca de mi cuello y fue ahí donde rozó sus labios con bastante cautela. Yo sentí un cosquilleo agradable, excitante. Suerte que nadie notó lo que la pelirroja acababa de hacer -de igual manera, sólo había cuatro gatos en la biblioteca-, me tomó suavemente de mi corbata verde y plateada, y me jaló decidida, pero delicada a la vez, entre una de las estantería que quedaba al fondo del lugar.

-¿De qué quieres hablar?

-¿Qué se supone que somos? –ella se encargaba de sorprenderme. ¡A veces era tan directa! Momentos como este me hacían recordar el primer beso entre ambos, en el cual pude percibir algo de inseguridad por su parte al momento de marcharse con aquel libro de "Orgullo y Prejuicio". También hubo ocasiones pasadas en las cuales Rose se sonrojaba completamente al momento de exigir explicaciones o escuchar algún comentario mío.

-¿Perdón? –fingí no haberla entendido

-Scorpius, hoy no estoy para juegos –dijo apoyando su cabeza pelirroja sobre mi hombro derecho. ¡Merlín, ese olor a moras no me dejaba pensar! Su perfume corporal siempre fue una desventaja para mí y sospechaba que ella estaba al tanto de aquello. Mi pelirroja se aprovechaba del arma que poseía.

-¿Qué crees que somos?

-Dímelo tú –me miró con sus ojos azul eléctrico. Su piel de alabastro relucía suave y el incalculable número de pecas en su rostro hacía que me provocara tocarla, acercarla a mí y besarla, pero no sería tan fácil, no.

Ella quería una respuesta. Siempre era así. Era como un juego, el que cedía a la provocación del otro, perdía y bueno, ganaba al mismo tiempo.

Los labios de las pelirrojas poseen un color rosado suave, son tersos y una que otra peca se cuela por la comisura de ellos.

-¿Qué te gustaría que fuéramos? –pregunté. Por mi parte, estaba a punto de la redención. Era tan hermosa, tan diferente al resto de las chicas. Todos los días me sorprendía con algo nuevo- ¿y bien? –mi voz sonó débil.

-Ya no hables –me tomó del cuello de la camisa y mordió mi labio inferior de forma sutil. Eso no lo esperaba en lo absoluto y creo que ella se percató del detalle.

-¿Qué sucede? ¿Acaso a Scorpius Malfoy jamás lo han besado así?

-Esa acción no se llama besar, eso es morder –le sonreí.

-¿No te gusta? -¿si no me gustaba? ¡Dios! ¡Me encantaba! ¡Me volvía loco que fuera de armas tomar! Me gustaba que fuera apasionada y que no se sintiera corta al momento de expresar lo que sea que se le cruzara por la cabeza.

Ya lo he dicho antes, besar a una pelirroja es como comer grajeas de todos los sabores, uno no sabe que sorpresa le espera.

Me acerqué a ella, rocé sus labios con los míos un momento. Era tortuoso, ninguno de los dos quería ceder. Acaricié su cabello, enredé mis dedos en sus rulos, apreté suavemente su nuca, saboree su labio inferior con la punta de mi lengua. Ya no podía soportarlo más, ella estaba ganando la batalla. Bajé ambas manos por su cuello y llegué a su espalda. No podía aguantar la tentación, así que le subí un poco la blusa, lo justo para que una pequeña parte de su espalda quedara expuesta. Rocé mis dedos y al sentir su piel, exhalé un suspiro ahogado de satisfacción, de deseo. Rose apoyó sus manos sobre mi pecho y descendió lentamente hasta llegar a mi abdomen, fue ahí donde se detuvo y abrió los ojos. ¡Esos ojos! ¡Su olor me estaba matando! Rodeó sus brazos en mi cintura y sonrió.

-¿Qué pensaste? –soltó una risa suave y sorpresivamente tímida. ¿Tímida?

-Tú no me dejas pensar, ese es el problema, Rose –volvió a reír, pero no como esas chicas chinchosas que se hacen las tontas, las que fingen no matar ni a una mosca, las que se disfrazan de santas, pero en el fondo son putas.

Sin meditarlo más, en realidad, sin poder contenerlo, la acorralé contra la estantería y la besé. Ella respondió al instante. Movió sus labios con lentitud, pero ejerciendo la justa presión para que mi zona sur tome vida propia. "Rose, no hagas eso, o no respondo" le había dicho en innumerables ocasiones, ella sólo sonreía mientras continuaba con su labor. Su lengua invadió mi boca y pensé que moriría sino sentía su cuerpo más pegado al mío –si es que eso era posible-, así que pegué mis caderas contra las suyas. La escuché gemir despacio. ¡Merlín! Si seguíamos así, terminaríamos desnudos en el suelo, y aunque sonara increíble, no quería que sucediera. Definitivamente, en la biblioteca no ocurriría, y menos tratándose de que aún no habíamos tenido sexo.

-Rose, tenemos que detenernos –traté de separarla lentamente.

-¿Por qué? –preguntó mientras me seguía besando. Suspiró fuerte y continuó haciéndolo.

-Creo –un suspiro parecido al de ella abandonó mis labios- que sabes –la pelirroja me abrazó aún más fuerte por la cintura, lo cual produjo que nos sintiéramos, mejor dicho, que ella sintiera que me encontraba totalmente excitado- perfectamente la razón -Rose lanzó un gemido algo más audible, lo cual produjo que me excitara más.

-¿En serio quieres que deje de besarte? –se separó de mí un momento, me miró confundida.

-Rose, eres demasiado… -no sabía cómo expresar lo que sentía. La pelirroja se separó más y pude notar que su cabello se encontraba un poco desordenado. Su mirada me interrogaba confundida.

-¿Demasiado qué? -¿acaso pensaba que la iba a juzgar? Me miró seria. ¡Dios! ¿Quién entendía a las pelirrojas? Mejor dicho: ¿Quién mierda entendía a las mujeres?

-Sabes perfectamente que no quiero que dejes de besarme, pero no creo que sea conveniente acá.

-¿Por?

-¿Cómo que "¿Por"? ? ¡Porque tus besos pueden traer consecuencias, Rose!

-Si te preocupa ese tema, despreocúpate, sé cuándo parar –frunció el ceño.

-¿Y ahora, qué te pasa? –no la entendía, hacía unos minutos estábamos más que genial, y ahora parecía molesta.

-Nada –se cruzó de brazos y miró hacia un lado.

-¿Qué tienes, Rose? –traté de buscarle la mirada, pero me esquivaba.

- ¿Por qué tienes que arruinar un momento así? –me enfrentó.

-¡Qué! ¡No te entiendo! –exclamé en voz baja.

-Estábamos bien y te viene como una especie de cargo de conciencia –exclamó en voz baja, aparentemente se encontraba fastidiada.

-Definitivamente, no nos estamos entendiendo –ella me fulminó con aquellos ojos que me volvían loco, parecía muy molesta-. No me viene ningún cargo de conciencia, créeme. Si de mí se tratara te desnudaría aquí mismo –me miró sorprendida-. ¡Soy hombre, Rose! Pero, tienes que ser consciente, nos podemos meter en problemas.

-Pareces una nena –lanzó un gruñido de frustración, a menos eso parecía.

-¿Perdón? –ahora yo era el que se encontraba confundido.

-Lo que escuchaste, Malfoy –se hizo a un lado, pretendía irse. Estaba dispuesta a dejarme con la palabra en la boca, ella ya se proclamaba ganadora de nuestro encuentro clandestino.

-Dime, Weasley –enfaticé su apellido al mismo tiempo que le cerraba el paso- ¿Qué te molestó realmente?

-Odio –afirmó con voz determinante-, detesto que me interrumpan cuando estoy besando a alguien y más aún si ese alguien se trata de…- enmudeció de repente.

-¿De quién, Rose? –la provoqué mientras la acorralaba nuevamente a la estantería- ¿De quién? Dilo –insistí-. ¿De tu novio?- le mordí suavemente el lóbulo de la oreja y descendí dándole besos en el cuello.

-¿Así que somos eso? ¿Somos novios? –preguntó sorprendida. Parecía que iba a reír, y por supuesto, yo no entendía en lo más mínimo aquella posible reacción.

-Eso depende de ti.

Conclusión final: las pelirrojas besan de forma apasionada, creo que eso ya lo mencioné al inicio de la nota, pero es que es inevitable recalcarlo una vez más. Ellas no reparan en darlo todo, en sorprender a la persona a quién están besando. Les gusta tomar las riendas del asunto. En algunas ocasiones, disfrutan de hablar mientras cometen dicha acción; en otras ocasiones, sólo quieren que la persona se calle. Lo que sí es seguro, es que las pelirrojas disfrutan ver las reacciones de su víctima.

Es cierto, me considero una víctima de Rose Weasley, mi estudio está fracasando, está dejando de ser objetivo. Me estoy involucrando en niveles sobrenaturales con mi objeto de estudio.

Estoy perdido.

¿Les gustó? Espero que sí. Acabo de terminar de comer una deliciosa tarta de chocolate, así que les mando, nuevamente, besos recontra, recontra achocolatados.

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