Ni ouat ni sus personajes me pertenecen, por el contrario la historia sí es mía.

Este fic va dedicado a mis chicas del whatsapp swanqueen, a las del grupo evil regals, a mi petita, a mi morena, a Irina, a amandis la tetis y por supuesto a mi manager adorada.

Va especialmente dedicado a mi niña. Esthefybautista, a la que amo con todo mi ser, mi mayor admiradora, mi mayor apoyo en cada fic que emprendo, la amo y todo lo que escribo es por y para ella.

A mi Miss Swan favorita, porque es un sol, porque siempre me escucha y me anima y porque está orgullosa de mi, algún día te mandaré a mi profe por seur.

A Vero porque cuando lea este fic me querrá aun más, porque se ha convertido en una buena amiga y en alguien a quien quiero muchísimo y a Natalia, porque creo que nadie se lo merece más que ella y no se le da el reconocimiento necesario a su trabajo.

Y ya os dejo disfrutar del último capítulo no sin antes recordaros que debéis leer a franchiulla, my dark queen, EvilSwanQueen21, el lado ciego del amor y por supuesto a mi amada esthefybautista.

CAPÍTULO 21 NO ES MÁS QUE EL PRINCIPIO

Sus ojos color chocolate le devolvían la mirada a través de ese enorme espejo, donde podía contemplarse vestida de novia mientras Mary Margaret terminaba de hacerle algunos arreglos.

Estaba nerviosa, aunque no lo dejaba ver, llevaba los demonios recorriéndola por dentro a un paso de dar el sí quiero, aterrada y en su mente mil fantasmas asegurándole que Emma no acudiría, que se habría arrepentido, que su miedo habría ganado la batalla.

No hacía ni dos meses que le pidió matrimonio y Regina pensaba que habían actuado demasiado deprisa, si bien era cierto que llevaban años viviendo como una pareja recién casada en dos meses aun no se habían hecho a la idea de que por fin serían una sola con todas las de la ley, que por fin frente a ellas tendrían un papel sellado y firmado que las uniría en matrimonio.

Emma había acelerado los acontecimientos, asegurándose de que la fecha coincidía con la misma fecha en la que recibió la tutela de Regina, un gesto romántico que a la morena no le pasó desapercibido, aunque le parecía demasiado precipitado y tenía miedo de que a la hora de la verdad su rubia saliese corriendo y la dejase con la palabra en la boca. Suspiró, intentó relajarse asegurándose a sí misma que había visto demasiadas películas, no ayudaba que sus amigas le hubiesen puesto "Novia a la fuga" solo unos días antes de la ceremonia ya que, conociendo a Emma, la veía capaz de asustarse y huir.

Tras el último arreglo a su vestido, sencillo y recatado, de color blanco perla acentuando el tono de su piel y modelando sus curvas, echó un último vistazo a su reflejo en el espejo mientras alguna lágrima se escapaba incontrolable, por fin tras tantos años soñando con ese momento, iba a casarse con su Emma y estaba completamente feliz. La exclamación de Mary Margaret al verla ya lista le hizo sonreír, realmente estaba deslumbrante y ardía en deseos de ver a Emma, aunque sabía que esta se negaba en rotundo a ponerse vestido de novia y había recibido cierta información por parte de Ruby sobre el atuendo de su futura esposa, seguramente llevaría smoking blanco, muy apropiado para su personalidad.

Mary Margaret le ayudó a colocarse bien el velo y le tendió el ramo con las flores, rosas blancas, sus favoritas, mientras Robin entraba sonriendo en la habitación la abrazaba con cariño. Había viajado desde Londres la noche anterior para ser su padrino, ya que David era el padrino de Emma y Regina no tenía quién le acompañase al altar, el muchacho aceptó encantado asegurándole a la joven morena que llevaba años esperando esa llamada, que habían tardado más de lo que creía en dar el paso.

Del brazo de su amigo, Regina se dejó guiar hasta el coche que la conduciría al ayuntamiento con un enjambre de avispas en el estómago, nerviosa y decidida, amaba a Emma por encima de todo, Emma la amaba a ella más que a nada, al terminar el día sería su esposa para siempre.

Al llegar al ayuntamiento pudo reconocer a algunos amigos de la universidad, compañeros de Emma en servicios sociales, no más de diez personas en total contando a sus amigos más cercanos, íntimo y discreto como ambas había planeado. Robin la condujo hacia el alcalde con palabras de ánimo ya que podía adivinar sus nervios ocultos, mas todos sus males se desvanecieron en el acto cuando se encontró con la mirada aguamarina de su Emma, esperándola junto al alcalde para pronunciar sus votos y convertirse en su esposa. No había huido, sonreía y la miraba con amor y veneración, la esperaba nerviosa, alternando el peso de sus piernas y acariciándose el pelo, pero decidida y firme a darle el sí quiero, a darle la familia que siempre deseo. Cuando llegó hasta ella, tomó su mano y le susurró un te amo inaudible, justo antes de colocarse frente al alcalde y proceder con la ceremonia, sin dejar de mirarse y sonreír, felices y nerviosas como dos colegialas enamoradas con ganas de comerse el mundo entero.

Pronunciaron sus votos con pasión, mientras sus ojos encerraban tantas palabras no escritas, jamás pronunciadas… palabras de amor, agradecimiento y lealtad ya que ambas se reconocían, ambas sabían que el destino las había unido, que sus sentimientos eran profundos y eternos y que esa promesa jamás se rompería. Al colocarse los anillos solo estaban sellando un pacto no escrito adquirido hacía ya muchos años, cuando se miraron por primera vez a los ojos y sus mundos cambiaron por completo, con un beso suave y dulce, rodeadas de amigos que eran su familia, se unieron en un solo ser, salieron de ese ayuntamiento convertidas en esposas, felices y con el mundo entero a sus pies, con toda la vida por delante, no era más que el principio, el inicio de un nuevo camino, un nuevo recorrido en el que ambas, de la mano alcanzarían su futuro.

Un año más tarde:

Tras un año de matrimonio, Regina seguía mirando su anillo y sonriendo ya que no imaginaba que su vida al lado de Emma podía llegar a ser tan maravillosa. Su mujer era tremendamente torpe y despistada, ingenua y algunas veces peor que una niña, pero era valiente, noble y fuerte, era sincera y la amaba con toda su alma, se lo demostraba cada día que pasaba con pequeños detalles, con sus palabras o simplemente con sus silencios cómplices.

Siempre había sido su niña, alguien a quien tenía que proteger y cuidar, a quien tenía que llenar de cariño y ternura y eso no había cambiado, Emma en ocasiones la trataba como si fuese de cristal, como si pudiese desvanecerse, era delicada y suave con ella y Regina se sentía en una nube, serena y tranquila, protegida y amada. Sus pesadillas habían desaparecido por completo, su pasado marcado por el odio y el dolor ya solo era una sombra, no era nada, cada una de las cicatrices de su alma fueron curadas a base de amor, Emma se encargó de hacerlas desaparecer una a una y de amar cada una de las que tenía aun sobre su cuerpo, son asustarse de sus marcas, sin sentir pena o dolor, solo un amor profundo por cada rincón de su piel, con todas sus imperfecciones.

Un año había pasado y Emma quería darle una sorpresa, no sabía qué podía querer su mujer pues era imprevisible, nunca podías saber qué pasaba por su mente y podía tener una idea brillante o una locura. Con una sonrisa tuvo que admitirse a sí misma, que fuese lo que fuese que Emma tuviese en su cabecita, ella lo apoyaría incondicionalmente.

Su mujer entró al restaurante puntual, cosa muy rara en ella, se acercó a donde ya estaba esperándola desde hacía unos instantes y la besó con ternura, justo antes de sentarse frente a ella y sonreír, excitada como una niña pequeña la noche de navidad, esperando impaciente los regalos.

Regina la observó durante unos instantes, la conocía bien y esa cara que tenía significaba que algo estaba tramando, no sabía exactamente qué y eso la asustaba.

-"¿Qué querías decirme amor?"

-Es una sorpresa, espero a después de comer y te lo digo

-"Ni se le ocurra señora Swan"

-¿Está usted impaciente señora Swan?

-"Mucho, no me gustan las sorpresas y lo sabes, dime qué es"

-Creo que prefiero esperar a después de comer

Ya en el coche, Regina no podía dejar de sonreír, incluso se le hizo imposible retener las lágrimas. Había estado enfurruñada toda la comida intentando sonsacarle a su mujer qué era eso tan importante que tenía que decirle sin resultado, no fue hasta que se subió al coche que Emma le explicó su sorpresa y desde entonces no podía disimular su alegría ni borrar su sonrisa, era simplemente demasiado feliz en ese momento. Su familia se iba acrecentando y pronto tendrían un miembro más.

Emma también sonreía, hacía meses que estaba promoviendo el papeleo para que Regina y ella pudiesen adoptar. Llevaba años trabajando en los servicios sociales, había visto demasiadas cosas, demasiados niños desatendidos por falta de capacidad y le partía el alma no poder ayudarlos a todos, por lo que cuando Regina le dejó caer que quería ser madre fingió no hacerle caso pero en seguida se puso a trabajar en ello y por fin iban a firmar los papeles, y llevarse a su pequeñajo a casa. Miraba por el rabillo del ojo a su mujer, estaba radiante, llena de dicha. No tenía nada que ver con aquella niña pálida y ojerosa, llena de miedo y con tantas carencias que conoció una vez, era una mujer hecha y derecha, pediatra de renombre, y sobre todo era feliz, era una mujer cumpliendo sus sueños y era hermosa, cada día más que el anterior, se sentía privilegiada por tenerla, por amanecer y verla a su lado todos los días, sin duda la vida da muchas vueltas y agradecía enormemente al destino que hubiese puesto a Regina en su camino.

Llegaron a servicios sociales, aquel lugar que Regina tanto frecuentó y donde encontró al amor de su vida, a pesar de los malos recuerdos ese lugar presenció el principio de su historia y ahora presenciaría el principio de un nuevo camino.

De la mano entraron y Emma buscó a su compañera Belle, la mujer que llevó todo el trámite de la adopción, con la mirada. Cuando la vio fue hacia ella llevando a Regina de la mano, intercambiaron unas palabras antes de pasar a un pequeño despacho a firmar los papeles que certificarían que el pequeñajo asignado sería hijo de ambas legalmente.

Una vez firmados los papeles, Belle se marchó a buscar al pequeño mientras Emma observaba los nervios de su esposa, que se iban acrecentando.

-¿Nerviosa?

-"Mucho, quiero saber cómo es nuestro hijo ¿Tú lo has visto?"

-Sí, yo lo he visto, se llama james y tiene dos añitos, sus padres murieron hace poco en un accidente y al no tener a nadie más el estado se hizo cargo y nos llegó a nosotros

-"¿Dos años?"

-Sé que tú querías un bebé y realmente bebés es lo que buscaba cuando llegó James, es más difícil que adopten a un niño de dos años que a un bebe y creí que lo necesitaba más

-"Emma sea como sea es mi hijo ahora y sé que lo voy a amar"

-Seguro que sí…

Regina no pudo contestar pues en ese instante entró Belle llevando de la mano al pequeño James, era pequeñajo, rubio con el pelo alborotado y los ojos del color del caramelo, tímido aunque despierto y parecía muy inteligente. En cuanto lo vio quedó prendada en el mismo momento y sonrió, feliz porque Emma había vuelto a cumplir sus sueños, ahora eran las dos madres de un pequeñajo, podían darle un hogar y una oportunidad de crecer feliz a ese muchachito que se había quedado solo de la noche a la mañana.

James ya conocía a Emma así que su atención se centraba en la extraña mujer morena a la que no había visto en su vida, su rostro le parecía agradable y sintió que podía confiar en ella.

Se soltó de Belle y fue dando pequeños pasitos en dirección a su nueva mamá, mientras Emma terminaba de gestionar el papeleo. Regina estaba embobada mirando a aquel que era su hijo, su pequeño, acercarse a ella con timidez y curiosidad infinita. Lo cogió en sus brazos y el niño empezó a reír, ganándose el corazón de la morena, era su hijo y ya lo amaba por encima de su ser.

Una vez estuvo todo arreglado, se despidieron de Belle y se marcharon, llevando de la mano al pequeño que ya llevaba su apellido, James Swan. El niño iba balbuceando y riendo con Regina mientras Emma los observaba feliz, su pequeña familia, sabía que adoptar había sido la decisión más acertada.

Salieron de ese edificio donde tantos años atrás empezó su bella historia, salieron dejando en el pasado el miedo, el dolor y las heridas, salieron hacia un futuro feliz, salieron para continuar avanzando como familia por ese camino de piedras llamado vida.

Fin

Bueno una historia acaba y pronto empezará una nueva, muy atentos los lectores que amen el género Zombie porque esa será la temática del nuevo fic que voy a empezar de aquí unas horas. Mil gracias por leerme y dejarme mensajitos, sois lo mejor, os quiero.