Disclaimer: Ninguno de estos personajes que se presentan a continuación me pertenecen. Todos son propiedad de la hermosa J.K. Rowling, creadora del maravilloso mundo de Harry Potter.
LEMMON! SEXO! CUIDADO! SI, DE NUEVO!
Haber si me cuentan qué opinan de lo que hace Hermione. J
Aquella madrugada fue común para todos, excepto para Draco Malfoy quien contemplaba a Hermione y trataba de entender en qué momento había sucedido todo aquello.
Su vida en aquel instante estaba de cabeza casi tanto como cuando Voldemort se instaló en su casa durante la guerra. Para él la pureza de sangre y todos aquellos ideales ridículos eran solo recuerdos pero había cosas que no consideraba posibles y en menos de un mes todas ellas se habían convertido en realidad.
Granger, desde siempre fue fascinante para él, altiva, brillante, temible y sin embargo dulce. La recordaba del colegio, siempre enterrada entre libros, distinta de todas aquellas chicas que revoloteaban alrededor de los chicos guapos, él incluído; mientras ellas decidían qué tan corta debía ser su falda ella se convertía en una bruja de la cual Mcgonagall estaba orgullosa sin disimulo. Luego, en la guerra, él la había visto soportar tortura tras tortura con la templanza de quien lucha por un ideal inamovible y en la última batalla la vio desarmar y neutralizar a más de diez mortífagos mientras protegía a sus compañeros; organizaba a quienes le rodeaban y protegía a los heridos. Esa era la bruja que tenía a su lado en aquel momento, una auténtica perfección. Incluso en ese momento dormía con total tranquilidad, sin aparentar, sin tensarse, distinta de las chicas que usualmente compartían su cama, esas que dormían siempre en posiciones ridículamente incomodas que intentaban trasmitir sensualidad.
Ella se sacudió y giró, Draco sintió que varios centímetros lo separaban de su piel y sin poder evitarlo la atrajo hacia él. Era ridículo, odiaba aquella necesidad femenina de cercanía tras un encuentro sexual y sin embargo, en aquel momento, pensarla al otro lado de la cama le parecía igual que imaginarla en otro planeta. Recordaba lo que habían hecho, él siempre detestó a las vírgenes, en Hogwarts se había topado con una o dos y nunca le agradó el hecho de ser el primero, era incómodo, debía ser suave y evidentemente nunca podía dar rienda suelta a sus necesidades, sin embargo con ella había sido distinto, no le importó su cuerpo y sus deseos, de hecho no buscó la satisfacción física sino, por el contrario, descubrió que una caricia real llega más allá de la piel.
Se acomodó junto a ella, había descubierto que su nuevo pasatiempo favorito era hurgar en aquel espacio entre su pelo y su oreja en donde el olor a rosas era más poderoso. Inspiró hondo y pestañeó o al menos creyó hacerlo porque cuando abrió de nuevo los ojos la habitación estaba completamente iluminada por el sol y Hermione se reía tratando de apartar una de sus manos.
Hermione se había despertado sintiendo el calor del sol, de inmediato sintió a Draco en su espalda abrazándola y cuando quiso moverse dos cosas la sobresaltaron, primero, sintió que una erección incluso mayor que la de la noche anterior rozaba su espalda y segundo, descubrió que una de las manos de Draco la tomaba de su pecho izquierdo.
Al inicio quiso soltarse suavemente del agarre pero en cuanto lo intentó lo escuchó mascullar entre sueños.
-Mío… y apretarla aún más. Ella sonrió, no quería despertarlo pero volvió a separarse y escuchó de nuevo.
-Mío…
-Draco, Amor… basta.
Draco notó entonces lo que sucedía y uso su otra mano para abarcar el otro pecho y, fingiéndose dormido, volvió a decir
-Míos.
-Si…pero… la frase quedó incompleta cuando el rubio la pegó más hacia él e intencionalmente colocó su erección en su espalda.
Hermione rió nerviosa pero giró y lo besó, Draco continuó con el beso como si su vida dependiera de ello pero paró bruscamente cuando las manos de su novia llegaron a su miembro. Los toques eran suaves y ligeros, en realidad más explorativos que eróticos, Draco abrió los ojos y miró a Hermione, su rostro de picardía era tan sensual que creyó que terminaría con solo verla, tenía los ojos cerrados y trataba de ocultar una sonrisa mordiéndose los labios. Sus manos, mientras tanto, recorrían la punta de su masculinidad y luego su dedo índice subía y bajaba por ella.
-¿Cómo?...
Draco comprendió la pregunta sin necesidad de escucharla, tomó la mano de Hermione entre la suya y la colocó en su erección, indicándole cómo realizar suaves movimientos de arriba abajo, vaya que es buena alumna pensó, cuando al poco tiempo descubrió que ella había encontrado la forma de volverlo loco, sabiéndose cerca de terminar quiso pararla pero ella se lo impidió con un gran beso y más presión, ahora sus movimientos eran más rápidos y seguros y además variaba la presión del apretón entre cada descenso. Definitivamente lo estaba matando, aquello era el cielo y mirarla sonrojada, concentrada y pícara era la mismísima gloria.
-Mierda…Hermione. Su voz fue ronca y habló prácticamente rugiendo.
Ella sabía lo que sucedía y curiosa por ver el final apretó un poco más y dio un último toque que causó lo inevitable, Draco se contrajo y apretó los dientes en una mueca que Hermione reconoció como absolutamente elegante y entonces sintió sus manos húmedas y al mirar hacia ellas vio aquello que le causaba tanta curiosidad, sobre sus manos estaba un líquido blanco y caliente, la semilla y esencia de Draco.
Él abrió los ojos y la descubrió contemplando el resultado de su encuentro, en realidad parecía analizarlo como si se tratara de una tarea escolar, vio cómo soltaba su miembro y usaba sus dedos para palpar la contextura de aquel líquido y para su sorpresa la vio llevar uno de sus dedos a su boca.
-¿Pero qué?
Hermione volvió a la realidad con ese susurro y, comprendiendo lo que hacía, se sonrojó tanto que se levantó de la cama de un salto.
-Espera, espera. Draco corrió tras ella
-Yo… lo siento, no se qué… tengo que irme….
Hermione tomó una bata y se encerró en el baño.
-Draco se quedó parado en mitad de la habitación sin saber qué hacer. Probablemente la vergüenza de la muchacha se debiera a su estúpida actitud aunque si lo pensaba su actitud no fue mala sino de sorpresa. De acuerdo, todo se estaba saliendo de control.
-Hermione, sal por favor.
-No Draco, tengo que irme.
-¿Y cómo lo vas a hacer desde el baño?
-Entonces vete tú.
-No
-Draco, no voy a poder volver a mirarte nunca más, vete.
-¿Qué te molesta tanto?
-No debí hacer eso.
-¿Por qué?
-Tu rostro, lo dijo todo
-¿Qué dijo?
-Que era… desagradable.
La risotada de Malfoy desencajó a la muchacha por completo, se estaba burlando de ella.
-Hermione, mi vida, eso no fue lo que expresó mi cara. Créeme. Sal y conversemos.
La puerta del baño se abrió y la muchacha salió mirando a todo lado menos a su novio.
-Draco…
-Hermione...
-Yo…
-Tu eres la mujer más maravillosa del mundo y nada de lo que hiciste estuvo mal, todo lo contrario, fue…excelente! Dijo con una sonrisa ladeada. ¿Te gustaría explicarme porqué lo probaste?
-No
-Ven aquí
Hermione se acercó aún con la mirada en el piso
-Sabes que nunca lo había hecho pero eso no significa que no sepa…la teoría…y pues…quería saber.
-De acuerdo.
-¿De acuerdo? ¿Eso es todo?
-De acuerdo bruja golosa, vamos a desayunar.
La cara de Hermione podía haberse fundido con el pelo de Ron en aquel momento por lo que agradeció que Draco se diera la vuelta y saliera de la habitación, caso contrario en verdad no hubiera podido verlo de nuevo a los ojos.
