¡Hola a todas!
Quiero mencionar en principio que la historia original de Candy Candy y sus personajes le pertenecen a sus creadoras Kyoko Mizuki y Yumiko Igarashi. El anime le pertenece Toei Animation.
Esta historia ha sido creada únicamente con el fin de entretener y agradar a quienes la leen. Espero que la disfruten tanto como yo he disfrutado al escribirla, plasmando en ella mi amor por el Candy mundo.
Valor, Honor y Lealtad es una historia de Universo Alterno. Además, descubriremos un personaje femenino adicional que le dará un giro a la historia. Espero que me den la oportunidad de cautivarles con Elaine, a quien cariñosamente denominaremos "Lainie". La historia se unirá a la línea de tiempo del anime y manga, sin embargo, en este primer periodo describe lo que ocurrió en la vida de los jóvenes Andley antes de conocer a Candice White. Algunos de los hechos relatados en esta historia pueden tener relación con nuestra realidad, con la finalidad de darle a la historia un aire verídico.
Muchas cosas pasaron a finales del año 1910. Los Worthington viajaron a Lakewood por primera vez.
Descubrimos la razón por la cual Madame Elroy decidió no llevar con ella a Daniel y Elisa en el viaje a Londres y Escocia. La intervención de Alexandra ayudó a que la Matriarca abriera los ojos con relación a lo acontecido con Lainie.
La vida de Graham y de Adam continúa en lugares muy parecidos. Aunque ambos viven bajo normas estrictas, sus reacciones son muy distintas. Es posible que se deba a que Adam ha elegido por sí mismo ese camino, mientras que Graham se ha visto obligado a "elegir" el Colegio.
Stear ha implementado sus conocimientos adquiridos en un nuevo invento, pero parece que le hacen falta algunos detalles. La correspondencia entre Lainie y el Tío Abuelo William es cada vez más sincera y personal.
La visita de Jack, nos hace ver que Lainie se parece a su madre. Lainie se enfrenta a una situación delicada, al encontrar una cervatilla herida, capturada en una odiosa trampa para osos.
¿Quién será el joven que aparece para ayudar al animalito? ¿Qué medidas se tomarán al respecto?
SweetCandyAndley
Valor, Honor y Lealtad.
CAPITULO 20
El ángel vagabundo y la chica valiente
Lainie se sintió más tranquila al descubrir que aquel hombre no era la misma persona que puso la trampa. Escuchó atentamente las palabras de compasión que le había dirigido a la cervatilla herida. Pensó que podría acercarse y ofrecer su ayuda. En su pequeña alforja traía un ungüento especial para heridas, que la Tía Abuela le había conseguido, pues en numerosas ocasiones regresaba con algunos raspones o heridas leves en la piel, sobre todo después de sus paseos por el bosque. Tal vez, no era mucho, pero de algo serviría.
Los movimientos que realizaba el hombre le indicaron que estaba dispuesto a retirarse. Vio como levantó a la cervatilla en sus brazos y comenzó a caminar. Pensó que no podía esperar más por Jack así que salió de su escondite sigilosamente. El sonido de sus pasos sobre la hierba debió llegar a oídos del extraño, porque se detuvo un momento. Se giró para ver de quien se trataba. Había cierta rigidez en sus movimientos, como si él también estuviera dispuesto a enfrentar al irresponsable que había colocado las trampas. El asombro que invadió los rostros de ambos, los detuvo en sus lugares por algunos segundos.
Lainie, observó detenidamente las facciones del hombre que tenía frente a ella. Intentaba descubrir en él alguna característica que pudiera indicarle si se trataba de alguien a quien temer o en quien confiar.
El hombre, sostuvo con una mano a la cierva herida y con la otra retiró los lentes oscuros que cubrían su mirada. Después de permitir que la chica terminara su escrutinio, le sonrió amablemente. En ese momento Lainie sintió que no había ningún peligro y se relajó.
Pasaron varios segundos antes de que él se girara nuevamente y comenzara a caminar, ante lo que Lainie se acercó más y le preguntó - Espere, ¿a dónde va? -
- Creo que esta pequeña cervatilla necesita cuidados. Afortunadamente, no estuvo mucho tiempo atrapada y las heridas causadas en la piel y los músculos pueden curarse con algunos cuidados especiales. No puedo dejarla aquí o morirá irremediablemente. - Le dijo el hombre. Su voz era melodiosa y al mismo tiempo profunda.
- ¿Está muy grave? ¿Puedo ayudarlo? - Lainie preguntó en un tono sereno.
- Los desgarres son algo profundos, aunque ya le he puesto un vendaje para detener el sangrado. Si me apresuro, creo que puedo salvarla. - Le dijo el hombre.
- ¿A dónde la lleva? ¿Acaso vive por aquí? - Le preguntó Lainie.
- Bueno, podría decirse que sí. Mi casa se encuentra en todas partes y el cielo me acoge donde quiera que voy. - Le comentó afablemente.
- ¿Cómo es eso? - … - ¿Acaso es un ángel? - Estaba bastante intrigada con esa descripción.
- No, por supuesto que no. Me temo que sólo soy un mortal. - Sonrió francamente.
- Si espera un poco más, mi amigo Jack podría apoyarlo con la cervatilla. Hay una cabaña cerca que pertenece a mi familia y podríamos llevarla hasta allá para curar mejor esa herida. - Ofreció ella.
- No se preocupe por eso Señorita, yo puedo hacerme cargo. La llevaré conmigo, le aseguro que cuidaré bien de ella. - Le sonrió.
- Pero, me gustaría ayudar. - Insistió ella.
- Lo sé. - Asintió en su dirección. - Le aseguro que no hace falta. Cuando se recupere yo mismo la liberaré. Y seguramente la podrá ver en los alrededores nuevamente. - Le dijo en un tono tan sereno que Lainie percibió una promesa en esa frase.
- Confío en que así será. - Se acercó para acariciar al animalito frágil.
El hombre dio la media vuelta para continuar su camino, pero Lainie lo detuvo una vez más. - Espere, por favor. Al menos, dígame ¿cuál es su nombre? -
Después de meditarlo un poco el hombre contestó - Mi nombre es Albert. -
- Mucho gusto Sr. Albert, mi nombre es Elaine. - Le dijo ella mientras lo saludaba con la mano en el aire. - Espero verle pronto. - Se despidió mientras caminaba en dirección contraria para encontrarse con su yegua e ir en busca de Jack.
Cuando finalmente una sonriente Lainie se encontró con Jack, la preocupación invadió el rostro del administrador. El traje de Lainie mostraba restos de sangre en las solapas, y el frente.
- ¿Te has hecho daño? - Le preguntó Jack, visiblemente preocupado.
- ¿Cómo dices? - Le respondió confundida. Cuando observó su traje de montar se dio cuenta de lo que había llamado la atención de Jack y le dijo - ¡Oh!, te refieres a esto, no es mi sangre. Es de una cervatilla que encontré herida. Seguramente me ensucié cuando me acerqué a ayudarla. -
Jack la miró cuidadosamente por unos instantes más. Estaba completamente convencido de que Lainie era más que capaz de hacer algo así y continuar como si nada hubiera ocurrido.
- ¿Estás segura de que no tienes ninguna herida? ¿Dónde está la cervatilla? Por favor déjame ver tus manos. - Mientras hacía las preguntas ya la había tomado de las manos y las estaba revisando. Se dio cuenta de que traía dos pares de guantes de cuero, y que el par expuesto estaba rasgado. Pero afortunadamente las manos de Lainie no mostraban heridas. Miró a su alrededor y no vio al animal herido.
- Estoy segura de que no estoy herida, como puedes ver. - Le decía mientras terminaba de quitarse los guantes para mostrarle las manos.
- Bien, no hay nada en las manos. Pero dime, ¿dónde está la cervatilla? - Jack supuso que al sentirse libre, la cervatilla simplemente huyó. Pero quería estar seguro antes de continuar.
- Pues ya está a salvo. No hay que preocuparse más por ella. - Le dijo Lainie.
- ¿Qué fue lo que pasó? - Insistió Jack.
- Descubrí algo muy desagradable. Cayó en una trampa para osos, ¿te imaginas? Si no la hubiéramos encontrado a tiempo tal vez hubiera muerto. -
- ¿Trampa para osos? …Un momento jovencita, ¿me estás diciendo que la cervatilla estaba atrapada en una trampa para osos y que la rescataste? - Jack la observaba atentamente.
- La cervatilla cayó en una trampa, pero ahora ya está libre y creo que va a estar bien. - Afirmó Lainie, evitando ver a Jack directamente a los ojos.
- Por el momento no voy a indagar más sobre el asunto, porque es mejor que regresemos. Nos hemos demorado más de lo normal y es posible que empiecen a preocuparse por nosotros. - Le indicó Jack, mientras tomaba las correas de Luna y empezaba a cabalgar en dirección de la Mansión.
Al llegar, una vez que dejaron a los caballos en el establo, se dirigieron a la entrada principal, donde después de haberlos escuchado llegar, Nina los esperaba. Al ver la sangre que había en la chaqueta de Lainie, se alarmó inmediatamente. Sin embargo, Jack logró calmarla al confirmarle que nada le había ocurrido a ella. Era necesario, que se cambiara de ropa inmediatamente antes de que alguien más la viera en esas condiciones.
- Lainie, ¿qué es lo que pasó? - La preocupación en el tono de voz de Nina era más que evidente.
- Escuchamos algunos ruidos raros, y decidimos investigar de qué se trataba. - Empezó a explicar Lainie.
- Creo que fue muy imprudente de parte de Jack el haberle dejado sola. ¿Qué tal si hubiera pasado algo? - El tono reprobatorio que había empleado Nina no podía malinterpretarse.
- Pero no pasó nada malo en realidad, lo que me recuerda que tendré que hablar con Joseph para averiguar algunas cosas. - Murmuró Lainie.
- ¿Qué cosas? Lainie, por favor no se meta en problemas. Mejor debería comentarlo con los jóvenes. Estoy segura de que Anthony, Stear e incluso Archie, podrían manejar ese asunto. -
- No Nina. Esto me concierne a mí principalmente. Todo el mundo sabe que me encantan los animales y creo que esto lo voy a tomar como un reto personal. - Lainie estaba decidida.
- ¿Por qué tengo la sensación de que no me lo está diciendo todo? - Nina la miraba atentamente.
Continuaron platicando seriamente al respecto y cuando finalmente Lainie estaba lista para la hora de la cena, Nina no había logrado hacerla cambiar de parecer.
La convivencia durante la cena fue muy agradable, pues los cuatro siempre estaban juntos. Aunque compartieron lo que habían hecho durante el día, ninguno parecía estar al tanto de lo sucedido en el bosque. Al terminar, todos se retiraron a sus habitaciones.
En los siguientes días, Lainie habló con Joseph para que organizara un grupo de búsqueda y pudieran localizar otras trampas en la propiedad. Quería evitar que cualquier otro animal cayera en alguna de ellas y se lastimara o en el peor de los casos muriera.
Durante los siguientes días encontraron varias trampas esparcidas a lo largo del bosque. Nadie sabía quién las había colocado ni desde cuándo estaban ahí.
Jack tuvo que partir a su viaje, aunque estaba algo preocupado por la seguridad de Lainie. Le pareció muy extraño el hecho de que las trampas se encontraran dispersas principalmente a lo largo del camino que ella siempre recorría. ¿Podría tratarse de alguien que hubiera descubierto su verdadera identidad? ¿Acaso sólo sería una coincidencia? Debía informar a Madame Elroy al respecto, y tomar algunas medidas de seguridad en la propiedad. Aunque deberían hacerlo sin que ninguno de los jóvenes se enterara, así podrían continuar con sus vidas normalmente.
Habían pasado ya dos semanas desde el incidente con la cervatilla. Una tarde, durante una de sus excursiones a la cabaña, Lainie se encontró nuevamente con Albert. El hombre que había salvado a la cervatilla.
- ¡Hola! - La saludo él.
- ¡Hola Sr. Albert! - Lo saludó ella, desde su silla de montar, antes de bajarse de Luna para continuar caminando.
- ¿Recuerdas que te prometí que nos volveríamos a ver en cuanto la cervatilla se hubiera recuperado? -
- Por supuesto, ¿está mejor entonces? - Le dijo Lainie con emoción en la voz.
- Sí, finalmente logró mantenerse de pie, estoy seguro de que logrará sobrevivir en el bosque. - Albert le sonrió gentilmente.
- Me alegra mucho. Son animales ejemplares, y muy hermosos. - Lainie contestó.
- En verdad la vida animal es muy interesante. - dijo Albert.
- No tuve la oportunidad de agradecerle su ayuda. Debo confesarle que al principio me pareció que era usted un cazador. Tuve algo de temor que así fuera, pero cuando me di cuenta de que estaba ayudando a la cervatilla en lugar de terminar con su vida, sentí un gran alivio. - Lainie suspiró al recordar aquel día.
- No soy un cazador, definitivamente. En realidad me considero un defensor de la vida animal, entre otras cosas. - Comentó Albert.
- ¿Entre otras cosas? ¿Qué otras cosas, si es que puede contarme? -
- Bueno, me considero un admirador de la naturaleza en general. Aprecio mucho la libertad que se encuentra cuando viajas sin ataduras. Creo que por eso me gusta mucho explorar por mi cuenta. -
- Y ¿ha viajado mucho? -
- Supongo que puedo decir que sí. Y planeo seguir viajando un poco más. -
Continuaron caminando juntos, hasta llegar a un pequeño claro cerca del río. Había una fogata apagada y a un costado las pertenencias de Albert.
- ¿Aquí se está quedando? - Le preguntó Lainie, mientras observaba intrigada cómo algunos animales empezaban a acercarse. - ¡Oh!, parece que han venido a recibirlo, Albert. -
- Creo que tienen curiosidad, quieren saber quién eres. -
- ¡Son hermosos! - Sonreía, mientras se agachaba lentamente para acariciar algunos conejos y ardillas que se habían aproximado a ella. Una pequeña mofeta, estaba observando los movimientos de Lainie, y se acercó lentamente. Con paciencia, Lainie esperó a que el animalito confiara lo suficiente para acercarse más. Cuando lo tuvo a su alcance, lo acarició con suavidad.
- Seguro les agradas. Los animales pueden percibir las intenciones de las personas. También pueden sentir si te agradan o no. Y veo que para ellos, eres alguien que puede convertirse en una amiga. -
- Eso me encantaría. Yo solía tener una ardilla cuando vivía en Chicago. Se llama Cotton. Pero cuando nos mudamos para Lakewood, tuve que dejarla en su hogar. -
- Esa pequeña mofeta que tienes en el regazo, se llama Pouppe. Ha estado conmigo desde que… bueno, es la única que llevo conmigo a donde quiera que voy. Los otros animales silvestres pertenecen al aire libre. No pretendo domesticarlos, ni privarlos de su libertad. Los animales que me siguen continúan siendo libres. Nos hacemos compañía cuando vengo por estos lugares, pero cuando viajo a un lugar distinto, ellos siguen viviendo en su hogar. -
- Y ¿Cuánto tiempo permanece en los lugares que visita? ¿Acaso piensa irse pronto? -
- En realidad, esa es una muy buena pregunta. Ahora que lo pienso, sólo han sido cortas temporadas. Mis viajes han sido una especie de refugio personal que me permite hacer lo que me gusta. Disfrutar de la naturaleza y explorar. - Lo había dicho más para sí mismo que como respuesta para Lainie. - Ya he planeado mi próxima ruta, sólo me quedé para ayudar a la cervatilla. Creo que en una semana estaré en marcha. -
Lainie guardó silencio algunos minutos, mientras asimilaba lo que Albert le había contado. Parecía que él tenía mucha experiencia para sobrevivir a solas, disfrutando la naturaleza y conviviendo con los animales silvestres. Ella quería vivir una experiencia así, llevaba años planeándola; y justo ahora, conocía a alguien que podría darle algunas sugerencias para llevarla a cabo… ¿Sería una buena idea platicarle sus planes? ¿Los encontraría interesantes, o pensaría que sólo se trataba de los sueños fantásticos de una niña?
Albert pudo percibir que Lainie se había perdido en sus propios pensamientos, y permaneció en silencio cerca de ella. Había encendido la fogata y estaba preparando unas cañas para pescar.
Cuando Lainie se dio cuenta de que Albert se había acercado a la orilla y había colocado las cañas en diferentes ubicaciones antes de sentarse cómodamente en un punto que había elegido con anterioridad, lo miró seriamente, y se acercó para sentarse cerca de él, tomando una de las cañas.
- Sr. Albert - comenzó titubeando aún.
- ¿Qué pasa? - La alentó a continuar.
- Me preguntaba si acaso usted puede darme algunos consejos para viajar.-
- ¿A qué te refieres? ¿Piensas hacer algún viaje pronto? -
- En realidad, he estado planeándolo desde hace algún tiempo, pero sé que sólo lo podré llevar a cabo cuando cumpla la mayoría de edad. Y para eso todavía falta mucho… También he hecho mis propias investigaciones en los libros de geografía que hay en la biblioteca de la mansión, aunque me imagino que estar en los lugares que deseo visitar será muy distinto. Verá, tengo unas ideas magníficas, pero me falta la experiencia que usted tiene. Usted ya ha estado en muchos lugares y seguro que tiene algunas anécdotas que valen la pena guardar y compartir. Yo… yo quiero algo emocionante en mi vida, algo que pueda recordar y compartir con mi familia cuando ya sea una abuelita.-
- Vaya, pero para eso falta mucho tiempo… y seguro que alguien de tu familia puede ayudarte con esos viajes. -
- Bueno, sí, hay alguien que me ha prometido llevarme, Anthony siempre cumple sus promesas. Y seguro que Stear y Archie se unirán a nosotros. Siempre estamos juntos, y este viaje es especial para nosotros. Pero me gustaría darles una sorpresa. Ninguno de ellos espera que yo pueda aportar algo más práctico a la hora de enfrentarnos a la naturaleza. Por ejemplo, cómo encender una fogata, cuál es el mejor lugar para poner una, la cantidad de ropa que hay que llevar, cuánta agua se debe almacenar o como conseguirla cuando ya no hay en las botellas. Ese tipo de cosas prácticas, que sólo se aprenden viviendo la experiencia.-
- Lo que quieres saber es cómo sobrevivir. Si lo deseas, puedo enseñarte algunas cosas básicas. ¿Te parece que nos veamos por las tardes antes de que parta? -
- Oh, sí. Eso me gustaría mucho… Gracias Sr. Albert. -
Ese día, continuaron platicando amenamente, hasta que Lainie tuvo que regresar antes de la hora de la cena. Durante la siguiente semana Albert compartió con ella algunas de sus experiencias durante sus viajes, unas cómicas y otras más complicadas. Todo para que ella tuviera una idea más real de lo que significaba viajar ligero.
El día en que Albert partiría finalmente llegó, y Lainie fue a despedirse. En agradecimiento a su compañía y sus consejos, le regaló una cesta con frutas y algunas nueces para que tuviera algo de comer en el trayecto a su siguiente destino, y pudiera compartirlo con Pouppe.
Ante la mirada triste de Lainie, Albert le prometió regresar a visitarla en otra ocasión a Lakewood. Ante tal promesa, Lainie le dijo que cuando regresara podría hacer uso de la cabaña del bosque. Era un lugar acogedor, y podía llevar a todos los animalitos que quisiera.
Una semana después de la partida de Albert, Lainie volvió a su rutina habitual. Por las mañanas continuaba cabalgando junto a Anthony. Era el tiempo en que disfrutaban de su mutua compañía y se contaban lo que les ocurría en el día a día.
Una mañana en particular, Lainie estaba esperando a Anthony cerca del río. Mientras esperaba escuchó que alguien se acercaba. A la distancia pudo distinguir a una pequeña de cabello rubio rizado, recogido en dos coletas. Su ropa era muy sencilla, pero su actitud alegre y despreocupada la hacían verse encantadora.
La vio recostarse sobre el pasto y sacar un sobre para leer el contenido de lo que parecía ser una carta.
Sólo unos minutos después, vio a Daniel y a Elisa acercarse a la chica. Aunque ya llevaban tiempo en Lakewood, no habían convivido con los Leagan. Las propiedades de los Andley colindaban con la propiedad de los Leagan, por lo que no era extraño que se encontraran ahí.
Lo que le llamó la atención fue la manera en que Neil le quitó la carta a la chica. Definitivamente, no había mejorado sus modales con el pasar del tiempo. Algo se le cayó a la chica y Elisa lo levantó. Era un objeto brillante y seguramente de gran valor para aquella chica, que intentaba infructuosamente recuperar sus pertenencias.
Qué desagradable, tener que comportarse educadamente con esos hermanos, sin poder desenmascararlos totalmente ante la Tía Abuela. Justo cuando iba a intervenir para ayudar a la chica, vio como ésta golpeó Neil. ¡Fue asombroso! La determinación que tenía, el valor que mostró al no dejarse intimidar por ese descarado. Recuperó su tesoro y salió corriendo. Lloraba mientras se alejaba de ese lugar.
- Veo, que ahora les gusta molestar a las personas indefensas. Ustedes no cambian. - Les decía mientras se acercaba montada en Luna.
- ¿Y tú que haces aquí? - Le preguntó Elisa.
- Dando un paseo matutino. Después de todo, vivo aquí. - Le contestó Lainie.
- Y sigues metiéndote donde no te llaman. - Le dijo Neil.
- Digamos que no me entrometo en sus asuntos. Pero dio la casualidad que pasaba por aquí, y fui testigo de su comportamiento. Me parece que deja mucho que desear… Veamos, como enumerar sus faltas. Primero, intentar leer la correspondencia ajena, es de muy mala educación. Segundo, tomar lo que no les pertenece es aún peor. Tercero, hacer llorar a una chica indefensa, deberían avergonzarse. Cuarto, que una chica te gane Neil, y demuestre que es más fuerte que tú, bueno, eso no tiene precio. Al final creo que quedaron a mano. Deberían invertir su tiempo en cosas más productivas. - Les dijo seriamente.
- Guárdate tus comentarios Elaine, aquí nadie ha pedido tu opinión.- Dijo Elisa.
- ¡Oh, sí! Por supuesto. La verdad siempre incomoda a aquellos que pretenden ser lo que no son. - Le respondió Lainie.
- ¿Qué estás queriendo decir con eso? - La confrontó Neil.
- Sólo digo que la educación se demuestra en todos y cada uno de nuestros actos. La evidencia es más que abundante. Ustedes demuestran quienes son a cada momento. - Había cierta ironía en su tono de voz. - Pero como dije anteriormente, yo sólo estaba dando un paseo matinal. Hasta luego. - Les dijo y empezó a cabalgar alejándose de ahí.
Pensaba en esa chica, ¿a dónde habrá ido? Era muy evidente que se había convertido en el centro de las maldades de Daniel y Elisa. Sólo podía esperar que no fueran a desquitarse con ella por lo que les había dicho. No sería justo. Ojalá tuviera la oportunidad de volver a verla, y quizás ofrecerle su amistad y su ayuda.
Cualquier persona que se atreviera a poner a los Leagan en su lugar, merecía todo su respeto.
Estaba sumida en sus pensamientos, cuando Anthony la alcanzó.
- Lainie, ¿te ocurre algo? -
- ¡Anthony! Me asustaste. -
- Lo siento, pero es que llevo un rato hablándote y parecías no escucharme. Dime, ¿te encuentras bien? -
- Sí. Muy bien. De hecho, creo que mejor que nunca. Aunque tuve un pequeño encuentro con Daniel y Elisa, hace un momento. -
- ¿Te hicieron algo? ¿Te dijeron algo que te molestara? Dime. -
- No. Fue al revés. Creo que fui algo dura con ellos. La verdad es que siguen siendo los mismos, y no parecen querer cambiar en lo absoluto. -
- Hasta ahora hemos podido estar al margen de su presencia. No creo que dure mucho, pues cuando la Tía Abuela termine con sus asuntos pendientes, se instalará definitivamente con nosotros aquí en Lakewood. Y ambos sabemos, que cuando eso ocurra, Daniel y Elisa pasarán más tiempo en la mansión. -
- Me siento preparada para eso. No te preocupes de más. Después de lo de hoy, creo que puedo encontrar el valor para enfrentarlos de frente, cuando sea necesario. -
-¿Y qué fue lo que pasó? -
- Los vi molestando a una chica. Y me asombró lo valiente que era. No se dejó de las maldades de esos dos. Pero no pude acercarme lo suficiente para ver de quien se trataba. Ella sola se libró de esos dos. -
- Ojalá pudieras verla otra vez. Suena interesante.-
- Sí. Por cierto, ¿qué te detuvo esta mañana? Te estuve esperando en el claro. -
- Bueno, yo también conocí a una chica hoy. Me llamó la atención porque estaba llorando desconsoladamente, frente al portal de las rosas. Me pareció que debía darle algo de ánimo. Cuando me acerqué, la vi en el suelo. Cuando finalmente volteó a mirarme, vi unos enormes ojos color esmeralda. Como los de mi madre. Pero lo más sorprendente fue darme cuenta de que tiene una hermosa sonrisa. -
- ¿Y qué más? - Lainie había notado un ligero brillo en la mirada de Anthony al hablar de esa chica. Quería saber un poco más.
- Pues nada. Por un momento me dio la espalda, creo que estaba perdida en sus pensamientos, porque no volteó cuando me despedí de ella. Me dirigí a la caballeriza, para venir a alcanzarte en Trueno. -
- Oh, ya veo. En fin, creo que van pasarnos cosas buenas aquí en Lakewood, ¿no lo crees así, Anthony? -
- Estoy seguro de eso. Vamos, una carrera para ver quien llega primero a la cascada. -
- Anthony, espera. No hagas trampa. -
- ¡Ja, ja, ja! Eso es para que despiertes y estés atenta a todo, Lainie. -
Disfrutaron juntos del paseo, cuando regresaron a la mansión, una noticia importante los estaba esperando. Habían llegado algunas cartas, y un telegrama. Las cartas eran para Lainie. Una venía de Inglaterra y la otra de West Point. El telegrama era de la Tía Abuela, quien avisaba que llegaría en dos semanas, y una gran celebración se llevaría a cabo. Haría formal su mudanza a Lakewood.
La carta de Graham, tenía un tono solemne.
Querida Elaine,
Estos días han sido algo difíciles.
Al principio creí, ilusamente, que el vivir en este Colegio podría ser bueno para mí. Pero he descubierto, que aunque tiene la ventaja de proporcionarme cierta privacidad y paz, es demasiado frío.
Para empezar, debo usar uniforme todos los días. Hay un uniforme especial para el invierno, uno para el verano e incluso uno para los domingos. Es muy estricto y tiene muchas reglas que hay que seguir.
El día empieza a las seis de la mañana. Si es que quiero desayunar algo antes de la primera clase que inicia a las siete. A las diez de la mañana nos dan un breve descanso, que funciona principalmente para hacer el cambio de libros y libretas.
A las once retomamos las lecciones, hasta las dos de la tarde. A esa hora debemos dirigirnos al comedor para tomar los alimentos. Después tenemos otro descanso, si es que puedes llamarlo así, porque es el tiempo que nos dan para hacer las tareas que nos deja cada catedrático.
A las cinco nos dan un tiempo para tomar el té con algún biscocho, si no lo hiciéramos así dejaríamos de ser ingleses. Después de eso estamos "libres"...
A las siete de la noche se sirve la cena y después todos debemos dirigirnos a nuestra habitación.
Debemos permanecer en el Colegio todo el tiempo y sólo podemos salir cada quinto domingo. Pero si por alguna razón, alguno de los padres no da su consentimiento, tampoco se podría salir en ese único día de libertad. Muchos de los alumnos de este colegio se refieren a él como "La cárcel", pues todo está tan vigilado que pareciera que nos han privado de la libertad.
Para mi deleite, el primer quinto domingo de este año, pude salir a festejarme mi cumpleaños. Te recordé y sólo porque me lo pediste, me comí una rebanada de pastel en tu honor. Debo decir que no me gustan mucho los dulces, pero por tratarse de una ocasión especial hice una excepción.
Otra de las cosas que te sorprendería saber, es que es un colegio para señoritas también. Tal vez, si te portas mal, te envíen aquí. Eso sería fantástico, porque podría verte más a menudo. ¿Qué dices? ¿Te gustaría estudiar en Inglaterra? La ventaja que tú tendrías, es que al menos ya tienes un amigo aquí.
Espero que escribas pronto.
Tu amigo,
El caballero inglés.
Graham podía ser muy bromista cuando se lo proponía. Sin embargo, algo en su carta le decía que en esta ocasión no estaba bromeando. Tendría que pensar muy bien lo que le respondería. Era más complicado darle ánimo desde la distancia. Recordó la tristeza que vio en los ojos de Graham cuando platicaron de su vida. Él no había dicho mucho, pero podía percibir el dolor en sus palabras.
Abrió entonces la carta de Adam, y descubrió que era directa y concisa.
Querida Lainie,
Hace tiempo que no te escribo. Ha sido una desconsideración de mi parte, pero he tenido muy poco tiempo libre este año. Las clases son cada vez más intensas y debo concentrar todo mi esfuerzo para alcanzar mis objetivos.
Hasta ahora, soy el primero en mi clase y eso me llena de orgullo. Sé que mis padres también están complacidos con mi desempeño y eso me alegra.
He recibido tus cartas y quiero que sepas que me da mucho gusto saber que te has adaptado favorablemente a tu nuevo hogar. Lakewood es precioso. No creo que existan muchos lugares así de hermosos y naturales. Eres muy afortunada.
Mis padres han recibido una invitación para celebrar formalmente el establecimiento de la matriarca de los Andley en Lakewood. Haré todo lo posible por asistir. Me encantaría verte de nuevo.
Espero que estés muy bien,
Adam Worthington
Por lo menos, podría ver pronto a su amigo. Y tendría otra pareja de baile, con quien disfrutar de la velada. Si la familia entera venía a la celebración, Alexandra tal vez también podría bailar con Anthony, Stear o Archie.
Las instrucciones que la Tía Abuela había enviado, fueron claras. Los cuatro debían estar perfectamente presentables con sus trajes escoceses.
Tres días después, hicieron la lista de los artículos que recogerían en Chicago, pues ya habían sido solicitados por adelantado. Los trajes eran hechos a la medida, y la modista de la familia ya tenía una idea de la complexión de los jóvenes. Sólo requería efectuar algunos ajustes finales, en caso de que hubieran crecido desde la última vez en que les había confeccionado sus atuendos.
La mañana siguiente, Peter los esperaba después del desayuno para llevarlos a Chicago, y terminar con sus pendientes.
Al regresar de Chicago esa tarde, los cuatro estaban cansados y decidieron tomarse un tiempo para descansar. Lainie aprovechó para escribir la carta que le enviaría a Graham.
Querido Caballero Inglés,
Recibí tu carta hace algunos días. Me has dejado pensando mucho en ti. Me puedo imaginar lo difícil que debe ser vivir en ese colegio.
Personalmente, no creo que pueda soportar tanto encierro. La idea de perder mi libertad aunque sea de esa manera, me causa escalofrío.
En cuanto a lo de portarme mal, no creo que sea una buena idea. De cualquier modo, no me enviarían a Inglaterra. Te agradezco el comentario de que al menos tú serías mi amigo si es que eso pasara.
Ahora, no sé por qué, pero presiento que hay algo más. Espero que esta carta te de ánimo y que puedas sacar la tristeza que hay en tu corazón.
Tú eres el dueño de tu propio destino, solamente tú tienes el poder de lograr ser mejor y de aprovechar las oportunidades que la vida te da. De ti depende, quedarte en el vacío de la soledad o encontrar el camino que te lleve a la felicidad. Sólo tú puedes darles el poder a los demás para acercarse a ti. Quizás encuentres más amigos si les brindas la oportunidad de conocerte, así como lo hiciste conmigo.
Espero que nuestra amistad siga creciendo y que la honestidad y la confianza que hay entre nosotros se conviertan en un vínculo indestructible que nos una a través del tiempo y la distancia.
Tu amiga,
Elaine
También aprovechó la oportunidad para escribirle al Tío Abuelo, pues tenía tiempo que no lo hacía.
Querido Tío William,
Espero que se encuentre muy bien de salud cuando reciba mi carta. Sé que ha pasado algún tiempo desde la última vez que le escribí. Quería tener cosas interesantes que contarle y una de ellas es la fiesta que vamos a tener aquí en Lakewood dentro de dos semanas. Finalmente la Tía Abuela ha decidido hacer oficial su mudanza. Aunque como usted sabe, nosotros ya tenemos un tiempo viviendo aquí.
Desde que llegamos a Lakewood no he dejado de maravillarme. Hay una asombrosa cantidad de animales hermosos que he podido observar dentro de la propiedad. El otro día, sucedió algo bastante inquietante; durante uno de mis paseos, encontré una cervatilla atrapada en una trampa. Afortunadamente alguien ayudó a rescatarla y a curar sus heridas. Es hermosa, de verdad que sí. Tiene una pequeña mancha blanca en la frente y creo que me reconoce, porque se queda quieta, observándome cuando paseo cerca de la cascada.
Le pedí a Joseph, que organizara una búsqueda para eliminar todas las trampas y evitar que otro animalito inocente cayera en ellas. Fue muy desagradable descubrir que había cerca de veinte de ellas y que nadie supiera quien las había colocado ni cuándo.
Bueno, por ahora es todo. Prometo escribirle para contarle como estuvo el baile. Ojalá algún día pudiera venir. Me encantaría bailar con usted.
Con mucho afecto,
Elaine.
Al siguiente día, Lainie le pidió a Stear que la llevara al pueblo, pues quería enviar las cartas que acababa de escribir. Stear le dijo que podrían aprovechar para pasear un rato más, después de todo tenía ya un tiempo en que no habían salido juntos. Pasarían a buscar a Archie, quien últimamente pasaba sus ratos libres en el portal de Agua.
Era media mañana, y tenían todo listo. Anthony tenía algunas tareas que terminar, el Sr. Sawyer le había dejado unos ejercicios de matemáticas más avanzadas y no pudo acompañarlos.
Cuando llegaron cerca del Portal de Agua, Stear sonó el claxon del automóvil y le hicieron algunas señas a Archie para que se apresurara. En la distancia lograron ver que no se encontraba solo, pero evidentemente al escucharlos, se aproximó a ellos.
- Hola, Archie. ¿Estás listo? - le preguntó Stear.
- Sí. - Asintió Archie al tiempo en que subía al automóvil.
- Estás muy contento hoy, Archie. - Le comentó Lainie.
- Bueno, pues eso es porque hoy conocí a una linda gatita. - Respondió él.
- Ah, ¿sí? ¿Cómo es eso?- Stear sonaba muy intrigado.
- Sí, se llama Candy White, y vive con los Leagan. - Les informó.
- ¿Con los Leagan? - Preguntaron al unísono Stear y Lainie.
- Eso me dijo. -
- Vaya, pues no creo que eso sea muy bueno después de todo. ¿Y cómo es? - Preguntó Stear.
- Es una chiquilla muy bonita. Tiene unos enormes ojos verdes, su cabello es rubio y rizado, y tiene una maravillosa sonrisa. Además es algo así como un muchachito, porque maneja el lazo espectacularmente. - Sonreía ampliamente al recordar su encuentro con Candy.
- ¡Oh! ¿Y cómo es que sabes lo del lazo? ¿Acaso te atrapó? - Bromeó Lainie.
- Pues algo así. Abrió sin querer la compuerta del Portal y a mi bote lo arrastró la corriente. Me lanzó una cuerda hábilmente y digamos que me ayudó a regresar a la orilla. - Archie les relató su encuentro.
- Suena muy divertido. - Le dijo Stear.
- Lo fue. - Le aseguró Archie.
Durante el resto del trayecto, Lainie estuvo algo pensativa. Recordaba la ocasión en que había visto a Daniel y Elisa molestar a una chica que coincidía con la descripción que Archie había hecho. Si se trataba de la misma chica, estaba segura de que no le iba muy bien en casa de los Leagan.
- ¿Qué pasa Lainie? De pronto te has quedado muy callada. - Observó Archie. - ¿No estarás celosa de Candy, verdad? - Preguntó en tono burlón.
- No, por supuesto que no. Es sólo que me parece que la he visto en alguna parte. Estaba intentando recordar. - Le sonrió.
- Tal vez estas confundida, es la primera vez que la veo por aquí. - Comentó Archie.
- Sí, puede ser. - Asintió Lainie.
- Bien, hemos llegado. - Les dijo Stear, mientras se estacionaba frente a la oficina de correo. - Te esperamos aquí, y luego vamos a dar una vuelta por el pueblo. -
- Sí. - Lainie se apresuró a entrar en la oficina y enviar sus cartas.
Cuando regresó, se pusieron de acuerdo para recoger un pedido que Archie había hecho en el Gran almacén. Había comprado unas camisas que estaban de moda en Francia y las habían mandado desde hacía ya un mes.
El tan esperado día de la celebración había llegado. El movimiento que se llevaba a cabo en la mansión había empezado desde antes del amanecer. La Tía Abuela Elroy había llegado de Chicago la noche anterior.
Todos trabajaban en perfecta sincronización, y las actividades habían sido asignadas con anterioridad. Los chicos estaban relajados a pesar del movimiento que se percibía alrededor. Afortunadamente habían terminado de preparar sus atuendos para esa ocasión especial. Tenían un poco de tiempo libre antes de que iniciara la fiesta.
Era medio día cuando Stear regresó del pueblo. Venía muy alegre, aunque sus ropas estaban húmedas. Archie lo estaba esperando cerca de la entrada y se percató de que había llegado caminando. Estaba intrigado, pues lo había visto salir en su propio automóvil.
- ¡Hey, Stear! ¿Y tu automóvil? - Le preguntó Archie.
- Terminó en el fondo del lago. - Le comentó Stear un poco decepcionado. - Tendré que empezar a construir otro. Afortunadamente aún tengo algunas piezas extra. - Le sonrió.
- Pues no me parece que estés muy preocupado, a decir verdad. - Le guiñó un ojo.
- La verdad es que sí estoy decepcionado Archie, pero estoy seguro que lograré mejorar el modelo. - Le dijo Stear.
- ¿Y eso es lo que te hace tan feliz? - Le preguntó Archie.
- No, en realidad lo que me hace feliz es que me encontré a Candy cuando venía de regreso. Daniel y Elisa la dejaron en el pueblo y por eso tuve la oportunidad de agradecerle por haber sido tan amable contigo el otro día. -
- ¡Oh, Neil y Eliza nunca cambiarán! Ese par de bribones está siempre haciendo maldades. - Decía Archie.
- Y ahora, ¿qué hicieron? - Preguntó Lainie que acababa de regresar de su paseo en caballo.
- Pues dejaron a Candy en el pueblo y Stear tuvo que traerla de regreso. Lamentablemente, ambos terminaron en el lago porque el nuevo automóvil de Stear se descompuso en el trayecto. - le resumió Archie.
- ¡Oh, Stear! ¿Estás bien? - Le preguntó Lainie a su primo.
- Sí, estoy bien. Sólo un poco mojado. -
- Entonces, será mejor que te cambies. No queremos que te enfermes esta noche. ¿Verdad, Archie? -
- Sí, no te detengo más hermano, nos vemos en un rato. - Le dijo Archie.
Stear se retiró a su habitación y Archie se quedó platicando un momento más con Lainie.
- Archie, me gustaría conocer a Candy. Creo que ha de ser una gran chica si ha logrado soportar a Neil y Eliza. ¿No crees? - Le decía Lainie.
- Debe ser una chica con un gran carácter. Y supongo que ha de tener mucha paciencia. - Comentaba Archie.
- No es nada fácil, al menos nosotros hemos estado juntos. Candy está por su propia cuenta. Tal vez, podríamos ayudarla. ¿Qué te parece? -
- Creo que tengo una idea. Lainie, ¿tienes algún vestido que ya no uses o del que puedas prescindir? -
- Tengo algunos que aún no he usado. ¿Por qué lo preguntas? …Espera… espera… Oh, creo que ya entendí. Y me encantaría ayudarte. Vamos, te mostraré algunos y puedes elegir el que quieras. -
- Vamos. Sería estupendo que Candy viniera esta noche. Ya me imagino la cara que pondrá Eliza cuando se entere. -
Así, ambos subieron a la habitación de Lainie, quien sacó tres hermosos vestidos de uno de sus baúles. El primero, era de seda rosa, con grandes holanes en las orillas de las mangas y en la orilla de la falda. El segundo, tenía un hermoso corte princesa. La parte superior era de color negro y la falda era de color rojo con blanco. El tercero, era de color marfil, con toques de verde olivo. Eran vestidos muy elegantes y finos. Diseñados especialmente para Lainie, representaban su lugar en la familia Andley.
Eligieron el tercer vestido, porque llamaría más la atención y resaltaría mucho las características de Candy. Archie escribió una invitación y la agregó a la caja en la que habían guardado el vestido. Lainie decidió agregar un par de zapatos, esperando que fueran de la talla correcta. Además de dos cintas para el cabello, pues según lo que recordaba, Candy usaba dos coletas.
Cuando terminaron, le pidieron a Peter que llevara la invitación y el regalo a casa de los Leagan. Cuando Peter iba saliendo, Stear se le acercó para pedirle que llevara una invitación a casa de los Leagan, sin imaginar que eso era exactamente lo que iba a hacer.
=0=0=0=0=0=
Bueno, hasta aquí este capítulo, ¿qué les pareció?
=0=0=0=0=0=
Saludos a todas aquellas que siguen leyendo la historia de forma anónima. Gracias por estar ahí, en algún lugar.
Recuerden que sus comentarios son el combustible que toda escritora necesita para seguir inspirándose y continuar escribiendo.
=0=0=0=0=0=
Ahora, muchísimas gracias a mis queridas amigas:
denisegmiza, Ms Puddle, Lady Lyuva Sol, Paolau2, Josie, ccc73 y Lulushkita por tomarse el tiempo de dejarme maravillosos comentarios.
Espero que tengan un fabuloso fin de semana y nos leemos pronto.
