Capitulo 1

-Señorita Dwyer! - gritó su jefe y la voz resonó por todo el piso veinticinco.

Un escalofrío nació en la nuca de Renesmee, el cual le bajó por la columna para alojarse en su corazón y se le hizo un nudo en el estomago. Una reacción a la cual aun no se había acostumbrado luego de tres meses trabajando con... La Bestia.

Con las piernas temblorosas se levantó de la silla frente al escritorio, el cual estaba inundado de informes y archivos de los cuales tenia que hacer un resumen y presentarlos a su jefe al final del día.

Eran las cuatro de la tarde, no había comido en todo el día y solo había podido ir al baño cuando su jefe estaba en una tele conferencia.

Antes de tocar y abrir la puerta de cerezo con la placa de Gerente de Ventas miró a su alrededor, las demás secretarias y asistentes del piso la agencia de publicidad la miraron con compasión. Tal vez seria la ultima vez que la vieran con vida.

-Si, señor Black? - murmuró asomando la cabeza y una cascada de rizos de una tonalidad cobriza, resbaló por su hombro izquierdo.

Evitó mirarlo directamente a los ojos. Fijó la mirada en la ventana de piso a techo que estaba tras Jacob Black, su jefe, la cual le daba una buena vista de Manhattan.

-Donde esta el informe que le pedí de la campana de Brandon Couture de la década pasada? - preguntó con voz autoritaria, dominante, grave, ronca y tosca.

-Es-estoy en eso, señor Black - tartamudeó Renesmee, evitando a toda costa mirarlo a la cara.

Sabia que si sus ojos color chocolate se cruzaban con aquella gélida mirada que provenía de unos ojos tan negros como la noche, se echaría a llorar.

-Esta en eso?! Los pedí para hoy, señorita Dwyer. No para mañana.

-Pero, la jornada aun no termina y yo...

-Necesito esos informes para hace una hora! - Jacob Black, vestido con un caro y elegante traje Armani color azul marino, viéndose civilizado, hizo un acto poco civilizado: le dio un puñetazo a su escritorio de cedro, haciendo que la madera se astillara un poco.

-Señor, si señor - murmuró asustada cerrando la puerta y corrió de nuevo a su escritorio y comenzó a teclear frenéticamente sobre los diseños de Alice Brandon y sus campanas de publicidad.

Renesmee en realidad no tenia ni idea de por que su jefe le pidió dicho trabajo, quienes le deberían de hacer el resumen de tan importante cuenta era el equipo encargado. Ellos sabían que buscar y que incluir en el resumen, por lo que Bree Tanner la jefa del equipo Brandon se acercó a Renesmee.

-Has comido ya? - escuchó la suave voz de la chica de cabello corto y negro.

Renesmee levantó la mirada y negó con la cabeza.

-Si te comes esta ensalada te doy este resumen - Bree sonrió, ofreciéndole un contenedor de plástico trasparente con la etiqueta de la cafetería del edificio con una mano. En la otra cargaba una gruesa carpeta blanca.

-No puedo aceptarlo, si el señor Black me ve comiendo... -Renesmee negó con la cabeza y comiéndose con los ojos la ensalada de lechuga, manzana, nueces y queso.

-Come - Bree, elegantemente vestida con ropa de la marca Brandon, le extendió de nuevo el pequeño contenedor cuadrado.

-Dame primero el resumen y después como - Renesmee alargó el brazo hacia la carpeta blanca, con una debil sonrisa.

Bree puso los ojos en blanco y le dejo ambas cosas en el escritorio.

-Mas te vale que no te encuentre casi desmayada en el baño como la semana pasada, y la anterior a esa... y la anterior a esa, todo por no haber comido, niña.

-No es que no quiera comer... no me dejan -replicó hojeando el resumen de Brandon Couture y se dio cuenta de que el de ella estaba muy, pero muy inferior al que le llevaron-. No puedo comer si el no me dice que vaya a comer. No me puedo levantar, no me puedo ir a casa hasta que el no se haya ido, tampoco.

-Renesmee deberías renunciar. Tienes que renunciar. Black te trata como la mierda. Y no solo a ti, sino a todas su asistentes anteriores. Desde que estoy aquí, tu eres la que ha durado mas con el. Todas se van en cuanto reciben su primer cheque...

-Yo no puedo renunciar, tengo deudas estudiantiles. Necesito el trabajo Bree. Si renuncio no tendré para pagar la renta, si no pago la renta me quedo sin casa. No tengo a ningún lugar a donde ir, no tengo familia - la chica se encogió de hombros y trató de deshacer el nudo de su garganta, al recordar de pronto que era diez de septiembre.

Era su cumpleaños. Veintidós años atrás había nacido en algún hospital de Nueva York y a las horas de nacida fue entregada al Departamento de Servicios Sociales, con un nombre extraño que estaba segura que lo hicieron como broma.

-Busca otro trabajo y luego renuncias - sugirió la chica de cabello negro, sacándola de sus tristes pensamientos.

-Como? Todo el día estoy aquí. No tengo idea de como conseguí este trabajo. En Recursos Humanos dijeron que de todos los currículos que el señor Black leyó, eligió el mio.

-Ha de haber visto tu inocente carita y dijo: aquí esta otra... no te ofendas... otra idiota a la cual le puedo joder la vida.

Renesmee sonrió sin alegría, cerrando la carpeta blanca.

-Ademas, si duro al menos seis meses trabajando con Jacob Black, se vera increíble en mi currículo. Todos en esto de la publicidad saben como es el, consigue las cuentas por que las consigue y tiene estas magnificas ideas y... -suspiró encogiéndose de hombros-. Tendré un mejor trabajo si saben que trabaje para el y dure tanto tiempo. Seis meses con el, sera como seis años de experiencia en mi expediente.

-Tienes razón - Bree sonrió y en verdad deseó que Renesmee durara tanto tiempo con La Bestia, pero al mismo tiempo quiso sacar a la chica de ese lugar en un segundo.

No soportaba ver como La Bestia la maltrataba.

-Le daré esto al señor Black -Renesmee se levantó de su asiento-. Muchas gracias. No sabes lo que esto significa para mi, Bree.

-No es nada, somos amigas - la chica movió su mano, restandole importancia.

Amigas - Renesmee repitió la palabra en su fuero interno y le gustó como sonó. Nunca antes había tenido una amiga. Nunca. Siempre había sido la rara vestida con harapos que entraba y salia de diferentes escuelas al menos cada seis meses.

-De todas maneras, gracias - sonrió ampliamente abrazando la carpeta blanca y se sintió sumamente extraña. Los músculos de sus mejillas no estaban acostumbrados a estirarse tanto.

-Suerte - Bree se alejó, cuando la vio tocar la puerta de Jacob Black con sus nudillos.

-Señor Black, aquí esta el resumen de Brandon Couture - le dejó la carpeta sobre el escritorio con una sonrisita que apenas le curvaba la comisura de sus labios rojos y carnosos.

-Y que quiere que haga con eso? - preguntó Jacob sin despegar los ojos de la computadora, mientras tecleaba un correo electrónico al Gerente de Marketing.

-Ah... yo... Us-usted me pidió un... un resumen de las ca-campañas de la ul-ultima...

-Es tartamuda, señorita Dwyer?

-No - la chica se sonrojó.

-Ah, mire que bien -replicó con sarcasmo-. Una pregunta mas... Que rayos esta haciendo aquí en mi oficina, cuando le debió de haber llevado ese resumen a Bree Tanner, la encargada de la cuenta Brandon? Ella lo necesita con urgencia.

Renesmee entrecerró los ojos y respiro profundo.

Bree?! Maldito imbécil, Bree, no necesita esto! Lo que voy a hacer es meterle este resumen en donde nunca le ha dado la luz del sol! Maldito infeliz, mal nacido. Váyase al infierno!

-Lo llevare enseguida señor - murmuró con voz suave y dio media vuelta.

Estaba furiosa, nunca había estado mas furiosa en su vida.

Estuvo sumamente tentada a cerrar la puerta de su jefe con un sonoro portazo y gritarle que se fuera a la mierda. En su lugar cerró muy cuidadosamente y dio largas y fuertes zancadas en sus zapatos Moschino de segunda mano, hasta la oficina de Bree al otro lado del piso veinticinco. Tocó a la puerta y entró cuando Bree le dio el pase.

-Señorita Taner, el señor Black me pidió de manera muy amable, que le trajera el resumen de la publicidad de Brandon Couture. Se que usted lo necesita con urgencia - Renesmee dejó caer la carpeta blanca en el escritorio, ocasionando un secoplop y Bree la vio con los ojos muy abiertos.

-Que?!

-Lo que oíste. La Bestia de Black me dijo que tu lo necesitas - soltó la chica sin poderse contener. Jamas en esos tres meses había llamado a su jefe con el apodo que le tenían en la compañia.

Siempre se había dirigido o hablado de el con respeto, pero esa tarde estaba que echaba chispas.

-Ese maldito mal nacido! Yo para que diablos lo quiero?! En serio, Renesmee, renuncia! Te esta jodiendo a propósito.

-Lo bueno es que es viernes, los viernes se va temprano - la chica sonrió de lado y se marchó de la oficina de su amiga. Si no estaba en su escritorio La Bestia se podía enojar.

Después de Renesmee terminó de comerse la ensalada que Bree le llevo, comenzó a hacer planes para esa noche. Nunca celebraba su cumpleaños, no tenia con quien celebrarlo. Así que estaba pensando entrar a ese local de repostería fina que estaba a una calle de la estación del metro, se compraría una rebanada de pastel de chocolate y se la llevaría a casa. Se comería su pequeño pedazo de pastel antes de dormirse. El sábado tenia que ir a la lavandería y el domingo al super. Seria un buen fin de semana. Tenia ganas de darse un baño en una gran tina, pero su ratonera apenas si tenia ducha, mucho menos una tina de baño. Tal vez si sacaba un pequeño pellizquito de sus ahorros podía comprarse una botella de vino tinto barato y beberla hasta quedarse dormida... Si eso haría esa noche: se compraría su rebanada de pastel de chocolate y una botella de vino de la licorería que estaba en la esquina de su edificio.

Si, seria un buen fin de semana.

-Señorita Dwyer! - aquel familiar estremecimiento de nuevo la tomó desprevenida.

Como era su costumbre, saltó de su asiento y corrió a la puerta del señor Black.

-Si, señor Black? - asomó la cabeza.

-Me quedare hasta tarde redactando el nuevo contrato de la destilería McCarty - ese me quedare sonaba a se tendrá que quedar usted también.

-Se quedara? Pero... ayer redacte ese nuevo contrato... Yo...

-Obviamente no lo hizo bien -replicó Jacob con burla-. Es un asco, ese contrato. No lo hizo bien - repitió.

Claro que lo hice bien! Transcribí todo lo que me dicto durante dos horas! Mi mano se acalambró y tuve que continuar con el dolor! - le gritó con todas sus fuerzas... en su fuero interno.

La Bestia se dignó a mirarla.

-Tráigame café.

Renesmee asintió, convirtiendo sus manos pequeñas y blancas en puños furibundos.

Bree tenia razón, debía renunciar. El que en toda su niñez la hubieran tratado como si fuera un ser humano de segunda, el que sus padres no la hubieran querido y abandonado, no significaba que ella no se quisiera. Tenia que darse a respetar, tenia que cuidarse. En ese empleo su salud corría peligro, no comía, hacia corajes, se develaba, se levantaba temprano. Tal y como Bree lo había dicho mas temprano: había estado a punto de desmayarse en varias ocasiones por falta de sueno y comida. Cada vez se le veía mas pálida y había adelgazado un par de tallas desde que trabajaba para Jacob Black.

Se sentía como Anne Hathaway en The Devil Wears Prada y La Bestia era Meryl Streep. Incluso Black llegaba, le aventaba su maletín y su saco en el escritorio como Miranda Priestly a Andrea Sachs!

Para las seis de la tarde, la oficina ya estaba vacía. Era viernes y todos sin excepción salían puntualmente a las cinco y se iban a la hora feliz. Renesmee siempre era invitada y solo dos escasas ocasiones había ido, solo por que su jefe no había estado en la ciudad.

Triste, miró a su alrededor y continuó revisando el correó de su jefe, esperando a que a el se le diera la gana y la llamara para redactar el nuevo contrato de la destilería McCarty.

Sigilosamente se alejó de su escritorio y fue al baño. Al salir del cubículo se lavó las manos mirándose detenidamente en el espejo y vio que no aparentaba veintidós años. Se veía... rara. Se veía mucho mayor y al mismo tiempo se veía muy joven. Su piel blanca era suave, sin imperfecciones, sin arrugas ni cicatrices; pero bajo sus ojos yacían unas ojeras color malva que su insignificante y barato maquillaje de farmacia no cubrían. Las ojeras la hacían lucir vieja.

-Feliz cumpleaños, Renesmee - se dijo a si misma, tal y como se lo decía desde que cumplió cinco años.

Las lagrimas salieron de sus ojos y no pudo evitar que de sus labios saliera un sollozo, que hizo eco en las paredes de frío azulejo blanco.

Inútilmente trató de contener sus lagrimas, pero ese en definitiva era el peor cumpleaños de su corta y triste vida y todo por culpa de La Bestia. Sofocó los sollozos con sus pequeñas manos blancas, preguntándose como otras miles de veces por que sus padres no la quisieron.

-Señorita Dwayer! - escuchó la voz de La Bestia.

Estaba buscándola. Había abandonado su lugar de trabajo sin su consentimiento.

Tomó un puñado de papel higiénico y secó las lagrimas de su rostro. Corriendo hacia su escritorio trató de alizar su cabello, al pasar por su mesa tomó la tableta electronica de la compañia y entró sin anunciarse a la oficina de su jefe.

-Lo siento, señor Black - se apresuró a pararse detrás de una de las sillas frente al escritorio de su jefe y se preparó para recibir instrucciones absurdas, como cada vez que se ha quedado hasta tarde.

-Donde estaba, señorita Dwyer? -Jacob preguntó con su masculina y enfadada voz sin despegar los ojos del contrato McCarty, que según el era un asco.

-En-en el baño - contestó ella, con voz ronca por el nuevo y creciente nudo en la garganta.

Jacob alejó sus ojos de la computadora y miró su caro y elegante Omega y vio que eran las ocho menos cuarto. Alzó la vista hacia el rostro de su asistente y notó sus ojos hinchados y enrojecidos.

Cuando Renesmee se dio cuenta de que Jacob la miraba, supo que vería que había estado llorando. No sabia que reacción tendría su jefe, tal vez se burlaría de ella, le diría débil, inútil... Se imaginó cualquier escenario humillante que su cabeza pudo pensar. Pero lo que nunca imaginó fue la verdadera reacción de La Bestia.

-Has llorado. Estas bien? -con el rostro alarmado, Jacob se levantó de inmediato, rodeó el escritorio hasta quedar frente a ella y tomó su rostro entre sus enormes y cálidas manos-. Por que lloraste? Yo te hice llorar, verdad? Mierda!

Renesmee lo vio con los ojos redondos como platos e intentó alejarse de el.

Quien era ese y que había hecho con La Bestia?! - se preguntó aterrada y de nuevo trató de alejarse de el, sin conseguirlo.

-No era mi intención, solo quiero... No llores, por favor -murmuró su jefe con voz suave-. Gritame, insúltame, incluso golpeame, pero no llores.

-No llore... po-por usted - mintió.

-Entonces? - Jacob trató de buscar en sus ojos de chocolate el por que había llorado su asistente, pero solo encontró miedo-. Me tienes miedo, Renesmee?

La chica se estremeció al escucharlo decir su nombre con una extraña cadencia, que jamas había escuchado antes.

-No me temas -soltó el delicado rostro de la chica para tomar sus manos y besarlas-. Yo no te haré daño, lo prometo.

Se acercó aun mas a ella y beso su frente. Ella trató de alejarse, pero el cuerpo no le respondió. No estaba acostumbrada a las muestras de cariño por que no tenia a nadie y el cielo sabia que jamas imaginó que las recibiría de La Bestia.

-No me tengas miedo. No te haré daño - susurró Jacob Black besando las húmedas mejillas de Renesmee.

El corazón de Renesmee dio un brinco y en su cabeza sonaron alarmas.

La chica dio un paso hacia atrás, temerosa de las acciones de su jefe. El estaba demasiado cerca, podía sentir el calor que irradiaba de su gran cuerpo masculino, podía olerlo y no le gustó aquel extraño instinto de acercarse mas a el. Era contacto directo con otro humano, tenia años sin estar así de cerca de otro ser humano. Podía alargar su mano y tocarlo, realmente tocarlo. Quería hacerlo, iba a hacerlo.

No! Es La Bestia! Que estas loca?! - se dijo retrocediendo otro paso alejándose de aquel atractivo calor que emanaba del cuerpo de Jacob Black.

-Por favor, déjeme ir - susurró soltando las manos de La Bestia.

-No te vayas - Jacob posó sus labios en los de Renesmee cerrando los ojos.

En cambió ella no los cerró, se quedó mirándolo aterrada, tratando de alejarse de el, pero el la envolvió con sus fuertes brazos apretándola estrechamente a su pecho.

Renesmee continuó luchando por alejarse de el hasta que poco a poco fue cediendo y abrió sus labios para profundizar el beso. El ser tocada, abrazada y besada por otro ser humano, era adictivo y demasiado bueno como para dejarlo ir.

Jacob reclamó su boca explorando con su lengua hasta el ultimo rincón, saboreandola, disfrutando el tenerla por fin entre sus brazos. Sonrió para sus adentros cuando ella le respondió el beso dejándose llevar, entregándose a el sin dudarlo. Pensó que le resultaría mas difícil comenzar a cortejar a su pequeña asistente, después de como la había tratado o mas bien maltratado durante tres meses. La había contratado solamente por que le había parecido atractiva, no tenia experiencia dentro de la publicidad pero había obtenido media beca en la NYU y se graduó con un excelente promedio, eso hablaba bien de ella. Pensaba que Renesmee renunciaría a las dos semanas, la recomendaría en alguna otra compañía y se olvidaría de ella. Pero la chica no renunció y al pasar de los días aquella atracción que sentía por ella se fue convirtiendo en algo mas fuerte, la quería para el; sin embargo comenzó a tratarla como si fuera escoria. Incluso la trataba peor que a sus anteriores asistentes, solo para no lanzarse sobre ella como lo estaba haciendo en ese instante.

-Aun te quieres ir? - preguntó La Bestia con la voz agitada, abandonando los labios de Renesmee solo para trasladarse a su garganta.

-Si - musitó la chica inclinando la cabeza hacia atrás para darle un mejor acceso a su cuello.

En el instante en que respondió, Jacob la soltó y fue como si la hubieran despertado abruptamente de un increíble sueño. Renesmee trastabilló hacia atrás casi perdiendo el equilibrio, La Bestia la había tenido sobre las puntas de sus pies.

-Lo siento, señorita Dwyer... Yo... -Jacob se aclaró la garganta-. Puede irse.

La Bestia se alejó de ella después de señalar la puerta cerrada de su oficina.

Con las mejillas rojas por el calor del momento y la vergüenza de haber besado a su jefe, asintió y caminó lentamente hasta la puerta.

-Feliz cumpleaños, Renesmee - murmuró Jacob antes de que su asistente cerrara la puerta.

Inesperadas lagrimas inundaron de nuevo los ojos de la chica; era la primera vez que escuchaba esas palabras provenientes de otra persona que no fuera ella.

Renesmee abrió las cinco cerraduras de su pequeño departamento. Como cada noche había tomado tres trenes para llegar a Queens, caminó por las sucias calles en sus Converse viejos de botín, entró a su feo edificio y subió las escaleras hasta el tercer piso. Su departamento era pequeño, ella lo llamaba la ratonera. Justo al entrar estaba una pequeña sala y al final de la estancia estaba la cocina; al lado izquierdo de la puerta se encontraba la habitación y dentro de ella estaba el baño. Eso era todo.

Caminó hacia su dormitorio, lanzó su bolso al piso y se dejó caer en la cama. Los labios aun le ardían, no estaba acostumbrados a besar ni a recibir besos apasionados de un atractivo hombre moreno de casi dos metros.

Atractivo? - Se preguntó Renesmee. Oh si, La Bestia era atractiva como el infierno, cosa que no había notado hasta esa noche entre sus brazos. La actitud de Jacob Black no la dejaban ver lo atractivo que era. Tenia unos penetrantes ojos negros, altos pómulos, nariz recta, un mentón fuerte, labios gruesos y cálidos, hombros anchos, pecho hinchado y duro, piernas largas... Parecía un dios andante y ella jamas lo había notado hasta esa noche.

Renesmee dio un brinco cuando azotaron la puerta tres veces. Atontada y mal humorada, se levantó de la cama y maldijo el no tener una mirilla. No tenia ni idea de quien estuviera tocando a su puerta. Tal vez era su vecina de al lado que la vio llegar y le llevaba la correspondencia como la semana pasada. Puso la gruesa cadena plateada y abrió las cinco cerraduras.

Abrió la puerta solo unos centímetros y casi le dio un infarto al ver a La Bestia frente a ella.

-Puedo pasar? - preguntó con una sonrisa que Renesmee jamas había visto.

Nunca en los tres meses lo había visto sonreír. Tenia una bella y amplia sonrisa que le hacia lucir sus blancos y perfectos dientes.

Como es que nunca lo vi? - se preguntó la chica y le cerró la puerta en la cara.

Con dedos temblorosos quitó la cadena mirando alrededor, su ratonera estaba bien para ella, pero no como para tener invitados inesperados de sonrisas encantadoras.

Al abrir la puerta Jacob entró como si fuera su casa y le dio un beso en la mejilla.

-Supuse que no comiste... por eso te traje un filete de mi restaurante favorito, pastel de chocolate de La Suiza y vino tinto - murmuró La Bestia dejando un montón de bolsas sobre la barra de la diminuta cocina.

La chica miró a La Bestia desenvolverse en su cocina como si conociera el lugar; lo vio buscar platos, tenedores, cuchillos... Cuando por fin reacciono, cerró la puerta y los cinco cerrojos.

-Lávate las manos, mientras yo sirvo la cena - le ordenó como si le estuviera pidiendo algo en la oficina.

Acostumbrada a obedecer a ese tono de voz, Renesmee corrió a su baño a lavarse las manos, se miró en el espejo y peinó sus rizos en una alta cola de caballo. Aun traía puesto el pantalón negro de vestir, blusa lila de botones y suéter negro de cuello en V, todo comprado en tiendas de descuento.

Cuando llegó a la sala, Jacob ya tenia todo en su mesita de centro. Tenia un gran bistec en un plato blanco, acompañado con verduras en juliana y papas a la francesa y vino tinto servido en copas de cristal que Jacob había llevado, Renesmee no tenia copas.

-Ven, siéntate -la chica obedeció en un instante. Se sentó junto a el y en silencio observó a La Bestia cortar la carne por ella-. Abre -murmuró con una sonrisa sosteniendo el tenedor frente a su boca.

-Por que haces esto? - preguntó Renesmee alejándose del apetitoso bocado.

-Por que quiero hacerlo. Ahora abre.

La chica lo miro con el ceño fruncido pero aceptó que su jefe le diera de comer hasta que el plato estuvo limpio, bebiendo de vez en cuando un pequeño sorbo de aquel fino vino que La Bestia le había llevado.

Divertida, Renesmee vio como Jacob contrastaba con su decrepito apartamento. El llevaba su traje Armani azul marino, camisa de seda azul cielo y corbata de gruesas rayas diagonales con dichos colores, lucia encantador, limpio, sexy, perfecto. En cambio su departamento era de paredes blancas, muebles viejos que con esfuerzos había comprado en un mercado de pulgas; el pequeño librero de apenas un metro de altura tenia algunos libros de literatura y guías turísticas de lugares que algún día muy, muy lejano -si tenia un poco de suerte- llegaría a visitar. Sobre dicho mueble estaba la anticuada televisión y no tenia cable, mucho menos internet y computadora. Renesmee era pobre, lo sabia mas que de sobra; siempre lo había sido y pensaba que siempre lo seria.

Una vez que Jacob terminó de comer, se alejó de ella con una sonrisa y llevó los platos sucios a la cocina.

De espaldas a Renesmee, La Bestia sacó una caja blanca y pesada de una bolsa negra con el logotipo de La Suiza en dorado. Con una sonrisa abrió la caja y vio el pastel que había comprado para celebrar su cumpleaños; camino alrededor de la barra y le sonrió ampliamente.

-Hora del pastel de cumpleaños -murmuró encendiendo una velita rosa al centro del pastel de chocolate-. Ven, pide un deseo, Renesmee.

La chica se levantó del sillón sin despegar los ojos del pastel, era el mismo pastel que ella había pensado en comprar solo una rebanada, la cual ni se acordó camino a casa por solo pensar en los labios de Jacob Black. Cerró los ojos para pedir un deseo, pero no tenia idea de que pedir, nunca había tenido un pastel de cumpleaños, nunca había pedido un deseo al apagar las velas. Abrió los ojos de nuevo y miró al hombre que tenia frente a ella, al otro lado de la barra de la cocina.

Jacob Black, deseo a Jacob Black - pidió con todas sus fuerzas al soplar la velita.

Capitulo 2

-Es una niña - murmuró el doctor con una sonrisa bajo el cubre bocas y con mucho cuidado le entregó la pequeña bebé a una de las enfermeras que lo asistían en el parto.

-Una niña? - preguntó la adolescente llorosa y sudorosa. Levantó la cabeza tratando de mirar a su bebe con la mirada perdida-. Quiero verla - débilmente levantó los brazos.

El doctor miró a su colega detrás de la chica y el asintió. El doctor asintió a su vez a la enfermera que estaba limpiando a la pequeña criatura recién nacida.

-Lo siento mucho, Isabella... pero... la bebé no... respira. Están tratando de... Nació sin vida.

-Que? No! Yo... Edward... Donde esta Edward? Quiero ver a Edward... Edward, salva a Renesmee... -balbuceó la joven madre, mientras una de las enfermeras colocaba un sedante en su intravenosa.

-Estas seguro de esto, Carlisle? - cuestionó el doctor que había traído al mundo a la pequeña que comenzó a llorar.

-No voy a dejar que la vida de mi hijo y la de Isabella se arruine por un estúpido error, como lo es esa niña. Si alguno de ustedes habla, pueden irse olvidando de volver a trabajar en cualquier otro hospital de este país, lo que les pagué no fueron cinco centavos - masculló el jefe del hospital quitándose de manera despectiva el gorro que cubría su cabello rubio y el cubre bocas.

El pediatra y el ginecólogo, así como las enfermeras se miraron nerviosos y culpables. Habían aceptado un buen cheque y una garantía de que si algún día había recorte de personal, todos ellos estarían a salvo.

El doctor Carlisle Cullen se acercó en silencio a su nieta, la sostuvo en sus brazos unos segundos.

-Esto no es personal Renesmee, pero quiero demasiado a mi hijo como para que le arruines la vida - la criaturita continuó durmiendo en su manta calientita sin saber que su propia sangre la había arrebatado de los brazos de su madre.

El doctor le entregó la niña a una enfermera y ella le sonrió débilmente. Le tenia miedo a su jefe. Si era capaz de arruinarle la vida a su hijo y su novia, seria capaz de arruinarle la vida también a ella, una enfermera de quirofano que tenia tres semanas trabajando en el hospital.

Renesmee fue llevada al los cuneros bajo el apellido de Dwyer y fue cuidada como a cualquier otra bebe del lugar; mientras, su abuelo Carlisle y su abuelo Charlie, llenaban los formularios para darla en adopción.

-Me siento mal haciéndole esto a mi hija, Carlisle - masculló Charlie Swan, el padre de Isabella.

-Que prefieres, Charlie: que Edward e Isabella terminen la preparatoria, vayan a una universidad y tengan un buen trabajo, una buena vida... o les damos a la niña, dejan la preparatoria, Edward consigue un trabajo mediocre y mal pagado, llega a casa todas las noches donde la niña llora y llora sin parar. El y tu hija discuten, incluso llegan a los golpes, Edward se va y abandona a tu hija y a Renesmee...

-Ya basta, de acuerdo! Pero que va a pasar con la niña?

-Con un poco de suerte la adoptara una buena familia que cuidara de ella.

-Y si no? - Charlie preguntó con un nudo en la garganta.

-Me da igual, ese ya no es nuestro problema - el doctor se encogió de hombros y firmó los papeles dado por terminado el asunto.

La pesadilla que habían vivido durante los últimos meses estaba por terminar; su hijo iba a llevar la vida que tan meticulosamente le había planeado lejos de esa chiquilla llamada Isabella Swan. Afortunadamente el padre de la chica tampoco había estado contento con la relación de su estudiosa hija con el playboy de Edward Cullen y se había puesto en contacto con el doctor para solucionar juntos el problema en el que se habían metido sus retoños. Como no podían obligar a la adolescente que se hiciera un aborto, decidieron esperar hasta que naciera el bebe y por fin deshacerse de el por medios menos riesgosos y enteramente legales.

-La madre de Isabella se llamaba Renee, verdad? - murmuró Carlisle dándole un ultimo vistazo a los documentos,

-Si, Renee Dwyer.

-Bien, según estos documentos fue ella quien la dio en adopción.

Charlie suspiró y se preguntó que es lo que su difunta esposa pensaría sobre lo que le estaba haciendo a su hija. Ella se hubiera opuesto rotundamente, habría apoyado a Isabella y hubiera cuidado a la bebe mientras la chica terminaba la preparatoria.

-Y si los chicos algún día se les ocurre... investigar? - murmuró Charlie con preocupación girando una y otra vez su anillo de matrimonio, que no se había quitado a pesar de que Renee había muerto tres años atrás.

-Nos atendremos a la historia, siempre. Renesmee nació muerta. La bebé nació muerta, los doctores hicieron resucitación, pero la bebé nació muerta. No tenia pulso, no respiraba. Nació muerta y no se pudo hacer nada. Yo estuve ahí, la bebé nació muerta.

Charlie se estremeció al ver lo convincente que era Carlisle y por el dolor que le causaría a su hija el escuchar esas palabras. Pero era mejor un poco de dolor durante un tiempo, a una vida miserable y una niña de por medio.

-Ellos investigaran y se encontraran con una acta de defunción con el nombre de Carlie Cullen-Swan -susurró el doctor llenando dichos papeles-, solo eso. Ese es el nombre con el que Isabella ha parloteado los últimos días: Renesmee Carlie Cullen-Swan. Usé Renesmee para los de adopción y Carlie para los de defunción. Ni Edward ni Isabella buscaran a una Renesmee en Servicios Sociales, como ya dije, les diremos que nació muerta, tal y como lo dice aquí - señaló los documentos.

-Solo espero que estemos haciendo lo correcto.

-Claro que lo estamos haciendo, Charlie. Es lo mejor para los chicos.

-Y a todo esto, donde esta Edward?

-Hice que su amigo Emmett se lo llevara con el a la destilería que tiene su familia. El chico me llama cada hora para decirme que Edward sigue de catador.

-Y que pasara cuando deje de beber y se de cuenta de que se perdió el parto?

Carlisle se encogió de hombros.

-Y tu mujer? Ella que dijo?

-La distraje con la remodelación de la casa, ya sabes que ella ama ese tipo de tonterías.

Charlie negó con la cabeza y reprobó aun mas todo aquello, pero dio gracias por que su hija ya no estaría ligada a esa gente. Solo lamento no ver crecer a su nieta.


Hooolaaaaaa!

Yo aquí... de nuevo con mis cosas raras...
Quise subir también el cap dos, para que no odien a Edward y Bella...

Kisses and Love
Victoria Wittaker

Pd: Me dolió poner a Carlisle como el malo...