20. Cuando menos se piensa, salta la liebre
Alice caminaba canturreando una canción mientras pensaba en todo lo que estaba pasando. Unos locos amenazaban con matar a su amiga, las otras dos no se hablaban por un chico y su mejor amigo la ignoraba. Todo lo improbable sucedía junto. Y lo peor… ya se había cansado de George, su mente sólo pensaba, absurdamente, en que Frank no la hacía caso. ¿Qué significaba eso? Inmediatamente se dio cuenta de lo egoístamente infantiles que eran sus pensamientos. ¿Lo peor? Lo peor era que Ari y ella sabían que los seguidores del asesino en serie de la actualidad estaban persiguiendo a Lily…
Entró en la lechucería y silbó llamando a la lechuza de Ariadna. Su amiga le había pedido que fuese a por su vestido mientras ella trataba de hablar con Corinne. Tenían que arreglarlo para poder explicarle todo lo que estaba pasando con Lily.
Una lechuza negra, con rayas parduzcas al sol, se posó en la viga más baja y cercana a ella. En el pico llevaba una bolsita pequeña a rayas negras y blancas cerrada con un lazo dorado. En la parte de delante, en letras diminutas, se podía leer Madam Malkin: túnicas para todas las ocasiones. Según Ari, Madam Malkin había resultado terriblemente afectada por el hecho de que le llevase un vestido comprado en el mundo muggle para que le hiciese algunos retoques y lo cambiase de color sin afectar al tejido, hechizos en los que la bruja costurera era experta. Alice levantó la mano y le pidió a Hughweel, que así era como se llamaba el animal, que le diese el pequeño recado.
-Muy bien, bonita – tarareó lanzándole un par de chucherías lechuciles que el animal alcanzó al vuelo y agradeció con un fino piido. – Tu dueña te tiene muy abandonada ¿verdad? Le diré que te haga más caso y se olvide de tanto Black por un tiempo…
Con una sonrisa salió de la lechucería y se encaminó a su sala común. Ese día, a pesar de que era jueves, no había clase. La preparación de la fiesta de aquella noche traía locas a todas las chicas y a más de un chico sin pareja, y los profesores acataban con gracia las órdenes de una Corinne que se había pasado todo el mes a expensas de que todo saliese bien.
Un ruido captó su atención. Provenía del aula más alejada del pasillo, un aula que si no recordaba mal, no había pisado en su vida. Pero… ¿qué hora era? ¿Quién estaría despierto o rondando aulas abandonadas el día de Navidad a esa hora tan endemoniada? Ella lo estaba porque Corinne se había despertado histérica y no dejó a nadie seguir durmiendo y como Ari aprovechó que Lily se fue a hablar con McGonnagal del toque de queda de aquella noche para hablar con Corinne, pues a ella no le quedó más remedio que recorrerse medio castillo para ir a buscar su vestido. Ya se lo podía pagar con creces.
Pero su curiosidad era igual o mayor que la de su gato, que rondaba siempre las esquinas en busca de algún ratoncillo desprevenido. Así que en silencio absoluto se dirigió hacia aquella aula. Cuanto más se acercaba, lo que antes había clasificado de simples ruidos, se iban definiendo más como risas, susurros y grititos absurdos. Emocionada porque iba a encontrar a alguna pareja que lo más seguro es que hubiese pernoctado allí y eso le proporcionaría un día entero de cotilleos con Corinne, giró con delicadeza el pomo y asomó la cabeza. Lo que vio empujó su mandíbula hacia abajo y abrió sus ojos como nunca antes. Frank estaba sobre una chica, tapados los dos con mantas, y al parecer estaba haciéndole las mismas cosquillas que solía hacerle a ella cuando se quedaban hasta tarde comiendo chucherías en la Sala Común… hacía ya tanto tiempo. Sin saber qué hacer, se giró y pegó la espalda contra la pared. ¿Pero quién era esa chica? Con cuidado volvió a asomarse y de nuevo un golpe de calor que le volvió las orejas rojas le hizo pegar la espalda contra la pared y taparse la boca con las manos. ¡Era la estúpida de Rachel! ¿Pero no lo habían dejado? ¡Y por qué no le había contado nada!
-Frankie… - la ira trepó por la cara de Alice, ¡ella era la única que le llamaba así cuando quería hacerle de rabiar! - ¿dejaste tú la puerta abierta cuando fuiste al baño? Juraría que antes estaba cerrada…
-No sé – murmuró Frank con un sonido gutural, como si tuviese la boca contra algo. Un par de risas frenéticas brotaron de la chica. - ¿Quieres que la cierre?... Está bien, voy a cerrarla, pero muy rápido ¿vale? No te muevas de aquí…
Alice abrió los ojos y miró alrededor. El pasillo era demasiado largo como para correr esperando que no la viese si le daba por asomarse y las aulas de alrededor estaban cerradas. ¿Un Alohomora? No, no tenía tiempo. Lo mejor era…
-¿Alice? – la castaña emitió un gritito y pegó un salto girándose hacia el rubio, que la miraba desde el marco de la puerta con el ceño fruncido.
-¡Frank! – exclamó adoptando una sonrisa exagerada - ¡Qué sorpresa!
-¿Qué haces aquí? – inquirió el rubio saliendo al pasillo y cerrando la puerta con sigilo tras él.
-Oh… na…nada – masculló gesticulando con los brazos en señal de caminar – Venía de la lechucería – explicó finalmente levantando el saquito reducido que contenía el vestido de Ariadna – Tenía que… que recoger esto para esta noche.
-La lechucería está al otro lado del pasillo – objetó el Gryffindor cruzando los brazos. - ¿No estarás espiándome?
-¿Qué? – Alice se empezó a reír de forma histérica – No… no, en realidad, bueno en realidad sí que me pregunto qué estás haciendo aquí… pero, no, no te estaba espiando a ti.
-¿A mí? ¿Entonces a quién estabas espiando?
-¡A nadie! – exclamó Alice – Yo… volvía de la lechucería cuando… escuché risas – explicó señalando al otro lado del pasillo, tocándose el pelo y después apuntando al aula del que acababa de salir Frank. – Y bueno, pues simplemente…
-Te asomaste a ver quién era – finalizó el rubio negando con la cabeza.
-Exacto – Alice tragó saliva y suspiró – Frank, te juro que no sabía que eras tú y esa… Rebeca o Ridícula...
-Se llama Rachel – exclamó Frank levantando las manos y sonriendo con incredulidad - ¿Pero se puede saber qué te pasa? – inquirió agarrándola de los hombros y separándola de la puerta para que la aludida del interior del aula no les escuchase.
-¿Qué me pasa a mi? – preguntó Alice siendo ella quien se cruzaba esta vez de brazos – Que yo sepa eres tú el que dejó a esa chica de una forma humillante porque "no significaba nada para ti" – Frank negó con la cabeza mirando al suelo y luego la levantó y fijó los ojos en la Gryffindor.
– Oye, mira, tú estás con George ¿cierto? Pues entonces vete a buscarle y rebózate con él como yo y Rachel – Alice abrió la boca alarmada ante las palabras del que hasta ahora era su mejor amigo – O quizás la que debería preguntarse qué está haciendo con George, eres tú.
Alice miró dolida a su amigo y sintió como un par de lágrimas brotaban con miedo a ser descubiertas. Como si de un tanque en su garganta se tratase, tragó con dificultad y respiró hondo. Y justo en ese momento una chispa de arrepentimiento cruzó el rostro de Longbotton, al mismo tiempo que la puerta que acababan de dejar atrás se abría y aparecía Rachel, envuelta en una manta y con los pelos revueltos.
-¿Por qué tardas tanto? – inquirió con voz empalagosa - ¡Ah, Charsing, eres tú…! Frankie, no tardes por favor – ronroneó sonriendo y mirando directamente a Alice, que bajó la mirada y volvió a coger aire.
- Adiós – susurró girándose y comenzando a caminar hacia el otro lado del pasillo para salir de allí cuanto antes.
Frank se quedó mirándola un instante, sintiendo como su corazón quería romperle las costillas para salir corriendo tras la que había sido durante toda su vida la persona que más deseaba tener a su lado, pero entonces una mano le agarró del brazo y le hizo girarse.
-Vamos, no dejemos que ninguna niña nos arruine la fiesta… - silabeó Rachel jugando con un mechón de pelo del Gryffindor. Y Frank se obligó a hacerle caso.
-O-
Sirius, Remus y James se miraban pensativos.
- Es improbable que sea su propia casa, ahí estarían en boca de todos los Slytherins.
- Padfoot, ya hemos llegado a la conclusión de que tiene que estar en el segundo piso, justo donde tú viste aparecer un montón de serpientes de repente sin saber exactamente de dónde. – recordó Remus jugueteando con una pluma.
- Exactamente como la puerta esa que viste la otra noche, Prongs. Estaba equipada con todo lo necesario para el entrenamiento a la lucha. ¿Por qué no podía ser ese el lugar donde se reúnen? – inquirió el Black tumbándose sobre la cama.
- Porque ni estaba en el segundo piso, ni ofrecía ninguna resistencia a ser abierta. – Concretó James echándose el pelo hacia atrás con nerviosismo. – Déjame de nuevo ese maldito amuleto. ¿De verdad piensas que Simonds no va a decirle nada de esto a tu hermano?
Sirius suspiró y se volvió a incorporar.
- No – Remus y James le miraron expectantes – Sé que no va a decirle nada, Evans es su amiga.
Remus asintió y miró el colgante dorado que James examinaba.
- Sólo el estúpido de Quejicus podría ser tan imbécil como para perderlo – comentó Sirius sonriente – y encima no fue a buscarlo.
- Quizás no sabía dónde lo había perdido – insinuó Remus encogiéndose de hombros.
La puerta de la habitación se abrió y los tres se irguieron alarmados. Peter se quedó parado bajo el marco de la puerta, observando el rápido movimiento que James había hecho para esconder el amuleto.
- ¿Qué os pasa? – preguntó el chico cerrando la puerta y acercándose a ellos. Remus, James y Sirius se miraron, preguntándose con la mirada si deberían contárselo. Entonces James asintió, a pesar de la reticencia de Sirius, y miró al moreno, que seguía esperando cada vez más molesto.
- Verás Wormtail, tenemos que hacer algo muy importante, algo que Dumbledore nos ha encargado – explicó sacando el amuleto de detrás de su espalda – Por eso es muy, muy importante que no le digas nada a nadie. – Peter asintió, impaciente. Los otros tres se miraron y, pasado un momento, James se giró y comenzó a explicárselo.
El horror de Peter y el miedo que iban dibujándose en su cara eran inenarrables. Sirius no pudo evitar reír y después tranquilizar a su pequeño amigo con una palmada en la espalda.
- …Así que lo que nosotros tenemos que hacer es impedir que esos asquerosos Slytherins le hagan daño a Lily. – Peter asintió, no del todo convencido.
- ¿Pero cómo vamos a hacer eso? Deberíamos decírselo al ministerio…
- Dumbledore me dijo que estaban intentando infiltrarse allí. – negó James – no podemos confiar en ellos.
- Pero ¿¡y qué vamos a hacer nosotros contra unos asesinos! – exclamó el más bajito de los cuatro pasando de uno a otro con rapidez y nerviosismo - ¡Es una locura! No… ¡no puede ser!
Sirius miró a James con una sonrisa extrañada.
- Tranquilízate, Wormtail, tío – dijo Sirius propinándole un par de golpes en la espalda – Somos los Merodeadores de Hogwarts, no tenemos por qué matar a nadie, sólo impedir que cojan a Evans.
- ¿Pero por qué? – inquirió alejándose de ellos – Por qué no mejor dejamos que se la lleven, ¿qué más da? Si nosotros la odiamos, ¿no es cierto?
Remus se levantó y se acercó a su amigo, impidiendo que James, al que ante el comentario de su pequeño amigo las orejas parecían arderle, hiciese alguna locura.
- Peter, tranquilízate, ¿vale? – gruñó Remus – no estás siendo razonable así que si esto te asusta demasiado, está bien, sólo tienes que mantenerte al margen.
Sirius se levantó y recogió su capa, la cual se colgó del hombro.
- Vaya representante de Gryffindor – exclamó riéndose mientras salía por la puerta.
James también se levantó y, con el colgante aún pendiendo de su mano, se encerró en el baño de un portazo.
Remus negó con la cabeza observando al único que aún quedaba allí con él. Peter se había sentado en su cama y se mordía las uñas, muerto de nervios y de miedo.
-O-
Corinne rebuscaba por su baúl un pergamino con la lista de canciones que se tocarían aquella noche. Tenía que encontrarla para poder aprobarla y además para poder rehuir la mirada de Ari, que la observaba paciente desde de cama.
- Juraría que la puse por aquí, maldita sea – murmuró, pensando qué hacer si no la encontraba. De lo que estaba segura era de que no quería enfrentarse a esa conversación. Estaba bien que Remus, cuando hablaron la otra noche, le hubiese dado a entender que todo lo que pensaba eran invenciones suyas. Pero ¿y si Ari le reconocía que estaba con él? ¿Desde cuándo eran el prefecto y la Cazadora tan amigos?
- ¿Estás buscando esto? – inquirió la morena de un modo inentendible, sujetando con la boca un coletero mientras con las manos daba forma a su melena. En las pantorrillas tenía un pergamino. – Espero que no des el visto bueno a que sean Aibhill y las banshees las que abran el baile, sería un desastre desastroso.
Corinne carraspeó y recogió la hoja, sentándose en su cama con una pluma. Para agrado de Ari, nada más leer el nombre del grupo, arrugó el labio y lo tachó. De reojo miró a la morena, con su coleta ya hecha y sonriente, y sin poderlo evitar se echó a reír con ella. Eso le dio pie a Ari para levantarse y sentarse a su lado.
- Cori, yo no tengo nada con Remus – masculló con delicadeza. La delegada dejó de reír y suspiró. – Tan sólo estaba dándole un abrazo porque no había tenido un buen día. Somos amigos, nada más.
Corinne se giró para mirar a la ojiverde, que la observaba fijamente. Estaba diciendo la verdad, y ella la creía firmemente, lo cual era un alivio para ambas.
- Lo siento, no sé que me pasó. – gimió encogiéndose de hombros.
- Está bien, no pasa nada – Ari la abrazó, sonriendo, mientras la chica de pelo rizado suspiraba avergonzada. – Por cierto, ya me contó Remus lo que pasó entre vosotros… - jugueteó la Cazadora mientras se separaban. Corinne abrió los ojos con sorpresa.
- ¿Te lo contó? – preguntó, sin poder creérselo.
- Sí, justo antes de ese fatídico abrazo – Ari se cruzó de piernas, mirando de frente a la morena – tienes que insistir, Cori, enserio. Estoy segura de que él te quiere, pero tiene algunos problemas… y le da miedo inmiscuirte en ellos – finalizó, contenta de haber salido tan bien del paso.
- ¿Te los ha contado? – inquirió con curiosidad y alegría al escuchar las palabras de su amiga.
- Bueno… no, la verdad es que no. Es muy reservado con sus cosas… ya sabes – Cori pareció satisfecha con aquello y dejó la lista sobre su cama, sonriendo ampliamente y dejando ver sus relucientes dientes.
- Ari… nunca me habían besado así – la Cazadora se rió de alegría, feliz de poder volver a contar con su amiga. Pero al instante se puso sería. Era el momento de hablarle de Lily.
- Cori, tengo que decirte algo – la delegada se giró para mirarla, con el ceño fruncido.
Ari se puso de pie y suspiró, con los ojos cerrados.
- Ya sabes todo lo que viene últimamente en los periódicos. Las muertes y el tal asesino ese que está creando una secta de seguidores que reniegan de los mestizos e hijos de muggles – Cori asintió, frunciendo cada vez más el ceño. Estaba totalmente perdida en lo que su amiga le estaba contando, no tenía ni idea de por dónde iba a salir. Sólo esperaba que no le dijese que Remus tenía algo que ver con ellos y que ese era su gran problema… - Pues verás, resulta que aquí en Hogwarts hay un grupo que se han declarado seguidores de ese loco y tienen un plan que nos concierne a nosotras, sobre todo a Lily.
- ¿Qué? – Corinne sonrió con confusión, pensado que su amiga le estaba gastando una broma.
- El día que Alise y yo fuimos a Hosmeade, entramos en cabeza de puerco porque la amiga quería hablar conmigo sobre… Frank – mintió – y no quería que nadie nos oyese. – Corinne asintió, atenta – Ese mismo día entraron allí Malfoy, Snape y Avery – ambas torcieron el labio con repugnancia – y hablaron acerca de ese grupo de asesinos. Parece ser que Malfoy es uno de los cabecillas y hablaban de un tal "señor" y qué se yo – Corinne tenía la boca abierta – el caso es que estaban allí porque Snape quería formar parte de esa banda de locos y el "señor" del que Malfoy hablaba continuamente estaba interesado en él porque… porque quieren a Lily.
- ¿¡Qué? ¿Para qué? ¿Y… por qué Snape? – gimió Corinne, empezando a asustarse.
- No lo sé… el caso es que deben pensar que Snape tiene algún poder sobre ella y por eso le querían dentro.
- ¿Y Snape aceptó?
- Sí – Corinne abrió aún más los ojos, sabedora de que Snape había tenido alguna vez una relación de cordialidad con la prefecta pelirroja – Y por ser miembro, le dieron una especie de amuleto con el símbolo de Slytherin, y el otro día, vi a Avery utilizándolo para abrir una especie de cuadro en el segundo piso que daba a una habitación donde supongo que se reúnen. – Corinne abrió aún más la boca, tarea que a Ari le parecía imposible – Además, el día del cumpleaños de Lily, cuando me puse borracha y me escapé de la habitación de Black para dar un paseo por el castillo, terminé en el segundo piso, justo donde Sirius y Regulus se pelearon ¿recuerdas? – Corinne asintió – Bien, pues Sirius dijo algo así como "¿por qué no le explicas qué hacen todos esos Slytherins en este pasillo y de donde han salido de repente?"
- ¡Se habían reunido! Y … ¿BLACK LO SABE? – preguntó horrorizada, pensando que lo sabía y no había hecho nada para impedirlo – Pero Ari, tenemos que contárselo a Dumbledore, tenemos… tenemos que hablarlo con alguien que pueda hacer algo.
- No, no podemos, porque… Potter, Black y Remus tienen un plan – resolvió, decidiendo en el último minuto no hablarle de Regulus – resulta que ellos también escucharon esa conversación entre Malfoy y Snape de alguna manera y el otro día, Black encontró uno de los amuletos, como el que Avery tenía y el que le dieron a Snape.
- ¿Y cómo sabes tú eso? – preguntó con incredulidad
- Estaba dando un paseo por los jardines y de pronto le vi a lo lejos. Me quedé observándole cuando vi que se agachaba y lo recogía. Ahí es cuando me acerqué a él y me explicó que también sabía acerca de los amuletos y de la conversación de Malfoy con Snape, y que además también sabía que yo y Alise lo sabíamos. Entonces me dijo que tenían un plan y que si queríamos ayudarles, fuésemos a hablar con ellos.
Corinne se puso de pie y suspiró peinándose el pelo hacia atrás.
- Esto es muy grave, Ari, sigo pensando que deberíamos hablar con Dumbledore
- Primero tenemos que hablar con ellos, que nos expliquen qué han pensado. Luego ya veremos qué hacer.
-O-
Sirius daba traspiés mentales a más velocidad cada vez. Había decidido no ir con nadie al baile porque tenía un plan para aquella noche. Si tenía el medallón, sólo había que encontrar la puerta a esa cámara en la que los Slytherins se escondían, y como no habían llegado a ninguna conclusión sobre su paradero en dos días, sólo tenía aquella noche, en la que todas las serpientes estarían concentradas en el Gran Comedor, para buscar minuciosamente por el segundo piso. Pero a la vez, no quería moverse de la fiesta. La elección a lo que le había plantado a Ariadna le carcomía la cabeza. ¿Y si la chica decidía no ayudarles? ¿Y si para ella, Regulus era demasiado importante y no quería traicionar su confianza? Borró aquello de su cabeza sonriendo a un par de chicas de cuarto que pasaban por su lado. Todo lo que iban a hacer era por Lily, ¿cómo iba a dejarla de lado, precisamente ella, su mejor amiga?
- Black – con un sobresaltó se giró, quedando justo en frente de la que ocupaba sus pensamientos justo en aquel momento – Tenemos que hablar – masculló acercándose a él mientras le miraba a los ojos. El pelinegro se quedó un momento sin respiración, observando impresionado el verdor de los ojos de la morena.
- ¿Tiene que ser ahora? – se recuperó cogiendo aire y pasándose la mano por el pelo, consiguiendo ese toque sensual que le caracterizaba. Ari chasqueó la lengua cruzándose de brazos.
- No, cuando el ocupado señorito quiera – comentó con sorna.
Sirius miró preocupado a su alrededor. Últimamente se sentía incómodo estando cerca de ella pero por otro lado sus pensamientos giraban como en un bucle alrededor de la morena, como el bucle que había formado su larga coleta, bailando lentamente sobre su espalda…
- Ven – masculló comenzando a andar hacia el final del pasillo. Subió unas escaleras que conducían a una entreplanta donde los elfos guardaban accesorios de aseo, como escobas o trapos, y muebles viejos.
Mirando a su alrededor, el Golpeador se fijó en una puerta, con decisión caminó hacia allí y, haciéndole un caballeroso aspaviento burlesco, la dejó entrar en primer lugar.
- Guau, tus conquistas deben de sentirse alagadas cuando las traes aquí – comentó Ari limpiándose las manos de polvo después de haberlas apoyado en un viejo sofá.
- Al grano, Simonds, no tengo todo el día para jugar contigo.
Ari se tomó su tiempo para limpiar el sofá sin magia, lo que ponía de los nervios al Gryffindor, y posteriormente se sentó, cruzando las piernas y mirándole con una sonrisa de triunfo.
- Háblame sobre tu plan – comenzó inclinando la cabeza hacia un lado. Sirius sintió un tremendo calor al fijarse en su cuello, y al recordar su olor aquella noche en que la morena había estado tan borracha sobre su cama. Carraspeó
- No pensarás que te lo voy a contar sin saber si vas a ir a chivárselo a mi hermano ¿verdad? – Ari se puso seria de inmediato
- No voy a hablar contigo de Regulus, Black, por muchas esperanzas que guardes sobre ello. – masculló recostándose sobre el respaldo del sofá y mirando a su alrededor.
Sirius cogió aire.
- Te lo voy a contar sólo si me prometes que vas a formar parte del plan, que no vas a contárselo a nadie y que vas a intentar colaborar en todo lo que se proponga
- Primero, yo estoy hablando aquí ahora, pero tanto Alise, como Corinne también formarán parte del plan, así que no me va a quedar más remedio que contárselo
- A Regulus… - Ari se incorporó con un suspiro, encogiéndose de hombros y dispuesta a marcharse, cuando Sirius la agarró de un brazo y la obligó a mirarle – Escúchame – La morena se sorprendió por la seriedad y la súplica que aquella palabra escondían – mi hermano no puede, bajo ningún concepto, saber nada de esto. Nada – Ari tragó saliva. Sirius estaba muy cerca y la miraba fijamente. Aquello no era un juego, como ambos ya sabían, y ella comprendió que el moreno, por mucho que quisiese sacar a su hermano de aquella banda de asesinos, no podía fiarse de él
- Eso ya lo sé, Black, Lily es mi mejor amiga, nunca la pondría en peligro – susurró, sin intentar soltarse del agarre al que el Gryffindor la tenía sometida. Sirius aflojó su presa, pero se dio cuenta de que no tenía ganas de soltarla.
Un instante de silencio, que a ambos les pareció eterno, se extendió rodeándoles. De pronto Ari se sintió a gusto, en ese aura que ambos habían formado para ayudar a Lily; y Sirius supo que nunca iba, con ninguna otra persona, a latirle así de rápido el corazón.
- Ahora háblame de vuestro plan – interrumpió Ari aún en un susurro. Sirius cogió aire y la soltó, girándose para no mirarla. Por suerte no había mucha luz allí y ella no podría notar el arrebol de sus mejillas.
- James fue a hablar con Dumbledore – Ari enarcó las cejas, sorprendida y volviéndose a sentar en el sofá – Al parecer el viejo ya sabía todo lo que nosotros sabemos y lo único que le pidió fue que le ayudásemos a vigilar a Evans. Al parecer no podemos confiar en nadie, ni si quiera en el Ministerio.
- Pero, ¿qué vamos a hacer nosotros si se proponen utilizar la fuerza? – Sirius volvió a mirarla, esta vez con una sonrisa en la cara que a la morena le puso los pelos de punta al recorrerle un escalofrió por la columna.
- Tenemos que entrenarnos.
Después de que Sirius le explicase mejor aquello que él, James y Remus habían pensado, Ariadna se había quedado excesivamente callada, limitándose a levantarse cuando el moreno decidió que era hora de volver a la sala común. Sin embargo, podía notar que el chico estaba más liberado, como si se hubiese quitado un peso de encima al asegurarse de que se iban a unir a ellos.
De este modo, la chica caminaba por los corredores del castillo con las manos metidas en los bolsillos, con Sirius al lado, feliz tal y como ella sospechaba por saber que la morena no iba a traicionarles y a la vez nervioso, aunque esto ella ni se lo olía, por lo agradable que se sentía últimamente estando a su lado.
- Black, creo que sé donde se reúnen – masculló dando una patadita al suelo, como restándole importancia. Ahora que conocía el plan y que sabía que había sido idea de Dumbledore, sentía que todo estaba mejor y que, de algún modo, podía confesar a Sirius lo que le pasaba por la cabeza. Al fin y al cabo, todos sus pensamientos tenían que ver de algún modo con él.
- ¿Te lo ha dicho… mi hermano? – inquirió levantando la cabeza y mirando al horizonte.
- No, vi a Avery – respondió.
Continuaron caminando, en silencio, hasta llegar casi al retrato de la dama gorda. Las chicas de sexto y séptimo ya entraban y salían nerviosas, porque sólo quedaban un par de horas para el baile.
- Esta noche – susurró Sirius agarrándola del brazo y acercándose a su oído. Ari cogió aire impresionada por la calidez y cercanía del trato del chico. Aún así, sus palabras no adquirían ningún sentido para ella, por lo que le miró extrañada – Esta noche, aprovechando que todo el mundo estará pendiente del baile, iremos todos a buscar la sala.
Ari tragó saliva y se alejó mínimamente de él para mirarle a los ojos
- Tu hermano me iba a llevar al baile – masculló, sin saber si aquello que habían planeado hacía tanto seguiría en pie después de su charla en los jardines. Sirius frunció el ceño con seriedad
- Entonces intenta escabullirte de algún modo. Esta es una buena oportunidad para andar por Hogwarts sin que nadie nos observe.
Sin más, se giró y entró en la sala común, dejando a la morena preguntándose si lo más correcto para intentar enamorar a Regulus sería escabullirse de él para fugarse a elucubrar planes a su espalda con su enemigo-hermano.
Bien! aquí un capitulitito (debido a su diminutez) para ir avanzando. El siguiente será largote, no lo he terminado de escribir pero espero tenerlo el lunes o el martes de la proxima semana.
Haciendo un resumen por todos los frentes. Alise se está mosqueando con Frank cada vez más, pero ya se sale de los mosqueos de simple amistad... a la vez parece que el castaño se ha propuesto seguir con su vida... veamos si lo consige (jeje) Corinne parece que ha recapacitado de su tontería después de la leche que le pegó a Remus (pobre...) y quizás ahora se proponga madurar y enfrentarse a sus problemas sin buscar escapatorias más sencillas. Ari... esta tiene un lio que no puede con él. Sirius le ha descargao encima todo lo que le preocupa, confiando en que la morena pueda ayudarle a vencer a los mortífagos del colegio y que además enamore a su hermano para ¿sacarle la vena romántica?... que fé tiene ¿no? xD y además parece que ultimamente la chica le está causando... buenos sentimientos por decir algo. Sin embargo ella tiene en la cabeza a Regulus, con el que recordemos está peleada pero a la vez planea ir al baile ¿accederá el Slytherin?. Y por último Lily y James... estos son arena de otro costal. Recordemos que la vieja Trelawney ha muerto "de muerte natural", que Snape tuvo una pequeña charla con Dumbledore y que este ha pedido a James que cree un pequeño ejército que proteja a Lily. Es ahora cuando de verdad empieza la historia de Lily y James, así que atentos ^^
¿Próximo cap? Fiesta de Navidad, (que sé que no existe pero ya veréis por qué muajajaja) entrada a la sala de los mortífagos slytherianos y algún que otro lío de entrehoras. No os descuideis de los Omen Corfloris! son importantes y reaparecerán ;)
Bueno, dejo de daros la plasta, agradezco mucho a Moflerín (creo que era así xD) por tu review y espero que os compadezcais de esta escritora fracasada y dejéis alguno más ^^ (aunque los primeros caps merecen la horca)
Saludos gigantes yyy que algún día Sirius os agarre del brazo y os pege a él para pediros algo ;)
Ilisia Brongar!
