21. Cocinando
—Pero las mamás del resto de las niñas van a cocinar algo.
Ninguno de los dos era especialmente malo cocinando, habían sobrevivido los nueve años que llevaban casados turnándose para hacerlo sin ningún problema. Pero tampoco eran especialmente buenos, y no era como si Julieta les estuviera pidiendo cualquier cosa.
La cuestión con las hijas es que no importa que tan rudo o frío puedas ser, la respuesta al final del día siempre va a ser sí.
Así que no tuvieron otra que agarrar los mandiles y buscar videos en YouTube de cómo hacer un pavlova.
—Por Crowley, hasta el nombre suena difícil— suspiró Simon.
—No seas pesimista— lo regañó Baz—. Aparte, ¿qué tan complicado puede ser? Solo es merengue con crema batida y fruta.
Lo primero era hacer el merengue.
—Simon. ¿Qué crees que estás haciendo?
—Batiendo el huevo. Qué es exactamente lo que me dijiste que hiciera.
—Te dije que batieras solo las claras del huevo.
—Solo batí las… oh…
Simon vio la plasta amarilla que había en el tazón en el que había estado batiendo.
Cuando la pareja finalmente logró hacer correctamente la mezcla que la receta les pedía para el merengue, llegó la hora para meterla al horno. Pero antes…
Simon pasó su dedo sobre el merengue y se lo metió a la boca.
—Deja ahí, eso es para el pavlova— lo regaño su esposo mientras hacía exactamente lo mismo que él acababa de hacer.
—¡Oye!
—Yo no arruine los primeros huevos, tengo derecho a hacer esto.
—No los arruine, serán nuestro desayuno de mañana.
—Como sea— respondió Baz agarrando otro poco de merengue y embarrándoselo en la mejilla a su esposo.
—Con que así están…
—Ni lo piensen— interrumpió una voz a Simon.
Los dos hombres voltearon a ver a su hija, que pasaba por el comedor.
—Ya no son un par de adolescentes y necesito esto para mañana. Por favor, contrólense— Julieta los miro muy amenazantemente para una niña—. Venía a preguntarles cómo van, pero ya veo que no muy bien.
—Déjame decirte jovencita que ya estamos terminando la parte más complicada. Aparte de que no tienes derecho de hablarnos así, sobre todo porque te estamos haciendo un favor— la riño Baz mientras metía el merengue al horno.
—¡Son mis padres, es su obligación hacer este tipo de cosas!— exclamo Julieta.
—¿Y en donde dice eso?— le preguntó Simón divertido.
—¡En las leyes de la naturaleza!
—En las leyes de la naturaleza también dice que deberías tener una mamá y un papá— le recordó Baz mientras agarraba una tabla, un cuchillo sin mucho filo y un traste lleno de fresas y lo ponía enfrente de su hija—. Ya que estas aquí. ¿Por qué no cortas unas cuantas de fresas?
—Lo haré, solo quiero que tengan claro que considero esto sumamente injusto.
¡Hola! Solo quería agradecer a Scarlett Half-moon por haberse dado el tiempo de comentar esta historia. Espero que te esté gustando y segas leyendo.
Los quiere: yo.
