Nota de autor:
Hola a todos y todas de nuevo. Agradecer a los que dejan comentarios y meten la historia en sus favoritos, siempre viene bien ver que va gustando la historia poco a poco.
Solo decir que si hay alguna falta de ortografía, pedir disculpas, he mirado y re mirado el capítulo un par de veces y mientras lo escribía, para intentar que hubiera las menos posibles.
Sin más que añadir, espero que disfruten del capítulo y les guste.
Un cordial saludo a todos y todas.
CAPITULO 20
- Creo que será mejor que nos preparemos para salir, apuesto a que los gobblins están ansiosos por saber cómo nos ha ido.- Dijo Harry cambiando de tema y sonriendo nuevamente.
Sarah asintió con la cabeza, levantándose del suelo en el que estaban sentados y yéndose ambos a recoger sus pertenencias y ver que no se habían dejado nada.
Al cabo de una hora y media, Harry y Sarah estaban listos para salir de la habitación del espacio y el tiempo, sonriendo ligeramente ante los recuerdos del entrenamiento y Harry mucho más confiado y determinado en los objetivos que juró lograr.
El nacimiento de Albion y la edad de oro para todos los seres sintientes mágicos.
Cogiendo el pomo de la puerta, lo giró lentamente y abrió la puerta revelando los gobblins que se tapaban los ojos por la luz que daba la habitación.
Saliendo despacio de la sala del tiempo y el espacio, fueron recibidos por el Rey Ragnok y su sequito, aparte del Maestro Artesano que en el día que habían pasado fuera, dentro el año, no se había movido del lugar.
- Bienvenidos de nuevo, Maestra Ó Conaill, Señor Potter. Nos alegra que hayan vuelto.- Dio la bienvenida Ragnok con una sonrisa puntiaguda, dando a ver todos sus dientes.
Los gobblins de Gringotts estaban un poco ansiosos por que se abriera la puerta, incluso algunos estaban deseando que la puerta permaneciera cerrada y los dos hechiceros se perdieran.
Esos que estaban deseando la desaparición de los hechiceros, eran pocos, pues la mayoría de los gobblin albergaban la esperanza de que Emrys hiciera un cambio productivo en sus vidas, que pudiera liberarlos de estar bajo tierra y volver a la superficie. Algunos de los más ancianos, estaban olvidando lo que era que el sol les bañara con sus rayos por la mañana o incluso el olor a la lluvia recién caída.
Algunos gobblins, los más jóvenes e incluso el Rey que solía ser un escéptico en el trato de los seres humanos, incluso los ministros no eran recibidos por Ragnok, salvo el chico Potter o Emrys.
El maestro Artesano que hizo la puerta a otra dimensión, vio con deleite como se abría lentamente para dar paso a una luz blanca cegadora. Apartando todos la vista unos momentos, los hechiceros que habían entrado, salieron notablemente más cambiados.
Se podía escuchar a los gobblins aplaudiendo alegremente por su regreso y a los pocos extremistas, refunfuñando por el oro perdido en las apuestas.
El Rey gobblin les dio la bienvenida a ambos, los cuales se quedaron mirando como pasmados por la visión que los recibió.
El primero en romper el hielo fue el chico, el cual inclinó la cabeza en señal de reconocimiento y le preguntó a Ragnok en el idioma de los gobblins, un poco mal hablado y pronunciado, como es que había tantos recibiéndolos.
Muchos abrieron los ojos ante la sorpresa, pero rápidamente la escondieron, esperanzados de que no lo hubieran notado.
Si Harry lo notó o no, no lo dijo, al igual que Sarah, su maestra. El Rey Ragnok con una sonrisa respondió en el mismo idioma.
- Me alegra que haya podido aprender el noble idioma gobblin. Estamos tantos aquí, debido a dos factores. Uno y el más importante es que la entrada de humanos a la sala no se ve todos los días. El segundo, es que afuera hay un mago que quiere retarte a duelo.- Dijo sonriendo maniáticamente.
- Entiendo Majestad Ragnok. Aprecio su preocupación en cuanto si salíamos o no. ¿Quién es el mago?- Preguntó con el ceño fruncido, pocos podían ser los que quisieran retarle a duelo y menos después de mostrar algunas de sus habilidades cuando Dumbledore y su orden lo atacaron en las escaleras de Gringotts.
- El mago, según me cuentan es un licántropo. El maldito ya ha matado a uno de los nuestros, por desgracia no podemos responder en esencia, debido al tratado de los magos y gobblins.
- Entiendo. Quieres que yo le mate en el duelo.- Afirmó en vez de preguntar.
Por única respuesta recibió un asentimiento de Ragnok y hablando en el idioma normal, se dirigió a ambos de los hechiceros.
- Decidme, ¿Cómo os encontráis? Nuestro Maestro Artesano está muriendo de la curiosidad.- Preguntó riendo a carcajada limpia.
Harry le cedió el turno a Sarah para que ella le contara como se sentía físicamente y psicológicamente.
Harry por el contrario estaba mirando si su gerente de cuentas se encontraba entre los reunidos o fue el que fue asesinado por el licántropo.
Antes que pudiera averiguar nada, Sarah le dio un codazo y le recriminó el no prestar atención a su entorno.
- Perdón, no volverá a ocurrir.- Dijo dando una sonrisa a modo de disculpa.
- Decía Harry, que tú eres el que más ha investigado la sala.- Dijo Sarah dándole una mirada de complicidad.
- Por supuesto, si os preguntáis al respecto de cómo me siento, he de decir que es increíble. Me siento más fuerte, tanto mágica como físicamente. Muchísimo más confiado en mis posibilidades, puede hacer frente a ciertos miedos que tenía e incluso había olvidado. Las pruebas fueron duras, pero justas. Además en ellas aprendí a volar.- Dijo causando un poco de conmoción.
Los gobblins sabían por excelencia que ningún mago, brujo, hechicero, druida, gobblin, etc. podía volar sin un artefacto mágico, criatura mágica que volara o siendo un ave en la forma animaga.
- ¿Volar? ¿Cómo es posible?- Preguntó uno de los gobblins
Harry para toda respuesta dio una sonrisa y levantó el vuelo por encima de las cabezas consternadas de los gobblins y un poco celosa Sarah.
- Es posible gracias al entrenamiento dentro de la sala, por algún extraño motivo, cuando entrenábamos nos sentíamos más pesados en el "campo de entrenamiento", luego, gracias a la magia de la antigua religión, con un poco de magia nueva… bueno ya veis que es posible volar.- Explicó Harry. Lo que no explicó fue que la magia antigua utilizada era magia elemental del aire junto con un pequeño encantamiento levitador, el resto imaginación.
A Harry le gustaba pensar que los gobblins investigarían si querían algo similar y si no podían hacerlo le pedirían ayuda, cosa que daría gustosamente.
Daría gustosamente debido a la alianza que tenía con ellos y así poder calmarlos en el sentido de que no estaba haciendo de momento mucho por la nación gobblin.
No contaba el hecho de que limaría asperezas cuando acabara con la vida del licántropo que estaba fuera esperándolo, dado que sí, mató a uno de los gobblins y ahora estaban teniendo problemas con el tratado, pero era un tratado con los magos y no con los hechiceros y druidas. Si hubiera una guerra gobblin sí que le daría problemas para sus planes, pero por ello accedió a acabar con la vida del pobre desdichado.
Bajando nuevamente a tierra y habiendo olvidado momentáneamente su labor pedida como favor, Harry se posó en el suelo con una enorme sonrisa en su rostro.
- Me encanta volar de esta manera, es mucho más liberador.- Dijo a la audiencia, los cuales se limitaron a mover la cabeza en negación con un par de risas.
- Solo tú y en un sitio como éste Harry…- Dijo Sarah moviendo la cabeza en negación, pero no obstante sonriendo.
- Sí, claro, pero estoy seguro que te mueres de envidia a que pueda volar y tú no. ¿Si quieres te puedo enseñar…?- Dejó tentativamente la propuesta. – Además, creo que es una ventaja añadida si el enemigo no se entera de ésta… habilidad.
- Tiene razón Señor Potter.- Intervino con una mirada seria de nuevo Ragnok. – Y hablando del enemigo, el mago licántropo que está afuera debe ser… decapitado para que su cabeza cuelgue de una pica.
- Sí, lo sé, pero dígame, majestad, donde se encuentra Gornuk, no habrá sido él el que…- Dijo Harry no pudiendo terminar la frase, olvidando su alegría momentánea y al parecer no solo él sino que el resto de gobblins también.
El Rey Ragnok le puso una mano sobre el codo y le indicó que lo siguiera a un rincón el cual todos los gobblins reunidos les dieron su espacio, incluso los más extremistas que no gustaban de los humanos. Al parecer era bien sabido por la nación que el humano Emrys era aficionado al Gerente de Cuentas Potter, Gornuk.
- Señor Potter, temo que Gornuk fue el gobblin que salió a recibir al mago licántropo, en sus funciones como su gerente de cuentas. Por desgracia tuvieron un altercado en territorio de los magos, es decir, fuera del banco y fuera de la zona neutral.
- ¿Qué pasó con Gornuk?- Preguntó Harry muy serio, intentando reinar en sus emociones.
- Fue mordido por el mago licántropo y… lo siento Señor Potter, pero Gornuk fue asesinado al ser quebrado el cuello. No pudimos hacer nada.
- Amelia…
- Madame Bones ha acordonado la zona, pero debido a las mentiras dichas por el mago, el cual alega que se defendió en defensa propia, estamos en situación peliaguda.
- Entiendo, no se preocupe, pero antes de tener su cabeza, creo que voy a hacer de él un ejemplo para el resto de licántropos y magos.- Dijo Harry haciendo temblar un poco la caverna, dejando salir su emoción y preocupando a Sarah y Ragnok.
- Majestad, ¿Qué pasa con la familia de Gornuk?
- Su familia está bien acomodada y su sobrino Griphook se ha hecho cargo de sus cuentas. Es un buen gobblin y tan persistente o más que su tío en los negocios…
- Eso no me preocupa, confío plenamente en Gringotts. Gracias. Su funeral…
- Ya ha sido realizado, aunque nosotros no enterramos a nuestros guerreros caídos, los quemamos en una pira funeraria, junto su armadura y armas.
- ¿No es un poco difícil quemarlos así? Es decir, el metal gobblin se dice que es el más resistente en cuanto a ciertos elementos de la naturaleza, así como el fuego e inclusive el veneno de basilisco.
- Cierto Señor Potter, pero el fuego de dragón es el que quema la pira. A veces resulta que hay que dejarlo a sus anchas y durante horas para que funda el metal, pero resulta al final.- Dijo dando por terminada la pequeña conversación.
Harry miró en dirección de Sarah y la asintió con la cabeza, ella se acercó a donde estaban y le puso una mano en el hombro.
- Lo siento Harry…
- No te preocupes Sarah. Voy a la superficie, quisiera que te quedaras aquí o cerca del Rey, puede que me deje llevar después de todo.
- Entiendo, ¿Hay algo que pueda decir para que cambies de opinión?- Dijo provocando que Harry la mirara incrédulamente ante lo que le había dicho.
No se esperaba que Sarah intentara disuadirle que ayudara a sus amigos y aliados de la nación y mucho menos vengar la muerte de un amigo como Gornuk.
- No me refiero a eso, me refiero a dejarte llevar, por lo que me has contado, creo que podrías destruir el callejón entero.
- Entiendo tus preocupaciones, pero no tienes por qué tenerlas. Me dejaré llevar, pero no a tan tal punto. Ya verás.- Contestó, haciendo no sentir tan segura a Sarah de su afirmación.
Harry se volvió nuevamente al Rey, mirándolo decididamente y muy confiado de sus posibilidades de ganar contra el licántropo.
- Majestad…
- Yo te llevo al licántropo. Espero que su cabeza adorne una de mis picas.
- No sin antes hacerle pagar por lo que hizo.- Recordó Harry cogiendo su báculo y la espada que llevó dentro de la sala del espacio y el tiempo.
Ambos, gobblin y hechicero se encaminaron a los carritos, para subir al umbral del banco, donde la gente era atendida. El transcurso del viaje en carrito fue en relativo silencio entre ambos, pues todo lo que se había dicho antes, ya no hacía falta recordarlo.
Harry fue revisando sus escudos de Oclumancia para que estuvieran en su lugar y cerrar las emociones que sentía, ahora era necesario pensar con la cabeza fría y sin sentimientos.
Una vez que el carrito llegó al Hall de entrada, donde una puerta los separaba únicamente de las vías que conducían a los túneles y a las bóvedas de seguridad, salieron de él y abrieron la puerta.
Viendo que en el hall de entrada no había los clientes que se suponía que debía haber, Ragnok le explicó que cerró el banco hasta nuevo aviso y para que la familia de Gornuk pudiera hacer los oficios funerarios requeridos.
Caminando lentamente, Ragnok le acompañó hasta las puertas dobles que eran custodiadas por el doble de la guardia gobblin.
Viendo a través del cristal, pudo ver a un hombre de aspecto hosco y rudo, vestido casi con harapos, y su rostro asemejándose casi a la forma lupina.
- Ese es Grayback.- Dijo Harry, más que preguntó. – Me preguntaba a lo que se parecería. Ahora siento, más curiosidad por la raza de los licántropos.- Se dijo a sí mismo, haciendo que los gobblins de las puertas miraran interrogativamente.
- No os preocupéis, el Señor Potter aquí ha salido de la sala especial, ahora como favor a nuestra nación, acabara con el mago.- Informó Ragnok a los guardias.
- Me gustaría que se quedaran para que sean testigos, si no es mucho pedir, majestad.
- En absoluto… Harry.- Dijo causando por un breve momento que Harry se sorprendiera al haber sido llamado por su nombre de pila.
Ello quería decir que Ragnok confiaba en Harry hasta tal punto de llamarlo así, algo que alegraba al muchacho un poco.
Viendo como sonreían los guardias gobblins a Harry, éste mostró una sonrisa de su propia, causando un ligero estremecimiento por la espina dorsal de Ragnok.
En estos momentos casi se compadecía del pobre mago que había llamado a la ira de éste chico. Él tenía también curiosidad acerca de cómo actuaria Harry e incluso de ver el duelo o carnicería, si esa sonrisa significaba algo. Pero no podía, al menos no desde esa posición, desde el balcón estaría bien, allí se podría proteger de miradas indiscretas.
Dándose la vuelta para marchar a su balcón favorito, encontró que casi todos los gobblins que operaban el banco estaban tomando posiciones en las ventanas y puertas para ver mejor. Sarah se le quedó al lado para protegerlo del fuego perdido, si lo hubiera, como Harry le pidió.
Por otra parte, Harry salió a la calle, donde ese… hombre se encontraba, jactándose junto a otros dos como el mocoso al que había venido a retar por la muerte de su antiguo beta, era un cobarde en realidad y no quería salir.
- Temo que se equivoca… Grayback.- Entonó Harry para hacerse oír, bajando las escaleras, casi de lado y con una sonrisa de superioridad, algo que indicaba que sabía algo que el otro no.
El licántropo se le quedó mirando confusamente al principio y luego se largó a reír a carcajadas, haciendo que muchos de los viandantes entraran en las tiendas cercanas que estaban abiertas, para despejar la calle del inminente peligro, pero también para ver desde un sitio seguro.
- ¡Eres tú ese al que llaman Emrys! ¡El que mató a mi beta!- Gruñó Grayback, mostrando los colmillos a Harry.
- Ese soy yo, perro.- Burló Harry a su rival. – Y veo que te has traído a otros también. Supongo que se necesitaran más picas en las puertas.
- ¿Cómo te atreves? ¿Sabes quién soy acaso?
- Sí, eres el licántropo que va a morir por atreverse a tocar y matar a mi amigo Gornuk.
- No me hagas reír niño. ¿Cómo se supone que me vas a matar? ¿Con ese palo?
- No. Con mis propias manos y espada.- Dijo Harry causando confusión en los gobblins armados, al parecer se estaba confiando mucho para luchar contra ésa criatura.
Grayback por su parte se sorprendió que el chico no utilizara su báculo, era bien sabido por muchos que era un hechicero y que con el báculo había hecho grandes proezas de magia.
Por un lado le venía bien al alfa de la manada, pues con una varita no es que fuera muy bueno, pero con las manos, era mejor.
- Como quieras niño, es tu funeral.- Dijo ladrando una risa seca y gutural.
Al instante que dijo esas palabras los tres licántropos se tiraron sin previo aviso hacia Harry, atacándolo los tres a la vez y al mismo tiempo.
Harry por su parte tuvo poco tiempo para reaccionar y lo primero que hizo fue soltar su báculo, dado que había dado su palabra de que atacaría con las manos y la espada únicamente.
Después de tirar el báculo esquivo las primeras garras de los licántropos por poco espacio, desgarrándole la camisa en el proceso, pero afortunadamente sin dañarle la piel. Sacando su espada después que los lobos fallaron, se acercó al primero y le asestó una estocada, con dirección al vientre.
El primer licántropo que recibió el aviso de su alfa en atacar, fue el primero en ver como el niño con una velocidad asombrosa esquivó las seis garras que se acercaban a él a alta velocidad también. Pudo observar como lanzaba lejos su báculo y sacaba una espada corta y se ponía en posición de combate.
Lo que no pudo ver fue como la misma espada se incrustó en su propio vientre, atravesándole por el frente y saliéndole por la parte baja de la espalda, sin dañar ningún órgano para su suerte.
Vio al muchacho sonreírle de una manera que le envió escalofríos, recordándose así mismo que los licántropos de la manada de Grayback eran los más temidos, fue a asestarle un golpe, pero para su asombro ya no estaba, en su lugar el nuevo beta de Grayback lucía ahora un feo corte en la cara, mientras que el alfa se alejaba poco a poco, para estudiar la situación.
Fenrir pensó para sí mismo que ya estaba hecho y que el niño, valeroso pero estúpido, estaba muerto.
Para su sorpresa que el niño había desaparecido de su vista y el báculo apareció tirado a una parte de la calle.
Acto después oyó el sonido de una hoja al ser desenfundada y viendo como se la clavaba al hermano de su nuevo beta.
Como el niño tenía esa velocidad, no lo sabía. Después que el lobo fuera liberado, atacó al otro dándole un feo tajo en la cara, cosa que no le preocupaba debido a los poderes regenerativos de los lobos, pero esto había que estudiarlo más a fondo. Al principio vino con la intención asesina del depredador, pero se estaba suponiendo que él y los que había traído eran las presas y el niño el depredador.
Harry estaba disfrutando de jugar con los licántropos, pero el que le interesaba era el que se estaba alejando poco a poco de la pelea.
Levantando su mano libre de espada, lanzó un hechizo de la antigua religión para que el aire mismo que rodeaba a los tres los detuviera y los alzara a unos centímetros del suelo.
Caminando al primero de todos, el nuevo beta de Grayback, entró en su mente, violándola como hizo con el primer beta.
Viendo que no tenía mucho de interés, salió de ella y le lanzó una maldición de dolor, esa maldición que no usaba desde hace un año. Sus chillidos y gritos de agonía eran música para los gobblins y para él, que disfrutaba un poco de la tortura que le estaba infringiendo.
Volviéndose con una sonrisa sádica al que le atravesó con la espada, empezó lentamente a desollarle vivo. Los gritos de éste eran aún más peores que los que sufría dolor, pues la regeneración actuaba inmediatamente y tiras de piel, tras tiras de piel, caían al suelo, en la dirección del Callejón Knockturn, para que sus comerciantes tuvieran el placer de recogerlas para sus productos.
- Ahora Grayback, ¿Qué hacer contigo?
- Dijiste que no utilizarías tu palo, ¡Embustero!
- Dije que no utilizaría el báculo, pero nunca mencioné que no usaría magia. Ahora vas a probar la maldición que quemara tu cuerpo y tú alma tan fuerte, que pedirás clemencia a los cuatro vientos.
- ¡Jamás! ¡Antes muerto que…!
- ¡Silencio, perro! Fire Whip.- Dijo Harry creando un látigo de fuego que se mantenía en el aire y con un ademán de su mano, comenzó a dar latigazos a Grayback, quemándole las ropas y la piel.
Al principio el licántropo encajaba los latigazos en un silencio asombroso. El dolor que tuviera que estar pasando al ser quemado y cortado tenía que ser inhumano, pero como se dio cuenta después, la regeneración de éste, era un poco más rápida que las de los otros dos.
- Bueno, bueno, eres más resistente Fenrir, pero eso no te salvará la vida. ¡Crucio!- Lanzó la maldición tortura, haciendo que ésta vez sí que gritara de dolor.
Grayback había recibido varias veces ese tipo de maldición por su Lord Oscuro, pero no era nada en comparación con el dolor que sentía ahora, era mil veces peor esa maldición en comparación con la de Voldemort.
Minutos pasaron, hasta que Harry se cansó de los gritos de agonía y dolor. El que estaba despellejando, al parecer se estaba acostumbrando al dolor y eso no lo podía consentir.
Cogiendo la espada, se dirigió hacia él y con un giro de su mano, el licántropo fue puesto en posición, que el cuerpo quedara de rodillas y la cabeza a la altura ideal para que fuera cortada.
Harry echó la espada hacia atrás y con un fuerte mandoble de ella, atravesó los músculos y huesos que unían la cabeza del licántropo a su cuerpo, cayendo y rodando por el suelo.
Con uno menos, se dirigió al otro que estaba mirando en estado de shock y se estaba moviendo, intentando liberarse del agarre mágico en el que estaba, pero no pudiendo, empezó a pedir clemencia. Clemencia que nunca le llegaría, dado que murió al igual que el primer beta, despojado de su piel, sus músculos y órganos internos, dejando el esqueleto con manchas de sangre.
El gore que adornaba la calle, hizo que los que estaban viendo vaciaran sus estómagos allá donde pudieran, dado que las vísceras y otros órganos de ese beta, se estaban esparciendo aún más, gracias a la sangre que los empujaba.
El último de los licántropos que faltaba era Fenrir, que ahora sus ojos detallaban el miedo que sentía.
Miedo que Harry vio con cierta alegría sádica. Caminando lentamente hacia él, Harry se paró y lo levitó aún más.
Dejando caer la espada a un lado le gritó a todo el mundo que quisiera escuchar, que esto es lo que les pasaba a los que mataban a sus amigos y aliados.
Harry separó los brazos y los colocó en señal de cruz, mientras que al principio parecía que no pasaba nada, Grayback estaba aullando de dolor y pidiendo clemencia, como Harry vaticinó antes.
Los brazos del licántropo estaban crujiendo, al ser separados del cuerpo. Las piernas estaban en un proceso similar, el único miembro que no estaba siendo estirado hasta tal punto era la cabeza, ya que la intención era que viera y sintiera lo que le iba a suceder.
En el momento que Harry sonrió sádicamente, los pies y manos de Fenrir se separaron del cuerpo, uniéndose después las piernas y brazos.
Viendo que ya no era un peligro, lo dejó caer en el suelo, justo en el medio del charco de sangre que se estaba formando.
Harry terminó el trabajo minutos después, recogiendo nuevamente la espada y cortándole la cabeza.
- Tampoco ha sido para tanto.- Se dijo así mismo, alzando una mano y convocando su báculo a él.
Los gobblins tragaron saliva cuando se acercaron con tres picas, para ensartar las cabezas en ellas.
La primera cabeza que recogieron, fue la de Grayback, que estaba bastante ilesa. La segunda, fue el cráneo rojo y sangrante del beta y la última, la cabeza del tercero, que no sabían quién era, pero sí que sabían que era un desdichado al cruzar su camino con Emrys.
El primer aviso que recibió el departamento de seguridad mágica en el día, fue el aviso de que un gobblin había sido asesinado por un mago. Amelia salió corriendo con una escuadra de aurores y un aviso al departamento de relaciones gobblin.
A veces se preguntaba quién sería tan estúpido como para matar a un gobblin en plena luz del día y a la vista de todos, pero la lista que iba sacando mentalmente, era por desgracia, larga.
Cuando llegaron a la escena del crimen, al parecer el que había cometido el asesinato, no era otro que Grayback, Fenrir Grayback. Su día se estaba complicando por momentos.
Tomando seis de los mejores aurores que la academia de aurores podía ofrecer con ella, se acercó a Grayback y dos hombres que, al parecer iban con él.
- ¡Fenrir Grayback, queda detenido por asesinato e incumplir el tratado con los gobblins!- Gritó Amelia para hacerse oír entre la multitud, que notablemente eran de la vieja banda de Lucius Malfoy, y los mortífagos declarados bajo maldición Imperius.
- Madame Bones.- Vino la voz sedosa y aristocrática de Lucius, arrastrando las palabras como era su costumbre. – No he podido evitar escuchar, que vas a arrestar al señor Grayback por asesinato.- Dijo, mientras que Amelia y sus aurores se ponían en posición defensiva por si había algún ataque contra la gente inocente.
Vio con horror como salía del banco un contingente de gobblins armados hasta los dientes, literalmente. Esto se estaba poniendo interesante por momentos.
- ¡Fuera magos! ¡El tratado ha sido incumplido, el banco cerrado y nosotros armados! ¡Guerra!- Gritó el contingente, mientras que otro y otro salían del banco y tomaban posiciones defensivas alrededor suyo.
Amelia dio un profundo suspiro de resignación y decidió jugar la carta definitiva, la de la Alianza Albion en todo esto.
- Por favor señores, esperen a que encontremos a quien haya hecho esto.- Pidió Amelia amablemente.
El aparente líder de los contingentes dio un paso hacia adelante y señaló con un dedo enguantado en un guante de guerra a Grayback.
- ¡El licántropo mató a un gerente de cuentas!
- ¡Y qué, apestoso gobblin!- Rugió el nombrado, enseñando los dientes y preparándose a atacar al líder también. Sus hombres se posicionaron en posiciones similares a las de su líder.
Todo estaba tenso, Amelia no sabía qué hacer ni que decir. Ante la indecisión de Amelia, Lucius aprovechó para pacificar un poco las cosas. Algo raro en él, pensaría luego, más tarde.
- Maestro… gobblin, podríamos tal vez llegar a un acuerdo. Pero primero, ¿Tiene usted pruebas de lo que dice? Y no que el Gestor de cuentas atacara antes a mi amigo aquí.- Cuestionó con su siempre voz sedosa. – Además tenemos innumerables testigos que dicen que el gobblin sacó una cuchilla de sus ropas e intentó apuñalar, sin mucho éxito al señor Grayback. Creo que el tratado no se ha roto, debido a que las clausulas especifican que si un gobblin ataca a un mago, el mago está en su derecho a defenderse. ¿O me equivoco?- Dijo arqueando una ceja con aire de suficiencia.
El general gobblin, sintiéndose ofendido e insultado por un momento, fue a contestarle que se metiera su cláusula por donde le cupiera, cuando el Rey Ragnok, de la nación gobblin salió a la calle, por segunda vez en un año.
- ¡Alto! ¡Todo el mundo dentro del banco, Emrys está a punto de salir. Le pediremos a él que traiga justicia a nuestra nación!
- ¡Pero Majestad…!- Protestó el general sin mucho éxito al encontrarse con la cara de su rey a escasos centímetros de la suya.
- ¿Estas desobedeciendo una de mis órdenes expresas, general? He dicho que todos los contingentes adentro, no he dado orden de salir. El banco permanecerá cerrado para protección nuestra y de la clientela. Se recogerá a Gornuk y se dará su oficio en la pira. Es mi última palabra.- Dijo el Rey Ragnok volviéndose hacia Amelia.
- Madame Bones, como dice Señor Malfoy, podemos llegar a un acuerdo.- Dijo con una sonrisa muy dentada para gusto de todos los presentes, incluso del mencionado Señor.
- Claro, majestad. ¿Qué acuerdo?
- La nación gobblin no tomará represalias, debido a que los testigos afirman lo contrario a lo que se afirma aquí, pero Gerente de cuentas Potter Gornuk, aquí era un amigo del Señor Emrys y no creo que se lo vaya a tomar a bien. Que ajuste cuentas con el licántropo, pues él le buscaba en un primer momento, para un duelo o algo parecido.- Dijo dándose la vuelta, sin esperar respuesta de Madame Bones, ni nadie fuera de su guardia y sus contingentes armados.
Amelia trató de razonar con Grayback, sobre ir con ella al departamento de seguridad mágica, para ganar algo de tiempo con los gobblins, mientras que el equipo de diplomacia gobblin venía, el cual no se le veía el pelo.
Dando los resultados tanto de Amelia, como de Lucius en vano, al final ella tuvo que desistir y volver con la escuadra auror al departamento de seguridad.
Lucius hizo algo parecido y se fue al sitio designado para las desapariciones públicas.
Fenrir no desistió y esperó sentado en un rincón con sus hombres haciendo guardia junto a él.
No pasado ni siquiera un día del incidente gobblin, el jefe de magos Ollivander, el ministro de magia Fudge, el Señor Malfoy junto al Señor Black y el auror Dawlish se le acercaron con la noticia de que se había visto a Emrys o Potter, como el auror lo llamó negándose a nombrarlo por el título dado a él por los druidas, fue visto hoy en día en pleno callejón Diagon, dando muerte a Fenrir Grayback y sus dos hombres, con sus manos desnudas y una espada. Se le dijo que el báculo no lo utilizó, pero que lanzó una maldición imperdonable en vista y oídos de todos.
Amelia volvió a suspirar cansadamente, al parecer iba a tener migraña al final del día por culpa de los acontecimientos de horas atrás, si hubiera sido por ella, habría matado al licántropo ella misma, después de todo el papeleo que le iba a dar.
Sacando una botella de Whiskey de Fuego de uno de sus cajones, invocó unas cuantas copas para los reunidos.
Se habló largo y tendido acerca de las posibles repercusiones que se fueran a tomar o las que se quisieran tomar.
Al parecer había dos bandos, curiosamente uno de ellos liderado por el propio ministro Fudge, en apoyo de Harry.
Estaban los que apoyaban incondicionalmente a Harry. Titus, Regulus y al parecer el propio Cornelius, dejando a Dawlish y Malfoy queriendo llamarlo a juicio y condenarlo por la muerte de Grayback.
Amelia se quedó mirando a Lucius, preguntándose si el aristócrata era a veces estúpido o se lo hacía.
- Lucius, ¿En serio estuviste en Slytherin en Hogwarts? Parece como si hubieras estado en Gryffindor, más que en la casa de la astucia.
- ¿Por qué dices eso, Amelia?- Preguntó con una cara acerosa, haciendo una mueca de desagrado.
- Porque si mandamos al Señor Potter nuevamente a un juicio por el asesinato en toda regla y legal de Fenrir Grayback, no solamente él y todos los aliados suyos se van a reír del Wizengamot, sino que el resto de la comunidad mágica de la ICW se reirán de nosotros. Señor Potter estaba en todo su derecho de matar a Grayback al haber sido desafiado a duelo. O ¿Acaso olvidas las antiguas tradiciones? Tradiciones que están vigentes nuevamente, gracias a las derogaciones del Señor Potter.- Dijo Amelia sonriendo ligeramente.
- ¿Ves Lucius? Te dije que había que dejar al chico, es más una orden de Merlín de segunda o incluso de primera clase, se le debería dar. Teníamos si no recuerdo mal una orden de arresto contra Grayback por todos sus delitos hasta día de hoy. Sin importar las derogaciones y más derechos para ellos, el licántropo cometió asesinatos.
- Si ministro y creo que el Señor Potter se encargó de él y de sus dos… lacayos.- Dijo Regulus sonriendo ligeramente a Lucius.
- Además tengo entendido Lucius, que lo llamaste amigo antes, si tan enfurecido estás por su muerte, te recomiendo que retes a duelo al Señor Potter. Claro que podrías perder la vida en el camino.- Dijo Amelia dando por zanjada la cuestión.
El auror Dawlish no quedó para nada satisfecho ante tal… injusticia. Mientras que hombres buenos como Alastor se veían obligados a esconderse como alimañas, Potter quedaba impune de todo y siempre se salía con la suya.
Al final tuvo que tragar como siempre hacía y salir de la reunión junto a Lucius Malfoy, el cual también estaba de mal humor.
- Tranquilo Auror Dawlish, tengo un plan para deshacernos de Potter este año, pero para ello necesito su ayuda en las nuevas medidas de seguridad de Hogwarts.- Dijo, haciendo que el Auror frunciera el ceño ligeramente. – Tranquilo, solo los que son sangre sucia y los mestizos como Potter estarán en problemas. Los que somos de sangre pura, como nosotros y nuestros hijos, no tendrán nada que ver, te lo aseguro.- Añadió apaciguadoramente, dado que veía reticente al auror.
Ahora con una sonrisa de más confianza en su rostro, el auror fue a su cubículo a sacar los planos de seguridad del colegio y las salas que tenía puestas nuevamente, tras décadas de inactividad.
Por suerte para Lucius, no había salas que detectaran artefactos oscuros, pues la derogación también había reevaluado que era un artefacto oscuro y actualmente se estaba analizando la cuestión.
Perfecto, ahora solo quedaba la cuestión de a quien endiñarle el diario que su maestro le dio en caso de su desaparición.
Por un momento pensó en la niña traidora a la sangre de los Black, pero luego de cruzarse con Arthur Weasley, lo pensó mejor y decidió que su preciosa hijita sería la encargada de llevar caos y destrucción a Hogwarts.
Cuando Harry terminó de dar testimonio a las autoridades mágicas de lo que había hecho y alegando que estaba bajo las tradiciones del duelo, le dejaron libre y con la advertencia, de que fuera posible que en el futuro se le necesitara en el ministerio para aclarar algunas cosas.
Después de eso, Harry fue al banco a conocer a su nuevo gestor de cuentas y presentar sus respetos a la familia de Gornuk.
El Rey Ragnok también le pidió hablar en privado, pero no tan privado puesto que su maestra Sarah estaría presente.
Entrando los tres a la oficina de Ragnok y sentándose en las sillas ofrecidas, el primero en hablar fue el Rey.
- Me alegra Señor Emrys que se hiciera con la cuestión que se nos presentaba.- Dijo mientras que Harry solo se limitaba a asentir con una sonrisa y Sarah a observar curiosa como iría la reunión. – Por otra parte, estoy curioso a una cuestión.
- Dígame, majestad.
- Antes dijo que se dejaría llevar para matar al licántropo, pero no he visto mucha… habilidad mágica.- Comentó, mientras tanto Harry pensaba en la respuesta que le iba a dar, intentando no faltarle el respeto.
- Verá majestad, en un principio estaba furioso y pensaba dar rienda suelta a mi magia en una batalla, pero viendo que estaban desarmados y jugaban en desventaja, decidí que sería mejor darles a ellos una última lección. También dar al público una lección, en la cual consiste en que puedo hacer igual de magia sin un foco.
- Entiendo, entonces era para mostrar tu habilidad sin foco.
- Y con espada. Espero que les haya gustado a los guardias que estaban presentes.- Dijo dando una sonrisa dentada.
- Sí, les gusto. Sobre eso, me dijeron que tenía la furia en la venganza de un gobblin al luchar y matar. Debo felicitarle y darle las gracias en nombre de la nación, al salvarnos de una guerra en la que no estábamos preparados.- Dijo dando la mano al joven delante de él, el cual la estrechó con gusto y una sonrisa más amable.
- En otro tema, nos llegó una carta del Concilio para usted.- Comentó entregándole la carta, la cual abrió en un momento y la leyó.
Unos minutos después de leerla se la entregó a Sarah, la cual sonrío a Harry y le felicitó por su movimiento para que el Concilio se viera con buenos ojos.
Ragnok permitió que salieran con el Maestro Sanador que el Concilio iba a enviar, desde Gringotts para ir a la mansión Longbottom, donde Harry mandó una carta con Bennu, el cual se ofreció a llevarla amablemente.
Sarah que no pudo leer la carta y estaba curiosa en cuanto a su contenido, no pudo evitar preguntar a Harry por ello, algo que también agradeció Ragnok, aunque éste último nunca lo admitiría.
- ¿Qué escribiste en la carta, Harry?- Preguntó una curiosa Sarah.
- ¿Oh? Ah la carta que he mandado a Madame Longbottom. Nada fuera de lo normal. Solo que esperaba que hubiera seguido mi consejo y que si estaban disponibles para una visita del Maestro Sanador, el cual aún no sabemos quién es.
- Es triste que digas eso, Emrys, por el paso del tiempo que hemos hablado y habiendo sido testigo de tu juramento en Stonehenge.- Dijo el Sumo Sacerdote Powell, entrando escoltado por dos guardias gobblin.
- ¡Sumo Sacerdote Powell!- Dio un chillido Sarah de sorpresa al ver que fue él el enviado por el Concilio.
- No te sorprendas Maestra Ó Conaill, fui yo quien eligió venir. El resto del Concilio estuvo bastante de acuerdo. Aunque he de decir que fue una sorpresa bien tomada por parte de todos que nos salieras con esto, Emrys. ¿Puedo preguntar por qué?
- Claro, puede preguntar.- Dijo Harry esperando a que formulara un poco mejor la pregunta.
Con una risa y un movimiento de cabeza ante el descaro del aprendiz de Sarah, preguntó a Harry, porque quería que un sanador druida, especializado en las artes mentales, viera y examinara a dos magos afectados por la maldición cruciatus.
- Es simple Sumo Sacerdote Powell, tengo la esperanza de que si se recuperan, la familia Longbottom lo publicará en la prensa y ésta lo hará público en la prensa internacional. Si esto sucede, para nosotros los hechiceros y druidas, nos haremos ver en el buen ojo del público en general. Aparte del hecho de que los sanadores magos no tienen mucha idea de la sanación. Cuando fui con Augusta, que es la madre de los dos magos que están para ser examinados por usted, a San Mungo, hubo un caso particular que me llamó la atención.
- ¿Y cuál sería ese?- Cuestionó Maestro Sanador Powell.
- Hubo un mago que intentó la transformación de animago, pero no pudo volver a su forma original.
- Con el hechizo de retransfiguración, estaría curado.- Dijo Sarah sin comprender el problema.
- El problema, Maestra Ó Conaill, es que el sanador que le pregunte porque no lo volvía a su forma original, con ese hechizo o incluso con el encantamiento que tienen ellos para eso, me dijo que no había posibilidad de hacerlo, puesto que no existía cualquiera de ellos.- Explicó Harry, haciendo que todos comprendieran el punto.
- Entiendo, tu meta es que nos "infiltremos" los sanadores en San Mungo y otras instituciones y enseñemos una mejor manera de sanar a la gente.
- Exacto. También recordarles que la magia, es magia y está para practicarla y aprender de ella. Lo que no pueden hacer es seguir con los prejuicios que tienen.- Terminó por explicar.
El Sumo Sacerdote se quedó pensativo ante el plan de Harry, por una parte veía la lógica en ello, si ayudaban exitosamente en la recuperación de los Longbottom, como la carta de Harry dijo que se llamaba la pareja de magos, tendrían la posibilidad de una mayor y mejor aceptación de la que estaban recibiendo ahora.
Si bien podían volver a pasear por los callejones mágicos sin temer a repercusiones por sus contrapartes magos, todavía recibían miradas de odio e incluso miedo a veces.
Por otra parte no a muchos miembros del Concilio les gustaba la idea de involucrarse en la cura de los Longbottom, más que nada por el motivo si saliera mal y no terminaban de sanar correctamente. Era un peligro para ellos y temían que el mundo mágico volviera con los prejuicios que tenían antes que Harry cambiara las cosas y volvieran a ser como antes.
No todos en el Concilio estaban de acuerdo en nombrar a Harry un Emrys, pues pensaban que si bien podía cambiar ciertas cosas, había otras que no podría lograr, como el tema de Albion que era muy discutido en las reuniones del Concilio.
Unos decían que para que Albion tuviera lugar en el mundo, habría una guerra con el mundo mágico y muggle.
El mundo mágico debido a que gente como Dumbledore y Voldemort, querrían tener el status quo en su lugar y el mundo muggle por temor a lo que pudieran hacer los mágicos.
- Bueno, entonces lo único que queda es ponerse en marcha e ir a donde estén los Longbottom. Si fueras tan amable Emrys de decirme o mostrarme el camino.- Pidió el Maestro Sanador, dando una inclinación de cabeza a Ragnok y saliendo de la oficina, para dar privacidad a Harry y Sarah con el Rey de los gobblins.
Una vez salidos de la oficina, Harry los dirigió a una chimenea que ellos habilitaron para éste viaje en específico y en favor de Harry.
- Yo iré primero, luego usted y por ultimo Sarah.- Dijo Harry echando los polvos Flú a la chimenea y diciendo la dirección de la mansión Longbottom.
Las llamas verdes y esmeraldas trasportaron a los dos hechiceros y druida a la mansión de los Longbottom donde Madame Longbottom esperaba ansiosa a su inminente visita.
Cuando Harry, Sarah y el Sumo Sacerdote estaban todos limpiándose mágicamente las cenizas del transporte, Augusta les estuvo explicando que una sanadora de San Mungo venia regularmente a verificar la salud de su hijo y nuera.
- Bueno, eso es normal Madame. Para cualquier sanador que saca dos pacientes del estilo de su hijo y nuera, es normal que se preocupen por su estado de salud.- Informó Maestro Sanador Powell, como se presentó a Augusta.
Harry y Sarah pidieron ir con ellos, para ver cómo era el proceso, pues Harry estaba un poco curioso, después de no haber sabido sanarse en la sala del espacio y el tiempo. Aunque este tipo de sanación sería más mental que físico, aun así quería ir.
El Maestro Sanador no puso ninguna pega, como tampoco lo hizo Augusta. La pobre mujer estaba muy nerviosa ante los tres recién llegados.
No era de extrañar, pues tenía que confiar la cordura de su hijo y nuera en un completo extraño y un niño, que según Neville era un prodigio en el arte de la magia.
Aunque la rumorología de Hogwarts nunca le prestó atención, hasta ahora con el joven Señor y sus progresos en el mundo mágico.
Augusta los llevó hasta donde se ubicaba el matrimonio, que era en sus antiguas habitaciones. Una habitación grande y lujosa en la cual, en vez de haber una cama de matrimonio, había dos camas de matrimonio, para que ambos durmieran por separado.
Ambos padres de Neville se encontraban vagando por la habitación, mirando y observando lo que fue por un corto periodo de tiempo su lugar de sueño y reconfortación.
Maestro Powell se acercó primero a Alice, la cual estaba sentada en ese mismo momento en un sillón de cuero rojo y azul. Sin previo aviso cogió a Alice por ambas partes de la cabeza, con sus manos y susurró el hechizo mental, que le abriría paso a su mente.
Maestro Powell estuvo unos buenos quince minutos buscando en la mente de la mujer torturada por la maldición cruciatus, hasta que finalmente salió con un suspiro cansado.
El mismo proceso lo repitió con Frank, pero con éste último tardó menos, dado que ya sabía dónde buscar, gracias a la mente de su esposa.
Cuando terminó se volvió a la madre del hombre para informarla acerca de los estados mentales de su hijo y nuera.
- Tengo buenas noticias y malas noticias.
- Deme las buenas primero, por favor.- Pidió Augusta.
- Se pueden recuperar completamente.- Dijo Maestro Sanador Powell, haciendo que Augusta suspirara de alivio y lo abrazara fuertemente ante la alegría recibida, olvidando por un breve momento las malas noticias. – Las malas noticias, por el contrario, es que su recuperación será lenta.
- ¿Cómo de lenta, Maestro Sanador?
- Tan lenta, como en unos tres años, se habrán recuperado parcialmente. Podrán reconocer a las personas, incluso a su propio nieto, pero tendrán recaídas producidas por los tratamientos recibidos en el hospital. En el Concilio tenemos pociones y elixires que el ministerio mágico de Bretaña ha prohibido por siglos, por el temor a que son basados y hechos por la magia de la antigua religión, pero nosotros seguimos haciéndolos, así como aprendiz Emrys hace, según tengo entendido.
- Muy cierto Sumo Sacerdote Powell.- Aportó Harry con una sonrisa tranquilizadora.
- También vendría muy bien para sus mentes que se les hiciera pasar por ciertos rituales de recuperación.
- Entiendo, es una noticia impactante… pero, ¿Se podrán recuperar?
- Sí podrán recuperarse.
- ¿Y no hay posibilidad de que lo hagan antes?- Preguntó esperanzada.
El Maestro Sanador Powell suspiró e informó de que había una remota posibilidad, pero para ello sería necesario que fueran trasladados a las casas de seguridad que tenían el Concilio, aunque se tendría que votar primero, para tomar esa decisión.
Otra posibilidad era que Sanadores de su propia elección y él mismo, vinieran a la mansión de ella, para cuidarlos a diario.
Ello supondría el problema que tendrían que dejar sus respectivas familias durante un periodo de tiempo, turnándose las visitas a sus respectivas casas.
Augusta fue asintiendo en los momentos indicados e incluso fue aportando datos de interés sobre la mansión y el ala de invitados. Llegó incluso a ofrecer que se trajeran a sus familias a la mansión, la cual sería capaz de albergar a tantos de ellos como fuera necesario y además a Neville le vendría bien el relacionarse con otros niños de su edad.
Harry ofreció que se viniera Neville de vez en cuando a la mansión Potter o incluso que quedara con Celeste y Corvinus, si no se sentía seguro quedar de nuevo con Cassiopeia y Alphard.
Augusta asintió sin comprometerse a nada, pero sí que le pidió a Harry si fuera posible que los acompañaran a ambos al Callejón Knockturn a por una varita para Neville, ya que su padre seguramente necesitaría la suya propia, que es la que estaba utilizando Neville en esos momentos.
- Por supuesto Madame Longbottom, no se preocupe, con mandarme una lechuza el día que usted quiera ir, quedaremos en el caldero chorreante o inclusive pueden ambos venir a la mansión Potter a tomar el té cuando quieran.- Ofreció Harry amablemente, lo cual fue muy bienvenido por Augusta.
Cuando Harry y Sarah se fueron a la mansión Potter nuevamente, Sarah le revolvió el pelo con cariño y le dijo al oído en voz baja y suave, que había hecho un acto muy bonito y desinteresado al invitar a Neville a unirse a Celeste y su hermano.
- No lo he hecho por ese motivo, Sarah, lo he hecho para que Neville se dé cuenta que los prejuicios que solía tener al pensar que todo mago que no es de luz, era malvado y un futuro mortífago y como sé de buena tinta que Celeste queda mucho con Alphard, creo que podemos hacer ver al joven Neville la luz en su camino equivocado.- Explicó sus motivos ocultos a Sarah, mientras se sentaban a tomar el té y discutir las posibilidades de recuperación de los Longbottom.
- Creo que su perspectiva cambiará radicalmente cuando vayamos todos al Callejón Knockturn, Harry.
- ¿Y eso?- Preguntó curioso en la creencia de Sarah.
- Vamos Harry, no me digas que no te das cuenta cómo te trata la gente de Knockturn.
- Sí, claro que me doy cuenta. Me tratan con respeto y una pizca de miedo.- Dijo sonriendo ligeramente, pensando en que sí que estaba bien esa sensación que daba, pero también quería que fuera respetado sin tener que infundir miedo en las demás personas.
- ¿Miedo? No Harry, ya no. Ahora te respetan y te admiran. Has sido el único en levantarse por los derechos que Dumbledore les quitó, cuando cogió tu asiento ilegalmente. Ellos están de tu parte y cuando el joven Longbottom vea con sus propios ojos que no por ser de otro pensamiento al utilizar la magia o incluso al crecer aprendiendo magia oscura, quiere decir que sean malvados.
- Eso ya lo sé yo.
- Sí, sé que lo sabes, pero él no lo sabe. ¿Entiendes?- Preguntó Sarah, haciendo que Harry frunciera ligeramente el ceño en el pensamiento.
Después de pensarlo durante unos momentos, Harry asintió con la cabeza en la comprensión, sonriendo ante la evidencia que se le mostraba.
- Apuesto a que Augusta no pensó en eso cuando pidió ir a la tienda de Titus.- Comentó Harry terminando su té y levantándose del asiento para ir al despacho a ponerse al día con el correo y las cartas de los negocios.
Para el cumpleaños de Harry, tuvo que ser recordado nuevamente que era el día 31 de julio, dado que el joven hechicero se le había vuelto a olvidar.
Sarah que no sabía que podía necesitar un hechicero de su calibre, dado que los libros que le pudieran interesar, o bien ya los tenía o ya los había aprendido en otras bibliotecas y no necesitaba de ellos.
Pensó en regalarle una escoba de carreras, pero viendo que ya sabía volar sin artefacto, decidió no hacerlo.
Rompiéndose la cabeza, al final decidió montar una fiesta e invitar a los amigos de Harry de Hogwarts, que pasaban a ser la mayoría de los hijos de los aliados de Albion. También invitó a muchos de los miembros del Concilio, junto al Sumo Sacerdote Powell.
Ese día Harry recibió muchos regalos de sus amigos y aliados, siendo de todo tipo, desde libros que no tenía en la magia nueva, hasta copias de los tomos más antiguos de la familia Black.
Otros como la familia Gaunt, le regalaron tomos de libros en Pársel, para que fuera aprendiendo por su cuenta la magia un poco más avanzada de tan noble lengua.
Salazar como broma, le dijo que en uno de los tomos estaba escrito, por lo que el sospechaba, Herpo el loco, como crear tu primer basilisco.
Amelia que pasó a escuchar eso, le advirtió que si bien los libros y magia que se consideraba antes oscuro, era ahora legal, los basiliscos seguían siendo criaturas muy peligrosas de controlar y que sí veía alguno o una indicación de que había creado uno, se metería en grandes problemas.
Tras ese episodio, Sarah estaba por darse golpes en la cabeza por no haber pensado en ello antes, ahora su regalo de cumpleaños parecería muy… patético.
Apartando a Harry a un lado, le dio un tomo escrito a mano y con su letra con algunos de los hechizos que ella misma conocía del antiguo Egipto y le susurró al oído que más tarde recibiría la segunda parte de su regalo, dado que con todo el mundo ahí no podía recibirlo, Harry se preguntó que sería.
La fiesta estuvo muy bien y los temas políticos y sociales de la alianza no se tocaron por una vez, algo que los niños agradecían en verdad, así como tampoco tocaron los temas de estudio mucho. Sin embargo el tema de Hogwarts y las nuevas clases que habría este año, sí que fueron mencionadas por varios padres que estaban muy entusiasmados, inclusive preguntaron a Harry, si al año siguiente iba a hacer alguna donación parecida.
- Sí, tengo pensado ir donando todos los años desde un millón a dos millones de galeones a la escuela. Creo que con el dinero, más gente mágica podrá ir volviendo a entrar en Hogwarts.
- Pero, la gente mágica ya entra en la escuela.- Dijo uno de los padres que no habían tenido problemas nunca en ir a Hogwarts.
- Es posible, Señor Nott. Pero familias como los Gaunt y los Blue, se han visto obligados en muchas generaciones a no asistir por miedo al ostracismo que se les planteaba. Incluso por las tasas tan altas que se pedían antes. Ahora con el dinero donado al colegio, las tasas para todos los alumnos podrán bajar y habrá becas para aquellos alumnos que no puedan asistir debido a que no les llegue el presupuesto familiar.
- Entiendo, perdone mi ignorancia Señor Potter, Señores Gaunt y Blue. También pido disculpas al resto si se han ofendido.- Se disculpó sinceramente Theodore Nott Sr.
- Ninguna tomada, Theo.- Dijo Salazar amablemente, a lo cual los demás también respondieron en esencia, explicándole sus propias experiencias.
Harry dejó al resto que le explicara a Nott Sr el problema, medianamente resuelto.
- Crees que todos deberíamos donar lo que podamos para la escuela, ¿Verdad?- Preguntó Regulus a Harry, cuando éste se apartó, para ir a saludarlos.
- En efecto, Regulus. Eso vendría muy bien para la opinión pública.
- Eso sería manipular al pueblo britano, Harry.- Dijo la esposa de Regulus con una sonrisa y una ligera risa. – Me gusta, es muy Slytherin.
- De todas formas Harry, quería desearte feliz cumpleaños y pedir disculpas por la no presencia de la tía Cassiopeia, decidió quedarse en la mansión Black, no se sentía muy bien de salud.
- ¿Está bien? ¿Necesita que la vea algún sanador del Concilio?
- Oh no te preocupes Harry, ella está perfectamente bien de salud, pero a veces tiene sus pequeños achaques, debido a la edad.
- Entiendo, mandadle mis saludos y espero que se recupere pronto, me gustaría entrar en duelo amistoso con ella algún día, si es cierto lo que dice Regulus y Alphard de ella.
- ¿Y qué dicen mi esposo e hijo de ella?
- Que es una excepcional bruja.- Intervino Regulus con una sonrisa nerviosa. – Por cierto Harry, creo que Cassie te está buscando para darte su regalo de cumpleaños y las gracias por enviarle el suyo propio, el día antes que entraras en la sala. Se apena de no haberte visto en la fiesta.
- Sí bueno, Regulus te pido disculpas por ello, si no fuera por Sarah que me recordó su cumpleaños a tiempo y el mío, creo que estaría ahora mismo en el despacho haciendo otras cosas… si ya la veo que intenta llamarme la atención, es mejor que vaya. Disfrutad de la fiesta.- Dijo despidiéndose de los dos adultos Black y yendo a adonde estaba Cassie, sonriéndole con una sonrisa de medio lado, haciéndola sonrojar ligeramente.
- Hola Cassie, creo que querías decirme algo.
- Hola Harry, sí quería darte tu regalo de cumpleaños.- Dijo tendiéndole un regalo rectangular y dándole un beso en la mejilla, rozando el labio por muy poco. – Ese es tu segundo regalo.- Dijo sonriendo y dándose media vuelta para marcharse por donde había venido, que era de un rincón donde estaban todas las chicas riéndose de manera rara para el joven Potter.
Cuando la fiesta acabó y los invitados se marcharon a sus respectivas casas y Harry jugó por última vez en el día a un buen anfitrión, despidiéndolos en los puntos de aparición o Flú de la mansión Potter, se sentó cansadamente en uno de los sofás de la sala de los retratos, con muchos de ellos riéndose de él, diciendo que era muy capaz de planear un futuro sin cansarse, tener una batalla mágica que agotaría hasta los hipogrifos más volubles e hiperactivos, pero que no era capaz de aguantar en una fiesta de cumpleaños.
- Si, si, reíros a mi costa…- Susurró, casi gruñendo a los retratos y pidiendo a Dobby, su elfo personal nuevo, dado que Cronos se había retirado a cuidar de los invernaderos y jardines de la mansión, un té helado.
Sarah apareció en ropas más cómodas y fue a sentarse al lado de Harry en el sofá, pasándole un brazo por encima de sus hombros, recostó su cabeza en el pecho de Harry y le guiñó un ojo, con una sonrisa seductora.
- Ahora viene tu segunda parte de mi regalo.- Y con eso dicho, se acercó a él y le dio un beso más profundo del que se dieron en la sala del espacio y el tiempo. Éste beso duró un poco más y Sarah fue metiendo tentativamente su lengua en su boca, dando así a una lucha por el control de las lenguas.
Cuando se separaron, Harry estaba atónito del beso que había recibido de Sarah. Pensaba que habían quedado ambos en ver a otras personas y no…
- Esto es solo por tu cumpleaños Harry y porque me robaste un beso en la sala y no me lo esperaba. Ahora estamos en paz.- Dijo riendo y yéndose hacia su cuarto para descansar.
James, por su parte estaba riéndose a carcajada limpia de la cara que se le había quedado a su hijo y felicitándolo por la conquista de Sarah.
- ¡Bien hecho hijo, la tienes casi lista!
- ¡James!- Regañó Lily a su marido dándole un golpe en la parte posterior de la cabeza y disculpándose con Harry por el comportamiento de su padre.
Harry negando con la cabeza y murmurando que el día estaba poniéndose muy raro, decidió tomar el aperitivo que le había traído Dobby con el té e irse a dormir, tal vez el día siguiente o lo que le quedaba de mes, resultara ser… más tranquilo.
- Definitivamente Harry, tu vida es muy interesante.- Dijo Ignotus riendo ligeramente.
- Sí, la vida de mi hijo será muy pero que muy interesante y su vida amorosa se verá complicada.
- ¿Por qué?- Preguntó esta vez Charlus Potter. – En mis tiempos había todavía familias que practicaban la poligamia, si las mujeres estaban de acuerdo por supuesto.
- Abuelos, Padre, no creo que vaya a ser esa clase de hombres. Soy de una única mujer o eso es lo que siento de momento. Aparte, creo que sigo sintiendo algo por Sarah y cada vez va a más.- Intervino Harry a los retratos que se ponían nuevamente a especular sobre quienes podrían ser las novias de Harry, si éste decidiera ser polígamo.
- Estoy orgullosa de ti, cariño. Creo que Sarah es una espléndida mujer para ti y además creo que el sentimiento es mutuo.- Dijo su madre alentando a su hijo a entrar en una relación con Sarah.
- Pero no crees que es un poco mayor para mí.- Dijo Harry con una ceja levantada.
- Tonterías hijo, en el amor, la edad no tiene nada que ver y decir. Además en el mundo mágico no es que importe demasiado.- Dijo enigmáticamente, guiñándole un ojo a su hijo. – Cuando crezcas un poco más lo entenderás mejor. Ahora ve a descansar, te ves cansado.- Terminó su madre de decirle y mandándolo a la cama a dormir.
Éstas conversaciones con los retratos se estaban volviendo un poco más constantes para el gusto de Harry, si bien eran sus padres y podía conocerlos un poco mejor, solo eran una sombra de lo que alguna vez fueron, se tuvo que recordar.
Sin embargo Sarah era muy real y el beso de hoy, fue un poco intenso y le dejó a Harry con más ganas de continuarlo. Tal vez fuera que estaba pasando por la pubertad un poco más pronto, o que fuera lo que los chicos de su edad y un poco más mayores sentían cuando veían a una mujer adulta hermosa, o definitivamente, fuera que se estaba enamorando de Sarah, que era a la vez su Maestra. A veces se preguntaba si no sería mejor seguir con una vida un poco más tranquila.
Negando con la cabeza y sacándose ideas tontas de ella, se dijo a sí mismo, que lo que pasara entre él y Sarah en el futuro, pasaría.
El resto del verano se pasó en muy corto tiempo, quedando con Madame Longbottom unos días más tarde para ir a comprar la varita de Neville y los libros que necesitarían en los callejones Aurum, Knockturn y Diagon.
Ese día fue normal y sin incidentes, Harry y Sarah en público solían actuar con el decoro de Maestra y Aprendiz, pero cuando llegaban a la mansión, había veces en las que Harry robaría un beso o dos de Sarah y en los que ella también haría lo mismo con Harry, entrando en un juego amoroso entre ambos, olvidando lo que habían acordado, no hace más de un par de días atrás.
Para cuando la semana antes de ir a Hogwarts llegó, Sarah le dijo a Harry una noche, que su juego amoroso, debía acabar cuando empezara la escuela nuevamente, debido a que ella como su maestra y él como su aprendiz, no podían ser vistos de esa manera.
Harry acordó con ella lo mismo y terminaron por disfrutar su última semana de libertad. En esa semana Harry no estudió mucho, pero sí que se reunió con su nuevo gerente de cuentas, Griphook, el cual le dio informes de sus cuentas e inversiones.
También le dijo que para el año que viene, debería de abrir una nueva bóveda o comprar baúles encantados, para que tengan un amplio fondo, para guardar su oro, debido a las grandes cantidades de éste al ser ingresados en el banco.
Harry acordó comprar los baúles encantados en vez de abrir una bóveda nueva, ahorraría en gastos y tener que vincular la bóveda a las demás, era algo engorroso de hacer para los gobblins. También le dio un informe acerca de lo que pidió a su antiguo gerente de cuentas, algo que estaba sellado con el sello de Gornuk.
Guardándolo en uno de sus bolsillos encantados para que por dentro fuera más amplio que por fuera, Harry se despidió de Griphook con los saludos corteses gobblin.
Al llegar a la mansión fue recibido por Sarah en un top y pantalones ajustados, marcando las curvas en los lugares correctos.
- Me podría acostumbrar a este tipo de recibimientos.- Dijo Harry con una sonrisa al pasar por la chimenea y dejar el sobre que le dio Griphook sobre la mesa de té en el salón de los retratos.
- Y yo podría acostumbrarme a otras cosas, ¿Dónde habías ido?
- ¿Preocupada?
- No, curiosa. No me dijiste que saldrías hoy. Podría haber ido contigo, sabes que tengo que hacerlo como tu maestra.
- Sí lo sé, pero esto tenía que hacerlo solo. He ido al banco, Griphook me ha llamado para ver las cuentas Potter y ciertos archivos que dejó Gornuk para entregarme, pero que no tuvo el tiempo de hacerlo.- Explicó Harry, rompiendo el sello del sobre y leyendo por encima, mientras que Sarah se sentaba en el otro sofá a descansar de su entrenamiento de la mañana.
- ¿Y qué es?
- Al parecer las reliquias de la muerte no es una leyenda de los hermanos Peverell…
- Por supuesto que no Harry, las reliquias vienen de más atrás en el tiempo. ¿Quién dice que sean nuestras?- Intervino Ignotus ante la mención de las reliquias y sus otros dos hermanos díscolos.
Harry lo miró penetrantemente, pensando en la respuesta que creía obvia, pero al parecer Ignotus ignoraba.
- Según el libro de Beedle el Bardo, cuenta el cuento de los tres hermanos, haciendo alusión a los Peverell.- Explicó Harry a su ancestro.
Ignotus comenzó a reírse sin control y sin parar durante unos minutos, hasta que se detuvo.
- Siempre creí que ese viejo mago tenía demasiada imaginación. No Harry, las reliquias como he dicho antes, vienen de muy atrás en el tiempo. Nosotros las obtuvimos en Italia, en la antigua Roma, al hacer un viaje para explorar el mundo.- Explicó Ignotus a su descendiente, que estaba prestando bastante atención.
- Sí, en esto concuerda el archivo. Las reliquias, según esto, datan de al menos diez mil años antes de Cristo. En la antigua Babilonia se empezaron a ver y notar ciertos artefactos mágicos de gran alcance. Uno de ellos dotaba de invisibilidad completa a su portador. Otro, podía revivir a los muertos, levantándolos de sus tumbas y haciendo un ejército de cadáveres andantes, también podía traer las almas tomadas antes de tiempo, por un breve y corto periodo de tiempo y luego menciona un tipo de báculo o cetro, en algunos casos vara, que era imparable e invencible.- Contó Harry a su audiencia ensimismada en la historia.
- Si eso es cierto, Harry, lo de la capa o manto que concede la invisibilidad total, debe ser increíble de poseer.- Dijo Sarah de manera soñadora. – Imagina lo que podríamos hacer con un manto así.
- De ese tipo de manto no sé, pero el que tú tienes hijo, te concede la invisibilidad y ha estado en la familia Potter desde que Ignotus lo pasó a su hijo.- Aportó James.
- ¿La capa de invisibilidad todavía la tenemos?
- ¿Quieres decir, que el nombre de los artefactos, "reliquias de la muerte" es realmente eso, quiero decir, son realmente las reliquias de la muerte? ¿Cómo el aspecto mismo de la muerte?
- En efecto Harry, o al menos eso cuentan las historias. Según las de mi tiempo, se dice que la muerte se cansó de su trabajo y era hora de ella o él para partir al siguiente mundo, es decir, que su espíritu pasara al otro lado, pero que el trabajo y legado, como sus recuerdos, así como los de los otros que fueron la "muerte" pasarían al conocimiento del nuevo. Por ello dividió tres de sus reliquias y se las entregó a la raza mágica. Al principio se cuenta que las reliquias fueron apareciendo y juntándose brevemente en diferentes países del mundo a lo largo de la historia, pero que nunca nadie logró tener las tres y convertirse en el siguiente.- Explicó Ignotus tomando unos momentos de reflexión. - ¿Dime Harry, has hecho el ritual que se necesita para que la capa de invisibilidad funcione a su mayor potencial?- Preguntó, imaginando la respuesta, pues los demás Potter, salvo por su hijo y los nietos de éste, no se quedaron sin habla y exclamando expresiones de sorpresa.
- Por tu rostro imagino que no. El ritual es bastante sencillo, pues se necesita de la sangre de un Thestral y tu propia sangre. La sangre del primero para renovar la invisibilidad y el poder latente de éste. Tu sangre, para que la capa solamente trabaje y funcione para ti.
- Entiendo. ¿Solamente eso?
- No, hay más, pero lo siguiente puede que no lo consigas.
- ¿Qué es?- Preguntó Sarah.
- Esencia de un fantasma.
- Eso, es más complicado de conseguir.- Dijo Charlus. – Se dice que la esencia de un fantasma, solo se puede conseguir de dos formas. Una siendo un nigromante y la otra que el mismo fantasma te la dé libremente.
- En efecto Charlus.- Concordó Ignotus con una sonrisa. – Si consigues ese ingrediente, obtendrás un poder que ninguno hemos visto hasta ahora en la capa.
- ¿Y cómo sabes eso Ignotus?- Preguntó Harry escéptico.
- Fácil, me pasé media vida para que un fantasma me entregara su esencia en Samhain, que es cuando el velo es más débil y fino.- Dijo con cierta amargura Ignotus. – Al final solo pude especular para que serviría la esencia de fantasma.
- ¿Para atravesar paredes, tal vez?- Mencionó obviamente James, rodando los ojos, ante la idea.
- Exactamente. Aparte de paredes, salas. Se podría pasar cualquier tipo de salas, incluido el Fidelius.
- Menos mal que la tienes tú, Harry, sino en las manos de alguien como Voldemort o Dumbledore mismo, sería muy peligroso.- Aportó Sarah.
Harry solo podía asentir con la cabeza en acuerdo, todavía estaba meditando que hacer con su capa, si llevársela a Hogwarts este año y hacer el ritual requerido para el día de Samhain o dejarla en su compartimento secreto y bien resguardada.
Al final decidió que cuando acabara la semana y fuera a empezar el curso, el mismo primero de septiembre, decidiría que hacer con ella.
- Entonces Harry, descendiente mío, ¿Qué harás? ¿Buscaras las demás reliquias de la muerte o te quedarás solamente con la capa de Invisibilidad, como todo Potter hasta ahora?- Preguntó la pregunta que todos se hacían en ese momento.
Mirando a todos los retratos y a Sarah, movió la cabeza negativamente y dijo que no las buscaría, que seguramente con su suerte, ellas vendrían a él, sin buscar ese tipo de poder. Además añadió que para que tener más poder del que tenía, si con la magia de la antigua religión y la magia nueva, tenía suficiente de aprender, más aprender alquimia y en el momento indicado nigromancia, se quedaría con eso de momento.
Aparte estaba el hecho de ser inmortal, que no es que le resultara cómodo de imaginar, dado que la palabra misma era demasiado tiempo de estar solo, no, si se encontraba con las reliquias y no tenía más remedio que quedárselas, entonces así sería, pero si no, se quedaría únicamente con la capa que Ignotus fue pasando a su hijo y éste al suyo, hasta llegar a Harry.
El resto de días de la semana hasta que terminó y comenzó el primero de septiembre y era la hora de ir a Hogwarts en el tren, Harry se lo pasó estudiando maneras de sacar nuevas leyes que prohibieran el exceso de comunicación del mundo mágico con el muggle, pero desgraciadamente el mínimo de muggles que debían conocer el secreto era abrumador.
Pidió al ministerio de magia, que los muggles con los que había crecido, si no eran juzgados y condenados por su tratamiento en el pasado, que al menos se les borrara la memoria de su existencia y de la existencia de la magia.
El jefe del departamento de Obliviatores le denegó la petición, así como el ministro de magia, algo que le enfureció un poco debido al hecho de que como eran su única familia con vida, que no podían hacer eso.
Harry continuó mandando cartas, alegando que los últimos parientes con vida eran los Gaunt y los Black, por parte de padre.
Por parte de madre, su madre era la única que consideraba parte de la familia Potter, que los muggles fueran considerados por el ministro, como su familia, para Harry era una aberración y pondría punto final a la misma, si no lo hacía el ministerio.
Examinando las antiguas leyes que protegían a los mágicos de los muggles, pudo observar ciertas lagunas en las que sí un mágico llamaba a una venganza de sangre contra un muggle, éste no sería condenado por ningún ministerio de magia de Europa, si acababa con la vida de dicho muggle.
Viendo que esa ley estaba vigente todavía, pero olvidada por los magos, al preguntar a Regulus por ella y éste no saber de lo que le estaba hablando, decidió buscar a esos muggles escurridizos que ya no residían en el número cuatro de Privet Drive.
Buscarlos por Bretaña, se encargarían los gobblins, por un precio, por supuesto. Mientras tanto Harry se preparaba el baúl de siete compartimentos, llenándolo de todos los libros que él necesitaría para el año escolar, más aquellos que llevaría consigo mismo, para una lectura agradable.
El día que se aparecieron Sarah y Harry en la estación de Kings Cross, se dieron el último lote de besos y cariñitos, para no llamar la atención en Hogwarts.
- Míralo de esta manera Harry, será como pasar una prueba. Si logramos contenernos en Hogwarts este año, de continuar con los besos y demás, tal vez se nos aclaren los sentimientos. Intenta pasarlo bien y por favor, que sea un año normal ahora que no está Dumbledore para manipular eventos.- Dijo Sarah sonriendo alegremente a Harry.
Una vez dentro de la barrera, Sarah le informó a Harry que ella se aparecería en Hogsmeade directamente para llegar antes al castillo, debido a que no era estudiante y que como era la Maestra de Harry en la magia antigua, tendría un puesto entre el profesorado. Ahora más que antes, debería llamarla siempre que se dirigiera a ella, como Maestra Ó Conaill, más o menos como había estado haciendo hasta ahora.
Harry sonrió y se subió en el tren que lo llevaría a un segundo año lleno de aventuras y misterio, aunque eso Harry no lo sabía de momento. Lo único que esperaba de este año era la tranquilidad que el castillo proporcionaba y conocer a los nuevos estudiantes que se presentaban en Hogwarts.
Caminando por los pasillos atestados de alumnos de todas las casas, que por primera vez en décadas se juntaban unos con otros, Harry llegó al compartimento en el que estaban sus amigos, junto a Neville, que ahora estaba mostrando a todo el mundo, su nueva varita, con una sonrisa que amenazaba con dividirle la cara en dos.
- Hola a todos.- Dijo Harry con una sonrisa, pasando dentro del compartimento y ampliándolo en el camino, haciendo que las chicas, Celeste, Cassiopeia y para sorpresa de Harry, Daphne y Tracy sonrieran a Harry coquetamente.
Los chicos por su parte se dignaron a darle palmaditas en la espalda o la mano en modo de saludo.
Con el movimiento repentino del tren y un ligero traqueteo, el viaje comenzó para los chicos de segundo año, hacia un futuro incierto de aventuras.
Nota de autor 2:
Al final creo que voy a poner a Harry con Sarah como pareja o futura pareja. Con respecto a los besos que se den o darán en el futuro también, creo que es más bien besos inocentes de momento. Cuando Harry tenga entre 13 y 14 años, ya pasaran a cosas más mayores que sólo besos.
Algunos me habéis dicho que haga polígamo a Harry, pero escribir que tenga tres novias, no termino de verlo.
Espero que para el día de Halloween pueda sacar un capítulo nuevo, pero no estoy seguro.
Un cordial saludo y hasta la próxima.
