No pretendía ausentarme tanto, pero he andado súper ocupada y el tiempo para escribir fanfiction no es tan amplio como solía ser, pero aquí sigo.

Tavata, espero que te guste la pelea. Esta historia tendrá una buena cantidad de ellas, cada una más dramática que la anterior, ya verás por qué ;o)

ady prime, gracias por el cálido recibimiento :o) Espero que disfrutes la pelea. No te acerques mucho porque va a volar sangre, quiero decir, energon :oP O si lo haces, vístete de morado.

Nancy, seguiré dando mucha 'Latta', no te preocupes, je je je.

Hay evidencia de los duelos en Cybertron en la caricatura y en los cómics. Está el memorable Optimus contra Megatron en 'Heavy Metal War' y uno también memorable de Starscream contra Brawn en uno de los primeros cómics ingleses de Marvel, nada más que ese sí era a muerte. Justamente voy a retomar ese tema en un capítulo más adelante.

Yo creo que Jazz escucha de todo, por algo es el Autobot más 'cool'… y sexy ;o)

Muchas gracias por sus comentarios y espero disfruten este capítulo. Voy a actualizar 'Fleshling' y 'Cantabile' durante la semana.


Capítulo 21

El que no debe caer

El fenómeno del trueno ha sido estudiado por filósofos y científicos humanos desde tiempos inmemoriales, pero aunque especulaciones y certezas han sido establecidas por siglos, incluso llamadas verdades, tal vez atestiguar la furia del organismo robótico que se hacía llamar como ese fenómeno que trascendía las fronteras de los planetas le habría añadido una nueva aproximación a algo que se suponía era causado por la descarga eléctrica de un rayo.

Y rayos volaron cuando los dos titanes metálicos disminuyeron la distancia entre ellos. Devorado por la inexperiencia y la ansiedad, Skydive se arrojó, casi voló, sobre su enemigo, incapaz de esperar por hundir sus puños en metal Decepticon. Pero su primer ataque sólo encontró el aire y, antes de que pudiera reaccionar, Thundercracker se arrojó al suelo, atrapó la pierna de su rival con la suya y lo hizo caer de espaldas.

Cuando Skydive se puso de pie, Thundercracker ya había hecho lo mismo y lo estaba esperando. El Aerialbot atacó de nuevo pero Thundercracker repitió la maniobra, lo que añadió un gruñido de frustración a la nueva caída de Skydive.

La multitud estalló en gritos. La mayoría de los Autobots presentes consideraban a Thundercracker un guerrero del aire, por lo que verlo pelear de una manera tan poco usual en él se estaba convirtiendo en una experiencia muy reveladora.

Skydive estaba a punto de ponerse de pie otra vez cuando Thundercracker lo sujetó por el cuello y le ahorró el esfuerzo. Lo siguiente que el Aerialbot supo fue que su rostro había sido impactado por algo con la fuerza de un misil y que había sido arrojado hacia atrás, directo hacia los brazos de sus compañeros de equipo.

- Vamos Skydive, ¿qué pasa contigo? – le dijo Air Raid, sacudiendo a su amigo. -¡Acaba con ese Decepticon cretino!

Skydive sacudió la cabeza y se dio la vuelta, listo para encarar a su enemigo otra vez.

El tercer ataque del Aerialbot colapsó contra un muro azul y gris. Thundercracker y Skydive chocaron manos, tratando de alcanzar sus respectivos cuellos, hasta que Thundercracker empujó rudamente a su rival hacia atrás y apuntó hacia el gran agujero en la montaña que él mismo había abierto.

- ¡Mi campo de batalla está allá arriba! – dijo el Seeker.

- ¡Como quieras! – respondió Skydive mientras se transformaba en su modo alterno. - ¡Te demostraré de lo que está hecho un verdadero jet de combate!

Thundercracker también se transformó y siguió al Falcon F-16 hacia el cielo estrellado. La obscuridad recibió a los dos combatientes mientras que el grupo de Autobots que había sido dejado atrás empezaba a quejarse.

- ¡Oigan, no es justo! ¿No se suponía que debían pelear sin transformarse? – dijo Bluestreak.


Un verdadero guerrero del aire no sólo vivía en los cielos.

También moría en ellos.

Sin importar sus lealtades o su experiencia, los dos voladores decidirían cuál de los dos continuaría funcionando en su elemento, no había otra manera. Era entonces cuando el cielo se convertía en cómplice, en un amante que abrazaría al ganador y que no lloraría por el que no había sido digno de continuar volando.

Desde el primer momento en que sintió la caricia del frío aire nocturno en su fuselaje, Thundercracker supo que él era el elegido. El Aerialbot contra el que estaba peleando no tenía idea del verdadero significado de las alas que portaba. Pero Thundercracker si lo conocía; había sacrificado todo, su nombre, su herencia, su creador, por esas alas, por ser digno de ellas.

Y lo demostraría en esa batalla. Derrotaría a Skydive por completo, no dejando lugar a dudas sobre su superioridad. Thundercracker había sido escogido entre miles de Seekers para ser parte de la Élite Aérea personal de Megatron; había llegado el momento de demostrar el porqué.

Una ráfaga de tristeza y rabia se mezcló con el viento a su alrededor. Los días en los que había volado con su trío parecían tan lejanos ahora. No podía creer que unos pocos ciclos solares lo separaban de su último vuelo con ellos. Había pasado la mitad de su vida volando al lado de Skywarp y Starscream, e incluso en ese momento en el que estaba solo sintió como si las dos muy familiares lecturas de energía fueran a aparecer en cualquier momento.

Pero algo más apareció. La lectura de energía de Skydive se convirtió en presa fácil para su radar, a pesar del deficiente patrón de vuelo del Autobot. A tan corta distancia, un misil sería suficiente para mandar a su enemigo al suelo, dos tal vez lo matarían…

Pero había reglas que Thundercracker tenía que seguir. La victoria no vendría de frías e impersonales armas. Derrotaría a ese patán presuntuoso como lo haría un verdadero volador, pero eso no quería decir que no podía tener un poco de maliciosa e inmadura diversión.

Abrió su comunicador interno.

- ¿Estás listo para la siguiente lección, escoria Autobot? ¿O debería decir la última?

- Veo que finalmente decidiste dejar de lado tu máscara de hipocresía y mostrarte como la basura Decepticon que realmente eres. ¡Adelante, patán! ¡Te haré comer tu propio polvo antes de reunirte con tu creador!

El último comentario sólo agregó combustible al fuego. Thundercracker desvió su curso del de Skydive y aceleró tanto como pudo.

- Esto es algo que definitivamente no has practicado con tus compañeros. Uno sigue volando, el otro se estrella. ¿Estás listo, Aerialbot?

- ¡Siempre! – replicó Skydive mientras añadía más distancia entre los dos. Ciertamente estaba consciente de la manera única que tenían los jets de combate de decidir quién era el mejor.

Thundercracker esperó, sus motores rugiendo en anticipación. Había sido entrenado para iniciar las hostilidades, pero por una vez haría una excepción, no en consideración al Autobot sino para demostrar quién era el verdadero Príncipe de los Cielos. Si al menos hubiera sido Starscream el que lo estuviera enfrentando al otro lado del cielo…

Su radar llamó su atención cuando detectó a Skydive volando a máxima velocidad hacia él. Aún en modo alterno, Thundercracker sonrió con malicia, sintiendo que el gesto se extendía hacia cada parte de su fuselaje.

Aceptó el reto y enfiló directamente hacia su enemigo, ninguno de los dos dispuesto a desviar su curso del inevitable choque.

Jet contra jet, la distancia se acortó, la muerte pendiendo de una línea muy delgada…

La hora para ajustar cuentas había llegado.


- ¿A dónde fueron?

- ¡Maldición! ¿Por qué tenían que irse volando?

- Oye, Red Alert, ¿crees que las cámaras podrían darnos alguna imagen?

Muchos vocalizadores dejándose escuchar, muchos reclamos similares. Sólo los Aerialbots no parecían molestos por la elección de los combatientes.

- Déjenlos – dijo Slingshot. –Tienen alas por una razón.

Air Raid sonrió con malicia. – Ese Decepticon será chatarra en las turbinas de Skydive. Podremos usar sus restos para partes de repuesto.

El sonido de motores se escuchaba cada vez más cerca. Lo que fuera que los dos jets estaban haciendo pertenecía a su mundo, prohibido para aquéllos que no tuvieran alas. Pronto, sin embargo, una explosión se escuchó y el cielo se iluminó con una luz que no provenía de la luna.

La mayoría de los Autobots apretaron sus puños con ansiedad cuando sólo un motor pudo escucharse, señalando el final de esa parte del caos y anunciando un ganador.

Thundercracker regresó, transformado de vuelta en su modo bípedo, dañado y echando humo. Victorioso, pero no solo. Antes de que sus pies tocaran el piso de nuevo, arrojó el inconsciente y lastimado cuerpo de Skydive hacia los Aerialbots, que lo recibieron sorprendidos.

Sin dedicarle una sola mirada más a su derrotado rival, Thundercracker enfrentó los poco amistosos rostros de nuevo. Estaba cojeando, con heridas abiertas echando chispas, pero parecía una bestia rabiosa. Su dedo apuntó un solo rostro, sus ópticos ciegos mirando a nadie más.

Su reto fue aceptado.

Imponente y con su lustroso chasis brillando con confianza y poder, Sunstreaker se enfrentó a su enemigo.

El estado de Thundercracker estaba muy lejos de ser óptimo. Su cuarteada cabina de piloto y su cuerpo cubierto de magulladuras mostraban el daño sostenido por su encuentro con Skydive, pero sus ópticos no dejaban lugar a dudas sobre toda la fuerza y determinación que corría por su cuerpo como combustible. En ese momento, el dolor era un extraño para él.

Sunstreaker no esperó. Sus pasos se convirtieron en una carrera y se arrojó contra Thundercracker, hambriento de dañar el acero de su enemigo. Thundercracker retrocedió y evitó ese primer golpe, que se llevó una porción de roca volcánica en lugar de su hombro. Thundercracker aprovechó el polvo y el pequeño derrumbe para sujetar a su enemigo por la cintura y estrellarlo contra la pared.

Pero la estructura de Thundercracker tenía otra opinión sobre sus daños. Los decrecientes niveles de energía y las fallas en los circuitos causados por su anterior combate se reflejaron en su velocidad cuando no pudo retirarse a tiempo y los puños de Sunstreaker encontraron su espalda, causando una onda expansiva de dolor a través de sus alas.

Entendiendo perfectamente la debilidad de su rival, Sunstreaker sujetó las alas de Thundercracker y tiró con todas sus fuerzas, causando el muy deseado gruñido de dolor y el momento de distracción que permitió que el Autobot impactara su rodilla contra el rostro del Seeker.

Thundercracker retrocedió; su pierna herida no le permitió seguir de pie y cayó pesadamente de rodillas. Sunstreaker aprovechó la ventaja y la incrementó, alcanzando a su enemigo y pateándolo brutalmente en el pecho, cuarteando aún más su cabina de piloto y arrojándolo muchos mecano metros hacia atrás.

Sunstreaker avanzó hacia el caído Seeker y lo sujetó por una fisura en su cabina de piloto, forzándolo a levantarse.

- Me hubiera gustado que llegaras a esta pelea en condiciones más funcionales, pero decidiste jugar al héroe y no te tendré ninguna consideración – espetó Sunstreaker. –Desde el primer momento que te vi, supe que tendría que matarte algún día. El momento ha llegado, escoria Decepticon. ¡Vete al Infierno donde perteneces!

Las crueles manos del Autobot penetraron la herida en el pecho de Thundercracker, sin dejar duda alguna sobre cuál era su destino final. Pero antes de que el invasor pudiera alcanzar las proximidades de su chispa vital, Thundercracker impactó su cabeza contra el rostro de Sunstreaker, abollando su nariz y rompiendo uno de sus ópticos.

Sunstreaker gritó de dolor y soltó a su víctima, retrocediendo y sujetándose el rostro.

Para entonces, el silencio no podría haber sido más absoluto. Los sonidos que se escuchaban provenían únicamente de la batalla; lubricante escurriendo, circuitos echando chispas, entradas de aire expeliendo ráfagas… Todos los presentes tenían claro que uno de los dos combatientes estaría enfrentando la muerte al final de esa noche.

Medio ciego, pero doblemente furioso, Sunstreaker se arrojó hacia Thundercracker, lanzando golpes con la fuerza de torpedos. Pero a pesar de su pierna herida, el Seeker evitó el ataque. En el momento menos esperado, un peleador había perdido la serenidad y el otro la había ganado.

Un paso mal calculado de Sunstreaker fue todo lo que le tomó a Thundercracker para encontrar el odiado rostro de su enemigo y lanzarlo al suelo con un poderoso puñetazo. Sunstreaker voló varios mecano metros y colapsó contra una línea de drones desactivados que los Autobots usaban para práctica de tiro. Cegado por la furia más que por su ojo destruido, Sunstreaker sujetó la pierna de uno de los drones y la arrancó.

- ¡Sin armas, Sunstreaker!

El grito de Ironhide fue completamente ignorado. Sunstreaker recuperó su balance y cargó contra su enemigo, sosteniendo la gruesa pieza de metal como una espada.

Thundercracker titubeó, tomado por sorpresa por el movimiento. Nadie sospechó que un recuerdo lo había golpeado con la promesa del dolor que le esperaba, el momento en el que se había atrevido a atacar al único robot que había llamado líder. Vio en Sunstreaker un reflejo de sí mismo al enfrentarse a Megatron; un mecanoide fuera de control, tratando de armar un último y agonizante intento de victoria.

Un mecanoide derrotado.

Dejando el dolor y los recuerdos a un lado, Thundercracker permaneció en su sitio y confrontó a la furia amarilla que se le fue encima con la fuerza de su venganza.

Atrapó la barra metálica antes de que se estrellara contra su cabeza, abriendo dos profundas heridas en las palmas de sus manos. Ambos Transformers forcejearon por la posesión de la improvisada arma por tensos astro segundos, hasta que Sunstreaker pateó brutalmente la rodilla herida de Thundercracker, haciéndola ceder. El Seeker no pudo evitar que Sunstreaker tomara la ventaja y lo mandara al suelo.

Pero Thundercracker aprovechó la inercia del brusco movimiento para patear a Sunstreaker en el torso e impulsarlo sobre su cabeza. El Autobot aterrizó pesadamente sobre su espalda, soltando la pierna del dron. Trató de levantarse tan rápidamente como pudo, pero su rival fue más rápido y todo lo que Sunstreaker vio fue una sombra cubriéndolo mientras sentía la pesadez del pie de Thundercracker cayendo sobre su pecho, inmovilizándolo contra el suelo.

Sunstreaker forcejó furiosamente pero muy pronto entendió que no sería capaz de revertir la situación. La moneda había dejado de rotar.

- Sólo termina… ¿¡Qué estás esperando, maldita escoria Decepticon? ¡Mátame como has matado a tantos, asesino!

Thundercracker levantó la afilada pieza de metal y se preparó para terminar a su enemigo.

Cada Autobot sintió un escalofrío, ninguno de ellos dudando del destino de Sunstreaker. Rompiendo la tácita regla de no intervenir, Sideswipe dio un paso adelante y salió de entre la multitud.

- ¡Por favor no lo hagas, Thundercracker! ¡Te lo ruego!

Thundercracker pareció no escuchar la desesperada súplica de Sideswipe. Estaba a años luz de ahí, nada más que él, su enemigo y un arma mortal existiendo en ese Universo.

El único óptico funcional de Sunstreaker parpadeó con miedo cuando la barra de metal se dirigió hacia su rostro indefenso con velocidad supersónica.

Todo había terminado.

El afilado borde de la barra se hundió en el piso, justo al lado de la cabeza de Sunstreaker.

Ganador y perdedor se miraron en silencio. La estéril arma clavada en el piso era una señal de la ausencia de victoria.

- Tú insultas mi honor otra vez y te mato – dijo Thundercracker. Su voz era ruda, pero sus palabras no provenían del odio. Era su honor de guerrero hablando. No quedó ninguna duda de lo que ese Decepticon que tan fácilmente los Autobots llamaban enemigo valoraba más que nada.

Thundercracker se dio vuelta lentamente y comenzó a caminar hacia la salida. El grupo de Autobots se dividió en dos en respetuoso silencio para dejarlo pasar, tácitamente entendiendo que no habría más peleas esa noche.

- ¡Kaon!

El grito de Sunstreaker paralizó al Seeker, al igual que al resto de los Autobots presentes.

Thundercracker miró sobre su hombro con una mirada de confusión en el rostro.

Sunstreaker consiguió incorporarse sobre una rodilla y continuó. – Kaon… el complejo médico del sector 17-B, el ataque que empezó la guerra, la primera vez que tú y los otros Decepticons mostraron sus malditos rostros…

No era ningún secreto. Todos los Cybertronianos sabían sobre ese ataque ocurrido hacía tantos vorns. De la misma manera, todos sabían que había sido perpetrado por únicamente tres jets de combate, los que después serían conocidos como la Élite Aérea Decepticon.

Sunstreaker retó sus disminuidas fuerzas y se puso de pie; no iba a continuar diciendo lo que tenía que decir desde el suelo.

- Sideswipe y yo no somos gemelos, somos trillizos… Nuestro hermano, Arrowhead, fue asesinado ese día, el día que una facción de traidores de su raza decidieron masacrar a inocentes para empezar su estúpida guerra. ¡Fueron tus disparos, tus misiles los que segaron la vida de nuestro hermano! ¡La suya y la de treinta y siete Cybertronianos que murieron ese día! ¿Por qué rayos atacaste civiles? ¡No tenían armas ni ninguna manera de defenderse!

El rostro de Thundercracker era imposible de leer. Miró a Sunstreaker con una expresión vacía en su rostro. Cuando finalmente habló, pareció que había transcurrido un vorn entero.

- Tenía órdenes de destruir ese complejo. Cualquier cosa que diga ahora será una excusa, y excusas es lo último que necesitas. Pero si algo valen mis palabras para ti, te diré que ese día nunca me hizo sentir orgulloso.

Thundercracker no esperó por una respuesta y reanudó su lento camino hacia la salida. Nadie se atrevió a mirarlo a los ópticos. El Seeker se había ganado el derecho de irse sin ser molestado.

Cuando desapareció por la puerta, muchas preguntas quedaron flotando en el aire. A pesar de la revelación, a pesar de todo lo que los Autobots sabían sobre el pasado de su incómodo huésped, era difícil no confrontar esa cosa que tan fácilmente se hacía llamar odio.

Continuará.


Como habrán notado, me tomé algunas libertades con la historia personal de los gemelos Lambo, ¿o debería decir trillizos? Pero era por el bien de la historia, así que no me fusilen por favor.

Muchas gracias por sus comentarios :o)