CAPÍTULO 20

-Así que he escuchado que ahora ocupan el puesto número dos en la clasificación. Todavía el número dos.-Smith les sonrió a ambos, entrecerrando sus extraños ojos verdes hasta parecer rendijas.

Por centésima vez, Kurt deseó no tener que ir a la sala de estar. Él y Anderson habían estado volando juntos desde hacía meses, pero a pesar de que Karofsky y su grupo habían desaparecido hacía tiempo, su alto y oscuro compañero aún seguía insistiendo en pasar al menos una noche por semana en compañía de los otros Needlers.

«Yo no soy como ellos», pensó Kurt por lo que parecía ser la millonésima vez, mirando a su alrededor a las otras parejas que hablaban en torno a ellos. «Yo no soy realmente… de esa manera. Gay, maricón o como ellos quisieran llamarlo. Sólo deseo a un tipo, Anderson. E incluso con él no recorro todo el camino. Todavía podría volver a mi vida en casa si quisiera y nadie sabría lo que he hecho aquí para ir pasándola».

No quería admitir ante sí mismo que ir pasándola no era la única razón para hacer lo que hacía cada noche con su compañero. Tampoco era la excusa para explicar la profunda relación que mantenía con su compañero. Quería a Anderson, necesitaba al piloto de Needle tanto como a su próximo aliento. Pero estaban destinados a separarse muy pronto. Después de su examen final, Anderson se graduaría y Kurt aún tenía dos años más por delante en La Academia. Por eso mantenía esa emoción enterrada, escondida tan profundamente dentro de sí mismo que apenas notaba su presencia. Mientras tanto, se sentía secretamente presuntuoso cada vez que Anderson y él iban a la sala de estar. Satisfecho hasta que se encontraba con Smith y Clarington, claro. A pesar de la negativa de Kurt para dar el último paso y dejar que su pareja le hiciera el amor, Anderson y él habían escalado constantemente en los rankings y estaban en la segunda posición desde hacía semanas. Pero no importaba lo duro que trabajasen o el número de horas que pasaran en el simulador, no podían adelantar a la pareja formada por Smith y Clarington. Un hecho que Smith jamás dejaba pasar, cada vez que ellos llegaban al salón de los Needlers.

-Así que, número dos -dijo de nuevo, dándole un codazo a Clarington, que permanecía como un sólido muro de músculos detrás él, con aspecto aburrido.

-¡Ah, déjalos en paz, Smith -dijo uno de los Needlers, un grueso piloto llamado Christenson. -Anderson ya ha sido número uno antes y estoy seguro de que es sólo cuestión de tiempo que él y Hummel vuelvan a ocupar esa plaza de nuevo.

-Oh, yo creo que puede pasar bastante tiempo antes de que eso suceda - Smith sonrió afectadamente hacia ellos, haciendo que Kurt quisiera borrar la presuntuosa expresión del rostro afeminado del artillero con su puño-. No mientras la señora Hummel se siga aferrando a su virtud.

-Ya es suficiente, Smith.-La voz de Anderson era plana. La persistente negativa de Kurt de llevar su relación al siguiente nivel era un punto tácito de tensión entre ellos dos, uno que él nunca mencionaba, incluso en la intimidad de sus aposentos. Kurt se sentía avergonzado por ello, pero secretamente estaba aliviado también. En el fondo tenía miedo de querer dar realmente ese último paso y sabía que si Anderson hubiera intentado convencerlo lo hubiera conseguido, ya que no hubiera sido capaz de resistirse. Así que era más fácil y más seguro simplemente no hablar de ello. A menos que estuvieran en el salón, por supuesto, donde Smith se encargaba siempre de encontrar la manera de sacar el tema.

-No te pongas quisquilloso conmigo, Blaine-una delgada mano blanca de Smith revoloteó sobre su estrecho pecho-. Después de todo, no es culpa mía que tu artillero quiera salvaguardar su cereza para otro. Dime, Hummel -preguntó con dulzura mirando a Kurt-: ¿Tienes un novio en casa? ¿Alguien con una polla más grande que la de Anderson? ¿Estás guardando tu dulce culito para alguien?

-Hijo de puta, tú sabes que no tengo novio -Kurt se abalanzó, sólo para encontrarse frente a frente con el ancho pecho de Clarington.

-¡Oh, querido!, ¿todavía molesto cuando alguien te señala lo que eres, Hummel?-Smith se río de él, desde detrás del fornido brazo de su compañero-. Pues déjame decirte algo, cariño, hasta que no lo superes y aceptes que te gustan más los tíos que las tías, hasta que no te entregues a tu piloto, jamás te verás en el puesto número uno.

-Suficiente. Me voy.- Kurt se giró asqueado, enhebrando su camino entre los otros Needlers antes de que Smith lo aguijoneara hasta que le intentara encajar un swing, y acabara luchando contra Clarington en su lugar. De todas formas no necesitaba la tensión esta noche, ya que mañana sería su examen final. Él y su compañero volarían en el Needle con los objetivos fijados en modo asesino. Era estrictamente una situación de aprobar o suspender. «Vuelve vivo y estás aprobado. Vuela por los aires y, bueno…», Kurt pensaba que eso lo explicaba todo.

Lo que no podía reconocer era que algo más aparte de su posible muerte inminente, estaba molestándole. Estaba bastante seguro de que tanto él como Anderson pasarían el examen final con creces, no importaba lo rápido que se movieran sus objetivos o lo letales que fueran, él y su compañero eran más rápidos y mortíferos. No, lo que verdaderamente le molestaba es que después de su prueba quedarían tres semanas para la graduación. Tres semanas más y después el alto y desfigurado piloto de Needle estaría para siempre fuera de su vida. Él estaría ocupando un nombramiento en la Flota, por supuesto, en donde le emparejarían con alguien más. Algún artillero de Needle que no dudaría en entregarle todo, quien se abriría completamente y dejaría a Anderson recorrer todo el camino. La idea de Anderson fuera de su vida y en una relación con otro hombre estaba haciendo que Kurt casi se volviera loco, razón por la que estaba tratando duramente de no pensar en ello. No necesitaba esa tensión. No necesitaba esa angustia. Salió airadamente por la puerta del salón, sus ojos clavados en la alfombra azul oscuro, sus manos apretadas en puños a sus costados. Anderson lo seguía en silencio, pero antes de que la puerta del salón se cerrara, oyó los gritos de Smith.

-Puedes fingir todo lo que quieras, pero solo eres un pequeño y miedoso latente.-Le llegó la voz burlona que consiguió hacerle apretar los dientes y cerrar los puños.

Caminaron en silencio de vuelta al dormitorio y se prepararon para ir a la cama de la misma forma. Anderson no hizo más que lavarle la espalda en la ducha y su tratamiento de las manos de Kurt fue silencioso y superficial. Para cuando se metieron en la cama, Kurt sabía que algo andaba mal, pero no quería hablar sobre ello. Si su compañero quería dar el tratamiento del silencio en la noche anterior a la prueba más importante en sus vidas, que así fuera, se dijo de mal humor. Se giró dándole la espalda a Anderson y empezaba a acomodarse cuando la profunda voz de su compañero finalmente rompió el silencio.

-Smith tiene razón, ¿sabes? -Anderson murmuró al oído de Kurt-. Nunca conseguiremos el primer puesto. No, a menos que hagamos un vuelo perfecto mañana y va a ser casi imposible haciendo lo que hacemos ahora.

-¡Jesús, Anderson! -Kurt se volvió hacia él en la oscuridad, sus músculos apretados por la ira-. Te dije cómo me sentía sobre ese tema. No puedo hacerlo. No puedo entregarme a ti. Lo siento.

-No lo sientes ni la mitad que yo -dijo Anderson en voz baja.

-¿Por qué? ¿Acaso es porque quieres el primer puesto de nuevo antes de graduarnos? -le preguntó Kurt.

-¿De verdad crees que eso es todo lo que me importa? -el tono de Anderson era tenso, sus ojos dorados, brillaban de rabia en la casi total oscuridad de la habitación-. ¿Conseguir el primer lugar en la clasificación antes de irme? -suspiró y se pasó una mano por el cabello-. ¿No te he dicho que ya cometí ese error con Elijah? Le empujé a hacer algo para lo que no se sentía preparado de hacer y mira cómo acabó todo. ¿Por qué crees que no te he presionado durante todos estos meses? ¿Por qué crees que esperé hasta ahora para tocar el tema?

-¿Y si no es eso, qué es entonces? -siseó Kurt con furia-. ¿Qué puede ser, Anderson?... ¿Y bien? Estoy esperando -añadió después de un largo momento de silencio de su compañero.

-¿No se te ha ocurrido pensar que yo quería que te entregaras a mí porque tú lo desearas? -le preguntó Anderson por fin, su voz tranquila y llena de dolor-. ¿Que he estado esperando a que estuvieras preparado para derribar ese muro, para traspasar ese último límite, y confiaras en mí lo suficiente como para dejarte llevar?

-¿Por qué habría de hacerlo cuando me vas a abandonar dentro de tres semanas? -Kurt trató de no dejar que su voz flaqueara en las últimas palabras. Todavía odiaba llorar y se prometió a sí mismo que no iba a llegar a eso, no lo iba a hacer.

-¿Es eso lo que te detiene? -Anderson preguntó en voz baja-. Lo siento, Kurt, no puedo evitar tener que graduarme y que a ti te queden dos años más. Esto casi nunca ocurre de esta manera, por lo general los pilotos y los artilleros están en la misma clase desde el principio. De esa manera pueden tomar una comisión conjunta en la Flota.

Kurt ahogó un sollozo y trató de parecer desinteresado.-¿Es lo que tú y Elijah iban a hacer? -preguntó-, ¿Tomar una comisión conjunta en la Flota?

Anderson se encogió de hombros, el movimiento provocó un crujido en la manta que los cubría. -Hablamos sobre ello, pero nunca muy en serio.

-¿Por qué no? -preguntó Kurt. Lo había pensado varias veces durante los últimos meses, daría cualquier cosa por poder salir de La Academia cuando Anderson lo hiciera y tomar una comisión junto a él. Pero no importaba lo buen artillero que fuera, aun así no podría completar el curso en el tiempo necesario para graduarse con su compañero. Sería imposible tratar de hacer tres años de clases en sólo uno. Kurt sabía que era un buen estudiante, pero no un genio-. ¿Y bien? -le preguntó a Anderson cuando este no contestó a su pregunta enseguida. Su compañero suspiró.

-Elijah provenía de una cultura que creía en los matrimonios de conveniencia. Sus padres tenían a alguien esperando por él y le habían hecho prometer que se casaría con ella justo después de la graduación. -se pasó una mano por el cabello-. Creo que él se había convencido a sí mismo que sólo estaría conmigo hasta entonces, que nuestra relación tenía unos límites definidos. Y después de eso iba a volver a casa y a vivir una vida normal con su esposa, se las arreglaría para tener muchos hijos y olvidar lo que había hecho... lo que habíamos hecho juntos. ¿Es eso lo que quieres, Kurt? ¿Así es como lo sientes?

-¡No! -protestó Kurt al momento. Entonces se acordó de su pensamiento en el salón de pilotos de Needle, que podría volver a la Tierra, y nadie sabría jamás lo que había hecho en la Academia-. Quiero decir, sí... bueno, no lo sé -sacudió la cabeza, incapaz de plasmar en palabras sus sentimientos. Deseó poder explicar cómo se sentía a Anderson. Que él quería entregarse a sí mismo, que quería dar el paso final, pero que estaba asustado. Asustado de que una vez que Anderson se hubiera marchado y el recuerdo de lo que habían significado el uno para el otro fuera solo eso, un recuerdo, empezaría a odiarse a sí mismo por lo que había hecho. Por lo que le había permitido que le hiciera. ¿Y cómo sería capaz de volver a la Tierra y retomar su vida anterior con ese recuerdo en su memoria? Después de todo, besar y acariciar, incluso hasta chupar cada uno la polla del otro era una cosa... pero realmente inclinarse y ofrecerse a sí mismo, permitiendo a Anderson tomarle, clavarle esa gruesa polla sin circuncidar hasta lo más profundo del culo y seguir hasta el final, follarle, eso era otra cosa completamente diferente. Algo que nunca podría olvidar o considerar más que como ser totalmente homosexual. Completamente gay. Y él no estaba dispuesto a pensar en sí mismo de esa manera a menos que la recompensa hiciera que mereciera la pena el dolor. A menos que él y Anderson fueran a estar juntos para siempre. Lo que no iba a suceder, ya que el otro Needler le dejaría en tres semanas. Le abandonaría para volar con alguien más. -¡Solo es que no puedo! -susurró, girándose de modo que le dio la espalda a su compañero-. Blaine, simplemente no puedo hacerlo. Lo siento.

-¿Tienes miedo? -sus cálidos y musculosos brazos rodearon a Kurt por la cintura y Anderson lo atrajo hacia sí-. ¿Miedo de que te haga daño? -besó el cuello de Kurt, su boca caliente contra la sensible piel-. Nunca te haría eso, ojos azules. Yo te prepararía primero. Estarías preparado para tomarme. Preparado para mi polla. Kurt no podía evitarlo, aquellas tórridas palabras y los besos calientes en la vulnerable nuca le hacían estremecer. A pesar de la mezcla de emociones en su cabeza, su polla sabía exactamente lo que quería. Se puso muy dura y palpitante contra su vientre, doliéndose por el toque de su compañero.-Déjame demostrártelo -le rogó Anderson en voz baja-. No tenemos que hacer nada si no quieres, pero sólo déjame que te demuestre como conseguiría ponerte a punto. ¿Me dejarás que te haga al menos eso, Kurt?

La boca de Kurt estaba tan seca que apenas podía contestar. Sabía que debía decir no, que debía separarse de los cálidos y fuertes brazos que se envolvían a su alrededor y del duro eje presionando contra la parte posterior de su muslo, debía irse a dormir, pero cuando separó sus labios, las palabras de rechazo se negaron a salir.-Muy bien -se oyó decir sin aliento-. Pero sólo... sólo un poquito. Y sólo por esta vez.

-Si eso es lo que quieres -murmuró Anderson-. Túmbate sobre tu estómago y eleva tu pierna izquierda.

-¿Para qué? -preguntó Kurt, pero ya estaba haciendo lo que le había dicho. Por difícil que le fuera admitirlo, sabía qué parte de él quería esto, quería abrirse, quería ser follado, pero él no lo dejaría ir tan lejos, se dijo a sí mismo. Absolutamente no. Había pensado que estaba preparado para cualquier cosa, pero se quedó sin respiración cuando sintió algo tibio y aceitoso siendo aplicado en la estrecha entrada a su cuerpo. -¿Qué… qué es eso? -se las arregló como pudo para preguntarle a Anderson cuando éste comenzó a masajear su esfínter.

-Algo para que te humedezca y te prepare. No creerías que te lo haría en seco, ¿verdad? -le susurró el otro Needler al oído.

-Yo no... no sé qué pensar -confesó Kurt.

-Ese es tu problema, que piensas demasiado -la voz de Anderson era profunda y suave mientras sus dedos seguían trabajando en pequeños círculos, aliviando la tensión muscular alrededor de la entrada de Kurt-. Deja de pensar por un rato y relájate -continuó-. Relájate y déjame ensancharte, ojos azules. - Kurt iba a responder, aunque no sabía muy bien lo que le habría dicho, cuando de pronto sintió la otra mano de su compañero en su cuerpo. Anderson estaba acunando su polla, acariciándole suavemente mientras introducía un largo dedo profundamente en el cuerpo de Kurt.

-¡Oh Dios! -Kurt se escuchó a sí mismo gemir sin remedio cuando Anderson añadió otro dedo. No podía creer que estaba en esa posición, no podía creer que él estuviera desnudo y vulnerable, inmovilizado en la cama boca abajo con su musculoso compañero sobre él, acariciando su polla con una fuerte mano y penetrándolo con los dedos de la otra.

-Relájate -murmuró Anderson de nuevo. Frotó el punto dentro de Kurt que le envió un relámpago de puro placer a través de todo su cuerpo y le hizo sentir como si su polla fuera a explotar-. Relájate y déjame prepararte para ser follado, ojos azules. Se retiró por un momento y luego Kurt le sintió de nuevo, extendiendo aún más del tibio y aceitoso gel por toda su entrada. Pero esta vez Anderson empujó tres dedos dentro de él, estirándole casi insoportablemente.

-¡Maldición! -Kurt se estremeció por el repentino dolor, pero no fue capaz de deshacerse del otro hombre, más grande y fuerte. Anderson dejó lo que estaba haciendo en ese mismo instante y simplemente lo abrazó.

-Todo está bien, Kurt -murmuró suavemente-. Todo está bien, ojos azules, no te haré daño. Solo respira profundamente y ábrete un poco más para mí. Mordiéndose los labios, Kurt trató de hacer lo que dijo su compañero. El dolor fue suavizándose cuando algunos de los músculos de alrededor de su entrada se fueron relajando, permitiendo a los tres dedos que Anderson estaba utilizando penetrar un poco más.-Bien -Anderson gruñó en voz baja en su oído-. Así está bien, Kurt. Frotó el punto dentro del cuerpo de Kurt que le hizo gemir y jadear de nuevo y al mismo tiempo le acarició su dolorido eje desde la base hasta la punta. -¿No se siente bien? ¿No te gusta? ¿No quieres abrirte para mí... sentirme penetrándote... follándote? ¿No quieres que te llene con mi leche?

Kurt cerró los ojos y sus manos crispadas aferraron las sábanas. Su cuerpo estaba gritando por decir que sí, por aceptar ese largo y grueso falo profundamente dentro de sí y dejar que Anderson le montara hasta que ambos llegaran a un orgasmo devastador. Pero de algún modo pudo recordar el motivo por el que tenía que decir que no, el hecho de que no habría vuelta atrás desde ahora, no recuperaría lo perdido, una vez que se lo entregara a Anderson.

-Yo… yo no lo sé -jadeó finalmente, tratando de conservar la razón, mientras su cuerpo entero estaba ardiendo por la manera en que su compañero lo estaba sólo... no lo sé.

-Déjame intentar algo.-Anderson se apoyó en él, retiró los dedos lentamente haciendo a Kurt estremecerse.

-¿Qué? -Kurt susurró a través de sus labios entumecidos, inseguro de si debía sentirse contento o quizás decepcionado porque la mezcla de placer y dolor había desaparecido de repente.

-Déjame meter solo la cabeza -murmuró Anderson y antes de que Kurt pudiera protestar, sintió la roma y húmeda punta de la polla de su compañero, presionando suavemente pero con insistencia contra su entrada-. Déjame mostrarte lo bien que se sentiría el ser follado. Sólo un poco.

-¡Espera! -dijo Kurt sin aliento, de repente inseguro-. ¿Cómo?, ¿cómo sé que eso es todo lo que harás?

-Porque te lo dije, nunca rompo una promesa -murmuró Anderson, mordiendo gentilmente la nuca de Kurt, como si estuviera reafirmando su dominio-. Ahora relájate y ábrete para mí, Kurt -mientras hablaba, presionaba la amplia cabeza de su polla lentamente en el cuerpo tembloroso de Kurt, abriéndole, poseyéndole, follándole...

-¡No! -un rayo de pánico zigzagueó a través de él cuando Kurt se dio cuenta de lo que estaba sucediendo. Su compañero iba realmente a penetrarlo con su polla, no mucho, pero sería suficiente. Lo suficiente para que él jamás fuera capaz de olvidarlo y pretender que jamás había ocurrido. Lo suficiente para que el recuerdo y el anhelo de más le envenenaran por el resto de su vida cuando Anderson desapareciera de ella-. ¡No! - jadeó de nuevo. El miedo le dio la fuerza para poder escabullirse por debajo del otro hombre, más grande y fuerte, y de repente estaba al lado de la cama, en medio de la oscuridad, jadeando y temblando como si hubiera corrido un maratón-. No -dijo de nuevo-. No, no puedo. No puedo permitírtelo.

-Lo siento -Anderson también respiraba con mucha dificultad y la frustración y la necesidad eran claras en su voz profunda-. Lo siento si te empujé demasiado, Kurt. Yo sólo... maldita sea. Es solo es que te deseo tanto. Respiró profundamente y se tumbó en la cama, golpeando suavemente la zona del colchón que estaba libre a su lado.-Vuelve a la cama, hablemos.

Kurt se quedó allí por un momento, tomando respiraciones profundas y desiguales y tratando de pensar qué hacer. Quería -su cuerpo quería- volver a la cama. Sumergirse en el abrazo de su compañero y respirar el olor almizclado de Anderson. Quería besarle y tocarle, abrirse de piernas y darle a su compañero lo que él quisiera... « ¡No! » Kurt sacudió la cabeza, intentando desterrar aquellos pensamientos traidores. «No, si vuelvo a la cama con él, estoy perdido. Podría muy bien inclinarme sobre el colchón y rogarle que me folle aquí y ahora, si lo hago

-¿Kurt? -Anderson sonaba preocupado ahora-. Escucha, te dije que lo sentía ¿Podrías regresar ahora a la cama?

-Lo siento -Kurt podía oír el temblor en su voz, pero no podía controlarse-,pero... pero necesito una ducha. Tropezó dentro del cubículo de la ducha, con piernas que sentía como palillos y giró el termostato hasta que una ráfaga de agua helada salió a chorro por la ducha. Se obligó a sí mismo a permanecer bajo el agua fría hasta que su testaruda polla se hubo desinflado y hasta que el más simple y elemental atisbo de deseo de dejar que su compañero le follara, fuera completa y despiadadamente erradicado.