De antemano, gracias por sus comentarios~
—Bajo la cloaca 4—
Expediente: Hayama Kotarō
Midorima rompió la copa de cristal por la fuerza de su mano, la sangre fluyó y gota a gota cayó al suave alfombrado de su habitación. Nijimura Shūzō había sido eliminado como era necesario, pero la libertad de Sakurai Ryō lo había tomado por sorpresa. La policía había registrado su casa principal hace menos de tres horas.
Las paredes lo asfixiaban, no estaba en sus planes a vivir como fugitivo en soledad. No perdería él, lograría llevarse consigo tanto a Himuro como a Takao, no los dejaría después de tantos años planeando cómo obtenerlos a los dos. El final no llegaría en contra de él.
Akashi entró a esa pieza y le retiró los trozos de cristal incrustados. Su mirada se había convertido en una gélida pared de hipocresía, pero la culpa crecía cada vez más sobre sus hombros. Había ido a innumerables funerales, en muchos de ellos él había sido el responsable de la muerte. Mirar a los ojos a la familia y fingir el pésame le había bastado para aceptar el erróneo camino que había tomado, pero del cual no tenía opción de salir bajo buenos términos.
—No sería adecuado una infección en estas condiciones —susurró Akashi, mientras vendaba la herida. Tenía un botiquín en su regazo—. Tranquilízate, Shintarō.
—No estaremos aquí por mucho tiempo en serio —contestó.
—¿Irás a buscarlos? —preguntó. Seijūrō partió con cuidado la cinta con los dientes y pegó el algodón a la abertura—. Te estará esperando.
—No lo sé, pero no me daré el lujo de quedarme con los brazos cruzados —respondió y retrajo su brazo de un tirón no dejándolo terminar—. En serio estoy bien, lárgate.
El botiquín se quedó sobre la cama y Akashi se retiró del cuarto sin replicar, la cabeza le pesaba tanto como Midorima. El fin para la organización se estaba acercando y su alrededor se convertía en un caos.
Fue a la sala y encendió el televisor, el único programa que veía todas las noches era el noticiero de las diez. Se sentó en el sofá principal y esperó paciente algún dato que sea de interés, pero en vez de eso se distrajo con el llamado de su padre. El celular vibraba insistente, Akashi contestó y alejó el parlante de su oído.
—¡¿Estás involucrado en una mafia de narcotráfico, Seijūrō?! —Masaomi gritó nuevamente al no tener una respuesta de su hijo— ¡Contesta!
—No sé de lo que me estás hablando, pa-… dre…
Akashi empalideció al ver su fotografía en la pantalla junto con muchos otros rostros que estaban siendo buscados por la policía federal japonesa acusados bajo los cargos de narcotráfico directo. El celular resbaló de sus dedos ante la impresión.
—Shintarō… ¡Shintarō! —Akashi lo llamó.
Midorima temió encontrarse con sus predicciones, pero eran ciertas. Su nombre, foto e identificación aparecían en el noticiero como el nuevo líder de la antigua banda caída de narcotráfico. El tiempo se estaba agotando, tenían que huir también de ese hotel. Tomaron lo necesario y salieron por las escaleras externas sin ser vistos. Esconderse era su única opción por el momento.
En la estación de policías, los dos investigadores a cargo del caso terminaron de ver el noticiero completo, el canal había acatado la orden al pie de la letra. No se había mencionado la principal conexión que tenía Midorima con la pornografía. Todo debía quedar como una persecución extensiva sobre el narcotráfico japonés.
Sakurai desvió la mirada, deseaba con todas sus fuerzas cerrar pronto ese círculo y estaba orgulloso de haber declarado en contra de todos esos criminales, pero temía.
La única manera que encontró de encubrir a Himuro fue desuniéndolo por completo de la organización de pornografía, que había hecho crecer Shintarō a gran escala en complicidad con Hanamiya y Nijimura. Tampoco había hablado de Hayama, ni de Takao; eran nombres no necesarios de mencionar, aunque Kagami cada cierto tiempo lo observaba con suspicacia por las declaraciones ambiguas de esos días.
—Ryō, es necesario que descanses —dijo Daiki dándole unas leves palmadas en la espalda—. Mañana te recogeré para continuar.
—Lo sé y gracias por tenerme paciencia, Aomine-san —susurró el castaño. Apretaba las manos por el nerviosismo.
—Vámonos, hoy se quedará un compañero mío contigo. —El moreno se levantó del asiento, Sakurai tenía protección policial las 24 horas del día.
El castaño se despidió de Kagami con una reverencia. El pelirrojo le extendió una mano y lo apretó fuerte, sospechaba del 50% de sus palabras por lo tenso que Ryō había estado durante los interrogatorios. Respuestas muy pensadas y pausadas, aunque Aomine lo excusó: "Él siempre ha sido así, tranquilo, él no es nuestro enemigo".
Taiga suspiró y rebuscó en el escritorio encontrando su MP3 entre los papeles. Aún quedaba un área sin resolver y que involucraba directamente a Himuro Tatsuya.
La muerte de Kise seguía siendo un misterio; en su momento, nunca había señalado a su hermano como principal sospechoso por verlo destrozado el día del entierro y los subsiguientes. Sin embargo, con todos los acontecimientos recientes, sospechaba que lo ocurrido con Kise Ryōta no había sido una muerte producto de un ajuste de cuentas por parte de la casa de prostitución ilegal, fundada por el ex líder del narcotráfico Genta Takeuchi.
—Midorima está ahora a la cabeza de esa organización —dijo encerrando en un círculo la ex casa de citas que habían clausurado hace meses—, pero no cometiste el mismo error que Genta. Eres más discreto… pornografía en la Deep Web.
Las hermanas Kise habían salido ilesas en la persecución de ese día, pero ambas chicas como también la familia se habían mudado al extranjero días después del entierro de Ryōta. "Nuestro hijo murió por culpa de su negligencia", dijo la madre aquel día que la buscaron en su casa para darle el pésame.
—Debí haber interrogado a Tatsuya. —Reiteró culpándose por no haber sido sensato. Sobrepuso la relación de amistad sobre su trabajo—. Hubiera sido lo más atinado.
Himuro Tatsuya no tenía expediente policial, ni había sido acusado de algún cargo, ni siquiera de accidente de tránsito. Todavía a Kagami le costaba reconocer que su hermano tal vez sea un asesino, pero sospechaba gracias a las declaraciones que había dado Kotarō el día de copas.
—Tod era Kise, no hay duda —murmuró. Taiga tomó la foto de su ex amigo y la puso sobre el rostro de Kazunari—. Tú eres el siguiente a su cargo, pero él…
Esta vez sostuvo la fotografía de Hayama Kotarō unos largos minutos, ese chico tenía la historia detrás del asesinato de Kise Ryōta. Tanto para Kagami como para Aomine era importante cerrar con ese misterio y atrapar al verdadero responsable.
—Midorima es la pornografía, Tatsuya los juegos sadomasoquista. —Repitió otra vez sin encontrar la conexión directa—. Definitivamente Sakurai está ocultando algo.
Genta jamás reconoció ser dueño de esa casa de citas como tampoco admitió el delito de haber mandado a matar a Kise Ryōta y Kagami le creyó desde el principio, porque la captura policial había sido perfecta con respecto al tráfico de droga. La clausura de la casa de citas se llevó como un anexo más de dicha investigación precisamente para proteger a Kise de una venganza. El título mismo del archivo del caso lo confirmaba: "Narcotráfico – Genta Takeuchi".
Hubo más de 20 narcotraficantes caídos y ninguno declaró haber conocido a Kise en alguna circunstancia. Eso le daba a sobrentender muchas cosas, Kise estaba envuelto en la misma organización de sadomasoquismo que Hayama —de forma voluntaria y bajo uso de razón—, pero eso no justificaba su muerte. Himuro no lo mataría a menos que tuviera una conexión directa con el narcotráfico.
—Midorima era el dueño de la casa de citas, —Kagami concluyó después de horas metido en el mismo tema—, él metió a las hermanas de Kise por conclusión. Kise no tenía problemas con ese tipo de gente, entonces el daño tendría que haber sido por Tatsuya… lo quería perjudicar —susurró—, pero por qué.
Una de las mejores hipótesis que había hecho al unir directamente los tres casos: narcotráfico, pornografía y sadomasoquismo. Un bando "legal" de juegos sados dirigido por Tatsuya, como el caso de Kise, Hayama y Takao, y uno ilegal anexado a la pornografía fundado por Midorima —narcotraficante— en donde se encontraba el caso de Sakurai. El punto de discordia: Midorima y Himuro/Kise.
A primera hora de la mañana, Aomine llegó a la jefatura y no se asombró de encontrar a Kagami durmiendo en la sala de investigación. El pelirrojo estaba envuelto con varias carpetas sobre la mesa. Daiki se quitó la casaca y observó en silencio las marcas que había hecho su compañero; mientras que, Kagami se despabilaba de la siesta que no supo cuándo comenzó, el ruido lo había levantado y era mejor despertar.
—Hay algo importante que tengo que decirte, Aomine —dijo y apretó los párpados unos segundos—. ¿Recuerdas a Tod?
—Sí, Hayama lo mencionaba una y otra vez como el mejor amigo —contestó. Kotarō había sido bastante vago en información aquel día—. ¿Por qué? ¿Sabes quién es?
—Cuando lo llevé a mi casa, él me contó más sobre Tod y caí en cuenta que… —Taiga se sobó el rostro con las manos antes de suspirar—. Sé que debí decírtelo, pero me rehusaba a creer que mi hermano podría ser un asesino.
—¿De qué diablos me estás hablando?
—Tod era Kise —declaró. Daiki contuvo el aire—. Kise nos estuvo mintiendo también, él era parte de la misma organización de sadomasoquismo que Hayama, pero…
—Kise. —Aomine repitió tratando de controlar su enojo—. Sabías que Tod era Kise y no me-… —El moreno guardó silencio un momento—. No sé en qué mierda estás pensando, Kagami, pero yo sí quiero resolver esto.
—Yo también, Aomine —contestó de inmediato—, y te diré que la razón por la cual Kise nunca nos dio datos exactos era porque él estaba metido también en eso.
—Kise no era un criminal.
—Yo no te he dicho lo contrario, pero piensa —dijo lanzándole la carpeta del caso archivado de su ex amigo—. Justo en esa época dejó de hablar con Tatsuya, se alejó de él con la excusa del estudio cuando tú y yo sabemos que no fue así.
—Si fue así, es porque tu hermano le lavó el cerebro.
—Kise estaba bien grande, Aomine. —Kagami defendió a su hermano de forma involuntaria—. Él siempre supo a qué hueco se estaba metiendo y si raptaron a sus hermanas fue porque él mismo se lo buscó.
—¡Cállate!
—Hanamiya Makoto —dijo tirándole el expediente de ese tipo—, él estaba en la casa de citas aquel día, lo soltamos por ser simple cliente. Nijimura Shūzō, de igual forma ¡¿Qué me dices de Imayoshi Soichi?!
—¡Kise no fue el culpable, Kagami!
—¡¿Entonces por qué mierda se metió a esa cloaca?! —Gritó. La cabeza le explotaba de tantas intrigas— ¡Kise nunca fue sincero con nosotros, Aomine!
—¡Por culpa de tu hermano! —contestó—. Kise estaba ciego de amor por el imbécil de Tatsuya y seguro nunca nos comentó de ese anexo precisamente para encubrir las porquerías a las que le gusta jugar a-…
—¡Eso no es ilegal! —Kagami lo interrumpió—. Kise fue el responsable de su propia desgracia y si no me crees, busca el nombre "Tod" en la página Diario de Sumisión, solo la encontrarás en la Deep Web.
Kagami destrozó la cesta de basura de una patada antes de salir de la oficina. Aomine trató de detenerlo, él se negaba a creer la verdad detrás de la alegre sonrisa de Kise Ryōta. Forcejearon, varios asistieron a separarlos para evitar golpes entre los dos únicos que tenían la posibilidad de acabar con ese caso.
Los ruidos cesaron con dos disparos a las lunas de la sala de interrogación, su jefe había terminado los asuntos pendientes con el departamento legal. Para él, no había momento para enemistades. Kagami fue el elegido para informar los nuevos detalles de la investigación. Su jefe lo escuchó y concordó en una gran parte con la postura del pelirrojo. Kise Ryōta no era un santo ni una víctima —como Sakurai—, él mismo se había labrado el destino con sus propias manos; pero tampoco pretendía dejar un caso de asesinato al aire si el responsable aún estaba en las calles.
—No interesa si fue responsable de su propia desgracia, par de nenas, dedíquense a investigar quién lo asesinó. —El superior guardó su arma—. Dejen aparte la vida personal, demuestren profesionalismo.
—Kagetora-san —susurraron a la vez.
—Analicen, son buenos en eso cuando algo les interesa, ¿no? —dijo, sacó un cigarrillo y lo prendió frente a ellos—. Busquen lo que necesiten.
Ambos detectives se miraron, se habían dejado llevar por el lazo de amistad que cada uno tenía con los acusados. Kagami suspiró y prometió no mezclar más lo sentimental con lo laboral, igual hizo Aomine después de unos minutos en silencio.
Aida entró a la sala de investigación y buscó un archivo en específico, al encontrarlo se lo tiró a Kagami; era el fólder con los documentos de Hayama Kotarō.
—Cejitas será, a partir de ahora, el único encargado del colmillo —dijo Kagetora sin lugar a reclamos— y, ganguro, a la calle. Hay muchos criminales sueltos, no te des el lujo de quedarte aquí.
El moreno acató la orden con desdén y empujó a Taiga al irse. Iba a empezar por ir a seguir a Himuro Tatsuya. Para él, era el primer sospechoso después de lo que había dicho Taiga. De los narcotraficantes, de una manera u otra, los policías distritales se estaban encargando de rastrearlos.
Kagami bajó hacia el estacionamiento y sacó su camioneta, dentro de ella todavía estaba la casaca de Kotarō. Una chompa de color verde militar que asentaba los ojos verdes del muchacho. "¿Cómo es que terminaste así?", se preguntó por enésima vez. Quizás saber el pasado de Kotarō, no ayudaba en nada a la investigación. Sin embargo, tenía la certeza que, a través de la confianza, llegaría a datos de relevancia para Aomine y un apoyo verdadero para Hayama.
Iba a tirar su MP3 al asiento del copiloto, pero lo reconsideró. Era mejor escuchar de nuevo los audios que había conseguido gracias al link de la Deep Web que Hayama le había dado en su estado de ebriedad para confirmarle su buena destreza como un sumiso de primera línea. Taiga se colocó los audífonos y comenzó la reproducción.
[ Día 1 — Hayama Kotarō aquí en la línea: ¡Ho-hola! Es mi primera vez aquí en este canal. Mi nombre es Hayama Kotarō, pero mis compañeros de béisbol me dicen de cariño "Ko-chan", en otros lugares me llaman "Hayama", aunque me suena un poco seco… Y algunos confianzudos, como yo, me dicen solo "Kotarō", a secas. No sé por qué digo esto si… Bueno, Tatsuya-san me dijo que me creara un nuevo nombre y me demoré como tres semanas en escogerlo. ¡Es genial!; ¡Es novedoso! ¡Dice todo de mí! ¡Me llamaré Lowen! Para quienes no lo sabes, Lowen es una palabra alemana que significa… que significa… ¿Qué significaba? Un momento, no te cortes. —El niño giró la cabeza hacia la puerta abierta—. ¡¿Tatsuya-san, qué significaba Lowen?! Ahorita me responde… ¡¿Tatsuya-san?! ¡Oh, viniste! —dijo al ver a su apoderado entrar—. Mira, estoy haciendo mi videograbación. ¡¿A que está de lujo?! ]
[ Sí, Kotarō… Recuerda que debes expresar todo lo que pase por esa cabeza tuya. Absolutamente todo. Cada emoción, acción o situación que estés viviendo. ]
[ ¡Entendido! Eso mismo estoy haciendo, estaba presentando mi nombre… ¿Qué me dijiste que significaba Lowen? ¿Perro? ¿Gato? No, ese era Katze. ]
[ Kotarō, mírame. Löwen, no Lowen. Löwen, significa león. ]
[ ¡OK! Löuwen, ese es mi apodo Löuwen. ¿Genial, no? ¿No? ¿No? Voy a usarlo de ahora en adelante —dijo emocionándose más y se despidió de Himuro que de nuevo se retiraba— ¡Hasta luego, Tatsuya-san! ¡Espera, ¿qué va a ver de comida? Me ruge la tripa… —Himuro respondió brevemente— ¡Oh! ¡Va a ver tallarines! ¡Amo los tallarines con albóndigas! ¡Me despido aquí! Nos vemos luego~. ]
[ Día 7 — Hayama Kotarō aquí en la línea: Hola, es Löwen de nuevo. Hoy voy a presumir sobre mi casa, es bastante grande. En realidad es un edificio ¡Y vaya edificio! Aquí está ahora mi nuevo hogar y mi nueva familia, aunque haya gente muy rara. La otra vez vi a uno de esos gorilas darle de látigos a un chico en un cuarto. ¡Fue horrible! No le he dicho nada a Tatsuya-san, él me prohibió entrar a esa zona. ¡Pero yo siempre me salgo con la mía! Así él no lo sepa… aunque me siento mal, no debería engañarlo ¡Chispas! Bueno, también… Eh... Esta cabeza de pollo mía, había algo más que debía decir ¡Ya-ya! En una semana dice la "mesa directiva" que me asignarán un maestro personalizado las 24 horas del día, los siete días de las semanas, los 30 días del mes, los 12 meses del año y más —dijo finalmente aspirando una gran bocanada de aire—. ¡Ay, casi me quedo sin aliento! Por ahí escuché, que quizás mi profesor sea Nijimura-san. Es un chico alto, se parece mucho a Tatsuya-san… Pero su carácter es distinto ¡Muy distinto! No sé, las veces que he hablado con él eso me ha parecido. Me pregunto si será buena gente, porque a mí no me gusta que me estén gritando ni ordenando como si fueran mis dueños. Aquí al único que le hago caso es a Tatsuya-san porque es mi papá postizo. Los demás son… son… ¡son los demás y ya! Dicho esto, si me disculpan, aunque igual me iré si no me disculpan… Me iré a llenar la panza, hoy la especialidad es ¡pollo apanado! ]
[ Día 14 — Hayama Kotarō aquí en la línea: ¡Hola! Hoy solo vengo a hacerles un anuncio importante. Yo Hayama Kotarō paso a ser, por voluntad propia y con uso de mis… De mis… ¿Cómo era? Un momento, por aquí traje el papel, no me lo estudié, pero no se lo digan a Tatsuya-san. ¡Aquí está! Con uso de mis facultades metales… No, no. Ya, empezaré de nuevo. Tatsuya-san dijo apropiadamente… Yo Hayama Kotarō paso a ser, por voluntad propia y con uso de mis facultades mentales, propiedad enteramente de la organización que me usará para fines de enseñanza y adiestramiento. Mañana a las… uno, seis, dos puntos, cero y cero, un amo me tomará como su aprendiz. Cambio y fuera. ]
[ Día 28 — Löwen: Hola, hoy no diré mucho. Lo siento, no pienso bien cuando tengo dolor. Mi amo me hizo moratones en la espalda por contestarle mal, me dio con la correa más de cinco veces. Yo no hice nada malo, no quería comer espárragos… no me gustan los espárragos. Dice que yo debo aprender a comer todo lo que me ponen en el plato… Quise ir donde Tatsuya-san, pero mi amo me dijo que nunca más lo volvería a ver. Yo lo extraño —susurró con los ojos llenos de lágrimas—, ya no quiero jugar esto… quiero volver con él… ]
[ Día 56 — Löwen: Hola, hoy tengo una muy buena noticia. Mi amo me matriculó nuevamente en la primaria. Pasé un examen para el cual estudié días enteros sin salir de mi habitación. Mi amo dice que es necesario que me instruya, Tatsuya-san también opinó lo mismo cuando me lo encontré en el edificio. Me abrazó muy fuerte, estaba con Tod. Me enteré que Tatsuya-san y él son… ¿Novios? Así se les dice a dos personas que sienten amor una por la otra. No sé exactamente cómo, pero eso me explicó mi amo. Yo solamente les deseó muchas alegrías… ]
Después de recorrer varios kilómetros, Kagami estacionó en el gran edificio amarillo pastel. Condominio de protegidos por la Policía Federal Japonesa. En esas cuatro paredes, Hayama Kotarō estaba a salvo y nadie lo encontraría. Se quitó los audífonos y dejó el MP3 en el cajón del auto, los audios siempre lograban perturbarlo.
Kagami saludó a la portera después de mostrar su place de identificación y subió por el ascensor al cuarto número B703. Primero intentaría tocando la puerta, si no obtenía resultados, utilizaría la llave que le había sido proporcionada.
—¿Hayama? —preguntó después de dar leves golpes a la madera—. Hayama, soy Taiga. Kagami Taiga.
—Déjame solo —escuchó—. No voy a decir nada que perjudique a mi familia.
—¿En serio crees que son tu familia?
El pestillo de la puerta se abrió segundos más tarde y Hayama se dejó ver el rostro, tenía grandes ojeras. Sus ojos rojos demostraban que había estado llorando otra vez, a pesar de estar más de un mes en terapia.
—Oficial… Kagami Taiga —dijo enojándose—, las familias tienen derecho a equivocarse, ¿acaso la suya es perfecta? —preguntó con el ceño fruncido.
—No lo sé, mi familia está en otro continente —contestó inalterado—, pero creo que familia le deberías llamar a tu madre, no a ellos.
—A ella no le importo.
—¿Crees eso? ¿Entonces por qué te recibe con los brazos abiertos?
Hayama no respondió. Quitó el pestillo y lo dejó pasar a su pequeño departamento. Las cosas estaban desordenadas, la cama desarreglada y las cortinas corridas. La única luz era de una pequeña lámpara que estaba encima de la mesa. Poco brillo para el gusto del pelirrojo, quien prendió la luz sin consultar.
"Mi madre no me quiere", repitió en su mente Kagami. Esas palabras se las había dicho la psicóloga. Oración carente de verdad, pero el auto convencimiento y muralla de la mente le impedía a Hayama reconocer el amor que le intentaba dar su madre. "Nadie me quiere en realidad", otra frase clave. Su necedad y no reconocimiento de un verdadero acto de amor debido a las constantes palabras de odio de su padre en la infancia.
Kotarō se subió a la cama y abrazó la almohada como todos los días, no quería pensar en nada que lo atormentara. Había estado por semanas flagelándose con la mente y no había llegado a ninguna respuesta. Estaba perdido. No tenía nada, no sabía quién era o qué significa ser amado porque ni él mismo tenía la capacidad de definirlo.
Taiga optó por suprimir la investigación por unas horas y jaló una silla, se sentó para sentirse más cómodo al narrar su historia. Hayama lo escuchó con interés, se le veía en los ojos su curiosidad por saber. Como un niño pequeño de seis años al descubrir un nuevo mundo. Kagami le contó sobre su madre, una mujer arribista que nunca tuvo un solo gesto amoroso con él. Los problemas que persistieron por muchos años terminando por destruir la familia, en un principio, convencional.
—¿Ella lo golpeaba? —Hayama se animó a preguntar—. ¿Había violencia?
—No, mi padre jamás lo hubiera permitido, Hayama —contestó. Kagami sacó su billetera y la puso encima del mueble al igual que su arma—. Es un gran tipo, algún día te lo presentaré. Seguro le caerías bien.
—Kotarō, dígame Kotarō.
El sonido de un celular interrumpió la conversación, Hayama no se inmutó. Hace días que Tatsuya le timbraba, ya no le sorprendía escuchar ese tono por unos cinco o diez minutos hasta que se aburriera de permanecer todo el tiempo colgado. Kotarō se rascó la nuca y miró a Kagami avergonzado. Aún al haber sido un sumiso por casi mitad de su vida, le avergonzaba pedirle a él ese tipo de cosas.
—¿Podemos jugar un poco? —preguntó—. Solo un poco… lo necesito. Me siento solo y… no necesita golpearme tan fuerte.
—¿Ya te olvidaste de Miyaji? —cuestionó para desviar el tema, aunque intuyó que por esa razón, únicamente por esa razón, Hayama le había abierta la puerta.
—Lo sigo amando, pero él nunca se fijará en mí. Siempre estará atrás de Takao, no importa. Estoy acostumbrado al amor unilateral —dijo encogiéndose de hombros.
Su aún corta vida se oía triste o Kagami no sabía exactamente cómo interpretar sus palabras, pero había algo que debía controlar en ese momento. Kotarō se le acercó demasiado. Se trepó encima de él y trató de besarlo como aquella noche de copas. Kagami no quería empujarlo; si hacía eso, Hayama pensaría que quería jugar. Lo más atinado era salir de ahí, pero no hizo precisamente eso al caer en sus provocaciones. Terminó echándolo en la cama otra vez.
—¿Por qué me trata así? —preguntó minutos más tarde. Kotarō estaba a un lado de la cama abrazando la almohada con un mohín en los labios—. ¿Me está castigando?
—No… se le llama hacer el amor ¿Nunca lo has hecho?
—¿Cómo va a hacer amor? ¿Me cree idiota? —Hayama se enfadó.
—No, es… ¿No sabes qué es? Se dice eso cuando dos personas, eh… es cuando dos personas tienen relaciones sexuales con sentimientos encontrados.
—¿Y eso es un castigo?
—¡No! No es un castigo. —Kagami contestó alterándose—. Es- es una acción que se hace por amor. Cielos, resultaste ser más idiota que Aomine.
—¿Me está diciendo que yo siento amor por usted? —Hayama arrugó la nariz—. Yo amo a Miyaji-san, usted es… es…
—Ya me tengo que ir. —Kagami se levantó de la cama y recogió sus pantalones del suelo—. Hablamos otro día
—Espere, no quise sonar apático —murmuró—. Perdóneme, por favor. Castígueme si lo cree necesario. No debí contradecirlo, perdón.
—No te pienso golpear, ya te lo he dicho. Y no sé cómo puede ser un castigo si al final lo terminas disfrutando —contestó—. Eres toda una contradicción, no sé ni para qué me molesto en preocuparme por ti.
Hayama no lo retuvo más tiempo, lo vio irse como en otras ocasiones. Taiga era el único que lo visita sin razones aparentes: no investigación, no fuente de información, no preguntas incómodas. La mayoría de veces simplemente quería confirmar que estaba de mejor ánimo. Kotarō sonrió y se rascó los cabellos de la nuca. Un mensaje llegó a su celular, lo leyó quedándose inmóvil.
Himuro Tatsuya: "No cometeré el mismo crimen contigo, Kotarō. Ya te encontré y lo primero que haré es sencillo, te escucharé y asumiré tus reclamos si son necesarios".
En la puerta del edificio policial, una camioneta verde militar se había estacionado a unos cuantos metros del vehículo de Taiga. Himuro se quitó los lentes de sol y observó a su hermano salir del lugar, había encontrado lo que necesitaba.
Gracias por leer~
Siguiente actualización: 05/09
