CAPÍTULO 20: Ecos de derrotas

"Una derrota peleada vale más que una victoria casual"- San José de Martín

Las calles estaban repletas de ciudadanos que gritaban de alegría. La guerra había acabado, la guerra definitiva que acabaría con todas. Himnos marciales se oían en todos los rincones mientras que los soldados saludaban a la población mientras desfilaban en milimetrada formación. Confeti y pétalos de rosas llovían desde las azoteas de los rascacielos de reciente construcción en Kalm. La formación primero la abrían los escorpiones mecánicos que caminaban acompasados, a estos le seguían las numerosas tropas de infantería regular. Después la guardia de élite escarlatiana, seguida por una lujosa mako limusina desde la que escarlata, rodeada por los nuevos turcos, saludaba a la población. Detrás, los poderosos blindados que eran capaces de disparar haces de energía Mako pura. Luego venían las pintorescas divisiones de chocobos montadas junto con los portaestandartes, las artillerías mako y cerrando el desfile, los colosos mechas basados en el modelo que pilotó Escarlata para acabar con Avalancha personalmente. Y mientras tanto en el cielo, cientos de cazas en formación, seguidos de lentos pero poderosas fortalezas volantes experimentales llamadas "Vientonegro".

En pocas palabras, que la población estaba recibiendo el espectáculo de sus vidas mientras que el ego de Escarlata crecía de manera exponencial.

"Al fin, la victoria, ¿eh?" dijo Rude eufórico a Reno. Ellos también ocupaban un lugar de honor en el desfile, junto a la todopoderosa "guía escarlata", a bordo de su limusina oficial. "Rude... ¿sabes qué? Que me gustaría que Elena estuviera aquí para verlo." Dijo Reno de manera cortante. La expresión de Rude se amargó. "Sabes tan bien como yo que yo..." "lo sé, Rude, lo sé, recibías órdenes y yo habría hecho lo mismo en tu lugar. Pero aún así..." "Shhhh, calla" le dijo Rude. "Bueno, mis fieles. Como podréis ver, apostásteís por el caballo ganador" dijo Escarlata sonriente. Quién lo iba a decir cuando se escondían en un tétrico búnker de la época pre - Rufus. "Así es" dijo Reno forzando una sonrisa. "En fin, espero que os divirtáis hoy, os lo tenéis merecido" dijo Escarlata con una adorable sonrisa. "Eso intentaremos. Hemos de celebrar que por fin se acabó la guerra y que nunca más volverá a haber otra" dijo Rude. "Eso... está por verse querido" susurró Escarlata. "¿Cómo? Es imposible que haya otra... ¿no? El imperio abarca TODO el planeta, toda la alianza disidente está destruída, sus ejércitos, muertos, sus ciudades, tomadas una a una: Nibelheim, Corel, Mideel, Wutai..." "Nunca des nada por sentado. Pero sí, disfrutad ahora de la paz." dijo mientras se giraba para saludar a la multitud.

"Oigo ecos extraños, que imploran mi nombre..." pensó. "Qué sensación, más bizarra... como si regresara de un sueño... ¿por qué he nacido sin madre?" pensó. "Te oigo, te siento, te huelo... ¿qué eres? ¿quién eres?" "¿por qué tanto miedo? ¿por qué tamaño rencor?... no, no, no... ¿por qué hice eso?" "Mi enemigo. Ah, ya comprendo qué ocurrió, por qué estoy aquí. Qué fuerza, qué odio, qué dos cualidades innatas en semejante marioneta..." "¿cuál es mi propósito? ¿Uber Ich?" "destino. Uno. x

Obedecer".

"Al fin... se dijo Nimrod". Las constantes vitales así lo indicaban. Cientos de luces enfermas tiliteaban en el firmamento de policloruro de vinilo del laboratorio. Luces que repetían una y otra vez el mismo mensaje. Ambos Sefirots se estaban despertando. "Lo he conseguido se dijo "soy un genio" sus ojos centellearon. Había sido cuestión de una semana que alcanzaran su desarrollo completo mediante el tratamiento de maduración acelerada mediante Mako. Incluso habían podido desarrollar uñas y pelo, cosa que Nimrod no se esperaba. Y allí estaban. No uno, sino dos gloriosos generales de tiempos remotos, flotando en el líquido amniótico. "Atención, sujetos saliendo de la fase REM" dijo una voz digitalizada. Un extraño vapor salía de los conductos negruzcos de escape, tal era la energía que despedían ambos cuerpos. Los soldados que guardaban el laboratorio miraban todo eso con aprehensión. "COnsciencia en 20 segudos". Él, Nimrod, debería dar el impulso eléctrico que les despertara definitivamente, que les inculcaría la última parte necesaria para su buen funcionamiento: sus recuerdos. Era una pena que Escarlata estuviera ahora demasiado ocupada en regocijarse en su victoria para ver esto. Su nueva generación de soldados.

Todos estaban durmiendo. Vicent miró a sus compañeros. "Gracias por todo, pero aquí se dividen nuestros senderos." pensó. Sacó sus notas y las repasó. Comprobó su equipaje. Estaba todo, incluído los dólares que había tomado prestados "se los devolveré en cuanto pueda" se dijo. Por último, se llevó las manos a los costados. Sí, sus dos fieles pistolones estaban en su sitio, así como su munición. "Vamos". La noche era omnipresente, y se filtraba hasta los pasillos parcamente iluminados por bombillas de 40 vatios. Sigiloso como una sombra, se deslizó por las escaleras, normalmente chirriantes pero para sus experimentadas pisadas, silenciosas. Llegó hasta la salida. Se aproximó a la puerta con suavidad y... se dio de bruces contra una figura. Ya se disponía hecharse a un lado cuando le reconocieron. "¿Vicent? ¿Pero qué haces despierto a estas horas?" le preguntó una anonada Erika. Este desvió la mirada "¿Qué haces TÚ despierta a estas horas?" interrogó este. "Yo cuando estoy nerviosa y no puedo dormir, suelo comer algo, y como aquí no hay servicio de habitaciones había decidido irme al Q-mart y comprar un helado ¿quieres?" le ofreció la chica. "Eh... no, no gracias, yo... iba a salir a tomar el aire, me conviene" dijo escuetamente. "Sí, te han enseñado a mentir muy bien en la CÍA pero por allí detrás veo tu equipaje. ¿A donde ibas?" preguntó Erika inquisitiva. Vicent apartó la vista. "Yo... iba a... irme. Sin vosotros" "¡¿Qué?! ¿Pero por qué?" exclamó Erika. "Shhh, baja la voz. Acompáñame y te lo explicaré" salieron a la sombría calle, donde sólo se oía un ruido de tráfico apagado y una televisión que sonaba distante. "Yo... mira Erika. Te diré cual es mi objetivo, pero sólo si me dejáis marchar" dijo Vicent. "No. Oye, estamos en el mismo barco, somos amigos ¿no? de manera un poco extraña pero amigos al fin y al cabo... no nos puedes dejar así" clamó Erika. Vicent bajó la cabeza, un tanto avergonzado. "Yo... verás. Viajé a este mundo, no movido por el afán de ayudar al mío a librarse de la amenaza escarlata. Sino... por algo más personal..." "o egoísta, según se mire" dijo ella sin ninguna diplomacia. "Sí" Vicent tragó saliva "hablas de manera dura pero certera. Yo viajé hasta aquí por... venganza. Por eso me enfadé tanto cuando Yuffie localizó mi fotografía.... yo vine aquí por Hojo. Yo... sabía que estaba vivo. Aún cuando le vi caer derribado por mis balas." "pero eso... es imposible... nadie puede resucitar, ¿verdad?" preguntó Erika. "Y no se puede. Ni Aeris ni Hojo lo hicieron. Es tan sólo que las células Cetras pueden entrar en un letargo similar a la muerte y volverse a activar cuando se cambia de fase... cuando se salta de una dimensión a otra. Es por ello por lo que Hojo se inoculó células ancianas mutadas con Mako. Para poder garantizarse una vida cuasi eterna. El muy perro tenía ya un dispositivo de salto similar al mío, probablemente fuera el que robó a Zack. Esos dispositivos están pensados para retornar al portal de origen en cuanto las constantes vitales se detienen, para evitarnos autopsias y que en caso de caer ante el enemigo, que este no supiera como volver al otro lado. Y eso fué lo que pasó. Y aquí estoy ahora." "pero.. ¿venganza? ¿pero por qué?" "¡¿Por qué?! ¿Por qué" Vicent espució una risa seca y amarga. "Mira niña, en un videojuego hay cosas que no se ven. Estar años encerrado en una tumba puede parecer muy romántico pero no lo es en absoluto. Mi juventud ha sido emparedada, lo que debieron ser los mejores años de mi vida los pasé durmiendo. Mírame. Sóis muy corteses pero no me engañáis, huelo a piedra fría allá donde voy, hiedo a tumba. Mi piel está prácticamente muerta." "No, no, Vicent, qué más dá, eres muy atractivo y..." este le dedicó una mueca de dolor "¿A quién puedo agradar? Mira mis ojos, que perdieron hace tiempo el brillo que da la esperanza. Lucrecia, ella... ya nunca volverá. Y aún que lo hiciera, me dijo, ya en la corriente vital, que ella... ella... seguía sintiendo algo por ese..." tragó saliva "ese... monstruo... Hojo..." ¿se le habían humedecido los ojos o era sólo el destello de la luna que daba en ellos? "Todo mi afecto, para nada." "eso es porque ella seguramente no conozca de verdad a ese maníaco y..." ...y quizás me conozca muy bien. Por último te digo que mires mi mano. Mírala bien" su voz amarga, le obligaba a no apartarla vista de su garra metálica. "ya hace tiempo que el calificativo "humano" es un cumplido para mí. Ya no hay sangre que corra por mis venas, cuando me descontrolo soy una bestia, cuando respiro tranquilo soy sólo un demonio que espera ser despertado. Y no descansaré hasta dar muerte al causante de todo este dolor." dijo Vicent, lúgubre. "Tú no eres eso. Tú eres mucho más de lo que Hojo y esa panda de cerdos te quieren hacer creer. Pero no hay necesidad de venganza, no hay necesidad de abandonarnos." "¡Sí hay necesidad de justicia!" "si fuera justicia lo que buscas, no te avergonzarías de ella" dijo Erika. Vicent bajó la vista. "Otra vez más... dueles, pero no hieres. Sí, busco venganza. Y no, no debería haber viajado tan lejos sólo para ello. Yo... os ayudaré hasta el final si es preciso. Pero por favor... no reveles mi motivo" rogó Vicent. Erika le miró con ojos entristecidos "Como quieras. Pero ni mil venganzas van a terminar con tus sufrimientos" aseveró ella. "Eso, chiquilla... está por verse" concluyó Vicent.

Escarlata estaba fascinada. Cuanto más tiempo los contemplaba más encandilada se quedaba. Los dos Sefirots hacían dos horas que no paraban de mirarse en silencio. Y era fascinante. A través del cristal blindado, Escarlata preguntó. "Dime Nimrod... ¿qué crees que les pasará? ¿qué crees que se estarán preguntando justo ahora?" interrogó ella. "No lo sé, no soy de la división de psicología. Ellos dijeron que cuanto antes asimilaran su nueva situación, mejor." "Mmm, ya veo. Sólo han intercambiado un par de palabras en dos horas, pero aún así me fascinan, son como dos medusas en una pecera. Oh, mira, uno se ha levantado... ¿cuál es? Parecen tan iguales..." dijo ella. "Creo que es Sefirot Alfa, señora" respondió el científico. "¿Y cómo hacen para distinguirlos?" preguntó Escarlata. "No tuvimos mucho tiempo para insertar modificaciones genéticas que nos permitieran distinguirlos radicalmente, pero pudimos hacer que las tonalidades de sus ojos variaran ligeramente. Si se fija muy bien, el de los ojos violetas es el Sefirot con sangre y esencia de corriente vital anciana, el Sefirot Alfa. El de ojos azul muy claros es el de esencia humana, sefirot Omega. "Ahá, ya veo. Cautivador" sijo Escarlata llevándose una copa de vino a sus carnosos labios. Ahora los dos Sefirots se habían levantado. Caminaban en cículos, como hombres meditabundos, y de vez en cuando se dirigían alguna mirada y palabra furtiva. Se movían con total soltura, con elegancia y precisión depredadoras, como si la tensión de cada uno de sus músculos fuera el fruto de un plan maquiavélico estudiado al milímetro.

"...así que... somos en teoría la misma persona" dijo Sefirot Omega "sí, así es. Tenemos exactamente el mismo código genético, con variaciones prácticamente imperceptibles, del orden de un 0,0001%" respondió Alfa. "Hm, ya veo. ¿Sabes cuál es nuestro cometido? ¿Por qué no estamos en la corriente vital? ¿por qué estamos separados?" interrogó Omega. "Yo lo sé todo, yo domino el absoluto, gracias a mi esencia ANciana. Querido Sefirot, nuestro cometido es muy sencillo" "¿ah sí?" "sí. Nuestro objetivo es servir." "Dime Sefirot, ¿a quién?" "eso está claro, a quien nos ha dado la vida. En cuanto a tu segunda pregunta, es muy sencilla de responder". "A mi no me lo parece" aseveró Omega. "Nos hemos separado ni más ni menos porque nuestra unión era contranatura. Nuestras estructuras cognitivas son contradictorias por lo que al unirse y ser uno es sumamente inestable. Sólo así podemos conservar la cordura." explicó Sefirot Alfa.

"Es una discursión apasionante. Es increíble ver como funcionan sus mentes, son tan brillantes o más como el Sefirot original" dijo Nimrod emocionado. "A mi lo único que he sacado en claro es que piensan obedecer, lo cual está pero que muy bien" se limitó a decir Escarlata. "Entonces pues, sólo nos queda responder a una pregunta" preguntó Omega. "¿Cuál, Sefirot?" "¿Cuando empezaremos a servir?".

Zack había terminado de hablar con Vicent en la quietud de su barata habitación de hotel. Este le repitió lo dicho anteriormente pero con más detalles, como que por ejemplo su nombre en clave era precisamente aquel con el que le llamaban en en este mundo (Hack) y que podría averiguar más sobre su pasado si visonaba unos archivos contenidos en el sótano de una casa situada en una remota ciudad del otro lado llamada Icicle. Asímismo, Vicent le había preguntado otro montón de cosas relacionadas con Hojo y sus experimentos para hacer funcionar el portal dimensional. Ahora Hack descansaba en su habitación, pero no por mucho tiempo. Las revelaciones de Vicent le habían dejado completamente estupefacto, casi al borde del colapso. Todas las pesadillas que había tenido eran realidad. Todos sus sueños, sencillamente, no lograba recordarlos. A veces se le venía a la mente imágenes confusas, o fragmentos muy pequeños pero detallados de una anécdota o lugar. Pero no lo lograba. En el aeropuerto, casi se desmayó cuando la carencia de las pastillas de control había hecho que pudiera acceder a una parte de su memoria. Recordaba el día que les seleccionaron para la misión. Tal y como dijo Vicent, hablaron durante horas en esa ciudad. Recordaba los entrenamientos previos, y algunos de los comentarios de sus instructores. "Sí, parece el mejor para esta misión", "Qué ingenio", "nunca duda", "parece que tiene un talento natural para matar". Al pentágono le caía especialmente bien a pesar de ser ruso. No todo el mundo lograba salir de un Gulag con vida, matar a 6 miembros de la guardia roja y recorrer a pie casi toda Europa oriental sin que le localizaran. Recordaba también algún que otro fragmento suelto de su estancia en el otro lado. La primera impresión que le produjeron los que luego serían sus padres adoptivos. El como se ganó su aprecio, trayéndoles siempre un detalle para aliviar sus pesarosas vidas, pagado con su sueldo de SOLDADO. Recordaba como la comunicación con este mundo era cada vez más difícil, hasta el día en el que su comunicador transdimensional se estropeó del todo. Y recordó que no le había importado en absoluto. Recordaba detalles sueltos de una gran ciudad, gigantesca, como nunca la había visto, debía ser como 10 veces la que estaban. Y recordaba a Aeris, sabía por que le era tan familiar... pero no llegaba a cogerlo. No llegaba a tener una visión completa de su vida, y eso le torturaba cada segundo. Era por ello por lo que necesitaba hablar con ella. La chica entró en su habitación después de golpear la puerta suavemente con los nudillos. "Pasa" dijo Zack cabizbajo. Aeris se asomó tímidamente. "Hola Hack... ¿por qué me has llamado?". Este suspiró. "Iré al grano. Te he llamado porque para empezar no me llamo Hack, sino Zack. No sé si ese nombre te dice algo" habló Zack mientras se estiraba. Esta se quedó sin habla. "Pues... pues... no... no puede ser que tú..." "me parece que sí. Vicent me habló de ello. De mi vida en el otro lado. Yo era el otro agente que le acompañaba en su misión." dijo Zack. Aeris abrió de par en par sus ojos verdes. Se acercó a él, temblorosa. "No es posible... tú... yo... tú estabas muerto..." "no, eso era lo que muchos querían, pero les resulté mucho más útil vivo. Me enviaron aquí supervisado por Hojo, y con mi memoria destruída a base de medicamentos." le explicó. "Esas pastillas tuyas... por eso cuanto menos las tomabas, más... te cambiaba la personalidad y te daban jaquecas..." "exacto. Pero aún así, no he logrado recordarlo todo. Mi memoria está hecha pedazos. Sólo recuerdo mi infancia, y acontecimientos recientes. Todo el tiempo que pasé en el otro lado se ha perdido. Sólo recuerdo esquirlas de recuerdos. Y he pensado que... que bueno que tú... podrías ayudarme" dijo Zack. Aeris le miraba con ojos desenfocados y temblorosos. Alargó una mano hacia su cabeza. "Tú... ¿es posible que...?" las miradas de ambos se cruzaron. "Tus ojos... sí, antes no lo veía pero ahora... están recuperando su color original... déjame ver... tu pelo. Lo tienes cortado a la moda de este mundo pero... es increíble... sí, eres tú. Eres Zack" dijo Aeris con la voz quebrada. "¿Pero quien soy realmente?" preguntó él. "Tú... eres... eras mi... novio. Trabajabas en SOLDADO, lograste ingresar en uno de los cuerpos armados más prestigiosos. Tus padres vivían en Kalm, y me dijiste que eras adoptado. Tú... un día, te destinaron a Midgard, la ciudad más grande y contaminada de mi mundo. Tú eras un muchacho popular y atractivo, con dinero y prestigio. Yo sencillamente... vendía flores. Yo al principio, fui la que reparé en tí. Te veía pasar todos los días con tus compañeros, con el uniforme reluciente y siempre con un comentario ingenioso en la boca. Pensaba que era imposible que un hombre como tú se fijara, en medio de una ciudad tan grande, en una pequeña chica como yo. Pero... un día lo hiciste. Entre toneladas de metal y millones de personas, reparaste en mi. Me compraste una flor. A partir de ese día, cada vez que pasabas delante mía, comprabas una. Tú me decías que querías montar una floristería a plazos" río Aeris "y un día... no me pude resistir y te pedi salir conmigo. Y tú aceptaste. Nos vimos todos los días y fué muy bonito, pero cada vez que te preguntaba por tu pasado tú... me respondías con evasivas. No llegué a conocer a tus padres. Pero recuerdo perfectamente, que éramos felices. Y un día... la felicidad se fué. De la noche a la mañana fuiste investigado por los turcos debido a tu relación conmigo. Te pusiste en medio de ellos cuando vinieron a por mi y me protegiste. Y al día siguiente, te consideraban un traidor y tu cabeza tenía precio. Yo sólo vi como corriste y corriste, te grite que huyeras. Oí disparos, pero no supe que ocurrió exactamente hasta el día siguiente. Yo... yo pensé que te habían matado... que estabas... muerto y..." los ojos de Aeris vibraban como verdes praderas ondulando al son del viento. Hack empezó a llorar silenciosamente. Sí, lo recordaba. Sus recuerdos, hechos trizas, allí estaban. Al igual que en este mundo, en el otro no dudó en ponerse en peligro para protegerla. "Aeris... yo... verás... sé que hizo mucho tiempo de aquello pero yo... quisiera que eso... creo que eso... no ha muerto" dijo Zack tomando una de sus finas manos. Aeris bajó la mirada. "Zack... yo... no puedo." una sombra invadió el rostro de este. "Cloud" susurró ella, colmando toda explicación.

"no hay más esperanza" penso Barret viendo el cielo oscuro. Desde las montañas de Corell se podía tener una buena vista de todo lo que había bajo sus pies. La ciudad derruída, el mar negruzco causado por el impacto de meteorito. las bandadas de gaviotas que volaban erráticas entorno a los cadáveres de la ciudad. "Y ahora... ¿qué?" preguntó Barret a Nanaki. "Este miraba al mar con los ojos perdidos en su inmensidad. Barret miró también. De lo poco bueno que les había traído el meteorito, era el mar, lujo al que los habitantes de Corel no estaban acostumbrados pero que apenas habían tenido un año para disfrutarlo.

"Ya no podemos hacer nada. Todo está perdido. Escarlata domina ya todo el planeta. Los reactores mako volverán a ponerse en marcha, si es que no lo han hecho ya... Cid... probablemente esté muerto... nuestros pueblos ya no tienen futuro... mi hija tampoco. Y a todo esto ¿te has parado a pensar en qué será de los refugiados? A su lado tú y yo parecemos unos afortunados... estoy cansado Nanaki, J@·#~% cansado." dijo el hombretón sentándose en el polvoriento suelo. "No, no es verdad, seguro que no todo está perdido debe haber algún modo, algún deus ex machina..." "sólo podemos resistir desde las montañas, y nuestra mejor baza, antes que la fuerza, es que somos para Escarlata un estorbo menor que se solucionará con el tiempo". En eso estaban, cuando oyeron una voz familiar a sus espaldas. "Con el tiempo se solucionará las hemorrroides de la p%$@ madre de Escarlata, pero lo que soy yo, no". "¡Cid!" exclamaron Barret y Nanaki. "El que viste y calza" respondió este. El piloto estaba cubierto de mugre, grasa y sangre de procedencia desconocida. Además podían ver que llevaba un antebrazo vendado y una chaqueta de soldado escarlatiano por encima. "Oh, disculpad mi aspecto, pero esto es lo único que se me ocurrió para poder llegar hasta vosotros. "Sí bueno, ¿y esa suciedad?" preguntó Nanaki olfateándole. "Bueno, tiene que ver con lo que me ha pasado hasta ahora..." "pensábamos que estabas muerto, hay quien dice que vio el Vientofuerte caer" interrumpió Barret. "Sí, bueno, todo eso tiene una explicación, calma, ahora os lo explico. Veréis, a pesar de que ahora el Vientofuerte no está para muchos trotes, no me derribaron. Lo que vieron caer amigos míos, es un Vientonegro, la versión escarlatiana de mi querido bebé. Es una pesada nave de apoyo que transporta cazas y que es capaz de disparar pesados misiles aire tierra de mako. Vamos, un mastodonte totalmente anti aerodinámico e incapaz de volar como Dios manda, pero con una potencia de fuego asombrosa. Yo derribe a un par de esos a bordo de mi nave, pero no fué fácil, sus cazas la escoltaban y casi salgo escaldado. La cuestión es que cuando vi que todo estaba perdido me dediqué a recoger supervivientes y a salir cagando leches al único sitio donde se me ocurrió que podría estar a salvo." "¿Dónde?" preguntó Nanaki. "A Gold Saucer, o mejor dicho, lo que queda de este. Ahora mismo está aislado en medio del nuevo mar y es prácticamente inaccesible. Con Vientofuerte cayéndose a cachos y rezándole para que no se acabara el combustible, la alcancé, y ahora es la base de operaciones de otro pequeño grupo dedicado a tocarle las narices a Escarlata" sonrió Cid. Barret chocó su mano con la suya. "Sin embargo, el Vientofuerte no puede volar. Llegué hasta aquí en una pequeña lancha. Sé que este es un buen lugar para hacer guerra de guerrillas, pero creo sinceramente que lo que has rescatado de población civil estaría mucho más segura en Gold Saucer, empezando por Marlene. Lo discutieron y estuvieron de acuerdo. Desde Gold Saucer protegerían a los suyos, desde las montañas Corell atacarían incesantemente a Escarlata, a su enemiga.