EPÍLOGO 2

—Ren me ha pedido una semana de vacaciones, Yashiro-kun —dijo Lory, encendiendo un cigarro—. Nunca había hecho eso antes... ¿Está todo bien?

—Oh, sí, Takarada-san. No pasa nada —le aseguró Yashiro, y solo cuando lo vio dar una profunda calada, soltó la bomba. Eso sí, con naturalidad—. Ren comentó algo de visitar a sus padres.

Efectivamente, y como era de esperar, Lory se atragantó con el humo de su cigarro. Yashiro mentiría si no reconociera que disfrutaba con esto. Por una vez era él el que disfrutaba de información privilegiada…

—¿Vi- —Una violenta tos lo interrumpió. Luego otra. A ver si iba a matar accidentalmente a su jefe…—, visitar a sus padres? —terminó de decir Lory, casi sin aliento.

Por todos los dioses del cielo, ¿cuándo había hecho el chico un progreso tan grande sin que él se diera cuenta? Vale que el chico era cerrado como una ostra, pero ¿tantooo?

—Sí —respondió, sin dar más explicaciones al respecto. Lory estaba expectante, las manos apoyadas sobre el tablero del escritorio—. Parece que también tendré vacaciones yo.

—Todavía tienes a Mogami-kun, Yashiro-kun —le dijo Lory, agitando una mano en el aire y dejándose caer sobre su silla, defraudado por no tener un buen chisme al que hincarle el diente—. No te alegres tan pronto…

—Oh, verá. Esa es la cosa —Yashiro se ajustó las gafas y un brillo diabólico destelló en el cristal. Oh, qué bien se sentía hacer esto—. Kyoko-chan me ha pedido los mismos días libres... —Lory frunció el ceño, confuso—. No tendré a ninguno de mis representados durante exactamente la misma semana...

—Oh —Lory estaba literalmente con la boca abierta—. Eso es...

—¿Casualidad? —terminó por él Yashiro—. ¿Coincidencia? ¿Tremendamente conveniente?

—Claro que sí... —respondió Lory, cuando por fin pudo recuperarse de la sorpresa—. Todo eso y más aún…—añadió, con un suspiro.

Ambos sonríen, cada uno con sus secretos, que dejarían de ser secretos si se compartieran. Ninguno tiene la historia completa, y aunque ambos son personas muy curiosas, podrán vivir con ello. Les basta el resultado… Y ninguno lo dice, pero ambos saben que Kyoko-chan ha obrado su magia…, que con ella a su lado, Ren es más fuerte. Y feliz, por encima de todo, Ren es feliz. Al fin…

—¿Alguna cosa más, Takarada-san?

—Sí, de hecho, sí. Verás, sabes que conozco a mucha gente —Yashiro asintió muy despacio, sin poder reprimir el repentino escalofrío que le recorrió la espalda—. Bueno, la cosa es que he leído el informe de los técnicos, Yashiro-san, sobre lo que pasó en TBM Studios el mes pasado —Yashiro procuró no mover ni un músculo, sin mostrar ninguna reacción—. Extrañamente, encontraron la caja eléctrica principal completamente frita, como si se hubiera sobrecalentado o le hubieran explotado los circuitos... —Otra calada sirvió para alargar el suspense de la pausa—. ¿Tú no sabrás nada de esto?

—No tengo la menor idea de lo que habla, Takarada-san —le respondió Yashiro, manteniendo el rostro inexpresivo. En resumen, mintiendo descaradamente.

—No, por supuesto que no —concluyó Lory. Y con un gesto vago, le hizo una seña dando por finalizada la reunión. De más está decir que Yashiro se apresuró a huir de allí.

El humo de su cigarro revoloteó en el silencio de la oficina. No había habido desgracias personales, más allá de algún chichón o alguna espinilla magullada, aunque para la emisión de la noche hubo de recurrirse a grabaciones de archivo emitidas desde otro estudio. Yashiro (si es que había sido Yashiro…, aunque una corazonada le decía que sí) le había costado a TBM una buena suma en concepto de reparaciones y publicidades no emitidas, pero Lory se ofrecería gustoso a abonar los gastos sobrevenidos.

Cuando alguien le preguntaba por qué había hecho eso, él se limitaba a mesarse el bigote, sonriendo como el gato que se comió al canario, y siempre respondía lo mismo:

—A grandes males, grandes remedios.

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NOTA: Aquí nos quedamos. A todos, gracias por acompañarme en esta aventura.