Habían pasado casi dos meses de salir con Ichigo, y a pesar de ser lo que ella siempre quiso, no se sentía feliz... Sentía que solo era una distracción para él, y le pagaba con miserias la atención que ella le daba.

En varias ocasiones que le había besado, era como si besara un maniquí, la respuesta de los besos era simple y desganada; y no importaba cuanto ella se esforzara, jamás lograría encender el amor y la pasión del Kurosaki.

Por otra parte su trabajo la estaba agotando, más y más carga de trabajo venia sobre ella, y Ulquiorra cada vez la dejaba más a cargo de las cosas.

Su reflexión en el baño de HM había llegado a su fin, ahí estaba ella mirándose al espejo, demacrada y más delgada, su cabello naranja estaba despeinado, sus labios se veían secos, las ojeras eran muy visibles... Salir con Ichigo Kurosaki le estaba menguando la vitalidad de su persona.

Suspirando, toco su rostro una vez más, y se juró a si misma que volvería a ser la misma Orihime de antes...aunque tenía la certeza de que eso no sería posible.

Saliendo del baño, se sintió desorbitada y caminó unos pasos hacia adelante y todo comenzó a apagarse ante ella, viéndose borroso...su cuerpo cayó al suelo en un instante.


Las voces se escuchaban muy despacio y a lo lejos. Intendibles frases salían de lo que creía que eran dos personas discutiendo. Lentamente abrió los ojos y miró al techo blanco; moviendo su cabeza a un lado y a otro notó que estaba en una habitación acostada.

Tratando de incorporarse, descubrió que en su brazo izquierdo, había un catete en él y siguiéndolo con la vista vio que se unía a una bolsa de suero.

- Estará bien, solo necesita unos días de descanso, y comiendo sanamente se recuperará sin problema alguno.- la voz de un hombre que no reconocía de escuchaba claramente.

-Cuantos días? - la voz de Ulquiorra se escuchó en respuesta.

Orihime al escuchar la voz de Ulquiorra entró en pánico, e intentó quitarse lo que había en su brazo, y en un momento que no pudo lograrlo, la cortina que la resguardaba se abrió...

-Ya despertó - dijo el hombre alto y moreno- Srita. Inoue, como se siente? -A-am me siento mejor gracias. - bajó la mirada al ver que Ulquiorra aparecía detrás del hombre que parecía ser el doctor.

-Soy Zommari, médico de HM. - le dijo sonriéndole- fue traída aquí, porque la halló un asistente en el piso, presenta un leve caso de anemia y fatiga.

-Te dije que comieras bien, para evitar esta situación...- le dijo Ulquiorra molesto. -Lo siento, lo siento mucho- le dijo Orihime tocándose el brazo.

-Tomaras tres días de licencia, asegúrate de comer bien y dormir propiamente. - le dijo el médico tranquilamente.

-Está bien- dijo mientras miraba a Ulquiorra con miedo, y el solo asintió.


Tres días en casa, evitaría ver a Ichigo para tener un tiempo de calidad para ella misma. Comió lo que se le apeteció y durmió el tiempo que quiso, satisfecha de estos dos, preparó un momento de belleza para sí misma...y decidiéndose a mimarse más, se fue a un spa.

Se sentía revitalizada, cómoda y feliz de nuevo; era un mini paraíso para ella...

Su celular sonaba, y sacándola de su burbuja, se levantó de la camilla donde estaba y contestó.

-Bueno?

-Te parece si vamos a un lugar a comer?- La voz de Ichigo, se escuchaba del otro lado.

-Si, claro que sí.

-Paso por ti?

-Y si nos vemos en un lado, no estoy en casa…

-Ya veo, como gustes.

Terminando la llamada, salió del spa y se dispuso a escribirle un mensaje de donde se verían. Sentándose en una banquilla de una plaza, espero a Ichigo, por unos minutos; y él llegó.

Ver a Ichigo, le inspiraba confianza, seguridad y se creía la mujer más afortunada del mundo. Aunque a menudo se preguntaba porque no era tan afectuoso con ella. Algo impedía que le demostrara su amor por completo.

Caminando de lado de Ichigo, mientras elegían a un lugar donde pasarían un rato, ella notó que, Ichigo se había perdido en sus pensamientos, mientras miraba en otra dirección.

-Kurosaki-kun!

-ah Inoue- dijo Ichigo fingiendo una sonrisa.

-que miras en esa dirección?

-Nada, yo… no tienes hambre?- dijo mientras recordaba que por esa calle, era donde iba a comer con Rukia.

-Am si, Kurosaki-kun a donde vamos a comer?

-Ah vamos al restaurant que tu quieras.

-En serio?- dijo la chica sonriendo con alegría.

Caminaron unas cuantas calles más y llegaron a un restaurant italiano, donde rápidamente se les dio una mesa y se sentaron y acto seguido, ordenaron.

-Y que tal te ha ido en el trabajo, Ino…Orihime?- la chica lo miró con un resplandor en sus ojos y esbozó una gran sonrisa.

-Pues, verás yo me tomé unos días libres…

-Por qué? – le pregunta Ichigo fingiendo interés.

-E-es que yo, yo… no me sentía muy bien y…

El nerviosismo comenzaba a ganarle y en algún momento de la explicación se perdió y le contó todo lo que había sucedido en estos últimos días. Ichigo escuchaba sin decir ni una palabra, y solo observaba como Orihime hacía gestos y movimientos.

Un sonido, el sonido de una llamada le distrajo, y mirando su celular no lo reconoció y colgó, de nuevo, y así estuvo unas tres veces más.

-Kurosaki-kun, pasa algo malo?- le preguntó al verlo molesto con las llamadas.

-No, solo un número desconocido, Inoue oye.

-Si? – pregunta la chica atentamente.

-Creo que tú y yo no…- es interrumpido por su celular una vez más. -Que?!

Observaba a Ichigo, quién se había quedado inerte, callado y escuchando lo que le decían al otro lado de la línea, en sus ojos descubrió un brillo que no estaba ahí antes, y solo colgó la llamada; mirando a Orihime se quedó quieto por un instante y sacando dinero, lo puso en la mesa.

-Lo siento Inoue, lo nuestro no va a funcionar. Adiós.

Acabando de decir estas palabras, se marchó rápido de ahí, Orihime sorprendida por lo que acababa de escuchar, se puso de pie como reacción y solo miró a Ichigo mientras se iba del lugar.