Capítulo XX:
Piezas sueltas
ᕙ+ᕗ
Había sido una noche difícil. Tsuna le pidió a Bianchi que pasara la noche con Haru, sólo para asegurarse de que estuviera bien. Luego le contó a Reborn lo sucedido y después se dispuso a descansar a pesar de que aún miles de cosas le rondaban la cabeza. El sueño le ganó en algún momento y la mañana lo saludo con una notificación de su celular. Abrió los ojos cuando Natsu lo llamaba con insistencia, lamiéndole el rostro para darle los buenos días.
―Está bien, Natsu, ya desperté ―le dijo acariciándolo.
Estiró su mano para alcanzar su teléfono, observando que tenía un nuevo mensaje de Enma.
Tsuna-kun:
Perdón por no escribirte desde mi último informe, la situación también es difícil aquí en Italia. Entre las ocupaciones de los Simon y tu encargo, a veces siento que terminaré perdiendo la cabeza.
Es curioso que siempre quisimos ser más reconocidos entre las otras familias, pero ahora que lo somos, el interés que la gente tiene en los Simon no es el que esperábamos. Entonces pienso en lo difícil que deben ser las negociaciones también para ti... Y me pregunto si alguna vez dejará de serlo.
Adhel dice que no debería preocuparme tanto, que todo saldrá bien, pero la verdad es que yo también me siento patético. Recuerdo que cuando Daemon envenenó nuestras mentes aquella vez, me sentí poderoso. Creí que estaba en la cima del mundo, y ahora veo lo lejos que realmente estaba. Estando al mando, podemos darnos cuenta de la falsedad de nuestros movimientos. Pretendemos ayudar a muchos cuando en realidad perjudicamos a muchos más. Y es difícil aceptar que somos los responsables de ello. Aún ahora hay tantas veces que pienso en huir, pero sé que la única forma en que podré hacerlo será cuando muera.
Estoy preocupado, Tsuna-kun. No me has dicho qué pasó desde que me avisaste que tus guardianes habían atrapado a Trifoglio. Hay muchos rumores rondando aquí sobre lo que sucede en Japón, pero nada es certero.
Sabes que cualquier cosa que necesites, sea lo que sea, cuentas con nosotros, cuentas conmigo, Tsuna-kun, siempre.
Tsuna sonrió al leer las últimas líneas. Cómo desearía que Enma estuviera ahí en esos momentos.
―Yo también lo extraño, Natsu ―le dijo a su amigo cuando éste se pegó a él tras un quejido―. Pero espero que no tenga que verlo pronto.
Porque pedirle a Enma que dejara Italia significaría que en verdad había perdido el control en Japón, y aunque las cosas no marchaban bien, aún se aferraba a la idea de encontrar una solución.
Cuando bajó al comedor, le sorprendió encontrar a Reborn y sus guardianes, exceptuando a Hayato y Hibari, reunidos ahí junto a Bianchi, Dino y los niños. Luego notó que Nana estaba cocinando y supo que esa era la razón.
―Buenos días, Tsuna ―lo saludó Takeshi, haciéndole un espacio para que se sentara junto a él y Dino.
―¡Tsuna, qué bueno que llegaste! ―dijo Nana―. Te prepararé algo en seguida.
―Gracias, mamá.
Era extraño observarla actuar con tanta naturalidad en ese ambiente, pero la verdad era que le alegraba que estuviera ahí.
―¿Dónde están Hayato-kun y Haru? ―preguntó de repente al notar que curiosamente eran los únicos que faltaban.
―¡Yo vi a estupi-dera! ―dijo Lambo―. Le hablé, pero no me hizo caso, ni siquiera porque le dije que mamá iba a cocinar.
―Se veía triste ―agregó I-pin.
Takeshi se rió por el comentario y Bianchi permaneció seria. Nadie aparte de ella, Tsuna y Reborn estaba al tanto de lo que había sucedido, así que no entendían la situación.
―Yo fui a la habitación de Haru-chan, jefe ―intervino Chrome―, pero no abrió la puerta, sólo me dijo que saldría más tarde... Luego Gokudera-san se acercó y me pidió que los dejara solos...
―¿En serio? ―Takeshi no ocultó su sorpresa.
―¿No deberíamos asegurarnos de que estén bien? ―sugirió Dino.
―No, es mejor dejarlos solos por ahora ―dijo Tsuna―. Vendrán cuando estén listos.
Y en el segundo piso, Hayato aún estaba parado frente a la puerta de Haru. Había ido porque sentía que debía hacerlo, pero después de pasar tanto tiempo tratando de mejorar la situación, su paciencia empezaba a agotarse.
―Hey, Haru ―la llamó por enésima vez sin obtener respuesta―. ¡Hey, sé que estás ahí!... ¿Pretendes esconderte ahí dentro para siempre? ―Pateó la puerta―. ¡¿Me estás escuchando?! ¿Crees que el Décimo estaría feliz de verte así? Tienes que superar esto y regresar a la normalidad, ¿entiendes?
El silencio le lastimó los oídos y terminó por colmar su paciencia.
―¡Sal de ahí, mujer estúpida! ―le gritó con fuerza.
―¡Haru no es una mujer estúpida! ―La escuchó contestar infantilmente, al tiempo que al fin abría la puerta.
Ambos tuvieron la sensación de que habían vuelto a cierto periodo del pasado, donde ese tipo de intercambios era lo cotidiano, pero a Haru se le resbaló de las manos su estuche de maquillaje al darse cuenta, al igual que él, que eso era imposible.
―Vamos al comedor, la madre del Décimo está preparando el desayuno ―le dijo Hayato con simpleza, recogiendo y entregándole el estuche.
。
DENENCHOFU, OTA
Una van verde trébol avanzaba por las silenciosas calles de una zona residencial privada en Tokio. Adentro, Mukuro y sus aliados descansaban en uno de los amplios asientos, esperando con ansias llegar a su destino. El líder de los Kokuyo lucía el mismo uniforme que había usado en el aeropuerto, pero había agregado unos guantes oscuros, y sus compañeros lucían atuendos similares, sólo que en sus casos la chaqueta era corta, y MM usaba una falda plisada.
De frente a ellos, estaban cinco de los Trifoglio: Caín, que vestía una chaqueta de cuero sobre una sudadera gris y pantalones enfundados en botas de casquillo; Ignis, que contrastaba con la monotonía de su compañero, había optado por una camiseta negra y shorts de mezclilla, y una camisa maxi de rayas verticales para cubrirse del frío; Ion también usaba una camisa abierta, pero de cuadrícula amarilla, dejando al descubierto una camiseta blanca con estampado de chicas mágicas 2D, a la par de unos oscuros jeans rasgados; por último, Ichiru vestía unos shorts azul claro con medias cortas y zapatos de plataforma, y cubría la parte superior de su cuerpo con una capucha azul con peluche blanco y orejas de conejo; sobre sus piernas iba Lucille, usando la sudadera amarilla de Ion y unas altas medias blancas. Adelante, Kiril los miraba por el espejo retrovisor. Usaba una gorra negra con parches y vestía un saco beige oscuro sobre una enorme camisa negra que alcanzaba a cubrir sus muslos, y en sus pies llevaba unas cortas calcetas grises bajo unos zapatos de tacón bajo. Axel manejaba, consultando de vez en cuando el GPS. Había optado por una camiseta gris y pantalones negros de vestir con tirantes, porque no tenía imaginación ese día ni había llevado mucho equipaje.
―Hey, encontré la canción de Caín ―dijo Ion, reproduciendo The sound of silence desde su celular.
Kiril soltó una carcajada mientras Ion, Ignis e Ichiru entonaban la canción, y Caín los ignoraba.
―¿Falta mucho para llegar? ―preguntó MM, enfadada de llevar a Fran encima y de pasar todo el camino escuchando el concierto que algunos de los Trifoglio iniciaron cuando subieron el volumen de la música.
―¿Qué pasa contigo? ―la cuestionó Ichiru―. De acuerdo con los rankings de Fuuta de la Stella, cantar es la actividad número dos en la lista de cosas por hacer cuando das un paseo en la carretera.
―Excepto que no estamos dando un paseo en la carretera ―dijo Mukuro.
―Relájate, Mu-kun ―le dijo Kiril―. No tendrás mucho tiempo para hacerlo después. Mi amigo es un tipo muy pragmático, así que disfruta nuestro tiempo libre mientras puedas.
―Espera, espera ―dijo Ichiru tomando el celular de las manos de Ion mientras éste revisaba la lista de reproducción―. También está el himno de Kiril.
La chica cambió la pista, dando inicio al gran clásico Imagine. Mukuro pegó su cabeza a la ventana mientras el concierto y las risas comenzaban de nuevo. Sus dudas en cuanto a su alianza con Trifoglio habían existido desde un principio, pero en esos momentos empezaban a cimentarse. Kiril le había dicho que su propósito y el resto de los tréboles era vengarse de Vongola por distintas razones, que en resumen todos ellos habían sido afectados por las acciones y omisiones de quienes se habían coronado como líderes de la mafia. Le había contado la historia de sus guardianes, absteniéndose de contar la suya alegando que le era difícil hablar de ello, pero que eventualmente se lo diría. Debido a eso, se había embarcado en ese viaje para ver al supuesto amigo de la chica, con el solo propósito de averiguar qué escondía Trifoglio y quién representaba una amenaza mayor en su lista personal, ella o Sawada Tsunayoshi.
―Se supone que ya llegamos ―dijo Axel bajando la velocidad del auto―. Según el GPS es esa casa de adelante.
Se estacionaron frente a la amplia residencia de estilo tradicional cuando el sol empezaba a ponerse. Uno a uno comenzaron a descender del vehículo, mientras Kiril se adelantaba al portón de madera, aún cantando y tarareando.
―Imagine all the people..., living life in peace yoohoo ooh ―entonó palpando con su dedo el costado de Mukuro cuando éste la alcanzó.
―¿Has considerado que quizás se rehúse a ayudarte? ―le preguntó el ilusionista.
―Lo pensé ―respondió Kiril tocando el timbre―. Pero en el peor de los casos, creo que se rehusará a ponerse de cualquier lado.
La puerta se abrió al poco rato, revelando a un hombre de traje y sonrisa extraña.
―Es inusual que tengamos visitas ―dijo―. ¿Cómo puedo ayudarlos?
―¿Ese es tu amigo? ―preguntó Ion tan extrañado como Kiril―. Me lo imaginaba... diferente.
―Debo admitir que estoy de acuerdo ―dijo Lucille.
―Eres el sirviente de Checker Face, ¿cierto? ―intervino Mukuro.
―Oh, pero si es Mukuro-kun ―dijo el hombre reconociéndolo―. Así es, mi nombre es Wonomichi. ¿Vienen a ver a Checker Face-sama?
―¿Checker Face? ―preguntó Kiril confundida.
―Los Arcobaleno se referían a Kawahira bajo ese nombre ―le explicó Mukuro.
―Qué bueno que viniste, Mu-kun. ―Se rió Kiril una vez que entendió la situación. Luego se dirigió a Wonomichi―. Sí, buscamos a Checker Face.
―¿Podrían decirme de parte de quién los anuncio?
―Trifoglio...
―Kiril ―completó una voz profunda a espaldas de Wonomichi.
―¡Kawa-chan! ―gritó Kiril en cuanto estuvo a su vista el hombre de cabello blanco.
Pasó de largo al sirviente y corrió a abrazarlo.
―¡Qué bueno que estás vivo, Kawa-chan!
―Espero poder decir lo mismo de ti, Kiril ―advirtió con simpleza Kawahira.
―Hmm, hablas como si planeara destruir el mundo. ―Le sonrió ella.
。
En un ambiente completamente distinto, pero también en Tokio, Tsuna manejaba por las calles de Roppongi. Aún era algo temprano para que comenzaran los festejos en la zona, pero no estaba seguro dónde quedaba el club nocturno que Fujiwara le había mencionado. Cuando el mapa indicó que estaba cerca, estacionó su auto en la calle más cercana y caminó el resto del recorrido, teniendo cuidado de no llamar la atención. Había optado por vestir un atuendo más casual: camisa blanca bajo un saco negro y jeans oscuros. No que tuviera aún la suficiente experiencia en ese tipo de eventos sociales, pero al menos sabía que no desentonaba.
Eran casi las 7:00 cuando divisó la entrada del Esprit Tokyo. Pensó en alguna forma de burlar la seguridad al no estar su nombre en la lista de invitados, pero le sorprendió ver que nada ni nadie limitaba el ingreso al lugar. Al entrar lo recibió la ruidosa música y las risas de quienes no sospechaban nada. Escaneó el lugar con cuidado, tratando de localizar al anfitrión, pero pronto se dio cuenta de que iba a ser imposible buscarlo sin ningún indicio.
Avanzó entre el mar de gente hasta dar con una escalera que conducía a una segunda plata. Luego observó que una chica descansaba sobre los escalones superiores. Lucía algo desorientada, pero a juzgar por la pipa que tenía entre manos, la razón era evidente. Se acercó a ella con lentitud y se inclinó frente a ella.
―Hola ―lo saludó la chica―. ¿Tú también buscas a Naoto?
―¿Sabes dónde está? ―Tsuna le regresó la pregunta.
―Subió hace rato ―le explicó la chica señalando detrás suyo―. Dijo que iba por más marihuana, pero ya se tardó mucho. ¿También te dejó esperando?
―Algo así... ―dijo Tsuna―. Subiré a buscarlo, ¿sí?
―Está bien, dile que sigo esperándolo.
Tsuna se levantó y subió el resto de las escaleras. Pasó los baños y al fondo notó que había otra puerta, probablemente el almacén del club. Intentó captar algún ruido proveniente del cuarto, pero no se escuchaba nada. Tocó un par de veces, pero al no haber respuesta, abrió la puerta con cautela. En el interior estaba Naoto, acompañado de una chica con la que intercambiaba besos y caricias. Quiso retroceder, pero al hacerlo la puerta rechinó, y Naoto notó su presencia.
―Oh, vaya, ¿quién eres tú? ―le preguntó mientras la chica lucía avergonzada y se acomodaba el vestido.
―Lo siento, no quería interrumpir ―se disculpó Tsuna con honestidad y casi olvidando que tenía a su objetivo en frente.
―Sí... ―Le sonrió el chico con extrañeza―. ¿Y qué necesitas?
―Eres Fujiwara Naoto, ¿verdad? ―le preguntó Tsuna―. Necesito hablar contigo.
―¿Vienes a mi fiesta y ni siquiera sabes quién soy? ―Se rió Naoto, acercándose para mirarlo bien―. Qué sujeto tan extraño...
Naoto mudó de expresión un momento antes de hablar de nuevo.
―Akari..., ¿por qué no me esperas abajo? ―se dirigió a la chica―. Llévale esto a Haruna ―agregó entregándole una bolsita de plástico―, seguro sigue esperando.
La chica tomó el paquete y salió de la habitación cerrando la puerta.
―¿Eres Sawada Tsunayoshi? ―preguntó Naoto cuando estuvieron solos―. ¿Vongola Neo Primo?
―Um, sí... ―admitió Tsuna extrañado ante su reacción repentina.
―Necesito que me ayudes ―le dijo Naoto, tomándolo de los hombros―. Los Trifoglio me amenazaron para que los protegiera. Akari no lo sabe, pero aún tienen a algunos de sus aliados espiándome, sé que están aquí. Por favor, ayúdame.
。
Hana estaba por irse cuando notó que el auto de Kyoko seguía en el estacionamiento. Dio media vuelta y se dirigió al Departamento de Investigación. Abrió la puerta sin tocar y efectivamente, encontró a su amiga aún adherida a la pantalla en su escritorio.
―Kyoko..., ¿sabes qué hora es?
―Está bien, Hana ―le contestó la chica sin molestarse en voltear―. Puedes adelantarte, nos veremos mañana.
Hana suspiró. Dejó su bolso y las llaves de su auto sobre una de las mesas, se ajustó el abrigo de peluche, y se plantó frente a Kyoko, aunque ella se rehusaba a despegar sus ojos del monitor.
―No me hagas desconectar la computadora, Kyoko ―le advirtió, al fin logrando que la chica la mirara.
―Hana..., sé que es tarde ―admitió―. Pero entiende, aún hay muchas cosas por hacer. Y ahora, con el nuevo invento de Verde, podríamos tener la ventaja. Si lo usáramos para atraer a los ex-Arcobaleno... podríamos obtener aliados muy poderosos.
―Verde dejó en claro que no quería compartir su nuevo dispositivo ―le recordó Hana.
―Estamos financiando sus proyectos y eso nos da la libertad de usarlos ―enfatizó Kyoko―. Sólo piénsalo, Hana. Tal vez Vongola sea potencialmente más fuerte que los ex-Arcobaleno, pero ellos tienen más experiencia. Si pudiéramos ponerlos de nuestro lado...
―Basta, Kyoko ―la interrumpió Hana―. Sé que podría ser una opción, pero no tenemos que recurrir a ella a menos que realmente sea necesario. Se supone que nuestro primer objetivo son los Trifoglio, ¿no? Y después Vongola. Debemos concentrarnos en la alianza con CEDEF para sacar el mayor provecho de ella... Ya nos dieron mucha información importante, sobre todo de los tréboles, ahora hay que volver al plan inicial.
―Sé que originalmente acordamos que Trifoglio sería el primer objetivo ―dijo Kyoko―, pero si sacamos a Vongola del juego, las cosas serán más sencillas.
―Sabes que eso no es verdad, Kyoko ―la contradijo su amiga―. ¿No habría sido más fácil que nos aliáramos con Vongola para detener a los Trifoglio en lugar de confiar en CEDEF? De todos modos siguen siendo parte de Vongola...
Kyoko negó con la cabeza.
―No, Hana ―le dijo―. Porque... si me uno a ellos, no podré separarme de nuevo. Si vuelvo a su lado..., me atrapará.
―¿Sawada? ―preguntó Hana sabiendo la respuesta.
El silencio se coló por un instante, al menos antes de que una voz tercera se uniera a la plática.
―¿Hablan de mí o de mi hijo?
―Iemitsu. ―Kyoko lo miró con recelo―. ¿Qué necesita con tanta urgencia que no pudo encontrar un mejor momento para venir?
―Lamento hacerte trabajar de más ―se disculpó el hombre arrastrando una silla para sentarse frente a ella―. Ya que CEDEF cumplió con su parte del trato, decidí venir a negociar.
―Bien, lo escucho.
―La verdad me interesa mucho el brazalete que utilizaste en tu asalto a los Trifoglio ―dijo―. Tengo la sospecha de saber quién se encargó del diseño.
―Si sospecha que fue Verde, entonces tiene razón ―aclaró Kyoko.
―Ya veo... ―Iemitsu se reclinó en la silla, colocando los codos sobre el escritorio―. Me gustaría saber qué otros proyectos tiene entre sus manos Verde.
Hana miró a Kyoko. Era el peor momento para que CEDEF se interesara en los proyectos financiados por el Departamento de Investigación.
―Desafortunadamente, eso no es algo que pueda decidir por mi cuenta ―le explicó Kyoko―. Hicimos un trato con Verde, no puedo compartir información sobre sus proyectos sin obtener su opinión al respecto.
―¿Crees que le pregunté a Tsuna si podía darte la información que te envié? ―preguntó Iemitsu―. Sólo quiero saber a qué me enfrentaré eventualmente..., ¿me entiendes?
―Hana... ―la llamó Kyoko, temiendo lo peor―, ¿dónde está Verde en estos momentos?
―Está en el laboratorio subterráneo ―le contestó la chica con evidente preocupación―. Solo ―agregó.
。
Verde estaba inmerso en su trabajo. Había sido capaz de obtener autorización para construir un nuevo laboratorio en un lugar donde nadie sospecharía que le pertenecía, y estaba tan distraído que no escuchó los pasos que se acercaban a su pequeño santuario.
―¿Qué tal, Verde? ―lo saludó desde la entrada su ex-compañero.
―¿Colonnello? ―Verde se sorprendió al reconocerlo―. ¿Qué haces tú aquí?
―No vino solo ―dijo Lal Mirch, asomándose también en la entrada, acompañada de Basil.
―Vinimos a saludarte. ―Le sonrió Colonnello recargándose en su rifle.
