Disclaimer: Basado en los personajes creados por Stephenie Meyer. Twilightzoner es dueña de las partes pornográficas… bueno, ya que es una parodia todo le pertenece. El Monstruo dice que él es el dueño. Yo sólo me adjudico la traducción.


[N. de la T.]

¡Por fin!, ¡el capítulo más esperado ha llegado!


.Deseo de Medianoche.

‗‖Capítulo 21‖‗


—¿Qué? —grité idiotamente. Esperen, ¿qué es lo que acaba de decir?

Bella lo repitió más enfáticamente.

—Estoy tomando pastillas —sonrió serenamente.

Mi cerebro digirió esa pizca de información mientras trataba de calmar mis facciones, sin mencionarlos latidos de mi corazón. El monstruo, aún hipando con diversión, sacó un pañuelo bordado y limpió las lágrimas de sus ojos.

—¿Cuánto tiempo te has estado cuidando? —pregunté incrédulamente. Me di cuenta que era bastante irrelevante, pero estaba tratando de ganar tiempo.

Bella se sonrojó.

—Un par de meses —murmuró.

Automáticamente hice mis cálculos.

—¿No es eso por las fechas en que comenzamos a salir? —¿Había estado planeándolo desde el inicio?

—Supongo que sí, ahora que lo pienso —respondió Bella, con voz deliberadamente casual—. Pero el control de natalidad no fue mi principal motivación; al menos no entonces.

Me detuve de preguntar cuál fue la razón, dándome cuenta que estaría totalmente a la deriva en un minuto aquí. En lugar de eso, le di la espalda y pasé una mano por mis cabellos. Mi estrategia estaba en ruinas. Los planes mejores formulados se habían convertido de alguna manera en los mejores planes para echar un polvo.

—¿Estás enojado conmigo? —preguntó Bella con voz baja.

—No, claro que no, Bella. Jamás podría estar enojado contigo —Sólo por el hecho de que hayas socavado el último y frágil hilo del plan RBS.

—¿Entonces me dirás qué pasa? —preguntó quedamente.

Mientras vacilaba, los ojos de Bella se ampliaron y comenzaron a brillar. ¡Mierda! El monstruo lucía aún más desamparado.

Bella me dio la espalda y encaró la ventana.

—Lo siento, Edward. Pensé que tú te sentías de la misma forma que yo; que querías hacer el amor. No tenía la intención de presionarte. Me siento como una idiota.

—Oh, Dios mío —exhalé con desesperación —. Por supuesto que quiero hacer el amor contigo. No hay nada que desee más en el mundo entero, te lo aseguro.

—Entonces no lo entiendo —respondió confundida, hablándole a nuestros reflejos en el vidrio.

No había manera de evitarlo; la charla se iba a dar aquí y ahora. Respiré profundamente para calmarme y ayudarme a organizar mis pensamientos. El monstruo gritó: «¡Más vale que sea bueno, pendejo!

Puse mis manos en los hombros de Bella y le di la vuelta para que me mirara. Busqué sus ojos antes de comenzar.

—Necesito estar seguro, es eso, asegurarme de que esto es realmente lo que necesitas. Hacer el amor, perder tu virginidad, eso es para siempre. Es algo que no puede deshacerse. Tengo miedo de que te arrepientas, que algún día llegues a creer que le diste algo valioso a alguien que… no se lo merecía. No te haré eso.

—¿Cómo puedes decir eso?, ¿que no te lo mereces? —sonaba sorprendida. Bella dudó por un momento, y cuando yo no hablé, continuó—. Edward, dices que estás seguro de quererme, ¿no es así?

—Sí, por supuesto.

—¿No tienes ninguna duda acerca de tus sentimiento? —insistió Bella.

—No. Ninguna —admití sinceramente.

—Entonces, ¿por qué piensas que yo podría llegar a arrepentirme?

—Yo… um —vacilé. No tenía una buena respuesta.

—¿De verdad crees que te interesas más por mí que yo por ti?

—No lo sé. Quizás —terminé sin convicción.

—¡Edward! —la sorpresa era obvia en la voz de Bella—. ¿Cómo puedes decir eso?

El dolor en su rostro me hizo sentir terrible. Estaba metiendo la pata magníficamente. Así que una vez más, mis pensamientos salieron de golpe.

La agarré de los brazos y lo dejé salir.

—Porque, Bella, quiero casarme contigo. Pienso en eso todo el tiempo; siendo capaz de estar contigo, sin nadie que tenga el poder de separarnos nunca más. Sé que pensarás que estoy loco por sentirme de esta manera; estamos demasiado jóvenes para casarnos. Pero eso no me impide desearlo; fantasear sobre esto constantemente. Muero un poco cada vez que tengo que llevarte a tu casa; cada vez que nos separamos —me di cuenta que estaba respirando con fuerza y sacudiéndola ligeramente mientras hablaba. Dejé caer mis manos y me alejé antes de continuar con voz temblorosa—. Sé que es una locura. No quería decirte esto. No quería asustarte.

El silencio era palpable. Mi corazón dio un vuelco de miedo por cómo ella podría probablemente reaccionar ante mi confesión. El monstruo contuvo la respiración. La respuesta de Bella me sorprendió tanto que mis ojos se movieron para encontrarse con los de ella.

—Tonto, Edward —canturreó, Bella. Ella estaba radiante de felicidad, y sus ojos brillaban ahora por una razón completamente diferente—. ¿No sabes que me siento exactamente de la misma manera?

—¿De verdad? —pregunté con la incredulidad animando mi voz.

—Por supuesto que sí. Pienso en nosotros estando juntos todo el tiempo también, y en un tiempo en el que no tengamos que decir buenas noches otra vez. Odio cuando estamos separados, créeme. No tienes idea de cuántas veces me he acostado en la cama por las noches deseando que estés allí abrazándome. O cuántas veces he despertado en las mañanas después de soñar contigo, desilusionada de descubrir que no estás conmigo.

Bueno, quizás yo tenía alguna idea sobre toda esa parte de los sueños.

—Desde casi el momento en que nos conocimos, mi vida parece tener sólo dos dimensiones; las veces que estoy contigo, y las veces que estoy esperando y deseando estar contigo —finalizó.

¿Era posible que Bella sintiera tan fuerte como yo? Busqué su rostro, buscando una confirmación de sus palabras. El monstruo, siempre viendo el vaso medio lleno comenzó a dibujar un camino de pétalos de rosas hasta la cama.

—En cuanto al futuro, también pienso en eso —bajó la mirada y se sonrojó un poco antes de continuar—. Me he preguntado si podríamos… aplicar a las mismas universidades para así poder irnos juntos después de la preparatoria. No había dicho nada de eso porque, como tú supusiste, tenía miedo de que pudieras pensar que iba demasiado rápido. Y… aunque estoy de acuerdo en que estamos demasiado jóvenes para casarnos, pude haber… escrito el nombre «Isabella Cullen» una o dos veces, sólo para, ya sabes… ver cómo luce —sus ojos se encontraron con los míos y sonrió tentativamente.

—Bella —murmuré, antes de abrazarla a mí —. Te amo demasiado —la abracé más cerca, con fiereza. Podía sentir su cuerpo temblar, de emoción esta vez. Mi corazón remontó. No parecía posible que Bella pudiera sentir por mí lo que yo por ella, pero la evidencia era clara en sus palabras. Me animé y di el siguiente paso.

—Me gustaría… darte algo… si quieres aceptarlo.

Solté a Bella, y ella me miró preguntándose. Metí la mano en el bolsillo de mi saco y saqué la delgada caja de terciopelo negro. No había estado seguro de que se lo ofrecería esta noche, pero alguna inclinación me había dicho que me lo trajera de todos modos. Tomando una de sus manos y colocando la caja en su palma, continué sosteniéndola mientras le explicaba.

—Me doy cuenta de que somos demasiado jóvenes para casarnos, por mucho que lo quisiera ahora. Así que un anillo de compromiso estaba fuera de lugar. Incluso un anillo promesa parecía que levantaría una preocupación molesta. Así que hice esto para ti, y… si tú quieres, me encantaría que lo usaras.

Las manos de Bella temblaron ligeramente mientras levantaba la tapa de la caja. Jadeó cuando vio el contenido. Era un anillo de diamantes en miniatura, colgando de una fina cadena de oro. Bella la sacó de la caja y la admiró, la pequeña joya brillando intensamente.

—Es un pequeño anillo —dijo, impresionada—. Luce exactamente como un pequeño anillo de compromiso.

—Bueno, esa era la idea en general —admití—. Quería darte un anillo, pero tenía miedo que eso evocara una tormenta de preguntas y comentarios. Así que hice este; un anillo de compromiso a menor escala. Y lo puse en una larga cadena, para que a menos que elijas lo contrario, nadie excepto nosotros necesita saber que está allí. Supone ser representativo tanto de mi amor por ti como de mi compromiso con nuestro futuro. Así que… ¿lo aceptas?

—Oh, sí. Edward, pónmelo —exclamó Bella, dándose la vuelta rápidamente para que pudiera abrochárselo alrededor del cuello. Mis manos temblaban mientras tentaba para cerrar el broche. Le di un beso en la nuca y puse mis manos en sus hombros para darle la vuelta y así poder verlo. El pequeño anillo yacía acurrucado en su escote, lo que también era algo representativo en nuestra relación. ¡Maldito collar suertudo!

El monstruo, fingiendo admirar el anillo, miraba descaradamente los pechos de Bella, flexionando sus dedos como reacción. Yo hice lo mismo. Luego, hice lo que me había estado muriendo por hacer toda la noche y planté mi rostro en medio de ellos, acariciando con mi nariz su suave piel e inhalando profundamente. Le di al anillo un beso rápido. En serio. Quiero decir, estaba apuntándole al anillo, no a la suave y fragante piel de sus pechos.

Confortado tanto por nuestra conversación como por ese íntimo contacto, me di cuenta que el momento de decidir estaba ya cerca. Yo había luchado durante tanto tiempo con… los pros y los contras de la situación, por así decirlo, pero ahora estaba teniendo problemas ordenando mis pensamientos. ¿Por qué exactamente había estado tan reticente de… consumar nuestro amor? Parecía una idea maravillosa en este momento.

Como para disipar cualquier duda instintivamente, Bella me rodeó con sus brazos y susurró en mi cuello:

—Te amo, Edward.

Tanto su cercanía como el sentimiento que expresó me hicieron temblar de deseo. Un bajo gemido se me escapó y mis brazos se apretaron alrededor de ella. Pero aún así, mis dudas luchaban por dominar.

¿Cómo ella podía querer darme un regalo tan valioso? Ella era maravillosa, hermosa, amable, ¡una diosa en la tierra! Ella podría tener cualquier chico que quisiera.

«Ella sólo te quiere a ti…»

¿Y si encuentra alguien a quien ame más? ¡Sería demasiado tarde! Si hacemos esto, no podría dejarla jamás; ¡jamás!

«No podrías dejarla, ni siquiera ahora…»

Simplemente no soy lo suficientemente bueno. No soy digno de su amor.

«Trata de decirle eso; ella te ama con todo su corazón…»

La he estado codiciando por meses. Soy un monstruo.

«No, no lo eres, eres un idiota… ¿no lo ves? Nosotros sólo la deseamos a ella; a nadie más, porque ella es la única a quien amamos…»

Y de repente, me detuve. Detuve todas las dudas y todas las preguntas. Abracé al monstruo y me entregué a este momento. Ella me amaba y yo a ella, y eso era todo lo que importaba. O sea, ¿en qué demonios estaba pensando?

«Eso es lo que digo; fóllemo… digo, ¡hagamos el amor!»

Algo se rompió. Si se trataba de mi mente, o el último y lastimoso hilo del plan RBS, no lo sabía. Antes de que mis labios se estrellaran con los de ellas, me escuché murmurar:

—Estoy rompiendo todas las reglas.

Liberado de los confines de ese maldito plan estúpido RBS, mi cerebro alimentado de hormonas comenzó a forjar visiones de que iba a… venir mientras violaba la boca de Bella con mi lengua. Teníamos toda la noche, así que desaceleré mis movimientos y me concentré en hacer de esto el momento más memorable de nuestras vidas.

Liberé a Bella y me moví por atrás de ella. Mientras mis labios acariciaban la suave piel de su cuello, las yemas de mis dedos se deslizaban por sus hombros y brazos, regresando lentamente para desabrochar el gancho de su vestido antes de bajar el cierre. Lo dejé caer, permitiendo que se juntara en una nube azul a sus pies. Bella automáticamente salió del círculo de su vestido, y cuando suavemente se agachó para recogerlo, arqueando tentadoramente su espalda, un ronco gemido se me salió.

Tal vez una perseverante Alice había logrado teñir la ropa interior de Bella para que hiciera juego con su vestido, porque su sujetador sin tiras y sus bragas parecían ser de un idéntico tono de azul oscuro. Su pálida piel contrastaba seductoramente con la oscura y satinada tela, adornado con provocativos trozos de encaje por aquí y allá. Mientras caminaba a una silla cercana para cuidadosamente poner su vestido en el respaldo, fijé la vista en su trasero terriblemente delicioso y mi erección se sacudió con entusiasmo. ¡Jódeme! ¡Doblemente! ¡Triplemente incluso!

Con su sedoso cabello aún amontonado sobre su cabeza, y usando solamente sus tacones y esas y esos pedazos de raso y encaje indecentemente pequeñas, me quedé sin aliento cuando Bella se volvió hacia mí.

Yo estaba armando una carpa; una carpa de circo; una carpa de circo de tres pistas, y no podría importarme menos lo ridículo que parecía, con mis ojos indudablemente vidriosos de… amor y mis manos extendidas cegadoramente hacia el objeto de mi deseo. El monstruo, babeando como perro rabioso, también extendía sus brazos.

Bella se acercó y se detuvo frente a mí, esperando con expectación. Mis dedos trazaron ligeramente la curva de sus pechos, aún ofreciéndose seductoramente a pesar de la minúscula cantidad de soporte que el sujetador podía proporcionar. Mis manos delinearon las deliciosas curvas de su cuerpo. Me sentía como el proverbial niño en la dulcería. ¿Qué quería probar primero?

Puse mis manos a cada lado de su rostro y me incliné para robarle un beso. Jugué con sus labios —sus carnosos e incomparables labios sexys— con besos y mordiscos suaves. Mientras nuestras bocas se unían y comenzaba a explorar la suya con mi lengua, una mano se deslizó para sostener la parte posterior de su cuello mientras la otra acariciaba la longitud de su espalda, presionándola a mi cuerpo y a mi desesperadamente apremiante erección.

Mi siguiente desacierto de la noche fue tratar la «maniobra desabrocha sujetador» con una sola mano. Aparentemente, no estaba preparado para ello, buscando a tientas torpemente por un segundo o dos incluso después de deshacerme de la «útil» ayuda del monstruo. Eventualmente, lo logré sin causar ningún daño permanente, deslizando el agraviado artículo por en medio de nuestros cuerpos y dejándolo caer al suelo. Mi mano continuó viajando arriba y abajo por la suave piel de la espalda de Bella mientras mis besos se hacían más exigentes.

Mis dedos se deslizaron más abajo, dentro de sus bragas, y gemí dentro de la boca de Bella. Quería rompérselas, pero controlando mi urgencia, en lugar de eso rompí con nuestro beso y se las bajé hasta los tobillos. Ayudé a desamarrar sus pies antes de pararme para admirar su cuerpo perfecto.

—Exquisita —se me escapó sin pensar mientras miraba a Bella. Ella deslizó mi sacó por mis hombros y me la quité con un encogimiento de hombros, con mis ojos pegados a su gloriosa figura. El monstruo comenzó a lloriquear y a señalar hacia el dormitorio, pero no estaba completamente listo.

—Bella —susurré con voz ronca—, suéltate el cabello.

Ella sonrió seductoramente y se llevó las manos a la cabeza. La visión de ella parada allí, usando sólo su collar y sus zapatos y levantando sus manos sobre su cabeza, era tan irresistible, tan jodidamente erótica, que tuve que retroceder un paso con el propósito de apreciar la vista aún más. El monstruo cayó sobre sus rodillas y echó espuma por la boca. O tal vez ese era yo…

Bella lentamente arrancó las horquillas de su cabello y las tiró, una por una, al suelo, en una especie de striptease de peinado. Su cabello comenzó a aflojarse, cayendo en ondas a sus hombros. Bella sacudió la cabeza, sus rizos alargándose y cayendo hacia enfrente cuando pasó su mano por su cabello.

—Dios de mi vida —susurré. Quería perpetrar esta imagen en mi memoria; absorber cada detalle y estigmatizarla en mi cerebro, para así poder saborearla por siempre.

Le quité la cámara de las manos al monstruo antes de lentamente acercarme a Bella. Para no sucumbir a la tentación de tomarla en ese mismo momento, la tomé en brazos y la llevé a la siguiente habitación, colocándola suavemente en el centro de la cama. Sus zapatos habían cumplido su propósito, así que se los quité y los lancé lejos, pateando los míos también. Luego me acosté sobre mi costado junto a ella, sosteniendo mi cabeza en alto y siguiendo contemplando su cuerpo expuesto sin prisa.

—Eso no es justo, ¿sabes? —apuntó Bella con voz baja.

—¿Qué cosa? —pregunté, sabiendo completamente adónde iba. Mis dedos comenzaron a deslizarse a través de su abdomen.

—Tú aún estás completamente vestido —hizo un mohín, luciendo adorablemente sexy y tentándome a tomar su boca con la mía.

—Sí, lo sé. Estoy disfrutando la… desigualdad inmensamente —ni siquiera traté de ocultar mi deleite ante su creciente sensación de vulnerabilidad.

Llevó sus dedos a mi corbata, pero encerré su mano con la mía y contuve sus esfuerzos. Me incliné y la besé, delineando esos deliciosos labios con mi lengua, al mismo tiempo moviendo sus brazos hacia arriba, llevando su mano a reposar en la almohada a un lado de su cabeza. Levanté su otra muñeca e hice lo mismo, deteniéndome para saborear la vista de ella ofreciéndose ante mí, absolutamente indefensa, como un cordero de sacrificio.

—Por favor —susurré contra sus labios, y ella entendió que yo quería acceso total y sin restricciones a su cuerpo. Mi mano se volvió más atrevida, así como mi deseo más acentuado.

La besé suavemente, con pasión, mientras acariciaba su suave piel. Tomé sus pechos, uno a su vez, acariciando y apretando la flexible piel. Pero quería ver tanto como quería probar, así que alcé mi cabeza otra vez para ver las reacciones de Bella con una creciente fascinación.

—Abre tus piernas para mí, cariño. Quiero ver todo de ti —imploré con un susurro gutural.

Ella cerró los ojos y volvió su cara ligeramente hacia el otro lado, antes de abrir las piernas un poco.

No lo suficiente.

Coloqué mi mano debajo de su rodilla y lentamente levanté su pierna, dejándola reposar apoyada contra mi cuerpo. Ahora tenía lo que quería.

Regresé a un pecho, amando el peso de éste en mi mano. Suavemente pellizqué y retorcí la sensible punta, saboreando el ronco gemido que se le escapó a Bella, mirando con fascinación las expresiones de placer que pasaban por su rostro. Perezosamente atormenté cada uno de sus pezones, amando sus reacciones y la evidencia del claro placer que le proporcionaba. Mis dedos de forma atormentadora acariciaban la delicada piel de la cara interior de su muslo, mientras mis ojos se agasajaban con mi objetivo final. Lo consideré una pequeña victoria cuando una mano llegó más adelante y sus dedos se cerraron convulsivamente alrededor de una tablilla en el cabecero de madera.

No tenía ninguna prisa. Me tomé mi tiempo, explorando su cuerpo, midiendo sus respuestas. Cuando mis dedos se deslizaron hacia abajo, encontrando su caliente y femenina piel, descubriendo el verdadero alcance de su buena disposición, gemí en voz alta. Estaba tan húmeda.

—Oh, Dios. Oh, Dios —grité quedito, antes de inclinarme para urgentemente besar sus labios. La rodeé fuertemente en mis brazos, apretando su cuerpo al mío. Los brazos de Bella se enroscaron alrededor de mi cuello, sus dedos momentáneamente colándose en mi cabello, antes de que deslizara sus manos entre nosotros para quitar mi corbata. No hubo objeciones esta vez, y yo aflojé mi agarre para que así ella pudiera desabotonar mi camisa, amando la sensación de sus cálidas manos en mi piel. Hubo un par de momentos de consternación cuando traté de quitarme la maldita cosa, olvidándome de las mancuernillas y forcejeando como si estuviera siendo atacado. Por suerte, Bella se hizo cargo, desabrochándolos mientras se reía para que así pudiera liberarme solo. Rápidamente me quité el resto de mi ropa y me volví a poner en la cama.

La puse sobre mí, trazando las líneas de su cuerpo con mis manos, apretando sus dulces curvas, jadeando de necesidad cuando sus movimientos involuntarios acariciaban mi erección. Dejé a mis dedos explorar entre sus piernas una vez más hasta que Bella se volvió frenética, sus respiraciones se convirtieron en gemidos, su cuerpo sin decir palabras rogaba por más. Estaba decidido a que ella encontrara el placer antes de que estuviéramos unidos, preocupado de que su primera vez fuera incómoda, y aunque esperaba que no fuera así, posiblemente dolorosa. De hecho, esa desagradable idea estaba pesando en mi mente más y más a medida que las cosas avanzaban.

Jalé las piernas de Bella hacia arriba por lo que estaba a horcajadas sobre mí, levantándola ligeramente, y moviéndome hacia abajo por la cama, me posicioné… estratégicamente y bajé su cuerpo para… apaciguar mi hambre. Cuando mi boca comenzó a trabajar con entusiasmo, Bella echó su cabeza para atrás con un intenso gemido y se agarró del cabecero buscando apoyo. Eso me permitió contacto sin restricciones con sus pechos, los que alcancé para atormentar y acariciar en armonía con los movimientos de mi lengua. En vista del prolongado… calentamiento, el cuerpo de Bella se arqueó y se tensó más rápido de lo que pensé posible y sollozó en señal de rendición, jadeando mi nombre con fuerza. Bueno, eso fue jodidamente estimulante…

Aunque más que dispuesto, ansioso de hecho, de continuar… la cabalgata, Bella desmontó y se derrumbó en mis brazos con un poderoso estremecimiento. Abracé su tembloroso cuerpo cerca del mío, tirando la enredada sábana sobre ella, aunque sabía que el frío no tenía nada que ver con su reacción. Planté suaves besos en su cabello, su frente y su rostro. Como siempre, fui golpeado por la inexplicable fuerza de las emociones que se apoderaban de mí cuando le daba un placer tan visible.

Después de unos momentos de recuperación, Bella ladeó la cabeza y me miró a los ojos. Como si quisiera asegurarse que tenía toda mi atención, puso su mano en mi mejilla, y susurró:

—Ahora, Edward.

—¿Estás lista ahora, entonces? —repetí profundamente, buscando sus ojos para detectar cualquier signo de vacilación—. ¿Ahora?

Bella asintió y yo respiré profundamente. Si bien estaba nervioso, no pensé que mi polla se estaba retorciendo por esa razón. Uno de nosotros no tenía reserva alguna sobre este próximo paso. Tampoco las tenía el monstruo, quien sacó un conjunto de pompones y comenzó a agitarlas energéticamente.

—Si llega a ser… demasiado, estoy bastante seguro de que voy a poder parar —le informé.

Me acomodé entre las piernas de Bella y su vagina desapareció. Quiero decir, lo parecía, a medida que mi polla infructuosamente buscaba entrada en alguna parte. Acerqué la mano para ayudarlo a… cruzar el territorio, localizando una entrada aparentemente apropiada. Entré sólo un poco. Cristo, ¿ahora qué hago?

O sea, sabía qué hacer, pero, ¿cómo hacerlo? ¿Rápido, cómo romper un curita? ¿Lento y suave, facilitándome la entrada, pero posiblemente prologando alguna molestia?¿Por qué no había repasado esto con Emmett? Ya estaba sudando y apenas me había movido.

Bella se movió un poco, probablemente tratando de animarme mientras yo luchaba contra mis dudas. Optando por un punto medio, lentamente me enterré con determinación, aún conteniéndome considerablemente. Y estaba dentro. Y se sentía… maravilloso. Cálido. Húmedo. Más apretado de lo que posiblemente pudiera haber imaginado.

Si no hubiera sido por el jadeo de Bella y la tensión en todo su cuerpo, hubiera sido felicidad absoluta. Pero al ver que obviamente le dolía, luché por permanecer quieto, temblando completamente por el esfuerzo que conllevaba. El impulso por empujar, y empujar duro, era abrumador. Apoyado en mis codos, miré a Bella, deseando con todas mis fuerzas que esto no fuera demasiado terrible para ella.

—¿Estás bien?, ¿te duele? —me sentía como una bestia.

—No —respondió con suavidad—, es tolerable. Sigue.

Lentamente, comencé a moverme dentro de ella. Me refiero a que, lo más despacio que podía. ¿Por qué tenía que sentirse tan jodidamente bien? Odié el hecho de que ella estaba en el mejor , mientras yo estaba teniendo el mejor momento de mi vida. Por el otro lado, con una creciente sensación de mortificación, me di cuenta que el momento de mi vida no iba a ser tan terriblemente duradero.

Esto era simplemente demasiado, um… jodidamente maravilloso; se sentía absolutamente asombroso. Y yo que pensaba que nuestros encuentros previos habían sido enteramente satisfactorios. Pero esto estaba más allá de cualquiera de mis expectaciones. Y mucho más allá de mi habilidad para… aguantar.

Muy a mi pesar, iba a correrme —rápidamente—, y no iba a poder evitarlo. Tal vez era lo mejor, me consolé. Bella se había relajado un poco, pero no podía decir con certeza que ella lo estaba disfrutando. Jodido Sr. Dios del sexo, ¡mis bolas!

La fuerza de mi orgasmo me sacudió mientras mi esperma era inyectada en Bella. Grité como si acabara de salir de la parrilla. Fue mi turno de colapsar, jadeando sin control, aunque me aseguré de salir de ella primero. Y Bella, a su vez, acarició mi cabello cariñosamente mientras me recuperaba.

Rodé sobre mi espalda, volviendo a Bella conmigo para que pudiera colocarse en mi costado. No sabía qué decir. Mis pensamientos se alternaban entre lo increíblemente fantástico que era el sexo y en lo mucho que debí haber decepcionado a Bella. Tenía que decir algo.

—Lo… lo siento, eso no fue muy bueno para ti, ¿no es así? Espero… bueno… que no te haya hecho tanto daño.

—Por favor, no te sientas mal. No creo que la primera vez, para la mayoría de las chicas, sea todo arcoíris y coros de ángeles. Digamos que, hay que olvidarlo y que ahora va a mejorar.

—Sí, voy a olvidarlo; rápidamente —bufé burlonamente.

—Vamos a mejorar en esto. Aprendiendo juntos, ¿recuerdas?

—Yo sólo… quiero complacerte, Bella. No me parece justo que yo haya sido el único que se divirtiera —me lamenté.

—Está bien, así que la próxima vez yo voy a tener toda la diversión y tú prometes no disfrutarlo. ¿Mucho mejor? —bromeó—. Además, me parece recordar haber tenido un montón de diversión sólo unos momentos antes. Tú siempre me complaces.

Suspiré. Me sentía como un fracasado, aunque no estaba tan deprimido como para no babear ante la visión del trasero de Bella mientras se dirigía al baño un poco más tarde. Bueno, supongo que era un poco ilusorio pensar que me portaría como una estrella porno en mi primera vez. Sólo tenía que tragarme mi humillación y hablar con Emmett de esto; pedir su consejo. La próxima vez sería mejor.

Bella salió del baño vestida con una de las batas del hotel. No me gustó eso y la miré interrogativamente.

—Tengo hambre ahora. Vamos a ver qué hay de comer —sugirió.

Le di un beso rápido.

—Voy por una bata —me dirigí al baño.

Cogió mi mano.

—Oh, no, tú no. Es tu turno de estar… en exhibición para mí —explicó con una desconocida y depredadora mirada lasciva.

Vacilé, extrañamente avergonzado, ahora que la balanza estaba del otro lado.

—Te arrastraré de vuelta —me amenazó Bella cuando mis ojos se lanzaron hacia el baño.

La seguí hasta la sala de estar y nos sirvió a cada uno una copa de vino sin alcohol. Bella se sentó y examinó la comida disponible. Y a mí. Me senté a su lado sintiéndome sumamente expuesto.

—Tienes el trasero más lindo —anunció.

Me sonrojé como una colegiala y dirigí mi atención a la comida. Ya no tenía hambre, pero ofrecía una conveniente distracción.

—Si quieres algo más, lo ordenaría con gusto —ofrecí.

—Estoy bastante seguro de que tengo todo lo que quiero justo aquí —respondió de manera insinuante.

Asentí, confundido por su tono. Miré a Bella mordisquear la comida delicadamente por un rato. Eventualmente, se dio cuenta de que no estaba comiendo. Cogió una uva y la llevó a mis labios.

—Creo que deberías de comer algo, Cullen. Vas a necesitar tu fuerza.

Esperen, ¿qué significaba eso? ¿Ella quería…?, ¿íbamos a…?, ¿podría ella decir que…?, ¿realmente me quería de nuevo? Tanto mi humor como mi polla se revitalizaron por la posibilidad no hablada.

Bella metió una fresa en su exquisita boca y me sorprendió poniéndose a horcajadas en mi regazo.

—Definitivamente está resurgiendo —bromeó, viendo hacia mi regazo.

—Eres observadora, ¿no es así? —reí, con mi moral y am… otras cosas, aumentando a cada segundo.

El monstruo le dio una vuelta a la habitación, llevando sobre su cabeza un cartel grande que decía: «Segunda ronda».

Desaté la bata de Bella, abriéndola y gimiendo de placer. Sus exquisitos pezones estaban exactamente al nivel de mis ojos, y repentinamente yo estaba… muy hambriento. Atormenté a cada uno con mi boca y lengua, sintiéndome particularmente complacido cuando la bata se deslizó de sus blandos brazos y la desnudez equitativa para todos fue restaurada.

Me levanté del sofá, cargando a Bella conmigo, y me dirigí de regreso al dormitorio. Caímos sobre la cama, y las… fiestas comenzaron de inmediato. Mi lengua recorrió la boca de Bella mientras mis manos hacían lo mismo con su cuerpo. Sin embargo, al parecer Bella estaba buscando una amplia gama de… actividades previas esta vez.

—Edward, te quiero dentro de mí. Por favor —susurró.

Bueno, ya que me lo pides tan amablemente…

Me alineé, esperaba que correctamente, y entré en ella, esta vez más despacio. Sin estar tan preocupado por infligir dolor, tuve la oportunidad de disfrutar la sensación inicial mucho más exhaustivamente. No pude reprimir un gemido de satisfacción; estar dentro de Bella era el paraíso en la tierra.

Esperé un momento antes de empezar. Todo parecía estar bien, así que empecé a embestirla lentamente, abrumado por las sensaciones de calor y humedad, sus paredes estrechas agarraban mi polla. Después de unas pocas estocadas Bella jadeó, y abruptamente cesé mis movimientos.

—¿Qué sucede? —dije con voz ronca.

—Nada. Sigue, por favor —jadeó.

Volví a mi ritmo, aún no completamente convencido de que algo no iba mal. Cuando Bella jadeó otra vez y luego gimió, entré en pánico.

—¿Te estoy haciendo daño?, ¿debería parar?

—No, no. Se siente… maravilloso. Y si te detienes nuevamente, voy a hacerte daño —bromeó sin aliento.

Casi no lo podía creer. Pero cuando las caderas de Bella comenzaron a moverse hacia enfrente para encontrarse con mis estocadas, tuve que aceptar sus palabras. Por primera vez, me relajé y pude apreciar plenamente la maravillosa intimidad de nuestra unión.

Me dejé llevar. Quiero decir, no de esa forma; la única cosa que me impediría lograr mi objetivo esta vez sería insuficiencia cardiaca. Quizás por primera vez en mi vida, dejé de pensar y me sumergí en la sensación. Disfruté cada golpe hasta… la empuñadora, disfrutando los matices de cada movimiento, y más especialmente, deleitándome en las respuestas de Bella cada vez más ruidosas y entusiastas.

Sus jadeos y gemidos continuaron. Sus caderas empujaban con un ritmo regular para encontrarse con las mías. En un momento dado, sentí a Bella lamer mi cuello, una apropiada acción considerando los inhumanos gemidos que se le escapaban. Fue increíblemente… alentador. Envolvió sus piernas alrededor de mí, provocando otro fuerte gemido de mi parte.

La capturé con todo mi peso y comencé a penetrar mi polla con fuerza dentro de ella.

—Bella, oh Dios, Bella —entonó, y mi nombre escapó de sus labios con la misma frecuencia. Me enterré en ella, deleitándome con la primaria conexión, alborotando pasiones desconocidas que hasta entonces sólo sospechaba que poseía. Y en mi cabeza, me pareció escuchar un coro rítmico de «mía, mía». Ahora ella era mía; lo había hecho así. Mi amor por ella no tenía límites, pero en ese momento deleitarme en mi posesión sobre ella pareció igual de fuerte. Verla, tan delicada, tan indefensa, y su frágil cuerpo retorciéndose, atrapado debajo del mío, envió un salvaje estremecimiento a través de mí. Y su conmovedora vulnerabilidad sólo enfatizaba el conocimiento de la mía propia. Era impotente frente a ella… y sería para siempre.

Me di cuenta de que bella estaba cerca. Parecía casi retraída en sí misma, volviéndose insensible a todo excepto al placer que sentía. Era electrizante y completamente erótico de ver, no, ser la causa de su éxtasis. Un momento después, sus piernas y brazos se apretaron alrededor de mí; toda ella se apretó alrededor de mí, de hecho. Sus ojos se abrieron de golpe y se volvió hacia mí, mirándome a los ojos y gritando mi nombre. Y en un momento de triunfo glorioso, de éxtasis chocante, me liberé violentamente dentro de ella con un largo y gutural gemido.

Me desintegré contra ella, seguro de que nunca tendría la fuerza de moverme otra vez. Eso cambió un momento después. De repente, sentí algo húmedo en mi rostro y alcé la cabeza. Había lágrimas escapándose de las comisuras de los ojos de Bella. Oh, mierda. ¿Qué he hecho?

—¿Bella? —susurré con mi corazón en la garganta—, ¿estás llorando?

—Oh, Edward —sollozó, lanzando su brazo alrededor de mi cuello con tanta fuerza que rodamos sobre nuestros costados—. Fue simplemente tan… maravilloso estar tan cerca de ti, realmente… pertenecerte. Hacer el amor contigo es todo lo que esperaba que fuera. Me has hecho tan feliz. Nunca me dejes… —concluyó en un susurro, dejándome sin saber si yo estaba destinado a escuchar sus últimas palabras o no. Frotó su frente contra mi pecho como gatito, y luego se relajó, suspirando con satisfacción.

Oh, mi Dios. OhmiDiosOhmiDiosOhmiDios. Esta mujer iba a ser mi muerte. Sus sentimientos casi me hicieron sollozar. En lugar de eso, la agarré a mí convulsivamente, tratando de contener las emociones que amenazaban con abrumarme. La restauración de mi estado como Dios del sexo llevó en un segundo a la euforia, la adoración, la devoción rayando la idolatría que ahora brotaba dentro de mí. Me invadió una sensación de perfecta felicidad. Y sabía que nunca podría dejarla ir.

Mientras el sueño me llevaba, vi al monstruo, tumbado en el sofá, encendiendo un cigarrillo e inhalando profundamente.


[N. de la T.]

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