Capítulo 21. Bado: psicoanálisis.

Noviembre de 2009. Plena madrugada. La segunda sección está de guardia nocturna. Todos están durmiendo en sus correspondientes cuartos, con el uniforme plegado al lado por si tienen que vestirse repentinamente. El oficial y piloto Bado Rinart, está dormido en su futón... soñando.

Bado está teniendo un sueño absolutamente irreal, pero de una belleza visual inconmensurable. Con incluso música de piano, ya que suena "La Sonata de Claro de Luna" de Beethoven. Se ve a si mismo sobre lo que parece un océano inmenso y que se pierde en el horizonte. Totalmente en calma, con el agua absolutamente plana y sin una ola. Bado está levantado, firme sobre ese agua... y se pone a andar. Puede andar sobre el agua. Mirando al cielo, Bado no sabe si es de día o de noche. No hay sol, si no una luna llena inmensa, enorme, pero no está oscuro, si no que parece que es de día. Pero el cielo, es de color morado. Un morado tan intenso y brillante que no es real.

Bado no sabe donde se encuentra. Mira hacia todos lados, preguntándose donde está... hasta que de repente observa alguien que sólo un segundo antes no estaba allí. Es una mujer. Una mujer muy bella, de cabellos muy oscuros y largos, con una cara también preciosa, de gran expresividad. Pero también es una mujer de piel morena y un punto rojo en medio de la frente... y va vestida con ropaje tradicional hindú.

Bado se queda absolutamente hipnotizado. Observando incrédulo cómo aquella mujer de extraordinaria belleza, con su larga y preciosa melena oscura removida por el viento, le mira fijamente con unos espectaculares ojos azules, muy brillantes y claros. La mujer, con mirada triste, pero una tímida sonrisa en la boca... observa a Bado y éste se da cuenta, que algunas lágrimas caen desde aquellos ojos azules tan omnipresentes. Bado se queda sobrecogido. Es incapaz de moverse ni reaccionar. No sabe quien es esa mujer tan bella. Pero algo... algo dentro de él le dice que le suena de algo. Que conoce esa mujer. Que la ha visto en alguna parte... y que es importante para él.

De golpe... la música de Beethoven se para; deja de poder andar sobre la superficie del agua... y cae al agua, hundiéndose cada vez más en la oscuridad. Pero no se inmuta, sigue maravillado ante aquella presencia. ¿Quien es? ¿Por qué este sueño... y por qué ella?

El sueño termina de forma inesperada. Bado es despertado a las cinco de la mañana por la alarma de emergencias. Se levanta, quedándose un rato en vabia, pensando el por qué de este sueño tan extraño y quien es esa mujer. Pero enseguida se da cuenta que no hay tiempo que perder y se pone en movimiento.

A las cinco de la madrugada, cuando aun no ha salido el sol, la segunda sección es movilizada. El convoy de vehículos de la segunda sección con los Shinohara JPL-09 Ghost se dirige a cubrir una emergencia en unas obras nocturnas en una línea del metro de Tokio. Bado está todavía sobrecogido, intrigado por el sueño que ha tenido hace sólo un momento. No sabe que significa, a que ha venido ese sueño tan irreal y bello a la vez... pero no puede dejar de pensar en él ni un instante. Y es que la mujer que aparece en el sueño... siente cómo si la conociera de toda la vida, sin saber si siquiera a quien le recuerda.

Un par de horas después, la emergencia ha sido solucionada, pero el teniente Chikawa ya ha notado algo raro al dirigir a Bado. Cuando llegan al hangar y se bajan de los vehículos, Chikawa le llama la atención a Bado.

(Chikawa) ¡Bado!

(Bado) ¿Eh? Sí, diga, teniente. -con cara y voz serias-

(Chikawa) -sin saber muy bien cómo tratarle- Eeeee... nada. Lo has hecho muy bien, cómo siempre. Esto... ¿Todo bien?

(Bado) Claro que todo bien. ¿Es que he hecho algo mal? ¿He hecho algo fuera de lo habitual?

(Chikawa) ¡No! Bado... cómo te lo puedo decir... te he notado aun más serio y obediente de lo que es normal en ti. Cómo si... -ve que Bado se le queda mirando con cara seria- Es igual, olvídalo. Buen trabajo, oficial Bado. Anda, ve a escribir el informe para la capitana.

(Bado) Sí. -se marcha y Chikawa se le queda mirando con preocupación. Entonces llega Hiromi-

(Hiromi) Le pasa algo, verdad? -dice mirando también preocupado a Bado-

(Chikawa) Sí. El muchacho me preocupa, sabes?

(Hiromi) ¿Y por qué te preocupa exactamente?

(Chikawa) No sé. A lo mejor es sólo una gilipollez, le doy demasiadas vueltas. Pero le noto... apagado.

(Hiromi) Si es así... sí que deberíamos preocuparnos. Cómo dice Richardson, Bado es "la alegría de la huerta". Siempre está bromista, alegre y despreocupado. A veces pienso que no ha cambiado mucho de cuando nos tuvimos que enfrentar a él a los mandos del Labor Negro.

(Chikawa) Bado ya no es ningún crío. Eso seguro. Más teniendo en cuenta que es un mujeriego sin remedio. Se lo puede permitir, es un joven muy atractivo y alegre. Aunque después nunca consigue que sus relaciones sean estables. En eso tiene que madurar y mucho.

(Noa) -se acerca a ellos- Buen trabajo, tenientes.

(Chikawa) Gracias, capitana. Capitana... ¿Se ha dado cuenta de lo que le pasa a Bado?

(Noa) Claro que sí.

(Hiromi) ¿Ya lo sabes? -se sorprende-

(Noa) Ota siempre me critica que Bado es el niño mimado de mi sección. Y no lo voy a negar, lo es. Tengo el mejor piloto de Labors que existe bajo mis órdenes y eso hace que tenga que cuidar de él. Cuando yo era oficial, Takeo me enseñó que en el trabajo también tienes que cuidar tu salud, tanto la física cómo la mental... y cuidar las relaciones con tus compañeros.

(Chikawa) Es decir, cuidar de sus subordinados para que trabajen lo mejor posible.

(Noa) A mi me gusta más decir para que sean más felices en el cumplimiento de sus tareas y obligaciones cómo policías. Pero hablando de Bado... sí, le pasa algo. Está callado y mustio. Y desde esta mañana.

(Hiromi) Ahora que lo dices, es cierto. Anoche mismo, Bado estaba de lo más animado. Vamos, cómo siempre.

(Noa) Estamos de acuerdo. Le pasa algo. -los tres se quedan de brazos cruzados y pensativos-

En el despacho de oficiales y tenientes, Bado se sienta en su silla tras su mesa a redactar en su ordenador el informe de su última salida. En su mente, las imágenes del sueño que ha tenido le vienen una y otra vez quedando absorto y distraído, sin oír lo que le dicen los demás.

(Mimiko) Bado. ¡Bado!

(Bado) ¿Eh? ¿Que? ¿Que decías, Mimiko? -dice todo distraído-

(Mimiko) ¿Que te pasa? Estás muy serio.

(Miyazaki) -dice medio en broma- Aaahhh... no me lo digas. Otra chica que te ha dejado plantado. No me extraña.

(Mimiko) -con voz seductora- Eso si que es raro. Con lo mono que es Bado. Si fuese más joven y no hubiese conocido a mi amorcito...

(Miyazaki) ¬ ¬ No estarás hablando en serio.

(Mimiko) -riéndose con la mano sobre los labios- ^ . ^ Era broma, mujer.

(Bado) No... no me pasa nada. -con voz y cara entristecidas-

(Miyazaki) ¿Seguro? Tu cara no dice lo mismo. A ti te pasa algo, pero te da vergüenza decírnoslo.

(Bado) ¡He dicho que no me pasa nada, pesadas! ¡Dejadme en paz de una vez! -gritando furioso, las chicas se quedan calladas-

(Miyazaki) -responde impertérrita- Está bien. No insistiré. -entra en el despacho Watanabe, Hato y los de la cuarta sección-

(Watanabe) -riendo- Vamos, que no se puede decir quien es el mejor. ¿? Bado.

(Bado) … -sin decir ni mirar, concentrado en su trabajo-

(Hato) Creo que a nuestro jovenzuelo le pasa algo. ¿No?

(Watanabe) Eeeee... déjamelo a mi. Es mi colega. Mejor será que me encargue yo. -se sienta en su silla, la que está al lado de Bado- Eeeee ¡Hey! ¡Cómo va eso!? -dice haciéndose el simpático-

(Bado) ¿? ¿Qué quieres? -dice todo serio-

(Watanabe) -se sorprende de la reacción de Bado- Caray. Que manera más seria y recta de contestar. Oye... ¿No quieres venir conmigo y Sakura al concierto de este sábado?

(Miyazaki) ¿Que concierto? -preguntando con cara de no saber de que va la cosa-

(Watanabe) Eeeeee... sí... ya sabes. "Ese" concierto.

(Miyazaki) -le sigue la corriente a su novio- Aaahhh... "ese" concierto. Claro, claro. Sí.

(Watanabe) Que. ¿Te apuntas? Habrá muchas fans del grupo. Ya sabes. Chicas guapas, con minifaldas y eso.

(Bado) -suspira cerrando los ojos y mira a Watanabe seriamente- … Watanabe... hoy no estoy de humor, quieres?

(Watanabe) ¿Eh? ¿Cómo que no estás de humor? Si eres el sentido del humor con patas. En el banquete de la boda de Richardson y Sonoko hace tres semanas fuiste el alma de la fiesta. Cogiste un pedo cómo un templo y estabas tan salido que la comandante Goto no sabía donde meterse de la vergüenza.

(Bado) ¡Watanabe! -grita furioso

(Watanabe) O _ o Q... que.

(Bado) ¡Cierra la boca! ¡No quiero hablar! ¡Lo entiendes!? ¡Dejadme en paz de una puta vez!

(Watanabe) Vale. Muy bien. Te dejaré en paz. Pero si viene la capitana a preguntarte... ¡No le contestes a gritos, borde! -le dice de malas maneras-

Todos se quedan mirando a Bado, preguntándose que demonios le pasa. No es una actitud nada normal en él.

Pasa el día... y llega la noche. Bado está dormido... y otra vez vuelve a tener exactamente el mismo sueño. Con la misma música de piano de Beethoven, el mismo océano plano que se pierde en el horizonte, la misma luna llena gigante en medio de un cielo morado de un intenso irreal... y la mujer hindú de belleza extraordinaria mirándole fijamente, con sonrisa triste... y lágrimas cayendo de sus ojos azules brillantes. Bado se despierta de golpe. Se preocupa realmente de que lleve dos noches seguidas con el mismo sueño.

Por la mañana del día siguiente, Bado aun está más preocupado y entre sus compañeros se extiende un cierto alarmismo por la aparente mala racha que está viviendo Bado. Y en especial su mejor amigo, Watanabe, se preocupa seriamente por él. Mientras trabajan cada uno en su mesa, Chikawa tira la primera piedra y...

(Chikawa) Oficial Bado... no pienses que me quiero meter en tu vida privada, ni saber tus líos de faldas y todo eso. Pero dímelo ahora cómo compañero antes que tenga que obligarte a decirlo cómo tu oficial superior. ¿Qué demonios te pasa? ¿Eh?

(Bado) … -serio, sin contestar, concentrado en su trabajo-

(Miyazaki) No quieres hablar, eh? Puedes decírnoslo. Incluso la cotorra de Mimiko no dirá nada a nadie fuera de aquí.

(Mimiko) -se lo toma mal- ¡Oye! ¡A que viene eso de cotorra!?

(Hiromi) Vamos, Bado. Nos estás preocupando. No es nada normal verte así. Te pasa algo malo, no puedes disimularlo.

(Bado) -echa un profundo suspiro, cerrando los ojos y los abre al terminar- … Lo siento.

(Watanabe) Que sientes que. Vamos, por favor. ¡Dilo!

(Bado) ¡Está bien, os lo diré! ¿Por que demonios insistís tanto? ¡Sólo es una tontería!

(Miyazaki) ¿Una tontería? No me hagas reír, majete. Desde ayer por la mañana estás de una depresión que haces llorar hasta los Ghost cuando pasas delante suyo. Que es lo que te pasa.

(Hiromi) ¡Eh, eh! ¡Tampoco hace falta que le interroguéis cómo si fuese un delincuente! Dejémosle hablar tranquilamente.

(Watanabe) Bado... por favor. Es importante. Cuéntanoslo.

(Bado) Está bien. Está bien. Es... es por... un sueño.

(Mimiko) ¿Que? -se queda extrañada-

(Miyazaki) Mimiko... -mirando de reojo a Mimiko para que no meta la pata-

(Mimiko) Uy. Perdón.

(Bado) -dice cabizbajo y triste- Hace varias noches que se me repite el mismo sueño una y otra vez. Si fuese... si fuese el típico sueño húmedo que tengo con mujeres desnudas y donde hago cosas malas...

(Miyazaki) -sonrojándose y enfadándose- ¿Queeeeee? Eres un cerdo, Bado.

(Watanabe) ¡Déjale terminar, por favor! Sigue, Bado.

(Bado) No tiene nada que ver con esa clase de sueños. Se me aparece una mujer. La mujer más bella e intrigante que haya visto en toda mi vida. Se me queda mirando todo el rato... con una sonrisa triste en la cara. Y... y... y con lágrimas en los ojos. No entiendo a que viene este sueño. ¿Por qué? ¿Por qué se me repite una y otra vez? Y sobre todo... ¿Quien es esa mujer?

(Miyazaki) Los sueños suelen ser irreales. ¿No? Si no no serían sueños.

(Hato) No lo creo.

(Miyazaki) ¿Eh?

(Hato) Los sueños son la forma que tiene nuestro cerebro, nuestra psique, de decirnos cosas de nosotros mismos que cuando estamos conscientes, es decir, despiertos, no nos damos cuenta o no pensamos habitualmente. Es una alarma automática que salta cuando algo de nosotros mismos va mal y se dispara para alertarnos de algo que no va bien en nuestra vida o de algún ser querido o amigo.

(Yamada) En otras palabras. Además de ser un gigantesco disco duro que acumula información a lo largo de toda la vida, es también algo que nos alerta de vez en cuando sobre aspectos que nuestra conciencia nos impide darnos cuenta.

(Hato) Sí. Exacto. Mi hermana me lo ha explicado centenares de veces.

(Mimiko) -dice con su habitual alegría- ¡Ah! ¡Es cierto! Tu hermana, Junko. Es psicóloga.

(Hato) Y psicoanalista. Por si no lo sabíais... también lee el significado de los sueños.

(Watanabe) -dando un golpe de mano- ¡Claro! ¡Ya lo tengo! Bado, por qué no le haces una visita a la hermana de Hato? Seguro que puede ayudarte.

(Bado) -sin gustarle la idea- ¿Que? ¿Y para que tengo que ir yo a un psicólogo? ¿Acaso estoy mal de la cabeza o loco?

(Yamada) No necesariamente. La salud física es muy importante, pero la mental también. Muchas personas van a psicólogos para tratarse de enfermedades cómo depresión, hiperactividad, adicciones, estrés y un largo etcétera.

(Hato) O que simplemente... les cuentan la vida para descargar su frustración.

(Watanabe) Aaahh Es eso que he visto en series y pelis americanas, de un tipo que va a su psicólogo, se tumba en una butaca y se pasa una hora o más hablando cómo una cotorra sin parar de su vida... mientras el Doctor apunta cosas en una libreta o hace garabatos por aburrimiento. ¡Esos tipos se ganan muy bien la vida!

(Hato) Bueno... no lo voy a negar. Mi hermana gana cuatro veces más que mi sueldo en la primera sección. Tiene un Mercedes descapotable, vive en un piso de lujo. Eso sí, para llegar donde ha llegado... tuvo que estudiar muchísimo durante ocho años para sacarse el doctorado en psicología en la universidad de Oakland.

(Mimiko) -exclama con admiración- ¡Caray! ¿Estudió psicología tantos años en América? Que pasada. Le debió costar un dineral.

(Hato) Lo pagó todo mi padre. Junko quería estudiar algo de medicina y le gustaba especialmente la psicología. Así que fue a una de las mejores facultades de medicina del mundo. Y ahí la tienes. Pero me temo que si tienes que ir a su consulta...

(Watanabe) Ops. ¿Cuanto hace pagar?

(Hato) Puesss... si no recuerdo mal... unos 70.000 yenes la hora.

(Watanabe) O _ o ¡70.000 yenes!? ¡Menudo atraco!

(Bado) Entonces olvídalo. Tampoco tengo ganas de hablarlo con nadie. -dice malhumorado-

(Chikawa) Puedes hacer lo que quieras, Bado. Pero... ¿Y si se te repite el sueño una y otra vez, durante noches y más noches? ¿Mh?

(Bado) -serio y preocupado- … No lo sé. No sé que hacer.

(Hato) Oh... espera un momento. Ahora que lo recuerdo... que casualidad tan oportuna.

(Miyazaki) ¿Qué pasa?

(Hato) Mi hermana se ha cogido esta semana libre. Quería ir unos días de viaje a Tailandia. Pero al final no irá y aprovechará para descansar. No lo parece, pero su trabajo también es duro.

(Watanabe) Pues entonces... ¿Por qué no le pides que venga aquí a visitarte... y de pasada que hable con Bado? ¡No, mejor! ¡Que le haga una sesión de psicoterapia o cómo se llame!

(Miyazaki) Pues si viene... ¡Nos la podría hacer a todos! -exclama alegre-

(Hato) ¿Eing? Pero...

(Chikawa) ¬ ¬ Pero que jeta tenéis, hay que joderse.

(Hayao) -entra en el despacho junto a Suzuka- Buenas a todos. ¿De que estáis hablando?

(Mimiko) De ir al psicólogo.

(Hayao) ¿Eh? -él y Suzuka se quedan mirando atontados-

Un rato después, en el despacho de los capitanes, Noa, Ota y Richardson discuten sobre la cobertura de la baja de Sonoko, que ya está embarazada de siete meses y obviamente, con una barriga cada vez más grande... al igual que Kanuka. Y en ambos casos... serán niños.

(Noa) -llenando tres tazas de té con la tetera- ¿Cómo lo lleva Sonoko, Andrew?

(Richardson) -responde de buen humor- Genial. Teniendo que aguantar sus antojos, sus cambios de humor peligrosos... pero encantado de la vida. Por dentro estoy muy nervioso. Ya sólo faltan dos meses para que nazca.

(Ota) ¡Igual que yo! -se ríe todo contento-

(Richardson) Hay que ver. Nuestras mujeres fueron a hacer la ecografía el mismo día... y los dos serán niños. A mi me daba igual un niño que una niña. La mierda es que... será chungo decidir un nombre.

(Noa) ¿Y eso por qué? -le da a Richardson y Ota sus tazas de té-

(Richardson) Es que... Sonoko quiere ponerle nombre japonés. Pero yo... quiero ponerle nombre escocés. ¡Ja! Y el otro día me llamó mi madre diciéndome si le pondríamos un nombre catalán. ¡Jordi!

(Ota) Que tontería. Tu hijo nacerá en Japón. ¿No? Pues lo lógico es ponerle un nombre japonés. Si le pones nombres extranjeros llevará la cruz de rarito encima toda su vida.

(Richardson) No digas gilipolleces. Los nombres escoceses son preciosos. Pero aun no tengo ni idea de por que nombre decidirme. ¿Y tú, Ota? ¿Que nombre le pondrás?

(Ota) Lo discutí con Kanuka y Rei muy acaloradamente y con pasión. Y al final decidimos un nombre.

(Noa) Pues... dínoslo. ¿Que nombre le pondréis?

(Ota) -sonriente y orgulloso- Jiro. Jiro Ota.

(Noa) Jiro Ota. Suena muy bien. ¡Me gusta! -se ríe alegre-

(Ota) Será un niño guapo e inteligente, cómo Rei.

(Noa) Siempre he encontrado increíble que teniéndote a ti de padre esa niña haya salido tan lista y guapa.

(Ota) -se enfada- ¡Oye! ¡Que estás insinuando!?

(Noa) Ayyyy, perdona, Ota. Sólo era una broma inocente.

(Richardson) ¿Y que tal están tus gemelos terribles, Noa? ¿Y Asuma?

(Noa) -frunciendo el ceño- Eso de "terribles" sobraba. ¿Me oyes, Andrew?

(Richardson) ¿Que he dicho? Tú misma me has contado un montón de veces que tus hijos gemelos son terribles. Traviesos, listos, llenos de energía... ¿De quien lo habrán sacado?

(Noa) A mi no me mires. -echa un suspiro mirando al cielo por la ventana- Me pregunto que estará haciendo ahora mismo.

(Ota) ¿Hablas de Asuma? ¿Está en alguna parte?

(Noa) Sí... de viaje de negocios por Europa. Esta semana está en Berlín. Pero la semana que viene se va a Barcelona. Allí más que negocios... va a hacer márqueting.

(Ota) ¿? ¿Márqueting? -sin entender de que habla-

(Richardson) ¿No lo sabías, Ota? Industrias Pesadas Shinohara ha contratado una prestigiosa agencia de publicidad de Barcelona para hacer una campaña para la empresa de Asuma a nivel internacional. Y han solicitado que la imagen de la campaña... sea el propio Asuma.

(Noa) -con pose y tono orgullosos- Bueno, a mi no me extraña, chicos. Ha ganado el premio del empresario del año en Japón de este año. Cómo presidente de Industrias Pesadas Shinohara lo hace muy bien.

(Richardson) Vamos, que estás sola en casa con esos dos pequeños monstruos.

(Noa) No exactamente. Daisuke y Chiharu están conmigo cuando estoy en casa, si no, se los dejo al viejo Jitsuyama. Además... ahora que no estará durante dos semanas, estoy aprovechando para hacer reformas en casa.

(Richardson) -en broma- ¿Estás desbalijando la casa? ¿Por qué? ¿Allanas el camino para el divorcio?

(Noa) ¡No, tontaina! Estoy reformando el estudio de Asuma. Está aun exactamente igual que cuando lo tenía su padre. Asuma me ha insistido mucho que quiere cambiarlo de arriba a abajo. Así que ahora que no está, aprovecho el momento. Cambiaré los muebles, el parqué, la moqueta, todo.

(Ota) Que jeta. Asuma de viaje de negocios a Europa y tú malgastando el dinero en tonterías. Hay que ver.

(Noa) -mirando a Ota con mala cara- ¿Que has dicho, Ota?

(Ota) Eeeeee... nadaaaa... no he dicho nada. -disimula riendo nervioso-

(Richardson) Noa. ¿Y Bado? ¿Sabes que coño le pasa?

(Noa) ¿Eh? Tranquilos. Hato ha encontrado la solución.

(Ota) -sin gustarle lo que acaba de oír- ¿Que? Mira, Noa, en mi sección vamos muy cortos de personal. Por culpa de la maldita crisis no me han enviado un piloto sustituto para Sonoko y ahora en mi sección tengo que apañármelas con sólo dos pilotos. Así que no le calientes la cabeza.

(Noa) No mezcles el cerdo con la velocidad, idiota. Aun no he terminado. Decía que Hato dice que mañana vendrá su hermana aquí. ¿Os acordáis de ella?

(Richardson) Aaahh Claro que sí. Junko Hato, la hermana psicóloga. Joder. ¿Vendrá expresamente a hablar con Bado?

(Noa) Sí. Es mucha casualidad, pero resulta que esta semana Junko está libre y sin compromisos importantes. Así que mañana la tendremos aquí para echarle una mano a Bado. Se ve que por fin ha confesado que le pasa.

(Ota) ¿Ah si? ¿Entonces que demonios le pasa a tu niño mimado?

(Noa) ¡Ota! -gritando enfadada-

(Richardson) Ota, joder. No toces más las pelotas al personal. Déjala hablar.

(Ota) ¡Pero si no he dicho nada!

(Noa) Bueno... pues cómo iba diciendo antes de que este idiota me interrumpiera, Bado ha confesado que le pasa. Se ve que todo es por culpa de un sueño muy extraño que se le repite una y otra vez desde hace varias noches.

(Richardson) Coño. Así que es eso. Será... síndrome de estrés post-traumático?

(Noa) ¿Eh? ¿Y eso que es? -pregunta sin entenderlo-

(Richardson) -hojeando revistas de coches- Preguntádselo a ella. A mi me da mandra explicároslo.

(Ota) Ey... ¿Que estás mirando en esas revistas?

(Richardson) -le enseña la foto de un coche- Mira éste. ¿Que te parece?

(Ota) ¿Un todo terreno?

(Richardson) No no no. Es un Range Rover Sport. Ahora que voy a ser padre de familia no podré ir siempre con un clásico deportivo biplaza. ¿Entiendes? Necesito algo más espacioso y sobre todo... seguro.

(Ota) ¿Pero eso no será muy caro? Además, seguro que eso chupa mucha gasolina.

(Richardson) ¿Y?

(Ota) ¿Eh? Oh... es verdad. Olvidaba que tú eres de familia rica. Que jeta tenéis los dos.

(Noa) No te quejes, hombre. Que tu mujer cobra un sueldo mejor que el tuyo. ¿O no?

(Ota) ¬ ¬ Cómo te gusta recordármelo, eh? Pero Richardson... ¿Por qué un Range Rover?

(Richardson) Coño. Soy británico. ¿Querías que comprara un Honda o un Nissan? Aunque un Toyota Land Cruiser de los grandes no estaría mal.

(Ota) A mi me da igual. Discutid vosotros dos vuestras cosas de millonetis. -concentrándose en el trabajo de su mesa-

(Richardson) Oye, Noa. ¿Seguro que no es preocupante lo de Bado?

(Noa) No lo sé. Espero que mañana, la hermana de Hato... nos diga si es algo serio o no.

Y llega el día siguiente. La madrugada anterior, Bado, una vez más, ha soñado lo mismo otra vez. Esto hace que al final acepte recibir la ayuda de Junko Hato, la hermana mayor de Hato y doctora en psicología. Una mujer de treinta y pocos años, con una larga melena rubia ondulada y sonrisa muy agradable. Hato la recibe al hangar con dos besos en las mejillas y un abrazo. La lleva directamente al despacho de los oficiales.

(Hato) -entra en el despacho de oficiales junto a Junko- Muchachos... aquí la tenéis. -dice sonriente-

(Junko) Hola a todos. Encantada de conoceros. -se postra toda educada para saludarles-

(Mimiko) ¡Anda! ¡Pero que guapa eres! -sonriente y alegre-

(Junko) Tampoco hace falta que exageréis tanto, por favor. Bien, Fukuda. ¿Quien es mi paciente?

(Hato) Lo tienes delante. El joven guapo de piel morena, ojos azul turquesa y peinado informal. El oficial Bado Rinart.

(Junko) -le un apretón de manos a Bado- Encantada de conocerte, Bado. Espero que tengamos una sesión de psicoanálisis muy agradable.

(Bado) -algo desconcertado ante Junko- Oh... sí, claro. Yo también. Oiga... ¿Me podrá decir lo que significa ese sueño? ¿Por qué lo tengo?

(Junko) Claro. Pero primero tendré que escucharte a ti... y nadie más que a ti.

(Bado) Oh... sí, por supuesto.

(Junko) ¿Tenéis enfermería, aquí?

(Hato) Sí. En esta misma planta. ¿Necesitáis estar tú y él solos?

(Junko) Sí. Será la mejor manera. Esto es algo que debe tratarse entre yo y mi paciente.

(Hato) Caray. Y eso que lo harás gratis.

(Junko) -le dice algo "traviesa" con su hermano- Me lo ha pedido mi hermano cómo un favor... y ya sabes que te debo unos cuantos y viceversa. Así que... ¿Por qué no iba a ayudarte?

(Hato) Vale vale... lo que tú digas. ¡Ah! Quería pedirte otra cosa. ¿Cuando necesitarás para...

(Junko) Si es lo que me pienso que es... necesitaré todo el día de hoy. Pero lo solucionaré hoy mismo.

(Hato) -se queda descolocado- ¿Hoy mismo? ¿Estás convencida de eso?

(Junko) No soy ninguna novata, hermano. Me he topado con centenares de casos de personas que tienen sueños que les dicen algo importante que olvidaron por completo mucho tiempo atrás.

(Bado) ¿Entonces es algo que olvidé?

(Junko) Lo sabremos en cuando me describas con todo detalle el sueño. ¿Nos acompañas hasta la enfermería, hermano?

(Hato) Claro. Esto... cuando sea que terminéis... los capitanes me han pedido que tú y yo nos reunamos con ellos en su despacho para que les informemos de lo que hayas sacado de lo de Bado. ¿De acuerdo?

(Junko) Fukuda... soy doctora, no policía. Debo tratar esto de forma estrictamente médica, no policial. Yo haré lo mío... y después tú haces lo tuyo. ¿De acuerdo?

(Hato) -haciendo sonrisa burlona- De acueeeerdo.

(Junko) Gracias. Tienes que hacer caso a tu hermana mayor. -en tono de broma-

(Hato) Ayyyy que cruz. Vamos.

Al cabo de un rato, Bado y Junko se quedan solos en la enfermería. Bado tumbado sobre una butaca y Junko sentada en un sillón. Se saca un bloque de notas y se pone a hacer su trabajo.

(Junko) Bien. Antes que nada... yo no pienso preguntarte nada.

(Bado) ¿Que? -se queda pasmado-

(Junko) Aquí de lo que se trata, es de que hables. Que abras tu mente y tu corazón... y te expreses con total naturalidad. En otras palabras. Di lo que te venga en gana.

(Bado) Eeeee... ¿Pero no quería que le describiera el sueño?

(Junko) Sí. Pero no quiero que me describas de forma esquemática... si no lo que sientes en ese sueño. No quiero que me digas "Me veo a mi mismo subido en una nube y viendo el mundo pequeño debajo de mis pies". Si no lo que sientes al ver el mundo diminuto debajo de tus pies. ¿Lo entiendes?

(Bado) Pues... más o menos. Que puedo decirle. Es... en ese sueño tengo una sensación de nostalgia y vacío.

(Junko) -apuntando en su bloc de notas- Mmmm... nostalgia y vacío. Interesante. Oye... ¿Has visto alguna vez la película que hizo mi hermano sobre...

(Bado) La guerra de Camboya. Sí, claro que la vi. Salías en ella.

(Junko) Y recordarás que en la peli hacía una breve descripción muy sencilla de cómo funciona nuestra mente.

(Bado) Creo... debe ser eso, supongo. Que... es decir... que mi mente me está intentado decir algo. Pero lo que no puedo parar de preguntarme... es quien es la mujer del sueño.

(Junko) ¿Que sensación te produce ver esa mujer?

(Bado) Pues... no sé ni por donde empezar. Es una mujer que no conozco de nada. No sé quien es. Pero siento... cómo puedo decirlo. Siento algo dentro de mi que me dice que sí que la conozco. Que es alguien... importante. Eso es lo que siento.

(Junko) Y según me has descrito en la iconografía de tú sueño... la mujer en cuestión te observa a ti de una forma, digamos... con amor.

(Bado) ¿Con amor?

(Junko) Eso significa que esta persona de tu sueño... es un ser muy querido para ti.

(Bado) ¿Pero por qué? No sé quien es ni la conozco de nada. -dice un tanto desconcertado-

(Junko) Tu yo actual y racional... no conocen esa mujer. Pero la recuerda. Es decir... que en algún momento de tu vida... conociste a esa mujer. La olvidaste por completo. Y ahora tu mente te la ha vuelto a recordar.

(Bado) ¿Pero por qué?

(Junko) Eso es algo... que tiene muy difícil explicación. Nuestro cerebro... es un mecanismo extremadamente complejo, que funciona por encima de nuestro control.

(Bado) Pero... no entiendo nada. Al fin y al cabo sólo es un sueño. No significa nada.

(Junko) Pero es "tu" sueño. ¿Quieres que te lo explique?

(Bado) Sí, por favor.

(Junko) ¿Que crees que significa?

(Bado) No lo sé.

(Junko) Tristeza, vacío interior, nostalgia. Tu mente intenta recordarte a un ser muy querido para ti. Alguien que conociste tanto tiempo atrás que ya has olvidado. Veamos... según me ha dicho Fukuda... eres originario de la India. ¿No es así?

(Bado) Sí. Pero en realidad me siento completamente japonés. Odio ese país.

(Junko) ¿Por qué? Naciste allí. Y tú físico de piel morena y ojos azul turquesa te delatan. Por mucho que intentes esconderlo no podrás huir jamás de tu origen.

(Bado) ¿Qué intenta decirme? -extrañado, sin entenderlo-

(Junko) ¿Cuando te fuiste de la India?

(Bado) Se supone que no iba a hacerme preguntas. -dice un tanto malhumorado-

(Junko) Dime lo que quieras de tu infancia. Lo que recuerdes.

(Bado) -se entristece de golpe- No... no me gusta recordarla. Mi infancia fue... fue espantosa.

(Junko) Hablame de quien tenías allí. Amigos, gente conocida, familiares... tus padres.

(Bado) -da un sobresalto y se entristece aun más- Mis padres... mierda. ¿Por qué me ha preguntado de ellos?

(Junko) Háblame de tus padres.

(Bado) No quiero. Es... no quiero recordar. Mierda.

(Junko) Tienes miedo.

(Bado) No. Es... yo... no recuerdo nada de ellos. Porque... porque soy huérfano.

(Junko) ¿Desde cuando?

(Bado) ¿Tenemos que seguir hablando de esto?

(Junko) Por favor, continúa.

(Bado) Los del orfanato... me dijeron que murieron cuando yo era muy pequeño. Es todo lo que sé.

(Junko) ¿Te criaste en un orfanato?

(Bado) Sí. En Nueva Delhi. Cada vez que recuerdo ese sitio... era una puta mierda. Disculpe por hablarle así, pero es que... odiaba ese sitio.

(Junko) ¿No te gustaba?

(Bado) Era... era un sitio apestoso. Horrible. Nos hacían levantar muy temprano. Sólo comíamos dos veces al día una comida asquerosa. Y lo peor... lo peor era en la escuela del orfanato. Yo destacaba por encima de los demás niños. Me llamaban superdotado... porque lo era. Más de una vez, llevaba la contraria a los profesores. ¿Y cómo respondían ellos? ¡Me pegaban! ¡Me pegaban por todo el cuerpo! -dice con mala cara al no querer recordar su horrible infancia-

(Junko) Sufriste maltratos en ese orfanato.

(Bado) Sí. Por eso... mi vida en realidad empezó a los diez años. Cuando... cuando conocí a Utsumi y a Kurosaki y me sacaron de allí. Me llevaron a Hong Kong y después a Japón. Me dieron todo lo que quise. Y me dejaron hacer cosas que antes no podía ni soñar. Me sentía... capaz de todo y de hacer cualquier cosa. Hasta que acabé derrotado y detenido. Luego... me devolvieron a la India. Esta vez ya no me encerraron en un orfanato, claro está, porque ya era demasiado mayor. El estado hindú me pagó los estudios y pude seguir estudiando en centros privados de Nueva Delhi. Pero allí... también fue una mierda. -dice con desprecio-

(Junko) ¿Por qué?

(Bado) Allí sólo había hijos de familias ricas y... de casta superior. En la cultura tradicional de mi país de origen, la casta marca tu vida desde que naces hasta que mueres. Y no pertenecía precisamente a una casta elevada. Lo cierto es que no tenía ni idea a que casta pertenecía. Pero los demás chicos... me repudiaban. No podían soportar que un pobre desgraciado estudiara con ellos. Pero esa época también...

(Junko) ¿Algún otro cambio, entonces?

(Bado) Me iba haciendo mayor... y las chicas empezaron a interesarme mucho. Pero allí... ellas me repudiaban una vez más por mi casta. El haber vivido años en el extranjero hizo que para mi aquello ya no tuviera sentido. Pero sabe... eso ahora es un recuerdo triste del pasado.

(Junko) ¿Estás satisfecho con tu presente?

(Bado) Claro que sí. Tengo un trabajo genial. Tengo muchos amigos. Soy un chico atractivo y seductor que conquista a las chicas que quiere cuando quiere. Pero...

(Junko) Si tienes este sueño... es un aviso de que en realidad no todo va bien. Empiezo a entender algo.

(Bado) ¿Sabe ya que es?

(Junko) Tus padres. ¿No recuerdas absolutamente nada de ellos?

(Bado) -desviando la mirada con cara muy triste- … No. Nada de nada. ¿Cómo voy a recordarlo? Era... yo era muy pequeño cuando ellos murieron.

(Junko) Entiendo. Lo que ahora debemos determinar... es la razón de este sueño... y que quiere decirte con ello. Pero para eso, si es lo que creo que es... deberíamos buscar alguna información.

(Bado) -se queda extrañado- ¿Que información? … ¿Información sobre mi?

(Junko) Sí. No te lo tomes a mal... pero ya he pedido un favor a uno de tus compañeros sin decirte nada. Lo siento.

(Bado) Pero... ¿sobre que? -sin entender el por que-

(Junko) Vayamos a hablar con los capitanes. Tenemos que charlar con ellos.

Junko y su hermano Hato se plantan en el despacho de los capitanes, junto a Bado. Ota, Noa y Richardson... a quien Junko le ha pedido ese favor, se disponen a escuchar las conclusiones de la Doctora en Psicología.

(Junko) Bien... yo y mi paciente hemos tenido una breve charla. Pero creo sin duda... que hemos localizado la fuente del problema.

(Noa) ¿Ya? Que rápido.

(Hato) Pues... dinos ya cual es la fuente del problema.

(Junko) Antes que nada... hermano?

(Hato) Sí. Andrew. ¿Tienes eso que te pedí?

(Andrew) Sí, claro que lo tengo. Aquí tienes. -le entrega un fajo de papeles-

(Bado) ¿? ¿Qué es eso?

(Hato) Pues...

(Junko) Es, digamos... para saber tu pasado con más detalle.

(Bado) ¿? ¿Mi pasado? -se queda muy extrañado-

(Andrew) Es tu expediente civil, Bado. Resulta que Junko le pidió el favor a Hato de buscar información sobre ti. Y él me lo dijo a mi. Tengo viejos amigos en la embajada británica, que también conocen a otra gente en la embajada de la India. Gracias a estos contactos, en sólo un día... pudimos conseguir tu expediente.

(Bado) -dice con sarcasmo- Genial. Y lo hacéis sin decirme nada. Que jeta.

(Ota) ¿Pero por qué habéis hecho eso? No lo entiendo. -dice extrañado-

(Junko) Por la conexión. En cuando Fukuda me dijo que Bado era huérfano y que su vida actual es feliz y normal... sospeché que sólo podía tratarse de eso. Hermano... ¿Puedes decir tú que dicen esos papeles?

(Hato) Claro. -echa una ojeada a los papeles- Veamos... según dice aquí... Bado Rinart no es tu verdadero nombre.

(Bado) Ya lo sé. Me lo puso Utsumi. Pero lo adopté cómo mi nombre... y me gusta. No quiero cambiarlo.

(Hato) Tú verdadero nombre en Hadmerrajan Hajdmjat. Naciste el 27 de febrero de 1987, en un poblado del estado hindú de Madhya Pradesh, en el centro del subcontinente hindú. Tu familia era de casta baja. Es decir... que eran muy pobres. Tu padre era pescador y tu madre se dedicaba a la actividad textil antes de casarse. Es curioso.

(Noa) ¿Dice algo sobre los padres de Bado?

(Hato) Sí, ya lo creo. Dice que eran personas... especialmente atractivas. Su padre era alto y corpulento y su madre una mujer muy bella. En estas fotocopias... hay fotografías. Lo malo es que están en blanco y negro y se ven muy mal.

(Bado) ¡Déjame ver! -coge el folio donde se ven las fotos... y se queda sobrecogido- Es... es ella.

(Noa) ¿?

(Ota) ¿Quien quieres decir?

(Richardson) ¿Tu madre?

(Junko) -haciendo sonrisa confiada- Hemos encontrado la causa de tu sueño, Bado. Ella es la causa.

(Bado) Madre... -se pone a mirar tristemente la foto... hasta que las lágrimas empiezan a caer de sus ojos- No... no puedo recordarla. No puedo. ¿Por qué?

(Junko) Hermano.

(Hato) -vuelve a coger los papeles- Déjame ver los papeles, Bado. A ver... ah, sí. Aquí lo dice. La causa... que provocó que acabases huérfano. -Bado se queda escuchando muy atentamente, limpiándose las lágrimas de los ojos- Dice aquí... que ya desde pequeño, las autoridades locales y también de la escuela, notificaron a instancias superiores que Bado era un niño superdotado. Era más inteligente y despierto de lo que era normal en un niño de cinco años. Pero que pocas semanas después... hubo un accidente. Y Bado... se quedó huérfano.

(Bado) Dímelo. -cogiendo del brazo a Hato y mirándolo muy seriamente-

(Hato) -se queda sorprendido- Eeee...

(Junko) Díselo. Es justo y bueno que sepa que le ocurrió a sus padres.

(Hato) Consta aquí... que sus padres murieron en un accidente en junio de 1992. Estaban pescando en un río... junto a su hijo.

(Bado) -se queda muy sorprendido- ¿Que? Yo... yo estaba con ellos?

(Hato) -hace que sí con la cabeza- Lo que estoy diciendo, es lo que consta según el informe que escribió la policía tras el accidente. Por causas desconocidas... la barca volcó. Tú eras muy pequeño y no sabías nadar. El corriente del río era demasiado fuerte y os arrastró a los tres separándoos... para siempre. Tuviste la suerte de que otro pescador que no estaba muy lejos, te rescató con vida. Pero tus padres... fueron encontrados un día después, mas de veinte kilómetros río abajo... muertos. Los informes forenses revelan que murieron ahogados... después de terminar agotados. No pudieron salvarse.

(Bado) -consternado, con lágrimas cayéndole por los ojos- Ahora... ahora lo recuerdo. Mis padres. Después de aquello, me llevaron en coche a aquel orfanato. Me decían que yo era especial. Pero a la realidad me trataban cómo a los demás. Estuve semanas... meses sin decir una palabra. Traumatizado por la muerte de mis padres. Por haberme quedado solo en este mundo. Quedarte solo con cinco años...

(Noa) Bado... -mirando con lástima a Bado-

(Ota) Yo... también soñé algo parecido. Es curioso... que lo haya recordado.

(Junko) ¿Otro sueño sobre sus padres?

(Ota) Hace muchos años de eso, cuando aun era oficial y piloto de los viejos Ingram. Pero estuve algunas noches... soñando con un hombre y una mujer a los que no se les veía el rostro... pero veía que caían lágrimas de su cara. Yo sentía que les conocía de algo. Curiosamente, poco tiempo después... mis padres me revelaron que yo era adoptado.

(Richardson) Fiuuu... acojonante. Fue un sueño premonitorio.

(Junko) No. Fue su cerebro. Su memoria. La memoria nos lleva siempre... siempre a donde necesitamos ir. Su cerebro, capitán Ota... le hizo ver en aquel momento que algo dentro de usted fallaba. Y poco después... encontró la respuesta.

(Bado) -más tranquilo... y animado- Doctora Junko. Quiero... quiero darle las gracias por haberme ayudado a saber... el por qué de este sueño. Pero quiero preguntarle... que es lo que tengo que hacer ahora.

(Junko) Nada.

(Bado) ¿Nada? -se sorprende-

(Junko) Déjate guiar por tus sentimientos sobre este asunto en concreto. Lo que si que creo recomendable... es que busques tú mismo sobre tus orígenes. Sobre tu pasado. Hacer un viaje a la India... y encontrar sobre el terreno las piezas del puzzle de tu pasado que faltan. ¿Me entiendes?

(Bado) Sí... la entiendo.

(Noa) Oiga una cosa, doctora. Eso significa... ¿Que Bado ya está curado? Así, sin más?

(Junko) No se trata de curarse o no. Su oficial no está enfermo de nada. Únicamente se trata de un mensaje que su memoria le ha enviado para que Bado responda a él. Para que busque una respuesta a una pregunta vital en su vida. Para que rescate su pasado olvidado por completo.

(Noa) Aaaahh... que interesante.

(Ota) Menudo lío.

(Richardson) Todo dependerá de si el sueño se te sigue repitiendo.

(Bado) Creo... que empiezo a entenderlo. Si busco mis orígenes... estaré en paz conmigo mismo y mi mente no tendrá que enviarme mensajes de alarma. ¿Es eso?

(Junko) En términos simples... sí, es eso. Muy bien visto, chico.

(Bado) Oh... gracias. Sabéis? Hacía mucho... mucho tiempo que no me sacaba un peso de encima tan grande. Ahora mismo... me siento genial. -dice sonriente-

(Junko) Me alegro mucho por ti. Eres policía. Pero sobre todo, eres una persona, con sus virtudes y defectos. Y cómo persona... mantenerte feliz es imprescindible en tu vida y en tu trabajo.

(Noa) Eso es totalmente verdad, doctora. Es una verdad cómo un templo.

(Ota) Bueno... ¿Entonces Bado ya está bien?

(Junko) No está bien. Está magnífico. No le des demasiadas vueltas al asunto. Pero... si sientes curiosidad por saciar tu sed de recuerdos... sacia esa sed. Es lo mejor que puedes hacer.

(Bado) De acuerdo, lo haré. Bueno, si eso es todo... será mejor que regrese al tajo. ¿No, teniente?

(Hato) Es verdad, Bado. Con todo este lío... se me acumula el trabajo.

(Ota) Eso, eso. Aun estoy esperando su informe de la salida de ayer, teniente. Dese prisa.

(Noa) Y lo mismo digo por ti, Bado. Vamos, a trabajar.

(Bado) -con una sonrisa en la cara- Claro. ¡A trabajar!

En una sola tarde, Bado ha encontrado la causa del sueño. Sueño que ya no se le volverá a repetir jamás. Inmediatamente, Bado vuelve a ser el de siempre. Pero ahora tiene algo que buscar y saber en su vida privada: su pasado. Algo de lo que nunca se había preocupado... y sigue sin preocuparle. Pero ahora tiene ganas de saciar su sed de los recuerdos de una infancia lejana y perdida. Pero por encima de todo... recuperar los recuerdos de unos padres que perdió de muy joven.

Pero mientras esto ha ocurrido en Tokio... en la otra punta de mundo, en Barcelona, Asuma está a punto de vivir una semana realmente movidita con una chica a la que hace mucho tiempo que no veía.