Capítulo 21: La boda de Petunia

El Septiembre llegó lluvioso, para variar, incluso esa tarde domingo tan especial para Petunia Evans: Hoy se casaba con su novio de toda la vida, Vernon Dursley, que a esas horas debería estar esperándola ya en la iglesia.

Petunia era una mujer alta, rubia y delgada, de cuello largo y un poco cotilla. También era envidiosa, envidiaba a su hermana por ser bruja, pero eso jamás lo volvería a reconocer. Su hermana era una freak, ella era normal, e iba a casarse con un hombre normal, tener una vida normal, vivir en una casa normal, y tener hijos normales.

Si, ella seria normal, mientras su hermana seguiría siendo una freak toda la vida, y seguro que su marido (ella sospechaba que sería ese tal Potter) también sería freak, vivirían en un lugar freak, y tendrían hijos freak. Pero eso a ella ahora la daba igual, porque ¡Hoy se casaba!

Estaba sentada en su habitación, acababa de llegar de la peluquería: le habían hecho un bonito recogido en el pelo, que le daba un aire de princesa, pero que le hacía ver el cuello más largo.

Tendría que llamar a su madre, o a su amiga Yvonne que estaba esperando en el salón, para que le ayudaran con el vestido si no quería estropearse el peinado.

Pero la persona que respondió a sus gritos estresados no fue ni la una ni la otra, sino que fue su hermana, la rara, Lily vestida un elegante (y por suerte de Petunia normal) vestido hasta las rodillas, en tirantes y con poco escote, de un color liliáceo.

-¿Qué quieres?- pidió la pelirroja con amabilidad ¡Siempre tan amable! Era una falsa, sabía perfectamente que no la soportaba.

-A ti no, necesito a mamá, o quizás a Yvonne- comentó la rubia.

-Están las dos muy atareadas, o te ayudo yo o te ayuda papá- la rubia pareció dudar en elegir a su padre- ¿Quieres que papá te vea con esta ropa interior?- pidió su hermana. Mierda. No había elección, le tocaría soportar a la freak.

-Ayúdame con el vestido- ordenó Petunia.

Era un traje de seda con corte palabra de honor, blanco y liso, con un chal de muselina blanco a conjunto. En el cuello llevaba un collar de perlas, herencia familiar.

-Estás fantástica- comentó Lily, con una amplia sonrisa.

-Nadie te ha preguntado- le cortó Petunia.

-Tuney ¿No crees que ya hay suficiente de que me pongas este plan? ¡Ya han pasado siete años! ¿Por qué no aceptas que no soy nadie raro?

-Porque lo eres hermanita, lo eres- concluyó ella, apuntándola con el dedo- Vete, tú presencia me carga- la sonrisa de Lily se borró.

No había nada que hacer. Bajó al salón, donde la esperaba James. Por lo visto debió de tener una expresión muy triste, porque todos lo que estaban allí se dieron cuenta.

-Lily, ¿Qué te pasa?- le pidió el chico, acercándose.

La pelirroja se lanzó a sus brazos y echó a llorar.

-Es Tuney. Sigue sin querer hablarme- sollozó entre lagrimas para luego salir corriendo e ir al baño.

James se quedó sin entender nada: por algún que otro comentario de la pelirroja ya había entendido que no había buen rollo con su hermana ¿Pero tanto? Se volteó para ver al señor Evans, al cual se le había pegado la cara de pena de su hija.

-No le habla desde que… bueno… Lily fue a Hogwarts- explicó con un susurro, pues la amiga de Petunia estaba allí- nunca pensé que le duraría tanto el disgusto.

-¿Disgusto?- pidió James.

-Tuney quería ir también a Hogwarts, pero claro, ella no es…- dejó la frase al aire.

-Ya lo entiendo- James tenía una idea- voy al baño- pero no fue en busca de Lily, subió las escaleras hacia la habitación de Petunia, donde la chica dijo "adelante" cuando llamó.

Cuando vio quien era su cara se deformó en una mueca de asco.

-Bueno, ¿Y tú qué quieres?- pidió cortante.

-Solo quería darte la enhorabuena- explicó James, con una sonrisa inocente- y decirte que me parece muy mal lo que haces con tu hermana- añadió en un tono mucho más serio.

-¿Qué hago?- pidió ella, haciéndose la sueca.

-¡No hablarle! ¡Por Dios, podrías ser más amable!

-¿Amable con quién? ¿Yo tengo que ser amable con esa anormal? ¡Por favor! ¡Ella debería ser amable conmigo!

-Creo que ya lo es.

-No, si lo fuera ni se dignaría a hablarme de esa forma. Esa estúpida chica rara- añadió despectivamente.

Eso encendió la sangre a James, que se había estado aguando, y sacó la varita.

-No vuelvas a decir nunca más algo así de Lily- amenazó, apuntándola.

-¡¡MAMÁ!! ¡¡PAPÁ!!- chilló la rubia.

James reaccionó y guardó la varita, en el momento en que tanto el señor como la señora Evans y Lily entraban por la puerta.

-¡¡ME HA AMENAZADO!! ¡¡QUERÍA AGREDIRME!!- chilló, señalando a James.

Todos lo miraron perplejo.

La señora Evans fue a consolar a su hija, que lloraba a moco tendido.

-¿Qué ha pasado?- le pidió Lily, con voz neutra. James no sería capaz de algo así ¿O si?

-He ido a preguntarle que porque es así contigo, y me ha dicho… bueno, cosas muy feas de ti, y le he dicho que no quería volver a oír algo así… más o menos- terminó, avergonzado de haber sacado la varita.

-¿Más o menos?- pidió Lily suspicaz: se parecía demasiado a las peleas que había tenido años antes con Snape- ¿No habrás sacado la varita, verdad?- preguntó aún en voz neutra.

-Esto… bueno… si- reconoció James- pero no hice nada, te lo juro, fue un acto reflejo, con Moody cargándonos siempre que al mínimo ataque debemos reaccionar pues…

Pero quedó cortado por el bofetón que le dio Lily. Eso si era un acto reflejo.

-¡No quiero que vuelvas a hacer nada algo parecido!- le chilló a James- ¡Es mi hermana!

-Por desgracia- murmuró la aludida.

Lily se volteó, más que cabreada.

-¿Cómo has dicho?- pidió con voz tranquila.

-Que por desgracia eres mi hermana y…- plaff otro bofetón- ¡¿Pero qué haces?!- le gritó la rubia.

-¡¡Me peleo con mi novio por ti!! ¡¡Y lo único que haces tú es meter mas leña en la hoguera!!- gritó, con lágrimas en los ojos- ¡¿Sabes que?! ¡¡Que te mereces que te embrujen!!- sacó ella la varita, y le hizo salir unas orejas de burro a su hermana, que cuando lo vio, simplemente se desmayó.

-¡Lily!- exclamó su padre, mientras su madre aguantaba a su hermana.

La pelirroja bajó corriendo las escaleras, ofendida, enfadada, ¿Cómo se atrevía? ¡Encima de todo lo que hacía ella por Petunia! ¡¿Cómo se atrevía a tratarla así?! Alguien la agarró de la mano antes de que alcanzara la puerta.

-Lily, tranquila- la calmó James, parándola.

-Es estúpida ¡Como se atreve!- gritó, para luego echar a llorar abrazada a James.

-Venga mujer, olvídalo, estará nerviosa por la boda. Sube y arréglalo.

-No quiero.

-Si quieres.

-No.

-Llamaré a los dementores- bromeó James- venga sube.

Al final Lily accedió, le quitó esas orejas a su hermana, y la hizo volver en si con un hechizo.

-Marchaos- murmuró con voz gutural y enfadada- marchaos, tú y el freak que va contigo, los dos fuera ¡No os quiero en mi boda!- rugió al final.

Lily ya iba hacia la puerta, arrastrando a James que pedía disculpas a sus padres con la mirada, cuando su madre la paró.

-Lily, no te vayas- le pidió- o luego se arrepentirá toda la vida de que no hayas estado- la pelirroja parecía indecisa.

-Señora Evans- empezó James- yo si que me voy, soy más que un estorbo en estos momentos aquí, lo siento mucho, y si me perdonan…- con un pluff desapareció.

Lily suspiró. Tendría que quedarse pues sin James no sabía a donde ir.

Gabrielle Rhodes, la madre de Johanna, iba de una punta a la otra de su estudio en la sede de su empresa, en Londres.

Era una mujer que se veía delicada, iba teñida de rubio platino y vestía su propia ropa, como buena diseñadora.

Miraba sucesivamente a su reloj, un tic que tenía, y a la puerta, por donde esperaba que entrara su hija.

Y Johanna entró, aunque más pareció que era un terremoto.

-¡Yo te mato!- rugió, acercándose a su madre- ¡¿Cómo se te ocurre?!- le gritó, mientras la mujer se ponía detrás de su mesa de roble, para así tener algo entre ella y su hija.

-Tranquila, ha sido un malentendido- dijo la mujer- una casualidad.

-Mamá, no me vengas con que casualidades, porque sabemos perfectamente que siendo yo tu hija, que, accidentalmente, me hayan seleccionado a mi entre todas las vendedoras para ser la imagen de la nueva línea, te digo que no me cuela.

-De verdad que si, al ser tu tienda la que está en el Callejón Diagon es la que más vende, por lo que estuviste en las finalistas, y como eres morena y tienes algo de… bueno… que no te ves la típica princesita que hemos usado hasta ahora, pues les pareció que serías la adecuada- explicó su madre- créeme, de verdad que no tengo nada que ver yo con todo esto.

-¿De verdad?- inquirió Johanna, más tranquila y sentándose- Mamá, no puedo venir con vosotros a Estados Unidos. Me sigue pareciendo que sería tener mucho morro y además…- iba a decir que tenía a Remus y que no podía ni llevárselo ni dejarlo ahí.

-Piénsalo hija- dijo su madre, acercándose a ella- Estarás en todas las revistas de moda, serás un icono de la nueva línea, todo el mundo sabrá quien eres, y no por ser mi hija, sino por ser una morenaza guapa. Serás famosa, tendrás medio mundo a tus pies ¿Por qué no?

Johanna la miró dudosa ¿Remus o la fama mundial?

James apareció en una calle céntrica de Londres, de la cual ni sabía el nombre ni lo quería saber, lo único que conocía era que por allí vivía Sirius, así que empezó su búsqueda. Tenía mala memoria para los nombres de las calles, pero su memoria visual era buena, por lo que no le fue difícil encontrar el piso de apartamentos donde vivía Sirius.

Era un edificio de ladrillo marrón, y como tenía entendido, la casa de su amigo era en el sexto piso. Tras conseguir entrar (tubo que esperar a que llegara algún otro vecino) y aprender como funcionaba el ascensor consiguió llegar a la puerta donde ponía en una pequeña placa de metal "S.Black". De dentro se oían voces y ruidos y, sabiendo que serían sus tres amigos celebrando la inauguración de la casa, llamó repetidamente a la puerta y al timbre.

-¡¿Qué coño pasa?!- pidió Sirius molesto, abriendo la puerta. Su expresión cambió al ver que era James- ¡Prongs! ¡No te esperabamos hasta pasada la media noche! Aunque no era necesario que vinieras tan elegante- bromeó al ver que el chico iba con esmoquin- ¿Y la boda? ¿Y Lily?

-No voy a la boda, su hermana me ha echado- explicó con una sonrisa culpable- aunque mejor para mi- terminó con una sonrisa más amplia que la anterior- más tarde me pasaré a buscar a Lily para ver que tal, la he dejado tirada y si tardo en aparecer a lo mejor me capa- Sirius lo miraba sin entender nada- luego te cuento, que quiero ver la casa- pidió, así que el anfitrión le hizo pasar.

-Tampoco están Johanna ni Kathy, a las dos les salieron compromisos de última hora, así que esto es una fiesta de machos- bromeó el chico, mientras el recién llegado saludaba a sus otros dos amigos, Remus y Peter, que estaban sentados en uno de los sofás- Bueno, el apartamento no es muy grande, pero lo suficiente para mi y para cuando Kathy venga a… a pasar el rato- cambió el final de la frase- Ahí hay la cocina.

Señaló una pequeña habitación casi delante de la entrada: era toda blanca y se veía muy limpia, a no ser por el montón de cajas de pizza vacías amontonadas por doquier

-Estamos en el comedor/sala de estar- explicó.

Era donde daba la puerta de entrada; una gran sala de pareces blancas con una mesa de madera oscura, con sillas de piel negra, un par de cómodos, grandes y negros sofás y un gran televisor, aparte de un equipo de música que sonaba a un volumen bastante alto

-Y ahí está el baño y mi habitación. Al primero te recomiendo no entres, está hecho un asco, y el segundo… solo hay una cama mal hecha y un armario… algo parecido a nuestro dormitorio en Hogwarts- James soltó una carcajada al recordar la parte de habitación que correspondía a Sirius.

-Bueno, siéntate y únete a nuestra fiesta- le animó Peter, mientras Remus le pasaba una lata de cerveza.

-¡Que bonito!- lloraba la abuela del novio de Petunia al lado de Lily, que la miraba fastidiada.

Se estaba aburriendo de lo lindo, nadie le prestaba el mínimo caso. Supuso que era porque se había pasado los últimos siete años medio desaparecida de la vida familiar, pero es que claro, no podía ir los fines de semana a celebrar el cumpleaños de la tía cual, y las Navidades siempre las había pasado en Hogwarts.

¿Por qué aguantar los comentarios de su hermana? Además, si volvía tenía que soportar mil y una preguntas acerca de su vida en "ese internado de señoritas tan lejano".

En esos momentos los dos novios salían de la Iglesia, de bracito, ahora su hermana ya era Petunia Dursley, y Lily sentía como el cambio de apellido la había distancia más.

Bueno, el cambio de apellido y todo lo sucedido antes de la boda.

La gente se acercaba a felicitar a los novios, primero los padres y hermana de él, luego los señores Evans y Lily.

-Felicidades hija- dijo su padre, mientras su madre le daba un abrazo y la llenaba de besos.

-Felicidades, Tuney- le dijo Lily, con una sonrisa, pero lo que se llevó no fue más que ver como su hermana la ignoraba- He dicho que felicidades- probó de nuevo.

-Vete de aquí- le dijo Petunia- ya de he dicho que no quería que vinieras, si vienes por lo menos ni te me acerques.

-¿Por qué eres tan mala conmigo?- pidió Lily, al borde de las lágrimas de nuevo.

Los demás invitados observaban a las dos chicas.

-Porque te lo mereces- contestó cortante ella.

-Pues me voy- dijo Lily, volteándose y yéndose hacia la salida del recinto de la iglesia, mientras su madre la llamaba para que volviera.

Los invitados fueron dejando un caminito para su paso, observándola sorprendidos mientras ella lloraba y pedía un taxi, que pasaba por allí para ir a casa de… de quien fuera.

Pasaron horas y horas bromeando y riendo, contando chistes y anécdotas, pero sobretodo rememorando los días pasados en Hogwarts, y olvidando los miedos que allí habían vivido los últimos meses e ignorantes de los miedos que iban a vivir.

-Mierda- murmuró Peter, al ver que se había puesto a llover- Y me he olvidado el paraguas.

-¿Pero no puedes desaparecer?- pidió extrañado Remus.

-¡Ostras! ¡Pues claro!- más risas.

-¡Pero mira que eres tonto Wormtail!- le reprochó James, riéndose como un loco: quizá había bebido un poco demasiado.

Se oyó un trueno y un rayo iluminó la habitación, que acababa de quedarse a oscuras.

-Vaya otra vez- comentó fastidiado- creo que la red eléctrica combinada con mis planes para no tener que pagar facturas de nada no funciona bien- bromeó Sirius y se levantó de golpe, cosa que provocó que se tambaleara un poco.

Escuchando las risas de sus amigos de fondo, fue hacia la entrada, que era donde estaba la caja de fusibles y donde había echado ya como mínimo cien hechizos para crear electricidad sin que los de la compañía eléctrica se enteraran ¿Por qué no escuchó en clase cuando explicaron como hace eso en quinto? Ah si, porque pensaba que nunca tendría que hacerlo… mira que era tonto a veces.

El piso seguía a oscuras y, por algo que él no sabía, sus amigos ahora estaban en silencio, por lo que solo se oía el ruido de la tormenta.

Tres golpes fuertes, provocados por alguien que llamaba con intensidad en la puerta, sobresaltaron a todos.

James y los demás, que seguían en el salón, corriendo hacia la entrada, donde Sirius se había quedado paralizado, iluminado por la luz de su varita.

-¿Qué ha sido eso?- pidió con un susurro Peter.

Volvieron a llamar.

-Abre- comentó Remus, pero Sirius seguía parado mirando al infinito.

Quien quiera que fuera, volvió a llamar.

-¡Abre ya!- se quejó James.

Sirius olvidó el primer susto que se había llevado y luego pensó que, fuese quien fuese si era alguien "malo" por así llamarlo, no habría llamado a la puerta.

Lo más probable era que fuera uno de los muggles vecinos.

Tras otro rayo que iluminó la habitación y trueno que los asustó a todos, abrió la puerta.

Y ahí al umbral, iluminada por la luz de la varita, pues todo el edificio estaba a oscuras, y empapada por la lluvia, estaba Kathy, con unas gruesas lágrimas bajando por su rostro y una mirada triste, que enseguida se fijó en Sirius para luego abrazarse a él y echar a llorar.

¿Qué habría pasado?

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¡Feliz Navidad a todos!

¡Mil y una gracias por seguirme desde siempre en este fic!

¡De verdad!

¡Os quiero!

Erised Black