Adrien

Cuando salí de casa de Marinette, no regresé a mi habitación. Me quedé un rato más en la calle montando guardia y estudiando el entorno de uno de los edificios que me había asignado Ladybug. Sin embargo, no pasó absolutamente nada. No había ninguna luz encendida ni ningún movimiento extraño. No capté nada con mi visión nocturna y di por finalizada la vigilancia apenas una hora y media después. Es por eso por lo que hoy subo las escaleras del instituto junto a Nino con más cansancio de lo normal.

―Tío, estoy empezando a pensar que te escapas de tu casa por las noches para ver a Marinette―comenta, dándome golpecitos en la espalda.

Me tenso al momento y le miro de reojo.

―¿Qué te hace pensar eso?

―Estás muerto, viejo―me señala de arriba abajo con las manos―. En serio, ¿en qué andas metido?

Vale, nota mental: inventarme excusas creíbles para contárselas a Nino. Por suerte, en ese momento, veo a Marinette correr hacia la entrada del instituto. Da un frenazo en cuanto me ve y apoya las manos en las rodillas, sin aire.

―Bu… Buenos… días…―saluda, intentando respirar, sonreír y hablar al mismo tiempo.

―Relájate, aún quedan cinco minutos―la tranquilizo, ayudándola a enderezarse.

Nino nos mira y dibuja una gran sonrisa. Noto que Marinette se sonroja y aparta la mirada, pero no se aleja de mí. Realmente está intentando no sentir vergüenza cuando estamos juntos en público. Le ahorro un poco de apuro tapándola parcialmente con mi cuerpo.

―Oye, Marinette―dice Nino, haciéndome a un lado con una mano―, ¿no crees que Adrien parece demasiado cansado últimamente?

―¿¡EH!?―chilla ella, con los ojos como platos y la cara cada vez más roja.

Veo cómo empieza a dar golpecitos en el suelo con el pie, buscando algún punto con los ojos en el que fijarse.

―Pues… No, o sea… No lo sé, eh…―tartamudea y creo que sé lo que está pensando.

Chasqueo la lengua, fastidiado y le echo un brazo por encima para poder tirar de ella hacia el interior del instituto.

―Vamos a clase, anda. Ignórale, está gracioso hoy―le digo al oído, pero con suficiente fuerza para que Nino, que camina pegado a nosotros, pueda escucharme.

Llegamos a clase, Alya nos saluda y yo dejo que Marinette se siente junto a su amiga, después de darle un beso, claro. Siento los ojos de hielo de Chloe fijos en nosotros, pero yo la ignoro. No ha vuelto a dar problemas, ni siquiera se mete con Marinette tras el numerito de la semana pasada. No quiero echar las campanas al vuelo demasiado pronto, pero creo que ha aprendido la lección. Espero, al menos, que ningún akuma se aproveche de su resentimiento. Sería demasiado luchar contra ella para destruir su akuma, cuidar de Marinette y hacer mis rondas todas las noches. Y no hablemos ya de la esgrima, el chino, el piano y las clases. Si no he muerto de aquí a final de semana, será un milagro.

«Mierda. El fin de semana». En cuanto me acuerdo, el mundo se me viene encima y no escucho lo que el profesor está diciendo. Es como si todos hubieran enmudecido. Mi padre vuelve este fin de semana, será como añadirle más uranio a una bomba nuclear. Aún no le he contado nada sobre Marinette y, aunque no se lo he dicho a ella, en parte tengo miedo de que no la acepte. La ha alabado como diseñadora, creo que sabe quién es, pero no tengo muchas esperanzas en que todo salga a pedir de boca y no esté en contra de mi relación con ella. No es que importe mucho de cara a seguir a su lado, es obvio que no pienso dejarla escapar así como así. Sin embargo, sé que perjudicaría mi relación con mi padre que él no la quisiera en la familia (porque tengo claro que no quiero tener un futuro con nadie más que con ella).

Me estoy estresando minuto a minuto. Por eso, cuando es la hora y el profesor se larga, Nino tiene que zarandearme para hacerme volver a la realidad. ¡Ni siquiera había abierto el libro!

―Tío, ¿te has quedado dormido o qué?―inquiere, obligándome a mirarle.

De reojo veo a Marinette muy preocupada. Alya alza una ceja, inquisitiva, sin despegar los ojos de mí. Mis amigos no miran otra cosa que no sea mi cara.

―Es que…―respiro hondo, buscando algo de lo que he pensado que pueda servirme de excusa― este fin de semana, mi padre regresa a casa.

―¿Dónde ha estado?―pregunta Alya, esbozando una media sonrisa con doble sentido.

―De negocios, en Milán.

―Ajá… Así que has tenido la casa para ti solo

Trago saliva con fuerza e intercambio una mirada fugaz con Marinette, aunque no soy tan rápido como esperaba serlo y Alya amplía la sonrisa.

―Nino, ya sabemos por qué Marinette y Adrien están tan cansados estos días.

―¡Alya!―interviene Marinette, molesta― No es lo que estás pensando.

―Claro, claro… ¿Cuándo pensabas contármelo, niña?―Alya ignora a mi novia y yo no tengo ni idea de cómo sacarla de este apuro.

Aunque, si lo pienso mejor, que ellos sepan que nosotros ya lo hemos hecho nos facilita un poco las cosas. ¿No? ¿Soy el único que piensa así?

―Déjala en paz, Alya―dice Nino, guiñándome un ojo―. Si no han dicho nada, es porque sabían cómo te ibas a poner cuando te enteraras.

―Nino, no ayudas―mascullo entre dientes―. Lo que quería decir es que aún no le he contado nada a mi padre.

Las expresiones de Alya y Nino cambian de inmediato. Noto que Marinette se relaja un poco a mi lado, pero ojalá pudiera darle la mano. Me sentiría más seguro hablando de esto tocándola.

―No te rayes, hermano. Marinette solo tiene que enseñarle sus diseños a tu padre para que se enamore de ella―bromea Nino, haciéndome sonreír.

―Nino tiene razón―apunta Alya, alzando un dedo―. No hay nadie que supere a Marinette en cuanto a encanto. Si es eso lo que te preocupa…

Marinette no habla ni hace nada. Nos mira alternativamente conforme vamos hablando. Sin embargo, he aprendido a leer en sus ojos lo que está pensando y sé que cree que ella sigue sin ser suficiente a ojos de mi padre. Soy un imbécil por sacar el tema a colación, precisamente por ser uno de sus puntos débiles.

―No, no es eso lo que me preocupa―miento de inmediato y Marinette me mira con sorpresa―. Sé que la aceptará, pero no tengo ni idea de lo que dirá en cuanto a mis horarios.

―En serio, tío―bufa Nino―. Ni el Primer Ministro tiene una agenda como la tuya. ¿Eres un adolescente o un empresario?

―Casi―intento bromear y le sonrío a Marinette con la intención de calmarla; lo consigo y eso me hace sentir mejor.

Dejamos de hablar en cuanto entra otra profesora por la puerta del aula. Esta vez, intento no desconcentrarme con pensamientos sobre mi semana del infierno. No puedo preocupar más a Marinette, sé que está pendiente de mis misiones como Chat Noir y que eso la distrae. La conozco lo suficiente, me niego a que vaya mal en el instituto por mi culpa. Tengo que darme prisa en encontrar el escondite de Hawk Moth para acabar esto cuanto antes. Duplicaré el trabajo en mi próximo turno, mañana por la noche. Voy a cambiar mi táctica, seré igual de preciso pero con más rapidez. No voy a parar hasta tener a Marinette completamente a salvo, tanto de los akumas como de su preocupación por mí.

… … … …

En cuanto salgo de instituto, apenas tengo un par de minutos para avisar a Marinette de que esta noche iré a verla. Ella me sonríe y me devuelve el beso antes de que Gorila me "invite" a entrar en el coche de mi padre. La pierdo de vista demasiado pronto, pero no dejo de pensar en ella en el recorrido hasta mi casa. Hoy toca clase doble de piano, dos largas horas con el mismo profesor que me corrige la postura de la espalda mil veces hasta que puedo empezar a tocar. Me recreo en sus ojos, son dos zafiros, brillan con luz propia. Le hacen sombra a cualquier estrella del cielo y eso me da una idea para esta noche.

Quiero sorprender a Marinette. Poco a poco, se me va formando el plan del novio perfecto y, gracias a eso, mi profesor solo me corrige una vez y toco la novena sinfonía de Bach de un tirón. Estoy tan motivado que el corazón me late a mil por hora cuando despido a mi profesor y voy directo a mi habitación.

Me encuentro a Plagg saboreando su apestoso camembert sobre mi escritorio, pero deja a un lado el queso al verme entrar en el cuarto a toda prisa. Cierro la puerta con llave y me voy quitando la ropa a medida que subo por las escaleras.

―¿Qué haces, chico? ¿Te ha dado por ir desnudo por la habitación?

―En tus sueños, Plagg―contesto, entrando en mi vestidor; noto que mi kwami me sigue de cerca, flotando a mi espalda―. Por cierto, hablando de sueños…

―Sí, ya sé, hoy también va a visitar a Marinette…

―No es solo eso―le miro por encima del hombro al tiempo que saco una camisa del perchero―. Esta noche quiero hacer algo diferente con ella. A cambio, tendrás ración extra de queso.

Plagg entorna los ojos y se lleva una pata a la boca.

―Uhm… No es algo que pueda desechar a la ligera…―murmura y yo ya sé de buena tinta que está de acuerdo con el trato― Está bien, pero si vas a hacer guarrerías con Marinette asegúrate de quitarte el traje antes.

Me echo a reír y asiento, conforme.

―Es lo justo―cojo unos pantalones y los pongo junto a la camisa, valorando mi elección; estoy seguro de que Marinette sería capaz de escoger algo mejor.

―Y, ¿qué tienes planeado?―señala mi camisa y los pantalones y flota hasta sentarse sobre una de las estanterías.

―Bueno―suspiro―, me gustaría llevarla a un sitio donde no haya estado antes.

―Eso es difícil―responde Plagg―, ha salido más de su casa que tú en toda tu vida.

―Ya, pero no creo que haya cenado nunca en las cubiertas del Palacio de Luxemburgo.

Plagg frunce la boca, pero no dice nada. No entiendo qué le molesta del plan, pero tampoco me voy a parar a descubrirlo. Salgo del vestidor con la ropa sobre el brazo y me meto en la ducha.

Quiero que todo salga perfecto. La verdad es que nunca he tenido tantas ganas de que las cosas salgan bien como ahora. Marinette me tranquiliza hasta el punto de poder pensar con claridad. Le ha dado un nuevo color a mi vida, ni siquiera la frialdad con la que mi padre me trata es capaz de aplacar mis ánimos por estar con ella. Además, sé bien que, si Ladybug y yo encontramos a Hawk Moth, las cosas pueden salir o muy bien, o estrepitosamente mal. Algo me dice que no vamos a tardar mucho en encontrarle, es como si hubiera algo en el ambiente, la calma antes de la tormenta. Mis sentidos se han amplificado desde que soy Chat Noir y mis presentimientos se han ido cumpliendo con menor margen de error a medida que me acoplaba mejor el traje. Plagg lo sabe y me felicita por ello, pero también me advierte que esa alerta permanente puede jugarme una mala pasada.

Ahora mismo no tengo tiempo de pensar en eso. Lo único que ocupa mi mente es Marinette y su seguridad. Los últimos akumas se han ido volviendo cada vez más fuertes, su silencio me inquieta. Coincido plenamente con Ladybug en que se está agrupando y Hawk Moth es el responsable de ello, así que aprovecharé la cena de hoy para vigilar un poco por la zona del Palacio. Es una forma de pasar tiempo con Marinette, disfrutar de ella y adelantar trabajo para mañana.

Al cabo de unos minutos, cierro el grifo de la ducha y salgo empapado de ella. Me pongo una toalla alrededor de la cintura y me planto frente al espejo. Se nota mi nerviosismo en mi reflejo.

―Bien, Agreste, manos a la obra.