Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J.K.R.


Ginny se quedó mirando el libro que George tenía en sus manos. Iba a cogerlo, pero entonces, una bruja de cabello rosa se le adelanto.

-No hace falta que leas este capítulo, Ginny -le sonrió Tonks. Ginny iba a protestar, pero Harry se lo impidió-. El heredero de Slytherin.

Por fin iban a saber quien era ese famoso heredero de Slytherin.

Se hallaba en el extremo de una sala muy grande, apenas iluminada. Altísimas columnas de piedra talladas con serpientes enlazadas se elevaban para sostener un techo que se perdía en la oscuridad, proyectando largas sombras negras sobre la extraña penumbra verdosa que reinaba en la estancia.

-Odio decirlo, pero la verdad es que la cámara mola bastante -dijo Will.

-Normal, la hizo Salazar Slytherin -dijo Jake, con arrogancia.

Con el corazón latiéndole muy rápido, Harry escuchó aquel silencio de ultratumba.
¿Estaría el basilisco acechando en algún rincón oscuro, detrás de una columna?

-Si fuese así, ya estarías muerto -dijo Daphne-. El basilisco apenas tiene enemigos, así que no le sería difícil matarte. Supongo que conseguiste sacar a Weasley de allí sin encontrarte con el basilisco.

Si tú supieses pensó Harry.

¿Y dónde estaría Ginny?

-Cierto, ¿dónde estará? -preguntó Lily en voz baja. Se encontraba muy preocupada por la pelirroja.

Sacó su varita y avanzó por entre las columnas decoradas con serpientes. Sus pasos resonaban en los muros sombríos. Iba con los ojos entornados, dispuesto a cerrarlos completamente al menor indicio de movimiento.

Alastor asintió, mostrándose de acuerdo. Aunque aquello tenía un fallo. Si el basilisco aparecía, y arremetía contra Potter, el chico no podría esquivarlo a tiempo.

Le parecía que las serpientes de piedra lo vigilaban desde las cuencas vacías de sus ojos. Más de una vez, el corazón le dio un vuelco al creer que alguna se movía.

-Deben de moverse de verdad - dijo Dumbledore, tranquilamente-. Pero seguramente es un efecto que creo que mismo Salazar Slytherin, por si alguien de verdad descubría la Cámara de los Secretos.

-Estás pensando en algo, ¿no? -le dijo Will a su hermana. Emily asintió, pensativa.

-Sí... Según la historia, Salazar construyó la cámara para exterminar a todos los hijos de muggles, ¿no? -dijo Emily, lentamente.

-Sí, Emily -respondió Sirius-. Pero no sé a que quieres llegar.

-Que solo sabemos una parte de la historia. No sabemos lo que verdaderamente impulso a Salazar Slytherin a construir la cámara -comentó Emily.

-Quería matar a todos los hijos de muggles -dijo Ron.

-¿Cómo lo sabes? ¿Estabas ahí? -preguntó Emily, elevando una ceja-. No. Solo supones eso, por que es lo que dice todo el mundo. Pero si tenemos en cuenta de que eso fue hace mil años...

-En la misma época en que empezaron a cazarse brujas y magos... -murmuró Hermione, que parecía haber entendido lo que quería decir Emily.

-Entonces, es posible que la Cámara de los Secretos se construyese para eso, y no para lo otro -susurró Holly, perdida en sus pensamientos.

-Yo no me estoy enterando de nada -protestó Regulus.

-Quieren decir que, tal vez, Salazar Slytherin construyese la Cámara de los Secretos como una medida defensiva de Hogwarts, y no como un medio de asesinar a nacidos de muggles, por que Hogwarts se fundó alrededor de la misma época en que empezaron los ataques contra personas mágicas -explicó Luna.

-¡No puede ser! -protestó James.

-Yo no estaría tan seguro -murmuró Dumbledore-. Tal vez, las señoritas tengan razón en eso.

-¿Y como se demostraría? -preguntó Sirius, escéptico.

-Me temo que no lo sé -respondió el anciano.

-En la cámara -murmuró Remus-. Si hay un lugar, sería en la Cámara de los Secretos.

-Es una posibilidad -admitió Tonks, antes de emprender la lectura de nuevo.

Al llegar al último par de columnas, vio una estatua, tan alta como la misma cámara, que surgía imponente, adosada al muro del fondo.

-No se puede decir que Slytherin escatimara en gastos -apuntó Arthur.

Harry tuvo que echar atrás la cabeza para poder ver el rostro gigantesco que la coronaba: era un rostro antiguo y simiesco,

Varios se rieron al darse cuenta de que decían que Salazar Slytherin tenía cara de mono.

con una barba larga y fina que le llegaba casi hasta el final de la amplia túnica de mago, donde unos enormes pies de color gris se asentaban sobre el liso suelo. Y entre los pies, boca abajo, vio una pequeña figura con túnica negra y el cabello de un rojo encendido.

-Ginny -susurró Molly, como si ella también estuviese viendo a la chica tumbada en el suelo del piedra.

—¡Ginny! —susurró Harry, corriendo hacia ella e hincándose de rodillas—. ¡Ginny! ¡No estés muerta! ¡Por favor, no estés muerta! —Dejó la varita a un lado,

-¡ALERTA PERMANENTE, POTTER! -bramó Alastor-. ¡No dejes tu arma con tanta facilidad!

cogió a Ginny por los hombros y le dio la vuelta. Tenía la cara tan blanca y fría como el mármol, aunque los ojos estaban cerrados, así que no estaba petrificada. Pero entonces tenía que estar...

Varios, para no decir la mayoría, estaban preocupados. Era evidente que la chica no estaba muerta ya que se hallaba allí con ellos. Pero igualmente era preocupante no saber que le ocurría a la pelirroja.

—. Ginny, por favor, despierta —susurró Harry sin esperanza, agitándola. La cabeza de Ginny se movió, inanimada, de un lado a otro.

Ginny se estremeció. Ahora agradecía haber estado inconsciente todo ese rato, así no se había percatado de todo lo que ocurría a su alrededor. Aunque oírlo era sencillamente horrible.

—No despertará —dijo una voz suave.

-¿Quién es? -preguntó Sirius.

Harry se enderezó de un salto.
Un muchacho alto, de pelo negro, estaba apoyado contra la columna más cercana, mirándole.

Sally tuvo el presentimiento de que conocía a ese chico. Pero era imposible que él estuviese aquí.

Tenía los contornos borrosos, como Harry si lo estuviera mirando a través de un cristal empañado. Pero no había dudas sobre quién era.
—Tom... ¿Tom Ryddle?

Ginny cerró los ojos, al mismo tiempo que exclamaciones de sorpresa sonaban por la sala.

-Imposible -dijo Neville.

-¿Es un fantasma? -preguntó Eli.

-¿Qué hace ahí? -pedía Sirius.

Ryddle asintió con la cabeza, sin apartar los ojos del rostro de Harry.
—¿Qué quieres decir? ¿Por qué no despertará? —dijo Harry desesperado—. ¿Ella no está... no está...?

-Por lo menos, sabemos con certeza que no lo esta -susurró Bill, aliviado, mirando a su hermana.

—Todavía está viva —contestó Ryddle—, pero por muy poco tiempo.

-Tiene muy poco concepto del tiempo, entonces -señaló Will, intentando aligerar el ambiente. Fracaso de manera esplenderosa.

Harry lo miró detenidamente. Tom Ryddle había estudiado en Hogwarts hacía cincuenta años, y sin embargo allí, bajo aquella luz rara, neblinosa y brillante, aparentaba tener dieciséis años, ni un día más.

-Yo quiero saber el secreto de la juventud eterna -dijo Fred.

-Mejor que no -replicó George-. Nadie quiere ver tu horrible rostro.

—¿Eres un fantasma? —preguntó Harry dubitativo.
—Soy un recuerdo —respondió Ryddle tranquilamente— guardado en un diario durante cincuenta años.
Ryddle señaló hacia los gigantescos dedos de los pies de la estatua. Allí se encontraba, abierto, el pequeño diario negro que Harry había hallado en los aseos de Myrtle la Llorona.

-Ese diario -murmuró Sirius, sintiendo que tenía que sonarle de algo, ¿pero el qué?

Durante un segundo, Harry se preguntó cómo habría llegado hasta allí.

-Lo lleve yo -susurró Ginny en voz baja.

Pero tenía asuntos más importantes en los que pensar.

-Cierto -dijo James-. Primero saca a tu pelirroja de allí. Y luego, ya si eso, te encargas de lo otro.

—Tienes que ayudarme, Tom —dijo Harry, volviendo a levantar la cabeza de Ginny—. Tenemos que sacarla de aquí. Hay un basilisco... No sé dónde está, pero podría llegar en cualquier momento. Por favor, ayúdame...

No lo hará pensó Harry, con resentimiento.

Ryddle no se movió. Harry, sudando, logró levantar a medias a Ginny del suelo, y se inclinó a recoger su varita.
Pero la varita ya no estaba.
—¿Has visto...?
Levantó los ojos. Ryddle seguía mirándolo... y jugueteaba con la varita de Harry entre los dedos.

-Esto cada vez me gusta menos como esta yendo -murmuró Holly, quien empezaba a sentir algo de malestar por Ryddle.

-No sé a que juega Ryddle, pero van a acabar muy mal -dijo Regulus, a su lado.

—Gracias —dijo Harry, tendiendo la mano para que el muchacho se la devolviera.

-No va ha hacerlo -adivinó Percy.

Una sonrisa curvó las comisuras de la boca de Ryddle. Siguió mirando a Harry, jugando indolente con la varita.

Todos resoplaron. Ryddle ya no les caía tan bien como antes. Algunos, como James o Sirius, creían que Ryddle era bastante idiota. Pero, en cambio, personas como Lily, Sally o Remus, creían que Ryddle ocultaba algo más profundo.

—Escucha —dijo Harry con impaciencia. Las rodillas se le doblaban bajo el peso muerto de Ginny

Molly reprimió un sollozo. Odiaba escuchar en el estado que había estado su única hija.

—. ¡Tenemos que huir! Si aparece el basilisco...
—No vendrá si no es llamado —dijo Ryddle con toda tranquilidad.

-¿Cómo puede saber eso? -preguntó Charlie con el ceño fruncido.

-Debe de tener alguna especie de guía -bromeó George, para aligerar el ambiente.

Harry volvió a posar a Ginny en el suelo, incapaz de sostenerla.

-No peso tanto -protestó Ginny, con voz débil.

—¿Qué quieres decir? —preguntó—. Mira, dame la varita, podría necesitarla.
La sonrisa de Ryddle se hizo más evidente.
—No la necesitarás —repuso.

-Eso es cierto -comentó McGonagall-. La piel de los basiliscos es muy dura y resistente a la magia. No podría hacer nada enfrente de uno.

Harry lo miró.
—¿A qué te refieres, yo no...?
—He esperado este momento durante mucho tiempo, Harry Potter —dijo Ryddle—. Quería verte. Y hablarte.

-Genial -dijo Fred-. Harry no solo tiene que soportar a fangirls, sino también a fanboys.

-¿Recuerdas aquella vez, que oímos a esos dos tíos diciendo que les gustaría tener a Harry para ellos solos? -preguntó George a Fred. Este asintió, sin reparar en la cara de horror de Harry.

—Mira —dijo Harry, perdiendo la paciencia—, me parece que no lo has entendido: estamos en la Cámara de los Secretos. Ya tendremos tiempo de hablar luego.
—Vamos a hablar ahora —dijo Ryddle, sin dejar de sonreír,

-Se nota que esta acostumbrado a que se haga lo que él quiere -murmuró James.

y se guardó en el bolsillo la varita de Harry.
Harry lo miró. Allí sucedía algo muy raro.

-A buenas horas te das cuenta -resopló Astoria, negando con la cabeza.

—¿Cómo ha llegado Ginny a este estado? —preguntó, hablando despacio.
—Bueno, ésa es una cuestión interesante —dijo Ryddle, con agrado—. Es una larga historia.

Ginny miró el libro. Que ganas tenía de hechizarlo todo. Empezando por ella, por estúpida. Y luego con Ryddle.

Supongo que el verdadero motivo por el que Ginny está así es que le abrió el corazón y le reveló todos sus secretos a un extraño invisible.

-¿De qué esta hablando? -preguntó Jake, extrañado.

-¿Se refiere al diario? -dijo Will.

-Es posible -respondió Luna.

—¿De qué hablas? —dijo Harry.
—Del diario —respondió Ryddle—

-Teníais razón -declaró Neville.

. De mi diario. La pequeña Ginny ha estado escribiendo en él durante muchos meses, contándome todas sus penas y congojas: que sus hermanos se burlaban de ella, que tenía que venir al colegio con túnica y libros de segunda mano, que... —A Ryddle le brillaron los ojos—... pensaba que el famoso, el bueno, el gran Harry Potter no llegaría nunca a quererla...

Ginny cerró los ojos. Podía sentir las miradas de todos sobre ella, pero no se atrevía abrir los ojos. Sabía que había sido una idiota. Una de las primeras cosas que se enseñaban a los niños en el mundo mágico, era a no confiar en algo que pudiese pensar por si mismo, pero que no tuviese corazón.

A pesar de que la pelirroja sabía aquello, había seguido confiando en Ryddle. Si fuese hija de muggles, aquel error podría ser fácilmente perdonado.

Mientras hablaba, Ryddle mantenía los ojos fijos en Harry. Había en ellos una mirada casi ávida.
—Es una lata tener que oír las tonterías de una niña de once años —siguió—. Pero me armé de paciencia. Le contesté por escrito. Fui comprensivo, fui bondadoso. Ginny, simplemente, me adoraba: Nadie me ha comprendido nunca como tú, Tom... Estoy tan contenta de poder confiar en este diario... Es como tener un amigo que se puede llevar en el bolsillo...

Ginny cerró los ojos con más fuerza. Le avergonzaba que sus pensamientos más profundos fuese revelados ante todos. Sobre todo su familia.

Ryddle se rió con una risa potente y fría que parecía ajena.

Todos tuvieron un escalofrío. Aquella risa fría les sonaba de algo.

A Harry se le erizaron los pelos de la nuca.
—Si es necesario que yo lo diga, Harry, la verdad es que siempre he fascinado a la gente que me ha convenido. Así que Ginny me abrió su alma, y era precisamente su alma lo que yo quería. Me hice cada vez más fuerte alimentándome de sus temores y de sus profundos secretos. Me hice más poderoso, mucho más que la pequeña señorita Weasley. Lo bastante poderoso para empezar a alimentar a la señorita Weasley con algunos de mis propios secretos, para empezar a darle un poco de mi alma...

Dumbledore sacudió la cabeza. Y pensar que desde el principio, Ryddle ya le había hablado a Harry sobre los Horrocruxes...

—¿Qué quieres decir? —preguntó Harry, con la boca completamente seca.

Ginny cerró los ojos. Era el momento. Todos iban a saber que ella había abierto la Cámara de los Secretos. Quería ponerse en pie, y maldecir todo lo que había a su alcance. Quería ponerse de pie, y huir de aquel lugar.

Recordaba a Harry diciéndole que no la iban a culpar. ¿Cómo es que le había creído, aunque fuese un instante? No solo había ido atacando a gente por allí, sino que estuvo a punto de acabar con la vida de Harry. La familia de Harry iba a odiarla. Su familia la iba a despreciar. Incluso Neville y Luna se apartarían de su lado.

Ginny vio como los ojos de Tonks se abrían al leer lo que había a continuación, con una voz que denotaba incredulidad.

—¿Todavía no lo adivinas, Harry Potter? —dijo sin inmutarse Ryddle—. Ginny Weasley abrió la Cámara de los Secretos. Ella retorció el pescuezo a los gallos del colegio y pintarrajeó pavorosos mensajes en las paredes. Ella echó la serpiente de Slytherin contra los cuatro sangre sucia y el gato del squib.

La sala se sumió en un silencio total.

Ginny cerró los ojos, esperando la explosión de insultos y maleficios contra ella. Al ver que no los había, abrió ligeramente sus ojos marrones.

Habían expresiones de odio y rabia por toda la sala. Pero no dirigidas a ella, sino al libro que Tonks sujetaba entre sus manos.

-Lo que quiere decir -murmuró Will, y Ginny se sorprendió por el odio y la rabia que destilaba su voz-. Es que fue él quien abrió la Cámara de los Secretos, y culpa a Ginny de ello...

-Te equivocas -interrumpió Ginny, sorprendiéndose hasta ella misma-. Ryddle dice la verdad, fui yo quién abrió la cámara.

La miraron. No eran miradas de odio como las que le dirigían al libro, sino miradas llenas de simpatía y tristeza. Ginny se sintió sucia por dentro. No merecía que la mirasen de esa forma.

-Ginny -dijo Holly en voz baja, como si estuviese hablando con un gato herido al que no quería asustar-. Si estabas poseída, eso no cuenta...

Ginny negó con la cabeza. Sí, sí que contaba.

-Ginny -dijo Harry-. Ya te lo he dicho. Tú ya lo has visto. Nadie te culpa...

-¡Pero fue por mi culpa! -protestó Ginny-. Yo confíe en el diario. Si no hubi...

-¡Cállate! -gritó de golpe Harry, sobresaltando a varios.

Carácter Evans pensaron James, Sirius, Remus y Sally.

-¡Ya te lo he dicho! ¡No fue tu culpa! Es normal que confiases en Ryddle. Eras nueva en un sitio que no conocías. Tus hermanos estaban ocupados con sus amigos y sus cosas, no tenían tiempo para ti. Te sentías sola, así que confiaste en el único ser que era amable contigo, en Ryddle -Harry cerró los ojos, para tomar aire-. Así que deja de culparte por lo ocurrido. Por que estoy seguro de que todos hubiésemos hecho lo mismo que tú en tu lugar.

Tras la charla de Harry, todos se quedaron en silencio. Ginny miraba a Harry sorprendida. Luego volteó para mirarlos a todos. Nadie la miraba con odio. Todos parecían algo asombrados por lo dicho por Harry.

Y Ginny decidió que tenía que dejar atrás el asunto del diario. Aun se culpaba de ello, pero de nada le servía lamentarse. Había cometido un error al confiar en Ryddle. Pero ahora tenía que aprender de ese error, y seguir adelante. Le costaría, pero lo haría.

—No —susurró Harry.
—Sí —dijo Ryddle con calma—. Por supuesto, al principio ella no sabía lo que hacia. Fue muy divertido.

-Bastardo -murmuró Arthur, abrazando a Molly, quien sollozaba en silencio.

Me gustaría que hubieras podido ver las anotaciones que escribía en el diario... Se volvieron mucho más interesantes... Querido Tom —recitó, contemplando la horrorizada cara de Harry—, creo que estoy perdiendo la memoria. He encontrado plumas de gallo en mi túnica y no sé por qué están ahí. Querido Tom, no recuerdo lo que hice la noche de Halloween, pero han atacado a un gato y yo tengo manchas de pintura en la túnica. Querido Tom, Percy me sigue diciendo que estoy pálida y que no parezco yo. Creo que sospecha de mí... Hoy ha habido otro ataque y no sé dónde me encontraba en aquel momento. ¿Qué voy a hacer, Tom? Creo que me estoy volviendo loca. ¡Me parece que soy yo la que ataca a todo el mundo, Tom!

Ginny miró el libro horrorizada. Nunca jamás se le habría ocurrido que Tom le explicaría todo eso a Harry. Hasta sus más profundos pensamientos estaban reflejados allí. Tonks tenía los nudillos blancos de lo fuerte que estaba apretando el libro entre sus manos.

Harry tenía los puños apretados y se clavaba las uñas en las palmas.
—Le llevó mucho tiempo a esa tonta de Ginny dejar de confiar en su diario

-¡Mi hija no es tonta! -exclamó Molly fuera de si.

—explicó Ryddle—. Pero al final sospechó e intentó deshacerse de él. Y entonces apareciste tú, Harry. Tú lo encontraste, y nada podría haberme hecho tan feliz.

-¿Por qué le iba a hacer feliz que Harry encontrase el diario? -preguntó Neville, con el ceño fruncido.

De todos los que podrían haberlo cogido, fuiste tú, la persona a la que yo tenía más ganas de conocer...
—¿Y por qué querías conocerme? —preguntó Harry.

-Sigo diciendo que es un fanboy obsesivo -murmuró Sirius.

La ira lo embargaba y tenía que hacer un gran esfuerzo para mantener firme la voz.
—Bueno, verás, Ginny me lo contó todo sobre ti, Harry

Ginny cerró los ojos. Ryddle le había contado todo a Harry. Ese era un error con el que tendría que aprender a vivir.

—dijo Ryddle—. Toda tu fascinante historia. —Sus ojos vagaron por la cicatriz en forma de rayo que Harry tenía en la frente, y su expresión se volvió más ávida

Varios fruncieron el ceño. Ryddle se comportaba de una forma muy rara. Como si tuviese una fascinación insana con Harry. Parecida a la de Voldemort...

—. Quería averiguar más sobre ti, hablar contigo, conocerte si era posible, así que decidí mostrarte mi famosa captura de ese zopenco, Hagrid, para ganarme tu confianza.

-Lo hizo a propósito -gruñó James, furioso-. Sabía que Hagrid era culpable, y aún así lo acusó.

-Y solo se me ocurre un motivo por el cual haría eso -murmuró Lily.

-Crees que Ryddle es el verdadero culpable, ¿no? -aventuró Sally, sonriendo ligeramente cuando Lily asintió.

—Hagrid es mi amigo —dijo Harry, con voz temblorosa—. Y tú lo acusaste, ¿no? Creí que habías cometido un error, pero...

-Como todos -murmuró Sirius, que con sus súper oídos perrunos, había oído a Sally.

Ryddle volvió a reírse con su risa sonora.
—Era mi palabra contra la de Hagrid. Bueno, ya te puedes imaginar lo que pensaría el viejo Armando Dippet.

Dumbledore negó con la cabeza. Puede que Dippet hubiese sido un buen director, pero tenía la manía de catalogar a todos de un modo. Y Hagrid no es que tuviese muchas posibilidades de estar entre los favoritos de Dippet, con su manía con los monstruos.

Por un lado, Tom Ryddle, pobre pero muy inteligente, sin padres pero muy valeroso, prefecto del colegio, estudiante modelo; por el otro lado, el grandón e idiota de Hagrid, que tenía problemas cada dos por tres, que intentaba criar cachorros de hombre lobo debajo de la cama, que se escapaba al bosque prohibido para luchar con los trols.

-Odio decirlo -murmuró Emily-. Pero Ryddle tiene razón. Todas las sospechas recaen sobre Hagrid, sobre todo por su obsesión con los monstruos.

-Ya le dije que fuera con cuidado -murmuró Sally.

Pero admito que incluso yo me sorprendí de lo bien que funcionó mi plan.

-Resulta que es más egocéntrico que Regulus -dijo Eli, sin hacer caso a las protestas de Regulus.

Creía que alguien al fin comprendería que Hagrid no podía ser el heredero de Slytherin. Me había llevado cinco años averiguarlo todo sobre la Cámara de los Secretos y descubrir la entrada oculta...

-¡Fastidiate! -exclamó Holly, encantada. Todos la miraron con expresiones de: "Se ha vuelto loca" y de "¿Qué se ha fumado?"-. ¡Mi hermano y sus amigos lo han hecho en menos de un año!

¡como si Hagrid tuviera la inteligencia o el poder necesarios!
»Sólo el profesor de Transformaciones, Dumbledore, creía en la inocencia de Hagrid.

-Era demasiado evidente que Hagrid no era el culpable -dijo Dumbledore-. Incluso con su obsesión por criaturas mágicas peligrosas.

-A veces resulta más sencillo acomodar una mentira, que no intentar descubrir una verdad -comentó Remus, mirando de reojo a Sirius. Para él, había sido mucho más sencillo aceptar que Sirius era el culpable de la muerte de tres de sus amigos y dedicarse a insultarlo en medio de sus borracheras; que no investigar, e ir a Azkaban a hablar personalmente con él.

Convenció a Dippet para que retuviera a Hagrid y le enseñara el oficio de guarda. Sí, creo que Dumbledore podría haberlo adivinado. A Dumbledore nunca le gusté tanto como a los otros profesores...

-No es que no me gustase -confió Dumbledore-. Solo que había algo en él que me llamaba la atención.

—Me apuesto algo a que Dumbledore descubrió tus intenciones

-Normal que apuestes algo -dijo Jake, intentado aliviar el ambiente en la sala-. Si todo lo que apuestas, lo pierdes.

Hubo un par de risas tensas, pero ya.

—dijo Harry, rechinando los dientes.
—Bueno, es verdad que él me vigiló mucho más después de la expulsión de Hagrid,

Me resultabas sospechoso, Tom pensó Dumbledore. Le dices a Armando que no sabes quién es el culpable, y a la hora culpas a Hagrid. Era demasiado evidente.

me fastidió bastante —dijo Ryddle sin darle importancia—. Me di cuenta de que no sería prudente volver a abrir la cámara mientras siguiera estudiando en el colegio. Pero no iba a desperdiciar todos los años que había pasado buscándola. Decidí dejar un diario, conservándome en sus páginas con mis dieciséis años de entonces, para que algún día, con un poco de suerte, sirviese de guía para que otro siguiera mis pasos y completara la noble tarea de Salazar Slytherin.

-Creo que puedo discrepar en eso -resopló Hermione-. Ni siquiera sabemos si eso es cierto...

Ron no dijo nada. Aunque él estaba convencido de que Salazar Slytherin construyó la Cámara de los Secretos para exterminar a todos los hijos de muggles.

—Bueno, pues no la has completado —dijo Harry en tono triunfante—. Nadie ha muerto esta vez, ni siquiera el gato. Dentro de unas pocas horas la pócima de mandrágora estará lista y todos los petrificados volverán a la normalidad.

-Me alegraría -declaró James-. Pero conociendo la suerte de mi hijo, no creo que ese sea el objetivo de Ryddle en cuestión.

—¿No te he dicho todavía —dijo Ryddle con suavidad—que ya no me preocupa matar a los sangre sucia? Desde hace meses mi nuevo objetivo has sido... tú.

-James, ¿eres vidente o algo así? -le preguntó Sirius en broma.

—Harry lo miró—. Imagina mi disgusto cuando alguien volvió a abrir mi diario, y ya no eras tú quien me escribía, sino Ginny.

-Pobre -se burló Charlie con sarcasmo.

Ella te vio con el diario y se puso muy nerviosa. ¿Y si averiguabas cómo funcionaba, y el diario te contaba todos sus secretos? ¿Y si, lo que aún era peor, te decía quién había retorcido el pescuezo a los pollos? Así que esa mocosa esperó a que tu dormitorio quedara vacío y te lo robó.

-No lo hice por eso -declaró Ginny, con sus ojos marrones brillando con furia-. Si robe el diario, fue porqué no quería que Harry pasase por lo mismo que yo.

Harry se la quedó mirando. Aunque ya había sospechado que Ginny había cogido el diario de Ryddle para evitar meterlo en problemas, no pudo evitar quedarse conmovido por las palabras de la pequeña pelirroja. Antes de que se diese cuenta, le dio un abrazo fugaz.

-Gracias -le susurró Harry, sintiendo que sus mejillas se coloreaban.

-Umm -murmuró Ginny, también roja.

Tonks, que los observaba sonriendo, siguió leyendo.

Pero yo ya sabía lo que tenía que hacer. Era evidente que tú ibas detrás del heredero de Slytherin.

Lily hizo un extraño sonido con su boca, como de asentimiento y reproche.

Por todo lo que Ginny me había dicho sobre ti, yo sabía que irías al fin del mundo para resolver el misterio... y más si atacaban a uno de tus mejores amigos.

Harry asintió, haciendo que Ron y Hermione le sonrieses, y su padre, junto al perro (alias Sirius) sonriesen.

Y Ginny me había dicho que todo el colegio era un hervidero de rumores porque te habían oído hablar pársel...

-Eso es quedarse corto -dijo Hermione.

»Así que hice que Ginny escribiera en la pared su propia despedida y bajara a esperarte. Luchó y gritó y se puso muy pesada. Pero ya casi no le quedaba vida: había puesto demasiado en el diario, en mí.

Ginny rechinó los dientes. Que ganas tenía de darle una paliza a Ryddle al más puro estilo muggle.

Lo suficiente para que yo pudiera salir al fin de las páginas. He estado esperándote desde que llegamos. Sabía que vendrías. Tengo muchas preguntas que hacerte, Harry Potter.
—¿Como cuál? —soltó Harry, con los puños aún apretados.
—Bueno —dijo Ryddle, sonriendo—, ¿cómo es que un bebé sin un talento mágico extraordinario derrota al mago más grande de todos los tiempos? ¿Cómo escapaste sin más daño que una cicatriz, mientras que lord Voldemort perdió sus poderes?

-Creo que ya sé de quien se trata -murmuró Sally, quedándose completamente pálida.

-No -negó Lily-. ¡Esto tiene que ser una puta broma! ¡Es imposible que sea él!

-Lily, ¿a quién te... -Lily le lanzó una mirada significativa, haciendo que James palideciera-. ¡Imposible!

-¿Qué sucede? -preguntó Sirius, harto de no saberlo. Remus le susurró algo en el oído-. ¡Ostia puta!

-¡Black! -gritó Sally, dándole un zape.

En aquel momento apareció un extraño brillo rojo en su mirada.

-Brillo rojo -murmuró Emily, antes de abrir los ojos, y mirar a Will.

Este tenía el ceño fruncido, pero era evidente que sospechaba de la identidad de Ryddle.

—¿Por qué te preocupa cómo me libré? —dijo Harry despacio—. Voldemort fue posterior a ti.

-No se ha dado cuenta -murmuró Lily. Holly miró a su madre, confusa. ¿Harry sabía de Ryddle?

—Voldemort —dijo Ryddle imperturbable— es mi pasado, mi presente y mi futuro, Harry Potter...

La comprensión estaba llegando lentamente a la sala. Ahora, al parecer, todos, o casi todos, sabían la identidad de Ryddle.

Sacó del bolsillo la varita de Harry y escribió en el aire con ella tres resplandecientes palabras:
TOM SORVOLO RYDDLE
Luego volvió a agitar la varita, y las letras cambiaron de lugar:
SOY LORD VOLDEMORT

-Así que sacó su nombre a partir de un anagrama del original -murmuró Luna. En ese momento, Daphne estalló en carcajadas, dejando a todos confundidos, y en el caso de alguien, embobado.

-¡Merlín! Él es... él es... ¡No me puedo creer que El-Qué-No-Debe-Ser-Nombrado sea mestizo! -exclamó entre risas-. ¡Dios! ¡Ya quiero ver la cara de Malfoy cuando lo sepa! ¡Le dará un ataque!

-Lo dejará más idiota de lo que es -apoyó Astoria, riendo también.

-Sabía que me había enamorado de ti por una razón, Daphne, querida -dijo Will.

—¿Ves? —susurró—. Es un nombre que yo ya usaba en Hogwarts, aunque sólo entre mis amigos más íntimos,

-Me alegra ver que tenía lo que se consideraba amigos -expresó Dumbledore. Varios lo miraron, preguntándose si estaba de broma. Aunque, con Dumbledore, no se sabía.

claro. ¿Crees que iba a usar siempre mi sucio nombre muggle? ¿Yo, que soy descendiente del mismísimo Salazar Slytherin, por parte de madre?

-No me extraña que sea tan chulo -murmuró Sirius.

-El que fue ha hablar -dijo Remus.

¿Conservar yo el nombre de un vulgar muggle que me abandonó antes de que yo naciera, sólo porque se enteró de que su mujer era bruja?

Las mujeres no pudieron evitar fruncir el ceño. Aunque sabían que él era Voldemort, no pudieron evitar sentir lástima por la madre. Dumbledore, sin embargo, pensaba en otra cosa.

Tu padre abandonó a tu madre, por que esta le estaba drogando, Tom pensó Dumbledore. Una historia de amor bien triste.

No, Harry. Me di un nuevo nombre, un nombre que sabía que un día temerían pronunciar todos los magos, ¡cuando yo llegara a ser el hechicero más grande del mundo!

-Avísanos cuando lo seas -dijo Percy, rodando los ojos.

A Harry pareció bloqueársele el cerebro. Miraba como atontado a Ryddle, al huérfano que se convirtió en el asesino de sus padres, y de otra mucha gente... Al final hizo un esfuerzo por hablar.
—No lo eres —dijo. Su voz aparentemente calmada estaba llena de odio.

-¡Cuidado! -exclamó Fred.

-¡Harry esta enfadado! -gritó George con falso pánico. Falso pánico, que se convirtió en autentico, ante la mirada de su madre.

—¿No soy qué? —preguntó Ryddle bruscamente.

-Alguien se ha enfadado -canturreó Sirius.

-Te recuerdo que Harry esta desprotegido, y Ryddle cuenta con una varita y un basilisco -le cortó Sally.

—No eres el hechicero más grande del mundo —dijo Harry, con la respiración agitada—. Lamento decepcionarte pero el mejor mago del mundo es Albus Dumbledore.

-Agradezco esa gran confianza, Harry -dijo Dumbledore, bajando la mirada para evitar que se viesen sus ojos húmedos.

Todos lo dicen. Ni siquiera cuando eras fuerte te atreviste a apoderarte de Hogwarts. Dumbledore te descubrió cuando estabas en el colegio y todavía le tienes miedo, te escondas donde te escondas.
De la cara de Ryddle había desaparecido la sonrisa, y había ocupado su lugar una mirada de desprecio absoluto.

-Eso ha sido literalmente una patada a su orgullo -dijo Jake, con una sonrisa.

—¡A Dumbledore lo han echado del castillo gracias a mi simple recuerdo! —dijo Ryddle, irritado.

-Lo han echado, por que alguien soborno a la Junta de Gobernadores -replicó Eli.

—No está tan lejos como crees —replicó Harry. Hablaba casi sin pensar, con la intención de asustar a Ryddle y deseando, más que creyendo, que lo que afirmaba fuese verdad.

Dumbledore sonrió ligeramente. Solo Harry había comprendido (aunque inconscientemente) el significado de las palabras que dijo aquella vez. Hogwarts prestará ayuda a quien la necesite.

Ryddle abrió la boca, pero no dijo nada.
Llegaba música de algún lugar.

-¿Qué? -dijo Neville.

Ryddle se volvió para comprobar que en la cámara no había nadie más. Pero aquella música sonaba cada vez más y más fuerte. Era inquietante, estremecedora, sobrenatural. A Harry le puso los pelos de punta y le pareció que el corazón iba a salírsele del pecho. Luego, cuando la música alcanzó tal fuerza que Harry la sentía vibrar en su interior, surgieron llamas de la columna más cercana a él.

-Esto cada vez se pone más raro -susurró Astoria, sacudiendo la cabeza.

Apareció de repente un pájaro carmesí del tamaño de un cisne,

-Fawkes -exclamó la sala, sorprendida. Ahora las cosas empezaban a cambiar... aunque Ryddle seguía con clara ventaja.

que entonaba hacia el techo abovedado su rara música. Tenía una cola dorada y brillante, tan larga como la de un pavo real, y brillantes garras doradas, con las que sujetaba un fardo de harapos.
El pájaro se encaminó derecho a Harry, dejó caer el fardo a sus pies y se le posó en el hombro. Cuando plegó las grandes alas, Harry levantó la mirada y vio que tenía un pico dorado afilado y los ojos redondos y brillantes.
El pájaro dejó de cantar y acercó su cuerpo cálido a la mejilla de Harry, sin dejar de mirar fijamente a Ryddle.
—Es un fénix —dijo Ryddle, devolviéndole una mirada perspicaz.
—¿Fawkes? —musitó Harry, sintiendo la suave presión de las garras doradas.

-Me sorprendió bastante verlo ahí -confesó Harry.

-Dímelo a mí -se quejó Ron.

—Y eso —dijo Ryddle, mirando el fardo que Fawkes había dejado caer—, eso no es más que el viejo Sombrero Seleccionador del colegio.

-¿Qué hace el sombrero ahí? -preguntó Holly, confusa. Nadie le respondió, ya que todos le hacían la misma pregunta al director. Dumbledore sonrió, misteriosamente.

Así era. Remendado, deshilachado y sucio, el sombrero yacía inmóvil a los pies de Harry.

-A lo mejor tienes que ponérselo a Ryddle en la cabeza -bromeó Will-. Tal vez el sombrero grite Gryffindor, y a Ryddle le de un ataque.

Emily le dio un zape.

-Ya de paso, que se lo ponga Harry el sombrero -se quejó la chica.

Ryddle volvió a reír. Rió tan fuerte que su risa se multiplicó en la oscura cámara, como si estuvieran riendo diez Ryddles al mismo tiempo.

Varios tuvieron un escalofrío.

—¡Eso es lo que Dumbledore envía a su defensor: un pájaro cantor y un sombrero viejo! ¿Te sientes más seguro, Harry Potter? ¿Te sientes a salvo?

-Sí -respondió Harry. Gracias a ese pájaro cantor y al sombrero viejo, Harry había vencido en esa batalla.

Harry no respondió. No veía la utilidad de Fawkes ni del viejo sombrero,

-Ahora si que se las veo -dijo Harry.

-Pues yo no, la verdad -dijo Neville.

-Los fénix son inmortales -susurró Luna-. Son los únicos seres capaz de mirar a un basilisco a los ojos, y no morir.

-Eso es una ventaja -admitió Regulus.

pero ya no se sentía solo, y aguardó con creciente valor a que Ryddle dejara de reír.
—A lo que íbamos, Harry —dijo Ryddle, sonriendo todavía con ganas—. En dos ocasiones, en tu pasado, en mi futuro, nos hemos encontrado. Han sido dos ocasiones en que no he logrado matarte. ¿Cómo sobreviviste? Cuéntamelo todo. Cuanto más hables —añadió con voz suave—, más tardarás en morir.

Pero antes morirá Ginny pensó Harry, estremeciéndose.

Harry pensó deprisa, sopesando sus posibilidades. Ryddle tenía la varita; él tenía a Fawkes y el Sombrero Seleccionador, que no resultarían de gran utilidad en un duelo. No prometían mucho, la verdad.

-La verdad es que no -admitió Sirius.

Pero cuanto más tiempo permaneciera Ryddle allí, menos vida le quedaría a Ginny...

-Cierto -murmuró Arthur.

Harry percibió algo de pronto: en el tiempo que llevaban en la cámara, los contornos de la imagen de Ryddle se habían vuelto más claros, más corpóreos. Si Ryddle y él tenían que luchar, mejor que fuera pronto.

Lily gruñó. Por si ella fuese, prefería que Harry no pelease con Ryddle. Pero tenía razón. A Ginny le quedaba menos tiempo.

—Nadie sabe por qué perdiste tus poderes al atacarme —dijo bruscamente Harry

Aparte de Dumbledore pensaron la mayoría.

—. Yo tampoco. Pero sé por qué no pudiste matarme: porque mi madre murió para salvarme. Mi vulgar madre de origen muggle —añadió, temblando de rabia—; ella evitó que me mataras. Y yo te he visto de verdad, te vi el año pasado. Eres una ruina. Apenas estás vivo. A esto te ha llevado todo tu poder. Te ocultas. ¡Eres horrible, inmundo!
Ryddle tenía el rostro contorsionado. Forzó una horrible sonrisa.

-Esto le ha sentado mucho peor que lo otro que le dijiste -dijo Remus.

—O sea que tu madre murió para salvarte. Sí, ése es un potente contrahechizo. Tenía curiosidad, ¿sabes? Porque existe una extraña afinidad entre nosotros, Harry Potter.

Todos fruncieron el ceño. ¿De qué hablaba? Ellos dos no se parecían en nada. Ryddle era cruel y despiadado, mientras que Harry era noble y valeroso.

Incluso tú lo habrás notado.

Harry bajó la cabeza, lo que provocó que recibiese un doble zape por parte de Ron y Hermione.

Los dos somos de sangre mezclada, los dos huérfanos, los dos criados por muggles. Tal vez somos los dos únicos hablantes de pársel que ha habido en Hogwarts después de Slytherin.

-Si no contamos a sus antepasados -dijo James.

-O al menos, lo que asistieron a Hogwarts -añadió Percy.

Incluso nos parecemos físicamente... Pero, después de todo, sólo fue suerte lo que te salvó de mí. Eso es lo que quería saber.
Harry permaneció quieto, tenso, aguardando que Ryddle levantara su varita. Pero Ryddle se limitaba a exagerar más su sonrisa contrahecha.

Todos estaban a flor de piel. Ryddle les hacía ponerse muy, pero muy nerviosos.

—Ahora, Harry, voy a darte una pequeña lección. Enfrentemos los poderes de lord Voldemort, heredero de Salazar Slytherin, contra el famoso Harry Potter, que tiene de su parte las mejores armas de Dumbledore.

-Ni lo dudes -dijo Harry.

Ryddle dirigió una mirada socarrona a Fawkes y al Sombrero Seleccionador, y luego anduvo unos pasos en dirección opuesta. Harry, notando que el miedo se le extendía por las entumecidas piernas, vio que Ryddle se detenía entre las altas columnas y dirigía la mirada al rostro de Slytherin, que se elevaba sobre él en la oscuridad. Ryddle abrió la boca y silbó... pero Harry comprendió lo que decía.
Háblame, Slytherin, el más grande de los Cuatro de Hogwarts.

A pesar de la tensión, casi todos rodaron los ojos. Puede que Salazar Slytherin hubiese construido la Cámara de los Secretos para exterminar a los hijos de muggles, o puede que no. En cualquier caso, estaba claro que era algo egocéntrico.

Harry se volvió hacia la estatua. Fawkes se balanceaba sobre su hombro.
El gigantesco rostro de piedra de la estatua de Slytherin se movió y Harry vio, horrorizado, que abría la boca, más y más, hasta convertirla en un gran agujero. Algo se movía dentro de la boca de la estatua. Algo que salía de su interior.

-Que no sea lo que creo, que no sea lo que creo -murmuró James. Pero, ¡claro que era lo que él creía! ¡Su hijo tenía la peor suerte del mundo!

Daphne miraba el libro incrédula.

-¿Cómo mierda sobreviviste, Potter? -espetó la rubia, con la boca abierta.

Harry retrocedió hasta dar de espaldas contra la pared de la cámara y cerró fuertemente los ojos.

Aquello evitaría que Harry muriese por la mirada del basilisco. Pero no podría ver cuando él se le acercase.

Sintió que el ala de Fawkes le rozaba el rostro al emprender el vuelo. Harry quiso gritar: «¡No me dejes!» Pero ¿de qué le podía valer un fénix contra el rey de las serpientes?

-Los fénix son inmortales -recordó Neville las palabras de Luna. Esta le sonrió, haciendo que el chico de Gryffindor se sonrojase.

Una gran mole golpeó contra el suelo de piedra de la cámara, y Harry notó que toda la estancia temblaba.

Todos tragaron saliva. Esa cosa debía de ser enorme.

Sabía lo que estaba ocurriendo, podía sentirlo, podía ver sin abrir los ojos la gran serpiente desenroscándose de la boca de Slytherin. Entonces oyó una voz silbante.
Mátalo.

-Desgraciado -murmuró Lily, aferrándose al brazo de James.

Este empezó a sentir que su brazo perdía sensibilidad.

El basilisco se movía hacia Harry, éste podía oír su pesado cuerpo deslizándose lentamente por el polvoriento suelo. Con los ojos cerrados, Harry comenzó a moverse a ciegas hacia un lado, palpando con las manos el camino.

Varios hicieron una mueca. Así era tan fácil que Harry cayese al suelo.

Ryddle reía...
Harry tropezó.

Tonks hizo una mueca.

Cayó contra la piedra y notó el sabor de la sangre. La serpiente se encontraba a un metro escaso de él, y Harry la oía acercarse.

Harry sintió que se quedaba sin aire. Ginny y Holly estaban a cada lado suyo, abrazándole con tanta fuerza, que el chico empezó a sentir la falta del oxigeno que le era tan preciado.

De repente oyó un ruido fuerte, como un estallido, justo encima de él, y algo pesado lo golpeó con tanta fuerza que lo tiró contra el muro. Esperando que la serpiente le hincara los colmillos, oyó más silbidos enloquecidos y algo que azotaba las columnas.

-¿Qué?

No pudo evitarlo. Abrió los ojos lo suficiente para vislumbrar qué sucedía.
La serpiente, de un verde brillante y gruesa como el tronco de un roble, se había alzado en el aire y su gran cabeza roma zigzagueaba como borracha entre las columnas.

-Es más grande de lo que me esperaba -susurró Holly en voz baja.

Temblando, Harry se preparó a cerrar los ojos en cuanto el monstruo hiciera ademán de volverse, y entonces vio qué era lo que había enloquecido a la serpiente.
Fawkes planeaba alrededor de su cabeza, y el basilisco le lanzaba furiosos mordiscos con sus colmillos largos y afilados como sables.

Todos vitorearon al fénix.

Entonces Fawkes descendió. Su largo pico de oro se hundió en la carne del monstruo y un chorro de sangre negruzca salpicó el suelo. La cola de la serpiente golpeaba muy cerca de Harry, y antes de que pudiera cerrar los párpados, el basilisco se volvió. Harry miró de frente a su cabeza y se dio cuenta de que el fénix lo había picado en los ojos, aquellos grandes y prominentes ojos amarillos. La sangre resbalaba hasta el suelo y la serpiente escupía agonizando.

-¡Bien, Fawkes! -gritó la sala, mientras Dumbledore sonreía orgulloso por su mascota. Ahora el basilisco no podía ver...

¡No! —oyó Harry gritar a Ryddle—. ¡Deja al pájaro! ¡Deja al pájaro! ¡El chico está detrás de ti! ¡Puedes olerlo! ¡Mátalo!

... pero, podía oler.

La serpiente ciega se balanceaba desorientada, herida de muerte.

-No lo suficiente -murmuró Harry.

Fawkes describía círculos alrededor de su cabeza, silbando su inquietante canción, picando aquí y allá en el morro lleno de escamas del basilisco, mientras brotaba la sangre de sus ojos heridos.
—¡Ayuda, ayuda! —pedía Harry enloquecido—. ¡Que alguien me ayude!

-Harry -gimió Lily, con el brazo de James entre los suyos. El hombre tenía los dientes apretados. Lo que daría él por estar allí con su hijo.

La cola de la serpiente volvió a golpear contra el suelo. Harry se agachó. Un objeto blando le golpeó en la cara.
El basilisco había lanzado en su furia el Sombrero Seleccionador sobre Harry, y éste lo cogió. Era cuanto le quedaba, su última oportunidad. Se lo caló en la cabeza

-¡¿Para qué haces eso?! -gritó Lily, histérica.

y se echó al suelo antes de que la serpiente sacudiera la cola de nuevo.
—Ayúdame..., ayúdame... —pensó Harry, apretando los ojos bajo el sombrero—, ¡ayúdame, por favor!

-No te va a servir de nada -dijo Eli-. En tal caso, solo te hablará.

No hubo una voz que le respondiera. En su lugar, el sombrero encogió, como si una mano invisible lo estrujara.
Algo muy duro y pesado golpeó a Harry en lo alto de la cabeza, dejándolo casi sin sentido.

-O más bien intentara dejarlo estúpido -susurró Jake, sacudiendo la cabeza. ¿Qué ocurría?

Viendo todavía parpadear estrellas en los ojos, cogió el sombrero para quitárselo y notó que debajo había algo largo y duro.

-¡Dios, Harry! -exclamó Will-. ¡Qué no es momento para ese tipo de cosas!

-¡Pues aplícate el cuento, Will! -chilló Emily, dándole un zape. (N/A: Quién haya malpensado, pues que malpiense. Los que no... enhorabuena, disfrutar de vuestra inocencia, por que yo no voy a explicarlo.)

Se trataba de una espada plateada y brillante, con la empuñadura llena de fulgurantes rubíes del tamaño de huevos.

-¡Imposible! -exclamó James.

-¿La conoces, papá? -preguntó Holly, curiosa.

-Creo que es la espada de Godric Gryffindor -dijo el hombre, mirando a su hijo de la misma forma en quien alguien miraría a un dios del Olimpo.

¡Mata al chico! ¡Deja al pájaro! ¡El chico está detrás de ti! Olfatea... ¡Huélelo!

-Ya podría tener un pésimo sentido de la orientación -murmuró Remus.

Harry empuñó la espada, dispuesto a defenderse.

-Mejor eso que nada -susurró Hermione. Estaba molesta cuando Harry no les contó ni a ella ni a Ron el encuentro detallado. Pero ahora estaba agradecida de que Harry no lo hubiese hecho. Era horrible oír como tu mejor amigo/hermano podía acabar muerto.

El basilisco bajó la cabeza, retorció el cuerpo, golpeando contra las columnas, y se volvió para enfrentarse a Harry. Pudo verle las cuencas de los ojos llenas de sangre, y la boca que se abría. Una boca lo bastante grande para tragarlo entero, bordeada de colmillos tan largos como su espada, delgados, brillantes, venenosos...

-¿No podías haber pensado en que solo eran colmillos? -preguntó Fred.

-Porqué nadie quería oír el detalle de que son venenosos -argumentó George.

La bestia arremetió a ciegas. Harry, al esquivarla, dio contra la pared de la cámara.

James, junto a Sirius, empezaron a hacer ruidos de aspaviento cuando Lily y Sally los apretaron con fuerza.

El monstruo arremetió de nuevo, y su lengua bífida azotó un costado de Harry. Entonces levantó la espada con ambas manos.
El basilisco atacó de nuevo, pero esta vez fue directo a Harry, que hincó la espada con todas sus fuerzas, hundiéndola hasta la empuñadura en el velo del paladar de la serpiente.

La sala se quedó en silencio. Todos observan el libro que la pelirrosa tenía en sus manos con incredulidad. Aquello era imposible. ¡Un niño de doce años no podía matar a un basilisco! ¡Era algo imposible!

Pero era lo que había sucedido. Harry James Potter, el niño que vivió, buscador desde primero... había matado a un basilisco con sus propias manos. Y el silencio se rompió.

Exclamaciones y gritos sonaban por toda la sala. Todas, eran felicitaciones a Harry por haber matado a una criatura tan legendaria como el basilisco.

No deberíais de celebrarlo tan pronto pensó Harry, de forma miserable, mientras se miraba el brazo derecho.

-¡Mi hijo/ahijado es el mejor! -cantaban, o más bien gritaban, James y Sirius, mientras agarraban a Remus y le obligaban a cantar con ellos.

Lily y Sally se abrazaban y chillaban de tal forma, que parecían más bien dos amigas y estudiantes que no se habían visto en todo el verano. Los Weasley, menos Ron, que sabía lo que ocurría a continuación, vitoreaban a Harry.

Holly, Eli y, para sorpresa de algunos, Astoria abrazaron a Harry, y Ginny le dio un beso en la mejilla. La cara de Harry se calentó ante aquel gesto. Y aún más, cuando Emily también se unió a lo de los abrazos, y también le dio un beso en la mejilla.

Después de casi una hora de gritos, exclamaciones, lágrimas y abrazos que Harry recibió por parte de las chicas, Tonks siguió leyendo. Su expresión de felicidad y orgullo, sufrió un cambio drástico, pasando a una de incredulidad, rabia y desesperación.

Pero

-¿Siempre a haber un pero? -exclamó Bill.

mientras la cálida sangre le empapaba los brazos, sintió un agudo dolor encima del codo. Un colmillo largo y venenoso se le estaba hundiendo más y más en el brazo, y se partió cuando el monstruo volvió la cabeza a un lado y con un estremecimiento se desplomó en el suelo.

La sala se volvió a sumir en un silencio. Aquello tenía que ser una maldita broma.

-¡No! -exclamó Lily, echándose a llorar, abrazada a James.

James permaneció paralizado. Entonces, tras dejar a Lily con Remus, se levantó, se fue a la pared más cercana y la golpeó con el puño con todas sus fuerzas. Un crujido horrible resonó en la sala, indicando que se acababa de romper la mano.

-¡Papá! -exclamó Harry, consternado. Consiguió zafarse de Holly, quien le abrazaba llorando y se acercó a su padre, para evitar que volviese a golpear la pared con la mano rota.

James lo miró, como si acabará de darse cuenta de que estaba allí.

-Estás... estás... vivo -consiguió tartamudear-. ¿Cómo?

-Hay un fénix conmigo, ¿recuerdas? -dijo Harry, mirando la mano de su padre, que estaba hinchada y sangraba por los nudillos-. Tienes que curarte eso...

-¿Un fénix? -repitió Sirius.

-Lágrimas de fénix -respondió Luna.

-Las lágrimas de fénix pueden curarlo todo -explicó Hermione, con los ojos llorosos.

-Así que seguimos con Harry para rato -intentó bromear Ron.

-Claro, claro -murmuró Daphne, secándose los ojos-. Potter esta aquí. Es evidente que esta con vida.

Harry; apoyado en la pared, se dejó resbalar hasta quedar sentado en el suelo. Agarró el colmillo envenenado y se lo arrancó. Pero sabía que ya era demasiado tarde. El veneno había penetrado.

-Con cosas como esta, vamos a acabar alguno con un ataque -dijo Astoria.

La herida le producía un dolor candente que se le extendía lenta pero regularmente por todo el cuerpo.

Lily soltó un gemido, y golpeó a James en el hombro.

-¿Qué he hecho? -preguntó este, confundido.

-Es tu culpa que sea tan dramático -dijo Lily, soltando una risa acuosa-. ¿No podía haber dicho simplemente que le herida le dolía? No, tenía que añadir lo otro.

-Lo siento -se disculpó Harry.

Al extraer el colmillo y ver su propia sangre que le empapaba la túnica, se le nubló la vista. La cámara se disolvió en un remolino de colores apagados.
Una mancha roja pasó a su lado y Harry oyó un ruido de garras.
Fawkes —dijo con dificultad—. Eres estupendo, Fawkes... —Sintió que el pájaro posaba su hermosa cabeza en el brazo, donde la serpiente lo había herido.
Oyó unos pasos que resonaban en la cámara, y luego vio una negra sombra delante de él.
—Estás muerto, Harry Potter —dijo sobre él la voz de Ryddle—

Gruñidos de rabia sonaron por la sala. Un cuadro de Ryddle apareció en una de las paredes.

-¡YA ERA HORA! -rugió Lily, atacando el cuadro, seguida de cerca por Sally y Molly, y después varios más.

. Muerto. Hasta el pájaro de Dumbledore lo sabe. ¿Ves lo que hace, Potter? Está llorando.

Todos rodaron los ojos, mirando el montón de cenizas, que hasta hacia menos de un minuto, era un cuadro. Ryddle era idiota.

Harry parpadeó. Sólo un instante vio con claridad la cabeza de Fawkes. Por las brillantes plumas le corrían unas lágrimas gruesas como perlas.
—Me voy a sentar aquí a esperar que mueras, Harry Potter. Tómate todo el tiempo que quieras. No tengo prisa.

-Yo tampoco -declaró Harry.

Harry cayó en un profundo sopor. Todo le daba vueltas.
—Éste es el fin del famoso Harry Potter —dijo la voz distante de Ryddle—. Solo en la Cámara de los Secretos, abandonado por sus amigos,

Los amigos de Harry gruñeron con furia. Jamás iban a abandonarlo.

derrotado al fin por el Señor Tenebroso al que él tan imprudentemente se enfrentó. Volverás con tu querida madre sangre sucia, Harry... Ella compró con su vida doce años de tiempo para ti... pero al final te ha vencido lord Voldemort. Sabías que sucedería.

-No, no lo sé, por que sigo vivo -dijo Harry, burlón.

Si aquello era morirse, pensó Harry, no era tan desagradable. Incluso el dolor se iba... Pero ¿de verdad era aquello la muerte?

-No -dijo Will.

En lugar de oscurecerse, la cámara se volvía más clara. Harry movió un poco la cabeza, y allí estaba Fawkes, apoyándole todavía la suya en el brazo. Un charquito de lágrimas brillaba en torno a la herida... Sólo que ya no había herida.

-¡Adoro a ese fénix! -exclamó Eli, feliz.

—Márchate, pájaro —dijo de pronto la voz de Ryddle—. Sepárate de él. ¡He dicho que te vayas!

-Como si fuese a hacerte caso -se burló George.

Harry levantó la cabeza. Ryddle apuntaba a Fawkes con la varita de Harry.

-Así si que se irá -apuntó Fred.

Sonó como un disparo y Fawkes emprendió el vuelo en un remolino de rojo y oro.

-Demasiado tarde -murmuró Bill.

—Lágrimas de fénix... —dijo Ryddle en voz baja, contemplando el brazo de Harry—. Naturalmente... Poderes curativos..., me había olvidado... —miró a Harry a la cara—. Pero igual da. De hecho, lo prefiero así. Solos tú y yo, Harry Potter..., tú y yo...

-Vaaaaaaaleeee -dijo Regulus, alargando la a y la e-. Esto esta tomando una dirección un poquito rara.

Levantó la varita.
Entonces, con un batir de alas, Fawkes pasó de nuevo por encima de sus cabezas y dejó caer algo en el regazo de Harry: el diario.

-Ahí esta la clave de todo -murmuró Percy.

Lo miraron los dos durante una fracción de segundo, Ryddle con la varita levantada. Luego, sin pensar, sin meditar, como si todo aquel tiempo hubiera esperado para hacerlo, Harry cogió el colmillo de basilisco del suelo y lo clavó en el cuaderno.

Dumbledore cerró los ojos. Aquello podía parecer simple instinto de supervivencia. Pero él sabía que era algo mucho más oscuro que había dentro de Harry...

Se oyó un grito largo, horrible, desgarrado. La tinta salió a chorros del diario, vertiéndose sobre las manos de Harry e inundando el suelo. Ryddle se retorcía, gritando, y entonces...
Desapareció.

Todos suspiraron con alivio. Ya había terminado, por fin.

Se oyó caer al suelo la varita de Harry y luego se hizo el silencio, sólo roto por el goteo de la tinta que aún manaba del diario. El veneno del basilisco había abierto un agujero incandescente en el cuaderno. Harry se levantó temblando. La cabeza le daba vueltas, como si hubiera recorrido kilómetros con los polvos flu.

-Buena comparación -dijo Jake, medio divertido. Definitivamente, no iba a ver a Harry del mismo modo.

Recogió la varita y el sombrero y, de un fuerte tirón, extrajo la brillante espada del paladar del basilisco.
Le llegó un débil gemido del fondo de la cámara. Ginny se movía.

A pesar de que sabían que Ginny estaba bien, no pudieron evitar suspirar aliviados. Sus padres la abrazaron. Ginny miró a su alrededor, y se dio cuenta de que todos estaban mirándola con miradas felices. Espera... todos no.

A pesar de que Holly le sonreía como el resto, sus ojos brillaban con rabia hacía Ginny. Holly sabía que estaba siendo injusta con Ginny, pero no podía evitarlo. Su hermano había estado a punto de morir, solo por que ella había sido tan idiota de escribir en ese maldito diario. Si no hubiese hecho eso, nada de eso habría ocurrido.

Mientras Harry corría hacia ella, la muchacha se sentó, y sus ojos desconcertados pasaron del inmenso cuerpo del basilisco a Harry, con la túnica empapada de sangre, y luego al cuaderno que éste llevaba en la mano. Profirió un grito estremecido y se echó a llorar.

Ginny se estremeció. Odiaba ser tan débil.

—Harry..., ah, Harry, intenté decíroslo en el desayuno, pero delante de Percy no fui capaz. Era yo, Harry, pero te juro que no quería... Ryddle me obligaba a hacerlo, se apoderó de mí y...

Holly rechinó los dientes, y cerró los ojos, obligándose a calmarse.

¿cómo lo has matado? ¿Dónde está Ryddle? Lo último que recuerdo es que salió del diario.
—Ha terminado todo bien —dijo Harry, cogiendo el diario para enseñarle a Ginny el agujero hecho por el colmillo—. Ryddle ya no existe. ¡Mira! Ni él ni el basilisco. Vamos, Ginny, salgamos...
—¡Me van a expulsar! —se lamentó Ginny,

-No lo creo -sonrió Remus-. Si fuese así, no habría tenido a una de mis mejores alumnas el año que viene.

Ginny se sonrojo ante las palabras del licántropo.

incorporándose torpemente con la ayuda de Harry—. Siempre quise estudiar en Hogwarts, desde que vino Bill,

-¿Desde que vine yo? -preguntó Bill, divertido-. Mocosa, cuando termine mi primer año, tú ni siquiera había cumplido el tuyo.

Ginny se sonrojo al más puro estilo Weasley.

y ahora tendré que irme y.. ¿qué pensarán mis padres?

-Que estamos orgullosos de ti -declaró Molly.

Fawkes los estaba esperando, revoloteando en la entrada de la cámara. Harry apremió a Ginny. Dejaron atrás el cuerpo retorcido e inanimado del basilisco,

-Gran imagen mental, Potter -gruñó Daphne.

y a través de la penumbra resonante regresaron al túnel. Harry oyó cerrarse las puertas tras ellos con un suave silbido.
Tras unos minutos de andar por el oscuro túnel, a los oídos de Harry llegó un distante ruido de piedras.
—¡Ron! —gritó Harry, apresurándose—. ¡Ginny está bien! ¡La traigo conmigo!
Oyó que Ron daba un grito ahogado de alegría,

Ron cerró los ojos. Recordaba las emociones de angustia que le habían invadido mientras esperaba. Odiaba quedarse atrás. No quería volver a sufrir aquello otra vez.

y al doblar la última curva vieron su cara angustiada que asomaba por el agujero que había logrado abrir en el montón de piedras.
—¡Ginny! —Ron sacó un brazo por el agujero para ayudarla a pasar—. ¡Estás viva! ¡No me lo puedo creer! ¿Qué ocurrió?

-Lo acabamos de leer -apuntó Neville al libro, en broma.

Intentó abrazarla, pero Ginny se apartó, sollozando.
—Pero estás bien, Ginny —dijo Ron, sonriéndole—. Todo ha pasado. ¿De dónde ha salido ese pájaro?

-De la tienda de mascotas -bromeó Hermione.

Fawkes había pasado por el agujero después de Ginny.
—Es de Dumbledore —dijo Harry, encogiéndose para pasar.
—¿Y cómo has conseguido esa espada? —dijo Ron, mirando con la boca abierta el arma que brillaba en la mano de Harry.

-Fue una sorpresa para mí aquello -confesó Ron.

—Te lo explicaré cuando salgamos —dijo Harry, mirando a Ginny de soslayo.
—Pero...

-Ron -gruñó Charlie, exasperado. ¿Es que no entendía que Ginny ya había pasado por demasiado?

—Más tarde —insistió Harry. No creía que fuera buena idea decirle en aquel momento quién había abierto la cámara, y menos delante de Ginny—. ¿Dónde está Lockhart?
—Volvió atrás —dijo Ron, sonriendo y señalando con la cabeza hacia el principio del túnel—. No está bien. Ya veréis.

-Sea lo que sea lo que le haya ocurrido, se lo merece -dijo Regulus.

Guiados por Fawkes, cuyas alas rojas emitían en la oscuridad reflejos dorados, desanduvieron el camino hasta la tubería. Gilderoy Lockhart estaba allí sentado, tarareando plácidamente.
—Ha perdido la memoria —dijo Ron—. El embrujo desmemorizante le salió por la culata. Le dio a él. No tiene ni idea de quién es, ni de dónde está, ni de quiénes somos. Le dije que se quedara aquí y nos esperara. Es un peligro para sí mismo.
Lockhart los miró a todos afablemente.
—Hola —dijo—. Qué sitio tan curioso, ¿verdad? ¿Vivís aquí?

-Es genial -dijeron los gemelos Weasley a la vez.

—No —respondió Ron, mirando a Harry y arqueando las cejas.
Harry se inclinó y miró la larga y oscura tubería.
—¿Has pensado cómo vamos a subir? —preguntó a Ron.
Ron negó con la cabeza,

-Podrías haber pensado en eso -le susurró Hermione, en actitud reprochadora.

-Estaba ocupado preocupándome por Ginny -replicó Ron, mordaz. Hermione tuvo la decencia de avergonzarse.

pero Fawkes ya había pasado delante de Harry y se hallaba revoloteando delante de él.

-¿Ya he dicho que adoro a ese pájaro? -preguntó Eli.

-Sí -respondió Jake.

-Pues da igual. ¡Lo amo! -gritó la chica Longbottom.

Los ojos redondos del ave brillaban en la oscuridad mientras agitaba sus alas doradas. Harry lo miró, dubitativo.
—Parece como si quisiera que te cogieras a él... —dijo Ron, perplejo—. Pero pesas demasiado para que un pájaro te suba.

-A menos que sea un fénix -aclaró Ron, a su yo futuro.

Fawkes —aclaró Harry— no es un pájaro normal. —Se volvió inmediatamente a los otros—. Vamos a darnos la mano. Ginny, coge la de Ron. Profesor Lockhart...
—Se refiere a usted —aclaró Ron a Lockhart.

-Eso, aun teniendo la memoria, habría necesitado aclarárselo -apuntó Sally, en broma.

—Coja la otra mano de Ginny.
Harry se metió la espada y el Sombrero Seleccionador en el cinto. Ron se agarró a los bajos de la túnica de Harry, y Harry, a las plumas de la cola de Fawkes, que resultaban curiosamente cálidas al tacto.

-Son aves de fuego -dijo Luna.

Una extraordinaria luminosidad pareció extenderse por todo el cuerpo del ave, y en un segundo se encontraron subiendo por la tubería a toda velocidad. Harry podía oír a Lockhart que decía:
—¡Asombroso, asombroso! ¡Parece cosa de magia!

No pudieron evitar reír divertidos por aquello.

El aire helado azotaba el pelo de Harry, y cuando empezaba a disfrutar del paseo, el viaje por la tubería terminó. Los cuatro fueron saltando al suelo mojado junto a Myrtle la Llorona, y mientras Lockhart se arreglaba el sombrero, el lavabo que ocultaba la tubería volvió a su lugar cerrando la abertura. Myrtle los miraba con ojos desorbitados.
—Estás vivo —dijo a Harry sin comprender.
—Pareces muy decepcionada —respondió serio,

-Estúpido fantasma -murmuró Holly.

limpiándose las motas de sangre y de barro que tenía en las gafas.
—No, es que... había estado pensando. Si hubieras muerto, aquí serías bienvenido. Te dejaría compartir mi retrete —le dijo Myrtle, ruborizándose de color plata.

-Increíble -dijo Sirius, negando con la cabeza-. Hasta los fantasmas quieren estar con Harry.

—¡Uf! —dijo Ron, cuando salieron de los aseos al corredor oscuro y desierto—. ¡Harry, creo que le gustas a Myrtle! ¡Ginny, tienes una rival!

-¡Ron! -gritaron sus hermanos.

-¡Solo quería calmarla un poco! -se defendió Ron-. Que me hubiese golpeado como hacia siempre.

-Oh, Ron -dijo Ginny, con voz emotiva-. Solo tenías que decirlo.

Acto seguido, le dio un puñetazo en el hombro a su hermano.

Pero por el rostro de Ginny seguían resbalando unas lágrimas silenciosas.
—¿Adónde vamos? —preguntó Ron, mirando a Ginny con impaciencia. Harry señaló hacia delante.
Fawkes iluminaba el camino por el corredor, con su destello de oro. Lo siguieron a grandes zancadas, y en un instante se hallaron ante el despacho de la profesora McGonagall.
Harry llamó y abrió la puerta.

-Fin del capítulo -anunció Tonks.

-Vamos a tomarnos un descanso de media hora -decidió Dumbledore.

Ginny asintió, y disculpándose, se fue a su habitación. Harry dudo unos segundos, pero al final la siguió.

Holly los observó irse con una mueca, pero un golpecito en el hombro llamo su atención.

-Ven -le susurró Eli, mientras señalaba a la sala de conversaciones. Con una mirada de la chica, Regulus y Jake, Holly los siguió.


Hola gente,

vigésimo primer episodio con todos vosotros.

No sé como he transmitido el momento en que Harry mata al basilisco, o cuando es envenenado. Esas dos partes las he escrito varias veces, por que no me llegaban a convencer. Pero espero que lo haya hecho bien.

En cuanto a Holly, ella sabe que Ginny no tiene la culpa de lo ocurrido. Pero igualmente no puede evitar estar enfadada con ella, ya que Harry estuvo a punto de morir en el libro, por ir a salvar a Ginny. Pero no penséis que voy a hacer que Holly se meta con Ginny, no. Simplemente, que por ahora, Ginny no es una de sus personas favoritas.

Bueno, en el siguiente capítulo, el último capítulo del libro, y un momento Hanny (para los fans de la pareja.)

Se despide,

Grytherin18.