Muy pocas personas sonríen con sinceridad, y en menor cantidad se logran ver sonrisas de felicidad verdadera, pero existían esas pequeñas ocasiones donde ese efímero momento te hace brillar como lucero, cuando tu rostro se ilumina, tus pupilas de entrecierran y sonríes rozando lo angelical...justamente eso definiría a Shiro Mangetsu en esos momentos.

Había encontrado la sala de música y a jurar por el sonido que brotaba de las paredes, la banda allí presente no tocaba nada mal. Desde que tenía memoria se sentaba con recelo a ver las noticias referentes a la música con su padre...ellos dos discutían por las mejores canciones. Lo echaba de menos, pero no podía quejarse, ellos le dieron la oportunidad de una educación a cambio de un viaje a Francia, no debía quejarse, sin embargo al mirar su antigua casa los recuerdos la invadían. Debía ser positiva, tenía una amiga inigualable, un colegio prestigioso y...a Daiki.

-Aomine-Suspiro frustrada, a veces deseaba golpearse con la pared por lo tonto que resultaba ser el mundo. Se enamoró de quien detestaba, menuda suerte.

Negó con algo de desesperación, ya tendría tiempo de pensar en otras cosas menos problemáticas. Ella lo tenía, él la tenía. No importaba el resto.

Se adentró con suavidad a la sala, descubriendo para su agrado que había una banda practicando sin baterista ya que, este se encontraba apoyando su mano. Al parecer se había lastimado entre las prácticas. Ella era muy suertuda o era sin duda alguien que estaba en el momento preciso.

-¿Puedo utilizar la batería?-Consultó fingiendo desinterés a pesar del brillo descriptible de sus ojos.

-Claro preciosa, adelante-Respondió el que parecía ser el vocalista.

-Vale, nada de preciosa-Sonrió con algo de nerviosismo-Tengo malas experiencias con los chicos algo ¿Atrevidos?

-¿Atrevidos?-Empezó a reír con algo de diversión-¿No será que tienes un novio celoso?

-Sí-Habló sin pensar-E-Es decir eso no te incumbe.

-¿Quién es él afortunado?-Consultó ahora el bajista con una sonrisa de diversión.

-No les interesa-Susurró tomando asiento, colocando ambas baquetas cerca de ella-Hay cosas que es mejor dejarlas en el olvido.

-Bien, pero no podemos dejarte tocar si no nos tienes confianza. Además a juzgar por tu posición sabes manejar la batería y...bueno Char está lastimado y tú podrías ocupar su vacante-Comentó antes de conectar el micrófono nuevamente.

-Hablas demasiado-Respondió Shiro algo harta del interrogatorio.

-Ok-Mencionó divertido-Por cierto ¿Cómo te llamas?

-Shiro, listo, ahora dime que canción tocarás-Subió la voz.

-Relájate, cantaré para ti Mr Sadistic Night-Susurró-Para que veas que soy una buena persona.

-Enserió-Sonrió con sorna la pelirroja-BIEN 1...2...3

Tal vez transcurrieron un par de horas, en lo que se divirtió haciendo una de las cosas que amaba. No hubo clase, solo presentaciones en su salón, por lo que no importaba quedarse en la sala de música riendo con Blake, el vocalista castaño, Neo, el bajista y Char. Se le hacían agradables en muy poco tiempo y conoció un poco de cada uno de ellos. Por ejemplo, Blake, su novia estudiaba en el extranjero, se enviaban cartas y cuando podían él la visitaba o lo contrario, Neo, no tenía nada de interés excepto a música, pero le encantaba degustar comida de todos lo países que visitaba; Char, amaba lo ácido, según él era el golpe de gracia. Eran agradables sin duda.

-Creo que debo irme ya-Mencionó Mangetsu mientras se levantaba en busca de su maleta-Nos vemos mañana.

-Sayonara Shi-chan-Gritaron antes de reír los allí presentes.

-Tarados...

Caminó hasta salir, miró hacía los alrededores, donde se encontraban estudiantes charlando, otros jugaban con cualquier cosa y finalmente el resto se encontraba descansando. Debía olvidar la punzante sensación de asfixia que se hacía presente en su garganta, ese maldito nudo de desesperación, y como no tenerla ni siquiera había podido hablar con él, solo logro mirarlo y a juzgar por ambos, deseaban más que verse a distancia. Necesitaba abrazarle, sentirle cerca. Se había vuelto dependiente a la sensación reconfortante que causaba estar entre sus brazos, donde olvidaba que extrañaba su pasado, donde finalmente el futuro resultaba tentador.

Esos eran su pensamientos antes de mirar a la lejanía una pelirrosa abrazada a su novio. Esa hija..., ahora no culpaba a Hana, un solo día, un solo bendito día y le sabía a veneno cada tontería que le pasaba por la mente a la ilusa esa, Había resistido como se debía lo primero, pero esto era abuso a la moral y sobre todo a su agotable, muy agotable paciencia, ¿Y, Cómo es que él tampoco hacía nada? ¿Era estúpido o la última neurona que rondaba en esa vacía cabeza ya no estaba?

Apretó con fuerza el puño y se giró unos 180°, intentando por todos los medios que ninguno de ellos la notara, pero el destino es cruel, cuando más lo deseas. Con fuerza casi desgarradora, con esperanzas depositadas, nada de lo que sucede es justamente lo que deseabas. Porque ella no quería ser vista y eso...fue no fue lo que consiguió.

Momoi era alguien difícil de persuadir.

-¡SHIRO-CHAN!-Gritó con emoción-¡POR AQUÍ!

Uno...dos...tres. Adiós paciencia.

Se giró de manera robótica, como si no estuviera su alma dentro del cuerpo. Ahora comprendía que su tranquilidad se esfumaría estando en Too, en solo un día estaba conteniendo las ganas de gritar, las ganas de...¿Matar?

Tal vez eso último no, pero estaba muy cerca.

Sonrió de manera falsa y, caminó de espacio hasta ellos. Al llegar fingió buscar en su maleta para no tener que verlos a la cara. No sabía porque, pero se sentía mareada, demasiado por un día, se decía a sí misma.

-¿Qué tal el primer día?-Preguntó Momoi soltando a Daiki, quien se limitaba a mirar a la pelirroja.

-Supongo que bien, me inscribí en el club de música y ammmmm, bueno me hice un par de amistades-Mencionó de manera trivial.

-¡Me alegro tanto!, Dai-chan y yo conocimos a los miembros del equipo de basquetbol y ahora solo tendrá que ir a las practicas-Suspiró con diversión-Ni siquiera hizo la prueba ¿Cierto?-Miro de reojo a Aomine.

Shiro podía sentir como la miraba, le perforaba la fortaleza, la hacía nada. Daiki no dejaba de fruncir el ceño mientras seguía su escrutinio ¿Estaba molesto con ella? ¿No había hecho nada, o sí? ¿Será porque no fueron juntos al gimnasio?, a juzgar por su mirada de molestia había algo más que solo eso.

-¿Por cierto, no te parece que se ve linda con la coleta-Consultó Momoi mirando esta vez, de manera directa, a Daiki.

¿Eh?

El pestañeo de los ojos de la pelirroja revelaban que eso no se lo esperaba y es que no se supone que Satsuki diría eso, se suponía que le restregaría a los lugares que fue con él, no que la había peinado diferente. Pudo sentir como sus mejillas adquirían un rosado pálido, ahora estaba nervioso. Y como no, si esos ojos oscuros, que le pertenecían al peliazul, ahora reparaban desde su cabello hasta su rostro. Oía su corazón claramente, podía sentir como bombeaba la sangre con mayor velocidad de la necesaria.

-Supongo-Respondió como si nada el chico.

Shiro Mangetsu era alguien con una paciencia envidiable, paciencia que se agotaba al estar molesta o peor aún, al esperar algo bueno. Justamente como ahora, su nerviosismo pasó a ser molestia ¿Era acaso venganza por no acompañarlo?, no lo sabía y como saber algo que ni siquiera sabes que hiciste o más bien que no hiciste. Ahora tenía un dolor de cabeza enorme y ganas de golpear al idiota frente a ella. Y pensar que se dejó peinar solo para escuchar su opinión.

Estaba por contestarte cuando a este lo llamaron los del equipo, no sabía para que, pero era mejor así. Tal vez se hubieran peliado y terminar molestos ambos...

-Está molesto porque no subiste a saludarle-Comentó de repente Momoi cuando Aomine ya se había ido.

-En ese momento no quería subir-Respondió desatándose el moño-Pensaba subir luego.

-¿Qué tanto te gusta Dai-chan?-Consultó la pelirrosa.

-¿Eh?-Nuevamente se había sonrojado y de igual forma esta nerviosa-¿Porqué lo preguntas?

-Solo responde-Rió con suavidad Satsuki.

-No me gusta-Susurró escuchando el latir apresurado de su corazón-Me enamoré de él.

Y ni siquiera le había contando que salían.

-Entonces debo pedirte disculpas-Sonrió de manera nostálgica-Quería comprobar que Dai-chan estará en buenas manos, supongo que fui demasiado lejos-Rió-Me alegra saber que tú estarás a su lado y en verdad lamento eso.

-Pues...¿No te preocupes?-Interrogó Mangetsu ladeando el rostro aún confundida.

-Debiste haberlo visto, íbamos camino a la cancha y no dejaba de mirar a todas las direcciones, te buscaba, pero jamás me lo diría hasta que...bueno ¿Quieres escuchar?

-Supongo-Río.

FLASH BACK

La tarde se había tornado aburrida, insípida y ciertamente desesperante. Era de esas horas en la que rogabas salir de allí a como diera lugar, a no ser obviamente que tuvieras con quien distraerte. Siendo así Aomine Daiki se consideraba la persona más "molesta", por no decir otra cosa, que se encontraba en Too. La causa, tan sencillamente estaba aburrido de escuchar las presentaciones de cada alumno, era tedioso y a juzgar por el nerviosismo de los que se iban a presentar era causa de incomodidad.

-Sigue usted señor-Lo señalaba la profesora de lenguas.

-Ah-Se levanto con pesadez-Mi nombre es Daiki, Aomine Daiki y creo que ya me conocen. Me gusta el basket, no me gusta la gente entrometida y detesto el francés -Sonrió ladinamente antes de sentarse siendo observados por algunos con obvia curiosidad, otros con admiración y finalmente el resto miraba sin fingir con resentido odio a causa de su popularidad. Estaba acostumbrado a ese tipos de mirada, siempre era así. No le importaba, pero era molesto hasta cierta parte.

Miró con fingido interés a la profesora que explicaba, fue entonces cuando sonó el timbre de forma casi milagrosa permitiendo a los jóvenes prácticamente realizar el saludo de forma mecánica y correr como alma que lleva el viento, excepto el peliazul. Este se estiró con pereza y caminó hasta la baranda para admirar su nueva vista, su colegio de más de tres años. Tenía lo que quería ahora, desde que él equipo se separó, él decidió que les demostraría todo su potencial y luego tendría la oportunidad de demostrar porqué él era el mejor.

Y no solo eso era la causa de su alegría, se había desecho de algunas materias que le causaban frustraciones, ganas de matarse o cualquier cosa que le permitiese pasar esas clases sin estar allí. Aunque debía reconocer que los últimos meses se le hacía interesante repasar biología, francés, matemáticas obviamente los viernes y sábados en casa de la enana. O sí, ella había convertido las horas de estudiar como idiota, a intermedios de estudio y cómodas horas sentados jugando play, comiendo pizza, besos subidos de tono. En fin, todo lo que él quería y así pasó las tediosas materias gracias a su novia.

Donde estaba la enana...

Y como si la hubiera invocado a la joven de cabellos carmesí, la misma se encontraba al lado de Momoi, él ya sabía que estarían en el mismo colegio, parecían buscar algo, fue entonces cuando notó la larga coleta que tenía Shiro, se veía diferente, jodidamente diferente. Le gustaba, tanto como para hincarle el diente.

La siguió con la mirada hasta que ella logró visualizarlo. La miró con la misma intensidad que reflejaba al hablar de ella. El resto de cosas dejaban de ser indispensables si estaba ella o de igual forma se mencionara su nombre. Estaba a gusto viéndola hasta que ella dejó de hacerlo, lo ignoró...¡A ÉL! ¡JODER, QUE ERA TONTA

Y lo fue más al seguir su camino.

Entonces llegó Momoi, ella lo distrajo unos segundos. Satsuki lo hizo pensar en el basquetbol, su principal meta al llegar allí, pero no fue lo suficientemente buena para evitar que al hacer su práctica recordara Seirin, sus esfuerzos dobles, acompañar a Mangetsu a casa, entrelazar sus dedos y fingir no estar algo nervioso.

Recordó su notificación a la NBA y como la abandonó por ella.

No podría estar concentrado sin Shiro.

Fin del Flash Back

-¿Cómo sabes todo eso?-Mencionó sin aliento. Le costaba respirar, le costaba sentirse normal con todo lo que acababa de escuchar.

-Él lo susurró-Sonrió con algo de compasión, le gustaba observar las reacciones de las personas y esta era una que sin duda era gratificante, le agradaba ver que existía alguien en este mundo que amara con intensidad a su mejor amigo. Eran las manos correctas-Creo que debes ir por él antes de que se arranque el poco cabello que tiene.

Ambas rieron, una algo nerviosa, pero ansiosa por ver a Daiki, toda unas vacaciones sin él eran torturantes.

Caminó al principio y luego corrió apresurada, conociéndolo estaba en la cancha desquitándose con la canasta y el balón. Debía apresurarse antes de que, decidiera irse solo a casa o hacer cualquier cosa para distraerse. Al final ella tenía razón, estaba sentado en las gradas, sus ojos estaban cerrados y sus labios, esos mismos que le susurraban promesas ilusorias y la besaban con desgarradora intensidad, ahora estaban torcidos en una mueca de desilusión.

Caminó de manera sigilosa hasta llegar a él, sonrió con ansiedad y procedió a vendarle los ojos. Sintió como su cuerpo se tensaba al desconocer a la persona que lo mantenía en la oscuridad, lo oyó chasquear con molestia antes de levantar las manos buscando el rostro de su agresora. Ella evitó de manera exitosa que él la tocara, pero no evitó reir con algo de diversión.

-¿Qué quieres?-Preguntó algo molesto por no saber que pasaba en el exterior. De seguro era Momoi o, alguna loca de las que seguían la generación de milagros.

-No sabía que debías ser así de amargado con todos, pensé que yo, siendo tu novia, sería la excepción-Usó un tono de fingida aflicción, sintiendo como volvía a crisparse el cuerpo de Aomine.

Él tomó sus manos y las apartó de sus ojos. Había deseado con enfermedad escuchar su voz sin ese tono de molestia o enojo y, verla como lo hacía ahora con esa hermosa sonrisa y esos ojos iluminados.

-¿No estabas molesta?-Respondió con cierta duda, hasta en su rostro podría dibujarse la interrogante.

-No-Sonrió-Comprendí que eres un idiota-Resopló con diversión.

-Te amo.

-Y no solo eso..-Se sonrojó al escucharlo-...Yo también, no sabes cuanto.

Él se levantó quedando un poco más alto debido a que ella estaba un escalón de la grada arriba, básicamente se reducía un poco la diferencia de tamaños.

-¿Nos besamos?-Le preguntó con diversión.

-No era tú, la que decía que era mejor evitar los problemas-La atrajo utilizando la fuerza necesaria, sin llegar a lastimarla.

-Supongo que está bien romprer un par de reglas-Susurró llevando una de sus manos a la cabellera oscura de Aomine. Le resultaba interesante reconocer que era magnético, la atraia no solo fisicamente, existía esa conexión invisible, pero constante que la mantenía de manera asfixiante a él y podía asegurar que Daiki sentía lo mismo.

-¿Así?-Consultó mientras sus ojos se tornaban posos oscuros. De oscura perdición.

Se besaron con suavidad, sin perder la atmósfera del momento. Dejando que las peleas tontas y malentendidos se esfumaran, se volvieran nada entre la mar de grandes sentimientos positivos. Ella lo sujetó de la camisa, el beso paso de ser dulce a ser todo. Ya no era simples caricias en el cabello, ahora eran sujetadas y jalones sin llegar a lastimar. La dulzura tal vez no los caracterizaban, pero sus intercambios no dejaban de demostrar que sentían por el otro. Era simple como 1+1.

-Me gustaba tu coleta-Susurró algo grave Daiki bajando por la clavícula de la pelirroja, causándole espasmos y una sensación de ansiedad.

-¿Porque dijiste lo contrario?-Lo miró con esos ojos que lograban llenarlo de emociones indescriptibles.

-Tonterías-Finalizó antes de mirarla nuevamente y por primera vez sonreír sin arrogancia, ganándose un notable sonrojo de su novia-Y este es el momento en el que damos vueltas como tontos.

-Daiki no-Respondió nerviosa-No te atrevas.

Él la cargo antes de empezar a reír, al igual que ella. Era tonto, pero representaba algo tan sencillo como estar dispuesto a hacer cosas que parezcan insensatas por esa persona, que tal vez conociste por accidente. Porque ellos eran un accidente necesario, ella necesitaba alguien que no la atara de formas molesta, antes bien, alguien que dejara el lazo suelto a su disposición y él, deseaba una sonrisa sin mentiras, una mirada de convicción y unas manos relajantes, una lazo que lo atara sin oprimirlo, que le permitiese sentirse tranquilo, sin molestias. Ellos tomaron un hilo rojo y se amarraron de manera voluntaria, no para saber que estaban atados, sino para saber que por más lejos, siempre regresan. Ella era suya y él, orgulloso podía decir que era suyo.

Al día siguiente

-¿Ya nos dirás quien es tu novio?-Inquirió Char mirando a su nueva baterista.

-Ah, bien-Suspiro-Daiki.

-Daiki...¿Quién es Daiki?-Preguntaron los demás miembros de la banda con notable interés.

-Aomine Daiki-Respondió como si nada.

-¿El basquetbolista?-Consultó Neo.

-Exacto-Mencionó Shiro.

-Eso explica-Sonrió Char.

-¿Por?

-Las marcas es tu cuello.

Shiro Mangetsu podría jurar que nunca había estado tan sonrojada, sin embargo todo tiene una primera vez.

-/-/-/

Para ella se sentía que solo fue un corto tiempo fuera de casa, como un paseo escolar o un viaje de vacaciones. No lo sintió como un despedida larga como pensaba que sería claro, si hablamos físicamente, porque mentalmente las ansias de regresar a casa eran asfixiantes, deseaba estar en brazos de sus personas amadas, no es que deseaba correr lejos de su familia, porque era lo contrario, pero ama su país, el frío agradable y, todas las personas que conocía allí.

Su viaje fue agradable. Un sol agradable y unas vistas impresionantes. París y sus monumentos históricos, El Arco del Triunfo y la hermosa Catedral de Notre Dame, ese melodioso repicar de las campanas y las miles de palomas alzando vuelo. Sin duda fue un viaje que jamás olvidará. Pero eso se quedaba pequeño al tomar el vuelo a las seis de la mañana, algo apresurada, para regresar a Japón, su isla de natalicio.

Su retorno entraba entre esos viajes sin turbulencia, pero con sonrisas de memorias pasadas. Cuando abordo el avión, se le adelantaron un grupo de niñas y simplemente se limitó a encontrar las semejanzas con sus particulares amigas.

-¡Deberíamos esperar a la señora Carla!-Anunciaba algo intranquila la primera delas chicas, parecía no estar de acuerdo con lo hecho, pero le siguió la corriente al resto.

-Lin-Susurró divertida, su amiga Tachibana era alguien que casi siempre terminaba cediendo a sus caprichos.

-Ya estamos aquí, además abordemos pronto-Razonaba la niña a su derecha.

-Diana-Pensó, Palacios era la razonable del grupo.

-Supongo que ella tiene razón-Bostezaba la tercera niña.

-Nao-Casi ríe, pero lo disimuló aceptable mente. Kisaragi era la que aceptaba mientras no la afectara.

-¡Al fin a casa!-Anunció feliz la cuarta de las pequeñas.

-Jane-Razonó con diversión. Ella era feliz de maneras agradables.

-...-La quinta las miró-Demasiada felicidad es sospechosa.

-Esa es demasiada fácil-Rió suave-Hana, Minari malévola.

-Eres demasiado mala con ella-Respondió la última.

Y era su mejor amiga, su bipolar amiga pelirroja. A quien adoraba con enfermedad, Shiro Mangetsu.

Estaría pronto con ellas.

Dejó de prestarles atención a sus pequeñas viajeras para concentrarse en la búsqueda de su puesto y, como nuevamente era de esperarse un chico que no se veía nada mal la esperaba sentado con unos audífonos reposando entre sus dedos. Este joven era de cabellos oscuros y ojos rayados entre miel y gris, sin duda impresionante. Lo primero que hizo fue toser con algo disimulo, recordó que sus ojos estaban fijados en alguien más y se limitó a pensar en esa persona que acaparó sus ojos desde que llegó de manera imprevista a Seirin. Justamente cuando pensó en él todo pasaba a segundo plano. En esos momentos juraba que deseaba arrojarse a sus brazos, besarle y pasar tiempo con él.

Después de sus palabras antes de partir y sus promesas del mañana sabía con certeza que estarían juntos por un largo tiempo. Y ese tiempo que pasó en París, le sirvió para comprender que necesitaba fortaleza para mantenerse juntos y realmente, fue ese tiempo que la hizo ser fuerte, renovarse en voluntad para hacerle frente a todo y estar dispuesta a saltar las barreras. Demostrarle a la vida que era lo suficientemente capaz de merecer una vida al lado de quien quería, cuando ella deseara.

Ese era el momento de tomar todo lo que quería. Porque lo merecía, estuvo luchando mucho tiempo contra las barreras mas difíciles que estuvieron presentes a lo largo de su vida, era gratificantes sonreirle con fuerza a la vida y gritarle "Sigo siendo fuerte". Ella era un alma indomable, fuerte y valiente que sin duda se ganó a pulso todo lo que ahora quería. Así de simple, le tocaba escoger lo mejor a ella , se ganó con duras penas todo aquello.

Regresaría sabiendo que la esperaba sus casa de fachada hogareña, de paredes de madera, pinta de cierta antigüedad. La esperaría sacar la mascota de Shiro a pasear y la misma pelirroja, para burlarse de todas las cosas que hacía mal, para abrazarla y reír juntas. Vivir la vida como lo era antes de los acontecimientos dados, pero agregando obviamente el hecho de poder decir con orgullo lo muy enamorada que estaba de Seijuuro y podía afirmar con igual ilusión que era reciproco.

Extrañaba Japón.

Durante doce horas y un par de minutos intentó calmar sus sensaciones de felicidad, nostalgia, alegría, ansiedad ¿Cómo era todo eso posible? ¿Tenían razón las chicas al decir que ella era bipolar? al parecer, era correcto. Las primeras horas fueron fáciles de pasar, estuvo dibujando modelos de ropa para una fundación con la que trabajó durante su viaje a París, logró dibujar a Shiro discutiendo con Hana, mientras el resto de chicas trataba de calmarlas. Se rió internamente. Otro par de horas descanzando, leyendo libros, viendo películas, pasando la vista entre los diferentes pasajeros y tratando de comprender sus diferentes gestos. Después de un rato se quedó profundamente dormida hasta el anuncio de su llegada a suelo patrio.

-Gracias por abordar a Air France, esperamos vuelvan a viajar con nosotros- Anunciaba con voz de locutora una de las Aeromosas.

-¡Al fin en casa!-Susurró emocionada la castaña, se estiró con algo de cansancio y buscó su maleta para salir del avión.

Cuando salió las oscuras y frías nevadas invadieron su rostro. Siguió su camino y se adentró a la estación, al bajar las escaleras sus ojos se pusieron en blanco, frente a ella se encontraba su "Suegro" y cabe destacar que se encontraba con una sonrisa y unos brazos extendidos en su dirección. Lo abrazó con algo de duda y un miedo bien oculto, era muy extraño reconocer que ese señor era indescifrable, pero ligeramente agradable. Muy, muy al fondo.

-Mi querida Misha ¿Cómo has estado hija mía?-Consultó indicandole a su seguridad que cargara las maletas de la joven.

-B-Bien señor...

-¡Deja las formalidades!, llámame papá jajajajaja-La risa sonaba aun más aterradora de lo que ya era su prescencia allí-me tomé la libertad de emplearte los fines de semana, serás mi vocera. Estos muy viejo para eso, me duelen los pies y ya quiero sentarme a ver televisión y jugar domino en las tardes-Rió con sorna-Además quiero que te empapes en el negocio, despues de todo ya eres parte de la familia.

-Esto me esta dando terror-Pensó con algo de intranquilidad la castaña, pero al pensar que había valido la pena sufrir para escuchar de labios de la persona que tanto daño le causó que era parte de la familia, eso sin duda era una de las manzanas rojas que ella apetecía tomar-¿Puedo preguntarle algo?

-Si querida, lo que deseas.

-¿Porqué hace todo esto, porque a cambiado de parecer?-Sus ojos se cristalizaban, pero se encontraba tranquila por alguna extraña razón.

-Buena pregunta-Sonrió-Una vez hubo un hijo se levantó en contra de su padre, su padre lo castigó duramente, pero el hijo siguió con sus ideales porque se había enamorado de una joven que no era del mismo "nivel", cabe destacar que la joven era rica, pero ambas compañías eran incompatibles, el joven luchó y al final le puso las cartas sobre la mesa, dejaría todo por esa chica, el padre conociendo esto le gritó a su hijo, intento pegarle, pero el joven estuvo firme. Al final el padre le dijo que si en verdad amaba a la joven que dejara todo y saliera de casa sin ser su hijo y, así fue, el joven lo abandonó todo-Cerró los ojos-Fruto de ese amor nació un niño que representaba el amor de los jóvenes, fue entonces cuando el padre llorando le pidió perdón a su hijo y que regresara a casa como lo que era, su sucesor.

-Disculpe, pero no entiendo.

-El nombre del hijo era Masaomi.

Los ojos de la chica se agrandaron, ahora comprendía a donde iba a parar todo esto.

-Es su nombre cierto-Contestó Misha de manera automática.

-Exactamente-Aplaudió con algo de alegría-Yo era ese pequeño que sibestimó a su padre y la historia al final se volvió a repetir, Seijuuro es alguien que moldee con sentimientos negativos-Su voz parecía perderse en la realidad-Shiori era la que anclava la cordura de Sei, pero ella murió y eso terminó por llevarlo a ser lo que yo quería. Una maquina que reconociera y realizara cada una de las cosas que yo pedía.

-Sei...-Se le formaba un nudo en la gargantas al escuchar todo eso. Por todo lo que pasó, que casi nadie lograba comprender. Se atrevía a afirmar que se contaban con los dedos de la mano las personas que veían a travez de esas orbes desiguales, de esa sonrisa que oculta tantos secretos por los cuales ella daría todo por conocer.

-El cuadro de Shiori me hizo recapacitar, como si de una epifanía se tratase. Me golpeó la realidad-Suspiró-Muy tarde-Susurró esto último-Se que tal vez esta decisión debí haberla tomado hace mucho, pero es justamente ahora cuando reconozco mis faltas, Misha Sasaki-Se inclinó con una sonrisa de felicidad-¿Cuidarías de mi hijo?

Algunas lagrimas fueron testigos de la sonrisa más radiante que la castaña pudiera dar. Sus ojos brillaban de manera sublime y con un afirmativo ¡Sí!, se reverenció de igual forma. Su sonrisa se volvió memorable. Porque en aquellos segundos la más grandes de sus dificultades, sonreía con ilusión y le brindaba un recorrido por la calles de Japón. Esa difucultad ahora era su mejor aliado.

Llegó a casa después del viaje, con ojos de cansancio. Se arrojó al sofá y revisó la contestadora.

-Tiene tres mensajes...primer mensaje...

-Mi-chan se que ya debes estar en casa-Esa era la voz de Jane-Primero que nada Bienvenida, ahora dejame decirte que vi tus modelos para la compañía de ayuda y son divinos, mi madre compro la mayoría para apoyarte y yo usaré uno de los tuyos para el viaje que tengo a media mitad del mes-Se escuchaban voces al fondo-¡Iré a visitarte cuando pueda!-Esa era la voz de Hana, esas dos pagaban el apartamento sin ninguna dificultad porque Jane recibía cantidades de dinero de sus padres y Hana tenía trabajo de medio tiempo como diseñadora de interiores para una de las prestigiosas universidades de diseño.

-Segundo mensaje...

-Yo!-Saludo la voz inconfundible de Taiga-Llamaba para avisarte que estaré pronto en Japón. Me inscribí con Lin en Seirin y esperamos visitarte pronto, espero poder llevarte buenas noticias.

Cabe destacar que Misha y Kagami se habían hecho amigos por correro desde que Tachibana se lo presentó durante una de sus conferencias, desde entonces empezaron a entablar la amistad que tenían actualmente. Ella conocía los sentimientos de ambos y estaba feliz por ellos.

-Tercer mensaje.

-Es interesante saber que me siento ansioso-Susurró-Bienvenida a casa Misha, vuelve pronto.

Le temblaba el cuerpo entero, y las miles de mariposas empezaron a destarse salvajemente en su estómago. Esa voz que por tanto tiempo deseó que le perteneciera, ahora le susurraba su ansiedad y sabía de manera sobrentendida que el "vuelve pronto" se refería a estar nuevamente a su lado.

Sonrió por inercia antes de susurrar "Estoy aún de pie y nada logrará arrebatarme lo que merezco". Por Dios que no, a partir del lunes sería una Sasaki Misha renovada, fuerte y decidida a comerse el mundo de un bocado, a elegir lo que deseaba y a recuperar el tiempo que perdió entre lágrimas, inseguridad y barreras que hoy se abrían para que caminara entre ellas.

Hoy, era el comienzo del final, porque dejaba los miedos atrás para llenarse de las victorias merecidas. Estaba segura que nadie había luchado tanto como ella, pero al fin y al cabo valió la pena.

We're no fools of this just time.
So is it wrong to toss this life?
If your heart was full of love, could you give it up?

Sus ojos se cerraron con una sonrisa, ahora podría reír como psicopata hasta el cansancio, podría reír porque el mundo no logro su cometido. Ella había ganado. Se hizo a sí misma un gerrero de acero, que supo, con grandes dificultades, llevar control por el carril correcto.

Don't give me up
Don't give...
Me up

Jamás se dio por vencida. Y claro, como ser humano algunas veces flaqueo, pero al final siguió de pie.

Se tiró a su cama y segundos después se sumió en un profundo sueño.

Soño que corría por la playa con un vestido blanco, reía como niña pequeña. Al final del recorrido estaban marcadas en la arena muchas huellas de pisadas. Reconoció las suyas con facilidad y así mismo reconoció las huellas de sus padres quienes se perdieron entre las olas del mar, después estaban las huellas de Shiro. Esas huellas se veian como si caminara a su lado y luego corriera en una dirección distinta, pero no tan separadas. Siguió el camino de sus propias huellas hasta llegar a unas que se encontraban ahora al lados de las suyas, no reconocía al dueño de las misma.

Fue entonces cuando notó a una mujer de larga cabellera mirarla con una sonrisa. Tenía una hermosa cabellera escarlate y se encontraba vestida de blanco al igual que ella. Extrañamente parecía reconocerla de algun lugar, pero no recordaba haberla visto. La pelirroja le indico con la mano que la acompañara.

-Puedo pedirte un favor querida-Escuchaba dus voz casi de manera silenciosa, como si de una ilusión auditiva se tratase y, justamente así era, porque estaba conciente que era un sueño-Quiero que me prometas algo, que por sobretodo, por encima de cualquiera y de los ideales egoistas de las personas tú cuidaras de mi pequeño.

-Espero es usted Sh...

Despertó con una de sus manos extendidas a la nada, no se sorprendió del sueño. Si ella lo deseaba entonces se encargaría de cumplir lo dicho por la señora, pero tenía que hacer algo antes y organizar su estadía.

Domingo

Una castaña de cabellos claros se encontraba frente a la tumba de la que fuera en vida Shiori. Sus manos sostenían un ramos de lirios blancos y una corona de rosas de diferentes variedades. Las colocó con respeto y se inclinó.

-Shiori-San prometo cuidar de Sei, aunque la vida se me vaya en ello-Susurró-Es un placer estar a su lado.

Sonrió antes de levantarse.

Jamás fue una persona superticiosa, pero en esos segundos juró ver a la dama de cabellos carmesí sonreirle agradeciendo sus palabras y las rosas.

Lunes

La misma castaña se hallaba caminando con el uniforme de la escuela que llevaba por nombre Rakuzan, se le veía como alguien sereno y a juzgar por su postura, alguien con una seguridad envidiable.

Su cabello había crecido un poco más y ahora se encontraba más picado que antes. Seguía manteniendo sus dos capas, pero estas se notaban de manera más clara. Sus ojos miraban el exterior con algo de curiosidad. Estaba emocionada por empezar un nuevo año escolar y esperaba que el cambio de colegio no afectara sus actividades extraculiculares, no había pensado en agregarse a algún club, pero a futuro pensaba agragarse a una buena opción. Durante su viaje aprendió que tener más de tres opciones siempre es saludable.

Al entrar al plantel miró a su alrededor las miles de inscripciones que llovian en volantes y eran anunciadas de igual forma por los diferentes voceros. Los colegios de Kioto eran mencionados como buenos, sin embargo al escuchar Rakuzan o tan solo ver su uniforme los reconocian como prestigiosos. Regresando a lo antes dicho la castaña intentaba algo accidentada de salir de los vitoreos e incripciones.

Logró salir de manera excitosa, aunque en el camino había perdido un dijeimportante para ella, se lo había dado Diana cuando la visitó por primera vez ¿Cómo encontrarlo en aquel tumulto?

Unas manos hizieron extender las suyas y le devolvieron el dije que ya daba por perdido.

-Perecía importante-Le comenta una voz-No lo vuelvas a dejar caer.

-E-Espera-El chico al cual le pertenecía la voz la ignoró por completo mientras seguía su camino-¡Gracias!

El desinteresado se giró con una sonrisa antes de indicarle con el movimiento de sus labios sin utilizar la voz que su nombre era Mayuzumi.

La castaña simplemente miró como el chico desaparecía entre la multitud. La gente de ese colegio si que era rara o ella lo era. No sabía definir con seguridad cual de los dos puntos era el acertado.

Buscó el tablón de salones. Estaba esperanzada a quedar en un salor sin profesores estresantes, compañeros vagos o desinteresados, como el que acababa de ver. Quería empezar con el pie derecho.

-Bueno, al parecer no hay nadie raro o eso creo-Rió suave siendo escuchada por un rubio que se encontraba a su lado. Los ojos verdes la miraron con algo de interés antes de hablar.

-¿Eres nueva aquí?-Consultó logrando la atención de Sasaki.

-Sí-Lo miro a la espera de su reacción.

-Eres linda-Le soltó de manera sorpresiva el chico frente a ella-Mi nombre es Kotaro Hayama.

-Estoy ante uno de los cinco reyes sin corona-Sonrió Misha ganando una mirada de sorpresa del rubio-Digamos que se más de lo que crees.

-¿No me dirás tu nombre?-Consultó nuevamente Kotaro.

-Sasaki Misha-Respondió por cortesía ha que, no le agradaba mucho la actitud "Happy" del chico.

-Bonito nombre, bonita chica-Razonó con una sonrisa-Por lo que sabes debo deducir que eres fanática del basquetbol.

-Así es.

-¿Saldrías conmigo?

-Siempre haces tantas preguntas-Esta vez lo miró antes de girar dispuesta a retirarse.

-Intuyo que eres más interesante de lo que ya logro ver-Susurró esto para sí mismo antes de girarse. Le coqueteó porque había algo en ella que despertaba interés, un gran interés que estaba dispuesto a buscarle la causa.

-¡Te estabamos buscando, múevete ya empezaron las inscripciones!-Gritó un pelinegro a Hayama.

-Ya voy, relajate Reo-nee-Canturreba con alegría el ojiverde.

Misha empezaba a comprender que los estudiantes de Teiko eran menos raros de lo que eran en Rakuzan ó le había tocado los raros al principio y las personas cuerdas estaban buscando sus salones como lo hacía ella.

Sus pies se detuvieron voluntariamente al ver el gimnasio, parecía que empezarían las pruebas de admisión para formar el equipo. Decidió entrar para corroborara quienes conformarían el equipo que más tarde sería participe de las compentencias.

Se sentó en una de las tantas bancas que se encontraban cercanas a la cancha donde los futuros prospecto se alineaban en una fila. Sus ojos viajaron en los rostros de cada jugador, entre ellos el rubio y el peliblanco que se encontró al inicio.

No lo encontró. Al que tanto espereaba ver después de una larga espera, Seijuuro Akashi no estaba en esos momentos presentes.

Los tres reyes sin corona lograron pasar sin problemas, ella ya se esperaba algo como eso. Reconocía su talento, más no su hablidad, eso sin duda la generación de milagros tenía por encima de cualquiera, lastima que los ideales no siguieran iguales.

Se levantó con algo de desilución y se dispuso a abandonar la cancha. Fue entonces cuando una canasta le llamó la atención. Esa técnica era conocida por ella como la palma de su mano. La última persona que prácticaba era a ala que ella deseba ver desde que pisó Rakuzan. Ahora era más alto, su cabello se encontraba un par de centímetros más largos, pero seguía siendo él "El temible emperador".

El pelirrojo dejó que el balón botara hacia alguna dirección, dejó de prestarle atención a la práctica para dirigir sus peligrosas pupilas hacia la castaña presente. El resto dejó de hacer lo que hacía para prestar atención para dirigirla hacia sus proclamado capitán. Por primera vez esa sonrisa dejaba de ser aterradora para ser algo pasiva, como si el botón de control se encontraba ahora frente a él y, por lo que se dejaba entredicho así era, la castaña que para muchos era desconocía podría ser la causa del cambio de interés del pelirrojo.

Este era el momento...toda lucha, todo sacrificio, las palabras que sobravan, todo, absolutamente todo eso dejaba de importar ahora. Volvían a encontrarse después del incidente del avión. No habían más obstáculos, nada que impidiera su encuentro.

Misha caminó algo dudosa, podía escuchar el bombeó salvaje de sangre y su palpitar le taladraba los oídos. Se detuvo, a la espera de Akashi, quien con un tranquilidad se dirigió a ella.

-Akashi-Empezó ella, pero nada más lograba brotar de sus labios. Cerró con fuerza los ojos, era tan feliz-yo...es bueno verte.

-Espero que eso no sea lo único que quieras decirme-La miró de manera relajada-Esperaba menos formalidad.

-Si intento hablar probablemente llore-Comentó ella antes de susurrar lo nerviosa que estaba.

Eikichi, uno de los tres reyes de corona la reconoció. Ese rostro ya lo había visto en Teiko, la enana novia de Akashi. Ahora comprendía, no era dotado con habilidad para ver a travez de las personas, pero comprendía las miradas disimuladas de Seijuuro a la puerta del gimnasio. Era ella la causa.

-Te extrañé-Le soltó Seijuuro.

Ella sonrió antes de abrazarlo. Ya no importaban los ojos curiosos, podía vanaglorearse de que le pertenecía el corazón inalcanzable del capitán de Rakuzan. Y lo reafirmaba al ser besada por él frente a los integrantes del colegio que perplejos intentaban comprender como la castaña logro colarse en la mente de Akashi.

-Supongo que este es momento para dejarte con el equipo-Razonó logrando por primera vez un puchero que rozaba lo infantil en el rostro del "Emperador". Con las mejillas sonrojadas juró guardar esa imagen en su mente. Esos eran los pequeños momentos en los que comprendía porque se había enamorado de él. Para con el resto del mundo era un jugador exepcional, para ella, era una persona con un pasado difícil, con un corazón frágil y con una seguridad envidiable, ella había logrado ver más allá de lo supercicial. Notó en su interior la calidez de saber que estaba segura a su lado y que actualmente, y juntos, podrían hacerle frente a todo. Él seguía siendo el emperador, pero no pensaba dejar que el lazo que él había deseado forjar y posteriormente atando a ella, se rompiera. Sasaki Misha era suya, estaba destinada a él desde el momento en que sus orbes claras lo miraron antes de entrevistarlo aquella tarde. Su vidas se unieron desde ese momento. Se había convertido en un posesivo egoista, no la imaginaba con otro y de ser así, se reiría frente al estúpido que osara intentar robarla, le cortaría la garganta y vería su sangre caer. Solo él la merecía, porque era capaz de convertirla en un manojo de nervios y sonrisas volubles y sería capaz de provocarle todas las sensaciones que deseara, porque desde ese segundo que la vió entrar al gimnasio se prometió a sí mismo convertila en la mujer más feliz. Estaba dispuesto a eso y a mucho más.

Así empezaba una historia diferente, su vida como estudiante superior. Durante esos años fue destacada academicamente, tal vez debía reconocerle a Sei que su método de estudio le causaba todo menos ganas de estudiar, aún así lograba sacar tiempo para todo. Entre sábados de ayudar como vocera, tardes de escarpar con Akashi a algún lugar a apartado, Domingos de fingir estudiar mientras algo sonrojada apartaba al pelirrojo de su constantes intentos de apartarla del libro, conoció las facetas algo ocultas del emperador y comprendió que tentarlo no era siempre su mejor opción claro, si quería estudiar. Recuperaron el tiempo perdido compartiendo lo más que podían juntos y así fue aún con la llegada de la Winter cup.

Por primera vez estaba en las graderías apoyando a Rakuzan, viendo jugar a su novio y admirando su talento, logrando ver su superioridad frente a los equipos, incluyendo a Shutoku. Visualizó aquel día a Diana hablando con Takao mientras Midorima bufaba algo molesto, sin embargo Palacios luego se dirigió a Midorima e inclinandose le sonrió. No debía reirse, pero era divertido ver el notable sonrojo de Shintaro.

Esa tarde celebraron, habían llegado a las finales.

Y no fue el único juego al que asistió, estuvo presente en Kaijo vs Too. Su estómago le duele de tanto reír, todavía se seca las lágrimas al ver a Shiro gritar a todo pulmón, la sonrisa de triunfo de Aomine. Se lamentó la perdida de Kise, Nao lo abrazó mientras amargas lágrimas tiñeron el rostro del modelo.

No pudo hablar con Shiro ese día y, tampoco deseaba interumpir. Ella aún se hospedaba con Daiki y llamar significaba estar traumada de por vida.

Estuvo comiendo a lo grande con Jane durante el partido de Yosen, aprendió que entre más nerviosa estaba la rubia más compraba.

De igual forma estuvo con Diana durante el partido Seirin vs Shutoku, la castaña era un manojo de nervios, intentado que pasara sus susurros de formas inaudibles. De sus labios brotaban el nombre de Shintaro constantemente.

No entendía como era Midorima tan tonto de no ver más allá de lo obvio.

Después de juegos donde lo dieron todo, se llegaron las semifinales y Después, al final del camino, llegó su último partido y el más difícil, ambos equipos venían de darlo todo y ahora con mayor razón darían la piel en el juego.

Se enfrentaron a Seirin.

Ese día no lo olvidaría ninguno de los integrantes de la generación de milagros. Ese día llegó un poco temprano para saludar a Kuroko y a Taiga. Con el segundo logró hablar, pero Tetsuya se encontraba retrasado, no le sorprendía y no alcanzó a verlo hasta el partido.

Recuerda el pitazo final, las gradas de Seirin gritando, Aida Riko levantandose con alegría, los integrantes de la banca alzando las manos. Los integrantes de Seirin celebrando su victoria. Una victoria que ella veía venir, Kuroko logró demostrar que un equipo era superior al talento individualista del resto. Al final su ideal se vió realizado, sonrió al ver a Hana con ojos acuosos arrojarse a los brazos del fantasma de Teiko quien no dudó en demostrar sus amor públicamente besandola y a Lin gritando y saltando abrasada a la entrenadora de Seirin. Se lo merecían, habían sido superiores esta vez.

Miró a Akashi, él la miró a ella con una sonrisa nostálgica. Misha comprendió que se sentía extraño al perder, por lo que no dudo en extender su mano al bajar de las graderias y abrazarlo con fuerza. Hoy el mundo había visto al gran emperador perder, sin embargo para ella, seguía siendo invencible.

-Se siente confuso-Le susurró Seijuuro al llegar a sus apartamento, se había mudado porque quería algo de independencia-La sensación de perder es dolorosa-Razonó entre una sonrisa.

-Lo sé-Sonrió ella antes de besarlo.

-Gracias por estar aquí-Le susurró Akashi mirandola con esos ojos que le profesaban amor.

-Siempre-Lo miró antes de suspirar-Hay que avisarle a tu padre el resultado.

-Tengo algo más interesante que hacer-Se levantó con ella en brazos.

Había algo más que hacer, alguien más que agradecer. Alguien que tal vez la puso esa tarde allí, los hizo conocerse y ahora esperaba que permanecieran juntos.

-Gracias mamá-Susurró con una sonrisa sincera. Ella fue la primera mujer en su vida, la que mantuvo su cordura a flote y la que lo hizo perderse en la locura al morir. Aquella dama que hoy entrelaza el hilo delgado y rojo en los dedos de ambos jóvenes y sonreía a pesar de no estar físicamente, porque sabía que su hijo estaba en buenas manos, manos delicadas que se entrelazaban con las de él, una joven hermosa que le sonreía agradeciendo el haberlo conocido.

-Gracias por todo Shiori-san.

La dama de cabellos carmesí podía descanzar tranquila. Akashi encontró lo que hacía falta, una joven que lo doblegaba en todo sentido, alguien que vendaba sus heridad y encerraba sus demonios internos, que lo comprendía sin esperar que él se lo indicara, alguien impulsivo que llegó a su vida de manera irrelevante, porque lo importante era lo que pasaría adelante, estando juntos.

Boku no ai o kurae! LOVE o kuratte miro
DRIVE ME CRAZY

Dareka no risou o hohitterun darou
Nee kansei no seijuku nante shitaku wa nainda
Wakaru de shou tanjun shinpashii
Kieta me no mae no keshiki wa aseta iro yori koi

¡Toma mi amor!

Vamos y trata de tomar mi amor, vuélveme loco

Debes saber los ideales de alguien

No quiero nada como dejar mi sensibilidad madurar

Tu entiendes, ¿Verdad?

Es una simple simpatía

El escenario que desapareció ante mis ojos es más vibrante que cualquier borroso color.


Un año después me aparezco para darle fin, ¡Pues sí!

Finalmente una jornada de veinte capítulos hoy sonrie y dice adiós, gracias por el apoyo incondicional, los comentarios y en fin...por todo.

Se les quiere, en especial a las chicas que dieron esa respuesta y ganas de colaborar a ellas, mi equipo, mi generación de milagros. ¡Muchas, Muchas Gracias!

Se despide Minari Sa-chan.

¡HASTA LA PRÓXIMA!

PD: no hay corrector t.t