Rescate Lúgubre
–¿Qué, tienen los orbes? ¿Cómo es posible? ¿Cómo lo sabe? ¡¿Dónde están los demás?! –Ante la insistencia de Joseph, y su cada vez más elevado tono, me vi en la necesidad de callarlo tapándole la boca con la palma de mi mano. Con la mirada le indiqué que se callara, y cuando estuve seguro que cumpliría, alejé violentamente mi mano de su rostro, empezando a explicarle lo que sabía.
–Lo sé por el aura, deja de gritar… Serena y los demás están cautivos por un Alakazam que está usando constantemente Psíquico en ellos, para evitar que se muevan; debemos ser cuidadosos a la hora de liberarlos para impedir que salgan dañados. Y sobre los orbes, por lo poco que puedo ver, han estado cavando algo en la parte más alta de la cima, probablemente profanando algún altar de gran importancia… Posiblemente fueron las "excavaciones" las que causaron el temblor, habrán usado un Pokémon para agilizar el proceso. Cerca de ese altar, hay dos hombres, y cada uno tiene algo, una especie de esfera que libera mucha energía, es abismal el poder que trasmiten… Estoy seguro que esos son los orbes, y eso implica que no se quedaran mucho más tiempo, debemos actuar cuanto antes.
–¡Mierda! Si hubiéramos vencido a esos miembros de la Elite Four antes, si no hubiera perdido tan fácilmente… –Noté que estaba por empezar a perder los estribos otra vez, así que le golpeé en el hombro para traerlo de vuelta. Al escucharlo quejarse, le hablé claro.
–¡Olvida eso de una puta vez! Deja de pelear pensando como el jodido líder y enfócate en hacerlo como antes de que te agruparan con Serena y luego conmigo. Si no me ayudas, no podremos salir de acá con vida… –El pelinegro me miró en silencio por un par de segundos, pero eventualmente terminó comprendiendo que no había otra manera. Una vez lo vi asentir, procedí a planear lo que haríamos para componer la situación. –Me gustaría poder entrar a la fuerza y acabar con todos ellos, pero, por mucho que odie admitirlo, eso sería imposible, simplemente son demasiados… –Desganado, miré al legendario que se encontraba a mi lado, el giró su cabeza, indicándome que no se le ocurría ninguna forma de desenredar semejante conflicto.
–¡Tengo una idea! –Volteé hacía Joseph, con a la expectativa de que en su cabeza se hallara la solución a nuestro dilema; estaba dispuesto a darle mi voto de confianza. –Tal vez no sea el mejor combatiente… –Lo miré de manera irónica, causando que frunciera el ceño. –¿Sabe?, no todos vivimos para entrenar, así como usted hace… –Levanté los hombros, restándole importancia a su comentario, y le señalé que continuara desarrollando su idea. –En fin, como decía… Lo mío nunca fueron las batallas Pokémon, o sea, puedo manejarme bien en ellas, pero no son mi fuerte. La razón por la cual era considerado uno de los mejores agentes solitarios, era mi forma de desenvolverme en el campo de acción. –El hizo una pausa, y señaló a su Pokémon; el candelabro variocolor flotó en el aire, liberando pequeñas cantidades de un denso humo.
–Entiendo… Continúa. –No me representaba ninguna clase de sorpresa lo que Joseph me relataba, si bien él fue bastante hermético con Serena y conmigo, sobre su trabajo específico como agente solitario, pude escuchar de boca de Brock lo bien que se desenvolvía como espía de Ion. Nuestro "líder" no era un luchador, como lo soy yo, o Brock y Sawyer, él se encargaba de averiguar información de primera mano, o de robar objetos y datos de valor para la organización en zonas de acceso riesgoso; incluso, de ser necesario, el eliminó a varios de los enemigos más peligrosos de Ion. "Ghost" fue su apodo antes de ser asignado como líder de un equipo elite, con Serena, y en algunas ocasiones May, bajo su mando, antes de que yo me les uniera.
Esa información la obtuve tras preguntar al respecto hace un par de días, en medio de una práctica con el moreno. Aún a pesar de todo ello, Brock señaló que Joseph se cansó de asesinar; irónico, si se me pregunta. Según el moreno, pocos saben de ello, pues, como es común en él, el pelinegro es alguien de pocas palabras, desconfiado y aislado. Esa historia la escuchó por parte del mismo Joseph, un día que se encontraron en el comedor de la base principal, parece ser que mi "líder" bebió de más ese día, y soltó un poco de su pasado oculto.
Pero lo interesante, y no es por pecar de indiscreto, vino cuando, palabras de Brock, Joseph mencionó que su amante dentro de la organización había muerto… ¿Quien fue la chica? Eso era imposible de saber, pues el chico de Hoenn cayó inconsciente antes de poder hablar más. Claro, chica si es que Joseph es heterosexual, con él eso es difícil de definir; personalmente, pensaba que era asexual. Aunque parece que sí es el caso, pues Brock mencionó que, llevado por la curiosidad, investigó en los registros de Ion, y descubrió que Joseph coincidió en varias regiones con otra agente solitaria llamada Samantha, la cual murió poco antes de la fecha en la que ambos conversaron en el comedor; la razón de su muerte no se hallaba en los archivos…
–… Haré que Chandela use… ¿Me está poniendo atención? ¡Si algo del plan, lo más minúsculo, sale mal, nuestros compañeros podrían morir, Serena podría morir! –Su afirmación causó que dejara totalmente de lado ese hilo de pensamientos sin sentido en aquel momento. Tenía razón, estamos en una situación crítica, en contra tiempo y con pocos recursos, actuar rápida y precisamente es completamente necesario.
–Cierto, lo siento. ¿Puede repetirme el plan? –El suspiró, mirando de reojo hacia la cima del monte, y asintió, comenzando una vez más a explicar aquello a lo que debí prestar atención desde el principio.
–Una vez más… Será similar a como hice con los guardias del puesto de avanzada de la Ruta Ciento Trece, solo que de día. Chandela usará Alma Humeante y…
–¿Alma Humeante? –Cuestioné extrañado, interrumpiéndolo.
–Es una variante de Pantalla de Humo que inventé; el humo es más denso y difícil de despejar. –Asentí satisfecho con la respuesta, viendo de primera mano lo bueno que es Joseph para el sigilo; claro, aquel fatídico día en el puesto de avanzada del Team Geyser ello se evidenció, pero entonces tuve mucho más en lo que pensar, que en el método de trabajo de mi compañero. –Bien, entonces… Mientras Chandela cubre nuestra presencia, Gangar se encargará de dormir a los miembros del Team Geyser, usted deberá lidiar con aquellos que saquen a sus Pokémon; gracias a la niebla, dudo que noten el humo desde la zona de arriba. Debemos ser rápidos y sigilosos, de manera que cubramos el primer tramo hasta la cima sin ser descubiertos. Luego lidiaremos con el Alakazam, yo me aseguraré de dormir a todos allá también. No podemos sobrepasar los tres minutos llevando todo a cabo, ¿entendido?
Sin tener la intención de decir algo más, acepté su "plan maestro" sin reproches. Especulé que idearía algo más elaborado, pero tomando en cuenta la presión que tiene sobre sus hombros, y el poco tiempo que nos queda, tampoco podía ser tan exigente. Sin más demora, el primero en ejecutar su parte del plan fue Joseph…
Por lo que pude apreciar con el aura, el tramo restante hacia la cima está divido en tres partes: un área llena de ruinas, lugar en donde nos encontramos, unas largas gradas, y el "panteón", por llamarlo de alguna forma, de la cima. En la zona con ruinas, hay aproximadamente unos veinte hombres del Team Geyser, las gradas se encuentran despejadas, y el resto del grupo paramilitar se halla en el "panteón"; justo en el centro del lugar, están los que presumo son los dos líderes, en el extremo este está el Alakazam con Serena y los demás.
Nuestra misión es lidiar con los hombres que rodean las ruinas, que, dado a que están montando guardia, están dispersos por el área. Tras ello, debemos escalar las gradas lo más rápido posible, evitando llamar la atención, en ese caso, la niebla nos vendrá de maravilla. Una vez en la cima, Joseph se encargará de neutralizar a todos los terroristas que se hallen ahí. Por mi lado, yo acabaré con el Alakazam y su entrenador, y me aseguré de que mi chica y mis compañeros se encuentren bien.
Joseph señaló la zona oeste de las ruinas, indicando que empezaría "humeando" esa parte. Eso lo hacíamos porque, aunque la niebla es lo suficientemente oscura como para ocultarnos a varios metros, jamás lo haría a un rango de corto alcance. Ya que el "líder" no quería matar, nos debíamos conformar con dormir a los enemigos, aunque eso tampoco es problema, no con la velocidad del Gengar de Joseph a nuestro favor.
Pasados cincuenta segundos desde que empezamos a planear el cómo actuaríamos, lo comprobé en mi HoloCaster, la humareda fantasmal empezó a cubrir la zona izquierda de las ruinas. El candelabro, más que eso, pues parecía una chimenea, que, sin descanso, insistía en escupir un humo oscuro como la brea. Casi como una segunda capa de niebla, el humo reptó por el suelo, comenzando a inundar el área, hasta que fue imposible ver nada más que la nariz propia. La negrura demoniaca, que hacía justicia al nombre que Joseph le otorgó al movimiento personalizado, fue rápidamente notada por los terroristas.
–¡Hey, que se supone que es esto! –Gritó uno que sonaba ligeramente asustadizo.
–No sabía que la niebla de este lugar pudiera ser tan oscura. –Comentó otro, por el volumen de su voz, deduje que se encontraba a un par de metros del primero que habló.
–¿No… no será obra de los malditos fantasmas? –Inquirió el primero, era fácil captar como el miedo invadía su cuerpo.
–No creo, para eso se supone que los jefes llamaron a esos de la Elite Four. –Respondió un tercero, al parecer, éste se había acercado a sus dos compañeros.
–Yo no me fío del todo de esos sujetos; trasmiten un aura tétrica que me da escalofríos. –Señaló aquel que fue el segundo en hablar.
–¡Dejen de decir tonterías y empecen a investigar de donde viene esta niebla negra! –Niebla negra era una manera interesante de definirlo, pues era más similar a eso, que al humo; ese Joseph realmente se lució con el Alma Humeante.
Cerré los ojos y respiré profundamente, en cuestión de milésimas de segundos, pude ver el entorno como si estuviera compuesto por redes de energía, todas interconectadas. Siendo capaz de percibir "imágenes" a través del humo, empecé a acercarme a lo sujetos desde el costado de derecho, el contrario a mi compañero. Silenciosamente nos abrimos paso, yo, usando mi extraño poder natural, y Joseph, con la ayuda de su Pokémon sombrío. Los cometarios alarmistas del aquel tipo que se hallaba nervioso, impedían que sus compañeros se pudieran concentrar en su búsqueda de la fuente del humo, eso nos venía de maravilla.
"Pikachu, al salir ataca al sujeto que se encuentra al frente nuestro, usa Onda Trueno para paralizarlo y luego Impactrueno para dejarlo inconsciente", seguro de que mi Pokémon me había escuchado desde la Poké Ball, presioné el botón blanco en medio de ella. Mi roedor salió de la capsula con mala cara, pero se mantuvo a raya debido a su falso profesionalismo; mi Pokémon fiel, enemigo jurado de las Poké Balls, se escabullo entre la negrura, en la dirección de su objetivo más cercano.
–¡¿Qué es eso?! –Escuché a uno de los miembros del Team Geyser chillar. Era el mismo sujeto nervioso de antes, para su mala suerte, ya Pikachu lo tenía en la mira. El ataque no duró más de un segundo; desde las mejillas de mi roedor salió una poderosa carga estática, que causó que perdiera la movilidad de su cuerpo. Velozmente, le ordené a Keldeo que evitara que el chico cayera al suelo, buscando evitar que llamara la atención de sus compañeros con el sonido del impacto. Una vez el legendario lo aseguró en el suelo, mi roedor lo fulminó con su Impactrueno; no bastó para matarlo, pero tampoco despertará hasta dentro de un buen tiempo.
–Billy, deja ya esa maldita superstición tuya, solo tonterías dices… ¿Billy? ¡Aghh! –Antes de que el sujeto más sensato de los tres empezara a sospechar, pude escuchar como sus palabras se ahogaron en un grito seco; de inmediato supe que Joseph se había encargado de él.
–¿Jake, que fue eso? ¿Estás bien? –El tercero ahora se hallaba solo, así que realmente no importaba quien lo neutralizara. Como yo era el que se hallaba más cerca de él, le indiqué a Pikachu que se hiciera cargo. Una vez más la secuencia fue repetida, el roedor atacó y el poni evitó que se generara el ruido de la caída. Con ellos tres, apenas llevábamos una pequeña fracción del total de miembros de Geyser que debíamos eliminar, así que, sin perder tiempo, nos movilizamos a la zona de las ruinas contigua.
De manera expeditiva y concisa, como Joseph había indicado, acabamos con todas las potenciales amenazas que se hallaban en el primer tramo hacia la cima, en total neutralizamos a dieciocho terroristas ecológicos, y para ese momento apenas habían pasado tres minutos desde que empezamos a ejecutar el plan del pelinegro. Cuando el último de ellos cayó, me reuní con el entrenador de fantasmas frente a las gradas que ascendían hacia la cima; intercambiamos una mirada decidida, y empezamos a escalar sigilosamente. El humo de ultratumba aún cubría gran parte de las ruinas, pero no alcanzaba las gradas de roca, aun así, le densa niebla nos servía de velo.
Paso a paso, el ángulo de inclinación cada vez se hacía más recto, complicando de sobre manera nuestro caminado de cuclillas. En dicha circunstancia, me era difícil analizar el entorno con el aura, y debido a que no había señal alguna de más gente que nosotros dos, la preocupación nos invadió; lo supe inmediatamente por el rostro que mostraba mi compañero. Lo que pasaba por su cabeza era lo mismo que pasaba por la mía: "¿Y sí perdimos demasiado tiempo con los sujetos de abajo y ya se fueron con los orbes? ¿Qué sucedió con nuestros compañeros?". No quería que esas ideas le calaran muy profundo, por lo que estaba por señalarle que no podía dejarse llevar por la tensión, cuando una voz se hizo clara entre la penumbra blanquecina.
–Señor, hace un momento perdimos contacto con el equipo de abajo… –Era imposible que esa voz no fuera de uno de los tantos miembros de Geyser; sonaba tenso, y por su mensaje, estaba claro que no contábamos con más tiempo. Le indiqué al "líder", título aún más inmerecido, pues era yo quien lideraba en esos momentos, que se detuviera. El chico de Hoenn asintió, y volteó hacia su Gengar, el cual se hallaba oculto dentro de su sombra; el Chandelure fue regresado a su Ocaso Ball, para impedir que el brillo de sus llamas revelara nuestra presencia. Mientras mi compañero le daba algunas indicaciones a su Pokémon, yo le volví a dar uso al aura.
Serena y los chicos permanecían igual que antes, el Alakazam los mantenía a un par de metros sobre el suelo, mientras les ejercía tortura psicológica con sus poderes. Los militantes de la organización terrorista ahora se encontraban amontonados cerca del panteón, y ambos orbes estaban muy cerca uno del otro, al parecer ya habían sido empaquetados. No tuve problemas en reconocer a los líderes de la organización, el aura de esos dos era tan densa que me estaba abrumando… Lo supe de inmediato, esas dos personas eran muy peligrosas, y no podíamos darnos el lujo de enfrentarlos abiertamente.
–Joseph… –Llamé calladamente. En la cima, la gente del Team Geyser discutía respecto a sus compañeros, así que era el momento ideal para atacar. Cuando comprobé que tenía la atención del pelinegro, procedía a hablar. –Dile a tu Gengar que use Sombra Vil en los dos líderes del Team Geyser, es pertinente que no puedan volver a levantarse, debe matarlos. –La piel de Joseph palideció, y pude ver que estaba por reclamar. –Sé que no te gusta matar, pero debes entender que no tenemos de otra o sí no… –Mis palabras fueron interrumpidas, cuando capté una extraña trasmisión de radio proveniente de la cima.
–… Ya están allí… –La señal era pésima y el mensaje sonó distorsionado, pero estaba claro a qué se refería. Miré preocupado a Joseph, que se mostraba en igual, o peor condición que yo. ¿Quién dio ese mensaje?, esa era una duda sin respuesta, pues era imposible que, en tan poco tiempo, alguno de los guardias de las ruinas hubiera despertado… Mis cavilaciones fueron abruptamente detenidas, al escuchar una ominosa voz dictar una terrible sentencia.
–Parece que realmente esa gente de Ion es muy habilidosa, pues pudieron lidiar con nuestros aliados de la Elite Four… ¡Bueno, basta de juegos! Courtney, no necesitamos rehenes, lo mejor será que los mates… –Mi sangre se heló al escuchar esas frías palabras; crucé miradas con Joseph una vez más, y le trasmití a través de mis ojos todo lo que deseaba decirle. Él no es estúpido, él era consciente de que la vida de nuestros amigos se encontraba en sus manos.
–Como usted desee, líder Maxie. –Una retorcida voz femenina, probablemente de la entrenadora del tipo Psíquico, respondió a la orden. No tuve tiempo para discutir con el de Hoenn, pues en ese momento sentí la ira y desesperación inundar mi cuerpo; el grito agudo que salió de la garganta de Serena bloqueó cualquier conexión entre mi consiente y mi subconsciente.
"Pikachu… Keldeo… Acaben con todos los que se encuentren en el panteón de allá arriba, no me importa si los matan o no; nada más asegúrense de que no se vuelvan a levantar por un par de semanas". Sentí el aura de mis dos Pokémon fluctuar… ¿Tenían miedo? ¿De mí? Finalmente, sentí como los dos se movieron, pasando a mi lado, dirigiéndose al "panteón", lugar donde se aglomeraban los terroristas.
La energía que circulaba por mi cuerpo era tan poderosa, que bien podía apreciar como la sangre dentro de mis venas comenzaba a ebullir. ¿Qué tanto daño le hacía el aura a mi cuerpo?, esa era una duda que no podría responder de momento. Terminé de correr, trepando las gradas restantes, y me planté justo al frente de toda la comitiva del Team Geyser. Primeramente, reconocí un par de caras, eran la mujer y el hombre que lideraban a los saqueadores de la Torre Espejismo; con el entrenador gordo tenía cuentas pendientes. Luego pude reconocer a Maxie y Archie, los Magikarp gordos, los principales objetivos de Ion; no se veían del todo como en las fotografías que nos mostró N, pero añadiéndoles unos años, eran perfectamente identificables.
Mi sorpresiva presencia distrajo por un momento a todos los allí presentes, y fue en ese momento que comencé a dudar de como procedería a partir de ese momento. Casi como en cámara lenta, observé como cinco de los entrenadores de Geyser sacaban a sus Pokémon, Pikachu y Keldeo se lanzaron al ataque; entonces una chica pelirosa, ubicada a mi derecha, la cual asocié con el nombre de Courtney, indicó a su Alakazam que asesinara a los prisioneros. Miré las caras de Dawn, May, Misty, Brock, Sawyer… Serena, todas expresaban una agonía indescriptible, sus frentes tenían un peligroso tono morado, y sus rostros estaban rojos, señal de múltiples hemorragias internas. Cuando la chica dio la orden, el tipo Psíquico movió las cucharas en sus manos, y eso provocó que mis compañeros y novia gritaran más fuerte que antes, ahora sangre salía de sus narices y orejas.
De reojo, miré a los líderes moverse, y supe que, si salvaba a mi amada y amigos, yo moriría... Pero no me importaba, así que, sin pensarlo dos veces, cargué una Aura Esfera en mi palma derecha, la cual tomó un tono azul rojizo, casi morado; su tamaño superaba todas las anteriores. El ataque aural sobrevoló rápidamente el lugar, estampándose directamente en la cabeza del siniestro tipo Psíquico; ignorando la tabla de tipos, la poderosa energía le desgarró la piel y resquebrajó su cráneo, dejando salir parte de su sobrecrecido cerebro. El desgraciado Pokémon fue impulsado hacia atrás, comenzando el descenso hacía el vacío del barranco.
Otra esfera de energía de menor tamaño golpeó a la atónita entrenadora del Alakazam, que nada pudo hacer para esquivarlo. Sentí mi cuerpo descompensarse, la energía que usé en el primer ataque fue excesiva, y eso lo estaba resintiendo. Con el poco poder aural que me quedaba, creé una barrera bajo los aprisionados, evitando que cayeran directamente al suelo. Escuché un par de ataques poderosos, y pude apreciar como Keldeo y Pikachu habían eliminado a las primeras amenazas sin problema, la cuestión era que esos no eran, ni de cerca, entrenadores de alto nivel.
Para ese punto, no existía nadie en ese lugar que dudara de mi peligrosidad, así que mi suerte se había agotado… Pero entonces la esperanza regresó en forma de una veloz sombra, que, sin darle tiempo a los terroristas de que desenfundaran sus Poké Balls, atacó violentamente a los dos líderes. El primero fue el sujeto de piel morena y frondosa barba llena de canas, el cual cayó al suelo tras recibir un impacto sombrío en su abdomen; su compañero, el hombre pelirrojo con lentes, sufrió el mismo destino, cuando Gangar saltó a su sombra y le dio un golpe drenador de almas. Con sus líderes asesinados, los demás miembros de Geyser entraron en pánico.
Antes de que los demás entrenadores de elite pudieran actuar, todo se llenó de humo, y rayos de Hipnosis inundaron el área; de no ser porque yo terminé desplomándome en el suelo, habría sido una víctima más del enloquecido ataque de Joseph. Todo sucedió en menos de veinte segundos, desde que yo aparecí frente al "panteón", hasta que los fantasmas despacharon al último de los terroristas. Una sonrisa adolorida se dibujó en mi cara, cuando vi a Pikachu dejar inconsciente al mismo sublíder del Team Geyser, con el que luché en la torre del desierto.
Esa sonrisa seguía ahí cuando Joseph me tendió su mano para ayudarme a levantarme. Una vez me hallé en pie, me movilicé lo más rápido que pude hasta el parche de césped donde apoyé a los chicos. Le di un rápido vistazo a todos, para finalmente posar la mirada en Serena; pude respirar más tranquilo cuando comprobé que jadeaba suavemente. Las hemorragias se habían detenido, así que más allá de estar manchados con un poco de sangre, parecían hallarse bien. Con mi mano limpié un poco su rostro, y luego acaricié su cabello. Prometiéndome volver por ella, me acerqué al cajón donde estaban los orbes, aún estaba abierto, así que pude apreciar el hermoso color zafiro del Orbe Azul y el intenso color rubí del Orbe Rojo; en ambos estaban marcados los símbolos de Alpha y Omega, respectivamente.
–El Alakazam no está muerto, ¿cierto? –Volteé hacia Joseph y noté que aún no se daba cuenta de lo que se hallaba frente a mí, él buscaba cerca de Serena y los chicos el cuerpo del tipo Psíquico. Yo señalé a su entrenadora, que estaba a un par de metros de donde Joseph se hallaba, y le respondí.
–Tranquilo, ahora probablemente sea tipo Fantasma, no puede ser tan malo… –Mi mente seguía revuelta por el uso del aura, y al decir ese comentario, me sentí como si no fuera del todo yo mismo; había muerto un Pokémon, no importaba que actuara mal, él solo hacía lo que su entrenadora le decía… Pensé en hablar con Joseph sobre el asesinato de los líderes del Team Geyser, pero percibí claramente en su mirada que no estaba en condiciones de hablar de ello.
–Ohh… Bueno, dejando eso de lado. ¿Quién cree que les haya avisado de nuestra presencia? –El brusco cambio de tema fue de todo menos sutil, pero estaba claro que Joseph no se sintió cómodo con mi respuesta respecto al estado del Pokémon. Estaba por responderle que no tenía idea, cuando una voz proveniente de las gradas llamó nuestra atención.
–Esos habremos sido nosotros, lo siento… –El tono tenebrosamente alegre de Phoebe ya estaba grabado en mi córtex cerebral, así que inmediatamente me acerqué a Joseph; cubriendo el paso hacía nuestros compañeros inconscientes, hacia ella. Keldeo, Pikachu, Chandela y Gangar se colocaron frente a nosotros. Justo donde yo aparecí hace unos momentos, surgieron los dos miembros de la Elite Four, acompañados por el Sableye y el Absol; su ropa estaba mojada, y era fácil deducir que estaban muy molestos por mi manera de quitarlos del camino.
–Ustedes… deberían estar muertos… –Comenté sin delicadeza; sentí a Joseph estremecerse a mí lado. A decir verdad, sí creí que el Surf congelado había bastado para matarlos.
–¡Eso habría sido fascinante! Lastimosamente no, seguimos vivos… Pero tranquilo, les devolveremos el favor. Jojo…–La sonrisa tétrica de la chica, y el gesto iracundo del siniestro sujeto, eran señales claras de que esta vez irían a matar.
