El Retorno de Anthony
Capítulo XX "La Fiesta después de la Boda"
El atardecer baña de una amplia gama de colores rojizos la ya bien iluminada mansión de los Britter en Lakewood.
Las risas y conversaciones se dejan oír en cada uno de sus variados rincones. La atestada mansión exulta de alegría y gozo. Todos y cada uno de los conocidos, amigos y familiares recordados fueron invitados al casamiento de Archibold Cromwell y Annie Britter, tanto a la ceremonia religiosa como a ésta, la fiesta. Entre estos cabe mencionar a la hna. María y la Sta Pony junto con cada uno de los niños del Hogar, tomando en cuenta también aquéllos huérfanos adoptados, que se criaron con Anni y Candy. Albert Andly se encargó personalmente de que se les compraran ropas para la ocasión y del transporte desde el Hogar. Los pequeños se encuentran tan felices que parecen no caber sus corazoncitos en sus pechos.
La alegría sobreabunda en todos los rincones de la gigantesca casa, excepto en uno de los balcones del primer piso que da al norte. Una figura femenina, claramente en shock contrasta con el ambiente festivo. Candy, con sus dos manos apoyadas en la baranda de mármol, mira con la vista perdida el horizonte cobrizo. En su mente contempla la escena de la iglesia de esa mañana. Sus pupilas tiemblan ante las imágenes que sólo ella puede percibir. Ve la iglesia atestada de gente, el rostro iluminado de Archie, junto al altar, esperando a su prometida para desposarla. Candy siente su corazón palpitar mientras observa el lugar opuesta al de ella, vacío. El padrino no ha llegado y la muchacha se siente desesperar, no comprende porqué Anthony tarda tanto en asumir su puesto, pero en el último minuto, previo a la aparción de la novia, Albert presuroso ocupa su lugar. La boda transcurre como fue prevista pero con Albert como padrino.
Saliendo de su ensimismamiento Candy golpea fuertemente el mármol con su puño al tiempo que protesta
-¡¿ Por qué nadie me avisó del cambio de padrinos?-
Una voz de detrás de la joven contesta su pregunta.
-Porque la decisión fue tomada a último momento.-
Candy se da vuelta reconociendo la voz al instante.
-¡Tía abuela Elroy!-
La dama permanece inmutable, aunque su corazón no es el frío distante que conociera Candy, se siente descolocada ante la joven que le trajera tantos disgustos en el pasado y, aferrándose a su vieja imagen, se mantiene estoica mientras explica.
-Horas antes de la boda Williams y yo no nos poníamos de acuerdo a pesar de que Archie y Anthony nos habían dejado la desición a nosotros. Williams se empecinaba en que Anthony debía ser el padrino, aun sin haber sido debidamente introducido en la alta sociedad, como correspondía y yo me oponía resueltamente. Finalmente y ante la discusión que subía de tono Anthony decidió no ser el padrino. Lo siento Candy, sé que debe de haber sido una gran frustración para tí no haber podido verlo cuando lo esperabas, durante la ceremonia pero se hará presente en cualquier momento y tendrás algun tiempo con él antes de su presentación en público.-
La matrona habla con más soltura y con tono más amable, luego de la tensión del primer momento. El cuerpo de Candy tiembla, el encuentro con la tía abuela tampoco le resulta sencillo. Finalmente ve en la mirada de la anciana dama un brillo diferente, no se siente hiriéntemente escudriñada por dentro, como en los viejos tiempos, sino que precibe un dejo de cariño en los ojos de la Sra Elroy, esto la confunde pero cambia su postura defensiva a una más cordial.
-Gracias Tía abuela Elroy por tener la deferencia de explicarme la situación.- Luego baja la vista sonrojándose al sentir sus deseos más secretos, descubiertos y agrega
-Yo... sí estaba esperando volver a verlo.-
Los ojos de la anciana se iluminan de reprente y por fin su corazón se abre mientras confiesa
-Sé que ha pasado mucho tiempo y que muchas cosas ya no tienen remedio, Candy, pero quiero que sepas que me arrepiento enteramente de haberlos engañado. Si les hubiero permitido, a tí y a Anthony, cambiarme el corazón, sé que finalmente hubiera aceptado el amor que sienten el uno por el otro. -
Los ojos de Candy se abren grandes ante tal declaración, para luego llenarse de lágrimas que caen muy a pesar del esfuerzo por contenerlas. Y sientiéndose extremadamente vulnerable se escuda.
-Gracias por sincerarse conmigo, pero ahora mismo amo a Terrence Grandchester y soy su prometida.-
Esta afirmación cae como puñal afilado en el corazón de la ahora sensible dama, anegando su mirada.
Esta reacción aturde aun más a Candy pero la Tía Abuela tiene algo más que decir antes de marcharse.
- Lo sé Candy. Sé que mis errores no tienen remedio. Por favor acepta esto como un intento de reconciliación de mi parte contigo... Y déjame abrigar la esperanza de que algún día correspondas al amor de Anthony y te cases con él. Te acogeré como su esposa y estaré feliz de hacerlo.- Y diciendo estas palabras la Señora Elroy deja a la muchacha sola y aun más turbada. Candy se cubre el rostro con ambas manos y solloza.
-Elegiste las palabras perfectas para hacer huir a la Tía Abuela, Candy. Pero a mí no me engañas, puedo ver lo que sientes por Anthony ahora mismo.-
Candy levanta la vista y aunque no puede verla con nitidez debido a que las lágrimas borronean su visión, los bucles pelirrojos y la voz son inconfundibles.
-¡Eliza vete! ¡eres la última persona con la que deseo hablar!- Candy voltea y le da la espalda.
-Debo admitir que siempre te he envidiado por tu sinceridad. Siempre has sido tan auténtica, tan tú misma, que cautivabas a todos con tu forma de ser. No lo soportaba y por eso te decía que eras una hipócrita. La verdad es que no lo eras y que la hipócrita era yo. Pero en este momento las cosas se han dado vuelta y ahora sí eres una hipócrita y yo soy sincera contigo. ¡Amas a Anthony y nunca dejarás de hacerlo! ¡no importa cuánto lo intentes ni a quién uses
para reemplazarlo!-
Una leve brisa despeina los dorados cabellos de Candy que levanta la vista para contestar pero no ve a nadie junto a ella, las cortinas del balcón contiguo se mueven de repente y Candy observa detenidamente en esa dirección pero tampoco logra ver a nadie. De pronto ve a Terry en silencio mirándola.
-¡Terry!- Candy voltea y se seca rápidamente las lágrimas. Terry la rodea con sus brazos y le dice amorosamente.
-¡Vamos, no finjas que no pasa nada. Ví salir a Eliza de este sitio hace un instante!-
Candy sonríe entre lágrimas al verse expuesta .
-Me conoces tan bien, que no puedo ocultarte nada.-
la joven se seca las lágrimas por completo y mira a Terry a los ojos. El azul penetrante intenta develar el misterio de los verde esmeralda. Candy siente su corazón imbuído de fortaleza nuevamente y declara alegre.
-Ya estoy bien, ahora que tú estás conmigo. ¡Te amo Terry!-
El muchacho se estremece y le susurra antes de besarla con pasión.
-Eres mucho más hermosa cuando ríes, mi amor-
El joven no advierte la reacción que estas palabras provocan en su amada. Candy se siente transportada a un portal de rosas antes de entregarse al beso.
Una voz dulce de mujer los interrumpe.
-Terry, hijo, ¡por fin te encuentro!-
Candy y Terry voltean al instante.
-¡Hola Candy! ¿cómo has estado?-
Candy cubre sus labios con una mano y sonrojada responde.
-¡Eleanor!... muy bien... he estado muy bien...¿y tú?-
-¡Espléndidamente!- y volteando hacia Terry agrega
-Terrence, necesito que vengas conmigo al cuarto contiguo. Hay alguien que quiero que veas.-
-¡Mamá el trabajo puede esperar!-
-No es un asunto de trabajo. Pero es muy importante para mí.- y cambiando su euforia por un tono suplicante implora
-¡Por favor!-
-¡Vamos Terry! ¡haz lo que tu madre te pide!- insiste Candy.
-De acuerdo-
De mala gana pero instado por ambas mujeres, Terry se encamina al cuarto en cuestión dirigido por su madre.
Ya en la puerta Eleanor le hace un gesto con su delicada mano invitándolo a entrar. De espaldas a ellos y mirando hacia los jardines por la ventana, se ve un hombre impecable y lujosamente vestido. Su porte cual la de un noble.
-Por favor hijo, dale una oportunidad- la voz de la actriz se percibe como un ruego amoroso.
Terry la mira con intriga pero obedece a su madre entrando a la habitación. Eleanor cierra la puerta detrás de su hijo y apoya su espalda sobre ella.
Candy con los ojos bien abiertos por el asombro le pregunta
-¿Acaso es quien yo creo que es?-
-Sí Candy. Richard y yo no hemos reconciliado y vamos a casarnos dentro de unos meses.-
La actriz irradia su felicidad por cada poro de su cuerpo. Candy se avalanza y le toma las manos para compartir su alegría.
-¡Estoy tan feliz por tí, Eleanor! ¡y también por Terry!-
-Sí, tan solo espero que perdone a su padre y le permita comenzar de nuevo. Que podamos los tres comenzar una nueva relación de familia...como debió haber sido.-
Candy aprieta las manos de la dama y asevera
-¡Lo hará! ¡no te preocupes! Conozco el corazón de Terry.-
Sí, claro ve, anda Candy, únete a la fiesta y disfruta. Déjame esperar a mí sola, yo... desearía que después que tuviéramos unos momentos a solas los tres.-
-¡Claro! Es lo que corresponde para una familia.-
Candy sonríe, le guiña un ojo y se aleja unos pasos cuando es interceptada por su amiga Guita, quien le toma las manos increíblemente excitada.
-¡Está en la entrada! ¡un joven tan apuesto como un príncipe de cuento de hadas! ¡su cabello de un inteso rubio y sus ojos azules como la imagen del cielo reflejada en un lago de montaña! ¡está vestido de punta en blanco, con una corbata azul haciendo juego con sus ojos!-
Las jóvenes están tan alteradas, como lo estuvieron cuando entraste con Terry. Y creo no equivocarme al decir que pienso que es el joven Brower del que tanto me has platicado,Candy.
Candy se avalanza hacia el barandal circular de madera que recubre todo el pasillo del primer piso, dejando ver el salón principal abajo, pero Guita la detiene advirtiéndole.
-Me temo que no ha venido solo, amiga mía. Una pelirroja despampanante se aferra gustosa a su brazo izquierdo.
El cuerpo de Candy se estremece ante esas palabras y un nudo hiere su garganta. Candy se desprende de la amiga vacilante y, aferrándose al barandal de trabajado roble, busca febrílmente con su mirada entre el gentío cercano a la entrada. No tarda mucho en divisar lo que busca. Anthony resalta de todas las formas posibles de entre las personas que lo redean. Sonríe mientras saluda a todo aquel que se le acerca. Camina lentamente apoyando tiernamente su mano derecha sobre la delicada mano de una hermosa joven de largos rizos rojizos. El corazón le da un vuelco y se ve obligada a llevarse la mano al pecho para contenerlo. La respiración se le entrecorta y siente que su universo entero se viene abajo. Cuando sus piernas empiezan a flaquear, Guita acude en su auxilio.
-¡Candy! ¿¡estás bien! ¡tranquilízate por favor!-
Candy se lleva la mano a la boca y no puede emitir palabra, sólo se vuelve a asomar para mirar a Anthony y ve a la joven de cabellos pelirrojos observándola con suma atención. Luego la ve sonreír maliciosamente, como disfrutando de su suplicio.
Es en este familiar gesto cuando Candy reconoce a la bella muchacha.
-¡Eliza!-
Candy mira a la prima de Anthony a los ojos y ésta le sonríe nuevamente, más esta vez su sonrisa es clara y prístina como el agua, sin rastros de maldad.
-¿Eliza?-
Entonces Candy observa cómo su ancestral contrincante por el amor de Anthony atrae la atención del muchacho hacia sí y le susurra algo al oído instándolo a levantar la vista en dirección a ella. Anthony levanta la vista y la ve. El rostro del joven cambia, iluminándose al contacto con los ojos de la muchacha. La paz que emana la mirada de Anthony atraviesa a Candy, que siente como si todo alrededor desapareciera excepto él. Se siente desnuda ante esos ojos de extrema dulzura y paz y finalmente responde a la sonrisa del joven con la suya propia. Candy siente que todo su ser se inuda de dicha. Por unos segundos olvida todo y sólo disfruta de esta felicidad a través de esa mirada tan añorada. Entonces Anthony desvía sus ojos pues alguien quiere saludarlo y la súbita voz de Eleanor desarticula a la pecosa.
-Dicen que es imposible olvidar al primer amor...-
Candy brinca saliendo de su arrobamiento y mira a Eleanor sintiéndose en falta. Pero la hermosa actriz la observa con amor y comprensión y sonriéndole agrega.
-Y, en lo personal creo que es todavía más difícil cuando ese amor sigue siendo correspondido, Candy.-
-¡Eleanor.. yo...!-
Candy intenta justificarse pero la dama la interrumpe-
-No hace falta que te disculpes conmigo. Conozco a la perfección la situación entre uds tres. He tenido el placer de pasar un tiempo con Anthony en Lakewood y de conocerlo mejor. De hecho fué él quien urdió el plan para reunirnos a Richard y a mí en ese precioso lugar. Sabía ya, que Terry le había contado todo lo que sentíamos Richard y yo. Mi felicidad actual se debe, en gran parte, a tu primer amor Candy. Y tengo que ser franca contigo, a pesar de ser Terry mi propio hijo, después de conocer a Anthony, entiendo por qué todavía no has podido decidirte por uno de los dos.-
Y, tomando a Candy por los hombros le dice con seriedad.
Sé que tu compromiso con Terry se debe a la renuncia de Anthony, con su decisión, él se sacrificó en aras de tu felicidad. Por lo tanto, este compromiso, no ha sido una decisión tuya. Pero, para terminar con el sufrimiento de los tres, deberás ser tú quien tome la decisión final. Sí, uno de los dos sufrirá Candy y no podrás evitarlo. Lo siento. Debía decírtelo.-
Dicho esto Eleanor besa la frente de Candy y, al ve abrirse la puerta y a Richard llamarla con dicha en sus ojos, corre dentro cerrando al pasar.
Candy siente que sus ojos drenan su dolor a través de calientes lágrimas que recorren sus mejillas. Guita se le acerca y la toma de las manos y la conduce al balcón nuevamente, saca un pañuelo y le seca las lágrimas mientras comenta
-Estoy de acuerdo con Eleanor, Candy, por favor quédate aquí y medita en ello. Iré a conseguirte un vaso con agua.-
Candy se apoya en el frío mármol y deja que su corazón se desahogue, pero no pasa mucho tiempo cuando siente una cálida mano sobre su hombro y voltea.
-Es bueno que llores. El llanto limpiará tu corazón. Lo sé por experiencia propia.-
Las palabras de consuelo son sinceras y el gesto confortador.
Candy no da crédito ante lo que está presenciando. Eliza la abraza y la contiene. La pecosa se deja llevar y estalla en sollozos. Guita aparece nuevamente pero Candy no la ve. La mano alzada de Eliza le da a entender que las deje a solas, de modo que, dejando el vaso sobre la baranda, se retira.
Eliza lleva a Candy a un banco al costado del balcón y se sientan.
-Mira Candy, he sido muy cruel contigo desde que te conozco y ahora me arrepiento de ello. Sé que no viene al caso en este momento, pero necesitaba decírtelo...¡por favor.. perdóname! te lastimé mucho y siempre intenté alejarte de Anthony... pero ahora... - Candy la interrumpe.
-No tengo derecho a interponerme en tu relación con Anthony porque ahora soy la prometida de Terry.-
-No Candy, malinterpretaste todo. En realidad, estoy comprometida con otro hombre al que amo con toda mi alma. Sin embargo, me alegro de que sucediera así, porque eso ha dejado al descubierto tus verdaderos sentimientos hacia Anthony y, ya que él también te ama, creo que no hay más que decir.
-No es tan sencillo Eliza, porque también amo a Terry.-
-Respecto a eso sólo diré una cosa: Si Anthony no hubiera desaparecido de tu vida, porque pensabas que estaba muerto... estoy segura que nunca te hubieras enamorado de Terry... porque tu ya le habías entregado tu corazón a Anthony y sólo tenías ojos para él. ¿Acaso no es verdad lo que digo? Piénsalo. En el fondo de tu corazón sigues amando a Anthony de la misma forma en que lo hacías y... en verdad... no creo que haya lugar para otro hombre. Digas lo que digas, sé que jamás podrás olvidar a tu primer amor- Candy la observa deslumbrada. Eliza se ve segura de sí misma, completamente cambiada. No entiende cómo puede haber madurado tanto.
-Estás tan diferente,Eliza, nunca pensé que tú me darías consejos a mí. El haber encontrado a tu amor ha hecho un milagro en tí-
-El milagro se llama Anthony Brower. El me ha ayudado a darme cuenta de lo equivocada que estaba. También ha cambiado el corazón gélido de la tía Abuela. El ha estado trabajando duramente en los corazones de la gran familia Andly para que cuando regreses te sientas acogida en su seno-
Candy abre grande sus ojos sorprendidos. Eliza continúa
-El no me lo ha dicho, pero yo estoy segura de que es así. Mira Candy, yo he sido muy mala contigo en el pasado, pero te prometo que te lo compensaré.- y diciendo esto aprieta ambas manos de Candy y levantándose rápidamente se aleja del balcón.-
Candy queda sentada y pensativa. De dentro de la mansión se escucha un silencio repentino y luego la voz de la tía abuela... Candy quiere detener su mente y aclarar sus sentimientos de una vez por todas pero aún no puede hacerlo...vuelve a escuchar la voz de la tía abuela pronunciando el nombre de Anthony Brower... luego aplausos y un clamor general. La muchacha sabe que finalmente Anthony está siendo introducido en la alta sociedad y que trambién presentarán su libro, pero a ella no le interesa lo social en este momento en particular, sólo quiere lograr la paz necesaria para tomar su decisión, sin embargo se encuentra tan turbada que no la consigue. La tarde pasa a ser noche cirniéndose sobre ella sin que la muchacha lo note. Unos densos y oscuros nubarrones se acercan a la mansión... un fuerte viento comienza a soplar y mece los dorados bucles de la joven. El viento aumenta su fuerza tornándose en temporal. Cada tanto Terry se acerca al balcón pero es desviado por su madre, que le pide tiempo para su prometida por lo que el muchacho se aleja, a regañadientes, una y otra vez. Cuando las primeras gotas de lluvia caen, Candy se levanta para buscar cobijo dentro, pero abajo fuera de la mansión, una figura blanca adentrándose en el bosque llama su atención-
-¡Anthony!-
El joven se apresura hacia la espesura a pesar de que la lluvia cae ya copiosamente. La voz agustida de Eliza la sobresalta.
-¡Candy! ¡Candy! ¡Anthony no se siente bien! Probablemente esta reunión haya sido demasiado esfuerzo de su parte! ¡la tía abuela no quiere llamar la atención y Anthony ha decidido ir solo a la casita donde el jardinero guarda sus herramientas para esperar el médico! ¡por favor tú eres enfermera! ¡yo no se qué hacer!- Candy se apresura detrás de Eliza y un vez fuera alcanza a ver el traje blanco de Anthony a la distancia.
-¡Ve tu Candy, yo voy por el médico !-
-¡De acuerdo, ve pronto, yo me encargo de Anthony!-
y diciendo esto corre tras la figura de blanco bajo una lluvia apretada.
Eliza entra a la mansión secándose las gotas de lluvia con ambas manos. Terry la encara.
-¿Dónde está Candy? Te ví saliendo con ella hace unos minutos.
-¿Dónde crees que esté Terry?-
Terry aferra a la joven de los hombros y la sacude.
-¡Está bien Grandchester! Candy fue tras Anthony a la casita del jardinero, en la entrada del bosque!- Terry suelta a Eliza y corre hacia la espesura. A lo lejos divisa el vestido turquesa de Candy desvaneciéndose de golpe y corre tras ella.
…...
Candy ve la casita y entra desesperadamente.
-¡Anthony! ¡Anthony!-
La voz descolocada de Anthony le responde gritando su nombre.
-¡Candy!-
Ambos se abrazan y se separan rápidamente mirándose a los ojos, los dos con indescriptible angustia. El eco de sus voces ante el grito de sus nombres emitidos simultáneamente los confunde, y hablándo al únisono una vez más preguntan
-¿Estás bien?- luego Anthony vuelve a preguntar
-¿ Estás bien Candy?-
-Yo sí, Anthony pero acaso... tú... ¿ no te sentías mal?-
La voz de la muchacha conlleva ansiedad extrema. Anthony la observa confuso. Sus dulces ojos azules la escrutan tratando de descifrar si la respuesta de Candy solo trataba de tranquilizarlo y contesta a la pregunta.
-Estoy perfectamente bien, pero pensé que te habías desmayado-
-¿Desmayado, yo?- No, para nada, estoy bien... pero yo pensé que te habías descompensado o algo así, porque Eli...-
La joven no termina el nombre, y repentinamente comprende y mira a Anthony, entonces ambos finalizan la frase.
-¡Eliza!-
El misterio ha sido descifrado. El silencio reina entre ambos, que se miran de frente después de largo tiempo. Ambos están empapados, los cabellos alborotados goteando lluvia sobre el piso de la sencilla casita de madera, sus finas ropas desaliñadas... Anthony mira a Candy de arriba a abajo y la joven hace otro tanto, ambos notan sus fachas y de repente sintiendo la tensión desvanecerse súbitamente hechan a reír con total soltura.
Anthony deja de reír y se deleita viendo a Candy.
-Sigues siendo más linda cuando ríes que cuando lloras-
Al oír estas palabras Candy deja inmediatamente de reír y mira a Anthony desconcertada.
-¿ Por qué lo dices?-
Porque te he visto llorar en el balcón, pero no me han dejado que me acerque a tí -
¿Quiénes?-
Eleanor, la Tía Abuela, Eliza y una amiga tuya que no conocía, Guita, creo. Me pidieron que te dejara sola diciéndome que tenías esa necesidad. Por eso cuando Eliza me dijo que había venido aquí porque no te sentías bien y no querías que nadie lo notara, le creí-
Candy abre la boca de asombro, no se había dado cuenta de lo que estaba pasando a su alrededor, cuando estaba en el balcón.
-¿ Por qué estabas llorando Candy? Acaso ¿puedo yo ayudarte de alguna forma?-
La pregunta directa de Anthony devuelve a la joven a su cruda e indecisa realidad. ¿Cómo podría decirle que en gran parte es él la causa de su llanto?-
Candy fija su vista en Anthony compungida. Ve la cara del hombre que creía había perdido para siempre, sus adorados ojos azules, sus cabellos dorados, ahora humedecidos y pegados al rostro... un sentimiento profundo comienza a quemar su corazón, quiere arrojarse en los brazos del muchacho sentir su corazón palpitando junto con el de ella, sentir su tierno abrazo, como cuando eran niños... ¡cuán puros eran sus sentimientos! Candy lo observa mejor... es tan apuesto... tan atrayente... todo su cuerpo comienza a temblar ante la irresistible atracción que se genera entre ambos. En un gesto compulsivo estira su mano en dirección del muchacho y dice en un susurro -Anthony- luego queda paralizada, su rostro pierde el brillo y sus ojos se llenan de lágrimas.
Anthony envuelto en el deseo de abrazar a la mujer de sus sueños, se contiene y entonces comprende el porqué de las lágrimas de la joven en el balcón. Afuera de la casita Terry está a punto de abrir la puerta cuando escucha a Anthony preguntar
-Llorabas por Terry y por mí ¿no es así Candy?- y agrega
-Todavía no has podido tomar tu decisión-
Terry suelta el picaporte y permanece inmóvil por unos instantes. Luego se acerca a la pequeña ventana, semi abierta y, amparado por la oscuridad externa apoya su hombro en la pared de leños mientras escucha y observa por el rabillo de su ojo hacia el interior. Candy se ve extremadamente afligida, ya no siente desesperación por este tema, sino una profunda tristeza que se refleja en su mirar. Le duele en el alma verla tan abatida, traga saliva y siente un dolor punzante en su garganta, pero se arma de valor para seguir escuchando. El también necesita conocer lo que hay, al fin y al cabo, en el corazón de su prometida. El muchacho aguza su oído al volver a escuchar la voz de Anthony.
-¡Vamos Candy! ¡Necesito saber que ha pasado contigo en todo este tiempo, en que no te he visto. No me iré de aquí ni te dejaré ir hasta que abras tu corazón y me digas la verdad- Si bien las palabras son dichas con la ternura popia de Anthony su determinación golpea a la joven el en pecho desencajando su rostro, sus facciones se tornan de mayor angustia y sus ojos se arrasan nuevamente, un golpe emocional quiere estallar y expandirse en el corazón de Candy y tartamudeando por la contención de su intensa emoción atina a decir - La verdad... ¿quieres que te diga la verdad, Anthony?
-Sí. Quiero escuchar tu verdad Candy-
Las lágrimas caen abundantes mientras la joven asevera.
-La verdad...- el cuerpo de Candy se estremece, su voz tiembla -...la verdad es que llevo una doble vida... la verdada es que ni siquiera sé cómo es eso posible... pero la verdad es que durante el día soy feliz viviendo al lado de Terry. El me hace feliz y yo lo hago feliz a su vez pero...- La emoción ahora es insoportable para la muchacha y Candy llora inconsolablemente Anthony se acerca y toma la barbilla de la joven entre sus tiernas manos y mirándola a los ojos, con un movimiento de su cabeza, la insta a continuar. Candy siente en su corazón la explosión de sentimientos largamente contenidos -...¡Pero durante las noches SIEMPRE estoy CONTGO!...!- las palabras son ahora dichas casi con gritos de dolor -¡ DURANTE LAS NOCHES... SIEMPRE ESTOY CONTIGO, ANTHONY Y SOY INMENSAMENTE FELIZ!- Candy se tapa la cara con ambas manos y al no poder sostenerse cae arrodillada al piso. Anthony la toma de los hombros para evitar el golpe y cae de de rodillas al lado de ella. Candy al sentirlo se descubre el rostro y lo mira, sus labios tiemblan al intentar seguir expresando sus sentimientos finalmente lo logra - ….¡soy inmensamente feliz a tu lado...en mis sueños... pero a la mañana siguiente cuando despierto, y tú no estás conmigo, me siento morir!- Candy llora en un nuevo arrebato pero se contiene para terminar su declaración -...pero luego veo a Terry y todo se desvanece y parece sólo un sueño y entonces lo olvido todo, excepto que en el fondo sé por qué siempre sueño contigo...-
Anthony traga saliva y sus rasgos traslucen la agonía que siente dentro al ver a Candy en este estado. Candy lo ve y se estremece de dolor -¡lo siento Anthony! ¡te hiciste a un lado por mi felicidad pero yo no he podido conseguirla! ¡simplemente no puedo olvidarte, no puedo! ¡te amo! ¡ no podía olvidarte cuando te creía muerto!... ¿cómo voy a poder hacerlo ahora que sé que estás vivo?-
Anthony está visiblemente conmovido y asevera con dolor
-¡Candy no puedes seguir así! ¡yo sólo quiero verte feliz! ¡no me importa a quién elijas! ¡te lo ruego! ¡si me amas...-
pero Candy lo interrumpe
-¡te amo! ¡te amo Anthony! ¡pero no puedo dejar a Terry porque también lo amo y no quiero herirlo!
Al oír estas palabras Terry siente como si una afilada daga apuñalara su corazón, el aire repentinamente no entra a sus pulmones y se siente caer en un abismo. En el interior de la casita ve que Anthony abraza a Candy, acaricia su espalda, consolándola, y besa sus cabellos. Candy asida a él, se ve reconfortada. El pecho de Terry duele, el joven recuesta su espalda sobre los rústicos troncos, tratanto de lograr que el aire penetre y poder así respirar... eleva su mirada al cielo buscando ayuda y ve cómo los negros nubarrones de la reciente tormenta se alejan rápidamente llevadas por el viento. Inhala y exhala suevemente mientras un hermoso cielo límpido y estrellado se abre paso entre las últimas negras nubes que se alejan. La hermosa visión abre los pulmones de Terry, el cual puede llenarlos con el precioso aire anhelado.
El cielo se ve pacífico y, como dándole una lección de vida, llena a Terry de una nueva fortaleza. El joven suspira al tiempo que sopla su flequillo para despejar uno de sus ojos y piensa en voz alta -Así que después de una gran tormenta finalmente sobreviene la paz... y su corazón vuelve a respirar- El joven Grandchester por fin comprende lo que debe hacer. Sin pensarlo más abre la puerta decididamente.
Anthony abraza a Candy que sigue llorando. Ambos se sobresaltan y miran hacia la puerta.
-¡Terry! ¡Terry...yo!- Candy no sabe cómo explicar la situación. La voz de Terry, temblorosa pero resuelta, contesta -No tienes que darme ninguna explicación. Soy yo quien necesita sincerarse contigo. Mira, mis padres van a casarse dentro de cuatro meses. Mi madre me ha pedido que regrese con ellos a Inglaterra para ser presentado como su hijo y el futuro duque de Grandchester. Podré seguir actuando si es mi deseo. Acabo de decidir que iré con ellos. Nunca he sabido lo que es tener una familia que te ame y te valore tal cual eres y por fin es mi oportunidad de experimentarlo. Por otro lado, ya no soporto verte así. ¡Te amo Candy, por eso ahora también me es más importante tu felicidad. Desearía que te quedaras con Anthony a partir de ahora y le dieras una oportunidad, como me la has dado a mí. Luego por favor toma finalmente tu decisón- Y diciendo esto Terry se quita el anillo de compromiso y, tomando rápidamente la mando derecha de Candy se lo coloca en la palma, la cierra y se encamina a la puerta. Ya allí, voltea y viendo a Anthony le dice
-Anthony, esta vez soy yo quien decide por ella. ¡Por favor cuídala!-
Candy reacciona tardíamente al oír cerrarse la puerta.
-¡No, no! ¡Terry! ¡Terryyyyy!
El grito de Candy es desgarrador. Trata de ponerse en pie pero Anthony la retiene, mientras ella forcejea para ir tras el joven noble.
-¡No, Candy! ¡sólo lograrás lastimarlo aún más! Terry ya tomó su decisión ¡por favor!-
Estas últimas palabras dichas en agonía extrema alertan a Candy que vuelve en sí y ve a Anthony terriblemente agobiado, su rostro revela un intenso agotamiento debido a las emociones fuertes.
-¡Anthony! ¡lo siento!- Candy abraza al muchacho y llora, llora, llora, y llora hasta perder el conocimiento.
…...
El gojeo de los pájaros, y un suave aroma a rosas despiertan a Candy. La joven se siente aturdida y cree estar en un sueño. Mirando a su alrededor, reconoce inmediatamente su antigua habitación de Lakewood, igual que siempre, hasta el más mínimo detalle. Es increíblemente más espaciosa de lo que recordara. Se levanta lentamente. Su cabeza le duele un poco. Pero... ¿qué está haciendo ella en Lakewood?
Sus recuerdos se dibujan en su confusa mente y finalmente se perfilan todos.
-¡Terry! ¡Anthony!-
-¡Anthony! ¿dónde estás?-
La puerta de su habitación se abre y Albert entra preocupado.
-¡Candy! ¡por fin despertaste!-
La joven aun desconcertada mira para todos lados buscando
-¿Y Anthony? ¿dónde está Anthony?-
-Tranquila. Pensó que estarías mejor si te quedabas un tiempo sola y... y yo te cuidaba-
Entonces Candy demanda a los gritos
-¡No! ¡dónde está! ¡quiero verlo!-
Anthony que está apoyado de espaldas sobre la pared, del lado de afuera de la habitación se decide a entrar y en un tono tranquilizante como cuando se le habla a un niño dice
-Aquí estooooyyyy, por favor no hagas berrinches-
Candy al verlo corre hacia él lo abraza y llora.
-¡No quiero estar sola! ¡ quiero esta contigo! ¡por favor no me dejes tu también!
Anthony besa la dorada cabellera de la muchacha y con amor asevera
-¡Eso jamás! ¡jamás!-
Luego de dejarla descargarse y de tranquilizarla Anthony le dice
-Si quieres estar conmigo tendrás que venir a la casona en el bosque, pues as allí donde sigo viviendo. Podemos pedirle a Albert que luego envíe tus cosas. Si te apetece podemos almorzar con mi tío y luego partir en coche ¿que te parece?
Candy asiente con la cabeza y mira alrededor.
Anthony en su cuarto, como tantos años atrás. No había estado con él en Lakewood desde aquel fatal día en que la vida los separara. Lo mira, el joven se ve jovial como siempre, a su lado su benefactor de por vida, el sostén en los momentos difíciles, Albert. El aroma de las Dulce Candys atiborran el ambiente, todo se ve luminoso, todo lleno de un nuevo esplendor. Candy siente su corazón insuflarse de alegría. Su rostro entero se ilumina y finalmente sonríe.
-¡Así me gusta! Dice Albert.
-¡Esta es la Candy que conocemos! Agrega Anthony.
Y ya ves tío, como tú y yo siempre hemos dicho-
Y ambos dicen la célebre frase al mismo tiempo
-Eres mucho más linda cuando ríes que cuando lloras-
Los tres amigos se miran y estallan en risas.
Candy siente que una gran pena comienza a deshacerse en su corazón. Sabe que una nueva etapa se avecina y, aunque parte de su corazón partirá pronto para Londres, se dice con firmeza para sí
-Tomaré mi decisión final Terry. Te lo prometo.
…...
Candy ve la casita y entra desesperadamente.
-¡Anthony! ¡Anthony!-
La voz descolocada de Anthony le responde gritando su nombre.
-¡Candy!-
Ambos se abrazan y se separan rápidamente mirándose a los ojos, los dos con indescriptible angustia. El eco de sus voces ante el grito de sus nombres emitidos simultáneamente los confunde, y hablándo al únisono una vez más preguntan
-¿Estás bien?- luego Anthony vuelve a preguntar
-¿ Estás bien Candy?-
-Yo sí, Anthony pero acaso... tú... ¿ no te sentías mal?-
La voz de la muchacha conlleva ansiedad extrema. Anthony la observa confuso. Sus dulces ojos azules la escrutan tratando de descifrar si la respuesta de Candy solo trataba de tranquilizarlo y contesta a la pregunta.
-Estoy perfectamente bien, pero pensé que te habías desmayado-
-¿Desmayado, yo?- No, para nada, estoy bien... pero yo pensé que te habías descompensado o algo así, porque Eli...-
La joven no termina el nombre, y repentinamente comprende y mira a Anthony, entonces ambos finalizan la frase.
-¡Eliza!-
El misterio ha sido descifrado. El silencio reina entre ambos, que se miran de frente después de largo tiempo. Ambos están empapados, los cabellos alborotados goteando lluvia sobre el piso de la sencilla casita de madera, sus finas ropas desaliñadas... Anthony mira a Candy de arriba a abajo y la joven hace otro tanto, ambos notan sus fachas y de repente sintiendo la tensión desvanecerse súbitamente hechan a reír con total soltura.
Anthony deja de reír y se deleita viendo a Candy.
-Sigues siendo más linda cuando ríes que cuando lloras-
Al oír estas palabras Candy deja inmediatamente de reír y mira a Anthony desconcertada.
-¿ Por qué lo dices?-
Porque te he visto llorar en el balcón, pero no me han dejado que me acerque a tí -
¿Quiénes?-
Eleanor, la Tía Abuela, Eliza y una amiga tuya que no conocía, Guita, creo. Me pidieron que te dejara sola diciéndome que tenías esa necesidad. Por eso cuando Eliza me dijo que había venido aquí porque no te sentías bien y no querías que nadie lo notara, le creí-
Candy abre la boca de asombro, no se había dado cuenta de lo que estaba pasando a su alrededor, cuando estaba en el balcón.
-¿ Por qué estabas llorando Candy? Acaso ¿puedo yo ayudarte de alguna forma?-
La pregunta directa de Anthony devuelve a la joven a su cruda e indecisa realidad. ¿Cómo podría decirle que en gran parte es él la causa de su llanto?-
Candy fija su vista en Anthony compungida. Ve la cara del hombre que creía había perdido para siempre, sus adorados ojos azules, sus cabellos dorados, ahora humedecidos y pegados al rostro... un sentimiento profundo comienza a quemar su corazón, quiere arrojarse en los brazos del muchacho sentir su corazón palpitando junto con el de ella, sentir su tierno abrazo, como cuando eran niños... ¡cuán puros eran sus sentimientos! Candy lo observa mejor... es tan apuesto... tan atrayente... todo su cuerpo comienza a temblar ante la irresistible atracción que se genera entre ambos. En un gesto compulsivo estira su mano en dirección del muchacho y dice en un susurro -Anthony- luego queda paralizada, su rostro pierde el brillo y sus ojos se llenan de lágrimas.
Anthony envuelto en el deseo de abrazar a la mujer de sus sueños, se contiene y entonces comprende el porqué de las lágrimas de la joven en el balcón. Afuera de la casita Terry está a punto de abrir la puerta cuando escucha a Anthony preguntar
-Llorabas por Terry y por mí ¿no es así Candy?- y agrega
-Todavía no has podido tomar tu decisión-
Terry suelta el picaporte y permanece inmóvil por unos instantes. Luego se acerca a la pequeña ventana, semi abierta y, amparado por la oscuridad externa apoya su hombro en la pared de leños mientras escucha y observa por el rabillo de su ojo hacia el interior. Candy se ve extremadamente afligida, ya no siente desesperación por este tema, sino una profunda tristeza que se refleja en su mirar. Le duele en el alma verla tan abatida, traga saliva y siente un dolor punzante en su garganta, pero se arma de valor para seguir escuchando. El también necesita conocer lo que hay, al fin y al cabo, en el corazón de su prometida. El muchacho aguza su oído al volver a escuchar la voz de Anthony.
-¡Vamos Candy! ¡Necesito saber que ha pasado contigo en todo este tiempo, en que no te he visto. No me iré de aquí ni te dejaré ir hasta que abras tu corazón y me digas la verdad- Si bien las palabras son dichas con la ternura popia de Anthony su determinación golpea a la joven el en pecho desencajando su rostro, sus facciones se tornan de mayor angustia y sus ojos se arrasan nuevamente, un golpe emocional quiere estallar y expandirse en el corazón de Candy y tartamudeando por la contención de su intensa emoción atina a decir - La verdad... ¿quieres que te diga la verdad, Anthony?
-Sí. Quiero escuchar tu verdad Candy-
Las lágrimas caen abundantes mientras la joven asevera.
-La verdad...- el cuerpo de Candy se estremece, su voz tiembla -...la verdad es que llevo una doble vida... la verdada es que ni siquiera sé cómo es eso posible... pero la verdad es que durante el día soy feliz viviendo al lado de Terry. El me hace feliz y yo lo hago feliz a su vez pero...- La emoción ahora es insoportable para la muchacha y Candy llora inconsolablemente Anthony se acerca y toma la barbilla de la joven entre sus tiernas manos y mirándola a los ojos, con un movimiento de su cabeza, la insta a continuar. Candy siente en su corazón la explosión de sentimientos largamente contenidos -...¡Pero durante las noches SIEMPRE estoy CONTGO!...!- las palabras son ahora dichas casi con gritos de dolor -¡ DURANTE LAS NOCHES... SIEMPRE ESTOY CONTIGO, ANTHONY Y SOY INMENSAMENTE FELIZ!- Candy se tapa la cara con ambas manos y al no poder sostenerse cae arrodillada al piso. Anthony la toma de los hombros para evitar el golpe y cae de de rodillas al lado de ella. Candy al sentirlo se descubre el rostro y lo mira, sus labios tiemblan al intentar seguir expresando sus sentimientos finalmente lo logra - ….¡soy inmensamente feliz a tu lado...en mis sueños... pero a la mañana siguiente cuando despierto, y tú no estás conmigo, me siento morir!- Candy llora en un nuevo arrebato pero se contiene para terminar su declaración -...pero luego veo a Terry y todo se desvanece y parece sólo un sueño y entonces lo olvido todo, excepto que en el fondo sé por qué siempre sueño contigo...-
Anthony traga saliva y sus rasgos traslucen la agonía que siente dentro al ver a Candy en este estado. Candy lo ve y se estremece de dolor -¡lo siento Anthony! ¡te hiciste a un lado por mi felicidad pero yo no he podido conseguirla! ¡simplemente no puedo olvidarte, no puedo! ¡te amo! ¡ no podía olvidarte cuando te creía muerto!... ¿cómo voy a poder hacerlo ahora que sé que estás vivo?-
Anthony está visiblemente conmovido y asevera con dolor
-¡Candy no puedes seguir así! ¡yo sólo quiero verte feliz! ¡no me importa a quién elijas! ¡te lo ruego! ¡si me amas...-
pero Candy lo interrumpe
-¡te amo! ¡te amo Anthony! ¡pero no puedo dejar a Terry porque también lo amo y no quiero herirlo!
Al oír estas palabras Terry siente como si una afilada daga apuñalara su corazón, el aire repentinamente no entra a sus pulmones y se siente caer en un abismo. En el interior de la casita ve que Anthony abraza a Candy, acaricia su espalda, consolándola, y besa sus cabellos. Candy asida a él, se ve reconfortada. El pecho de Terry duele, el joven recuesta su espalda sobre los rústicos troncos, tratanto de lograr que el aire penetre y poder así respirar... eleva su mirada al cielo buscando ayuda y ve cómo los negros nubarrones de la reciente tormenta se alejan rápidamente llevadas por el viento. Inhala y exhala suevemente mientras un hermoso cielo límpido y estrellado se abre paso entre las últimas negras nubes que se alejan. La hermosa visión abre los pulmones de Terry, el cual puede llenarlos con el precioso aire anhelado.
El cielo se ve pacífico y, como dándole una lección de vida, llena a Terry de una nueva fortaleza. El joven suspira al tiempo que sopla su flequillo para despejar uno de sus ojos y piensa en voz alta -Así que después de una gran tormenta finalmente sobreviene la paz... y su corazón vuelve a respirar- El joven Grandchester por fin comprende lo que debe hacer. Sin pensarlo más abre la puerta decididamente.
Anthony abraza a Candy que sigue llorando. Ambos se sobresaltan y miran hacia la puerta.
-¡Terry! ¡Terry...yo!- Candy no sabe cómo explicar la situación. La voz de Terry, temblorosa pero resuelta, contesta -No tienes que darme ninguna explicación. Soy yo quien necesita sincerarse contigo. Mira, mis padres van a casarse dentro de cuatro meses. Mi madre me ha pedido que regrese con ellos a Inglaterra para ser presentado como su hijo y el futuro duque de Grandchester. Podré seguir actuando si es mi deseo. Acabo de decidir que iré con ellos. Nunca he sabido lo que es tener una familia que te ame y te valore tal cual eres y por fin es mi oportunidad de experimentarlo. Por otro lado, ya no soporto verte así. ¡Te amo Candy, por eso ahora también me es más importante tu felicidad. Desearía que te quedaras con Anthony a partir de ahora y le dieras una oportunidad, como me la has dado a mí. Luego por favor toma finalmente tu decisón- Y diciendo esto Terry se quita el anillo de compromiso y, tomando rápidamente la mando derecha de Candy se lo coloca en la palma, la cierra y se encamina a la puerta. Ya allí, voltea y viendo a Anthony le dice
-Anthony, esta vez soy yo quien decide por ella. ¡Por favor cuídala!-
Candy reacciona tardíamente al oír cerrarse la puerta.
-¡No, no! ¡Terry! ¡Terryyyyy!
El grito de Candy es desgarrador. Trata de ponerse en pie pero Anthony la retiene, mientras ella forcejea para ir tras el joven noble.
-¡No, Candy! ¡sólo lograrás lastimarlo aún más! Terry ya tomó su decisión ¡por favor!-
Estas últimas palabras dichas en agonía extrema alertan a Candy que vuelve en sí y ve a Anthony terriblemente agobiado, su rostro revela un intenso agotamiento debido a las emociones fuertes.
-¡Anthony! ¡lo siento!- Candy abraza al muchacho y llora, llora, llora, y llora hasta perder el conocimiento.
…...
El gojeo de los pájaros, y un suave aroma a rosas despiertan a Candy. La joven se siente aturdida y cree estar en un sueño. Mirando a su alrededor, reconoce inmediatamente su antigua habitación de Lakewood, igual que siempre, hasta el más mínimo detalle. Es increíblemente más espaciosa de lo que recordara. Se levanta lentamente. Su cabeza le duele un poco. Pero... ¿qué está haciendo ella en Lakewood?
Sus recuerdos se dibujan en su confusa mente y finalmente se perfilan todos.
-¡Terry! ¡Anthony!-
-¡Anthony! ¿dónde estás?-
La puerta de su habitación se abre y Albert entra preocupado.
-¡Candy! ¡por fin despertaste!-
La joven aun desconcertada mira para todos lados buscando
-¿Y Anthony? ¿dónde está Anthony?-
-Tranquila. Pensó que estarías mejor si te quedabas un tiempo sola y... y yo te cuidaba-
Entonces Candy demanda a los gritos
-¡No! ¡dónde está! ¡quiero verlo!-
Anthony que está apoyado de espaldas sobre la pared, del lado de afuera de la habitación se decide a entrar y en un tono tranquilizante como cuando se le habla a un niño dice
-Aquí estooooyyyy, por favor no hagas berrinches-
Candy al verlo corre hacia él lo abraza y llora.
-¡No quiero estar sola! ¡ quiero esta contigo! ¡por favor no me dejes tu también!
Anthony besa la dorada cabellera de la muchacha y con amor asevera
-¡Eso jamás! ¡jamás!-
Luego de dejarla descargarse y de tranquilizarla Anthony le dice
-Si quieres estar conmigo tendrás que venir a la casona en el bosque, pues as allí donde sigo viviendo. Podemos pedirle a Albert que luego envíe tus cosas. Si te apetece podemos almorzar con mi tío y luego partir en coche ¿que te parece?
Candy asiente con la cabeza y mira alrededor.
Anthony en su cuarto, como tantos años atrás. No había estado con él en Lakewood desde aquel fatal día en que la vida los separara. Lo mira, el joven se ve jovial como siempre, a su lado su benefactor de por vida, el sostén en los momentos difíciles, Albert. El aroma de las Dulce Candys atiborran el ambiente, todo se ve luminoso, todo lleno de un nuevo esplendor. Candy siente su corazón insuflarse de alegría. Su rostro entero se ilumina y finalmente sonríe.
-¡Así me gusta! Dice Albert.
-¡Esta es la Candy que conocemos! Agrega Anthony.
Y ya ves tío, como tú y yo siempre hemos dicho-
Y ambos dicen la célebre frase al mismo tiempo
-Eres mucho más linda cuando ríes que cuando lloras-
Los tres amigos se miran y estallan en risas.
Candy siente que una gran pena comienza a deshacerse en su corazón. Sabe que una nueva etapa se avecina y, aunque parte de su corazón partirá pronto para Londres, se dice con firmeza para sí
-Tomaré mi decisión final Terry. Te lo prometo.
Continuará
Continuará
