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Imagen: 63, chica con avión de papel, propuesta por ShadowLights
Personajes: Daisuke, Hikari, Taichi
Summary: Hikari lanzaba aviones de papel y Daisuke quería que no estuviera triste.
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En memoria de Samantha Gutiérrez
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Espejismo
21. Echar de menos
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Daisuke no recordaba la primera vez que la vio. Solo sabía que siempre había estado y no, a la vez. Una compañera de clase más y menos, porque durante años era más un asiento vacío que una presencia. Pero, después del verano de 1999, Hikari dejó de faltar a clase, su salud mejoró.
Un día cualquiera, Daisuke se dio cuenta de ese hecho. No supo por qué importó, pero lo hizo. De repente la silla tras él estaba ocupada por una niña que hablaba poco pero siempre tenía una sonrisa amable.
¿Por qué le llamó la atención? Quizá porque, aburrido de la clase de matemáticas, miró por encima de su hombro y vio que estaba dibujando algo. Un gato, con la cabeza grande y guantes, que estaba sobre dos patas. Tal vez porque, cuando acabaron las clases y volvía a su casa, vio que Hikari hacía un avión de papel con aquel dibujo y lo lanzaba al mar.
Voló recto durante muchos metros. Después, dio un giro y se hundió en el agua.
Ella no sonrió. Solo apretó el puño, donde guardaba un pequeño aparatito. Un Tamagotchi, seguramente.
Durante las siguientes semanas, Daisuke la observó en silencio. La vio dibujar más gatos raros y lanzarlos como un avión de papel al mar. Cada día, al salir de clase. Aprendió que Hikari era una niña callada pero amable, cuando estaba con las pocas amigas que tenía siempre parecía escuchar más que hablar. Se dio cuenta de que a veces se rodeaba de niños más mayores y parecía más cómoda y más triste que el resto del tiempo.
Pero fue una tarde del frío diciembre cuando se dijo que iba ser su amigo.
Había decidido que de mayor sería un gran futbolista, así que quería aprender de los mejores. Como no tenía nada mejor a mano, fue a todos los partidos de los equipos de fútbol de su colegio. Casualmente, el chico que mejor jugaba de toda la escuela era Taichi, el hermano de Hikari. Así que una tarde se armó de valor y fue a un entrenamiento, dispuesto a pedirle que le diera algunas clases.
Allí vio a Hikari. Sobre la cabeza llevaba unas gafas como de aviador y se dedicaba a hacer aviones de papel con dibujos. Esa vez, al gato se le habían unido otros, como un dinosaurio o un pájaro rosa. También tenía los ojos rojos.
Daisuke decidió en ese instante que sería su amigo. Le ayudaría a lanzar papeles al mar y haría que no llorara más. ¿Por qué? Porque sí. Porque no le gustaba ver a la gente triste.
Pero no fue muy bien. Cuando se acercó a ella, que estaba sentada en las gradas, recibió un fuerte balonazo en la frente. De pronto estaba tirado en el suelo con un dolor de cabeza horrible y los hermanos Yagami agachados junto a él.
—Lo siento mucho. ¿Estás bien, chico? —preguntó Taichi.
—Se llama Motomiya —dijo Hikari—. Daisuke Motomiya.
—¿Estás bien, Motomiya?
—Creo que se me han olvidado las tablas de multiplicar —consiguió decir.
Taichi se rio y lo ayudó a ponerse en pie. Sus compañeros empezaron a llamarle así que, con un par de disculpas más, se marchó corriendo.
—¿Quieres ir a la enfermería? —preguntó Hikari.
—No, no ha sido nada.
—Bueno, pero ven.
Lo guio hasta una fuente, humedeció un pañuelo y se lo puso en la frente, donde ya se adivinaba la inflamación que iba a tener.
—Esto te aliviará.
—Gracias. ¿Por qué llevas esas gafas raras en la cabeza? —Daisuke nunca fue bueno para hablar con sutilezas, pero consiguió hacerla reír.
—Son de mi hermano. Dan valor, eso dice él.
—¿Por qué necesitas valor?
—Porque echar de menos es triste.
Él no entendió aquello. Pero sonrió, porque se dio cuenta de que estaba hablando con ella por primera vez.
—Puedo ayudarte a hacer aviones de papel —ofreció, animado—. ¿Por qué los lanzas al mar?
—Soñé que… que tiraba uno muy grande. Y lo había hecho tan bien, que cruzaba todo el mar y todo el mundo y llegaba hasta quienes echo de menos. Y así sabían que sigo recordándolos.
—Si tú les echas de menos, seguro que ellos a ti también. Pero no quieren que estés triste.
Hikari sonrió. Pareció sopesar sus palabras durante un momento. Entonces se quitó las gafas y volvieron a las gradas.
Después de ver el entrenamiento entero, mientras alisaban los dibujos que ya no serían aviones de papel, Taichi fue con ellos y caminaron juntos de camino a casa. Daisuke iba contento porque había conseguido que le prometiera que le daría clases de fútbol. Y, cuando ya se separaban, recordó que no le había preguntado algo a Hikari.
—¡Oye! ¿Quieres que seamos amigos?
Ella, que iba de la mano con su hermano, se dio la vuelta y rio.
—¡Ya lo somos, Daisuke! ¡Hasta mañana!
Y él se alegró, porque a partir de esa tarde podría asegurarse de no ver nunca más triste a Hikari.
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Me hubiera gustado haber escrito esto cuando Sam podía leerlo. Me hubiera gustado haberla conocido más, haber hecho que se riera al menos una vez, haber hecho muchas cosas. Me hace pensar en las oportunidades que dejamos pasar sin saber que son oportunidades.
Querida Sam, esto es en tu honor y el de las personas que te echarán de menos. Sé que no querrías que estén tristes.
