El marqués de Hartington se enteró que dejarían en libertad a Albert, en un plazo no mayor de tres meses, fue ante la reina para exponer su inconformidad.

—Su majestad—, Se hincó el marqués en señal de reverencia.

—Hartington ¿A qué has venido?

—Excelentísima reina, quiero que rectifique su proceder con William Andrew, deseo que despose a mi hija menor, como usted bien sabe, él estaba destinado a ser mi yerno.

—Hartington, mi esposo intercedió por él, es por eso que le daré la libertad.

—¡Pero usted ya había dispuesto darle un título nobiliario! no puede retractarse.

—¿Cómo osas a recriminarme por mis actos? No tengo que darte explicaciones de mis decisiones, no daré marcha atrás sobre eso. Me has disgustado, en el futuro no deseo ver tu rostro.

La reina hizo una señal y se acercaron los guardias para escoltar al marqués hacia la salida del recinto.

Todos los días desde el alba hasta el anochecer, Albert entrenaba a los que tomarían su lugar, la misma reina los eligió. Las mujeres de la corte lo observaban era un espectáculo diario que no deseaban perderse por nada en el mundo. Ver como tomaba su espada con sus brazos venosos y fuertes, manejaba todo tipo de armas, hasta se abanicaban en cada movimiento que hacía, en definitivo no querían que se fuera de Inglaterra. Algunas veces la reina también espió por la ventana, un día su esposo la descubrió, ya había pasado dos meses, la reina se sintió tan avergonzada con Alberto de sajonia, que decidió darle la libertad a Albert antes de lo previsto.

En Chicago la señora Elroy se encargó del banco, aunque los hombres de la localidad tenían desconfianza de hacer negocios con una mujer, pero los agricultores y ganaderos necesitaban préstamos, y el banco Andrew cobraba intereses más bajos que los Legan.

George aunque no sabía nada de ganadería tuvo que personalizarse en eso. A veces acudía a Candy para pedirle algún consejo o qué le despejara alguna duda. Candy no le negaba la consulta, en Chicago tenían por costumbre apoyarse entre vecinos.

George y Elroy se preocupaban de que ella siguiera cabalgando en su estado de gravidez.

El príncipe Alberto llegó a darle la buena noticia a Albert de que no cumpliría el plazo establecido.

—Ya puedes irte cuando quieras William, le dije a mi esposa que yo mismo te lo informaría.

—Pero todavía quedan algunas cosas que…

—¿A poco tu naciste sabiendo todas esas técnicas? a ti también te entrenaron, sólo di quienes fueron tus maestros para que ellos le den continuidad a tus enseñanzas.

Ese mismo día dejaron libre a Albert, tendría que esperar más de una semana para tomar la próxima embarcación hacia América. En el tiempo que estuvo en Londres logró hacer negocios con un exportador de telas finas, deseaba que su Candy se hiciera hermosos vestidos.

Pamela fue contratada nuevamente al servicio de los White, el padre de Candy la perdonó por su indiscreción de contar sobre el embarazo de su hija, pero era la única persona en quien confiaba Candy.

Llegó una carta de Londres a Chicago dirigida hacia Candy. Tom estaba de visita en su casa.

Pamela entró al salón con el sobre en sus manos, pero al ver que su jefa estaba acompañada se dio la vuelta.

—Pam ¿Qué tienes en la mano? —, le preguntó Candy.

—Niña, es una carta de William Andrew, pero se la dejaré en su habitación.

Candy iniciaba el segundo trimestre de su embarazo, sus hormonas la traicionaban con frecuencia, en ese momento estaba melancólica y usó a Tom como paño de lágrimas.

—Trae acá Pam, quiero leerla.

Tom miró a Pamela con coraje por su inoportunidad.

En aquel escrito decía:

Querida Candy: Deseo que al recibir estas líneas te encuentres bien de salud, yo he estado mal anímicamente por nuestra separación involuntaria.

Aunque mi tía y George de seguro te explicaron lo que me pasó, estoy preocupado por no saber nada de ti. Debí decirte mi posición en Inglaterra, pero no creí que fuera necesario, pensé en una nueva vida a tu lado, no creí que la reina mandara a sus hombres para traerme ante ella.

Tengo que cumplir tres meses aquí, luego podré regresar a tu lado, o quizás llegue antes que esta carta, cuando nos veamos te contaré todo sobre mi, para que no haya ningún secreto entre nosotros. Por favor ten paciencia.

Te ama desde lo más profundo de su alma.

William A. Andrew.

Tom vio esperanzada a Candy y lo invadieron los celos, se puso de pie de improviso.

—Tengo que retirarme Candy

—Gracias por la fruta Tom.

Tom puso una sonrisa fingida y se retiró.

Al día siguiente Tom preparó una trampa, la haría tener un accidente para que perdiera el bebé y no hubiera nada que la atara con Albert.

Candy se despidió de su papá, trasladaría el ganado a otro potrero que tuviera pastura. Tom hizo una zanja que cubrió con hojas donde Candy pasó con su caballo, el animal cayó y Candy con él, los jinetes que la acompañaban se asustaron al verla inconsciente, trataron de quitar al caballo porque la tenía aplastada.

Hola chicas espero estén bien. Saludos a Boribonbon, Candy Candy, Ana Isela, Silvia Gabriela Infante, el broche, Maravilla 121, Serenety usagi, venezolana López, sayuri1707, Yuleni paredes, Lucy M, Gina Riquelme, Kecs, AdoradaAndrew, YalmiFanAlbert, Gladis, Luz Nelly, Ever Blue, Elo Andrew, Gaby w. Andrew, Loreley Ardlay, Mary silenciosa, Lovly Ardley, Yagui fun, Luka gottchalk, Luisa.