SOLO CON TU AYUDA
—Ni se te ocurra decir que estamos casados.
—¿Estás loca? Ni se me pasa por la cabeza… Conozco bien los riesgos…
—Tómatelo con calma… Respira... Tú puedes hacerlo.
—Tienes mucha fe en mí, Kyoko.
—Pues claro que sí.
Un silencio se extiende entre ellos. Kyoko está sentada a su lado, y Ren la mira, perdiéndose en sus ojos y preguntándose si acaso se engaña porque hay algo en ellos que antes no estaba.
—Definitivamente no te merezco… —y eso es lo más cerca que ha estado nunca de decirle que la ama…
Pero el cumplido es aceptado con ese tierno sonrojo que Kyoko no puede evitar.
—Anda, hazlo ya… —le dice ella cuando siente que ha recuperado la voz.
Ren asiente con decisión y marca ese número de teléfono que aún persiste en su memoria.
Kyoko se muerde las uñas.
Ren inspira y cuando por fin contestan, dice:
—Hola, papá…
