"Historias que con el lento paso del tiempo se convierten en leyendas."

21.Primer Final… La bestia

Casi no reconocía a Haruka, estaba enloquecida empujando su carrito de un lado a otro sin saber exactamente qué comprar: Lo quería todo. Michiru estalló en carcajadas sintiéndose una tonta contemplándola. Hacía un día tan frío y despejado que estaba segura hoy sería la primera nevada, los constantes escalofríos se lo decían

- Qué pronto se fue el año – musitó la corredora

- Sí – sonrió abrazándose a ella – ¿Ya podemos irnos? Tengo hambre sabes

-¿No comprarás nada para el bebé?

- No, ya te dije que compraré algo hasta saber que estamos a salvo

- ¿Seguros de qué?

- Me refiero a que – se mordió el labio – a veces los embarazos no se logran… ¡Mira! – intentó distraer esa mirada colérica – ya está Santa Claus instalándose ¡Qué emoción!

- Sí – se apartó de ella – ¿Puedes terminar las compras? Olvidaba tengo una reunión…

- Espera – la sujetó del brazo – Lo siento… No me dejes

- Te dejaré el auto – miró el carrito atiborrado de mandado – que te ayude Lindsay a bajar las cosas… Te ama, no creo no quiera pasar tiempo contigo aunque éste sea bajando mandado

- Lo lamento – la besó con pasión desmedida pero la rubia no contestó a ese amor – esta bien – se separó de ella – sabes creo me gustaba más cuando me gritabas y me decías lo mucho que odiabas como me portaba… Es horrible tu silencio y tu frialdad

- Como sea… No tengo tiempo – se despidió con un lánguido beso en su mejilla

-¡No te guardaré de cenar! –amenazó esperando volviera – Cómo detesto esto… Ahora irás a dar vueltas en la moto sin un rumbo y yo cargaré con todo sola…

- ¿Hablando sola?

- ¡Príncipe!

- Vaya – masculló Darina – hasta te dicen príncipe – rió animada – te veo en cajas – empujó el carrito para dejarlos solos

- Lo siento – reía nerviosamente la pintora

- No te preocupes… Me llamó la atención verte aquí – señaló la sección de bebés

- Ah… Es… Cosas de mujeres – volvió a reír

Ellos también casi terminaban las compras, gracias a que el pequeño Lian, el hijo de Darina, estaba vuelto loco. Se ofreció a ayudarle, podía empujar dos carritos y cargar todo el mandado hasta los autos respectivos. Michiru terminó aceptando sino cómo se llevaría todo.

- Es mi impresión o te ves diferente – comentó Darina

- ¡Mamá! – gritaba el pequeño sentado en el carrito – hambre

- Te tragaste tu mini hamburguesa, la mitad de la mía, todas las papas y dos refrescos así que dudo tengas hambre… ¡Dios mío! No tengas hijos – comentó en broma – y nunca… pero nunca a pesar de lo que diga tu esposo – lanzó una mirada de reproche al joven – les des nada dulce… ¡Los enloquece!

- Es precioso – tomó su manita – Y tan pequeño…

- ¿Estás embarazada? – preguntó sin más Darina

- No – rió animadamente la violinista y un poco después Darien pues no pudo reprimirse más

- Tienes esa mirada… No importa, últimamente mi sentido femenino anda un tanto descarriado

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Se quedó quieta y sus ojos se abrieron muy lentamente. El frío comenzaba a llegarle hasta los huesos. Tomó la mano del muchacho entre las suyas. Cerró de nuevo los ojos y entre murmullos escuchó a Kared preguntando por la hora, se suponía la llevaría a casa y en su lugar dormían.

- No importa – contestó Serena – Me encanta estar contigo

- A mí también – la abrazó – Estás fría… Deja te cobijo – a tientas buscó la colcha – creo se la robaron

- Kared ¿Me quieres?

- Sí

- ¿Cuánto?

- Pues muchísimo… Tanto como el infinito…

- Kared – se abrazó a él dichosa de volver a sentir amor

Y la bestia de ojos infernales se posó en la ventana de la habitación de su presa. Allí durmiendo plácidamente entre sábanas de satín estaba su enemigo, quien lo derrocaría. Sus ojos brillaron con furia, invocó a las mareas de fuego estallando la rabia de la tierra pero tuvo que detenerse pues en ese preciso instante vio que allí también dormía la princesa de la luna llena. Sus ojos se impregnaron de un toque arrogante y sediento de sangre aferró sus garras a la ventana. La jovencita entre abrió sus ojos y creyendo aún dormía lo contempló con ternura. ¿Por qué no terminar con la princesa también? Porque no permitiría al cristal de plata brillar con ese mágico esplendor.

- ¿Qué es ese aroma? –musitó sintiendo en el aire una nueva vida latiendo

Emprendió el vuelo. Sus alas se extendieron y entre nubes se desplazó siguiendo esa vitalidad que le robaría la gloria. En su vuelo observó a uno de los guardianes de la tumba que contemplaba con recelo sus movimientos. Sonrió y se siguió de largo ya que no nacieron para confrontarse

- Mi señora – musitó el guardián de Saturno preocupado

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Setsuna se sentía extraña en casa de Tomoe y más aún recibiendo tantas atenciones. Él juraba lo hacía por lo que alguna vez hizo por su hija pero aún así creía el hombre se excedía. La esposa no la vio con buenos ojos sentía su mirada acribillándola a cada segundo. La dejaron a solas y prendió el televisor pero el sonido pronto la fastidió.

- Hola – saludó Hotaru – me da gusto tenerte aquí, jugaremos a busca y patea pero creo no es apropiado porque necesitas descansar así que podemos jugar cartas o dominó

- Creo prefiero descansar

- ¿En serio? – miró con tristeza a la joven

- Bien juguemos cartas – no desairaría a una nueva amiga

-¡Sí! Traeré al resto

Setsuna estaba impresionada, la niña tenía a todos sus hermanastros totalmente dominados, hasta cierto punto parecían aterrados. Jugaron durante una hora, como si fueran una familia normal y común, lo gozó como nunca y se sintió normal, llena y plena. Besó a cada niño agradeciéndoles los dulces que le llevaron, ya mañana jugarían más

- Ni quería venir – musitó Irán, la niña mayor – pero Hotaru nos obligó – masculló

- ¿Qué pasa? – se cercó la niña de ojos violeta

- Nada Hotarito que Setsuna me cae muy bien y le preguntaba si quería un cojín más… tengo uno muy cómodo

- No, muy amable – contestó la mujer mirando con desconfianza a Hotaru

Pero la niña no fue la única visita esa noche. Una hora después llegó Mina, Lita y dos hermosos gatos que se portaban bastante extraños. Por suerte para Setsuna se fueron pronto. Empezaba a sentirse vigilada.

- No eres así ¿Qué sucede? – lo alcanzó en los pasillos Mina

Se había portado tan insoportable que la joven creía más el extraño era el gato y no la niña de ojos violeta. Él no era él y punto.

- Nada , me encanta ser un gato mimado es todo – reía feliz el animal

- Necesitamos cuidar de Setsuna…

- No puede venir Orión – le interrumpió Artemis – yo lo prohíbo y punto

- Sabemos lo mal que te sientes y el daño que te ha hecho pero sus pleitos amorosos …

Y el gato la dejó hablando sola como a cualquier ser inferior. Mina se quedó boquiabierta ante la actitud hostil de todos en esa casa. Ahora se sentía feliz de no tener familia ni a nadie a quién soportar en casa de Lita

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Llegó a casa noche, se paró dos veces en el camino, una para tomar un café caliente y otra para admirar el paisaje. Cómo odiaba estar sola. Cerró el auto y se dijo a sí misma no bajaría el mandado, que lo hiciera Haruka cuando llegara, después de todo no dijo nada malo, ¡era cierto! Podía ocurrir y aunque anhelaba con todo el corazón tener un hijo tenía un muy mal presentimiento en todo esto. Entró a la casa y se tendió en la cama. La ventana estaba abierta y un viento helado se colaba a la habitación haciéndola erizar su piel. Se levantó de su reposo para cerrarla y entonces sintió esa presencia

- No la cierres, ya nos vamos – musitó la bestia

- ¿Quién eres? – sacó su pluma para transformarse

- No es necesario – y en un parpadeo el demonio recorrió la enorme habitación quedando frente a ella

Michiru se quedó petrificada de horror. Aquel colosal ser media casi dos metros, su cuerpo musculoso estaba resguardado por una armadura de plata. Sus ojos rojos llenos de fulgor la contemplaban con cierto gozo. Ella miró de cerca esos crueles instintos que duermen en la humanidad, los veía en esos carbones incandescentes. Sintió esa garra rozando su mano derecha, pretendía quitarle su pluma pero Michiru opuso resistencia

- Como quieras

Con saña la sujetó de la muñeca para en un segundo destrozarle el brazo. La joven gritó del dolor y la pluma cayó al piso. La bestia la pateó lejos de su alcance. La sujetó con fuerza a su cuerpo para emprender el vuelo

- Te advierto – le musitó al oído – mi intención es matarte… no necesito llegues con vida así que si me das problemas en el viaje no tendré contemplaciones y te dejaré caer

- ¡Quién eres!

- ¿Acaso no me reconoces? Qué Dios tan torpe eres… ¡Yo soy la bestia!

Colosales tormentas eléctricas se desataban a su paso, el cielo dichoso y a la vez temeroso intentaba aplacar a esos que se revelaban al nuevo poder. Daba la bienvenida a la noche más escalofriante y sanguinaria de todos los tiempos. El sol perecería al ser devorado por la luna, todos los días lo hacía y así cada atardecer los seres podían levantar la vista observando la sangre del que desfallece… pero al día siguiente él renacería, lleno de majestuosidad, gloria y omnipotencia porque él era el señor sol… Pero esa tarde el sol no pereció por completo por primera vez escapó a la luna quería contemplar de cerca el nuevo principio

- Por fin hemos llegado – descendió sobre el desolado edificio – me encanta la majestuosidad de mi mundo

Y a su grito la tierra se abrió, el edifico colapsó llevándolos al interior de uno de los recintos sagrados de Dios.

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Haruka tuvo un mal presentimiento desde que llegó a casa y no la encontró. El corazón le decía ella la necesitaba. Se bajó de la moto a toda prisa y buscó desesperada cómo entrar al edificio. Pero no era la única que había llegado al sitio, la enorme cantidad de energía que se generaba allí también atrajo a las Scouts

- ¿Qué pasa? – interrogó Sailor Moon

- ¿No pudiste dejar a tu novio? – gritó Sailor Marts enfurecida de verlo

- ¡No! – gimió el niño – a donde va ella voy yo – el valiente muchacho traía consigo un cuchillo

- No tenemos tiempo… Michiru desapareció… ¡Está adentro! – dijo Júpiter

- Quizá si hacemos la teletrasportación…

- ¡Sailor Venus falta Mercury olvídalo! – gritó la dama del fuego

Pero ya no había necesidad de entrar al edificio. La bestia con su séquito de seguidores acaban de salir. Pequeños y diabólicos seres alados semejantes a ella a su grito comenzaron a destruir la ciudad. En lo alto del edificio se levantó la torre donde Michiru había sido atada y preparada

- Hora de beber su sangre – musitó

- ¡Detente! – gritó Haruka desesperada – Michiru

- Ve por Michiru – ordenó Venus a Júpiter

Muy tarde para proteger algo más que no fueran ellos, las creaciones del perverso ser se lanzaron sobre cada uno buscando satisfacer su sed. La bestia desgarró lentamente el vientre de Michiru y algo aburrido por la falta de agonía sopló sobre ella para que recobrara el conocimiento. Volvió a su tarea y la joven no gritó ni pidió piedad cosa que empezó a enfadarlo.

- Detente – el poder de Dios despertó de nuevo en Haruka Tenoh

- No habrá otro… Nunca – clavó sus garras en ella mientras la jovencita se sacudía brutalmente pesa del dolor

Estaba encadenada incapaz de poder moverse o hacer algo por ella mas que observa cómo esa bestia la devoraba viva. Su mirada se clavó en la bóveda celeste soportando el tormento. Lo había visto en sus premoniciones, como a Perseo, sería encadenada a esa roca y las bestias la devorarían cada atardecer para que con su sangre se tiñera el cielo. Sólo que esta vez ella serviría como lección a los condenados para que contemplaran el castigo por retar el poder celestial y descubrieran nadie podía contra la naturaleza divina…

- Suéltala – pero Haruka no pudo hacer mucho por rescatarla del tormento pues las bestiecitas impidieron se acercara al nuevo señor de la oscuridad

- Una vez… una vez… alguien me retó y no puedo seguir permitiéndole a mis ángeles rebelarse contra mí, creyendo que pueden ser más que yo ¡Soy Dios! – gritó desatando tempestades

Michiru se sacudió en una convulsión, su cuerpo parecía doblarse en dos pero ella no gritaba porque su pensamiento seguía fijo en Haruka y su bebé…

- No lo permitiré – se levantó Haruka por fin

Pero los emisarios de la bestia no permitiría llegara a ella. Emergieron de lo profundo de la tierra y la dama del viento ya no era un simple mortal incapaz de controlarlos, con un movimiento de mano todas las bestias cayeron al piso sin vida.

- No podemos – decía Sailor Marts ya sin fuerzas para esquivar a la abominación que se empeñaba en seguir jugando con su presa un rato más antes de devorarla

- No desistas – rogó Venus con voz temblorosa pues otro demonio la tenía sujeta

- ¡Fuego de Marte! – logró que la horrible abominación soltara a su compañera

- ¡Haruka! – gritó Michiru siendo destrozada aún por la bestia

- ¡No sigas! – suplicó Sailor Moon

- ¡Dios! – gritó Haruka implorando por su contraparte

La joven volvió a escupir sangre. Ya no lo resistiría más. Oyó los gritos de Haruka que la llamaba y su llanto creció al no poder ni siquiera mirarla o tocarla por última vez. Se sacudió de nuevo mientras la bestia deshacía sus entrañas buscando la vida que en su vientre se generaba. Ansiaba la muerte, bebería su sangre y después se regocijaría con su agonizante final.

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Lindsay se tapó los oídos mientras susurraba que se detuviera. El alma se helaba al escuchar las voces de los condenados. Escuchaba a Mina gritando por ayuda para Rei pues una bestia la estaba masacrando. Escuchaba los gritos desgarradores de Michiru y Haruka pidiendo la una por la otra, llamándose en esa penumbra en que quedaron a causa de una guerra sin sentido, no podía soportar tanto dolor, no quería seguir escuchando. Se puso en pie para asombro de Melissa y convocó a su poder intentando abrir el techo que la protegía pero la mujer la detuvo, ella ya no contaba con su poder divino de Ángel y esa bestia era demasiado poderosa para que la pudiera detener

- Invoca a Dios – musitó la niña enloquecida – detenlo

- ¿Cómo? No tengo poderes sobrehumanos para enfrentarlo

Ni siquiera sabía que sucedía. Si se enteró de la batalla desatada era por las sacudidas brutales de la tierra. La niña corrió a la azotea creyendo que podía lograrlo

- ¡Escúchame! – gritó pero la bestia infernal se regocijaba demasiado con el sufrimiento del Dios caído para querer ir a ver a un pequeño crío celestial

Gritó, lloró y suplicó. Una y otra vez invocaba a los dioses sin embargo ellos seguían en su dulce letargo contemplando la guerra. Ya no quería ver a nadie más sufrir, que esa matanza se detuviera, que se detuvieran ¡Que se detuvieran!

- Si no viene, yo iré – se levantó

- Manda emisarios – musitó Melissa sujetándola

- ¡No lo comprendes! No puedo controlar a mis creaciones, pierden el sentido y se vuelven despiadadas ¡Debo ir! ¡Kared!

- ¡Qué! – gritó la mujer – no puede ser… está con su padre

- No… Debo ir… Debo ir…

Entre luces se desvaneció, contestaba al llamado de su otra mitad a ese ser a quien le prometió amor y fidelidad. Su mirada se clavó sobre las pequeñas bestias que venían contra ella, se detuvieron en su vuelo y sus sonrisas cínicas desaparecieron. Cayeron sin vida.

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La rubia aprovechó su distracción y de un golpe lo derrumbó. Estaba a uno pasos de poderla tocar, le gritaba estaba allí y la salvaría pero la bestia la tomó de la cintura. La desesperación se apoderó de la guerrera del viento. A patadas y golpes limpios intentaba soltarse de su opresor, correr a brazos de quien le llamaba y calmar su dolor… Ya no podía seguir contemplándola sufrir de esa forma. La bestia clavó sus garras en el pecho de la joven

- Por favor – suplicó Michiru – ya basta

Un pequeño destello de luz emanó de su frente. El símbolo de Neptuno se dibujó en lo alto de la bóveda celeste. En ese mismo instante un brillo parecido resplandeció, provenía del cuerpo de Haruka. Los dos símbolos, Urano y Neptuno, se unieron en el cielo. Michiru se vistió de luces, su traje de Scout vino a ella, con esos mismos destellos de plata y oro como había ocurrido hacía un tiempo. Extendió sus alas y la tiara brilló con intensidad destruyendo las monstruosidades cercanas. Levantó su mano derecha invocando a los dioses. Ahora era ella quien sonreía. Cerró sus ojos para deleitarse con aquella melodía, los gritos de los dioses.

- ¡No lo harás! – gritó la bestia infernal

Pero se olvidó de Haruka. Las luces se disiparon dejando ver al poderoso Dios en que se convirtió. Su traje de príncipe resplandecía cegándolo. Lo sujetó con fuerza y la bestia sintió el roce de la muerte, su destrucción había llegado. La rubia lo tenía listo para que su compañera lo eliminara. Michiru dejó que su poder emanara y en un rápido movimiento su amante escapó a su ataque mientras la creación divina se desvanecía entre gritos de horror

- Y ahora lo que resta – musitó Michiru contemplando con dicha lo que hoy era – ¡Soy Dios! – gritó sacudiendo la tierra

Convocó a las mareas profundas. El viento se convirtió en esclavo del mar. El cielo retumbaba y la tierra agitada comenzó a desquebrajarse. Las Scouts no sabían a ciencia cierta qué hacer. Júpiter miró a Orión esperando respuestas pero el animalito estaba tan aterrado como sus protegidas. Del subsuelo emanó fuego.

- ¡Detente! – gimió Sailor Moon – Vuelve a ser tú Michiru… Haruka por favor…

La rubia seguía quieta con su mirada totalmente perdida, como si estuviera bajo el poder de Neptuno mientras Michiru desencadenaba miles de atrocidades sobre la faz de la tierra. A pesar de la altura a la que estaba alcanzó a escuchar los ruegos y sollozos de la princesa. Dirigió su mirada a ella, momento de tener el cristal de plata y comenzar su legado. Convocó a las mareas

- ¡Cuidado! – gritó Sailor Marts observando lo que planeaba la violinista

- ¡No! –se interpuso Lindsay – Ya es hora que cese este caos

- ¡Muévete! – bramó la joven

- ¡Ya basta! ¡Basta!

Pequeñas luces destellaron. Los cristales brillaron con intensidad desde donde se encontraban brindándole a la niña todo ese poder divino que se quedó dormido. En la tumba el símbolo roto se volvió a unir formando los símbolos de Urano y Neptuno. Dos dragones se entrelazaron quedando inscritos en las tumbas. La luz cegó a todos. La luna desapareció y la ciudad se quedó sumida en la total oscuridad…

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Había pasado una semana y Artemis aún creía que podía encontrar un rastro del enemigo en ese viejo edificio. Hoy solamente eran ruinas pero el gato lo exploraba con devoción, hasta hizo que Hotaru le comprara un sombrero muy parecido al de Indiana y estaba viendo la posibilidad de pedir un pequeño avión a control remoto. Era noche, la niña se preocuparía por él. Emitió un suspiro, un día más y nada parecía tener lógica

- ¿Y aún crees hallarás aquí respuestas? – oyó la molesta voz de Orión

- ¡Vete! Déjame hacer mi trabajo – bramó

- Como quieras… Pero la cosa es más sencilla de lo que te imaginas, El Heredero despertó… dos para ser exactos, la guerra de sucesión ha sido iniciada y muy pronto un nuevo Dios ocupará el trono…

- ¡Vete! – se tapó sus orejitas peludas y comenzó a cantar a todo pulmón – ¡No te oigo!

- ¡Todos vamos a morir! La tumba se abrirá cuando se reúnan los cristales y sus secretos serán revelados… ¡El silencio sacudirá el universo! ¡Las tinieblas cubrirán nuestro mundo! ¡No hay escape!

- ¡Que te vayas! – arremetió contra él

Ambos rodaron entre el escombro. De un manotazo Orión lanzó lejos al gato blanco. Artemis sacudió la cabeza y cuando se incorporó el piso se derrumbó.

- Perfecto – masculló viéndose atrapado en un hoyo profundo y sucio

- ¡Estás bien estúpido! – reía el gato ya tranquilo al ver que el latoso estaba a salvo – iré por ayuda, no te muevas ¡Ni te vayas a ir!

- Búrlate

Un pequeño ruido lo hizo estremecerse. Llamó a Orión pero tal parecía se había quedado solo. Emitió un gruñido reprochándose a sí mismo por ser tan temeroso. De nuevo ese molesto ruido. Su vista se quedó clavada en esas pequeñas piedras que se movían.

- ¡Y ahora qué!

Ráfagas de viento se desataron sin control. Poco a poco el remolino cesó dejando ver a la temible bestia infernal. Sus ojos rojos buscaban desesperado ese algo que lo llamaba y entonces la criatura se destruyó. Artemis pálido y al punto de morir del susto se aproximó al sitio lentamente. Allí solamente quedaba un dibujo del cual se desprendía una energía roja

- ¿Qué es…? – la energía entró a su cuerpo haciéndolo gritar

El dolor cesó y los ojos del gato brillaron adquiriendo un color rojo intenso. Su sonrisa dulce cambió por una sonrisa maléfica. Rió a carcajadas mientras en las sombras una joven negaba con la cabeza

- Odio pase esto – musitó enfadada a su acompañante gatuno

- ¿Quiere lo recupere para usted?

- No, ¿Cuánto puede durar en un gato la energía maligna?

Esbozó una ligera sonrisa siniestra y sus ojos marrones brillaron contagiados por las mismas fuerzas que invadieron a Artemis.

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Tenía más de una semana así. Sólo dormía y cuando abría los ojos era para llorar. Haruka se cansó de suplicar, de pedirle no la abandonara pues también ella la necesitaba. No quería ver a nadie y parecía la incluía. Se recostó a su lado como otras veces en espera que aunque sea le dirigiera una mirada de reproche porque ni siquiera eso. Nadie existía para Michiru Kaioh… Nadie…

- Señor – se quedó la enfermera un tanto nerviosa por verla allí – lo siento creía la señorita Kaioh estaba sola

- Da igual… No existo… No sin ella… – cerró los ojos suplicando a los dioses porque esta vez se quedara dormida eternamente

La enfermera salió de la habitación en cuanto llegó Melissa. La mujer contempló con pesar a ambas. Agitó fuertemente a la rubia esperando despertara pero esta vez la joven no tenía ánimos ni siquiera para arremeter contra ella. Cerró sus ojos al ver estaba allí.

- ¿Te quedarás aquí eternamente? ¿Esperas la muerte?

- Quiero dormir – musitó molesta – estoy muy cansada

- Anda levántate… Kared hizo brochetas

- No importa, no tengo hambre

Nada importaba ya cuando Michiru la dejó. Melissa se quedó observándolas esperanzada a que alguna de las dos volviera a tener un poco de esperanza. Negó con la cabeza hoy tampoco era ese día milagroso. Salió de la habitación para ir a comer con su niño

- Mamá – mustió Kared al verla – papá dijo que tenía algo lindo para Michiru – y mostró la hermosa rosa que había traído – ¿Crees un día vuelva? Es decir, está allí pero como si no lo estuviera

- No sé

Era demasiada su tristeza, tanto dolor ya no pudo contenerlo. La misma Melissa la comprendía, esa agonía semejante la sintió cuando la perdió. Dejó para después sus cavilaciones, su esposo ya había llegado a la mesa, listo para arrasar con la comida

- Necesitamos hablar – musitó Melissa

- ¿De Michiru?

- Sí, algo así

Al terminar fueron al despacho. Melissa contuvo la respiración y sujetó con fuerza la llave del tiempo en espera del momento en que Isaac dejaría de ser un humano para convertirse en Dios, solamente que nunca sabía cómo sucedía y por tanto su vida peligraba. Parecían dos seres totalmente separados y ajenos entre ellos.

- Necesito hablar contigo como Dios

- ¿Y luego?

- Michiru estaba embarazada…

- ¡Cómo! – y su mirada cambió. Melissa arqueó la ceja divertida, así que provocándolo aparecía su lado divino

- Estaba embarazada… Perdió al bebé… Sé que debí decírtelo pero esperaba fuera ella quien hablara contigo… Ayúdala… Arregla este desastre antes que nuestra hija termine… termine perdida…

FIN DE LA PRIMERA TEMPORADA:

"TOKIO DE CRISTAL:

EL ÁNGEL NEGRO"

¡No se pierdan la próxima temporada!

Tokio de Cristal: La Guerra de Sucesión