No me gustan dar excusas sin sentidos, pues sé que probablemente me de por reescribir también el capítulo que sigue a este, y por tanto tardaré otro poco en hacer que vea la luz… Aún así quiero que sepan que avanzo tan rápido como puedo.

DECLARACIÓN: A estas alturas, ¿no está de más acaso decir que Draco no es mío? Es de Rowling, igual que todos los personajes, lugares y la mayoría de los hechizos… Lo poco que resta a eso, lo pongo yo.

DECLARACIÓN 2: Rated "M" o "R", si prefieren, lo que quiere decir que tiene temas fuertes!

DEDICATORIA: Este capítulo va enteramente dedicado a AllySan… Gracias por tu apoyo constante, y por tus maravillosos comentarios.

Y ahora, a leer:

CAPÍTULO 21: MEMORIATUS

"Y ahora, que renacía aquella misma necesidad, sabía que podría esperar horas y horas, que nunca más estaría junto a mí, y no hacía más que descubrirla, porque sintiéndola, por primera vez, viva, verdadera, dilatándome el corazón hasta romperlo, encontrándola en fin, acababa de saber que la había perdido para siempre."

-EN BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO- Marcel Proust

Andromeda Tonks no pareció sorprendida al recibir a Dean Thomas, junto a las tres mujeres en su hogar. Estando al tanto de lo que ocurría en el Ministerio, más bien lo esperaba. Lo que la sorprendió, al extremo de horrorizarla, fue el desgraciado estado de su hija, no tanto por las heridas provocadas por el hechizo, como pronto comprendió, sino por la muerte de su esposo.

La hermana de Narcissa y Bellatrix Black nunca había aceptado del todo la relación de su hija con un hombre varios años mayor, y mucho menos, con uno que representaba un constante peligro para todos quienes lo rodeaban; pero tanto tiempo al cuidado de Teddy, le había hecho tolerarlo y hasta respetarlo en muchos sentidos.

Aún así, no se sentía del todo egoísta al pensar que al menos su hija estaba viva, y que por tanto Teddy tendría aún a su madre. Pero entonces el elfo apareció frente a ella y el horror volvió a hacer presa de la mujer al comprender lo que ocurría, y cómo habían llegado a dar con la Mansión Black minutos antes.

Se enteró del estado de Luna, de quien era el padre de ese hijo, de cómo el elfo había estado preso de Bellatrix durante todo ese tiempo, y le bastó sumar dos y dos. Era un hechizo que ella conocía tan bien como su hermana, la razón por la que muchos sangrepuras exterminaban a sus elfos domésticos durante las guerras, dejando solo aquellos de mayor confianza. El motivo por el cual Voldemort había acabado con todos los elfos de Cissa cuando tomó la Mansión Malfoy como su guarida: un simple hechizo localizador puesto sobre el elfo, y podrían localizar a su dueño donde fuera, una vez que el elfo acudiera a él.

Luna se aterró al ver como la mujer alzaba su varita contra la criatura sin siquiera mediar explicaciones, e intentó interponerse, pero Andrómeda fue más rápida. Afortunadamente para el elfo, la muerte no era la única forma de acabar con la magia usada por Bellatrix, y luego de unos segundos de inconsciencia, despertó, por segunda vez ese día, sin comprender del todo lo que acababa de ocurrir.

Una vez segura de eso, renovó las protecciones sobre el hogar, sirvió té con unas gotas de poción relajante para calmar los ánimos de los recién llegados, puso leche en un plato para Croockshanks y luego se dedicó a velar el sueño de su hija, a la espera de que las cosas no empeoraran.

Andrómeda ya había sobrevivido una guerra antes, y desde la muerte de su marido, sabía que solo era cuestión de tiempo para que todo se repitiera otra vez, para que otra vez se sumergieran en aquella época posterior a la guerra en que los perdedores entran en desesperación, y los vencedores son absorbidos por su nuevo poder: caos, pérdidas y mucho dolor. No importaba quien ganara, la fórmula sería la misma. Y aún así, rogaba porque ganara Harry Potter. Por el bien de su nieto y de los suyos: debía ganar Harry Potter.

-HP-

Hermione sabe que atraviesa el mismo camino que hace dos años, que avanza por los mismos jardines, pero es difícil creer que aquel sombrío lugar sea el mismo. Parece más viejo, más feo… más lúgubre que antes. Como si con la muerte de los Malfoy una parte de la Mansión se hubiese extinto también. O quizás está de luto porque presiente lo que ocurrirá. Sabe, como todos ellos, que probablemente morirán esa tarde, que Draco morirá; y con él, el linaje de los Malfoy se extinguiría para siempre.

¿Habría pensado Draco en ello? ¿Lo habría hecho quizás precisamente por eso? ¿Para morir, si tenía que hacerlo, en el lugar que lo había visto crecer, entre las paredes donde había pasado más de la mitad de su vida; en el lugar donde habían muerto sus padres? Quizá inconscientemente lo había hecho. ¡Había tanto de él que ella no sabía; tantas cosas que ni él mismo sabía!

Sus pisadas avanzan sobre las hojas secas, haciendo un ruido casi cómico en aquel silencio sepulcral, pero nadie sonríe. Ni siquiera Greengrass, que tiene facilidad para hacer risa de todo. Ni Draco, cuyo platinado cabello resplandece en la oscuridad, rodeado de un halo trágico. Sus ojos ocultos en las sombras de la noche; su nariz perfecta, sus labios de estatua y su rostro… ese rostro por el que ella ha caído, condenándose a sí misma a compartir la tragedia que se ha prendado del muchacho, la tragedia implícita en su nombre… "Male Foi". Sabe suficiente francés para comprender el significado contenido en aquel apellido. Siempre lo ha sabido, pero solo ahora parece tener para ella un significado real.

Y las puertas de la Mansión se abren recibiendo al heredero que retorna al hogar… Al último de los suyos, al mismo tiempo que él dirige hacia ella una mirada final en la que se alcanza a advertir un vestigio de esperanza que ella no comparte. ¿Guardaría él esperanzas si supiera la verdad?

-HP-

Harry sentía su corazón latir a mil por hora, sin comprender la extraña serenidad de Malfoy. ¿Es que el rubio no se daba cuenta del peligro al que se estaba exponiendo? Parecía como si el hijo de Lucius supiera algo que todos ellos desconocían, y por un efímero instante la posibilidad de una emboscada se cruzó por la mente del "Elegido". Pero, ¿sería posible?

- ¡Valla, Valla!- se oyó exclamar al mortífago que, aún envuelto en su capa y con la varita firmemente asida entre sus dedos, les salía al encuentro. Sus ojos azules se centraron inicialmente en Malfoy, para pasar luego al falso Lestrange, y antes de que Harry pudiera decir nada, siguió hablando en tono burlón- ¿Cuatro mortífagos bien entrenados contra un puñado de adolescentes, y sólo lograron traer a Malfoy? A Bellatrix no le gustará nada que arruinaras esto, Rodolphus… Aunque estoy seguro que el reencuentro con su sobrinito aplacará un poco su furia, ¿no es verdad, Draco?

- Tiempo sin vernos, Zelmick … Al parecer sigues siendo el mismo segundón de siempre- sonrió el rubio de lado, con una expresión que pareció disgustar al mortífago, pues terminando de acercarse al prisionero, hundió sus dedos en los rubios cabellos y jaló con fuerza, obligando al hijo de Lucius a quedar a centímetros de su sádico rostro.

- ¡Tan arrogante como tu jodido padre! Me encantará ver como Bellatrix se encarga de borrarte esa expresión de la cara.

- Y yo aquí pensando que Voldemort haría ese trabajo personalmente.- el hombre soltó sus cabellos con una expresión en su rostro que Hermione no pudo dejar de considerar encantadora, aunque sus ojos, azules y fríos como hielo, transmitían un aire maligno.

- Pues no… al parecer Bella ha conseguido el honor de tener su turno contigo… Aún sigue enfadada por las feas cicatrices que le dejaste la última vez.

- ¿Dónde está Bellatrix?- intervino Harry, notando como Hermione, oculta tras el oscuro rostro de Blaise, se tensaba a su lado.- Debemos llevarlo con ella.

- Si yo fuera tú no me apresuraría tanto… Aunque las buenas noticias desde el Ministerio la tienen especialmente de buen ánimo, creo que enterarse que eres tan inútil como para dejar escapar a Potter, acabará con ello… ¡Ya sabes cómo cambia de rápido su humor!- sonrió de lado. Harry, sintiéndose jalado por Malfoy a avanzar, asumió que él le indicaría el camino, por lo que comenzó a caminar haciendo caso omiso de las palabras de Rudolph Zelmick, quien no se opuso a ello, sino que los siguió de cerca.

- ¿No tienes nada mejor que hacer?- le preguntó Harry, incómodo.

- Tenía órdenes de regresar al Ministerio en busca de más prisioneros, pero creo que eso puede esperar… No me perdería lo que está por ocurrir por nada del mundo.

Los segundos siguientes transcurrieron en un sepulcral silencio, mientras Harry se preguntaba si no sería que el mortífago sospechaba algo. El silencio en que los demás se mantenían podía haber despertado sus sospechas, pero, por otro lado, parecía tan entusiasmado con la idea de ver el castigo destinado a ellos, que probablemente no había reparado en ese detalle.

Por un momento, Harry pensó que la bruja los esperaría en el salón de dibujo, como la vez anterior, pero traspasaron ese lugar, sin detenerse hasta llegar a lo que era una gigantesca puerta de madera, que Rudolph se apresuró en terminar de abrir, haciendo una mueca burlona al permitirles el paso. Al instante siguiente, Bellatrix Lestrange llegó a su encuentro desde el fondo del gran salón, que alguna vez había sido la legendaria biblioteca de los Malfoy, pero que ahora no tenía en su interior más que estantes vacíos, cortinas derruidas y polvo… el polvo acumulado en aquellos dos largos años sin su dueña.

Por un instante, los ojos negros de Bellatrix se posaron en los grises de su sobrino, dando tiempo a Harry de analizar el rostro de la bruja. Eran las mismas facciones de antes, pero ya fuera por la locura de su expresión, o por las feas cicatrices que la deformaban, resultaba difícil creer que aquel rostro hubiese sido alguna vez un digno representante de la belleza de los Black. Fue entonces cuando sus ojos negros, se giraron al falso Rodolphus, inconsciente de que miraba directamente a aquel cuya ausencia había notado.

- ¿Y Potter?- la sonrisa burlona por parte de Zelmick se sintió a sus espaldas, mientras la bruja avanzaba varita en mano, apuntando directo al corazón del que creía su esposo.

- Estaban avisados de nuestra visita…- intervino Hermione, llamando la atención de Bella.- De algún modo sabían que iríamos por ellos y…

- ¿Y dejaron a este traidor atrás?- rió incrédula, sin disimular su odio hacia el joven frente a ella. Pero había algo más en aquella mirada, un miedo que parecía impedirle referirse al rubio con el burlesco desprecio con que lo había hecho la última vez que Harry los había visto juntos; como si aquel encuentro con Draco en casa de Snape hubiese hecho comprender a la bruja que Draco ya no era tan inofensivo como antes. Prueba de ello era sin duda su deshecho rostro, según había dicho Rudolph Zelmick- La última vez la sangresucia parecía más que entusiasta en defenderte. ¿Qué es lo que cambió?- sus ojos negros inspeccionaban la mirada de Draco con insistencia, y bastaba con ver la tensa expresión de Malfoy para comprender lo que la bruja intentaba, pero cuando Bella desistió de mirarlo a los ojos y una satisfecha sonrisa se dibujó en los labios del rubio, Harry supo que la mujer no había tenido éxito en escudriñar la mente de su sobrino.- Olvidaba lo bueno que eres en Oclummencia.

- Aprendí de la mejor.- sonrió el hijo de Lucius, pero aquel comentario, lejos de recordar a la bruja que era el hijo de Narcissa quien tenía en frente, pareció enfurecerla aún más.

- Es una lástima que no tuvieras las agallas para usar todo lo que se te enseñó…- la sonrisa se amplió peligrosamente en su rostro.- Pero no te preocupes… Aprenderás. Esta vez el mismo Señor Tenebroso se encargará de ello.

- Pensé que la idea era matarme.

- Oh, no… esa era la idea inicialmente, pero las cosas cambiaron… ¡CRUCCIO!- Draco ni aún gritó al caer de rodillas contra el suelo. En cierto modo había esperado el hechizo, pero eso no sirvió para mitigar su efecto, pues tras ello le fue imposible hablar o ni aún respirar. Temía que al hacerlo un grito desgarrador dejara sus labios y no quería darle ese gusto a la bruja. A su lado, los negros dedos de Blaise apretaban la varita con una fuerza que evidenciaba su impotencia.

La bruja caminó hacia el joven. Sus largos dedos lo tomaron por la mandíbula, donde comenzaron a ejercer presión.

- La muerte es demasiado buena para ti…- siguió- Y hasta que no tengamos la Varita de Sauco, ¿qué caso tendría matarte? No, sobrinito… El Señor Tenebroso tiene formas de controlar la voluntad de otros a las que ni aún tú podrás resistirte.- sus uñas se hundían en la blanca piel del muchacho con una fuerza brutal- Y cuando finalmente haya quebrantado tu voluntad, cuando no seas más que un vil peón a sus órdenes, tu primera misión será buscar a esa jodida sangresucia y terminar lo que comenzaste…- Draco logró liberar su rostro del agarre de la mujer, pero las marcas de sus dedos quedaron ahí, como un vestigio de su odio en la blanca piel.

- ¿No deberíamos llevarlo con el Señor Oscuro?- intentó intervenir Hermione, pero la bruja solo amplió su sonrisa, sin dejar de mirar al rubio.

- No, Blaise… aún no… El Señor Tenebroso, me ha concedido el placer de jugar un poco con mi lindo sobrinito, mientras él arregla las cosas con Rodolphus…- y entonces giró sus ojos a su falso marido- Por algún motivo, él siempre supo que no lograrías traer a Potter, querido. Pero eso no te librará del castigo que mereces, ¿verdad?- y haciendo una floritura con la mano, le indicó la puerta al final del Salón… la entrada a encontrarse con Lord Voldemort.

Harry sintió el tiempo detenerse en aquel instante. ¿Sería que en verdad había llegado el momento? Sin poder evitarlo dirigió una mirada a Hermione y otra a Ron.

- Iré con él.- se adelantó el pelirrojo en el robusto cuerpo de Augustus Roockwood.

- No… tú y Antonin acompañarán a Rudolph a los subterráneos y no volverán aquí hasta que hayan logrado hacer hablar a la "vieja". Ella debe darnos alguna pista de dónde pudo haber huido Potter.

- ¿Macgonagall está aquí?- interrumpió Hermione, ocultando apenas su nerviosismo al comprender a quién aludían.

- No por mucho…- sonrió Zelmick, haciendo sonar los nudillos, mientras sus bellos labios se contorsionaban en la más macabra de las sonrisas.

- Pero…

- Ese no es asunto tuyo, Blaise- intervino Bellatrix.- Tú serás un buen chico y acompañarás a Rodolphus a enfrentar su castigo, ¿verdad? Después de todo, alguien tiene que traerlo de regreso cuando sea incapaz de tenerse en pie.

- Pero es que yo…

- No me hagas repetirlo, Blaise.- sus negros ojos se clavaron en Hermione, a modo de advertencia.- Sé que tienes tus propios motivos para cobrarte de Draco, pero esto es algo entre él y yo.

Harry comprendió que Hermione luchaba por contener una nueva protesta, a sabiendas de que no era así como debían ocurrir las cosas. No podían separarse o no habría modo de que sobrevivieran, y mucho menos podía dejar al rubio a merced de la bruja. Pero ambos sabían que no era conveniente contrariarla tampoco, y por el modo en que Draco parecía rogar a Hermione con la mirada para que se fuera, él también debía saberlo.

Los pasos del elegido y la hija de muggles, resonaron al atravesar la puerta, y por unos instantes caminaron en silencio, ambos presintiendo ya el miedo en el otro. Pero cuando una nueva puerta se descubrió ante ellos, Harry se detuvo abruptamente.

- Debes ir por él…- susurró a su amiga, quien parecía luchar entre hacer exactamente lo que Harry le decía, obedeciendo a su corazón, o quedarse ahí junto a él, como parecía ser lo más correcto; pero Harry no quería tenerla ahí ahora. No si eran solo ellos dos contra Voldemort. No si eso significaba la muerte de ambos. Solo él debía morir esa noche, y así, si ella lograba rescatar a Draco, aún habría esperanza.- Debes ayudarlo Hermione, porque son ustedes quienes deben matar a Lord Voldemort…

Por un instante, la joven lo observó muda, estática, con sus ojos cafés más grandes que nunca. De algún modo ella lo sabía. Lo supo desde el instante mismo en que comprendió la naturaleza de los Horcruxes y llegó a la única explicación posible a la supervivencia de Harry, en aquel primer enfrentamiento tantos años atrás. Sabía que una parte del alma de Voldemort descansaba en su amigo, pero ¡qué difícil era admitirlo!

- Haré lo que pueda por destruir a Nagini, Hermione, pero yo debo morir también…- las lágrimas se agolparon a los ojos de la joven- ¿lo sabes, verdad?- ella asintió, sin atreverse a mirarlo.- Para cuando yo haya muerto, deberás entregar a Malfoy la Varita de Sauco… Es la única forma de que…

- Lo sé…- murmuró ella con la voz quebrada, al tiempo que sus brazos se enredaban en el cuello de Harry en un abrazo en que quería transmitirle todo lo que sentía por él. Sólo esa mañana había creído que jamás lo perdonaría por lo que había hecho a ella y Draco, y ahora, en el momento en que sabía que lo perdería para siempre, todo aquello dejaba de tener importancia.

- Debes ir con él…- repitió Harry, intentando separarse de ella, y ella obedeció, echando a andar tan rápido como pudo en la dirección contraria, pues era más fácil dejarlo si lo hacía rápido, si no se daba tiempo de pensar.

Y Harry la vio perderse en la oscuridad del pasillo al mismo tiempo que inflaba sus pulmones en el inequívoco gesto del hombre al intentar infundirse valor. Y así echó a andar, escudado en el rostro de Rodolphus Lestrange, con la varita bien asida en una de sus manos, y en la otra, la Piedra de la Resurrección.

-HP-

Ron había notado desde el inicio el extraño nerviosismo de Daphne; el modo en que apretaba su varita con rabia ante cada nueva palabra del mortífago, como si algo particularmente odioso de ese hombre llamado Rudolph Zelmick la molestara. ¿Lo conocería de antes?

- ¡Cómo si la vieja fuera a decirnos algo!- alegaba Zelmick, caminando frente a ellos, a través de los pasillos que conducían a los calabozos. Un camino que Ron recordaba vagamente haber recorrido antes.- Le costó la vida a Amycus el solo atraparla y no fue fácil traerla hasta aquí.

- ¿Apresaron a alguien más?- preguntó Ron, intentando ocultar su ansiedad al buscar noticias sobre los suyos. Después de todo, era seguro que sus padres y sus hermanos debían estar luchando en el Ministerio también.

- Solo otros cuantos vejestorios inútiles.- se quejó el hombre haciendo una mueca de hastío.- Ni una sola muchacha medianamente linda con la cual divertirnos. En verdad esperaba que ustedes tuvieran mejor suerte y trajeran algo que valiera la pena desde allá. Lo último que supe es que la chica Greengrass sobrevivió a nuestro encuentro en Diagon Alley…

Recién entonces, Ron recordó donde había oído el nombre de Zelmick antes. El mortífago frente a él había sido uno de los malditos que había destrozado el rostro de Daphne. Sus ojos, instintivamente viajaron en busca de la chica, cuya furia era más que evidenciable en las feas facciones de Antonin Dolohov. Una de sus manos apretaba la varita con tal fuerza, que amenazaba con romperla en cualquier instante, y si las miradas mataran, sin duda Rudolph Zelmick habría caído fulminado frente a ellos en ese instante. ¡Tal era el odio contenido en la mirada de Daphne!

Y fue cuando Ron vio como la varita de la joven comenzaba a ascender en dirección al mortífago, que se sintió obligado a intervenir. No podía dejarla descubrirse ahora. No podía, estando tan cerca de Bellatrix y tan lejos de Macgonagall y todos aquellos a los que podrían ayudar. Por eso, extendió su mano hacia ella y girando levemente su cabeza en un gesto negativo, la sacó de su ensimismamiento. El rostro de Daphne no transmitió nada, pero bajó la cabeza en señal de aceptación, y Ron pudo seguir el camino más tranquilamente, pensando que ya tendrían tiempo luego de cobrarse de todas esas cosas. Pero, ni él mismo contaba entonces con que lo traicionaría su propia impulsividad.

- Aún tengo guardado el mechón de cabello que le arranqué esa tarde, y la verdad es que me habría encantado poder traer mucho más que cabello con nosotros…- siguió el hombre mientras caminaba, de espalda a ellos- pero la muy bruja se resistió como una fiera cuando Cormack tomó su turno con ella.- Lo primero que Ron percibió fue el estómago revolverse, incluso antes de comprender del todo lo que había de implícito en las palabras del hombre- De no haber opuesto tanta resistencia no habríamos tenido necesidad de golpearla antes de joderla y puede que incluso…

Ron no fue del todo consciente de cómo había reaccionado su cuerpo, abalanzándose contra el mortífago, hasta que su cerebro terminó de analizar las últimas palabras de aquel monstruo. Y eso solo imprimió mayor ira a su ataque. Una ira que le impedía ver o analizar nada, por lo que no se percató de que Zelmick aún tenía la varita en su poder, ni tampoco de que pese a su desventajosa posición, consiguió apuntarlo con ella lanzándolo contra la pared. Ron sintió el horrendo golpe eléctrico recorriéndolo de pies a cabeza, mientras la extrañada expresión de ese mortífago, el mortífago que más había odiado Ronald Weasley en su vida, caminaba hacia él, apuntándolo con la varita.

- Pero ¿qué demonios te pasa, Augustus?- preguntó, con sus ojos azules mortalmente enfurecidos y la duda colándose a través de ellos.- Se diría que…

- ¡CRUCCIO!- en el mismo instante, el mortífago cayó hecho un ovillo frente a los ojos de Ron, apenas teniendo fuerzas para girarse a enfrentar a su atacante. Ron podía notar los ojos de Daphne resplandecer de odio tras su disfraz, mientras caminaba lentamente, apuntando al hombre que estaba a sus pies.- Ambos sabemos que desde acá no hay modo que Bellatrix pueda oír tus gritos, ¿verdad? Por lo que podría deleitarme en repetir el hechizo una y otra vez…

- ¿Quién eres?- preguntó el hombre, sonando más divertido de lo que era esperable en un caso así, lo que pareció enfurecer aún más a Daphne.

- Lamento no poder perder tiempo en aclarar tus dudas, pues me habría encantado que supieras quien empuñaba la varita al final de tu vida…

El hombre la observó por un instante, inhalando lentamente mientras cerraba los ojos, hasta que una expresión de reconocimiento se coló en su rostro, y su sonrisa se torció malévola.

- ¿Daphne?- Por un instante, la joven lo contempló perpleja, estática, contrariada ante el reconocimiento.- Sabía que vendrías por mí… Desde el instante en que supe que aún estabas viva, tenía la certeza de que volvería a verte… Aunque en verdad esperaba que bajo un rostro más agradable.

- ¿Cómo demo…?- pero no alcanzó a terminar la frase cuando su varita voló por los cielos ante un movimiento del hombre, que se había puesto de pie, lentamente, caminando hacia ella.

Ron intentó incorporarse y atacarlo, pero el hombre pareció advertirlo y antes de que el pelirrojo pudiera ponerse de pie, una fuerza mágica lo adhería a la pared impidiéndole hacer nada.

- "TERMINUS POTIO"- gritó el hombre, y al instante siguiente, los efectos de la poción multijugos desaparecía, revelando el rubio cabello y las bellas formas de Daphne Greengrass en una vestimenta que la excedía en varias tallas.- Así está mejor…- sonrió Rudolph, caminando hacia ella con tal rapidez, que le impidió llegar a la varita que la joven intentaba alcanzar. Y lo próximo que Daphne supo, fue que se encontraba atrapada entre la fría pared y el pesado cuerpo del mago, que parecía deleitarse inhalando su rabia- ¡Reconocería tu exquisito olor donde fuera!- y le lamió la cara, provocando la ira explotar en Ron, que sin embargo era incapaz de hacer o decir nada… Solo podía observar como las manos de Zelmick ascendían hasta el busto de la joven, en un modo asqueroso.

- ¿No deberías avisar a Bellatrix?- preguntó Daphne, que parecía haber recuperado su compostura de un momento a otro, pero el mortífago solo ensanchó su sonrisa.

- Todo a su tiempo, pequeña…- la mueca en su rostro, aunque bella, pareció a Daphne la cosa más repulsiva que había contemplado jamás, pero esta vez, no se dejaría vencer. No permitiría que el miedo se apoderara de ella. No le daría esa ventaja.- ¿Y quién es tu amigo?- preguntó inclinando su rostro hacia Ron, que lo contemplaba con una furia mortal- Por el modo en que reaccionó cualquiera diría que es tu enamorado. ¿Es así, Daphne?- su mano presionó con más fuerza sobre el seno de ella, hasta que una mueca de dolor se dibujó en su rostro, lo que pareció deleitarlo- ¿Me has estado engañando?- tomó el rostro de ella entre sus dedos obligándola a mirarlo- ¿Qué tal si le demostramos a quién perteneces realmente?- su mano fue hasta el pantalón de ella, que suelto como estaba, no fue difícil de remover, cayendo hasta sus tobillos.- ¿Qué tal si le concedemos el privilegio de ver como hay que joderte, antes de mandarlo al otro mundo?- La hebilla de su propio pantalón fue lo siguiente en sonar, mientras el rostro de ella se mantenía estático, inexpresivo. Demasiado inexpresivo. Fue entonces cuando Ron advirtió como los dedos de la joven se movían lentamente, a espaldas del mortífago y en dirección a su varita… Y como lentamente, la varita se desplazaba hacia ella.

"La varita es solo una herramienta para manejar nuestra magia, Weasley,", resonaban las palabras que en otro tiempo oyera de Daphne, con más fuerza que nunca en su cabeza "pero somos nosotros los que llevamos esa magia dentro…". Esa Magia… La magia que Daphne estaba utilizando ahora… Magia sin Varita…

- Apuesto a que estás lista para mí, ¿verdad?- susurró Rudolph, colocando su mano en ángulo para introducirse en la ropa interior de ella, pero fue entonces cuando notó que algo puntiagudo presionaba sobre su cuello. Sus ojos apenas alcanzaron a abrirse con sorpresa cuando el Expelliarmus lo arrojó contra el muro contrario con tal fuerza que por unos instantes pareció perder consciencia de donde estaba.

Daphne apuntó la varita contra ella, quedando cubierta otra vez, esta vez con la ropa más ajustada a su cuerpo, y caminó hasta el hombre con una serenidad que incluso Ron, que había quedado libre del hechizo de Zelmick, no se atrevió a interrumpir. Una última sonrisa se dibujó en los labios de Rudolph Zelmick al tenerla frente a sí, seria, pálida y bella, como un ángel destinado a marcar la hora de su muerte.

- "SANGRIS EXTERMINATUM"

Las palabras resonaron en el vacío pasillo por varios segundos antes que su eco se apagara y Ron ni aún giró a mirar al hombre. Pero no porque su muerte lo molestara. De pronto se dio cuenta de que no le importaba siquiera que ese monstruo dejara de existir, ni tampoco en manos de quién. Sus ojos estaban enfocados en Daphne, que seguía con la varita entre los dedos, sin dejar de apuntar al hombre cuya sangre desaparecía de sus venas y que pronto sucumbiría a la inexorable muerte. Tampoco le importó donde había aprendido ella un hechizo así, aunque el nombre de Theodore Nott rondaba su cabeza como una explicación posible. Lentamente, aunque con una seguridad que no creía tener, se acercó a ella, colocando su mano en el brazo de la joven, para intentar hacer que este descendiera, aunque ni aún con esto Daphne soltó la varita. Tampoco volteó a mirarlo.

- Debemos rescatar a Macgonagall y los otros.- dijo ella de pronto, pero sin recuperar el tono juguetón característico de su voz.- con ellos a nuestro lado tendremos más posibilidades de enfrentar a Bellatrix.- Ron asintió, aún en silencio, sin saber qué decir, y ella no se quedó a esperar una respuesta cuando echó a andar en dirección a los calabozos.

Pero no era tanto su deseo de rescatar a los otros lo que la movía, sino su necesidad de huir de él. De él y de la jodida lástima que ella ya podía adivinar en su mirada. ¡Malditos fueran los Gryffindor y su lástima!

-HP-

Draco intentaba controlar los latidos de su propio corazón para evitar evidenciar su miedo frente a Bella. Conocía a su tía lo suficiente para saber que era precisamente eso, el miedo, lo que alimentaba su sadismo y la impulsaba a actuar. Sabía también, por el aura maligna que se advertía en su mirada, que el hecho de que la misma sangre corriera por sus venas, lejos de aplacar en algo la sed de venganza de la mujer, era un incentivo precisamente para desatar su lado más bestial, y que, aunque no lo mataría- ella nunca iría contra las órdenes de su Señor- se aseguraría de llevarlo al extremo en que la muerte fuera su único deseo. Sí, la conocía lo suficiente como para estar seguro de ello, y la sonrisa de medio lado que se dibujaba en los labios de la mujer a medida que los segundos pasaban, solo venía a confirmarlo.

- ¿No me soltarás siquiera para hacer esto más justo?- Preguntó de pronto, interrumpiendo el silencio. Sabía que Bella se alimentaba del silencio. Miedo y silencio.- ¡Vamos tía! ¿Desde cuándo me tienes miedo?

- ¿Miedo?- rió.- No es miedo, querido… es solo precaución.- Caminó hacia él, con su marcha tambaleante, moviendo su cabeza serpentinamente mientras lo contemplaba, de rodillas en el suelo, donde su último hechizo lo había dejado.

"La Magia de este lugar siempre te protegerá, Draco", resonaba en su cabeza la voz de su madre, "Siglos de encantamientos fueron puestos aquí solo para preservar el nombre de los Malfoy… Si es necesario, esa Magia despertará para impedir que se extinga su linaje…". ¡Cómo esperaba que su madre hubiese tenido razón! Movido por esa convicción, había aceptado mostrar una valentía que no creía tener, a sabiendas de que estando en ese lugar, su muerte era poco probable. Muchas veces había pensado que quizá fuera esa la razón por la que Lucius se había enfrentado al Señor Oscuro, a sabiendas de que, con él muerto, la magia iría en protección de su hijo. Pero ahora que Bellatrix le revelaba que no era la muerte lo que tenían preparado para él, al menos por el momento, la sola magia de la Mansión no era suficiente para templar sus miedos.

Aún así, debía sobreponerse. Lo sabía. Nunca tendrían una oportunidad como esta otra vez. Draco no se consideraba a si mismo una persona valiente, ni tenía tampoco intenciones de que los demás pensaran eso de él. En otro tiempo habría sido feliz siendo un cobarde, ocultándose hasta el final de los tiempos si con ello podía vivir. Pero era difícil inclinarse a esa opción, cuando sabía que Hermione Granger insistiría una y otra vez en exponerse al peligro, y él, como bien sabía, no tendría más remedio que ir tras ella una y otra vez. Era por ella, que se atrevía a hacerse el valiente. Era por ella, por lo que fuera que la unía a ella, que debía ganar tiempo con Bellatrix y aguantar lo que fuera que tuviera que aguantar, para que todo terminara. Para que el miedo terminara… El miedo a perderse, o a perderla.

- Nunca lograré entender qué fue lo que te estropeó.- el asqueroso aliento de Bella le impactó en la cara, tan cerca que lo inundó con su olor, trasladándolo a otros tiempos… A tiempos que él venía evitando recordar hacia mucho. Tiempos de muerte y dolor… Y muggles… la sangre de tantos muggles mientras ella le exigía que los matara… El estómago se revolvía ante los recuerdos, y la cabeza comenzó a doler otra vez, como le ocurría siempre que emprendía el viaje hacia aquellos horrendos recuerdos.- ¿Fueron los mimos de Cissa?- tomó su rostro entre los dedos obligándolo a mirarla- No… fue tu padre… Puedo ver su misma cobardía en tus ojos… Pero lo que pudo haber de bueno en él, no lo heredaste, ¿verdad? Eres una ridícula combinación, Draco Malfoy: La cobardía y los ojos de Lucius, combinada con la belleza de los Black. Pero nada más. Ni un poco de valor en tus venas.- se puso de pie, soltando el rostro de Draco con brusquedad.- Y sin embargo, aún no pierdo mis esperanzas contigo…- sonrió- Llámame una sentimental, pero sé que lo que corre por mis venas también corre por las tuyas. Sé que eres capaz de grandes cosas, Draco… lo has demostrado de cuando en cuando, y si no fuera por tu estúpida consciencia, podrías tomar el lugar que tu padre ocupó una vez, antes que el miedo se apoderara de su ridícula alma… Pude ver el mismo fuego que lo alimentaba a él la noche en que mataste a esos muggles…- Draco giró hacia ella su mirada, sin comprender, pero tan ensimismada estaba Bella en su discursó que no se percató de ello.- Y ese día, en casa de Snape… Había tanto odio en tu mirada, que por muy doloroso que fueran los efectos del hechizo con que me atacaste, el solo comprender que ese fuego también está en ti, me hizo delirar de felicidad… Porque está ahí, sobrinito… Y yo me encargaré de hacerlo surgir cueste lo que cueste…- la varita se alzó en dirección a Draco, con una maligna resolución evidente en su rostro- ¡EXCRUCCIATUS!

Draco no fue conciente de si el grito que le desgarró el alma fue audible o no, hasta que notó la satisfecha sonrisa en los labios de su tía, mientras él convulsionaba en el piso buscando una posición que doliera menos. Alguna cosa que lo liberara del agarre de aquel dolor prolongado e incesante que se apoderaba de sus sentidos y de cada fibra de su ser.

- ¿Te gusta?- susurró la bruja, inclinándose junto a él- Es una invención mía… una pequeña modificación al CRUCCIATUS clásico que intensifica su efecto. Llevo tiempo ensayándolo en muggles, pero no había tenido oportunidad de usarlo en un mago, y ya sabes cómo me gusta comparar efectos…- Draco no podía dejar de estremecerse, no podía dejar de sentir que el dolor no pararía nunca, que no cesaría jamás, y el sollozo que escapó por su garganta fue inevitable. ¡Cuánto odió a Bella por ser testigo voluntario de su quebranto!- Ya, ya… no llores, querido… No es nada que un chico como tú no pueda aguantar… Eres un Black después de todo…- sus fríos dedos corrieron los rubios mechones que el sudor había pegado en su frente, con una ternura casi creíble- ¿quieres que el dolor se vaya, verdad?- preguntó con fingido cariño- No te preocupes… una vez que te haga entrar en razón, ya no tendrás que sentir más dolor. Y lo apuntó con su varita otra vez.- EXCRU…

- ¡EXPELLIARMUS!- fue la voz de Blaise la que lanzó a la bruja contra el muro. La voz de Blaise, que no era Blaise.

- ¿Estás bien?- quitó las ataduras de la espalda de Draco, pero el rubio aún no era capaz de incorporarse por si mismo.

- Bella…- susurró Draco a la joven, a modo de advertencia. Debía hacerle entender que no se descuidara de Bellatrix, que no le diera la espalda, y Hermione, comprendiendo, se giró a enfrentar a la bruja a sabiendas de que debía ganar tiempo para conseguir que Draco estuviera en condiciones de enfrentar a alguien, pero no lo hizo sin antes deslizar entre los dedos del joven la Varita de Sauco.

- ¿Tú también, Blaise?- escupió casi, con ira, mientras se incorporaba de su ubicación, a unos metros de ellos- Definitivamente Slytherin ya no es lo que era, si todos sus hijos se convierten en traidores.

- "IMPEDIMEN…"- fue el futil intento de Hermione por detener a la bruja en su avance, pero un solo movimiento de la varita de Bellatrix envió la suya por los cielos.

- ¿Impedimenta?- preguntó desconcertada, analizando los negros ojos del joven frente a ella- ¡¿Impedimenta?! ¿Qué clase de mago eres como para usar una hechizo de…? A menos que…- y la comprensión se dibujó en su rostro. Supo que el falso Blaise no era Blaise realmente, y por lo rápido que sus ojos viajaron en dirección a la puerta que conducía al Señor Oscuro, supo también que todo había sido un engaño. Pero cuando puso un pie en dirección al Lord Tenebroso, dio tiempo a Hermione para recuperar su varita.

- "¡GLACIUS!"- gritó la joven, y la amplia puerta se tornó en un monumento de hielo. Bellatrix giró hacia ella sus ojos, irradiando una furia sin límites.

- ¿De modo que quieres jugar?- preguntó con su voz chillona en el tono en que se habla con un niño- Nuestro pequeño impostor quiere jugar a hacer hechizos… Pues yo puedo enseñarte unos cuantos, querido…

Hermione logró esquivar los dos primeros rayos verdes que intentaron impactar contra ella, pero para cuando logró pensar en un hechizo con qué responder y se giró a la mujer, vio con horror como esta había desintegrado la puerta de hielo, convirtiéndola en un sinfín de fragmentos filosos suspendidos en el aire, como una cortina de diamantes, tan bella como fatal. Y la sonrisa en los labios de la bruja dejó en claro sus intenciones.

En las milésimas de segundo que pasaron entre aquel instante, y el momento exacto en que las mortales estalactitas avanzaron hacia ella, Hermione intentó pensar en un hechizo de protección, cualquiera, pero al final solo atinó a un acto mucho más reflejo y propio de cualquier ser humano: uso los brazos para escudar su rostro… Y aún así, aunque las sintió surcar el aire y pasar junto a ella, generando el sonido de miles de cristales rompiéndose a la vez a sus espaldas, no sintió el impacto de ninguna de ellas. Y entonces comprendió que una sombra estaba frente a ella. Una sombra que había invocado el poderoso hechizo que ella no había sabido crear, y que los protegía ahora a ambos: Draco.

- ¡Oh!- exclamó Bellatrix, palmoteando histriónica- ¿Pero que no es el defensor de los inmundos?- rió.

- "FOCUS ERUCTO"- la inmensa bola de fuego que salió se la varita de Draco fue suficiente para obligar a Bella a retroceder lejos de su alcance- girándose luego hacia él con la rabia hirviendo en su interior.

- ¿Cómo te atreves a usar mis propios hechizos contra mí? ¿Cómo te atreves a…?- pero debió esquivar un nuevo ataque, una luz de un rojo intenso que falló por milímetros dando contra el muro de piedra y transformándolo en cenizas. Por un instante la bruja pareció desconcertada, pero se recuperó con rapidez- ¿Quieres jugar con fuego, pequeño Dragón? "FYENDFIRE".

La serpiente de fuego se elevó por los aires y luego descendió en busca de Draco, quien utilizó el contrahechizo para extinguirlo, casi riendo de la ingenuidad de su tía al utilizar una maldición que él conocía bien. Hasta que comprendió que el fuego maldito solo había sido un distractor para llegar al falso Blaise, en quien ya se advertían los primeros rasgos de Hermione Granger.

- ¿De modo que era la sangre sucia?- sonrió Bellatrix, presionando su varita contra el ahora blanco cuello de la joven.- ¿Qué diablos tienes con esta mugrosa, Draco?

- Suéltala, Bella… Tu pelea es conmigo…

- No… No es contigo. Nunca debió ser contigo. ¿Es que no lo ves?- algo de desesperación se advertía en su voz- Condenaste a tu madre a la muerte por culpa de esta mugrosa. ¿Por qué?

- Deja que se vaya, Bella…

- ¿Es que te estás corrompiendo a ti mismo con ella? ¡Vamos Draco! Tenía una mejor imagen de ti. ¿No te decías superior a los otros mortífagos por no joder con las sangresucias? ¿No me digas que sucumbiste a la tentación?

- Sólo déjala, Bella…- por más que Draco intentaba no dejar traslucir su preocupación, el miedo estaba ahí, latente, palpable. Bella casi era capaz de paladearlo.

- ¿Y ella? Dime, Mugrosa, ¿Te estás acostando con mi sobrino?- un grito de dolor escapó de los labios de Hermione cuando la varita se hundió con fuerza en su cuello, pero antes que Draco pudiera hacer nada, los ojos de Bella estaban sobre él otra vez.- ¿Sabes cuántas generaciones de Malfoys deben estar revolcándose en sus tumbas? ¡Pobre Lucius! En cierto modo fue mejor que muriera antes que ver esto… ¿Es que esta mugrosita no sabe acaso lo que hiciste, sobrino? ¿No se lo has dicho aún? ¿No sabe acaso que fuiste tú quien mató a sus asquerosos padres muggles?- Y fue el rostro de Draco, el perplejo rostro de su sobrino, el que dejó en claro a Bellatrix Lestrange que era él quien no lo sabía.

Y fue la mirada de Hermione, la mirada dolorida y derrotada de la joven, la que dejó en claro a él que lo que decía Bellatrix era cierto. No fue ni aún conciente de la fascinación de Bellatrix ante la idea de que él no recordara, ni tampoco del modo en que alzó la varita contra él, mencionando, con voz melosa, que había un pequeño detalle que estaba pasando por alto en su historia de amor.

Podría haber sido una maldición imperdonable y a Draco le habría dado igual, pero el hechizo que impactó contra él fue peor que eso, pues con el "MEMORIATUS" conjurado por Bella, todos los recuerdos que Harry Potter había removido de su cabeza volvieron en un solo instante para hacerle ver que nunca tuvo una sola posibilidad de salvarse. Nunca hubo siquiera un asomo de esperanza de hacerlo. No cuando, incluso antes de amarla, la había perdido para siempre.

-Fin del Capítulo 21-

En cuanto a la frase de "En Busca del Tiempo perdido" citada al inicio del capítulo… Ya sé que el personaje habla de su abuela… lo que no es muy sexy que digamos, pero, si evitamos ese pequeño detalle, ¿no es un fragmento perfecto para Draco en este momento? Descubrir, justo al instante de saber que la ha perdido para siempre (pues la conoce lo suficiente para adivinar que ella nunca podrá sobreponerse a esa verdad), cuán profundamente la amaba… "dilatándome el corazón hasta romperlo", como tan maravillosamente escribe Proust? ¡Adoro a Proust!