Ochako estaba histérica y alterada, sus manos agitadas y su psiquis perturbada.

Lo que comenzó como una noche común, haciendo sus actividades de siempre en el horario normal, ahora era un esmalte de uñas magenta estarcido grotescamente sobre el colchón que aún no terminaba de pagar y el chichón en su cabeza producto del golpe con la barra metálica desmontable que estaba sobre la cama.

–¿¡Hola!? –consiguió vociferar después de haberse caído de la cama con tanto drama– ¿¡Sigues ahí!?

El pecoso del otro lado de la línea se puso el doble de nervioso– ¿¡Tú estás bien!? ¡Escuché un gran golpe!

Pronto, las imágenes mentales de ecuaciones aparecieron representadas en la cabeza de Ochako para entender qué estaba mal con esa llamada, aparte ser hecha casi a la hora de la cena y que Izuku casi no solía llamarla por iniciativa propia.

Por el eco y el tono de "estoy tapando la bocina con la mano", debía estar en un baño.

Por la hora, que estaba en problemas.

Por la simple llamada, que ni Tenya o Shōto atendieron la llamada a la primera.

–Más importante, ¿dónde has estado? ¿cómo te fue en la universidad?

–Ah, es difícil de explicar... –se escucha un pequeño movimiento de tela y la voz del chico un poco más suave– Perdona, no tengo mucho tiempo y...

–¿Qué pasa?

–uhm... yo, creo... pasó algo y... no sé, no lo planeé, solo sucedió así y ya... eh...

–¿Sí?

–E-Estoy en la casa de... Kacchan.

En la escala de sentimientos de la castaña, ganaba por un poco más la emoción del chisme que todo lo demás. Que ya no siguiese jugando a cupido ayudó bastante a su equilibrio emocional, así que pudo sentir un poco de la malicia que tenía cuando esto no era tan serio justo como en los primeros meses, permitiéndose sonreír.

–¿Oh?

–¡E-Es porque lo traje a casa y él...! Él se quedó con mi licencia de conducir...

–¿y cuál es el problema?

–Se niega a dármela y ahm... ah...

–¡Voy a envejecer si no hablas!

–¡Es que no sé qué pasa! Quise irme cuando asumí que no la devolvería y me dijo que alguien con olor a puerco no era capaz de pensar claramente, ya sabes... en métodos para que me devolviera mis cosas...

–¿Ajá?

–¡Y... y luego! ¡Luego me tiró una toalla en la cara y me dijo que tomara una ducha!

Uraraka se mordió el labio para no reír.

–Dijo que como él era una persona decente metería mi ropa a lavar, p-pero que estoy en deuda por prestarme de su ropa ¡ahh! –sorbió sus mocos traicioneros– ¿qué debería hacer?

–Bueno... ustedes dos se han estado llevando –demasiado– bien últimamente, ¿no? Es probable que quiera agradecerte por llevarlo a casa...

–No, no... –negó con fervor– ¿t-tú crees? –la esperanza es lo último que se pierde.

–Uy, sí. Imagínalo: te hará la cena, comerán a la luz de las velas, tomarán vino en el balcón bajo la luna llena y al final de la noche... no sé, piénsalo.

–¡No, no, no! –hasta el móvil se sonrojó por conducción– Debo salir de aquí lo más rápido posible, ¡necesito consejos para recuperar mi licencia!

–Tal vez si le pides que te deje hacer un trabajo manual... –oficialmente pasaba demasiado tiempo con el pelirrojo.

–¿Eh? No creo que haya mucho que arreglar por aquí...

–Kirishima me dijo que cocina muy bien, ¿por qué no te quedas a cenar?

–¿Por... qué? ¿¡No es obvio!?

–No te quedes en el pasado, hay teóricos que afirman que una buena relación puede llevar a que tu paciente se sienta más cómodo contigo...

–¡De amistad!

–Pues sí, ¿o de qué hablas?

–¿¡De qué hablas tú!?

–¡Izuku, concéntrate! Le estás dando muchas vueltas, ¿cuántas veces no te has quedado en casa de alguien?

–P-Pero... –la chica lo interrumpió con un chistido.

–Escucha, los fideos instantáneos que dejé en la cocina ya deben de estar aguados y lo único que quiero hacer ahora mismo es ir y darte un golpe por sobre pensar tanto las cosas.

–Lo siento...

–¡No te disculpes hasta que puedas recitar todas las teorías del psicoanálisis al derecho y al revés! Ahora sal del baño y disfruta de una bella velada, ¿quieres?

–Uhg...

–¡No te escucho!

–Uh, trataré.

–Bien. –sonrió a la nada y casi temió haberse sobrepasado con la severidad, sabiendo que solo así le entraría la semilla de la duda a Izuku– Haznos un a favor a todos y ve el panorama completo, puede que encuentres algo interesante...

Con el pulgar en la boca, Izuku lo medito unos segundos– ¿Eh...?

–¡Ah! –interrumpió– ¡Ya dije demasiado! ¡Eres listo así que podrás resolverlo, confío en ti!

Ochako cortó dejándole todas las teorías conspiranoicas en la boca.

Tuvo que encontrarse solo y resignarse a su destino en aquel cuartito que no olía muy diferente a su propio baño, por la cantidad de productos de misma marca de superhéroes que, sorpresa, ambos usaban.

Seguía en toalla porque usar la ropa que el rubio le había dejado le daba una vergüenza infinita que tardaría unos segundos en procesar. Segundos que desperdició curioseando el mueble con repisas que estaba detrás del espejo como todo un buen acosador.

Más que sorprenderlo, le confirmó que Katsuki cuidaba de su apariencia más de lo que uno se esperaría, con todas esas cremas, mascarillas y productos coreanos que sepa el Papa para qué servían. Tuvo que hacer mala cara antes de cerrar la puertecilla al ver esa crema de afeitar de la misma línea de productos que usaba pero que nunca le vio sentido comprar porque no crecía ni un pelo en ese pecoso mentón.

–Me pregunto cómo hace para pagar todo esto... –se distraía en ese pensamiento para no aceptar que se estaba poniendo la ropa de Katsuki– Tiene mucho orgullo para aceptar el dinero de sus padres, uh, ¿sería muy grosero preguntarle? Ah... ¿Por qué tuve que vomitarle encima? –el único consuelo que tenía es que pudo quedarse con sus propia ropa interior– ¿Podré salir por la ventana y fingir que esto nunca pasó? ¿A qué se refería Uraraka con "el panorama"? Ah, tengo que llamar a mamá...

–¡Deku, pedazo de basura! ¿¡Al fin moriste o qué!?

A pesar de lo lejos que sonó el grito, el pecoso casi deja los dientes en el lavamanos de la caída por el susto y con suerte pudo gritar que salía en un minuto. Tenía el mismo vacío en el estómago que cuando en preparatoria salía de su casa y se imaginaba que al instante en el que entrara al instituto iba a escuchar algún comentario malintencionado en su contra.

La razón y la lógica le decían que estaba equivocado, y claramente lo estaba, pero no quitaba la similitud en la sensación.

Sostuvo el pomo de la puerta y lo giró lentamente conteniendo la respiración.

No explotó ninguna bomba.

El único impacto a primera olfateada era aquel aroma característico que desperdiga la cebolla frita y revuelve las tripas.

Izuku casi se olvidaba que devolvió hasta la primera papilla de bebé horas antes y se sostuvo del estómago, pues era un olor que ni las preocupaciones podrían hacerle perder el apetito.

Siguió el rastro pensando que ya dejaría la inspección obsesiva del cuarto de Katsuki para otra ocasión.

–Te juro que si sube la cuenta del agua te sacaré el dinero a patadas. –saludó sin darse la vuelta cuando sintió la presencia del terapeuta entrar a la cocina– ¿Te depilabas las piernas o qué?

–Ah... –Izuku ladeó la cabeza sin entender– ¿No?

Katsuki volteó un segundo para verlo con su mejor cara de odio, notando que los centímetros que le sacaba al pecoso se notaban un poco en cómo le tallaba la ropa y sonrió, queriendo burlarse de ello sin saber cómo sin sonar como un maldito meloso.

Ya que completó su primera parte del plan haciendo que Izuku tomara un baño, contemplaba que su plan original de emborracharlo hasta que se le olvidara el nombre y se fuera a casa en un taxi no explicaba por si solo la forma para llegar a ello. Y como la fuerza bruta dejó de ser una opción desde la era medieval, debía ingeniárselas para lograr un falso deseo de querer emborracharse, por más tonto que sonara.

–Quería agradecerte por dejarme dar una ducha, –llevó una mano detrás de su nuca, distrayendo a Katsuki de sus pensamientos– y yo... uh...

–Pásame la pinza que está en la barra. –lo ignoró sin despegar la vista del satén y extendió la mano para que le pasara el objeto. Repasando las opciones en su mente.

Izuku no pudo evitar que su estómago sonara igualito a la explosión de una bomba atómica apenas se acercó a menos de un metro de la sartén.

–¿Q-Qué estás cocinando?

–Katsudon.

El destino era muy injusto. Izuku casi se echa a llorar.

–Deja de verme como idiota y ponte a ayudar, –Katsuki le dio un golpecito en la nariz por distraído– esos huevos no se batirán solos.

Antes de poder protestar, ya se encontraba con los palillos y el tazón en la mano. Lo ayudaría a cocinar y después se iría, sí.

–¿De verdad tardé tanto en el baño? Parece que ya casi acabas...

–Hmph. A eso se le llama ser eficiente, Deku. –y que Mitsuki haya preparado todo antes de irse.

–Por eso no creo que necesites ayuda.

–No necesito tu ayuda.

–Entonces , ¿puedes darme mi licen...?

No pudo terminar la oración debido al trozo de cebolleta que Katsuki le estrello en la boca abierta.

–El que no trabaja no come. –contestó cortante – ¿Ya terminaste de batir o ni para eso sirves?

Tuvieron que pasar unos minutos para que Izuku recuperara la capacidad de respirar, batiendo sin hablar más, dejando claro su desacuerdo en las mejillas infladas y expresión extraña que no podía llamarse de enojo del todo. Espero a que Katsuki incorporase la salsa a la sartén antes de taparla para volver a hablar.

–Es importante que vuelva a casa, –trataba de alegar siguiéndolo como un perrito– tengo una situación y bueno, er... lo primordial es que me devuelvas... ah, es que dejé un casete grabando el programa que estaba viendo antes de irme...

Katsuki entre tanta verborrea, se frustró y dejo de buscar la espátula entre los cajones de la cocina. Aprovechó que la sartén no necesitaba atención para sacar fondo del refrigerador un six-pack de latas de cerveza que Denki pensó que dejó bien escondida debajo del apio y las zanahorias antes de desaparecer. Las dejó sobre el mármol de la isla de la cocina, quitó a fuerza el plástico que las envolvía, sacó una y la abrió jalando el anillo. Todo esto mientras Izuku no dejaba de hablar de gemelos malvados, de lo mucho que lloraba su madre con las novelas y lo que gastaba en comprar pañuelos.

Al quinto trago que le dejó un bigote de espuma, seguía viéndole directamente cual psicópata a su víctima sin decidir cómo haría para que se olvidara en los próximos días acerca del paradero de su licencia de conducir y al parecer también de su chatarra de auto. Emborracharlo solo serviría para esa noche y matarlo de verdad era un poco más complicado de lo que le gustaría admitir.

Izuku ahora hablaba de la producción mundial de pañuelos y la contaminación.

Tal vez si lo noqueaba y lo debajo tirado en su casa, luego podría convencerlo de que ese día nunca sucedió. Para hacerlo convincente lo golpearía un par de veces, con fines prácticos, así reforzando la versión de un robo apenas unos metros antes de llegar a la puerta.

Sonaba coherente.

–Kacchan, ¿estás escuchando?

Los rizos saltaron con el movimiento ladeado de cabeza y la mirada esmeralda lo atravesó como una espada.

–Bebe. –le entendió de su propia lata casi por instinto, sin pensar que había cinco más sobre la mesa.

–A-Ah –con rapidez levantó sus manos y negó con ellas en pánico– No puedo beber si conduzco. Además, es la bebida de Kacchan...

–¿Dónde están tus modales, basura?

–¿Ehh? ¡Pero estoy en mi derecho de negarme!

Katsuki pudo escuchar a lo lejos en su cabeza la voz de un pintoresco pelirrojo sugiriéndole lo que estaba a punto de hacer.

–Bebe. –ordenó como última advertencia.

–Estoy bien...

Ya que estaban moderadamente cerca, solo hizo falta que Katsuki estirara el brazo para poder tomar al pecoso por el cuello y jalar de su mentón hacia abajo con el pulgar al instante que se acercaba de súbito dándole un corto sorbo a la cerveza y reteniéndola un momento antes de estrellar sus bocas con cierta fuerza de adhesión para que el líquido pasase de una cavidad a otra.

Izuku sin poder hacer ni querer hacer nada, experimentó una sensación de ahogo con el líquido helado que llenó las paredes de su boca y que más que amargo, sabía a pan blanco que dejaron mucho tiempo a la intemperie y al mismo tiempo a frescura, la cual burbujeaba acariciándole el paladar antes de bajar por su garganta. Sintió su manzana de adán bajar al tragar y tenía los ojos abiertos como dos pepitas.

Un sonido ahogado abandonó los labios de la víctima pecosa sin respuesta, forzándose a sí mismo a calmarse. Se aferró a los costados del rubio para tratar de hacer algo, cualquier cosa, siendo contestado por un movimiento de cadera que lo haría retroceder hasta apoyarse en el filo de la isla de mármol a mitad de la cocina.

Los remanentes de cerveza en los labios de Katsuki seguían ahí, pero entre más los probaba, había ahí un deje de sabor a pasas que debía ser algún tipo de saborizante y era casi imperceptible, siendo en un veinte por ciento era la razón por la que al rubio le gustaba esa marca, debía tener un lado dulce en alguna parte.

Al separase, Izuku tuvo que aspirar como loco sintiéndose morir. Por su mentón corrió un hilo dorado que con una mano quitó con culpa.

–No tienes más opciones, Deku. –trató de sonar demandante mirándole directo a los ojos, pero su voz salió ronca y no muy fuerte, de tinte cómplice.

Si el corazón de pollo de Izuku no había dado ya un viaje de ida y vuelta a la luna, este fue el momento. Dejó su mano posada sobre sus labios evitando hablar y tratando de esconder la calidez en sus mejillas; mas no inhabilitó la conexión de sus miradas hasta que el silbido de la olla a presión los distrajo. No hacía frío, pero no fue hasta que separaron sus cuerpos que pudieron sentir el cambio en el ambiente y lo cerca que estaban en ese momento.

–S-Supongo que no... –siguió con la mirada la espalda de Katsuki dirigirse frente a las cacerolas que ya sacaban humo y sacar la tapadera para probar la comida con un cucharón. Se relamió los labios inconscientemente sin estar seguro si prefería perder su licencia de conducir o su licencia laboral– Ya no importa. Tomaré el tren a casa.

–Como quieras. –comenzó servir, sin siquiera voltearlo a ver.

Izuku casi sale de la cocina, casi.

–Ahg, ¡¿Por qué eres así!? –y ya estaba volteando de nuevo, jalándose los rizos de imaginar lo que tendría que gastar en una grúa y en papeleo, decidiendo que no iba a cumplir ningún capricho hoy– ¡Si estoy pidiendo que me devuelvas algo que es mío, lo menos que podría esperar es que retribuyeras el sentimiento que me hizo confiarte algo en primer lugar! –en menos de cinco zancadas, estaba de vuelta frente a Katsuki, quien le vio con la nariz arrugada.

–Nadie te mandó a darme nada.

–¡Lo hice porque confíe en ti!

–Tu error.

–¡Kacchan!

–Joder, qué molesto... –hizo como si se limpiara la cera de los oídos con el meñique, desviando la mirada– Metí la ropa que traía a lavar y ahí iba tu puta licencia.

–¿Eh? ¿¡y por qué no lo dijiste antes!?

Envés de contestar, dio media vuelta y partió con los palillos un trocito de la chuleta de cerdo aún en la sartén y la levantó, sabiendo que estaba caliente, hacia los labios del pecoso– Deja de lloriquear, mierda. ¿No deberías ser más listo que yo? Ustedes los viejos son tan desesperanzadores.

Izuku detuvo le detuvo de la muñeca para evitar que por si azares del destino decidía sacarle un ojo, soplando la comida antes de metérsela a la boca y susurró algo que sonaba a: ¿no por eso deberías tratarme mejor?

–¿Dijiste algo, bastardo?

–¡Esto está muy bueno! –las estrellitas en su mirada lo confirmaban– ¡Comamos!

Justo cuando nadie apostaba porque se sentarían a cenar antes que la comida se enfriara, los dos tórtolos sorprenden al mundo teniendo una comida más o menos normal, sentados uno a la par de otro sin matarse.

–Solo así te callas, eh. –Katsuki tenía apoyado su codo sobre la mesa, jugando con los palillos como un niño sin mucha hambre, distrayéndose en un gran porcentaje por ver al pecoso comer con una expresión que cualquiera diría que no había probado bocado en días.

El contrario comía real y verdaderamente con una gran concentración, disfrutando cada grano de arroz y cada pizca de sal– No puedo evitarlo, Kacchan, ¡esto está muy muy bueno!

–Mejor que el intento de curry de la última vez.

–Oh... –volteó a ver a la nada pensando– No, no. No puedo compararlos, ese día no disfruté la comida porque tenía los labios partidos.

–¿Y de quién fue la culpa? –preguntó retórico bebiendo de su lata.

–Er... –de tus inseguridades, quiso contestar de vuelta. Sabiamente se contuvo– ¿Crees que he mejorado desde entonces como dije que haría?

–No.

–¡Ni lo pensaste! –rio– Ah, sí me preguntas a mi te diré que lo que ha cambiado es... veamos... –rascó su mejilla pensando– ¡Ya sé! Ahora sé que a Kacchan y yo tenemos gustos similares.

–Asqueroso. Ni en broma.

–¡Lo digo de verdad! Nos gusta la misma franquicia series y comics, el mismo tono de verde y naranja junto, ¿qué más? Uhm... –bebió de su propia lata, de esa cerveza que dijo que no bebería, para dejar un momento y pensar en lo que diría– Ambos somos un poco tercos también.

–Habla por ti, soy una persona sensata y razonable. –levantó su nariz.

–¿Me das mi licen-

–No te pases de listo.

–Fue hace un poco más de un mes ya, –saboreó el último bocado de comida, saboreando también el tiempo metafóricamente– como estamos en junio, falta... si no me equivoco... un mes y medio más o menos para que termines la terapia.

–Enhorabuena, a esa estupidez solo la llamaría perdida de tiempo.

–¿No te llevas contigo nada de todo este tiempo?

–Dolores de cabeza. Esa gentuza debería estar encerrada en un psiquiátrico, qué mierda. No veo nada de bueno en trabajar ahí.

–No llames gentuza a las personas, Kacchan. Para mí, ustedes son más que ira. "Ira" por decirlo de alguna forma, porque no sufren las mismas circunstancias... –terminó con su primera lata y alcanzó otra sin pensarlo– son esencias, son colores, son formas de ver el mundo...

–Era un comentario, joder. Tu seriedad es indeseable.

–¿Por qué?

Katsuki recogió los platos y se levantó para dejarlos en el lavabo, asumiendo que ya Denki los lavaría cuando volviese. Sacó de la nevera una bolsa con hielo y la vació en una pequeña cubeta donde puso las tres bebidas que faltaban bajo la curiosa mirada de Izuku. Hizo una seña con el mentón para que le siguiera y ahí fueron los dos, el pecoso esperando aún por una respuesta.

Cruzaron la sala de estar, hasta el ventanal que daba acceso al balcón donde aparte de las sábanas colgadas de un lado, había dos sillas hechas de mimbre y una diminuta mesita de madera. La última vez que fueron usadas en una fiesta ni se molestaron en quitarlas, quedándose ahí por siempre.

No eran más de las nueve, pero ya olía a rocío y el aire se sentía un poco helado para estar a comienzos del verano.

–¡Ah, tu balcón es más grande que el mío! –a Izuku le hizo falta tiempo para acercarse al borde. Solo que midió mal sus pasos y se estrelló con la pared, derramando un poco de su bebida al vacío.

–¡Deku, hijo de puta! –por suerte Katsuki lo atrapó del cuello de la camiseta al vuelo, hasta el sabor agrio de la boca se le fue del susto– ¿¡Qué mierda tienes en la cabeza!?

–¿Eh? Pero no pasa nada... –levantó sus manos sonriendo.

–Nada tu culo. –dio un manotazo a la mano que tenía la lata, mandándola a volar.

–¡Ah! –no pudo hacer nada más que extender su mano ya muy tarde para hacer algo, viendo el objeto caer. Ojalá no golpeara a nadie en su camino al suelo– ¿Por qué hiciste eso, Kacchan?

En el plan de Katsuki, los hoyos se dejaban ver. No contó el factor suicida de Izuku multiplicado por cien. ¿Tan difícil hubiera sido pedirle que se quedara a cenar? De esa forma se hubiera ahorrado cuidarlo por la culpa de la idiota idea de emborracharlo.

–Ya bebiste demasiado. –lo soltó y por fin pudo dejar el balde sobre la mesita, sentándose a desobedecerse a sí mismo en seguir bebiendo la única lata que llevaba desde la cena, no vaya a ser que engordara.

–Tacaño. –apoyó los codos sobre el borde, mirando hacia el infinito cielo nocturno de un profundo negro sin luna cubierto de smog– Pensé que por lo menos a esta altura podrían verse las estrellas.

–Estamos cerca del corazón de la ciudad, idiota.

–No es solo eso, también deberían de comenzar a verse las nubes de lluvia pronto. Espero que para el Festival de las Estrellas haga buen tiempo.

–Faltan dos meses para eso.

–¿Vas a esos eventos, Kacchan? –Volteó, apoyándose de igual forma con los codos hacia atrás, viendo la cara del rubio apenas visible entre la oscuridad y la tenue luz de la sala a sus espaldas.

–Son una molestia. Hay mucha gente y demasiados imbéciles alquilando telescopios que ni saben usar.

–Quiere decir que ya has ido.

–Hm. Cuando era un mocoso, mis viejos me arrastraban contra mi voluntad.

–¿Así descubriste que te gustaban las estrellas?

–¿Descubriste que te gustaba preguntar tonterías un día?

–No es mi culpa que me parezca increíble que quieras ser parte de la agencia aeroespacial, ¡no es cosa de todos los días!

–Producto de juntarte con gentuza.

–Quiero saber... –un gran bostezo cortó su frase, la cerveza había comenzado uno de los efectos que menos le gustaba: sueño. Tal vez Katsuki lo maldijo de verdad diciéndole viejo– más de Kacchan.

–Coño, a este paso sabrás hasta la estructura de mi ADN.

–No me importaría, Kacchan es una persona interesante después de todo... –cerró sus párpados "para descansar" – Podría encontrar alguna mutación genética especial o algo.

–Oye, oye. –chasqueó los dedos– No te atrevas a dormirte.

–¿Por qué quieres trabajar para la JAXA, Kacchan? ¿No hay metas más pequeñas para ti? –cuestionó a media voz, dejando caer su cabeza hacia atrás sin abrir los ojos. Imaginaba todo el movimiento en la calle que debían verse como diminutas hormigas desde esa distancia.

Cuando le dolieron las piernas, llegó tambaleándose hasta la silla vacía y se sentó de lado, quedando en cierta forma de frente al perfil de Katsuki. Subió las rodillas hasta su pecho y apoyó la cabeza en donde fuese posible. Haber cerrado los párpados momentos antes solo hizo que le pesasen más– Uh... –cambió de idea y se quedó un poco más admirando el silencio.

–En último año de preparatoria decidieron cambiar a último minuto el viaje escolar a Honshū. Hacía un puto calor de mierda y el cerebro de pollo de Kirishima no se calló en todo el maldito camino. Joder, ese día por la noche el inútil del maestro se dio cuenta que estaba escondiendo la fiebre de verano que traía y me hizo quedar las dos noches restantes en el hotel.

–¿Eh? –Izuku se esperaba una historia más profunda e inspiradora– ¿y eso fue todo?

–No mereces saber lo demás, estás borracho.

–¡Claro que lo estoy! Kacchan me hizo beber como se hace con los pájaros recién nacidos. –frunció el ceño y volvió de vuelta su vista hasta engancharla con la mirada rubí– ¿Estás vengándote?

–El último día antes de salir me colé con otro grupo de niños que también se estaban quedando en nuestro hotel. –continuó sin hacerle caso– Mi plan era salirme de la fila antes que se subieran al bus, pero un guía turístico me vio y para que no llamaran al profesor del grupo tuve que subir. –rodó los ojos ante el recuerdo– A mitad del viaje noté que no se dirigían al monte Fuji, donde iba a ir mi grupo ese día, estábamos en camino a la central nuclear.

–Ya veo, ¿no tuviste miedo? –cien por ciento seguro que él se hubiera orinado en los pantalones.

–El miedo es para los idiotas. –significa que sí– Nos dieron un recorrido, unas charlas y todas esas tonterías. Casi al final nos llevaron a un simulador donde podíamos apretar botones para ver una simulación que mostraba cómo podría explotar Japón si todas las centrales nucleares se desestabilizaban al mismo tiempo.

Izuku no emitió ningún sonido.

–No tenía planeado unirme a cualquier rama de la JAXA hasta que el maldito de Best Jeanist me propuso unirme a uno de sus proyectos y mierda, pensé que, joder... Eso no era algo que no muchos están calificados para hacer, algo tan malditamente complicado y difícil, que con un error se van al carajo millones de dólares y... ¿qué coño? –frunció el ceño dándose cuenta que comenzó a divagar– ¿Por qué tengo que estarte contando esto, Deku, bastardo?

Izuku dormía con una sonrisa que causaba el efecto contrario a transmitir felicidad y buenos deseos, no, aquella sonrisa de labios curvados hacia arriba tocando por poco las esquinas de la nariz provocaba en el espectador y cualquiera que pudiera sentir la vibra que arrastraba el gesto, las más insoportables e incontrolables ganas de destrozar con una limpia cachetada los dientes de aquel que se atrevía a descansar tan plácido cual princesa en cuento de hadas.

No importaba qué tan buena fuese la genética heredada de Mitsuki, los cirujanos harían una fortuna inyectándole Botox a Katsuki en esa permanente arruga en el entrecejo.

Y los vecinos llamarían a la policía por un intento de asesinato esa noche. Esos "¡Ah! ¡Ah, Kacchan! ¡Eso duele!" eran sospechosos sin importar a la hora en la que se escucharan.

Aparte, el único que más o menos sabría lo que estaba pasando, se encontraba afuera del apartamento. Denki esperó unas dos horas sentado con la espalda apoyada en la puerta dibujando círculos con el dedo en el suelo y jugando con las hormigas dos horas antes de irse.

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Nota:

• Con el primer capítulo de la tercera temporada, un crossover con Free! ya no está tan lejos del radar~ y lo vieron primero aquí, en Anger Management(?)

• Por si se preguntaban qué hacía Mitsuki en la casa de Kacchan, fue por una tienda de acampar (de dos personas – no le pregunten cómo entrarán Masaru, Inko y ella ahí)