"Arreglo Peligroso"

Disclaimer: La Saga Harry Potter y sus personajes no me pertenecen, son propiedad intelectual de la autora J.K. Rowling.

Pareja: Harry Potter/Hermione Granger

Summary: Hola mis queridos lectores! Después de unos cuantos meses de larga ausencia por fin me tienen con un nuevo capítulo, y déjenme decirles que de no ser por la gran cantidad de reviews, terminar este capítulo hubiera sido más difícil y la señorita inspiración no habría regresado pronto. Pido una disculpa por hacerlos esperar, pero les traigo un largo capítulo lleno de descubrimientos que espero compense la larga espera. Como recordarán, esta historia está ya más cerca de su final y nos quedan solo tres capítulos (¿Y algún epílogo, quizás?).

Gracias de nuevo a todos por sus reviews y por la aceptación de esta historia que ha sido sin duda mi favorita de escribir y compartir. Sin más que decir los dejo disfrutar el capítulo y nos vemos en el siguiente!

Enjoy!

Capítulo 21°: Jugando a Confesarnos

~Hermione's POV~

Hacía frío. El invierno comenzaba a hacerse presente, y en esa galera alejada todo parecía más frío.

Al parecer había dormitado, porque poco a poco fui recobrando algo de cordura y al sentir el dolor en mis muñecas, tobillos, cabeza y en general todo mi cuerpo recordé en donde estaba y alcé mi cabeza rápidamente.

Solo para darme cuenta que seguía donde mismo. A unos metros de mí y con un celular en su oído, Draco Malfoy caminaba en círculos mientras hablaba.

No pasaron más de dos segundos cuando oí mencionar su nombre y mi corazón se detuvo.

Estaba hablando con él.

Con Harry.

-Tengo a tu mujercita, Potter. Ahora escucha con atención lo que tienes que hacer si no quieres que ella lo pague-

Tuve ganas de gritar. De decirle que no lo escuchara, de decirle que estaba bien, de decirle que no se preocupara y pensara con la cabeza fría. Lo conocía. Seguro estaba muriéndose de la rabia y la desesperación.

-¿Crees que soy imbécil?- soltó una risa irónica- Claro que no pienso soltarla, no hasta tener lo que quiero-

Me miró de reojo para darse cuenta que lo miraba y sonrió de medio lado.

-Así que te recomiendo que no seas estúpido y sigas mis instrucciones al pie de la letra- sonrió más- Ahora soy yo quien pone las reglas Potter, que te quede claro-

Hubo un momento de silencio en el que estuve segura que Harry despotricaba al otro lado del teléfono, y cerré mis ojos para tomar aire.

-Espera mi llamada-

Con esa frase dicha con una sonrisa irónica, colgó la llamada y se giró para mirarme.

Mi estómago se hizo un puño y me encogí en el piso, mirando en todas direcciones para no tener que mirarlo a la cara.

-Vaya vaya, si es nada más y nada menos que la Señora Potter-

Se acercó lentamente y se puso de cuclillas para mirarme, su rostro a escasos centímetros del mío.

-Tan exquisita como siempre-

Sus ojos tan grises como piedra me miraron sin asomo de bondad alguna, su sonrisa burlona aún en el rostro. Y el miedo me atacó de nuevo al darme cuenta que daba igual si estaba con los brutos que me habían secuestrado o con él.

Y como si fuera posible, tuve más miedo que antes.


~Harry's POV~

-Maldita sea!-

Solté el grito mientras miraba el teléfono en la mesita a mí lado, e impotente, caminé por la sala de mi departamento mientras todos los presentes me veían compungidos.

No había pasado más de media hora de la llamada de Malfoy, y todo había pasado demasiado rápido. Con tres simples llamadas había movilizado a todos mis recursos para comenzar con la búsqueda de Hermione cuanto antes, y ahora en mi departamento, la espera de apenas quince minutos me parecía agónica.

-Cariño, por favor, tranquilízate-

Escuché decir a mi madre, quien cerca de mí intentaba tocarme para tranquilizarme. No sabía cómo pero toda mi familia se había enterado de lo sucedido, y a pesar de sus incesantes intentos por calmarme era algo que estaba fuera de mis posibilidades.

No cuando Hermione estaba secuestrada. No cuando mi esposa estaba en manos de un enfermo.

-Royce!- grité su nombre- ¿Cómo rayos vas con la localización? ¿Algún cambio?-

Parado a un lado de la mesa del comedor a unos pasos de mí y con las ocho personas de su equipo sumidos en un montón de aparatos electrónicos que no conocía, Royce levantó la vista y negó con la cabeza.

-Lo lamento Harry, pero ha sido astuto- de pie, miró la pantalla frente a él- El celular que utilizó para llamarte es desechable e ilocalizable con llamadas tan cortas-

-Maldición- gruñí entre dientes- Rayos!-

-Necesitamos una llamada más larga, por lo menos para hacer una vaga localización- tomó el radio localizador de la mesa- De todas formas mi equipo está investigando por los lugares frecuentes de Hermione y…-

-No me importa lo que hagas, Royce- me detuve y llevé las manos a mi cadera, cansado- Solo encuéntrala-

Fue lo último que le dije antes de girarme de nuevo y mirar la ciudad de Londres a través de la ventana que iba desde el piso hasta el techo. Detrás de mí, George, Ron, Luna, mis padres, Parvati, Seamus, Neville y el señor Granger se encontraban desperdigados por la habitación: George no paraba de hacer llamadas y hablar con Royce, y mientras Luna era consolada por Ron, mi familia y el señor Granger permanecían preocupados pero serenos en su lugar.

Mientras en algún lugar de mala muerte que no conocía, Hermione estaba secuestrada por nadie más que Draco Malfoy.

Mi esposa en manos de ese imbécil, en medio de una estúpida venganza en la que no tenía nada que ver. En un ajuste de cuentas en la que ella solo era una víctima, todo por el maldito conflicto entre Malfoy y yo que por fin había encontrado su punto de quiebre.

Draco había encontrado mi único punto débil, y lo utilizaría para destruirme. Maldición, si algo le pasaba a Hermione no podría perdonarme.

Y estaba seguro que lo mataría a él con mis propias manos.

~o~

Dos horas más tarde, la situación no era mucho más alentadora.

Como si fuera un sospechoso de su secuestro un montón de ineptos policías me hacían mil preguntas sobre Hermione, Malfoy y mi relación con él. Y sobre todo mi relación con ella.

Aunado el tema de la herencia y que el padre de Hermione acababa de salir de la cárcel no habían hecho más que complicar todo el interrogatorio. Pero sobre todo, que supieran que Hermione y yo estábamos en trámites de divorcio lo hacía todo peor. Estaba seguro que no podría quedarme callado mucho tiempo, y sentado a mí lado y en posición ecuánime, George intentaba calmarme y evitar que dijera una estupidez.

Estaba demasiado enojado. En realidad pensaba poco, así que lo mejor era que él estuviera ahí.

-Entonces, déjeme entender algo, señor Potter-

Miré al oficial con rabia y con mis codos en mis rodillas comencé a golpear el piso con mi pie rápidamente, bastante desesperado.

-Estuvo casado tres meses con la…señorita Granger y…-

-Señora-

Espeté. Hermione seguía siendo mi esposa, pesara a quien le pesara.

-Con la señora Granger- corrigió- Cobró su herencia…- dejó de lado el comentario incómodo acerca de la naturaleza de mi matrimonio y como había obtenido la herencia- Y ahora su primo ha secuestrado a su esposa-

Gracias por decir lo obvio, idiota.

-Sí-

-¿Le ha pedido algo?-

-No-

-¿Cuántas veces ha llamado?-

-Una-

Comenzaba a desesperarme en serio, y mirando mi reloj por enésima vez enlacé mis dedos hasta formar un puño y solté una larga bocanada de aire.

-Entonces lo volverá a llamar- escribió algo en sus notas- ¿Tiene idea de por qué querría hacerle daño a su esposa?-

Miré a George con la paciencia agotada, esperando me explicara el porqué de las estúpidas preguntas del oficial. A mí lado, George permaneció sereno y mirándome para que me calmara asintió ligeramente y me instó a contestarle.

-Porque el imbécil quiere hacerme daño a mí, por eso- alcé la mirada hacia él- ¿Que no es obvio? Aunque lo obvio fue pensar que podía ser yo, y perdimos tiempo valioso en eso-

George golpeó mi pie ligeramente y lo ignoré mientras miraba al oficial frente a mí.

-Tiene que entender que la situación es bastante complicada, Señor Potter- solté un bufido irónico -Usted está a punto de divorciarse de su esposa, es fácil creer que…-

Tuve suficiente de sus estupideces, y perdiendo el control me levanté del sofá y me paré frente a la chimenea de mi enorme sala.

-¿Creer qué? ¿Qué yo le haría daño?- abrí mis brazos, frustrado -Eso es una estupidez!-

-En la mayoría de los casos, con un divorcio de por medio es normal que el esposo se convierta en el principal sospechoso-

-Eso es imposible! Jamás la dañaría, si yo la…-

Me detuve antes de terminar, consciente de que estaba gritando y tenía todas las miradas sobre mí. Tomé otra bocanada de aire y miré al oficial que seguía sentado.

-Le dije todo lo que sé. Draco Malfoy secuestró a mi esposa y estoy seguro que quiere algo más que dinero- miré por la ventana, intentando calmarme- Quiere satisfacción. Quiere verme perder la razón-

Y lo estaba logrando. Si no sabía algo de Hermione pronto estaba seguro que me volvería loco.

-De acuerdo, Señor-

Se levantó junto con los dos otros oficiales, y mirando a los seis agentes de FBI que tenía apostados en mi comedor pareció caer en cuenta que en serio no ocupaba su ayuda. Se despidió de George y de mí para salir por el elevador de mi departamento.

Cinco minutos después, la situación seguía siendo un verdadero caos.

Con Royce y su equipo trabajando sobre el caso y buscando cualquier rastro de Hermione o Malfoy, yo solo podía sentirme cada vez más y más impotente al imaginar a Hermione en manos de ese imbécil. Como una película, mi relación con el desfilaba por mi mente mientras recordaba lo mucho que me odiaba, así como las incontables ocasiones en que siempre buscaba tener lo que yo tenía.

Por supuesto que la herencia perdida y el matrimonio falso entre Hermione y yo había sido la gota que había derramado el vaso para él.

Y ahora podía perder a Hermione por eso.

-¿Algún avance?-

La pregunta de George a mí lado me sacó de mi ensueño y meneé la cabeza para mirar a Royce. Su expresión fue desalentadora de nuevo.

-Aún no- negó frustrado- Tenemos cinco posibles lugares de búsqueda, y de acuerdo al registro telefónico de Malfoy ha estado hablando a un número desconocido al menos dos veces al día en las últimas dos semanas-

Alcé la vista para mirarlo.

-Y…- miró la pantalla de la computadora, después a Ron, George y luego a mí- Y a otra persona, una mujer-

-¿A quién?-

La pregunta nos salió a los tres al mismo tiempo, y Royce nos miró compungido. Antes de que dijera algo, se escuchó el timbre de la puerta que daba a mí vestíbulo y salí disparado para abrirla.

Jamás pensé encontrarme con la persona que tenía enfrente.

Con sus ojos marrones brillosos e hinchados, sin sus acostumbrados tacones y con su intenso cabello rojo cayendo por sus hombros, Ginny Weasley me miró desde la puerta. Yo la miré sorprendido.

-¿Qué haces aquí?-


~Hermione's POV~

Hacía demasiado frío.

Sola en la enorme bodega, desperté asustada al darme cuenta que me había quedado dormida y miré en todas direcciones. En serio estaba sola.

-Auch-

Me quejé mientras estiraba mi espalda, escuchando cada uno de los huesos de mi columna tronar adoloridos. Mis muñecas y tobillos me ardían como nunca, producto de las magulladuras que las cuerdas me habían causado.

Tenía demasiada hambre, y en ese momento me arrepentí como nunca de haber sido tan orgullosa para negar la comida que me habían llevado horas atrás.

-Maldición-

Me quejé sin aliento mientras sentía mi estómago gruñir. Temblé ligeramente, el frío se estaba volviendo algo insoportable por la falta de comida.

Como si alguien me hubiera escuchado, la puerta se abrió y esta vez era Jack, quien con una bandeja de comida en sus manos se acercó comenzó a caminar hasta donde estaba. Detrás de él, Draco lo siguió hasta sentarse en una silla y se cruzó de brazos.

-Déjala en el piso- hizo lo que le pedía, yo me encogí al ver que se acercaba a mí- No la desates, eso lo haré yo- sonrió de medio lado, regodeándose- Ahora lárgate-

Hizo lo que le pedía, y una vez que estuvimos solos levanté la vista y mantuve su fría mirada como si no me intimidara. Como si no estuviera aterrada y deseando salir de ahí cuanto antes.

-Supongo que tienes hambre-

Se puso de pie y caminó hasta donde estaba. Con esa clase que lo caracterizaba, se agachó hasta quedar a la altura de mi rostro y desató las cuerdas de mis muñecas y mis tobillos hasta que los tuve libres. Algo dormidas, abrí y cerré mis manos hasta que recuperé algo de fuerza y sobando mis muñecas marcadas y adoloridas lo miré alejarse de mí mientras sacaba dos celulares- uno de ellos era el mío- de su bolsillo y los dejaba a lado de mi bolsa.

Mi bolsa abierta. Se me hizo un nudo en el estómago, rogando porque no se le ocurriera husmear en ella.

Si lo hacía estaba pérdida.

Para mí alivio, se giró hacia mí y apoyándose en la precaria mesa, se cruzó de brazos y apuntó la comida con su barbilla.

-Come-

Para entonces podía más mi hambre que mi orgullo, y sin dejar de mirarlo tomé una manzana que se encontraba en la bandeja y le di un ligero mordisco. Frente a mí, Draco soltó un bufido burlón y contuve las ganas de golpearlo.

-Bien, ya que estás comiendo- caminó hasta la silla frente a mí y se sentó- Creo que es hora de una ronda de preguntas y respuestas-

¿Qué?

-¿Sabes? Siento que no nos conocemos mucho, cariño- sonrió de medio lado- Y es momento de que empecemos a romper el hielo-

Lo miré con la mirada más fría que pude encontrar, recibiendo a cambio una sonrisa irónica.

-Así que…dime- apoyó sus codos en sus rodillas y juntó sus dedos- ¿Cuánto te ofreció Harry para que aceptaras ser su esposa?-

Me retorcí ligeramente en mi lugar. Después de todo lo que había pasado: Harry recibiendo su herencia, mi padre saliendo de la cárcel y nuestro seguramente ahora cerrado divorcio, era un secreto a voces que el matrimonio entre Harry y yo había sido una farsa, y que había sido un simple trato en el que ambos habíamos salido beneficiados.

Pero sentía que hablar de eso abiertamente era traicionar el trato que alguna vez Harry y yo habíamos hecho. Volví a la realidad y miré a Malfoy sin inmutarme.

-No sé a qué te refieres-

Soltó una carcajada que me erizó la piel y meneó la cabeza como si estuviera decepcionado de mí.

-Vamos, cariño, puedes dejar de fingir- miró a su alrededor- Estás sola, alejada de todos a los que conoces y no sabes dónde estás. Estás y estarás sola conmigo por mucho tiempo, así que más vale que te hagas a la idea y empieces a cooperar-

Lo miré sin demostrar un ápice de miedo, y me encogí para cubrir mis piernas mientras comenzaba a mirar de reojo a mí alrededor. Tenía que haber una manera de escapar de ahí.

-Estuvieron casados solo tres meses, lo suficiente para cumplir con la cláusula del testamento, y se divorciaron-

Tomé una bocanada de aire. Estaba desatada y había comido algo, lo que esperaba me diera algo de fuerzas. Tal vez podría…

Deseché el pensamiento de mi cabeza. Tenía que ser más inteligente si quería salir de ahí, así que decidí seguirle el juego.

-Esas cosas pasan. No somos la primera ni la última pareja que se divorcia-

Sonrió irónico.

-Cierto. Pero verás, no creo que tu hubieras dejado ir a alguien como Potter- se recargó en la silla mientras golpeaba su mentón con el índice- Esos millones no se consiguen en cualquier lado, y mucho menos tu querida-

Lo miré sin inmutarme. Aunque quería golpearlo con todas mis fuerzas no iba a dejar que sus estúpidos insultos me ganaran. Él no iba a ganarme.

-Éramos diferentes- me encogí de hombros- Diferencias irreconciliables, es todo-

Volvió a reírse.

-Eso podría pensar cualquiera. Un ricachón y una pobretona, la historia de novela romántica que todos quisieran ver no se da en la vida real, y viene el inminente divorcio-

Meneó la cabeza y apoyó su barbilla en su mano mientras me miraba con atención de arriba abajo.

-Pero nada tenía sentido. Y por Dios, por el placer de follarte cuando quisiera sé que Potter no te habría dejado ir- se rio- En realidad ahora que lo pienso, jamás se habría casado contigo. Solo te habría puesto algún buen departamento y una cuota mensual para follarte cuando se le viniera en gana-

Me miró fijamente, esperando tal vez una reacción de mi parte que nunca llegó. Y siguió hablando.

-Por eso podrás saber mi sorpresa cuando apareció contigo como su esposa- me miró entretenido- Harry Potter, el hombre que había jurado que no se casaría jamás después de su rompimiento con Ginevra Weasley-

Dijo eso último con bastante satisfacción, yo solo atiné a mirarlo sin expresión alguna.

-Pero claro, todo me hizo sentido a mí- se encogió de hombros- Eras su boleto para obtener la herencia del viejo Sirius, quién había puesto esa cláusula en el testamento. Pero la incógnita, eras tú- me apuntó- ¿Tú que ganabas? Leí el arreglo prenupcial: bienes separados, una vez divorciados te dejaría en la calle-

Para entonces ya se encontraba caminando por la habitación lentamente. Entonces pareció darse cuenta de algo, y como si hubiera encontrado la respuesta a una pregunta que no había hecho, se detuvo y me miró sonriente.

-Y luego investigué un poco y di con la respuesta- sonrió de medio lado- Tu padre. Tu queridísimo y delincuente que estaba en la cárcel, y sin muchas posibilidades de salir-

Me tensé de inmediato. No por el hecho de que supiera todo- a esas alturas ya no importaba- sino por meter a mi padre en esto. Nada me gustaba de su expresión, y para entonces tenía mis nudillos blancos de la fuerza que estaba haciendo en mis puños.

-Y Harry era tu salvación. Te ofreció un excelente trato- se detuvo y se cruzó de brazos- Casarte con él, fingir ser la esposa enamorada durante tres meses, ayudarle a obtener su herencia y él sacaría a tu padre de la cárcel-

Meneó la cabeza, yo me enderecé en mi lugar. Para entonces me encontraba hincada y mirándolo fijamente, y él se acercó hasta quedar a escasos pasos de mí.

-Todo les salió perfecto, la verdad- se inclinó para mirarme a los ojos- Salvo por un ligero problema ¿Verdad, cariño?- susurró- Llegó el punto en el que dejaste de fingir, y te enamoraste de San Potter-

Soltó una ligera risa al ver mi expresión para después girarse con sus brazos cruzados detrás de la espalda. Tomé aire, y con mis puños aún apretados y temblando de rabia lo miré desde el suelo.

-Pero ya hablaremos de eso después- se giró hasta llegar a la mesa y se recargó contra ella- El punto es que todos les creyeron, todos menos yo por supuesto-

Contuve la respiración. No podía perder la cabeza, no cuando estaba débil y él era mucho más grande y fuerte que yo.

-Pero fueron bastante inteligentes, nadie de la familia sabía de su arreglo-

Sonrió algo macabro y alzó la mirada hacia el techo agujerado, pensando muy bien lo que iba a decir a continuación.

-Ni siquiera tu padre-

Aquella frase causó una reacción inmediata, y como si me hubiera dado un latigazo me levanté del suelo hasta quedar parada frente a él. Aún con su sonrisa, bajó la mirada hasta encontrarse conmigo y alzó las cejas.

-No dijo nada- sonrió de medio lado -Y con esa paliza que le mandé poner debió haber escupido algo-

Tuve suficiente.

-Imbécil!-

Antes de pensarlo ya estaba encima de él, intentando golpearlo mientras el permanecía quieto. Con una facilidad que fue frustrante, me tomó por mis adoloridas muñecas tan fuerte que fui incapaz de moverme.

-Será mejor que se comporte, Señora Potter- se acercó a mí tal vez demasiado, y su mirada se perdió en mi cuello- No me gustaría amarrarla de nuevo-

Fue lo último que dijo antes de soltarme tan fuerte que me tambaleé. Algo mareada, ya no sabía si era por el hambre, el sueño, la rabia o algo más, lo miré con ojos entrecerrados y él volvió a recargarse contra la mesa.

Antes de pensar en algo más, el coro de "It must have been love" de Roxette comenzó a sonar al fondo de la habitación. Me paralicé de inmediato. Era el tono que tenía para Harry en mi celular.

Me estaba llamando.

La sonrisa de Malfoy no se hizo esperar, quien haciendo alusión a lo cursi de la canción tomó el celular que se encontraba en mi bolsa abierta y me lo mostró mientras seguía sonando.

-Mira nada más. Hablando del rey de Roma- miró la pantalla- Si que es persistente-

La palabra me puso alerta. Eso quería decir que me había estado llamando en repetidas ocasiones.

-La verdad, traer tu celular fue un simple gusto mío- se encogió de hombros- Quería ver la desesperación de tu queridísimo y más al saber que está prendido. Fue fácil quitarle el rastreador que lleva, así que no le servirá de nada que este prendido- se rió ligeramente- Supongo que ya lo sabe-

No dije nada. Me limité a sentarme de nuevo en el suelo aún mareada por lo que había pasado, y miré a Draco declinar la llamada y tomar el otro celular. Era sencillo y viejo.

-Pero no seamos groseros y regresemos su llamada- comenzó a marcarle- Y más te vale no abrir la boca si no quieres pagarlo con creces-

Se puso el celular en el oído, y en menos de cinco segundos su expresión cambió de inmediato.

-Qué respuesta tan rápida, primito- sonrió de medio lado- ¿Esperas alguna llamada?-

No pude escuchar la respuesta, pero al parecer fue una nada agradable por la expresión divertida de Draco.

-No te conviene ser tan grosero, Potter- me miró significativamente- Te recuerdo que tengo a tu esposita frente a mí-

Quise gritar para que me escuchara, pero recordé la amenaza de Draco y tomé aire para guardar silencio.

-Te llamo para irte dictando las reglas de mi juego ¿Te acuerdas?- se sentó en la silla y se recargó mientras me miraba- Solo cuando las cumplas todas tendrás oportunidad de verla-

Hubo otro silencio y Draco entornó los ojos.

-Si serás cursi, Potter ¿Desde cuándo te hiciste tan sentimental?- rogué por escuchar a Harry, pero tenía que conformarme con las respuestas de Draco- Como sea, ese no es el punto-

Sonrió satisfecho al escuchar la respuesta de Harry y me miró significativamente.

-Quiero cien millones de libras esterlinas en mis cuentas y propiedades, hoy mismo- abrí mis ojos de par en par ante la ridícula suma de dinero- Vaya, parece que nos estamos entendiendo, Potter-

Ante esa respuesta solo atiné a inhalar con fuerza y abrir mis ojos aún más.

Harry había aceptado. Sin dudarlo un solo instante.

-Además, entre los valores de tu empresa y tus propiedades; las de Sirius, su fortuna y lo que tú tienes en el banco, verás que no es ni la veinteava parte de lo que posees-

Harry pareció ignorarlo pues Draco meneó la cabeza y se rio ligeramente.

-Paciencia primito, eso es lo que espero antes de cualquier otra cosa- me miró fijamente- Tu esposita se queda conmigo hasta asegurarme que hayas hecho lo que dije-

Hubo otro intercambio del otro lado del teléfono, y al parecer lo que Harry dijo fue lo que estaba esperando pues sonrió aún más sin dejar de mirarme.

-Te llamaré en tres horas, aún tengo cosas que hacer con tu esposa-

-Maldito bastardo!-

Pude escuchar el grito al otro lado de la línea, y fue lo último que dijo antes de que Draco colgara la llamada.

Me miró fijamente, y algo en su expresión me hizo darme cuenta que en efecto, aún tenía cosas por hacer conmigo.

Y supe que aquello estaba empezando.


~Harry's POV~

-Maldición!-

Tiré el celular en el sofá a mí lado, con las últimas palabras de Malfoy dándome vueltas en la cabeza.

La rabia y la impotencia al saber que mi mujer estaba en manos de ese imbécil me ponía los nervios de punta, y el solo pensar que podía tocarla me ponían tan mal que estaba seguro no respondería cuando lo tuviera enfrente.

Iba a matarlo.

Pero primero, tenía que averiguar que hacía Ginevra Weasley en mi departamento, mirándome con ojos arrepentidos y llorosos.

Algo no me gustaba.

-Bien, te escucho-

Dije aquello mucho más calmado de lo que en realidad estaba, y frente a mí, una aturdida Ginny me miró con ojos desorbitados mientras las miradas se posaban en nosotros.

-Me…me gustaría- se aclaró la garganta, mirando a sus hermanos de reojo- Me gustaría hablar en un lugar privado-

Si aquello le resultaba incómodo me tenía muy sin cuidado. No tenía tiempo para sus niñerías, así que sin hacer caso a su petición llevé mis manos al rostro y solté el aire.

-Lo que tengas que decirlo dilo aquí y ya- me agarré el puente de la nariz- No tengo tiempo para perderlo-

Casi aterrada miró a todos a su alrededor y haciendo nudos con las manos, y yo la miré reprimiendo mi sorpresa. Jamás pensé ver así a la soberbia Ginny Weasley, y aquello me extrañó aún más.

-De…de acuerdo-

-¿Qué quieres?-

-Vengo a hablar contigo, de tu esposa- cerró los ojos y tomó aire- Y Draco-

Como si me hubiera dado un latigazo, alcé la vista para mirarla y ella solo atinó a tragar grueso mientras se volvía el centro de atención.

Por lo menos había logrado convertirse en el mío.

-¿Qué hay de Draco?- me acerqué a ella de inmediato- ¿Qué sabes tú de él?-

Fruncí el ceño, extrañado de que mencionara a Draco. Rápidamente recordé la época en la que, aún siendo mi prometida, decía que Draco Malfoy era para ella una de las personas más detestables que conocía, y la interacción entre ellos era nula. Eso, aunado al hecho de que Draco y yo jamás nos habíamos llevado bien hacía que los dos jamás se miraran siquiera.

-Yo…- se removió incómoda- Yo sé que quería hacerte daño, pero jamás pensé que fuera a secuestrar a tu esposa-

-¿Qué?-

-¿De qué rayos estás hablando, Ginny?-

Fue la pregunta de Ron detrás de mí, quien igual de sorprendido que yo tenía toda su atención en su hermana menor. Todos en la sala la miraban, y yo solo podía pensar en Hermione.

Y en lo que Draco, por su odio a mí, podría estarle haciendo en aquellos momentos.

-Lo había notado extraño los últimos días, después de que el juez dictara a tu favor con lo de la…la herencia de Sirius- bajó la vista- Hablaba de la farsa de su matrimonio, de cómo él merecía la herencia. Quería vengarse, eso lo sabía- meneó la cabeza- Pero no pensé que fuera a llevar las cosas hasta ese extremo-

Para entonces todo comenzaba a tener algo de sentido.

-¿Cuánto tiempo llevaba pensando vengarse?-

-Desde el momento en que te casaste con Hermione, tal vez- se encogió de hombros- Debí haberme dado cuenta que algo tramaba. Siempre quiso esa herencia-

Para entonces todos en la sala sabían, como yo, la clase de relación que tenía con Draco.

Y Ginny, quien alguna vez había sido mi prometida, la única mujer con la que había querido casarme, comenzaba a parecerme más y más ajena a la mujer de la que alguna vez me había enamorado.

Ahora era solo una extraña para mí.

-¿Desde cuándo te acuestas con Malfoy?-

-Harry, eso ya no…-

-¿Desde cuándo, Ginevra?-

-Desde hace…casi tres años-

Todos la miraron sorprendidos.

Todo tuvo sentido entonces, y como una película, los meses antes de terminar nuestra relación llegaron a mi cabeza. Su indiferencia, su falta de interés por nuestra boda, su apatía a nuestra vida juntos, su rechazo y el inminente rompimiento de nuestro compromiso.

Era porque durante todo ese tiempo Ginny no había hecho más que engañarme con nada más y nada menos que Draco Malfoy. Me había sido infiel de todas las maneras posibles.

Y por extraño que pareciera, el saber de su infidelidad no me dolía en lo más mínimo. Sonreí ligeramente al darme cuenta que unos meses la mera idea me habría destrozado, antes de tener a Hermione en mi vida.

Antes de que llegara ella para hacerme olvidar y cuestionar todo en lo que creía. Y en lo que no creía.

-¿Entonces siempre supiste lo de la herencia? ¿De las cláusulas?-

-Sí- me miró compungida- Te conozco Harry. Jamás te habrías casado con ella de no ser por eso-

Jamás me habría casado con nadie por tu culpa. Pensé en un ataque de rabia interna, y en ese instante agradecí a Sirius y sus cláusulas por haberme puesto a Hermione en el camino.

-No digas conocerme-

La callé de inmediato y tomé una larga bocanada de aire.

-¿Por eso me coqueteabas estos últimos meses? ¿Querías saber si mi matrimonio con Hermione no era una farsa?-

-Sí. Era tan extraño- meneó la cabeza- Y creo que en un inicio si era una farsa. Luego eso cambió, y supe que no habría manera en la que pudieras perder esa herencia. Draco también lo supo, así que empezó a investigar y dio con el padre de Hermione, y lo que le había pasado. Entonces fue cuando todo le hizo sentido-

Intentaba no perder la cabeza. Desesperado, la tomé por los hombros y la miré fijamente.

-¿Qué ha hecho Draco, Ginny?- la sacudí un poco- ¿Dónde está Hermione? ¿En dónde la tiene ese imbécil?-

Meneó la cabeza de nuevo, sus ojos llenándose de lágrimas.

-No sé- negó sincera- No lo sé Harry, solo sé que espera que le cedas toda la herencia-

Eso ya lo había hecho, de cualquier manera. Estaba seguro que lo que me había pedido Draco hace unos minutos no era todo, pero estaba dispuesto a darle la herencia entera si de eso dependía tener a Hermione conmigo sana y salva.

Y si hubiera estado más tranquilo me habría reído de lo irónico de la situación. La herencia de Sirius, la única que nos había unido y lo único que me importaba cuando me había casado con ella, ahora estaba dispuesto a cederla por recuperarla.

-Él…-

La voz de Ginny me distrajo. Miró en todas direcciones, pensando en decir lo siguiente. Pero para entonces yo ya había perdido toda paciencia y sin delicadeza alguna la sacudí con más fuerza para obligarla a mirarme.

-¿Qué? ¿Él qué?- la pegué a mí- Dime maldita sea!-

-No está haciendo esto solo- cerró sus ojos- Las últimas semanas estuvo hablando con una persona, y estoy segura que juntos planearon todo y ese maldito le ayudó a secuestrarla-

-¿De quién estás hablando?-

-De Tom- abrió sus ojos- Tom Ryddle-

Aquello fue como un balde de agua helada. El solo nombre bastó para ponerme alerta, y antes de dar siquiera la señal el equipo de Royce comenzó a teclear en sus equipos para buscar todo lo que fuera de él.

Conocía a ese maldito. Había hecho dinero y ganado poder gracias a sus mil negocios turbios. Sin familia ni apellido que lo respaldara, se había introducido al mundo de los ricos en Londres gracias a sus negocios ilegales, y por supuesto, tenía la habilidad, los contactos y el dinero para salir impune de cualquier cosa que se le acusara.

Secuestro no era una de ellas, pero no me sorprendería que con el dinero prometido fuera su primera vez.

Tuve suficiente.

-Maldición!-

Solté a Ginny antes de hacer algo de lo que me arrepintiera y tuve que tomar aire para tranquilizarme. Incapaz de hacerlo, comencé a caminar por la sala de un lado a otro mientras llevaba la mano a mi cabello y cerraba mis ojos.

Y pensé en Hermione. Sola, asustada y en manos de dos enfermos que no desaprovecharían cualquier oportunidad que se les presentara.

La mera idea de Hermione siendo tocada por alguno de los dos me enfermó. Y no pude contenerme más.

-¿¡Cómo pudiste ser tan estúpida!?-

La sacudí por los hombros, descargando parte de mi rabia y mi furia con ella por ser tan estúpida. Por haber callado hasta ahora, por haber permitido que ese imbécil pusiera sus manos encima de Hermione.

De mi esposa.

-Ese maldito enfermo secuestró a mi mujer! ¿Te das cuenta, Ginny?-

Para entonces Ginny estaba llorando, y algo asustada de mi reacción bajó la mirada mientras se sacudía entre mis brazos. Podía sentir a todos alerta detrás de mí, tal vez temerosos de que le hiciera algo a Ginny y listos para detenerme en cualquier momento.

-Yo…lo siento-

Solté un quejido frustrado y la solté. Llevando mis manos al rostro, caminé por el lugar mientras Ginny lloraba incansablemente, mirándome mientras se hundía en su lugar en el que era blanco de todas las miradas.

-Lo siento, Harry-

Fue el último susurro que estuve dispuesto a soportar y entonces la ignoré completamente. Recordé que Royce estaba buscando a Ryddle, y sin mirar de nuevo a Ginny miré en dirección al comedor.

-Dime que tienes algo, Royce. Lo que sea-

Medio minuto más tarde, Royce dejó de mirar la pantalla y alzó la vista.

-Lo tenemos- sonrió- El muy idiota dejó su celular prendido. Se encuentra en una de las propiedades de tu tío al sur de Londres- sonrió aún más- Está en tus terrenos, Harry. Y seguramente Malfoy está con él-

Tomé una larga bocanada de aire.

-Lo tenemos, Harry-

-Vamos-

Y a partir de ahí todo pasó demasiado rápido. Después de un montón de órdenes e indicaciones, los agentes de Royce comenzaron a abandonar el lugar mientras Ron, George y yo los seguíamos. No me detuve a ver de nuevo a Ginny en ningún momento.

Una vez en el lobby, seguí a un negado Royce por el estacionamiento hasta su camioneta, y antes de que pudiera decirme algo ya estaba en el asiento del copiloto mientras George y Ron me seguían. Una vez en su asiento, cerró la puerta y me miró.

-Harry, sería mejor que no…-

-No te esfuerces Royce- me puse el cinturón- Y conduce-

Fue lo último que dije antes de que el sonido de mi celular sonando me distrajera. Contuve el aliento y miré el remitente. Era un número desconocido.

Temí lo peor, y tomando una bocanada de aire, contesté la llamada y la voz de Malfoy me puso alerta.

Conversamos unos segundos antes de que la persona al otro lado cambiara.

Entonces escuché otra voz, una que conocía muy bien, y mi mundo entero pareció volver a tener sentido de nuevo.

Era esa voz que quería escuchar. Su voz.

La voz de Hermione.

Estaba viva.


~Hermione's POV~

El sol del mediodía había desaparecido, y mirando por la pequeña ventana calculé la hora.

Eran las tres o cuatro de la tarde. Dos horas después de la primera llamada de Draco a Harry.

Para entonces, Malfoy había salido unas dos o tres ocasiones y sin darme más de diez minutos para pensar como escapar de ahí ahora que estaba desamarrada, volvía para sentarse en la misma silla roída frente a mí.

Y así era como estaba justo ahora.

Aún cuando estuviera desatada, me quedaba sentada contra el poste mientras él estaba frente a mí. La mera idea de que se me acercara me ponía de nervios, y en los momentos en que estaba sola podía relajarme aunque fuera un poco.

En aquellos momentos, tenía que soportar su mirada gris y negada a mirarlo bajé la vista mientras respiraba profundamente. Se levantó de su lugar y contuve el aliento.

-Creo que es momento de que te vayas acostumbrando a mi presencia, preciosa- sonrió de medio lado- O por lo menos fingir que me soportas. Eres buena para eso ¿No?-

No contesté. Se sentó en cuclillas muy cerca de mí, tanto que sus manos rozaban mis piernas desnudas. El mero contacto me hizo estremecerme y giré mi vista para otro lado.

Como respuesta Draco sonrió de medio lado y su índice comenzó a acariciar lentamente mi tobillo, hacia arriba. Contuve las ganas de gritar y patearlo. No iba a demostrarle el miedo que le tenía. Pensé en Harry, y en como si todo salía bien pronto estaría con él de nuevo y pude tranquilizarme un poco.

-Aunque con Harry no tuviste que fingir ¿Verdad?-

No contesté. Lo miré sin inmutarme, dándole la razón sin decir nada.

-Como todas las mujeres que han pasado por su vida, te enamoraste de San Potter sin problema alguno-

Fue otra aseveración a la que no tuvo respuesta. Me limité a mirarlo, descubriendo esa faceta de Malfoy que siempre había estado oculta y era la que nunca me había hecho confiar en él. Era una faceta obsesionada con Harry, que lo envidiaba.

Que lo odiaba.

-Siempre ha sido así, no lo entiendo- rio ligeramente y negó con la cabeza- No sé qué rayos hace con las mujeres que las vuelve tan estúpidas. A ti, a Ginny…-

¿Ginny?

Siguió acariciándome, su mano vagando por mi tobillo y subiendo lentamente por mi pantorrilla mientras yo lo observaba. Incapaz de contenerme más encogí mis piernas para alejarme de él y miré sus manos con asco.

-Vaya vaya- rio más fuerte- Si que eres difícil, ahora entiendo porque le gustaste tanto a Harry-

No dije nada. Me limité a mirar a un punto muerto en el suelo, sintiendo la presencia fuerte y tóxica del hombre a unos centímetros de mí y deseando que se alejara de inmediato.

-Es una lástima que solo te haya utilizado para lo que quería- sonrió y se acercó a mí de nuevo- Y además de todo haya tenido la suerte de follarte las veces que quisiera-

Me volvió a tocar, esta vez en la pantorrilla, solo para recibir a cambio una ligera patada que no sirvió de mucho pues siguió acariciando mis piernas lentamente, casi como disfrutara mi negativa.

Para entonces estaba aterrada.

-Suéltame-

Fue el único susurro que salió de mi boca y que fue ignorado por completo.

-Pero lo que es más lamentable es que te hayas enamorado de él-

Para ese punto yo ya no escuchaba lo que me decía. Desesperada, intentaba alejar mi cuerpo del alcance de sus manos sin éxito, retorciéndome ligeramente en mi lugar mientras intentaba no gritar. Su mano seguía el camino por mis piernas hacía arriba, llegando casi al borde de mi falda que se encontraba arremolinada en mis muslos.

-No entiendo cómo te enamoraste de él- sonrió, su mano acariciando por encima de mi falda- No es posible que te enamoraras de un idiota que solo jugó contigo-

Para entonces yo ya no podía siquiera procesar sus palabras, y cuando su mano se internó debajo de mi falda y su rostro quedó a escasos centímetros del mío solté un gemido de angustia y me removí debajo de él.

-Ba…basta-

-Es una lástima, porque en verdad eres hermosa, y bastante deseable- me miró con sus ojos grises, fríos- Que poco hombre. La verdad no sé que le viste. Porque eso es algo que yo no pienso desaprovechar-

-No. Basta!-

Fue lo último que pude decir antes de que intentara besarme y su mano libre tomara mis muñecas con fuerza, sometiéndome por completo mientras su otra mano seguía acariciando mis piernas debajo de la falda. Desesperada, me retorcí debajo de su cuerpo con fuerza, girando mi rostro en todas direcciones mientras intentaba besarme en cualquier rincón de mi rostro y mi cuello que quedara disponible. Mis piernas, atrapadas entre las suyas, se movían frenéticas mientras intentaba liberarme de su peso, y fue entonces cuando me di cuenta de la situación en la que estaba.

Maldición. Este tipo iba a violarme.

Y aquello fue como un latigazo de realidad en mi cabeza. Antes de poder siquiera reaccionar y en medio de los gritos y quejidos, me acomodé como pude debajo de él y le di una patada en la entrepierna que lo paralizó por completo.

-Demonios!-

Se separó de mí de inmediato. Con una mueca de frustración en el rostro, me miró con rabia mientras yo me encogía en mi lugar y me arreglaba la ropa, recordando todo lo que había dicho de Harry momentos atrás.

-Ni en tu mejor día podrás ser la mitad del hombre que es él-

Escupí las palabras con rabia, recordando el odio que Draco le tenía a Harry; entendiendo a la perfección porque durante toda su vida Harry había sido más exitoso en todos los ámbitos.

No era porque hubiera tenido suerte, sino porque entre los dos había una diferencia abismal.

Frente a mí, Malfoy sonrió sarcástico y se levantó de su lugar mientras se sacudía la ropa, sin dejar de mirarme un solo instante.

-¿Tú crees?-

Alzó una ceja irónico y dio media vuelta para dirigirse a la mesa detrás de él mientras se acomodaba el saco. Y fue entonces que la vi.

Se me heló la sangre.

Una pistola mediana acomodada en la parte trasera de su pantalón y que se quitó lentamente mientras se acercaba a la mesa. Con una tranquilidad que me asustó, dejó el arma en la mesa de madera y sin girarse de nuevo tomó el celular que había utilizado para llamar a Harry antes.

Entonces giró su cabeza ligeramente hacia mi bolso y tragué grueso. Ahí, a la vista de todo, se encontraba el papel blanco con el símbolo del hospital al que había ido el día anterior, y había llamado la atención de Draco.

Curioso, lo tomó entre sus manos y lo desdobló mientras lo leía. Cerré mis ojos y tome aire mientras escuchaba una ligera risa satisfecha.

-Pero que conveniente…-

Fue lo único que dijo, y dejando el papel a un lado de la bolsa se giró con el celular en la mano y se recargó contra la mesa. Sonrió ampliamente.

-Lo mejor será que le llamemos para aclarar todo este asunto ¿Te parece?-

Sin darme tiempo a contestar, marcó el número que había marcado las últimas horas y comenzó a hablar.

-Que rápido, Potter-

Y como si quisiera torturarme aún más, puso la conversación en altavoz y pude escuchar su voz. Contuve las ganas de gritar al teléfono.

-¿Qué rayos quieres, imbécil?-

La risa irónica de Malfoy no se hizo de esperar.

-Creo que te convendría más cuidar tu tono, Potter- me miró significativamente y luego la pistola a su lado- ¿Hiciste lo que te pedí?-

-Sí- fue su respuesta inmediata, cortante- ¿Dónde está Hermione?-

-Tranquilo, tranquilo- sonrió, alzando las cejas- Eso no es todo lo que tengo para pedir. De hecho, me gustaría que lo último que tengo por pedir me lo dieras personalmente-

Escuché el suspiro frustrado al otro lado de la línea y mis ojos se llenaron de lágrimas al escucharlo. Su voz familiar resultó tranquilizante entre tanto caos.

-No te daré un solo centavo más hasta no asegurarme que está bien- gruñó- Quiero hablar con ella, idiota-

-Vaya, que genio- entornó los ojos- Si insistes-

Quito el altavoz, y aferrando el celular a su pecho para que Harry no nos escuchara, se acercó a mí lentamente. Llevaba la pistola en la mano.

-Más vale que no digas nada de lo que puedas arrepentirte- miró la pistola en su mano y me aventó el teléfono- Tienes un minuto-

Con el corazón latiéndome con fuerza y mis manos temblorosas, tomé el celular y lo puse en mi oído. Entonces lo escuché, y todo pareció menos horrible al instante.

Fue como si me quitaran un peso de encima.

-¿Hermione?-

-Ha…Harry-

-Por Dios- escuché su gemido de alivio y sonreí un poco- Hermione. Gracias al cielo-

Para entonces estaba llorando, y llevando mi mano a la boca para no hacer ningún sonido que me delatara sonreí aún más y aferré el celular.

-Harry…-

-Tranquila, cariño- su voz era demasiado serena- ¿Estás bien? ¿Te han hecho daño?-

Recordé las últimas treinta horas de mi vida y miré las marcas en mis muñecas, tobillos, así como los moretes en mis piernas y la herida en mi brazo, sin contar que la cabeza estaba por explotarme. Decidiendo no alarmar a Harry, tomé aire y negué con la cabeza.

-No, no- escuché como se relajaba al otro lado de la línea- Estoy bien-

-Aguanta un poco, preciosa- sonreí al escuchar la última palabra- Por favor-

-Lo haré-

Contesté serena, intentando minimizar la situación en la que estábamos y por la que seguramente Harry se sentía culpable.

-Esa es mi chica-

No pude evitar sonreír ante la frase, que me transportó a aquella realidad que ahora parecía paralela en donde Harry y yo habíamos estado juntos y felices. Era la misma frase que me había dicho la primera vez que habíamos hecho el amor, y sin poder evitarlo reí ligeramente antes de romper en llanto de nuevo.

Él también lo recordaba.

-Lo siento tanto, Hermione-

-Lo sé. Está bien-

-Pero lo hemos encontrado, no tiene escapatoria- dijo sereno- Juro que voy a matarlo-

Esa última palabra fue como un balde de agua fría. Porque lo que habían sido simples amenazas al aire ahora se habían convertido en algo real. Asustada, miré el arma que Malfoy tenía en la mano y que sostenía contra su rostro y tragué grueso.

Aferré el celular a mí sin dejar de ver a Malfoy.

-Harry, tiene una pistola- lo dije antes de pensarlo- Está armado-

No recibí respuesta. Frente a mí, Draco me arrebató el teléfono antes de que pudiera hacer algo más y mirándome fríamente lo llevó a su oído sin dejar de aferrar la pistola.

-Bien, creo que se acabó el minuto. Creí que tu esposita era más inteligente-

No pude escuchar nada al otro lado de la línea.

-Mis últimas condiciones- sonrió de medio lado- Quiero medio millón de libras en efectivo. Y quiero que me las entregues tú-

Se recargó en la mesa detrás de él, sonriendo de medio lado.

-Te veré en el hangar del viejo Sirius en una hora. Hermione y yo estaremos esperándote- aferró la pistola- Y ve solo. Sí me doy cuenta del menor indicio que me diga que vas acompañado, tu mujercita lo paga-

Fue lo último que dijo antes de colgar la llamada y tirar el celular en la mesa. Con una sonrisa irónica, me miró significativamente y soltó una ligera risa satisfecha. Una risa que me estremeció de pies a cabeza.

-Es una lástima, en verdad-

Y como si leyera mis pensamientos, con esa mirada perdida y nublada de rabia y odio, aferró la pistola con fuerza y la miró como si sopesara algo seriamente. Como si de pronto, aquello que había estado pensando las últimas horas por fin se asentara en su cabeza e hiciera sentido. Tal vez los últimos meses.

Tal vez desde hace años.

Pasaron minutos hasta que volvió en sí.

Su mirada se volvió aún más fría, y sonriendo de medio lado, volteó la vista a mí.

Miró mi vientre, después mis ojos. Y sonrió.

-Es una lástima que el mocoso jamás conocerá a su padre-