Los personajes de Avatar, la leyenda de Aang no me pertenecen.
Capítulo 21 : Arrepentimiento
El ojiazul se acercó a la princesa y se recostó a cierta distancia, afirmando el peso de su cuerpo en sus codos y antebrazos. Con disimulo la observó de reojo, notando que estaba sentada con las piernas recogidas y abrazándolas; jugaba con sus delgados y pálidos dedos de manera insistente.
- ¿Por qué volviste? – preguntó con desazón la heredera, mirando fijamente hacia la corriente del arroyo.
Sokka había estado respirando profundamente para retomar el control de sus emociones, y sobre todo para no equivocarse en las respuestas que le daría a la princesa. Recordaba muy bien aquel día en que dio inicio a la invasión, aquel momento que tenía que exponer frente a los jefes e integrantes de las distintas tribus su plan de ataque y cómo los nervios no lo dejaron hablar con claridad, teniendo que tomar su lugar Hakoda. No, definitivamente no iba a dejar nuevamente que su nerviosismo lo traicionara.
La miró interrogativamente, alzando una de sus cejas.
- ¿Por qué crees tú? – contrapreguntó el ojiazul.
- Si lo supiera, no te lo estaría preguntando. – aseguró Azula sin dejar de mirar el arroyo.
- Volví porque ese día que vinieron Zuko y Katara a buscarme, me golpeaste con un rayo, dejándome tremendamente malherido y por lo cual tuvieron que llevarme para curar mis heridas; y como me fui tan de repente, quedaron muchas cosas pendientes; por eso volví – repuso cabizbajo el joven guerrero.
- El rayo no iba dirigido hacia ti, sino hacia la mal…. – se interrumpió. La maestra fuego tampoco quería que su mordaz genio la traicionara y dijera algo que después tuviera que lamentarse. - …..sino hacia tu hermana; tú te interpusiste entre ella y él ….. yo no quería lastimarte.
- ¿Pero no creíste que al herirla a ella también me estabas hiriendo a mí? ……. Azula, tú sabes que Katara es mi hermana, y yo creía que después de todo lo que había pasado entre nosotros habías desistido de ……- paró un momento su discurso para tomar aire, - de matarla, de vengarte ….. realmente creía que habías cambiado de opinión y que te irías conmigo ……. Luego pasó lo que pasó y esos días que estuve lejos de ti fue una agonía, una tortura porque no podía sacarte de mi cabeza,….. no podía convencerme que todo lo que vivimos era una mentira, una cruel mentira …… sobre todo después de escuchar todo lo que dijiste. Así que decidí venir a buscarte, arriesgando mi vida y la de mis amigos por ti …… porque a pesar de todo aún tenía la esperanza de recuperarte…….o de escuchar de tu propia boca que me mentiste y me usaste ……. Y si tenía que morir en el intento, bien hubiera valido la pena.
Azula se puso de pie y se cruzó de brazos, sin levantar la vista del suelo y con sus hombros recogidos; al escuchar las palabras del ojiazul recordó las últimas conversaciones que tuvo con su amiga muerta y muchas de las cuales se parecían a lo que ella decía : "…..él arriesgó todo por venir hasta acá; su familia, sus amigos, sus ideales….." ."Por los espíritus, cuánta razón tenía Mai" pensaba.
- ¿Sabías que durante tres días creí que estabas muerto …… tres días creyendo que yo te había asesinado? – susurró por lo bajo la maestra fuego, cerrando sus ambarinas orbes mientras suspiraba.
Sokka abrió los ojos como plato y la observó con incredulidad.
- Pero, ¿cómo ……? ¿Nadie te dijo que no había muerto …..? ¿Mai no te lo dijo… ni tus guardias? ……. ¿No preguntaste tampoco? – balbuceaba el guerrero.
- Todos creímos que habías muerto, bueno, casi todos…….y durante esos días me torturé con la idea que te había perdido para siempre por mi culpa,……. Y sobre todo por la culpa de tu hermana porque el rayo iba dirigido hacia ella. Los días que estuve contigo fui feliz, inmensamente feliz como nunca lo había sido en mi vida …… y por culpa de ella todo se había ido a la mierda …….¡por Agni, nunca me había sentido así!..... – se detuvo unos momentos para calmarse, mientras caminaba dando vueltas. - Me obsesioné nuevamente con encontrar a la maestra agua para eliminarla de una vez por todas …… a ella y a todos los que la rodeaban para vengar tu muerte y el que los hayas preferido a ellos en lugar de mí……….. sentía que retomaba nuevamente el control y que mi vida recobraba su curso normal,…..como era antes de conocerte, ……….hasta que me enteré que estabas vivo unos momentos antes de que mi padre te matara – se sentó nuevamente apoyando sus codos en sus rodillas y sujetando su cabeza por los costados con sus pálidas manos, fijando su mirada en la hierba.
Sokka escuchaba atónito la narración de la princesa. Se dio cuenta que él no fue el único que sufrió por la separación; por lo menos él tenía la seguridad de poder volverla a ver, la ilusión de hablar nuevamente con ella y de aclarar lo que había sucedido esa mañana, pero ella……..ella no tenía ninguna esperanza de saber qué era lo que había pasado y de volver a encontrarse, de arreglar los posibles malentendidos, porque lo creía muerto …… y más encima por su propia mano. Trató de entender en cierta medida lo que vio y escuchó decir a Azula durante la madrugada, pero ahora más que nunca necesitaba aclarar las cosas con su princesa.
- Cuando me enteré que estabas vivo, creí que era una ironía del destino : cuando por fin mi agonía finalizaba al enterarme de que no estabas muerto, otro puñal se clavaba en mi espalda porque te vería morir nuevamente …… dos veces……. te perdería irremediablemente dos malditas veces. Y en unos pocos minutos tuve que decidir tu destino……..y el mío.
El ojiazul se acercó lentamente hacia ella, sin decirle ni una palabra, y se sentó a su lado dejando que sus cuerpos apenas se rozaran. No sabía qué decirle, qué malditas palabras usar para animarla, para reconfortarla por todo lo que había vivido estos últimos días……porque si el sufrió…….entonces lo que ella había pasado era casi una tortura.
- Azula……yo……… - trataba de decir el joven guerrero sin poder mirarla a la cara y perdiendo su mirada en el agua.
Ambos se quedaron unos instantes en silencio, con sus mentes ocupadas buscando las palabras que se dirían. Finalmente el ojiazul tomó la iniciativa y miró el rostro de la princesa, el cual estaba oculto por un grueso mechón de su azabache cabello; alzó su mano para tomarlo y enredarlo detrás de su oreja y así poder mirar sus ambarinos ojos, pero notó que éstos se habían endurecido y una sombra de indiferencia los cubrían.
- ¿¿Por qué mejor no te quedaste con el avatar y tu estúpida hermana?? ….. ¿Por qué mejor no me dejaste seguir creyendo que estabas muerto y recobrar el curso de mi vida…..tal como era antes? – le gritó la heredera dándole un fuerte empujón mientras nuevamente se ponía de pie, haciendo que Sokka perdiera el equilibrio y cayera sobre la hierba. Caminó con rapidez tomándose la cabeza, hasta llegar a un gran árbol donde apoyó su frente mientras se afirmaba con sus pálidas manos.
Rápidamente el ojiazul se incorporó y se dirigió hacia el lugar donde la estaba la maestra fuego; iba decidido a terminar con esta conversación convenciéndola de que su regreso era lo correcto para ella.
Azula lo sintió venir y tomó posición de ataque; estaba dispuesta a impedir que se acercara. Alcanzó a arrojarle una llamarada que el ojiazul esquivó con facilidad, sin perder la decisión al caminar. Una vez que llegó donde ella, la agarró con fuerza de ambos brazos y le acercó provocadoramente su rostro hacia el de ella, sintiendo nuevamente su exquisito y embriagador aroma.
- ¿Realmente eso hubieras preferido,….. realmente eso es lo que quieres?..... ¿Prefieres seguir viviendo esa mentira que te contó tu padre de que serás feliz con la gloria y el poder……. Y completamente sola? ……. Mai ya no estará más contigo, no tendrás en quién confiar, y verás que tu padre te obligará a casarte por conveniencia para perpetuar tu familia……. ¿Así quieres continuar tu vida? …. ¿Sin amor? – gruñó el ojiazul.
La princesa se sacudía tratando de soltarse del agarre del joven, pero éste la había tomado con decisión en sus antebrazos para impedir que pudiera moverlos, mientras intentaba por todos los medios no derramar ninguna lágrima.
- ¡Sí, eso hubiera preferido! ¡Mírame ahora: soy una traidora igual que el estúpido de mi hermano, mi padre ya puso precio a mi cabeza y ya no seré el próximo Señor del Fuego!......¡Ya no podré volver nunca más al Palacio!.....¡Por culpa de un sucio campesino! ….. ¡Por "tu" culpa! – le reprochó al ojiazul, mirándolo con ira.
Sokka abrió muy grandes sus azules ojos con decepción. La soltó sin dejar de mirarla fijamente, mientras retrocedía lentamente. Azula se tomaba uno de sus brazos desviando la vista, y evitando la mirada desilusionada del ojiazul, el cual se detuvo unos pasos más atrás.
- Lo siento, Azula, lamento mucho el haberme preocupado y querer sólo lo mejor para ti. Creí realmente que yo te interesaba, que no te arrepentirías de habértela jugado por mí como lo hizo Zuko por Katara,…….. pero me doy cuenta que estaba completamente equivocado……hubiera sido mejor que hubieras dejado que tu padre me matara…… hubiera preferido mil veces haber muerto que sentir el dolor que me provocan tus palabras…….. tu rechazo …… porque yo realmente te amo, Azula, y a diferencia tuyo, no me arrepiento de haber renegado y dejado todo de lado por ti.
Y sin decir ni una palabra más, Sokka se dirigió hacia la espesura del bosque con el corazón desecho. "Todo fue en vano…….. de nada sirvió todo lo que arriesgué por ella ……." pensaba mientras buscaba un lugar solitario donde quedarse. En este momento no tenía ganas de hablar con nadie y menos soportar las ironías de la maestra tierra.
Al sentir alejarse los pasos del ojiazul, la maestra fuego alzó con disimulo su vista hacia el lugar donde estaba Sokka y lo miró hasta que se perdió entre los árboles. Se dejó caer a los pies del macizo donde se encontraba apoyada, con la cara descompuesta al darse cuenta de lo que acababa de hacer: lo había rechazado,…… a la única persona que realmente se había preocupado por ella sin ningún interés de por medio, ni por miedo,…..la había despreciado y repudiado……. y ya no había vuelta atrás …….había humillado de la forma más despreciable a la única persona que más ha amado en su corta vida. "¡Estúpida!" fue el calificativo más suave que se dijo hacia sí misma.
Zuko despertó cuando los rayos del sol comenzaron abrazarle el rostro con fuerza; se sentó en su saco de dormir mientras se frotaba sus ojos para terminar de despabilarse. Miró hacia el saco de Sokka y vio que estaba vacío; automáticamente dirigió su vista hacia las mantas de Azula y notó lo mismo, con lo cual dedujo que ambos estaban juntos.
Se puso de pie y comenzó a mirar alrededor; ilusamente pensó que Azula se había preocupando de preparar el desayuno con el ojiazul, pero pronto se dio cuenta que no estaban por ningún lado.
- ¿Estás buscando a los tortolitos? – preguntó irónicamente la maestra tierra, lo cual hizo que Zuko se volteara a verla aún recostada entre las mantas.
- ¿Viste hacia dónde se fueron? – inquirió preocupado.
- ¡Claro! ¡Es muy buena idea preguntarle a la niña ciega si "vio" hacia dónde se fueron! – le espetaba Toph mientras agitaba con insistencia su mano frente a sus opacos ojos verdes.
El príncipe se ruborizó. Olvidaba continuamente la condición de la maestra tierra debido a la facilidad con que se desenvolvía sin tener que acudir a la ayuda de alguien.
- Ya, ya, está bien, no te sientas mal; es una broma. Igual noté hacia dónde se fueron – le dijo conciliadoramente la pequeña maestra. – Muy temprano los sentí dirigirse hacia el arroyo, en esa dirección. Primero partió Sokka y luego lo siguió la traidora; a lo mejor lo está friendo poco a poco – ironizó.
- No seas tan dura con ella, Toph; está pasando por momentos muy difíciles. Está tratando de procesar un cambio radical en su vida, y tiene que arreglar sus asuntos con Sokka para sentirse más tranquila. Iré a buscarlos.
Zuko se dirigió hacia la dirección que indicó la maestra tierra y alcanzó a avanzar unos cuantos metros cuando vio a la princesa acercarse; venía con la cara amargada y cuando vio la expresión interrogante de su hermano le dirigió una mirada fulminante.
- Ahora no, Zuko – le dijo mientras pasaba por su lado sin detenerse y alzando una mano.
- ¿Dónde está Sokka?
- Fue a esconderse al bosque a lamentarse – contestó con un dejo de indiferencia sin dejar de caminar.
Zuko la siguió con decisión.
- ¿Qué le hiciste? – le preguntó el príncipe tomándola del brazo con fuerza, obligándola a detenerse y darse vuelta.
- Nada, sólo le dije la verdad – lo miró desafiante.
- Piensa muy bien lo que hiciste, Azula, no te vayas a arrepentir después.
- Yo nunca me arrepiento de lo que hago – contestó desviando la vista, dudando de sus palabras. Recordó haberle dicho lo mismo a Mai hace un par de días atrás. – Pero si lo que te preocupa es que lo haya lastimado físicamente, quédate tranquilo; sólo hablamos.
- Espero que no le hayas destruido el corazón a Sokka; él realmente te ama.
La princesa siguió mirando hacia un costado sin dar una respuesta. Zuko la soltó y ella siguió caminando hacia las mantas en las cuales durmió y se metió entre ellas.
- ¿Dónde está Sokka? – preguntó la maestra tierra a Zuko cuando éste se sentó a su lado.
- Azula dijo que fue al bosque; no te preocupes, ella dijo que no le hizo nada. De lo contrario, no hubiera vuelto al campamento – repuso Zuko un tanto preocupado. – Creo que discutieron y no arreglaron sus asuntos.
- Ojalá tengas razón. Si no regresa en media hora, iré yo misma a buscarlo. Pero si ella le hizo el mínimo daño, olvídate que tuviste una hermana – amenazó Toph.
Había llegado la hora del desayuno y el ojiazul aún no aparecía.
- Sokka debería ya haber llegado; él no perdona pasar una comida – inquirió la maestra tierra mientras caminaba hacia el sector de arroyo tratando de sentir algún indicio que le indicara dónde estaba el joven guerrero.
- Es cierto, debería haber regresado hace rato; mejor iré a buscarlo – repuso Zuko y se encaminó dispuesto a encontrarlo, sin dejar de dirigirle una mirada desafiante a su hermana, la cual se encontraba sentada entre sus mantas con las piernas recogidas y con sus manos apoyadas en su frente.
- ¿Sabes dónde buscar? Esta isla aunque es pequeña, igual tiene sus escondites; yo te acompaño – sugirió Toph acercándose a él. – Recuerda que puedo sentir el más mínimo movimiento.
Azula cerró los ojos tratando de calmarse; ella también estaba preocupada por la larga ausencia del ojiazul. Desde que volvió después de la conversación que tuvo con él, no había podido sacarse de la cabeza la mirada de decepción que le dirigió el joven. Ahora dudaba y se recriminaba por lo que le había dicho.
Cuando vio que Zuko y Toph comenzaban a alejarse, se puso de pie rápidamente y corrió hacia ellos. Hacía rato que una idea daba vueltas en su cabeza y sintió que se le estaba presentando la oportunidad que estaba esperando.
- ¡Esperen! – gritó mientras los alcanzaba.
- ¿Qué es lo que sucede? ¿No te das cuenta que Sokka está perdido por tu culpa y ahora nos haces perder más tiempo con alguna de tus estupideces? – gruñó Toph, volteando la cabeza.
- No es ninguna estupidez; creo que yo debería ir a buscarlo porque como tú tan bien dices, es mi culpa que él aún no regrese – repuso secamente la maestra fuego.
- ¿Perdón?... ¿Estoy escuchando bien?..... ¿La perfecta princesita está reconociendo que se equivocó?..... – le dijo la ojiverde mientras inclinaba su cabeza y apoyaba uno de sus dedos en la sonrisa burlona que esbozaba. Inmediatamente frunció el ceño y apretó ambos puños. - ¿¿Qué le hiciste a Sokka?? – chilló acercándose fieramente a la heredera y agrietando la tierra con cada paso que daba.
- Espera, Toph – señaló Zuko adelantándose a la maestra tierra y deteniéndola al apoyar su mano en su pecho. Miró con enfado a su hermana.
- ¿De qué estás hablando, Azula?
La princesa miró a su hermano provocadoramente mientras afirmaba sus brazos en jarra en su cintura.
- Mira, ya te dije que no lo he dañado físicamente; sólo hablamos y parece que lo que le dije no le gustó; eso. Y pensé, que como creo que ya formo parte de este patético grupo, debería mostrar un poco de consideración por los integrantes de él. – ironizó.
Zuko bajó la vista, tratando de decidir correctamente. Toph aún seguía siendo afirmada por él, y al escuchar las antipáticas palabras de la princesa su ira crecía aún más.
- Realmente tu hermana es una loca de patio; no puedo entender qué vio Sokka en ella, cómo pudo cambiar a Suki por ella.
- Déjala, Toph; déjala que ella vaya por él. Tiene razón; ahora es miembro de nuestro grupo y debemos empezar a confiar en ella – masculló sin dejar de mirar con disgusto a Azula.
- ¡Pero qué…..! – alcanzó a protestar la maestra tierra mientras Azula pasaba por el lado de ella rumbo al arroyo mientras esbozaba una sonrisa torcida y le dirigía una mirada de triunfo. Con esto se aseguraba unos momentos más a solas con el ojiazul sin ser molestada.
Azula caminó hasta el pequeño río y luego se dirigió hacia el sector desde donde vio desaparecer al guerrero de la tribu agua. Iba pensando en cada palabra que le diría, hasta en cada gesto que haría para no equivocarse nuevamente y así tratar de evitar que su orgullo e insolencia la traicionaran nuevamente.
Después de caminar un considerable lapsus de tiempo, lo encontró refrescándose en las cristalinas aguas del arroyo; vio que el joven sólo llevaba puesto su pantalón rojizo y que se había soltado el cabello que recogía en su coleta. Al verlo en esta condición, sintió que su corazón se aceleraba considerablemente, así que decidió esconderse detrás de unos arbustos para calmarse y disfrutar un rato del espectáculo.
Observó con qué facilidad el joven se desplazaba nadando y chapoteando en el agua, y cómo su morena piel se resaltaba aún más al estar mojada y reflejarse los rayos de sol en él. A su memoria vino el recuerdo de la primera vez que lo vio desnudo, en su jardín, cuando los soldados lo desvistieron para bañarlo a baldazos por orden suya.
Recordó con nitidez cada detalle de ese bien proporcionado y trabajado pecho, y sintió unos incontrolables deseos de acariciarlo, de tocarlo, de recorrerlo con sus labios …… recobró sus sentidos en un momento en que el ojiazul se sumergió en el arroyo; allí decidió salir de su escondite y sentarse al lado de la chaquetilla que el joven había dejado en la orilla a esperar a que saliera.
Sokka decidió que ya era suficiente del baño y se dispuso a salir del agua; alzó con fuerza su cabeza hacia atrás para despejar su rostro de sus húmedos cabellos y se ayudó con ambas manos para eliminar el exceso de agua de ellos. Cuando abrió sus azules ojos, se encontró con la princesa sentada a orillas del arroyo mirándolo con una leve sonrisa en los labios; se detuvo unos instantes para mirarla seriamente y se encaminó con decisión hacia ella. Al verlo acercarse totalmente húmedo, la heredera sintió que sus palpitaciones aumentaban con rapidez y un leve sonrojo apareció en sus mejillas; pensó que se veía muy bien.
El guerrero, aún molesto, en ningún momento le quitó la vista de encima; se detuvo a su lado para recoger su ropa y siguió avanzando unos pasos más, sin dirigirle la palabra. Sacudió enérgicamente su cabeza para botar un poco más de agua de sus cabellos y comenzó a ponerse la chaqueta; la heredera sintió una punzada en su pecho al notar el rechazo del joven.
- ¿Qué es lo quieres ahora, Azula? – preguntó con indiferencia mientras se vestía. Estaba molesto; le había tomado tiempo sentirse mejor y ahora él no tenía ganas de hablar con ella.
La joven se puso de pie y se acercó a él, ante lo cual el ojiazul le dio la espalda.
- Vine a buscarte; estábamos preocupados porque no llegabas a nuestro escondite – dijo en un tono más suave la maestra fuego.
Sokka la miró interrogante mientras apoyaba sus manos en sus caderas.
- ¿Estábamos? …….
Azula mantuvo la miraba mientras se acercaba unos pasos más.
- Sí, yo también estaba preocupada, si eso quieres saber.
- Bah, creí que hace un rato me habías dejado en claro que yo no te importaba …….. claro, cómo una princesa como tú se iba a preocupar de que si algo le había sucedido a un "sucio campesino" de la tribu agua– respondió con ironía el ojiazul.
La maestra fuego desvió la mirada y se cruzó de brazos. Recordaba muy bien lo que le había dicho hace unos momentos y sintió que éste era el momento adecuado para corregirlo.
- Lo lamento – dijo por lo bajo mientras cerraba los ojos.
Sokka seguía mirándola fijamente y se acercó tratando de ponerse delante de ella para mirarla directamente a sus ambarinas orbes.
- ¿Qué es lo que lamentas? – preguntó ásperamente.
- Lamento lo que te dije hace un rato, no sé porqué lo dije ……. no tenía ninguna relación con lo que siento – masculló Azula bajando la mirada.
El joven le tomó con suavidad la barbilla para levantar su rostro y ver en sus ojos si mentía.
- ¿Y qué es lo que sientes? – preguntó ahora en un tono más conciliador.
- Siento …… - lo miró a sus azules ojos para luego soltarse de su agarre y darle la espalda, alejándose un par de pasos. Nuevamente su orgullo quería imponerse y no dejarla decir que reconocía que estaba equivocada …… decir lo que realmente sentía en su corazón ….. decirle que lo amaba, que su vida había recobrado sentido cuando supo que estaba vivo, que ahora no le importaba nada más que él …..
Al ver este gesto, el ojiazul sacudió su cabeza frunciendo el ceño.
- Dejemos esto hasta aquí mejor, volvamos al refugio – repuso con desilusión mientras se encaminaba hacia el campamento.
Azula se volteó y lo vio alejarse, pero reaccionó inmediatamente.
- ¡Espera, Sokka! ¿No quieres escuchar lo que tengo que decirte? – preguntó con un dejo de amargura. El guerrero se detuvo sin voltearse, como esperando sus palabras, apoyando sus brazos en jarra en sus caderas.
- No es cierto lo que te dije esta mañana, es mentira que hubiera preferido seguir viviendo como estaba ……. Seguir viviendo sin ti. Pero es cierto que mi orgullo no me permitía aceptar haberlo perdido todo, haber perdido todo aquello por lo que luché desde pequeña …… en tan poco tiempo…. Sobre todo aceptar el rechazo de mi padre …… ¡Sokka, entiéndeme, yo fui criada así! Me cuesta entender el sacrificio que hacen las personas por amor, porque mi padre nunca lo hizo y yo seguía su ejemplo : primero está su nación y el poder antes que sus propios sentimientos y su propia familia, lograr el dominio sin importar quién saliera lastimado ……. Y aquellos que lo hacían eran unos débiles, unos inútiles y no merecían el perdón…..
- Como Zuko, pero al contrario de lo que piensas, él sí es fuerte y valiente, y una de los pocos maestros fuegos con un gran honor – la interrumpió el ojiazul con seguridad.
- Sí, como Zuko ……. perdóname, Sokka, realmente no quería lastimarte porque ……. porque …… yo también …….. te quiero – terminó diciendo la maestra fuego mientras lo miraba fijamente, sin recibir ninguna respuesta del ojiazul.
Al escuchar las últimas palabras de Azula, sintió que su piel se erizaba; sintió que la esperanza volvía a su corazón y que no fue en vano el sufrimiento pasado. Lentamente se dio vuelta y miró a la heredera, la cual aún tenía la vista fija en él, esperando una respuesta.
Una cálida sonrisa se dibujó en el moreno rostro del joven, haciendo que el rostro de Azula se relajara y esbozara una pequeña mueca de alegría.
- Ven acá – le susurró Sokka tendiéndole una de sus manos.
Continuará .........................
¡Actualicé un poco más rápido! Aquí les dejo este cap que espero que sea de su agrado.
¡Gracias a EXXEN, Danika44, Anariel Tindomerel y Hechizero15 por sus gratos comentarios! Espero los próximos, plis!
Saludos ;D
