CAPÍTULO 21: La venganza de Ryddle

A los pocos días de la reunión con Scrimgeour Harry comenzó a notar algunos cambios en la política del ministerio. Stan Shunpike, el vendedor de billetes del autubus noctámbulo fue puesto en libertad, igual que otras personas retenidas en Azkaban sin prueba alguna de que fueran mortífagos o trabajaran para Voldermort, El Profeta puso fin a su actual campaña de difamación contra Harry y, lo más sorprendente de todo, el señor Weasley llevó a Harry un nuevo mensaje en el que Scrimgeour manifestaba su intención de colaborar con la Orden del Fénix y solicitaba una reunión con ellos para unir sus fuerzas y detener el avance de Lord Voldemort.

Parecía que todo marchaba bien, habían destruido dos Horrocruxes, el Mministerio prestaba apoyo a la Orden, incluso la población estaba más tranquila ya que los ataques habían disminuido drásticamente y la llegada del buen tiempo contribuía a que la gente estuviera de mejor humor, pero sin embargo Harry sentía que algo no andaba bien.

Aunque la Oclumancia le protegía de la intrusión de Voldemort en su mente, solía despertar empapado en sudor, atormentado por horribles pesadillas de las que no recordaba nada, excepto la desagradable sensación de inquietud que luego le acompañaba durante el resto del día.

Estaba convencido de que aquella aparente tranquilidad no era más que la calma que precede a la tormenta. Voldemort planeaba algo, estaba seguro, posiblemente un gran golpe, y él, no solo no podía hacer nada por evitarlo, si no que ni siquiera estaba listo para enfrentarse a él porque todavía le faltaba un Horrocrux por destruir, aparte de la serpiente.

El alivio y la alegría que sintiera después de la espectacular huída de Gringots y la inesperada ayuda prestada por los duendes al ocultar el asalto habían desaparecido y en su lugar no quedaba más que una continúa sensación de frustración. Harry no tenía ni idea de dónde buscar la tacita de Hufflepuff y esto provocaba que se pasara todo el día nervioso y malhumorado. Y aunque trataba de evitarlo porque su principal preocupación era encontrar la taza, en ocasiones pensaba en el inevitable enfrentamiento con Voldemort.

Sabía que el momento se acercaba y aunque él había demostrado ser capaz de hacer cosas excepcionales sentía que no podría vencer a un magoalguien tan poderoso como Voldemort. Una cosa era salir airoso gracias a la suerte y las ayudas recibidas pero ya no podría contar con eso.

Sería un duelo a muerte con el mayor mago oscuro conocido, un enfrentamiento que magos con más experiencia y preparación que él eludirían sin dudarlo, y que, sin embargo, él debía buscar.

No es que estuviera asustado, hacía tiempo había tomado la decisión de destruir a Voldemort o morir en el intento y tenía coraje suficiente para mantenerla, es que era dolorosamente consciente de las pocas probabilidades que tenía de vencer. En momentos así pensaba en Ginny, recordaba cada momento con ella y se alegraba de haberla apartado de su lado porque le parecía que si Voldemort vencía así sería menos doloroso para ella.

Con la llegada de la primavera su encierro en Grimmauld Place le resultaba más insoportable que nunca y muchas veces se escapaba a solas hasta la colonia de dragones y visitaba al Opaleye de las Antípodas. Dejaba que Ron y Hermione disfrutaran de un poco de intimidad y él podía olvidar durante unas horas la constante sensación de opresión que sentía últimamente.

El dragón le reconocía y le permitía acercarse, a veces Harry llevaba su Saeta de Fuego y volaban juntos toda la tarde, otras el dragón se inclinaba y dejaba que Harry le montara, a él le resultaba reconfortante la sensación de libertad que sentía al volar junto a un animal tan poderoso.

Harry sabía que Charlie le miraba con envidia y que deseaba hacerle miles de preguntas pero se contenía y le dejaba disfrutar de sus pequeñas escapadas sabiendo que estaba sometido a mucha presión y esos momentos eran una liberación para él. Harry se lo agradecía infinitamente y pensaba que si salía con vida de esta guerra se tomaría todo el tiempo necesario para ayudar a Charlie con los dragones pero mientras no consiguiera destruir a Voldemort se sentía incapaz de pensar en nada más.

Una semana después del asalto a Gringots Harry volvió a Grimmauld Place al anochecer y mientras cenaban les dijo a Ron y Hermione que al día siguiente le gustaría visitar el orfanato en el que se crió Ryddle.

- Voldemort lo detestaba, y además allí siempre hay muggles, día y noche. Es un sitio muy poco apropiado para esconder un Horrocrux porque no podría ponerle tanta protección como a los otros pero no soporto estar sin hacer nada mientras probablemente él prepara un ataque. – Dijo Harry con apatía en la voz, n. No tenía ninguna esperanza de encontrar nada allí y a diferencia de otras ocasiones no sentía ninguna excitación, solo esa horrible y constante inquietud que no lo abandonaba.

- Me parece buena idea, - le apoyo Hermione – hemos revisado otros sitios¿porque no íbamos a hacer lo mismo con este?

- Si – secundó Ron cuando terminó de tragar un enorme pedazo de pastel de calabazaruibarbo – y si no está allí localizaremos la casa de Hezipbat Smith, o el lugar en el que Ryddle y Méerope vivieron juntos… no me miréis así,- dijo sorprendido y ligeramente enfadado por la expresión de incredulidad que empezaba a formarse en los rostros de Harry y Hermione - sé que eso pasó hace un montón de años pero no importa, buscaremos donde haga falta hasta que la encontremos.

Harry sonrió a sus amigos, tratando de olvidar su pesimismo y dejarse contagiar por la iniciativa que por una vez mostraba Ron.

- Al orfanato entonces, - sentenció Harry. con rotundidad.

- Cuanto antes mejor. – Añadió una sonriente - añadió Hermione.

Esa misma noche revisaron otra vez en el pensadero el recuerdo de la visita de Dumbledore al orfanato, fijándose en el nombre de la calle en la que estaba situado y sobre todo en la estructura del edificio. Querían registrar el antiguo cuarto de Ryddle así que esperaban que el edificio no hubiera sufrido reformas importantes.

Luego pensaron en una excusa que les permitiera pasearse por allí sin llamar la atención.

- Podemos hacerles creer que queremos llevarnos a un niño, bueno adoptarlo, – se corrigió rápidamenteugirió Ron, intimidado por ante la mirada asesina de que le dedicó Hermione,. – y luego diremos que no queremos quedarnos con ninguno.

- Las cosas no funcionan así, Ron – suspiró Hermione poniendo los ojos en blanco. – No son mercancías, no puedes presentartse allí, elegir un niño y llevártelo a casa.

- El orfanato fue construido hace un montón de años. Si nos hacemos pasar por estudiantes, - se le ocurrió a Harry – podemos fingir hacer un trabajo sobre el edificio, interesarnos por el año de construcción, características arquitectónicas… así podremos inspeccionarlo sin despertar sospechas.

Hermione se mostró mucho más receptiva a esa idea y tras añadir que así no tendrían que transformar su aspecto para envejecerse ni preocuparse en conseguir ropa muggle demasiado formal cogió a Crookshanks en brazos y después de besar a Ron salió de la sala deseándoles buenas noches a los chicos.

A la mañana siguiente no necesitaron madrugar mucho, ya que no podrían presentarse en el orfanato demasiado temprano. Se levantaron a la hora habitual y desayunaron tranquilamente., Hermione, como todos los días, lo hizo ojeando su ejemplar de El Profeta, que un día más no reflejaba ningún ataque de mortífagos.

Poco después se aparecieron en un callejón solitario situado a pocas calles del orfanato y caminaron casi en silencio entre la niebla matutina que ya empezaba a disiparse. Al doblar una esquina pudieron ver el edificio unos metros más allá, la fachada estaba prácticamente igual que en el recuerdo de Dumbledore aunque habían pasado más de cincuenta años desde entonces, pero no necesitaron acercarse más para darse cuenta de que algo sí había cambiado en esos años.

La acera y las escaleras de entrada estaban atestadas de muchachos de su edad vestidos con uniformes escolares. Evidentemente hacia tiempo que cerraran el orfanato y lo que ahora había en su lugar era un instituto.

- ¿Cómo no lo pensamos antes? – preguntó Harry mirando incrédulo a los alumnos que se agolpaban ante la puerta. – Debió ocurrírsenos que esto podía pasar, han pasado demasiados años desde que Ryddle vivía aquí.

- ¿Y ahora qué hacemos? – dijo Hermione mientras observaba el edificio con gesto contrariado.

- ¿Cómo que qué hacemos? – le preguntó Harry con impaciencia – pues entrar y registrar el edificio. ¿Qué quieres que hagamos?

- Me temo que no será tan fácil, - objetó ella.

- ¿A qué te refieres? – preguntó Ron.

- No somos mayores que esos chicos, - explicó Hermione – y el edificio tampoco es muy interesante arquitectónicamente hablando, no sé si nos creerán. Confiaba en convencer a la directora con esa excusa y utilizar un encantamiento Confundus si sospechaba pero no podemos recorrer todo el colegio confundiendo a cada profesor con el que nos topemos.

Se quedaron donde estaban, incapaces de decidir si continuar con el plan o improvisar uno nuevo.

- Podemos hacernos pasar por alumnos – sugirió rápidamente Ron, con la mirada iluminada como si acabara de tener una revelación trascendental.

- ¿Alumnos a los que nadie ha visto nunca? Se darían cuenta enseguida. – Objetó Hermione.

- Pues digamos que queremos matricularnos para el próximo curso. – Propuso Harry.

- No nos tomarían en serio, - Hermione negaba sacudiendo su enmarañada melena - para los muggles todavía somos menores, tendríamos que ir acompañados de un adulto.

- Entonces volvamos al callejón y transformemos nuestro aspecto – dijo Ron.

Tal como propusiera Ron volvieron al callejón y estuvieron un buen rato intentando cambiar su imagen, tratando de conseguir un aspecto que les ayudara a hacerse pasar por muggles adultos, pero no habían practicado antes y no tuvieron mucho éxito. Harry intentó que le salieran canas pero lo único que consiguió fue teñir su pelo de un horrible color gris parecido al de una rata y cuando Ron quiso dejarse barba le apareció una pequeña mata de pelos que colgaban desde su barbilla hasta la cintura. Al final desistieron entre risas después de un intento frustrado de Ron para hacerse pasar por calvo y de que a Harry se le llenara la cara de ronchas verdes cuando intentaba crear arrugas.

- Podíais tomaros esto un poco más en serio. – Les regañó Hermione con seriedad. Llevaba una melena en la que se apreciaban algunas canas recogida en un tirante moño sobre el cogote y unas gafas pequeñas y cuadradas. También tenía unas ligeras líneas de expresión alrededor de los ojos y había transformado su ropa informal en un traje azul de falda y chaqueta. Parecía rondar los cuarenta y tantos años. Al verla Ron dio un enorme respingo y retrocedió asustado.

- Hermione¿de verdad crees que era necesario que te convirtieras en McGonagall? – preguntó mirándola como si la viera por primera vez, calculando si era posible que con el paso de los años llegara a parecerse a aquella mujer.

Hermione le miró fijamente con los labios fuertemente apretados, lo que, aunque no lo pretendía, acentuó su parecido con la profesora.

- Tendré que hacerme pasar por vuestra tía – dijo ella con expresión severa – ya que vosotros sois incapaces de envejeceros. De todas formas no serviría de nada que envejecierais vuestro aspecto si continuáis con ese comportamiento infantil – les dijo de mal humor.

Hermione echó a andar hacia el edificio y Harry la siguió resignado a poner punto final a uno de los pocos momentos de diversión que había tenido últimamente, al fin y al cabo ella tenía razón, estaban allí para buscar un Horrocrux y aunque aquella visita fuera un mero trámite tenían que tomárselo en serio.

Llamaron a la puerta y les abrió el conserje. Ron, poco acostumbrado a tratar con los muggles, le miró pasmado, asombrado por el aspecto tan pulcro y la educación con la que los trataba, sobre todo si lo comparabas con Filch. Hermione, muy segura de sí misma, solicitó hablar con el director del centro y el conserje les acompañó hasta una pequeña sala de espera. El edificio había sido totalmente remodelado por dentro y ya no presentaba el aspecto viejo y gastado que ofrecía cuando Ryddle era solo un niño.

Era evidente que las clases ya habían comenzado porque no quedaba ni rastro del bullicio que observaran un rato antes, ahora los pasillos estaban desiertos y silenciosos.

Casi inmediatamente fueron recibidos por la directora, una mujer alta y rubia, de unos cincuenta años, que se presentó como la señora Troub y les atendió con mucha amabilidad. Después de las presentaciones Hermione le explicó que estaba buscando un colegio para sus dos sobrinos.

- ¿Es usted su tutora? – preguntó la mujer.

- Sí, - contestó Hermione improvisando con rapidez – acaban de perder a su padres en un desafortunado accidente de avión.

- ¡Oh!, cuanto lo siento. – Exclamó la señora Troub con sinceridad, dedicándoles a los chicos una mirada compasiva.

- Muchas gracias – respondieron Ron y Harry a la vez intentando parecer apenados.

- No comprendo lo que sucede – comentó pensativa la señora Troub - esta clase de accidentes se han vuelto demasiado frecuentes en los últimos tiempos.

- Si, eso parece, - contestó Hermione a toda prisa, ansiosa por cambiar de tema, algo marchaba realmente mal cuando hasta los muggles se deban cuenta. – Mis sobrinos han sufrido muchos cambios últimamente, - explicó ajustándose las gafas a la nariz – por eso dejaré que terminen el curso en su colegio actual, pero tendrán que mudarse a Londres para el curso que viene y he oído hablar maravillosamente de este centro.

- Muchas gracias, señora. – Respondió la directora claramente halagada. – Creo que sus sobrinos se adaptarán perfectamente a nuestro colegio, parecen unos muchachos encantadores, – Harry y Ron respondieron con una tímida sonrisa - y además podrán elegir dormir aquí o en casa, ya que también tenemos alumnos internos.

- Esa es una excelente posibilidad, - exclamó Hermione – creo que este es el colegio perfecto para ellos pero antes de tomar una decisión nos gustaría ver las instalaciones, de hecho nos gustaría verlas hoy mismo ¿sería eso posible? – tanteó con precaución.

- Por supuesto, - accedió la directora amablemente – yo misma les acompañaré.

Salieron del despacho y la siguieron mientras ella les guiaba por algunas aulas que no estaban ocupadas en ese momento, el gimnasio, el aula de música… Harry y Hermione procuraban mostrar interés para no despertar sospechas pero estaban deseando que la señora Troub les invitara a subir las escaleras y poder inspeccionar el piso superior. Ron, en cambio, contemplaba impresionado todo a su alrededor, era la primera vez que entraba en un colegio muggle y observaba cada detalle como si fuera un explorador que acababa descubrir una civilización perdida.

Estaban en el laboratorio cuando sonó un timbre y casi de repente se vieron rodeados por un grupo de estudiantes que irrumpió en tromba para su próxima clase de ciencias.

- ¡Esto es alucinante!- exclamó Ron mirando extasiado a través de un microscopio. Se giró para buscar a Harry pero tropezó con una chica de unos quince años, muy guapa, a la que se le cayeron sus libros. – Lo siento, perdona. – Se disculpó Ron rápidamente ayudándola a recoger sus cosas. – Toma, creo que te olvidas tu …

- ¿Bolígrafo? - la chica la frase mirándole con picardía, pensando que era su presencia lo que provocaba que al pelirrojo se le atascaran las palabras, sin imaginar ni remotamente que el motivo por el que Ron no podía terminar la frase era porque no había visto un bolígrafo en su vida. Como todos sus compañeros llevaba el uniforme escolar, pero la falda era mucho más corta que la un uniforme normal y la camisa, demasiado ceñida, llevaba varios botones desabrochados.

- Si, eso, – balbuceó Ron ante la atenta mirada de su "tía" – adiós.

Se despidió a toda prisa mientras ella todavía le sonreía de forma coqueta y siguió rápidamente a los demás al piso superior sin volverse a mirarla una sola vez, para decepción de la chica. Pero en aquel encuentro algo llamara la atención de Ron.

- En nuestro colegio podrían tomar nota sobre los uniformes – le susurró a Harry al oído en cuanto tuvo oportunidad – las túnicas no son tan favorecedoras como estos.

Sin embargo a pesar de su pretendida discreción recibió una mirada de reproche y un disimulado codazo de Hermione que aunque seguía escuchando la perorata de la directora estaba muy atenta a todo que pasaba.

- Permítame que le diga que sus sobrinos son los dos hermanos más diferentes que he visto en mi vida, – dijo la directora que les guiaba escaleras arriba y no se había enterado de nada – y tampoco se parecen a usted.

- Me lo dicen muy a menudo, yo misma me pregunto a veces si tengo algo en común con el pelirrojo. – Respondió Hermione dirigiéndole a Ron una mirada furiosa, aunque luego trató de disimular y sonrió a la directora. – Si no supiera que no es cierto pensaría que mi hermano le adoptó de pequeño.

La señora Troub le devolvió una sonrisa un tanto confusa, estaban subiendo la misma escalera de piedra que vieran en el recuerdo de Dumbledore, al llegar al segundo rellano la mujer se paró ante un largísimo pasillo.

- Bien, y estos son los cuartos. – Mostró orgullosa la señora Troub abriendo la segunda puerta a su izquierda.

Los chicos se olvidaron inmediatamente de cualquier tirantez entre ellos, estaban en el pasillo de la antigua habitación de Ryddle, de hecho habían pasado ante su puerta.

- Son muy bonitos, y verdaderamente acogedores. – Alabó Hermione entrando en el cuarto con una sonrisa, deseando que a continuación la mujer volviera atrás para mostrarles el que ocupara Ryddle.

- Y parecen muy cómodos – añadió Harry.

- Creo que estaremos muy bien aquí – corroboró Ron.

Salieron de la habitación y siguieron avanzando por el pasillo, alejándose del cuarto que a ellos les interesaba.

- ¿Todos los cuartos están ocupados?- preguntó Harry.

- Todos menos ese que os he enseñado – respondió la directora.

- ¿Y son todos dobles? – siguió preguntando Harry.

- No, también tenemos algunos individuales. Ahora están todos ocupados pero para el curso que viene quedarán algunos libres si os interesan.

- ¿Este es individual? – preguntó Harry volviendo atrás hasta la puerta del antiguo cuarto de Ryddle.

La directora tardó unos segundos en responder, un poco turbada por lo extraño de la pregunta.

- Antes lo era, pero ahora no lo usamos como habitación.

Los tres se pusieron tensos, sabían que cualquier anomalía relacionada con ese cuarto no podía ser una simple casualidad.

- ¿Porqué? – preguntó Hermione observando de reojo un suave movimiento de Harry para coger su varita oculta bajo la ropa.

- Desde que yo estoy aquí siempre lo hemos usado como almacén. – Contestó la mujer sin mirarles directamente, como si estuviera haciendo memoria. – Hace bastantes años traté de rehabilitarlo pero el anterior conserje me hizo desistir.

La mujer hizo una pausa y los tres la miraron esperando que continuara, sabían que lo haría porque hablaba como si contara la historia para si misma, como si hubiera olvidado aquello durante mucho tiempo y de pronto sintiera curiosidad.

- Dijo que ningún alumno lo quería. No sabía porqué pero así era, al poco tiempo de comenzar el curso todos pedían otro cuarto. – De pronto sus ojos se iluminaron como si de repente hubiera recordado algo sorprendente. – Me contó que un alumno incluso cambió de colegio cuando le dijeron que no había ninguna habitación libre.

La mujer alejó sus recuerdos y volvió a mirarles.

- ¡Vaya, que extraño! – exclamó Ron sintiéndose obligado a decir algo ya que le estaba mirando a él.

- Si – afirmó ella – parece que entre los chicos se corrió la voz y ninguno la quiso después. Además tiene una horrible mancha de humedad, - dijo sin darle mucha importancia - la hemos pintado docenas de veces pero al poco tiempo vuelve a aparecer. Es curioso – contó mientras volvía a poner expresión ensimismada - el antiguo conserje decía que la mancha le recordaba a los viejos armarios que había aquí antes, cuando esto era un orfanato, decía que incluso los tiradores de las puertas eran iguales – comentó en tono divertido, como si aquello fue una excentricidad.

No esperaron más, Harry pronunció un hechizo no verbal y de repente la mujer les miró con expresión embobada, rápidamente Hermione se colocó frente a ella y se hizo cargo de la situación.

- El colegio nos gusta mucho pero necesitamos verlo mejor antes de tomar una decisión, ahora usted bajará a su despacho mientras nosotros visitamos las instalaciones y mañana le daremos una respuesta. ¿De acuerdo? – preguntó Hermione obligándola a mirarla a los ojos.

- Sí, por supuesto – contestó la directora y se marchó haciendo eses por el pasillo.

- Está claro que algo se oculta en esta habitación – dijo Hermione en cuanto la vio desaparecer.

- ¿Por qué habrá elegido este lugar? – preguntó Ron mientras abría la puerta con un alohomora.

- Lumos. – Pronunciaron los tres antes de entrar, pues aunque el cuarto tenía una ventana estaba tapada por unas gruesas contraventanas de madera que impedían la entrada de luz natural.

- Para él era una humillación volver a este lugar cada verano – explicó Harry. – Ya antes de saber que era un mago se sentía superior a sus compañeros¡imagínate después! Su mundo era aquel y odiaba que le obligaran a volver aquí, eligió un objeto de uno de los fundadores de Hogwarts como símbolo de su superioridad sobre los muggles y echó una maldición en el cuarto como venganza. Y yo conviví durante años con los Dursley y sin embargo no se me ocurrió esto antes.

- Eso es porque la venganza no entra en tu código de valores. – Le animó Ron posando una mano en el hombro de su amigo mientras entraban.

La habitación estaba llena de productos de limpieza. Hermione había localizado la enorme mancha detrás de una estantería de toallas limpias. Usando un hechizo levitatorio colocó la estantería en el otro extremo de la habitación y los tres observaron la mancha.

- Es un edificio antiguo, las paredes son de piedra. Creo que usó el hechizo Permisceo para fusionar el armario en la piedra, - dijo Harry pasando la mano por la pared – y sobre ella habrán aplicado años después cemento y pintura. Mucha pintura, por lo que dijo directora.

- Será complicado, - dijo Ron con gesto de contrariedad – nunca hemos intentado el Dissolutio con algo tan grande.

Los dos se giraron hacia Hermione como si ella tuviera la solución.

- Creo que podré hacerlo – dijo frunciendo un poco el ceño – por suerte tengo buena memoria. Menos mal que pude ver el armario original en el pensadero o habría sido imposible. Si no sale bien a la primera el armario quedará fusionado con la pared para siempre.

- Esta es mi chica – susurró Ron orgulloso, animándola con una sonrisa.

Hermione cerró los ojos concentrándose en el recuerdo del armario, cuando tuvo una imagen nítida levantó su varita apuntando a la pared.

- Dissolutio.

En lo que durante años todo el mundo había tomado por una mancha de humedad comenzó a apreciarse un movimiento, como un baile de moléculas que se reorganizaran, primero despacio aunque adquiriendo cada vez más velocidad. Pronto pudieron apreciar que la mancha cambiaba de color, adquiriendo un tono más parecido al de la madera, y que sobresalía ligeramente de la pared. Hermione seguía apuntando a la pared con los ojos cerrados, totalmente concentrada en visualizar cada detalle del armario. Aproximadamente un par de minutos después un armario viejo y destartalado pero perfectamente formado estaba delante ellos.

- Impresionante, Hermione – la felicitó Harry y dando un paso al frente se colocó ante el armario mientras Hermione se retiraba con Ron al otro extremo de la habitación, con sus varitas en alto, preparados por si hacía falta.

- Alohomora.

Se oyó un chasquido y la cerradura se abrió. Antes de que Harry estirara el brazo para tocar la puerta esta comenzó a abrirse por sí sola y vieron asomar unos inconfundibles dedos largos, blancos y finos.

La puerta se abrió del todo y Voldemort apareció ante ellos, rodeado de una nube de humo rojo y cargando con un de enorme bulto oculto por una túnica negra. Antes de que tuvieran tiempo de reaccionar apartó la túnica con un rápido movimiento y dejó el bulto al descubierto. Con una sonrisa malvada mostró a Harry el cadáver de Ginny.

- ¡Ridículo! – Exclamó Harry y el bogart se esfumó ante sus ojos. Harry se volvió a sus amigos con una expresión de incredulidad en el rostro. - ¿Cómo pudo ser tan estúpido como para usar un bog…

Pero antes de terminar la frase cayó al suelo con los ojos en blanco, sufriendo pequeños espasmos.

- El humo – gritó Hermione.

Ahora que el bogart había desaparecido y que Harry estaba tirado en el suelo pudieron ver que el humo salía de una vasija que estaba dentro del armario y se expandía lentamente por la habitación. A toda velocidad conjuraron unos cascoburbujas para protegerse y corrieron hasta Harry para tirar de él y llevarle hasta la esquina de la habitación todavía libre de humo, donde Ron le conjuró un casco burbuja. Mientras Hermione corrió hasta el armario para crear una burbuja que rodeaba la vasija e impedía que el peligroso humo rojo siguiera expandiéndose por la habitación.

En cuanto Harry volvió a respirar aire limpio las convulsiones cesaron pero quedó tendido sin conocimiento. Hermione se apresuró a abrir la ventana para permitir la entrada de aire limpio y que la próxima persona en entrar en la habitación no corriera ningún peligro.

Afortunadamente ningún muggle se dio cuenta pero al abrir la ventana una pequeñísima nube de gas rojo salió al exterior y un par de pájaros cayeron muertos en la acera antes de que el humo se disipara por completo.

- ¿Cómo está Harry?- preguntó con preocupación acercándose a su amigo.

- Ha perdido el conocimiento, tenemos que sacarle de aquí cuanto antes – respondió Ron buscando desesperadamente la capa de invisibilidad en los bolsillos de Harry.

- Ron, tenemos que llevarnos la vasija. Tal vez la taza de Hufflepuff esté dentro.

- Está bien – respondió Ron – ocúpate de la vasija mientras yo me encargo de Harry.

Hermione se acercó al armario e hizo un encantamiento levitatorio a la burbuja que encerraba la vasija. Cuando consiguió sacarla fuera del armario la redujo hasta que tuvo un tamaño lo bastante pequeño como para caber en la palma de su mano y la desilusionó. Después volvió a fusionar el armario con la piedra, dejando la pared tal y como estaba cuando entraron, colocó en su sitio la estantería con las toallas y cerró la ventana mientras Ron terminaba de colocarle a Harry la capa invisible.

Se quitaron los cascoburbujas y salieron al pasillo cuidando de no hacer ruido.

- Mobilicorpus – susurró Ron y Harry salió flotando en el aire bajo su capa invisible. Hermione les seguía con la varita disimulada bajo la chaqueta y la burbuja desilusionada oculta en uno de sus bolsillos. Por suerte los alumnos estaban en clase y los pasillos seguían desiertos, bajaron hasta el rellano sin encontrarse con nadie y continuaron hasta llegar al piso inferior.

Estaban cerca de la puerta cuando vieron aproximarse al conserje, creyeron que les sorprendería pero reaccionando con rapidez Hermione hizo un movimiento rápido de varita y una vitrina de trofeos situada al fondo del pasillo se vino abajo con un gran estrépito. El hombre dio media vuelta y se dirigió hacia la vitrina caída, momento que Ron aprovechó para lanzarle un Muffliato y así abrir la puerta y salir al exterior sin que los oyera.

Una vez fuera ni siquiera volvieron al callejón, se ocultaron tras un gran árbol que había ante la fachada del edificio y se desaparecieron allí mismo, preocupados al oír bajo la capa la respiración entrecortada de Harry.