Dedicado a:
Wordenwood
por su idea genial y porque gracias a él este fic no se quedó atorado en el cap. 8
Capítulo 21
La farsa que nadie creyó
Harry estaba seguro que nada fallaría de ese momento en adelante. Tenía todo lo necesario para su plan: una virgen dispuesta a decir lo que fuera y un cazador realmente obsesionado por ella. ¿Qué podría salir mal?
Al terminar la cena y todos los alumnos se dispersaron rumbo a sus respectivas casas, el muchacho observó a Luna levantarse y dirigirse hacia ellos. Divertido, escuchó a Ron suspirar y gemir de placer al verla venir.
Luna llegó a la mesa Gryffindor al tiempo que Harry, Ron y Neville se ponían de pie. El chico pelirrojo casi se cae de lo rápido que lo hizo, pero se incorporó como si no pasara nada, todo esto sin despegar la mirada ansiosa del rostro de Luna. A Harry le estaba costando bastante trabajo aguantar la risa de ver a su amigo así, y ni quiso pensar en las consecuencias que tendría que pagar cuando Ron se recuperara y supiera lo que el ojiverde le había hecho.
Luna, que no estaba acostumbrada a que la miraran con tanta insistencia, se limpió el rostro con el dorso de la mano, quizá pensando que tenía rastros de comida en la cara.
-¿Qué tengo, Ron?. ¿Será puré de papas? Es que creo que comí muy rápido...
El pelirrojo negó vehemente con la cabeza, al tiempo que decía suspirante:
-No, Luna... justo le decía a Harry que siempre he pensado que eres muy bonita... Y esta noche te ves... realmente encantadora.
Harry ocultó una sonrisa volteando a otro lado, al tiempo que Neville los miraba desconcertado y Luna prorrumpía una sonora carcajada.
-¡Ah...! –dijo cuando paró de reír, ante un Ron no menos apasionado. –Ya entiendo... estás fingiendo. Estás ensayando desde ahora tu papel de "enamorado" de mí. ¿verdad?
Aparentemente Ron estaba por negar lo que la chica decía, pero Harry los tomó a ambos, uno con cada brazo, y así en medio de los dos para evitar que su compañero hiciera algo peligroso, marcharon los tres fuera del Comedor. Neville les deseó suerte, y Harry pudo percibir de reojo la mirada de Hermione, que atónita, lo contemplaba llevando a Luna y a Ron del brazo.
El muchacho apresuró el paso temiendo que la inteligente prefecta atara cabos y se diera cuenta que le faltaba una botellita de poción de amor, y por ende, encontrara el porqué de la rara actitud de Ron.
Salieron disparados hacia el despacho de Snape, sin que el pelirrojo dejara de mirar a Luna y suspirara profundamente de vez en cuando. Luna parecía disfrutar de ser víctima de tan pasionales atenciones ya que se ruborizaba pero sonreía satisfecha.
Harry se sintió muy feliz de repente. Se dio cuenta de que ya faltaba menos que poco, quizá unos cuantos días, para tener la poción en sus manos, y como consecuencia, a Hermione sana otra vez.
Además, aquella situación con Ron y Luna le parecía bastante inusual, pero tenía su lado sentimental. Quizá, después de todo, no sería mala idea que su amigo se enamorara de esa chica que siempre había estado tan interesada en él...
-Ninguno olvida nada. ¿verdad? –les preguntó a ambos, pero también fue olímpicamente ignorado por los dos. Ron trataba de ver a Luna sobre la cabeza de Harry, e intentaba adelantarse para lograrlo.
-¡Harry, no vayas tan rápido! No me dejas ver a Luna... –y como si de pronto cayera en cuenta de algo, se detuvo en seco a unos metros antes de llegar al despacho de Snape.
Harry se detuvo también, jalándose un poco hacia atrás ante el imprevisto alto que había hecho su amigo.
Miró a Ron a los ojos y, asustado, vio furia centellando en ellos mientras el rostro se le contorsionaba. Iba a preguntarle qué estaba mal, cuando bruscamente, su amigo se sacudió de su brazo y le gritó, fuera de sí:
-¡ME PUDIERAS EXPLICAR, HARRY... ¿qué DEMONIOS haces llevando del brazo a la chica de la que YO estoy enamorado?. !
Harry tuvo verdadero miedo, y apurado soltó el brazo de Luna, que observaba a Ron abriendo más sus ya de por sí grandes ojos.
-Chispas, Ron... qué bien lo haces. ¿Has pensado dedicarte profesionalmente a actuar? –le preguntó ella ingenuamente.
-¡Espera, Ron! –le pidió Harry retrocediendo al ver a su irritado amigo acercarse amenazante hacia él -¡Luna y yo sólo somos amigos!. ¡Tú sabes que yo quiero a Hermione!
-¡Ayyyy, qué lindo en decir eso, Harry! –canturreó Luna sin darse cuenta que Harry corría verdadero peligro.
Ron bufaba y se acercaba despacio a su amigo, quien estaba considerando sacar ya su varita para protegerse, cuando repentinamente se abrió la puerta del despacho de Snape y el profesor asomó su ganchuda nariz seguramente para averiguar quien osaba gritar de ese modo frente a su oficina.
Harry, Ron y Luna se quedaron paralizados al verlo, y él, después de dirigirles la mirada de odio más profundo que fue capaz, les indicó con una seña que se acercaran. Los tres chicos lo hicieron, Harry guardándose de quedar fuera del alcance de Ron.
El ojiverde volvió a ponerse nervioso cuando, al entrar a la oficina, descubrió que la profesora McGonagall ya estaba ahí, sentada enfrente del escritorio del profesor y mirándolo con una expresión muy rara.
Fue como si una loza de una tonelada cayera sobre el chico de repente, al captar en toda su dimensión el problema en el que se había metido. Se dio cuenta que se había encerrado solo en un callejón sin salida.
Harry empezó a sudar al tiempo que le daba taquicardia. ¿Porqué la profesora lo vería así? Parecía, aparte de la severidad usual en ella, como si estuviera... ¿decepcionada?. ¿o avergonzada?...
¡McGonagall lo sabe todo! se le ocurrió a Harry de repente, y de sólo pensarlo sintió la inminencia de su expulsión lista para la mañana siguiente.
-¡Profesora! –susurró Harry casi sin voz, mientras Snape cerraba la puerta al permitirles el paso a Luna y a Ron.
-Buenas noches Potter, Weasley... y señorita Lovegood –dijo mirando perspicaz a la chica.
Un sentimiento de gran culpabilidad invadió a Harry, sobreponiéndose al de miedo. Si las cosas salían mal, no sólo lo expulsarían a él, sino que también estaba metiendo en problemas a Ron y a Luna... se arrepintió de todo corazón de haber hecho tan arriesgado plan. ¿Pero qué demonios estaba pensando al involucrarlos a ellos?, pensó avergonzado. ¿Cómo pudo haber creído, por un segundo, que podría engañar a McGonagall y a Snape?
Por algunos momentos nadie dijo nada. El único nervioso era Harry, pero se cuidaba de demostrarlo. Luna, en cambio, estaba tan campante como siempre, disfrutando enormemente como si estuviera en una fiesta divertidísima. Y Ron... pues, Ron no podía estar actuando mejor. Simplemente estaba con la boca abierta sin despegar los ojos de la chica Ravenclaw... a todas leguas enamorado con locura y sin disimulo.
Ambos profesores intercambiaron severas miradas, y por fin, ella dijo:
-Bien, Potter... el profesor Snape me ha hecho saber de la nueva imprudencia del profesor Slughorn de enviar otra vez alumnos a cazar unicornios... Parece que no le bastó que una vez saliera todo mal... pero bueno, eso ya lo hablaré con él. Y sinceramente, no entiendo qué haces tú aquí, si se supone que ahora los implicados son otros –le dijo levantando las cejas sobre la altura de los anteojos.
Harry quiso hablar, pero parecía haberse quedado mudo del sobrecogimiento que sentía. Y antes de que lograra articular alguna palabra, la profesora continuó diciéndole:
-Aunque la respuesta es obvia... el señor Weasley no está muy... normal, por lo que observo –miró a Ron despectiva, éste ni se inmutó. –Así que, señorita Lovegood... ¿es verdad que usted acompañó al señor Weasley de cacería por encargo del profesor Slughorn?
-¿De cacería? –preguntó Luna como saliendo de un lindo sueño –De hecho, no profesora... lo de la excursión para encontrar Snorckacks de cuernos arru...
-¡No, Luna! –la interrumpió Harry espantado. –La profesora se refiere al Unicornio... ¿recuerdas? El que les hizo el maleficio...
-Ahhh, ese... –y mirando a McGonagall le dijo: -Sí, profesora... yo fui con él. ¿Quiere que le cuente cuando Ron me tocó en mis...?
-¡No, señorita! –atajó la profesora de Transformaciones a toda prisa. –Créame que esos detalles... no me interesan. Sólo quería confirmar lo dicho por Potter al profesor Snape -Harry estuvo seguro que la decir esto, ella lo miró a él de manera acusadora –Siéntense los tres, por favor.
-¿Me puedo sentar junto a ti, Luna? –le preguntó jadeante Ron mientras acercaba su silla lo más cerca posible a la de ella.
Harry de nuevo tuvo que reprimir la risa al ver a su amigo apoyar la barbilla en el descansabrazo de su asiento mientras suspiraba hondamente y contemplaba a la chica como si fuera lo único digno de ver en aquella oficina, esto sumado a la expresión de estupefacción de McGonagall y la de asco que ponía Snape.
-Lo que hay que ver... –murmuró éste con repugnancia, pasando su fría mirada de Ron hacia Harry.
El muchacho le sostuvo la vista con furia, molesto por el comentario que había hecho... después de todo. ¿qué le interesaba a él si Ron moría de amor por Luna?
-He intentado hablar con el profesor Slughorn en la cena, Minerva –dijo Snape dirigiéndose a la profesora pero sin despegar sus negros ojos de Harry –pero, provincialmente para alguien, Horace parecía haber sufrido un ataque de sordera repentina... no escuchó palabra de lo que le dije, por lo que no me pudo responder. Pero ya habrá tiempo de preguntarle... mañana, antes de empezar a elaborar la poción.
Harry se hizo la acotación mental de hablar con el profesor muy temprano en la mañana, o de ser posible, esa misma noche, antes que Snape descubriera el engaño... tendría que confiar que al profesor de Pociones no le importaría mentir por él.
-No, Severus –dijo la profesora sorprendiendo a todos. –Lo haré yo. Me corresponde aclarar eso por ser la jefa de la casa del chico afectado.
-¿Segura, Minerva? A mí realmente no me...
-Te he dicho que yo lo haré, Severus... Y es mi última palabra –Snape la miró retadoramente, pero la profesora no se perturbó. Y agregó: -Entonces, aclarado el asunto. ¿podemos finalizar con esta reunión?
-Nooo... ¿tan pronto? –preguntó Luna desilusionada, -Si todavía no les cuento lo que hicimos Ron y yo en el bosque, cuando...
-Shhhhh, Luna... así déjalo ya –le advirtió Harry, quien se estaba empezando a sentir gratamente aliviado.
McGonagall y Snape miraron a Luna por un momento, como si no pudieran creer lo que oían y quizá pensando que Luna estaba más afectada por lo sucedido que el mismo Ron.
-¡Yo sí quiero que me cuentes, Luna! –le suplicó el pelirrojo embobado: -¿Qué hicimos tú y yo que ya no recuerdo...?
Por suerte para Harry, los profesores parecieron no escuchar esto último, ya que se estaban levantando de sus sillas. Harry también se levantó de un salto sin poder creer que todo estuviera saliendo a pedir de boca.
-Entonces –le soltó amargamente Snape a McGonagall -¿Puedo estar seguro de que no hay duda que este –miró a Ron levantando una ceja, –alumno, esté bajo los poderes de esa maldición? Sinceramente, Minerva... tengo mis serias dudas al respecto.
Harry se sorprendió de la obstinación de Snape, sintiendo que el terror lo invadía de nuevo. Pero afortunadamente, la profesora no parecía estar de acuerdo.
-¿Pero qué no lo estás viendo tú mismo, Severus? –dijo ella, impaciente -¡Mira al chico, cómo está por su compañera!. ¡Parece... idiotizado!
-¿Me hablaban? –murmuró Ron, volteando hacia McGonagall.
Ella lo ignoró y continuó diciéndole a Snape:
-Esto es grave y lo sabes, Severus. No podemos darnos el lujo de esperar que la obsesión de Weasley se torne peligrosa y trate de atacar a la señorita Lovegood. Necesitamos que nos elabores la poción... lo más pronto posible.
¡Sí, sí!. ¡Lo más pronto posible!... ¿Qué no la oíste, amargado? Harry tuvo ganas de gritar, pero se contuvo haciendo un gran esfuerzo. Era un placer indecible mirar a Snape poner esa cara de fastidio por tener que hacer algo que él sabía, sin duda y acertadamente, no era para curar a Ron. Pero a Harry no le importaba lo que creyera, mientras le hiciera la poción y todo resultara bien...
-Tienes razón, Minerva –dijo Snape con furia contenida. –Empezaré su elaboración hoy mismo... Creo que en unos tres o cuatro días estará lista.
-Bien. Entonces, si no hay más que agregar... –la profesora se encaminó hacia la puerta –Mandaré a la señorita Lovegood a recogerla, para que se la administren al señor Weasley, quien estará a buen resguardo en la enfermería mientras tanto.
-¿En la enfermería? –gimió Harry consternado. Eso no se lo esperaba.
-Así es, Potter. ¿O qué esperabas?. ¿Qué lo dejemos suelto para que siga y acose a la señorita Lovegood?
-A mí no me molesta, en verdad... –se apresuró a puntualizar Luna, pero McGonagall no hizo caso y abriendo la puerta, le dijo:
-Retírese a sus habitaciones, señorita Lovegood. Y tú Potter, acompáñame a llevar al señor Weasley con madame Pomfrey.
Harry levantó a Ron jalándolo de un brazo, y sin voltear a ver a Snape salió a toda prisa tras McGonagall tirando de su amigo. Ya afuera, alcanzaron a escuchar a Luna decirle a Snape:
-Profesor... usted no parece una persona muy feliz. ¿Está seguro de que no se le han metido polillas invisibles por la...?
Harry hubiera pagado por ver la expresión de Snape en ese momento, pero tuvo que resignarse y siguió caminado atrayendo a Ron. No se olvidaría de darle las gracias a Luna ampliamente a la mañana siguiente.
-¡Espera, Harry! –exclamó Ron -¡Yo quiero acompañar a Luna a su dormitorio!. ¡Es más, quiero dormir con ella!
-Weasley, no diga tonterías –lo reprendió la profesora.
Los dos chicos caminaron detrás de ella, mientras Ron suspiraba y volteaba quizá con la esperanza de ver a Luna de nuevo. McGonagall no les volvió a dirigir la palabra hasta que llegaron a la puerta de la enfermería, cerrada ya por la hora que era. Harry se asombró porque imprevistamente, la profesora giró sobre sus tobillos para encarar a los dos amigos y lucía muy enojada.
-Weasley... ya puede dejar de actuar, por favor. Y tú, Potter... –parecía no encontrar las palabras adecuadas, estaba visiblemente molesta por algo. –Creo entender que hayas preferido montar esta farsa en pos de obtener la poción, ya que Severus no es alguien que pueda entender este tipo de cosas... pero, por Merlín... ¿Cómo pudiste creer que nos engañarías?
Ni qué decir que Harry se sintió tan abochornado que creyó que se prendería del calor que sentía en las mejillas. ¡Entonces, la profesora lo sabía!. ¿Y ahora, que pasaría? Se quedó mudo, esperando que ella dijera algo más.
-Potter... –dijo ella mirándolo a los ojos –Yo hablé con Horace antes de la cena. Sé que no ha enviado a nadie más en pos de unicornios. Sé que esa historia es cuento tuyo, solamente. Tengo que reconocer que ingenio te sobra, muchacho. Pero necesitas algo más que ingenio para intentar engañarme.
-Yo... –Harry no podía mover la lengua de lo seca que la tenía... No entendía porqué si la profesora sabía la verdad, no lo había desenmascarado delante de Snape. En vez de eso, lo había ayudado. ¿Porqué...?
La profesora seguía con los ojos fijos en él, pero Harry percibió en ellos algo que ya no era disgusto. Quizá decepción... pero también había comprensión. McGonagall suspiró fuertemente antes de decirle:
-Harry... –él se sorprendió, pues rara vez lo llamaba por su primer nombre. –Entiendo lo que ha pasado entre la señorita Granger y tú... no soy estúpida. ¿sabes?
Harry se avergonzó y bajó la mirada... Pensó en Hermione... ella lo mataría cuando se enterara que un profesor sabía su secreto.
-¿Lo sabe...? –farfulló él.
-Así es... tu historia para obtener la poción no hizo más que confirmar las sospechas que ya tenía tiempo atrás... Había intentado hablar con la señorita Granger en un par de ocasiones, y en todas actuó de manera... diferente. No era la misma chica, y eso me hizo pensar que ya estaba bajo la maldición. Y el evidente distanciamiento entre tú y ella, también me hacía dudar. Además, el libro en mi oficina... un buen día estaba en una página diferente a la que yo lo había dejado... alguien entró y leyó sobre la maldición... ¿no es cierto?
Harry siguió sin poder ver a su profesora de manera directa. Se sentía sumamente apenado de que ella supiera aquello que él había evitado de todos los modos posibles alguien se enterara.
Pero llegó a la conclusión, de que probablemente ella los conocía a Hermione y a él más de lo que les convenía a ambos. Frustrado, se dio cuenta que todo su plan había sido en vano.
Sin esperar respuesta, la profesora agregó:
-Pero tampoco soy tan anticuada como parezco... Y cabe agregar que también fui joven. Sé que se comenten errores –y para regocijo de Harry, quien había levantado la vista otra vez, ella sonrió con calidez al agregar. –Y los errores cometidos por amor, merecen ser perdonados.
-Profesora... –se atrevió a decir Harry esperanzado después de unos segundos, mientras sostenía a Ron de una manga, pues éste pugnaba por salir huyendo de ahí, seguramente tras Luna. -¿Eso quiere decir, que no nos expulsarán?. ¿No le dirá a Snape?
-¿Al profesor Snape? Oh, no... él no entendería. Cierto es que necesitamos la poción para aliviar a la señorita Granger, y sólo Severus la sabe elaborar. Si supiera la verdad haría todo lo posible por expulsarlos antes que preparar la poción... Mejor dejémoslo así, Harry. Sólo te voy a suplicar que tengas cuidado de hoy en adelante... ¿Sabes de lo que hablo, verdad? –preguntó mirando sagaz al muchacho.
-Por supuesto, profesora –se apresuró a decir Harry, aunque no muy seguro de poderlo cumplir. –Cuente con ello... –y añadió, ilusionado: -¿Eso quiere decir que no nos castigará?. ¿Ni a Ron ni a Luna?
La profesora pareció debatirse por unos momentos , pero indudablemente algo mayor a su manía de cumplir reglas se impuso, porque le respondió sonriendo:
-No, Potter... –y dijo mientras miraba a Ron, -Por cierto, qué buena actuación, Weasley... por un momento casi me convence...
Ron la miró extrañado, sin entender de lo que hablaba, y entonces, Harry recordó algo:
-Profesora... ¿es necesario dejar a Ron en la enfermería? Digo, si usted sabe que no está realmente hechizado. ¿para qué serviría?
-Lo siento, Potter... y Weasley. Pero si queremos que Snape prepare la poción sin hacer más preguntas, necesitamos llevar esto hasta las últimas consecuencias. Me temo que al señor Weasley le tocará la peor parte. El día que esté lista la poción, y se la administremos a la señorita Granger, el señor Weasley podrá salir, supuestamente ya aliviado.
Harry suspiró resignado, mientras Ron no parecía darse cuenta de lo que estaban conversando. Estaba dispuesto a introducirse en la enfermería con su amigo, cuando la profesora lo detuvo.
-Un momento, Potter. Necesito preguntarte algo. ¿Sabías que al tomar la señorita Granger la poción, ésta la aliviará, pero tendrá un efecto secundario sobre ella?
-¿Efecto secundario? –a Harry se le enchinó la piel de miedo¿de qué hablaba la profesora?
-Así es. Pero no te angusties, no es grave. Y de hecho, creo que es lo mejor para ella. Y creo que es importante que tú estés sobre aviso...
----------oOo----------
Hermione permanecía sentada en la sala común, ya vacía a esa hora de la noche. Miraba furiosa el fuego aún vivo de la chimenea, mientras se preguntaba si Harry y Ron ya estarían en su habitación; o si aún estaban fuera. Y si era así. ¿porqué tardaban tanto en volver? Y bueno, no era que Ron le interesara, más bien era el misterio sobre el paradero de Harry lo que la tenía fuera de la cama.
Había interrogado a Neville al terminar la cena, pero el chico no le quiso decir nada. Entre tartamudeos, su amigo le juró que no sabía adónde habían ido ni que estaban haciendo. Hermione no le había creído, por supuesto.
La chica vestía ya sus pijamas y llevaba calzadas unas pantuflas, pues había hecho el intento de dormir... pero el sólo recuerdo de Harry sentado en la mesa de Ravenclaw y pegadito a Luna sonriéndole entusiasmado, sumado a la imagen de él saliendo del Gran Comedor con ella del brazo, le habían impedido concebir el sueño, ocasionándole que tomara la determinación de levantarse e intentar averiguar si el muchacho ya había vuelto. Pero no los vio regresar, y no se atrevió a entrar al dormitorio de los chicos para cerciorarse si ya estaban ahí.
Desolada, recordaba que en la última discusión que habían sostenido, Harry le había dicho que ya no estaba interesado en ella, y que se buscaría una chica que valiera la pena. ¿Acaso sería Luna esa chica?
Después de todo, era a ella a quien el joven había llevado a la fiesta de Navidad de Slughorn, cuando Hermione no aceptó ir con él. ¿Sería posible que Harry sintiera algo por la rubia y que Hermione no lo hubiera notado? El sólo pensamiento le quemaba como brasas en el estómago, aunque no entendía porqué.
Ella ya no lo amaba... lo sabía. ¿Cómo lo podría amar después de lo qué Harry le había hecho? Él era un sinvergüenza, que le había mandado aquella carta horrible... y que se había besado con Ginny cuando aún eran novios. Era indigno del cariño de nadie... se merecía lo que Hermione le hubiera hecho.
Harry era libre de hacer lo que quisiera y de andar con quien quisiera... y Luna, pues sólo se arriesgaba al andar con un bribón como él. Pero ese era problema de ellos dos, no le debía importar...
Entonces... ¿Porqué sentía ese vacío y ese dolor sólo de imaginarse que él estaba con otra chica?
Imágenes hirientes le cruzaron la mente, imágenes de Harry y Luna juntos... haciendo cosas que alguna vez ellos hicieran. La chica castaña se sacudió la cabeza furiosa con ella misma por lastimarse de ese modo. Pretendía convencerse que eso no le importaba en lo más mínimo, que ella ya no quería nada con él... que ya no lo amaba, que ya no lo deseaba...
Recordó que cuando Harry le había dicho que ya no la amaba, ella no le había creído... pensó que con unas miradas sugerentes y unas palabras seductoras volvería a caer loco a sus pies como antaño... Pero no había sido así... el chico la había ignorado los últimos días, y ahora...
Ahora estaba con ella.
¡Entonces, de verdad ya no me ama,pensó con dolor. Bueno, pero eso no debía importarle. ¿O sí?
El problema será que ahora no podré darle su merecido... Hermione se preguntaba porqué una voz interna le seguía diciendo que debía castigar al muchacho por el daño que le había infligido... ¿Qué no había sido suficiente ya?. ¿No debería tener un poco de orgullo, y dejarlo seguir con su vida?
Un escalofrío recorrió su cuerpo sólo de pensar que ya nada sería como antes... que había perdido a Harry para siempre. Qué jamás sería ni siquiera su amigo. Ni Ron tampoco... y a veces, los extrañaba tanto a ambos...
Pero Hermione se repuso inmediatamente, ya que un frío y conocido sentimiento de autosuficiencia volvió a invadir su alma, y así, desechó cualquier pensamiento cálido que la hubiera embargado.
¡No los necesito, a ninguno de los dos! se decía a sí misma mientras caminaba resuelta hacia las escaleras del dormitorio de las chicas, dispuesta a sacar a Harry de su cabeza y dormir en paz.
A punto de poner un pie en el primer escalón, el ruido del retrato abriéndose la sobresaltó. Presintiendo quien sería, se detuvo pero no miró hacia atrás.
Sintió al chico observarla por un momento, y que de inmediato dirigía sus pasos a la escalera del dormitorio de los hombres... Ni siquiera me habló, pensó con aflicción.
Por unos segundos se debatió en una lucha interna entre su orgullo y el interés que tenía sobre él. Dejándose ganar, giró sobre sus talones y le llamó anhelante:
-¡Harry!
Apenas si lo alcanzó... el muchacho ya estaba por entrar a su recámara, pero al escucharla se detuvo en seco y la miró.
Hermione comprobó, con gran dolor, que Harry lucía feliz, que sus ojos tenían un brillo peculiar... de seguro acababa de pasar un buen momento con Luna. El sólo pensar eso la llenó de desdicha.
-¿Si? –preguntó él indiferente, como si Hermione fuera... cualquiera.
Ella no supo que la lastimó más... si su indolencia o el hecho de saber que venía de estar con otra chica. No supo que contestarle.
-Yo... –balbuceó, totalmente desarmada emocionalmente. Algo, muy profundo en su corazón, le pedía en un murmullo apenas audible que corriera hacia él y le pidiera perdón. Pero ella ignoró ese llamado.
-...Yo... creo que eres un desvergonzado, Harry Potter. Y patético, además.
No supo ni porqué le dijo aquello... él sólo la miró fríamente. Por un momento, ella pensó haber visto sorpresa y aflicción en la verde mirada de él, pero no estaba segura. Pudieron haber sido las sombras de la noche.
-¿Algo más? –murmuró él con voz impasible.
Hermione se sintió derrotada... quería llamar su atención de cualquier manera; pero no lograba obtenerla ni siquiera insultándolo. Hubiera querido que él regresara y la sacudiera, y peleara... pero no resultó...
-¿Estás con Luna, verdad? –se le salió sin poderlo evitar. Su voz sonaba llena de amargura. Pero necesitaba saberlo... -Vienes de estar con ella. ¿no es cierto?
Harry la miró profundamente, cómo sondeando los motivos de la chica para inquirir aquello. Por un largo momento no contestó nada, y esos segundos bastaron para que Hermione se arrepintiera de haber preguntado. Va a creer que estoy interesada en él, pensó.
Sin esperar contestación, se volvió y empezó a subir lentamente por la escalera, en un esfuerzo sobrehumano de alejarse de la fuente de su dolor.
-Espera... –le pidió él en un murmullo.
Se quedó inmóvil, con su alma aferrada a una débil esperanza. Escuchó sus pasos quedos acercarse a ella, hasta quedar a su espalda.
Una manos fuertes y cálidas que ella conocía muy bien la tomaron por los brazos, al tiempo que la voz afectuosa de Harry le susurraba en un oído, provocándole un estremecimiento total:
-...Tenemos que hablar.
