Nota: Travesura realizada. Otro que se va al archivo de "completos". Gracias a todos.

El Conocimiento de la Pasión

Lessa Dragonlady

Epílogo

Con la derrota de Voldemort el mundo mágico comenzó una celebración insuperable. Al igual que en 1981 los muggles registraron luces anómalas en el cielo y parvadas de lechuzas que parecían cargar cartas y periódicos. La noticia se corrió de boca en boca hasta el último rincón del Reino Unido: Harry Potter ganó de nuevo. Todos soñaban con hablar con el grandioso héroe, tener su autógrafo, agradecerle por salvarlos. Ninguno sabía que eso era exactamente lo último que Harry deseaba en general, y ahora menos. Tampoco era de conocimiento público que probablemente jamás regresaría a Inglaterra o Hogwarts, su futuro estaba en el Weyr o en Beauxbatons. La etapa donde Voldemort fue tan decisivo en su vida quedó atrás, Harry es libre. Sus planes para el futuro dependían exclusivamente de la recuperación de su esposa, algo que necesitaría intervención divina para suceder, según los sanadores. Tras una semana de que Hermione cayó en coma, la falta de diagnósticos probables era frustrante. Parecía como si el alma de la bruja se hubiera desvanecido, dejando su cuerpo atrás. Ni siquiera los lectores de magia detectaban algo cerca de ella. Más parecía un increíble maniquí que un humano.

Harry y Olympe unieron fuerzas económicas y de relaciones públicas, todo en búsqueda de un médico o sanador que consiguiera traer a Hermione de regreso. La opinión de Fenor apuntaba a que jamás una dragón reina había sido asesinada, siempre morían de forma natural, y en el proceso la jinete moría también, lo que quizá significaba que la brutal muerte de Orlith no dio tiempo a que el cuerpo de Hermione reaccionara, y simplemente se llevó su alma. A Harry no le gustaba esa teoría, pues confirmaba que no existía forma de revertir el estado de su esposa. Fenor invitó a Harry al Weyr, donde tal vez la magia y compañía de dragones ayuden a la mejora de Hermione.

No fue una decisión difícil. Harry se marchó al Weyr con Hermione y el resto de los dueños de lagartos de fuego, quienes fueron invitados a presenciar la eclosión del huevo dorado de Ramoth. Entre los elegidos para conseguir un dragón estaban Neville y Laureen. Fenor reservó una de las mejores habitaciones para Hermione.

Viktor entró a esa habitación, buscando a Harry. Le preocupaba que su mejor amigo no se rindiera de algo que obviamente no tenía solución. Aunque no pensaba decirle nada al respecto, por lo menos no pronto. Respetaría el proceso de Harry. Canth voló hacia Zafirth, cruzando alas en un abrazo de apoyo. El bronce no parecía mejor que su dueño, perder por completo a su consorte lo desequilibró de varias maneras.

—Aquí siempre huele bien, ¿no crees? —dijo Viktor acercando una silla para sentarse junto a él.

Harry despegó sus ojos de la bruja inconsciente —Es extraño. El Weyr me hace sentir en paz. Todo aquí se rige por la magia de los dragones. La comida es increíble, aunque parca. Y ni hablar del kahl. Cuando Hermione despierte será muy feliz aquí. Tal vez la convenza de vivir unos meses en el Weyr antes de regresar a Beauxbatons donde todas sus responsabilidades nos apartarán un poco.

Viktor se lamió los labios secos —Tienes mucha fe en la recuperación de Hermione.

—Quiero creer que los dioses dragones tienen un plan especial para ella. Sé que no la habrían elegido para Orlith solo para verlas morir. Algo debe estar a la espera.

El búlgaro no quiso mirar más tiempo el cuerpo sin vida de su amiga. Se giró para enfrentar a Harry.

—Voy a dejar a Tiffany.

Eso consiguió que el joven inglés quitara la atención de su esposa —¿Cómo? Déjame ver si entiendo. Tardan un año en admitir sus sentimientos, después de un cansadísimo estira y afloja la piensas dejar.

Asintió —Creo que ese fue el problema. Ella me gusta, por supuesto, pero en un año apenas cruzamos palabras de verdadera importancia. Tiffany es una dama que desea una vida tranquila en Francia, sin preocupaciones. Yo tengo la responsabilidad de Canth, no soy un hombre educado para estar en alguna mansión sin esfuerzos y...

Harry entrecerró los ojos —Luna tenía razón. Amas a Laureen.

El búlgaro se sonrojó —Bueno, sí, eso también.

—¿Cuándo pasó?

Se encogió de hombros —En algún momento entre sus ojos negros y la forma en cómo consiguió que le contara de mi madre.

Harry recordó ese terrible suceso —Deberías hablar con Tiffany. Ella dice que está aquí para ayudarme con Hermione, pero sé que es también por ti. Y con mayor razón debes hablar con Laureen. Si resulta seleccionada como reina tendrás que compartirla con quien sea elegido por el bronce más fuerte de la camada.

—No sé si pueda con eso. Sé lo poderoso que es un enlace entre consortes. La conexión entre Hermione y tú era titánica. Tal vez Laureen consiga ser feliz con el nuevo caudillo del Weyr. Yo solo estorbaré.

—Recuerdo todas las veces que Laureen mencionó detestar esa imposición. Ella estaba aliviada de no haber sido elegida por ningún dragón porque así era libre de escoger a su pareja. Puede que si le expresas tus sentimientos ella decida no entrar a la eclosión.

Viktor bufó —Si hubieras salido hoy de esta recámara sabrías que eso es imposible. El Weyr está terminando las preparaciones para el nacimiento de la reina. Cada dragonero viste con los mayores honores. El festín está casi listo. Y sobre todo la gente anda extasiada de que sea Laureen quien continuará el reinado de Lessa. Tenían miedo de que la nueva elegida fuera una desconocida que tal vez no quisiera cumplir por completo con todas sus responsabilidades. Laureen fue llevada desde temprano a la cámara que le pertenecía a Lessa. Quieren arreglarla para su gran día.

—¿La dejarás ir sin pelear?

—Es lo mejor.

—Cobarde.

Viktor le echó una mirada hosca —Lo hago por ella.

—Cobarde.

—Jódete, Potter.

La puerta se abrió. Ambos se giraron curiosos.

En la entrada estaba la aún Señora del Weyr, Lessa.

Harry observó el cuerpo huesudo y moribundo de la jinete, parecía enferma de cáncer. Recordó lo que dijo Fenor. Ramoth tuvo tiempo de desgastar el cuerpo de Lessa, y ambas partirán juntas de este mundo. Orlith no tuvo la misma suerte.

—Quería verla antes de morir —dijo casi sin voz.

Viktor la ayudó a acercarse. La vieja reina recorrió con los ojos pálidos el cuerpo de Hermione.

—Este es el mayor miedo de cualquier reina —susurró—. Permanecer aquí cuando ya no existe tu dragón dorada. Ustedes no lo entienden, aunque sé que la conexión que tienen con Zafirth y Canth es poderosa, no es nada si la comparas con la de un jinete y un dragón, y la de ellos es apenas una décima parte con la de una mujer y la dragón reina. Quizá Hermione en realidad sigue entre nosotros, pero no quiere regresar porque sabe que Orlith ya no está aquí.

Harry respiró profundo, evitando soltar un grito de frustración. Si eso era... Si Hermione se estaba dando por vencida...

Lessa acarició el cabello castaño de la bruja —No quisiera estar en su lugar. Si las leyendas son ciertas entonces Hermione y yo nos reencontraremos en un plano divino, rodeadas de antiguas reinas y doradas —colocó su atención en Harry—. ¿Deseas que le dé un mensaje de tu parte?

Harry no supo qué responder. En parte era una gran idea, una última despedida a la mujer que tanto ama. Pero también significa aceptar lo inaceptable, que su esposa nunca volverá con él.

Lessa soltó un bufido —Terco. Eres peor que Flar, aunque solo porque la edad lo ha vuelto más tolerante. Adiós, Potter. Adiós, Krum.

Los jóvenes magos la vieron marchar, la magia de la reina dejando una estela desvanecida detrás, como si la muerte ya estuviera caminando sobre sus talones.

Viktor apretó suavemente la mano de Hermione antes de levantarse.

—Yo también me marcho. Tengo que organizar a Chris y los demás para la eclosión. Fenor me pidió que ocupáramos las dos primeras filas que rodean el nido... ¿Me vendría bien un poco de ayuda?

Harry negó —Puedes hacerlo sin problemas. No quiero dejar a Hermione sola, puede que despierte y si no me ve...

—Ya. Volveré por ti cuando sea la hora de la eclosión.

Salió de la cámara hacia los pasillos de madera y piedra negra. El aire bochornoso debería haber aumentado su nerviosismo, pero era tan parte del Weyr y su magnífico poder que en realidad lo ayudó a calmarse. Llegó hasta las barrancas donde todos los dueños de lagartos de fuego se hospedaban. En la puerta estaba Gette con su gran cobre encaramado en sus hombros. Canth soltó un gorgoreo, feliz de encontrarse con un lagarto como él.

Gette puso los ojos mieles en ellos, como si la hubieran arrancado de sus pensamientos. Sonrió forzadamente.

—¿Supongo que no convenciste a Harry de salir un momento?

Viktor negó —Insiste en que Hermione despertará.

Gette bajó el rostro, conteniendo las lágrimas —Claro. Esto no es nada como imaginé este día —se sonrojó al decir lo siguiente—. Hoy es mi cumpleaños. Lo único bueno que tengo es a Drakath, pero incluso él me parece una gran responsabilidad. Se supone que tengo que proteger a la camada, ser fuerte y capaz... ¿Cómo podría? Quiero llorar y gritar del coraje. Perdí a mi mejor amiga. Neville será el nuevo señor del Weyr, lo que significa que unirá su vida a la nueva reina, así que bien puedo dar por terminada esa relación. Ni siquiera sé si podré regresar a Francia cuando pase la eclosión del Weyr. ¿Qué haremos Viktor? Luna es nuestra reina, necesitará apoyo, en especial porque sus dos opciones de consortes son... difíciles.

Viktor intentó no sonreír por la elección de palabra. Pensó que Chris jamás superaría su preferencia sexual, ni con toda la magia dragonil se acostaría con una mujer. Lo que en realidad solo dejaba una opción como candidato a consorte de Luna. Dimitri Dupont.

—Hace algunos meses tuve una conversación con Dupont —dijo el búlgaro recordando el encuentro en el hotel parisino—. Se veía devastado. Tomó todas las malas decisiones, perdió el prestigio de su apellido, su dinero, su libertad y, lo peor, a Hermione. Ya estaba resignado a no ser feliz de nuevo. Me conmovió. Jamás pensé que en un futuro tendría que servirle, menos tener que confiar en él.

Gette lo miró atenta, cuando vio que ya no iba a agregar algo se enojó —¿Eso es todo? Creí que me convencerías de que todo saldrá bien con él como consorte de Luna.

—Así somos nosotros. Tú y yo, quiero decir. Duros y directos, sin mentiras piadosas que aligeren la situación.

Canth y Drakath soltaron un rugido parecido a una carcajada. Gette dejó caer los hombros.

—Sí, supongo... También nos parecemos en amar a las personas menos indicadas, ¿verdad?

Viktor sintió su boca secarse —No sé de qué hablas.

—Por favor, dijimos que sin mentiras, ¿no? Estamos exactamente en la misma posición. Neville y Laureen serán los nuevos amos del Weyr, compartirán lecho, vida e hijos. Mientras, tú y yo estaremos quién sabe dónde, sirviendo a Dupont y a Luna.

—¿Por qué estás tan segura de que Neville será elegido?

Gette sonrió sin humor, notando perfecto que no negó sus sentimientos por la otra dragonera.

—Él lo merece más que nadie. Es valiente, honesto, un líder nato. Al Weyr le falta sangre como la suya. No puede haber nadie mejor que Neville.

Viktor asintió con frustrante resignación. Si tiene que perder a Laureen, que por lo menos sea por un hombre con esa descripción.

—¿Debo suponer que Neville y tú decidieron terminar su relación?

—Él no quiso escucharme cuando lo sugerí. Terco.

—Igual que Harry.

Gette bufó —¿Será que todos los dueños de bronces son iguales?

—La probabilidad es alta —replicó sonriente.

La puerta se abrió y un muy satisfecho Chris, con su bronce enrollado en su cabeza, cual corona, salió agitando una carta.

—Adivinen qué noticias me llegaron —dijo tan emocionado que usó la voz chillona que Viktor de verdad no aguantaba.

—¿Qué? —replicaron Gette y él, con el mismo tono intolerante. Ambos cruzaron una mirada, sorprendidos por lo que parecía una obvia similitud entre ambos. A Viktor le dio gusto, ya que ella sería su principal acompañante en la protección de los lagartos de fuego.

Chris, acostumbrado de toda la vida a los malos modos de su adorada amiga, no dejó la sonrisa para responder.

—¡El primer vuelo de Prideth sucedió esta mañana! Cho Chang ya tiene consorte oficial... ¡Es un viejo de setenta años, el antiguo señor del Weyr recobró el título cuando venció en el vuelo al joven retador!

Gette no se pudo contener. Soltó una enorme carcajada, olvidando por unos segundos su tristeza.

—¡Oh, nada puede superar esa noticia! ¡Esa bruja se lo merece!

Viktor tuvo un escalofrío al pensar los años que Cho tendrá por delante, por lo menos hasta que su consorte muera y pueda reclamar uno más joven.

—No creo que el Weyr Guang Sulaymaan tenga tanto poder como antes. Cho como reina no será fácil de complacer, menos con ese consorte.

—Siempre podrá conseguir amantes —opinó Chris abanicándose con la carta—. Los amos del Weyr a veces solo se ven para la puesta de huevos y algunos cometidos políticos. Que sean pareja es una suerte, como Lessa y Fenor o Harry y... Hermione —la voz le falló al final. Miró esperanzado a Gette—. Así que si Neville es elegido no necesariamente quiere decir que no podrás estar con él.

—¿Y ser su amante? Sabes que mi madre me borraría de la familia por tal infamia.

—Bueno, yo fui borrado de mi familia, así que podría comprenderte, ¿sabes? —chistó.

Gette le contestó algo en francés y de ahí se arrancaron a una discusión que Viktor no entendió. Para su alivio Luna salió en ese momento.

—Son muy tiernos cuando discuten, ¿no crees?

Pensó en decirle a la rubia que definitivamente no, pero algo dentro de él lo hizo frenarse. El nuevo respeto y fidelidad que le debía a su reina.

—¿Te puedo escoltar a algún lado? —preguntó siguiéndola.

Luna se encogió de hombros —Solo deseo caminar.

De su enorme abrigo color carmín se asomó la cabecita dorada de Rinth. Viktor sintió un golpe en el pecho al verla. Era idéntica a Orlith, excepto por los ojos que en vez de verdes eran marrones, como los de Hermione.

—No tienes que venir conmigo si no quieres —dijo Luna mirando al frente—. Mi último deseo en la vida era reemplazar a Hermione. Yo la admiraba. Ahora siento que todos son amables y cautelosos conmigo por Rinth, no porque... No porque quieran de verdad ser mis amigos.

Viktor frunció el ceño —Ya éramos amigos antes del nacimiento de Rinth. No pienses distinto, por favor. Además, de todas las opciones, honestamente creo que eres perfecta para sustituir el lugar de Hermione entre los lagartos de fuego. Te necesitamos, Luna.

La rubia se sonrojó —Tengo miedo de mi destino con Dimitri.

Viktor pasó su brazo por los pequeños hombros de su reina —Confío en que sabrás manejarlo. Además, siempre podrás contar con Gette, Harry, Chris y yo.

Luna lo miró confundida —¿No mencionas a Tiffany?

—Ella no consiguió un lagarto de fuego... Quiero decir, no es que deje de ser tu amiga por eso, pero...

Viktor se calló en cuanto salieron del pasillo hacia un enorme comedor. Las telas más hermosas estaban expuestas en las mesas y los arcos, el kahl burbujeaba en los calderos repartidos y un ambiente de solemnidad se sentía entre los comensales. Al final de la cámara, en la mesa principal donde deberían estar Lessa y Flar, una cuerda gruesa de color negro amarraba las sillas, como homenaje a la muerte que estaba por ocurrir. Las copas de los amos del Weyr estaban llenas de agua.

Luna habló —Leí que si las copas se llenan de vino como despedida a los amos del Weyr, significa que durante su reinado hubo sangre derramada sin justificación. Si las copas se llenan de kahl significa que fueron negligentes con su gobierno. En cambio, cuando se llenan de simple agua, es un tributo a la nobleza, honestidad y perfecta dirección durante su reinado.

—Lessa y Flar serán difíciles de superar.

—¡Viktor!

El búlgaro se giró, sintiendo su pecho brincar. Era Laureen, la reconoció enseguida. Igual que otras mujeres en el comedor, ya estaba vestida de blanco lo que hacía resaltar su precioso cabello negro. Los labios gruesos, bronceados, dejaron sin respiración a Viktor.

—Qué gusto verte. Quería hablar contigo antes de la eclosión. Creí... —miró desesperada a los dragoneros que la alcanzaron corriendo.

—Dama Laureen, no puede distraerse. Debe terminar de comer para que regresemos a los preparativos de su coronación.

Luna tomó la mano de la futura reina —Yo necesito hablar con ella. No me lo impedirán, ¿cierto?

Los dragoneros entraron en conflicto. Era obvio que tenían órdenes de mantener a Laureen con ellos, pero tampoco podían ir en contra de los deseos de la reina de los lagartos de fuego. Finalmente aceptaron.

Laureen sonrió divertida —Chica lista, Lun.

—No sé de qué hablas —respondió inocentemente—. Vamos a hablar a otro lado que sea más privado. Viktor, por favor escóltanos.

El búlgaro caminó detrás de ellas, escuchando sus risas y susurros. Tenía poco tiempo para agarrar valor. Era momento de despedirse de Laureen.

"Es para mejor" pensó forzado. Así ni siquiera tendría que romper el corazón de Tiffany. Nadie se enteraría de sus sentimientos por Laureen. A excepción, claro, de Harry, Gette y Luna. Tal vez Chris también lo sabe, y Neville... Quiso golpearse, ¿cuándo se volvió tan malo escondiendo sus sentimientos?

Las brujas entraron a una cámara vacía. Enseguida Laureen se quitó la corona de flores y los collares de oro.

—¡Odio esto! —chistó enredando sus dedos en la melena negra— Todos están tan seguros de que seré la sustituta de mi madre. Llevan todo el día dándome lecciones de política y tradiciones, ¡como si no las supiera ya, aquí nací! No entienden que tomar el puesto de mi madre es que ella muera. No quiero eso, no puedo...

Viktor se dio cuenta muy tarde que ya la estaba abrazando. Joder, olía muy bien...

Luna habló —Comprendo cómo te sientes. Yo tampoco quería que Hermione muriera. No quería su lugar. A pesar de ello, me avergüenza confesar que lo más hermoso de mi vida ahora es Rinth, y sé, muy dentro de mí, que fuimos hechas para estar juntas y velar por los nuestros. Si tu destino es ser la nueva reina, Laureen, no te arrepentirás nunca. Y tu madre, estoy segura, estará muy orgullosa de ti.

Laureen abrazó ahora a Luna —Prométeme que no te alejarás de mí, Lun. No creo poder hacerlo sola.

Luna tomó el brazo de Viktor —No te dejaremos.

El mago las miró consolarse un buen rato, hasta que Luna se excusó diciendo que ellos tenían que hablar de sus obvios sentimientos y era tiempo de ser claros. Viktor tuvo que recordarse que esa impertinente y tierna rubia era su nueva reina.

Quedaron a solas en silencio. Laureen tenía los ojos hinchados por el llanto, y a Viktor le pareció que brillaban como si acabaran de lavarse de cualquier mal.

—Quiero confesarte algo —susurró ella.

Viktor se sentó en una de las bancas de la cámara. Ella lo siguió. Canth se acurrucó en las piernas femeninas.

—Solo te lo voy a decir porque eres mi mejor amigo. Nunca tuve uno, ¿sabes? Crecí aislada por ser la hija de los amos del Weyr. Así que, me parece propio contarte esto. Además, tú me confiaste lo de tu madre. Es justo.

Viktor esperó en silencio lo que sintió como horas. Por fin la escuchó hablar.

—Toda la vida deseé que mi madre muriera. Cada mañana, desde que tengo uso de razón, desperté añorando que ese fuera el ultimo día que Lessa respirara... porque eso significaría mi libertad. No me importó desear la muerte de mi propia madre si eso me concedía la oportunidad de largarme del Weyr. Pensé, ingenuamente, que nadie me detendría. Ahora todo es peor. Quieren que me quede. Que sea la digna hija de una mujer que todos admiran. No les importa que obviamente no tenemos nada en común. Yo no soy fuerte ni agresiva para defender. No soy una líder. Yo solo quiero tocar el arpa y conocer el mundo. Solo eso. Creo... Creo que estoy maldita. Los dioses dragoniles me maldijeron por desear que mi madre muriera antes de tiempo. Me merezco el peor destino.

Viktor se mantuvo quieto hasta que comprendió que ella no diría más. Procesó unos minutos lo que escuchó, reuniendo el valor para hablar. —Te amo.

Laureen giró tan rápido el rostro que creyó escuchar su cuello tronar.

—¿Qué?

—Claro que serás una magnífica reina, Laureen. Sí eres valiente, poderosa y justa. Has aprendido de primera mano la dirección del Weyr y mereces a una dragón reina que te ame para siempre. Mereces todo. Esto no es una maldición, es el destino más justo que te corresponde.

Se levantó, quebrado por sus palabras —Debes salir al nido y ganar esa reina. Confío en ti.

Laureen lo tomó de la mano —¡Viktor, ese no es mi deseo! ¡Menos después de tu confesión! ¡Yo también-

—No lo digas —cortó el mago—. Serás reina, Laureen. Yo soy un guardián de los lagartos de fuego, nada más. Neville y tú encontrarán la felicidad.

—¡Viktor! —gritó intentando detenerlo, pero demasiado tarde, el mago se marchó sin mirar atrás. Incluso por encima de sus sentimientos, Viktor era un hombre de palabra, y la suya estaba con los lagartos de fuego y los dragoneros, no podría arrancarles a una grandiosa reina solo porque la ama.

Cuando regresó a la cámara con sus amigos Luna lo miró unos segundos antes de decir —Estás muy equivocado.

Tiffany ya estaba ahí, así que no pudo decir algo al respecto. La francesa le explicó que los dragoneros la aceptaron en el Weyr, a pesar de no tener un lagarto fe fuego, porque Harry la logró meter como dama de compañía de Hermione.

—De hecho ahora mismo voy con ellos —dijo agarrándolo de las manos—. Ayudaré a preparar a Hermione para la eclosión.

Viktor retiró sutilmente sus manos del agarre —¿Cómo la vas a preparar? Ni siquiera reacciona.

—Harry insiste que es lo mejor. Si Hermione está presente durante la eclosión, puede que la magia de la nueva reina le de un empujón para regresar con nosotros.

Viktor tuvo que admitir que la idea tenía mérito.

—De acuerdo, nos veremos en la sala de eclosión —se giró hacia el resto de magos y brujas—. ¡Es momento de partir! Tomen a sus lagartos y revisen sus túnicas de gala. Debemos dejar una buena primera imagen.

Fred y George Weasley se pusieron de cada lado de Luna, vestidos de azul como unos grandiosos dragoneros. Sus pequeños lagartos gorgorearon a unísono.

—Estimada reina nuestra...

—Queremos escoltarla, oh bella dama...

—Porque de ahora en adelante...

—No llegará a ningún lado sola...

Luna sonrió por el acto y permitió que la tomaran de cada brazo para salir, ondeando su capa dorada.

Viktor dejó que Chris y Gette los siguieran, luego Dupont y el resto de los dueños de lagartos.

La comitiva se frenó cuando Neville salió de algún lado, directo hacia Gette para besarla apasionadamente. La rubia lloró, intentando alejarlo, pero él no desistió, jurando entre besos que no la iba a dejar.

Un par de guardias llegaron por Neville, recordándole que ya debería estar entre los elegidos.

Viktor tomó el otro brazo de Gette para ayudarla a seguir, comprendiendo perfecto cómo se sentía.

Ingresaron a la sala de eclosión que era, en términos prácticos, un gigantesco nido de arenas hirvientes rodeado de escalinatas de piedra. Viktor observó impresionado los enormes huevos de cascarones blanquecinos repartidos en la arena, ninguno daba indicación de ser un color específico, a diferencia de los pequeños huevos de los lagartos, el único que sobresalía era el más grande, en el centro, de color dorado. La magia del lugar era algo especial, tan potente que Viktor creyó que reventaría su varita. Tomó asiento junto a Gette, agarrando su mano como apoyo.

Del otro lado del nido Harry entró empujando una silla de ruedas. Junto a él Tiffany acomodaba sin dejar de caminar la falda del vestido dorado que Hermione traía, inconsciente, en la silla.

Harry jaló aire de golpe al ver el nido. El calor y la magia casi lo frenaron. Observó con dolorosa simpatía a los amos del Weyr dentro de las arenas.

Ramoth veía casi ausente su última nidada, el color de sus escamas era opaco, algunas incluso grises. Se veía vieja y muy cansada. Cubriéndola amorosamente, el bronce del Caudillo del Weyr, resoplaba vapor como golpecitos en el hocico de su consorte. Él no se veía tan viejo.

Junto a ellos, Lessa y Flar compartían exactamente la misma posición. La desgastada reina apenas podía mantener los ojos abiertos, apoyada en su dorada. En su mirada había orgullo por la última camada que dejará en el mundo. Flar, en cambio, tenía los ojos puestos en ella, como si al siguiente parpadeo la perdería. Lo cual, pensó Harry, era muy posible. De pronto Lessa se volteó para besar a su esposo. En vez de un encuentro de labios desesperado y triste, fue un roce tan intimo que Harry desvió la mirada, tímido. ¿Ese es el tipo de beso que compartes con alguien después de una vida juntos?

Llegó junto a sus amigos, decidiendo quedarse en la orilla para permanecer junto a la silla de Hermione. Era horrible tenerla así, como una muñeca, pero tenía esperanza que la eclosión la trajera de vuelta. Miró de nuevo a los huevos del nido, medían dos metros, el dorado casi tres, eran gruesos y opacos. El resto de las escalinatas de piedra se llenó con los dragoneros de todo el Weyr, cada uno vestido del color de su dragón. En la cima del nido, por el hueco redondo que permitía la vista al cielo nocturno, cometas de fuego se cruzaban; eran los dragones que celebraban el nacimiento de una nueva reina.

Harry dio un ligero brinco al escuchar el primer tambor. De las esquinas del nido enormes tambores encantados marcaron el comienzo del ritual. Cada asistente escuchó el sollozo de Flar. Era como una cuenta regresiva a la muerte.

Chispas brotaron de las arenas. El corazón de los humanos se coordinó con el de los dragones y el golpeteo de los tambores. No había un ruido que rompiera la armonía.

Harry tomó la mano de Hermione. En ese momento se sintió en la línea entre mundos mortales y divinos. Quería compartirlo con ella, quizá como parte de una despedida que no tuvieron tiempo de asimilar. Sus ojos verdes se clavaron en Flar, el Caudillo feroz y grandioso que estaba reducido a un hombre destrozado por la pérdida de su consorte. Harry sintió vergüenza al observarlo soltar a Lessa, aceptar el destino para el que fueron forjados, y dejarla ir junto con Ramoth hacia el centro del nido.

Lessa caminó entre los huevos, mirando cada uno con cariño. Ahí estaba su legado. Sin ella Ramoth no habría sido tan grandiosa, sin su dirección el Weyr habría muerto décadas atrás. Su deber fue cumplido.

Del otro lado del nido una comitiva de cincuenta hombres entró. Vestían túnicas de color hueso e iban descalzos. Desde ahí se descalificaron varios, quienes no resistieron el candor de las arenas. Los que llegaron sin quemaduras hicieron una media luna frente a los huevos.

Harry localizó enseguida a Neville. El joven Gryffindor traía el cabello desordenado y el rostro reticente, pero su pecho se agitaba acelerado. Era como si su mente y sus emociones no estuvieran de acuerdo. Por un segundo giró la cabeza hacia ellos, (o hacia Gette, específicamente), pero su atención regresó hacia los huevos, justo cuando el primer crujido se escuchó. Al mismo tiempo los tambores pararon.

Silencio.

Otro crujido.

Ramoth rugió.

Crujido.

Como una ola gigante los espectadores se levantaron de golpe. El primer huevo se rompió. Un dragón bebé, color azul turquesa, sin escamas, cayó rodando por las arenas.

Harry no estuvo cuando los lagartos de fuego nacieron, pero revivió la memoria a través de Zafirth. Le dieron ternura los pequeños lagartos que apenas colmillos tenían al salir de sus cascarones. Ahora, en cambio, agradecía estar muy lejos de la bestia incontrolable en el nido.

El dragón azul extendió las alas y rugió. Las garras de sus patas eran de treinta centímetros, los colmillos parecían listos de partir una res a la mitad. En su cola habían púas violetas.

Ramoth lo empujó hacia los jóvenes magos que esperaban apretados por el miedo. Con torpeza mortal el dragón avanzó. Sin querer lanzó una llamarada, fulminando a uno de los prospectos. Otros cuantos se echaron a correr, alterando más al dragón.

Los gritos de los espectadores fueron en aumento con cada movimiento del dragón azul. Sangre tiñó la arena.

De pronto, para alivio de todos, uno de los jóvenes gritó el nombre del dragón. Mágicamente la bestia se calmó, bajando la cabeza con adoración hacia el nuevo dragonero.

La gente estalló en aplausos. Harry notó que no habría ayuda para los jóvenes caídos en el nido. Siguió atento a Neville para verificar que no estuviera herido.

El nuevo dragonero hizo una reverencia a Lessa y se marchó del nido. Los tambores reiniciaron. Pasaron veinte minutos para que otro crujido se escuchara.

Harry apretó los dientes al ver nacer un verde. Tras el sangriento espectáculo del primer enlace no estaba seguro de que sobrevivieran suficientes candidatos para el resto de los huevos. El proceso se repitió con la misma violencia, pero fue mucho más rápido. Casi no hubo lesionados. Pensó que tal vez por eso el primero en nacer fue un azul, para descartar a los que definitivamente no creía merecedores de sus hermanos.

Con cada huevo roto el tiempo de los tambores se reducía y Ramoth parecía más muerta que viva. Neville continuaba entre los últimos candidatos, dejando ir dos de los huevos cobres.

—Son unos salvajes —dijo Tiffany junto a él—. Dejar morir a los candidatos heridos... ¿Cómo pueden?

Harry asintió. Era cruel... Pero justo. Quien entra en las arenas sabe las probabilidades de muerte, así como las de convertirse en un integrante del gremio más importante y antiguo del mundo mágico. Conseguir un dragón que te ame y proteja para la eternidad bien vale la vida para algunos.

—Los más raros siempre abren al final —mencionó alguien detrás de Harry.

Así era. Solo quedaban el bronce y el dorado.

La gente no se molestó en regresar a su asiento. Permanecieron parados, chocando hombros y codos para acercar más los ojos a las arenas.

Ramoth lanzó un suspiro adolorido.

Crack

Harry miró asustado hacia su izquierda, donde Gette soltó un profundo sollozo. El huevo ni siquiera terminó de abrirse cuando Neville avanzó seguro hacia él.

Flar detuvo a los candidatos que quisieron seguirlo. Ya no tenían posibilidades. Neville era el nuevo Caudillo del Weyr.

Uno por uno los dragoneros alzaron las varitas. Chispas bronces cayeron sobre su nuevo líder. El ambiente se llenó de magia.

Flar y Neville compartieron un abrazo. El enorme bronce recién nacido detrás de ellos, olisqueando el cabello del Gryffindor.

Gette fue la última en dejar de aplaudir cuando Neville salió del nido. A pesar de su tristeza pudo más el orgullo por el joven mago. Harry le dedicó una sonrisa solemne.

Finalmente el huevo dorado quedó solo.

Los espectadores seguían parados, con la atención y las esperanzas en su máximo nivel. En la elección de ese huevo dorado estaba el futuro de los dragoneros de ese lado del mundo. Una reina mala significaría nidadas pequeñas y dragones débiles. Harry no sabía con exactitud la misión que tenían los Weyr en el mundo, pero su instinto le decía que era algo superior a una simple guerra con un mago oscuro.

Las elegidas entraron. Túnicas blancas, flores y collares de oro. Harry vio a Laureen caminar temblorosamente hacia su destino.

—Soy una mala persona —susurró Tiffany—. No debería sentirme tan feliz de verla ir lejos de Viktor.

Harry no respondió. Era absurdo que incluso la parisina supiera de los sentimientos de Viktor, y él no hiciera nada. Si el caso fuera distinto, si fuera Hermione la que caminara hacia un destino lejos de él, haría lo imposible por encontrar la manera de ir tras ella.

El silencio era doloroso. Ramoth echaba golpes de aire, los últimos esfuerzos de sus pulmones. Se encaramó detrás del huevo dorado, con un ojo apenas enfocado para verlo romperse. Lessa subió a su cuello. Parecía una niña a punto de dormir sobre nubes doradas.

Flar se mantuvo lejos, sabiendo que ya no tenía algo que hacer ahí. Las reinas desaparecerían juntas.

Ramoth estiró las alas. Harry pensó que iba a remontar vuelo, pero era imposible con las energías que le quedaban. Lessa miró a Laureen entre las mujeres y le sonrió amorosa.

Harry se preguntó si estaba loco, porque podía jurar que Lessa movió los labios para decir en sus últimas palabras: estoy orgullosa de ti. El mensaje no era para él, sino para Laureen.

El huevo se quebró. Ramoth echó un gruñido lastimero. Sus alas se abrieron, haciendo sombra alrededor del huevo dorado. Como eco de los tambores el corazón de la reina se aceleró. Las escalinatas de piedra vibraron por el enorme golpeteo. Todos aguantaron la respiración.

El latido creció más y más. El huevo dorado brilló, absorbiendo la magia de su nido, su Weyr y la propia vida de Ramoth. Los golpes sacudían el nido. Pum-pum-pum-pum.

De pronto, como un cañonazo, los latidos se frenaron.

Uno. Dos. Tres. Cuatro segundos. Silencio.

De forma ligera el latido regresó. Tímido, apenas audible.

Ramoth y Lessa se volvieron cenizas.

La nueva reina nació.

Laureen se dio media vuelta, llorando, y corrió hacia las escalinatas. Los dragoneros gritaron furiosos por su tradición. Flar intentó frenarla, corriendo detrás de ella. Las demás mujeres quedaron solas frente a la dragón dorada, quien violenta fue revisando a cada una para buscar a su eterna acompañante.

Harry fue empujado por varios dragoneros que intentaron brincar al nido. Jamás una reacción así se había visto en el nacimiento de una reina. Jamás una mujer le dio la espalda al regalo más divino.

—¡Viktor, Viktor! —gritó Laureen.

Harry golpeó a dos hombres que intentaron agarrar al búlgaro.

Viktor saltó las escalinatas, empujando a quienes le impedían el paso. Sus ojos negros clavados en Laureen.

—¡Viktor!

El rugido de la dragón dorada fue horrible. Llamas verdes cubrieron la mitad del nido. Un par de candidatas fueron incineradas en el acto.

Gette, Chris y Dimitri siguieron a Viktor, salvándolo de las peores maldiciones. Harry tuvo que quedarse junto a Luna, protegiéndola de la estampida.

—¡Tiffany, llévate a Hermione de aquí! —suplicó.

La sala de eclosión se convirtió en un campo de batalla. Las mujeres en el nido chillaban al ser rechazadas por la nueva reina. Los dragoneros pedían justicia por el desaire de Laureen, de quien menos pensaron una acción tan horrible. Cuando Viktor cayó en las arenas, a dos pasos de Laureen, supo que bien valía la pena las quemaduras y arriesgar su vida, porque frente a él estaba una mujer, su mejor amiga, dejando el mayor de los honores para estar a su lado. Viejos recuerdos de su infancia lo asaltaron, cuando fue rechazado y humillado, y ahora valía más que una dragón dorada, más que el reinado de un gremio legendario.

Laureen se estrelló en su pecho, gimiendo por la adrenalina. Tenía terror de que algún dragonero saliera lastimado por su egoísmo, pero jamás se arrepentiría.

—¡Te amo! —gritó feliz, libre de expresar sus emociones.

Varios dragoneros que la escucharon se detuvieron. Quizá eso era lo único más valioso que el propio Weyr: seguir tu corazón. Ningún dragonero conseguía un dragón por tener el corazón débil. Todos eran de emociones poderosas.

La contienda pareció suspenderse. De boca en boca de corrió la noticia: nuestra Laureen está enamorada. Al ver que Viktor no la soltaba y tenía la varita lista para defenderla calmó a los asistentes.

No habían pasado ni diez segundos desde que el huevo dorado se quebró. La magia de la reina crecía con cada respiración y cada mujer rechazada.

—¡Sáquenlos de ahí! —pidió Luna.

Harry echó una mirada desesperada a Tiffany, quien ya estaba por la salida más cercana, empujando la silla de ruedas de Hermione. Nunca sus sentidos lo habían traicionado de esa forma. Su sangre dragonil y el juramento con Zafirth lo obligaban a permanecer junto a Luna, a pesar de su amor por Hermione.

La dragón dorada, para sorpresa de todos, alzó el vuelo.

—¡No debería poder hacerlo hasta dentro de tres o cuatro meses! —gritó Flar mirándola sacudirse con torpeza por el aire.

Una llamarada verde consumió parte de las escalinatas. Los dragoneros brincaron para salvar sus vidas.

Harry invocó un escudo encima de Luna y él. Vio a Viktor intentar regresar con Laureen hacia ellos, pero el desorden entre los dragoneros y el calor por las llamas volvía todo más complicado.

Rinth rugió desde los brazos de Luna, ofendida por el escándalo a su alrededor. La nueva reina dorada pareció escucharla y se acercó volando.

—¡Nadie ataque a la reina! ¡NADIE! —ordenó Flar a pesar de que su autoridad en teoría ya no existía.

Harry pensó que era más fácil decirlo que hacerlo. La dragón se encaramó frente a ellos, quebrando las escalinatas por su peso y garras. Era de ojos ópalo, ahora dilatados por la furia. Mostró los colmillos.

Luna abrazó con toda su fuerza a Rinth, girándose para protegerla de la reina mayor.

Harry hizo lo único que se le ocurrió, ponerse entre la rubia y la dorada.

El aliento hirviente quemó sus mejillas.

—Tranquila, tranquila —susurró nervioso—. No querrás matar a otra pequeña reina, ¿verdad?

De pronto Viktor ya estaba junto a él.

Laureen abrazó a Luna.

Harry vio el hocico llameante abrirse.

"Voy a morir" pensó. Incluso tenía sentido, por eso sobrevivió un poco más a la muerte de Hermione, para entregar su vida por Luna.

—¡Wirenth!

La nueva reina se enderezó, cerrando el hocico. Su cabeza se movió hacia la izquierda, y con ella el resto de miradas en la sala de eclosión. Harry no volteó, habría sido inútil, en su cabeza ya estaba formando un plan para ir, de nuevo, en contra del destino. Recordó las noticias del Weyr Guang Sulaymaan, donde el primer vuelo de Prideth, la reina dorada de Cho, ocurrió esa mañana. Hizo cálculos. Los huevos estarían listos para poner a mediados del siguiente año, y de ahí faltarían meses para que se quiebren. Wirenth, la nueva reina dorada del Weyr del Reino Unido, no maduraría hasta dentro de un año para su primer vuelo. Si viajaba a Guang Sulaymaan y conseguía su propio dragón bronce tendría oportunidad de derrotar a Neville en la elección oficial como Caudillo, y más importante, como consorte de la nueva reina. ¿Tiene validez usar el dragón de otro Weyr para tal fin?

Zafirth apretó las patas en su hombro. No importa si tiene validez o no, lo harás. ¿No lo entiendes? El futuro ya está escrito. Cho Chang te lo confirmó cuando viajaste al futuro.

Harry sonrió. Las palabras de la asiática ahora tenían sentido...

Cho se cruzó de brazos ―¿Qué rayos te sucede? Suenas tan raro, ¿Te sientes mal? ¿Dónde está Zafirth? Prideth no me anunció su llegada.

¿Quién?― Masculló alejándose un poco más de ella.

¡Prideth! Por Merlín, ¿Qué te pasa? No te atrevas olvidar el nombre de mi dorada, la más hermosa y poderosa de todas. Incluso más que esa estúpida Wirenth.

¿Tienes una dorada? ¿Pero Orlith?

¿Orlith? Murió hace años, obviamente...

Cho había estado celosa de que incluso cuando se creyó por encima de Hermione, fue superada en el nivel más importante. Harry no conocía aún a Prideth, pero sabía que Wirenth sería más poderosa y grande.

El la sala de eclosión los dragoneros se colocaron en una rodilla. La reverencia dejó de pie únicamente a Harry, Wirenth y Hermione.

La princesa de Beauxbatons, sirena, campeona y bruja estaba lejos de su silla de ruedas. La palidez enfermiza desapareció de su piel. Lágrimas se escurrían por el rostro iluminado de felicidad. Revivió de la pérdida de Orlith para unirse a lo único que podía traerla de vuelta al mundo mortal.

Wirenth bajó la cabeza, rumiando como un cachorro consentido, directo a las manos de Hermione. Ópalo y miel se encontraron para jamás separarse de nuevo.

—Sabía que despertarías —dijo Harry acercándose.

Su esposa le sonrió —Nos queda una vida muy larga por delante.

Y una misión divina, la administración de un Weyr, la dirección del gremio dragonil, la crianza de las futuras generaciones de dragones y el riesgo de separarse con cada vuelo de Wirenth, por si eligiese a otro dragonero que no sea Harry.

Esos miedos habrían destrozado la calma de Harry hace un año. Hubiera secuestrado a Hermione para que nada la separara de él. Hoy, en cambio, tuvo la increíble certeza de que conseguirían derrumbar cada barrera que se interpusiera entre ambos, y que al final estarían juntos.

Así que dejó todas las preocupaciones para después y mejor la besó.

Fin

Datos adicionales: Laureen y Viktor se casan. Ella se dedica a viajar por el mundo, aprovechando su posición como intermediaria entre el gremio de los lagartos de fuego y el gremio dragonil. Nunca deja de tocar el arpa. Tiene cuatro hijos con Viktor. Él, junto con Gette y los siguientes amos de lagartos cobres, entrega su vida a la reinstauración de la raza de los lagartos, así como su protección y preservación.

Luna y Dimitri consiguen enamorarse después de varios años juntos. Al final la magia de los lagartos les ayudó a reconocer que tenían mucho en común. Es hasta ese momento que la Marca Oscura de Dimitri desaparece. Luna se mantuvo como reina de los lagartos hasta su muerte, a los noventa y seis años. Su legado cambió la historia del mundo mágico.

Chris encuentra el amor en un duque francés que consiguió un lagarto azul de quinta generación. Theodore y él tuvieron una boda en el Weyr del Reino Unido. Adoptaron dos niñas, un perro y cuatro gatos. Chris dividió sus responsabilidades entre el gremio de los lagartos y la administración del palacio de Beauxbatons.

Neville, por cuestión de honor, lucha contra Harry en el primer vuelo de Wirenth para quedarse con el puesto de Caudillo, pero resulta un feliz perdedor. Un par de años después se casa con Gette, con quien tiene a una niña. Su apoyo en la nueva administración del Weyr fue elemental para la supervivencia de los dragoneros.

Tiffany consigue un dragón verde en la primera puesta de Rinth. Le cuesta un poco de tiempo superar a Viktor, finalmente se casa con un italiano muggle, dueño de una cadena de hoteles de lujo.

Olympe no tiene reparos en heredar su puesto a Chris, quien adopta el apellido, ya que sabe que su hija tiene responsabilidades más grandes. Se jubila con el nacimiento de sus nietos y parte al Weyr donde pasa el resto de su vida como consejera de su hija. Consigue un lagarto de fuego color cobre.

Harry casi inicia una guerra entre Weyrs cuando toma un bronce de Guang Sulaymaan y se lo lleva al Reino Unido. Con su nuevo dragón, Fyerth, consigue el primer vuelo de Wirenth y el puesto como Caudillo de Weyr. Al enterarse de la misión de los dragoneros entrega su vida a la causa, continuando sin querer su leyenda como héroe y salvador. Es la única persona que tiene un dragón y un lagarto de fuego a la vez. Comienza su gobierno en el Weyr bajo la sombra de Flar, pero al morir a los ciento treinta y siete años su nombre fue igual o más respetado que su antecesor. Se creó la leyenda de que podía pedir consejo de los propios dioses dragones y que gracias a él una nueva clase de dragoneros se formaron.

Cho Chang consigue la reputación de peor reina en siglos. Sus berrinches y antojos cruzaron el mundo y empobrecieron su Weyr. Las nidadas de Prideth nunca fueron de más de cinco huevos. Cuando murió, misteriosamente, a los cuarenta y tres años, no se le rindieron honores.

Hermione comprendió que toda su vida fue preparada para ser reina del Weyr. Tantas responsabilidades y tomas de decisiones no podían ser adquiridas de otra forma. Jamás superó realmente la pérdida de Orlith, pero Wirenth la ayudó a mantenerse con vida hasta que aceptó el pasado. Como ama del Weyr construyó su propio nombre, reformó las tradiciones de los dragoneros y protegió a otras especies. Hubo noches que no durmió por las tareas más urgentes, días que acabó herida y meses que peleó contra el mundo para mantener sus ideales. Se ganó el corazón de los dragoneros al poco tiempo de su coronación. Tuvo gemelos con Harry. Murió a los noventa y ocho años. Hoy se le recuerda como reina y madre de dragones y lagartos, un mito que le valió una estatua en el Weyr para ser adorada.

Dedicado a todos los autores que han abandonado sus fanfics: Hola! Si eres un viejo escritor que ahora sólo se da vueltas por la página para leer nuevos fics, y te leíste esta locura completa, quiero decirte que ES posible terminar un proyecto de escritura. Este fanfic lo abandoné millones de veces. Dejé de creer en él. Dejó de emocionarme. Pensé en eliminarlo, ¡en eliminar mi cuenta en la página junto con todas mis otras historias inacabadas! Pero no lo hice porque me pareció cruel para aquellos que se engancharon con esta historia desde el primer capítulo. Yo también espero actualizaciones de otros que han desaparecido. Así que decidí terminarlo. No fue fácil, en serio. ¿Un consejo? Mantén el documento a la mano siempre. Hubo meses en que lo abrí para escribir una línea, una palabra, corregir dos comas, leerlo y cerrarlo. Y hubo días que me obligué a escribir por lo menos un párrafo. Sí se puede. Me tardé años, pero aquí está el final. Y créeme, no hay nada más cool que actualizar el estado de tu fanfic y que diga: completo. Anímate a escribir por lo menos una palabra. Una.

Saludos,

Less.