Descargo cualquier tipo de responsabilidad respecto a los personajes. Ninguno me pertenece y el relato es totalmente ficticio.


21. Todas menos vos.

Domingo 22 de Marzo de 2015.

Nueva York.


Sentía que la realidad la había abandonado. Hacía meses que no podía, no quería, seguir con esa vida que ella misma se estaba imponiendo. Esto era en lo que se había convertido, se desconocía y, aunque por momentos se adoraba, la mayor parte del tiempo también se odiaba. Tenía demasiadas vueltas alrededor de un objeto sin lados.

Descreía que ver a Lucy le hiciera algún tipo de bien.

Ya ni en el canto encontraba ese refugio capaz de abstraerla de todo. La había abandonado o, mejor dicho, ella había abandonado a la música.

Estaba sola, inclusive hablaba sola. Por momentos hasta sentía que la gente le estorbaba, que le molestaba.

Así es como se definía. Una mujer solitaria, sufriendo el dolor de cada personaje creado por su mente, escuchando sus voces e inclusive inventándoles su propia voz.

Ya no había lugar para la parte de ella misma que necesitaba ser para vivir. No era más esa mujer que necesitaba vivir para ser.

Esperaba que un día, un viento fuerte, pudiese traer hacia ella a esa añoranza de alguien que alguna vez logró ser y que, cuando ese día llegara, nunca más saliese de ella.

Son en instantes como esos cuando la voz de tu consciencia te hace entrever que, en rostros extraños, podés encontrar pedazos de vos misma que creías perdidos para siempre.

Tina… - Sacudió a la asiática.

Entreabrió los ojos y observó el reloj a un lado. - Domingo siete de la mañana. – Bostezó al sentir una mano sobre su hombro meciéndola. - ¿Te volviste completamente demente?

No dormí. – Bufó dejándose caer a un lado de la cama.

¿Qué? – Indagó fregándose los ojos.

Que no dormí. – Observó cada movimiento con pasividad. - Llegué hace unas horas y no puedo dormir… Necesito hablar con vos.

Frunció el entrecejo. - ¿Rachel estás drogada?

Las manos de Tina se situaron sobre el rostro de la morocha, generando una apertura completa de uno de sus ojos con el dedo índice y el pulgar.

¿QUE HACES? – La retiró con un movimiento brusco. - ¡Soltame la cara! Y no, no estoy drogada.

¿Ebria? – Continuó con el interrogatorio.

¡Tampoco! – Chilló situándose de pie. - Estoy con insomnio porque tengo angustia… Nada más.

¿Angustia? – Recobró una postura de noventa grados, aún en la cama. - ¿Fuiste acosada en ese bar que fuiste? – Señaló con el dedo índice. - Porque te recuerdo que te dije que era un sitio pelig…

Tina… - Suspiró. - No me pasó nada… Solo estoy agobiada y necesitó ahogar mis dudas, penas o lo que sea que tenga dando vueltas.

Dame media hora para despertarme del todo y soy toda oídos. – Dejó caer su espalda contra el colchón.

Sujetó el brazo de la asiática con violencia, volviéndola a la posición anterior. - No tengo media hora.

¿Estás apurada? – Recriminó intentando conservar el correcto funcionamiento de su extremidad derecha.

Estoy desesperada, que es muy diferente… - Presionó con fuerza el pecho e intensificó lo dicho con la amplitud de ambos ojos. - Y te aseguro que no es bueno que esté de ese modo.

Bien… - Se sentó semejante a un indio. - Te escucho.

Flashback: sábado 21 de marzo de 2015.

¡No quiero seguir en esta banda si ella está con nosotras! – Gritó Lucy pateando la puerta de emergencia que daba al callejón.

Una a una, iban saliendo de aquel lugar donde se encontraban brindando la actuación. Nuevamente huían de agresiones inmerecidas pero no por ello menos oportunas. Ciertas actitudes derivaban en ataques y ninguna podía quejarse al respecto.

Al menos no con el público, pero sí entre ellas.

¿Qué te pasa rubia imbécil? – Contraatacó Santana. - ¿No te das cuenta que fue en defensa propia?

¿En defensa de quien? – Replicó haciéndole frente sin titubear. - ¿Mía?

¡Claro! – Abrió ambas manos y dejó escapar una risilla irónica.

Yo no necesito que vos, ni nadie me defienda. – Amenazó con la mirada, transmitiéndolo con la extensión del dedo índice. - Creo conservar mi integridad física.

¡Si no hubiese reaccionado de ese modo, te habrían violado! – Se defendió buscando apoyo en esos ojos espectadores.

Rachel y Brittany se mantenían al margen, observando cómo dos de sus compañeras se comportaban al igual que dos vagabundos a punto de tener una pelea callejera.

¿Sobre el escenario iban a hacerlo? – Elevó una ceja. - ¡Por favor Santana! Seamos realistas… - Hizo una pausa, infundiéndose de paz. - Si, se desubico… Sí, yo también quería insultarlo… ¿Pero de ahí a saltar sobre una barra a romper vasos, copas, botellas y todo lo que estuviese delante?¡Sos una mediocre!

La morocha sabía que sus días sin Quinn eran más oscuros, largos y grises, como si todo fuese absurdo, pero aquella mujer no era el recuerdo que tenía. Por momentos, en esas noches donde era inútil dormir, replanteaba cada situación como si en su mente estuviese la solución a problemas sin ecuación.

La única respuesta que obtenía era que sus días sin Quinn eran un derroche, ya que las horas parecían no tener principio ni fin.

¡Paren un poco sistas! – Irrumpió Brittany sin demasiado éxito. - Voy a terminar clavándoles un palillo en cada ojo a cada una.

Volviendo en sí, Rachel carraspeó.

Eso no ayuda en nada Brittany. – La sujetó de uno de sus brazos. - Dejalas… Que se maten solas de una vez a ver si eso ayuda a futuro.

¿Yo soy la mediocre? – Santana volvió al ataque retirando a la skater del camino y quedando frente a Lucy. - ¿YO?

¡Sí! – Gritó señalándola. - ¡VOS! Cavernícola sin evolucionar.

Y ahí estaban de nuevo, en ese punto donde el silencio se volvía pesado e inclusive el zumbar de una avispa podía generar una pelea.

Ese punto en el que Rachel sentía que no sabía absolutamente nada y que todo lo que podía llegar a tocar se hacía añicos. Porque sí de algo estaba segura era que cuanto más veía de ellas menos entendía y a su vez, cuando menos entendía menos podía ver.

Como si fuese un círculo vicioso que la absorbía y engullía en ese propio agujero negro que no era más que ella misma.

El cuerpo de la latina se paralizó y la boca se abrió en su totalidad. - ¿Qué me dijiste?

Sentía como se hundía en su propia miseria, siendo incapaz de sentir algo más que dolor que el vacío de sus ausencias le causaba. Desconocía cuanto tiempo podía seguir de ese modo, sintiéndose impotente por no poder hacer nada mientras todo lo que creía saber cada vez carecía de más sentido.

La vida te da señales y esa era la indicada para que interviniese en busca de una paz que parecía imposible de conciliar.

Acá la única responsable de este desastre es nuestra representante y los bares que elige. – Explicó con la mayor paz posible.

¿No era que debíamos dejarlas que se maten? – Susurró Brittany sobre su oído.

Volteó hacia ella. - Sí, pero no me esperaba ese insulto de su parte y temo…

Cavernícola te dije. - Irrumpió Lucy. - Sin desarrollar... Homo sapiens.

La tercera guerra mundial estaba a punto de iniciarse en un lugar recóndito de Nueva York.

¿Qué estas buscando Lucy? – Consultó Santana cruzándose de brazos sin esperar respuesta. - ¿Qué te ataque y así poder echarme de la banda por agresión? – Sonrió con ironía. - No lo vas a conseguir… Vas a seguir conservando tu corta cabellera pajosa y teñida, al igual que todos esos dientes que contribuyen a tu enorme boca. Lo siento por vos, pero esta 'mediocre' aprendió como confrontar con incompetentes.

Entonces… ¿Confrontas con vos misma? – Elevó las cejas a la espera de una respuesta.

No, con pelotudas como vos…- Pateó una lata que se encontraba junto a ella. - Cada noche en mi bar, cada año de mi vida, miles de mujeres fracasadas con temor a que la vida le enseñe la verdad de su pobreza interna vienen a ese bar a ahogar penas con los ahorros sin invertir. ¿Por qué? – No esperó respuesta. - Porque no tienen en qué emplearlos… Si después de todo no tienen vida.

Yo no ahogo penas…- Volteó sobre su eje, intentando mostrarse indiferente. - No sé porque te recuerdo a ellas.

¿Por qué me desvías la mirada? – Buscó la misma con saña e insistencia. - ¿Acaso tengo razón?

¡Cortala Santana! – Empujó a la latina en el pecho generando que retrocediese unos cuantos pasos.

Oh…- Se autolimpió el polvo inexistente. - La gatita sacó las uñas…

Si y te voy a arañar todo el rostro. – Concluyó en una amenaza.

¿Qué se supone que fue eso? – Irrumpió Sugar con su personalidad avasallante. - ¿En que estaban pensando?

El centro de atención se desvió de esas dos mujeres que a punto estaban de agredirse entre sí. La ira sin canalizar se decantó en el ser que parecía el único responsable de cada error sobre el escenario.

¡A vos te quería agarrar! – Gritó Santana olvidándose de Lucy y perdiendo los cabales en su nueva víctima. - ¿Estos bares son nuestro futuro? Porque de ser así renuncio ahora mismo.

Tranquilas chicas… - Expresó moviéndose pacíficamente. - Nos estamos precipitando… A Perez y a mí no nos gustan estas situaciones tensas que tenemos que pasar.

¿Qué tenemos? – Se acopló Lucy, aliándose con el enemigo. - Que yo sepa vos estabas cómodamente debajo del escenario.

La sista tiene razón. – Acotó Brittany señalando con un palillo hacia la rubia. - Tuvimos que soportar agresiones físicas y ahora palabrotas... ¿Qué más nos espera?

Eso mismo venía a decirles. – Sonrió y observó el suelo debajo de los tacos que portaba. El gesto facial transmitía algo de repulsión. – Gracias a mis contactos y capacidades a la hora de negociar… ¡Les espera una gira!

¿Después de este papelón? – Inquirió Rachel cruzando los brazos. – Considero que esto es una burla hacia nosotras… Nos traes a bares mediocres ¿Y ahora pretendes que nos alegremos por la supuesta gira?

Las traigo a bares que su comportamiento amerita. – Hizo una pausa. - ¡Estoy limitada! Sus limitaciones me atan de pies y manos a decir verdad... – Arqueó las cejas. – Les conseguí una gira por dos bares… - Fue interrumpida.

¿DOS BARES? – Chilló la latina dejando escapar una carcajada. – Esta mina es una vergüenza.

Dejala hablar. – Exigió Lucy. - ¿Dos bares donde?

Nueva Jersey. – Aplaudió. – Mi padre es uno de los dueños, por lo que las ganancias serían aun mayores. Creo que sería un gran paso para todas, sobre todo para la banda.

¿Qué ambiente sería el de esos bares? – Cuestionó Brittany. – En caso de ser como estos, no es que me oponga… Simplemente avísenme antes así llevo mi skate y no tengo que salir corriendo como estás dos noches.

Si no vas a aportar nada coherente, cerra la boca. – Amenazó Santana con su dedo índice.

¿Qué cierre qué sista? – Intimidó con un movimiento de mentón. – Podrías comenzar por aportar modales a tu vulgaridad.

Las hermanas imbéciles atacan con los mismos conceptos… - Sonrió. - ¿No serán muy originales? – Abrió la boca con prepotencia. - ¿O será que es lo que sus neuronas juntas pueden llegar a procesar?

¿Otra vez agrediéndome? – Resopló Lucy. - ¿No vas a parar?

Yo hago lo que se me antoje. – Masculló.

Entonces yo también lo haré. – Espetó caprichosamente.

Haremos esa gira. – Irrumpió Rachel.

La atención de las tres restantes se focalizó en la voz dulce y tenue de la morocha. Un silencio invadió aquel callejón donde una disputa de poder se hacía presente.

Observó de reojo el rostro absorto y atónito de sus pares y sin titubear dio un paso al frente hacia Sugar, quien aún conservaba esa sonrisa sínica.

Soy la voz principal de esta banda. – Explicó haciendo una pausa. – Haremos esa gira.

Fin del Flashback.

Y así es cuando un día pasa y te encontrás de pie en algún sitio habitual para darte cuenta que no querés ser ninguna de esas personas que ves a tu alrededor. – Lucy probó un bocado del budín. - No querés ser como nadie de tu familia… Mucho menos tu papá. – Hizo una pausa digiriendo lo ingerido. - Es más, ¡Ni siquiera querés ser vos mismo! Solo deseas salir corriendo como sea del lugar donde estás… - Concluyó meciendo el rostro como si necesitara convencerse de lo dicho.

El rostro de Elena se desencajó, regalándole una mirada a la rubia quien permanecía sentada en la banqueta de forma indiferente.

Aun conservando la taza de café en una de sus manos, dejaba que el cuerpo reposase sobre la mesada de la cocina que tantos secretos guardaba. Secretos de infinitas charlas de amigas donde más de una confesión se hacía presente.

Confesiones que hacía tiempo le enseñaban una Lucy diferente.

¿Vos dormiste anoche? – Consultó humedeciendo los labios.

No. – Fue concisa, situando los codos sobre la mesada. - Pero me niego a hacerme vieja y darme cuenta que me he convertido en alguien como mi mamá. – Alzó la vista por primera vez. - Yo no quiero vivir esa vida de mierda.

Lucy… - No esperó respuesta. - ¿Qué te pasa? Te pregunte cuantas cucharadas le ponía al café y me salís con algo sin sentido.

No es algo sin sentido, solo pensaba en que hago de mí en esta vida… - Arqueó las cejas. - ¿Qué hago por mi Elena?

Estoy algo asustada. – Extendió la mano deteniéndola en seco. - ¿Volvimos a esa etapa donde eras rebelde y vagabas por el mundo queriendo matar a todo aquel que se te cruzase por el camino?

Negó con el rostro. - Esa etapa fue un error en mi vida.

Creía que no te arrepentías de ella… - Enarcó una ceja. - Como tampoco lo hacías de las cosas que fuiste capaz de hacer en ella.

Ya te lo expliqué en su momento y lo vuelvo a hacer ahora. – Suspiró. - Que pueda replantearme cosas no lleva a que me arrepienta de lo que hice conmigo… - Frunció los labios. - Son marcas que me llevaron a madurar.

Rió efímeramente. - ¿Cómo los cinco tatuajes que tenés?

Eso es algo diferente. – Le restó importancia trozando otra porción de budín.

¿Qué diferencia? – Se acercó a ella. - ¿Eran necesarios?

Si. – La fulminó con la mirada. - Los necesitaba para salir de las situaciones que me llevaron al estado en que estaba. – Resopló. - ¿Tengo que explicarte de nuevo el significado de cada uno?

No. – Volvió a su lugar. - Me los sé perfectamente… Solo tengo miedo de que vuelvas a ser esa mujer con aspecto punk y pelo rosa.

Esa persona murió junto con mis fantasmas. – Susurró casi inaudiblemente.

Mira Lu… - Esperó a tener su atención. - Yo considero que siempre hay un momento donde el camino se bifurca y es ahí donde cada uno toma una dirección pensando que al final los dos caminos se unirán nuevamente.

Yo no quiero que se unan Ele. – Humedeció el labio inferior. - No quiero llegar a un acuerdo con esa mujer que en algún momento fui erróneamente.

Es como si desde tu camino ves a la otra vos pero cada vez más pequeña… - Continuó con el relato.

Carraspeó. - ¿Me escuchaste lo que dije?

¡Sí! – Fue efusiva. - Pero no entiendo qué esperas de mi parte.

¡No se que espero! – Gritó, golpeando las palmas contra el mármol. - ¿No entendés que no sé ni siquiera que espero de mi misma? – Dejó caer su frente, sujetándosela con rapidez y hundiéndose entremedio de las manos. - Simplemente me di cuenta que de repente todo terminó.

Creía que eso te alegraba… - Masculló

Lo hace… Te aseguro que lo hace pero me asusta el saber que no hay vuelta atrás. – Contuvo un llanto inoportuno.

Un momento… - Presionó el tabique. - ¿Estamos hablando del pasado o del presente?

Las pupilas de Lucy se elevaron hacia ella. - ¿Por qué?

No me respondiste.

Vos tampoco. – Hizo una pausa. - ¿Por qué?

A veces siento que hablas de vos en pasado pero plasmando a la mujer que sos ahora. – Meció el rostro, volviendo a lo importante. - ¿Hay algo que deba saber?

¿Alguna vez sentiste conexión con alguien de quien no sabes absolutamente nada? – Finalmente preguntó. - Como si existieran millones de almas vagando por el mundo pero vos necesitas solo a una…

Elena abrió la boca por completo. – Oh por Dios… ¿Te enamoraste de Sam?

¡No! – Chilló presionando el entrecejo. - ¿Qué decís? ¿Cuándo lo nombré? – Exhaló el aire. - No me refiero a un amor, ni a un hombre.

¿Te gusto yo? – Consultó de la nada misma. - ¿Eso tratas de decirme y no sabes cómo?

El rostro de Lucy se mostraba absorto ante tal comentario. No lo esperaba y además de tomarlo como algo sin sentido, sentía que cualquier sensación que intentase transmitir era en vano.

¿Elena sos estúpida?¿Cómo me vas a gustar vos?

¡Es que no entiendo porque tanto misterio! – Arrojó perdiendo la paciencia. - En caso de que así fuera no te culparía… Digo, después de todo, este cuerpo puede resultar irresistible.

No me gusta nadie… - Espetó con seriedad. - ¿Está bien?

¿Entonces?

No lo sé… - Rodó los ojos. - Solo que Rachel… - Fue interrumpida.

¿Te gusta Rachel? – Nuevamente su boca se abrió por completo. - ¡Por Dios! Sabía que terminaría gustándote. ¡Lo sabia! – Gritó provocando que Lucy entrecerrara los ojos.

¿Podes dejar de gritar? – Generó una nueva presión. – Esa voz aguda que tenés… ¡Y te dije que no me gusta nadie!

No te hagas la heterosexual conmigo porque sé muy bien de tu pasado persiguiendo mujeres cuando aparentabas ser una rockera incomprendida… - Amenazó con el dedo índice. - Te recuerdo que soy tu mejor amiga hace años.

Eso es pasado y nadie dijo que sea homosexual o no. – La amplitud de los ojos era total. - ¡Me molestan las etiquetas y lo sabes!

Hagamos como que esta discusión nunca existió… - Restó importancia con un gesto. - Explicame que te pasa.

Siento que conozco a Rachel… - Se retractó con el rostro. - En realidad siento que ella me conoce a mí.

¿Te dijo algo? – Se sentó a su lado.

No. Ese es el punto. – La observó. - Que no hace falta decir… Es como si nuestros cuerpos conectaran.

No entiendo.

Se perdió en la visualización de la nada misma. - No sé explicarlo Ele, simplemente lo siento e intento recordar en qué momento empezó todo esto y descubro que comenzó antes de lo que pensaba… Mucho antes. – Presionó el pecho con fuerza como si el corazón fuese a salirse. - Y es ahí, justo en ese momento, cuando te das cuenta de que las cosas solo ocurren una vez y por mucho que te esfuerces ya nunca volverás a sentir lo mismo que antes. Ya no tendrás ese beneficio de ser una desconocida ante esos ojos que ahora te comprenden. – Percibió la risilla por parte de la morena. - ¿Qué?

Estás tan enamorada. – Dejó escapar una carcajada.

Depositó un golpe en el hombro de Elena. - ¡Callate pelotuda!

¿Te acordás esa frase que nos decíamos cuando teníamos miedo a realizar algo de pequeñas? – Consultó Tina, sujetando las rodillas de Rachel.

Ambas se encontraban sentadas sobre una de las camas de esa habitación que compartían. Después de desayunar, desperezarse y ponerse a tono con lo que un nuevo día esperaba, la asiática se dispuso a escuchar a su amiga.

'Hoy es el primer día del resto de tu vida' – Recitó Rachel cerrando los parpados. - ¿Esa?

Afirmó con el rostro. - Cada día que pasa lo es y vos lo sabes mejor que nadie. – Sonrió. - Hasta que llega el momento en que te morís y te das cuenta que nunca dejaste de ser una jodida cobarde.

Rachel dejó que su cuerpo se fuese hacia atrás por inercia. Ambos ojos se abrieron a la par ante la sorpresa.

No soy cobarde. – Se defendió.

Pero sí, lo era.

No tenía nada por perder y aún así, no contaba con el valor suficiente para enfrentar lo que creía valedero.

Muchas veces el dolor se convierte en una parte inmensa en la vida de uno y eso sentía Rachel. Había superado varios baches pero esa sensación seguía en ella.

Era una padeciente más de él, a la espera de que siempre estuviese ahí porque ya no recordaba cómo era no sentirlo.

Solo considero que hay una vida entera detrás de las cosas que apreciamos a simple vista. – Hizo una pausa. - Es verdad que ciertos acontecimientos me impulsan a que no sienta miedo… - Suspiró pesadamente. - Es tan difícil a veces Tina.

En ese momento, justamente ese día, es cuando sentís algo más. Algo desconocido que a primera vista parece malo pero llega a uno con la intención de demostrarle que después de todo, también se puede ser feliz.

Esa felicidad llegaba a Rachel de diversas formas pero la más notoria era con la presencia de Tina de forma incondicional.

Después de todo, uno nunca sabe que tan fugaz puede ser esa felicidad.

¿Será verdad que toda tu vida pasa ante tus ojos el segundo antes de morir? – Se autoreplanteó Elena.

Los ojos de Lucy se focalizaron en ella.

¡Y yo que sé! – Contuvo la carcajada. – No morí y reencarné en esto que soy ahora ¿eh?

Frunció el ceño y generó un gesto de que guardase silencio. - Obviamente ese segundo no es solo un segundo… Es como si se alargara eternamente en un océano de tiempo.

Un silencio invadió la cocina.

Silencio que se vio abatido por la carcajada ahogada de Lucy, quien sin control de su cuerpo escupió varios de los cereales que se encontraba degustando.

Cubrió la boca del desastre. - ¿Océano de tiempo? – Tragó con dificultad. - ¿A quién te comiste Ele? ¿A J. K. Rowling?

Debería seguir enojada por todo lo que me pasó pero, aunque te parezca raro, es duro estarlo. – Explicó Rachel jugando con sus dedos nerviosamente. - Pienso que todo lo que está determinado a pasar, finalmente ocurre… Tarde o temprano, y veo el lado bueno que es no considerarme alguien ordinario. – Sonrió. - ¿Me entendés a lo que quiero llegar? Cuando veo a alguien como ella directo a los ojos, conectamos, aunque sea por un segundo. – Hizo una pausa. - Y si me detengo cuidadosamente es como si me viese a través de sus pupilas.

Rachel no titubeaba al explicar que sentía al ver a Lucy a los ojos, era como si hubiese encontrado su lugar.

Su mente había creado personajes de un mundo que podría haber existido, o quizás no. Un mundo de su imaginación pero con un dejo de realidad que se ejemplificaba ante ella.

¿Y que ves? – Irrumpió Tina sus pensamientos.

Belleza. – Respondió sin pensar. - Veo en Lucy su belleza interna.

¿Qué demonios te hace pensar que con toda la gente que hay en la Tierra, justo Rachel sea una persona de tu pasado? – Resopló Elena conteniendo la frustración interna. - Una importante, claramente.

¡No lo sé! – Chilló la rubia. ¿Pero qué pasaría si entra en mi vida y me doy cuenta de por qué no funcionó con nadie más?

Un momento… - Presionó el entrecejo. - ¿Estás pensando en dejarla entrar en tu vida de esa forma que yo estoy entendiendo?

Guardó silencio sin saber con certeza que decir.

Solamente digo que me desconozco. – Elevó los hombros. - Desconozco la forma de ser que adquiero cuando estoy con ella.

Tanto la vida de Lucy como la de Rachel, estaba tomando forma en este momento con los sueños que alguna vez se persiguieron, las decisiones tomadas y sobre todo, la clase de persona que eligieron ser.

El resto de una vida era mucho tiempo y la de ellas estaba comenzando ahora.

Con la simple llegada de una desconocida.


¿Nos leemos el lunes?

¡Feliz cumple amiguita de mi alma! te quiero mucho =)