Respuestas a reviews:

Yarianyoshi: Me alegro muchísimo que te haya gustado el capítulo.. :DD Y sí, hoy si ya está confirmado, solo dos capítulos más después de éste.. DD: Agradezco el elogio y esperemos que el padre de Sebastián esté bien y nooooo, no te robes a Ciel porque entonces, Sebas lo extrañará mucho jajajaja.. :DD Sayo! Y no le hables así a tu jefe el día que tengas uno.. XDD Gracias por el review! :DD

Whatsername-Sama: Tengo idea de que parte amaste y cual odiaste jajaja.. Entiendo que te moleste Bill, yo creo que tanto él como Karen no dejarán a nadie en paz hasta el final jajaja.. algo habrá de sucederles.. XDD Y, sí, faltan solo dos capítulos después de éste para el final y, sí, tengo planeado escribir otra, quizás tarde un poco en publicarla pero seguro que lo haré.. :DD Ha sido genial escribir esta historia para todos ustedes.. :DD Gracias por el review!

Mina-sama12: Esoooo! Y sí que lo van a meter en problemas, ya verás.. DD: Y estás en lo correcto, el papá de Sebastián está sufriendo un infarto por la impresión que Bill y Karen le provocaron.. Espero que te guste la continuación y gracias por el review! :DD

Saskia Neko-chan: Sí! Sebastián participará en el concurso, después de todos los contratiempos que ha tenido.. Y entiendo tu pensar respecto a su padre porque por muy mal que se haya portado con Sebas, todos queremos que olvide sus prejuicios y vuelva a apoyarle.. :DD jajaja, me causó gracia lo que te dice tu amiga.. pero no le dejes que te pegue, jajaja aunque metas la pata.. XDD Gracias por el review! :DD

Camy MASTER: Llegaste a tiempo para dejar el review .. XDD Y me alegro muchísimo que lo hayas hecho.. :DD Mmm.. se avecinan unos cuántos problemas más pero, bueno .. créeme que por el resto, muchas situaciones comenzarán a resolverse ahora que se acerca el final.. :DD Me divertí cuando escribí esa parte del castigo y cómo Sebastián consiguió que se reconciliaran, lo debo reconocer.. XDD Espero que hayas comido mousse.. XDD y gracias por el review! :DD

LadyAniMangaXD: Síii! Es Gordon pero, lamentablemente, éste capítulo será el último en el que le veremos.. DD: Y pues, ya era hora que alguien pusiera en su lugar a Andrew, ¿no? Es que hasta a mí me pone mal mi propio personaje, jajaja.. igual que Karen y Bill, quienes por cierto aún no sé bien lo que sucederá con ellos.. Tengo que pensarlo.. :/ Veremos si al final nuestra pareja alcanza la felicidad como dices.. :DD Cuídate mucho también y miraré yaoi, pero, no hablaré con extraños porque solo feos he visto jajaja.. Gracias por el review! :DD

Katha Phantomhive: Me alegro muchísimo que te haya gustado el capítulo.. :DD Wiii! Finalmente Sebastián y Ciel vuelven a ser felices.. :DD Todos piensan que Sebastián es uno más de los amantes de Andrew y por eso le ha costado un poco destacar, claro que cuando se toman el tiempo de conocerlo y hablarle, se dan cuenta que en realidad es una buena persona.. que lo que le sucede es pura y cruel jugada del destino.. :DD Estás en lo correcto acerca de Anthony, él es el clásico machista al que no le importa que las mujeres sean tontas pero, que deben ser hermosas y sobre todo, que ningún hombre debe casarse con otro sino, que debe ser con una mujer.. DD: Y Karen y Bill, bueno.. Ellos no se cansarán de fastidiar hasta el final, eso está más que escrito pero.. Veremos qué pasa al final con ambos, aún no estoy segura.. DD: Muchas gracias por el review y habrá más Claude y Alois en este capítulo.. :DD

NiefBrokelly: jajajaja, me alegro que te haya gustado el lemmon del final.. xDD Andrew se merecía que Ciel le pusiera en su lugar, ¿o no? XDD En este capítulo verás cómo le fue a Sebastián en el concurso jajajaj.. :DD Gracias por el review y espero que continúes leyendo esta historia.. :DD

Little Cannibal: Me alegro muchísimo de haberte ganado como fanático.. :DD Y no sé si debo lamentar lo que te estoy provocando hacer o alegrarme ( ?) jajajaj.. :DD Acerca de Alois, has dicho bien, lo suyo es una negación porque sabe que no debe apegarse a nadie, es más como una protección que él mismo se ha creado y pues, para Claude difícil porque ahora sí se enamoró de alguien.. Me alegro que te haya gustado el lemmon y pues, con Madame Red lo que sucedió es que el estar lejos de Ciel probablemente le recordó cuánto lo quiere y que no debía oponerse a la felicidad de su sobrino.. :DD En el XX bueno, no, no apuñalaron a Anthony sino que le está dando un ataque al corazón por la impresión.. DD: Y creo que todos nos imaginamos que el niño es de Bill jajajaj.. habrá que culpar a la sinceridad en la traición de la señorita.. XDD Ahora con lo de Ciel y cómo le habló a Andrew, si te das cuenta es porque Ciel ha madurado a lo largo de su pequeña escapada.. En fin, lamento la tortura psicológica y espero continúes leyendo el próximo capítulo.. XDD Gracias por el review! :DD

xLadyMichaelisx: *La abraza para consolarla* Lo siento pero sí, la historia ya casi llega a su fin.. :DD Y bueno, Ciel no sabe dejarse de la gente ahora entonces lucha por que se le respete a él y a Sebastián.. :DD Ya veremos si al final las fujoshis serán felices muajajaj.. nah.. XDD intentaré hacerlas felices, y me incluyo en el grupo.. :DD Y no te preocupes, nos desharemos de Karen y Bill antes del final jajaja.. Un abrazo para ti también y.. Gracias por el review! :DD

Livres et moi: Hola! Y Gracias! Agradezco en verdad que me envíes ese review y sobre todo que continúes leyendo la historia.. :DD Espero que te guste.. :DD

Plop: Lamento hacerte llorar y pues, todo sucede porque así es la vida, uno a veces celebra una cosa y llora otra, claro que a nadie le gusta eso. Además, es para demostrar que uno no debe esperar siglos para perdonar a alguien que ama, si lo ama debe perdonarlo lo más pronto posible o puede suceder como en el caso de Anthony que ahora esta grave.. DD: jajajaj Y si, el hijo de Karen seguro es de vil de Bill.. XDD Gracias por el review! :DD Y roguemos porque Ciel no pierda hasta la camisa con esos dos.. XDD

Kyu: Me alegro que el capítulo te haya parecido dulce.. :DD Agradezco muchísimo el cumplido que me das.. jajaja, trato de hacerlo lo mejor que puedo.. :/D Créeme que todos odiamos a Karen y a Bill porque se dedican solo a ver a quién fastidian.. aunque claro, aún no está definido cómo terminarán.. XDD Y pues, en amor yaoi tengo otro fic en progreso pero.. quiero ver que tanta aceptación tiene antes de subirlo aquí.. jajaja.. Gracias por el review! Y prometo subir el otro fic pronto.. :DD

AnarchyShooter: No tengas pena, sé que por tiempo y eso a veces no se puede dejar review.. :DD Sí, Angelina aceptó al menos de lejos la relación de Sebastián y Ciel, cosa que le costó bastante esfuerzo porque teme que sus amistades lo descubran.. DD: Ahora Karen y Bill, ellos nunca cambiarán siento yo.. son personajes de esos que uno sabe en la vida nunca van a ser buenos.. XDD Anthony? Pues, según la historia es un hueso duro de roer así que es posible que pueda vivir aún más.. :DD jajaja Gracias por el review! :DD

Daliacula: Jajaja, me imagino.. yo también me antojé de comer algo de chocolate mientras lo escribía.. XDD Yay! Me alegro que te haya gustado la reconciliación.. :DD aunque no fue que Ciel se resistiera demasiado sin Sebastián tampoco.. xDD Y sobre Anthony prometo que en este capítulo sabrás la respuesta.. Bye bye y gracias por el review! :DD


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Green Academy

XXI


EN BOSTON

Ciel sacó un recipiente del horno y sonrió. Finalmente aprendía unas cuántas cosas acerca de cocinar, cocinar pasta sobre todo. Dejó el molde refractario sobre la estufa y le dio una ligera olisqueada.

-No cabe duda. El queso mozarela y la salsa para espagueti hacen maravillas. – Se jactó el menor; quien, por primera vez en el tiempo que llevaban viviendo juntos, serviría una cena decente. – Sebastián estará complacido de probar una cena casera.

Chequeó todo en la cocina una vez más, sería cuestión de calentar y servir. Luego, arrojó el trapo, que estaba utilizando para limpiar todo, al lavaplatos y salió corriendo hacia su habitación. Tenía que arreglarse y marchar para llegar a tiempo.

Finalmente el día había llegado. Hoy vería a Sebastián en ese concurso que tanto había esperado. Eso sí, el moreno le había advertido que no se vestiría como sus compañeros. "No soy un chef." Espetó, el día en que Ciel se atrevió a preguntar abiertamente el porqué de su resistencia a vestir una filipina y uno de esos sombreros altos. "Necesito los brazos libres, joder. Francamente, no entiendo cómo hacen para cocinar con esas mangas largas y balanceando ese cumbo en la cabeza." Y el ojiazul se echó a reír al recordar esas palabras. El mayor realmente sabía expresarse en una forma particular.

Miró a su alrededor, buscando su móvil. Quería desearle buena suerte al moreno antes que entrara al Centro de Convenciones y no pudiera responderle más. Rápidamente marcó el número y le dejó sonar hasta que la grabadora concluyó con su espera.

Gruñó por lo bajo. ¿Dónde diablos había dejado el mayor esa porquería de aparato?

Por casualidad, su mirada rodó a la mesita de noche y mejor sonrió ante la escena. Sebastián había dejado el móvil ahí. Peor aún, lo había dejado en vibrador. Se acercó y tomó el aparato en sus manos. Ahora que recordaba, no le había visto llevarlo un par de días atrás. Seguro el chef Ramsay les prohibió llevarlo. Además, cuando Ciel necesitaba hablarle, usualmente llamaba al restaurante.

Contempló nuevamente el celular. Habían varias llamadas perdidas pero, el ojiazul no estaba en el ánimo de ponerse a hacerla de detective. Si alguien llamaba al moreno, bueno, ése era asunto de él. Eso sí, se quedó mirando unos segundos a la foto de ellos dos juntos que tenía Sebastián en el fondo de la pantalla.

-No te amo como lo hice ayer… - Susurró Ciel para sí mismo, recordando la letra de una canción. – Ahora te amo más, Sebastián.

Sonrió. Se sentía muy feliz de estar a su lado. Sin embargo, era tarde para estar mirando fotografías. Apagó el móvil y lo dejó en su lugar, tomó el suyo y lo metió en su bolsillo. Agarró la primera camisa que encontró, se vistió y salió deprisa.

Cerró la puerta del apartamento. La melodiosa voz de Ashley cantando al otro lado del pasillo y un gesto de su mano le despidieron, Ciel devolvió el saludo y bajó las escaleras corriendo. Tan solo tenía cuarenta y cinco minutos para cruzar la ciudad.


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Ya había abordado el bus que le llevaría a su destino cuando su teléfono comenzó a sonar. Miró el número. Era su tía Angelina, no estaba seguro si debía responderle o no. Se mordió los labios y finalmente, apretó el botón para contestar.

-Hola tía. – Saludó el menor. No era que no quisiera hablarle pero, ¿qué tal si tenía un repentino cambio de actitud de la última vez que hablaron?

"Ciel." Su tono era frío y parecía como si estuviera temerosa de algo a la vez. "¿Dónde estás?"

-Estoy camino a un concurso de cocina en el Centro de Convenciones de la ciudad, tía. – Ciel no pudo evitar que se le escapara una risita. – Sebastián participará en él.

"Ah. Ya veo. " Hizo una pausa. "Mi niño, Kate, la madre de Sebastián, quiere saber si éste aún tiene su teléfono con él."

-No. – El ojiazul suspiró. – Lo dejó en casa y no quise traerlo.

"Es importante que escuches esto. El padre de Sebastián está en el hospital desde hace algunos días. Tuvo un ataque cardíaco y está inconsciente desde entonces."

El menor apretó el aparato entre su mano. – No puede ser verdad… ¡Sebastián estaría destrozado!

"Lo sé, Ciel pero… lamentablemente es la verdad." Madame Red abandonó unos segundos la conversación para hablar con alguien más. El ojiazul podía asegurar que era la madre del moreno a quien Angelina intentaba consolar. "Sebastián y tú deben regresar tan pronto les sea posible." Ciel estaba a punto de decirle que no tenían dinero para hacerlo cuando la dama le interrumpió una vez más. "Kate ya liberó la tarjeta de crédito de Sebastián y pueden utilizarla para comprar los boletos. Ha estado llamándole desde el suceso pero, él no contesta."

-Está bien, tía. Yo le diré después del concurso. Ahora no me atrevo. Créeme que si no ha contestado es porque estaba demasiado emocionado practicando para ese concurso. - La pelirroja estuvo de acuerdo y Ciel no dijo mucho más, simplemente se limitó a colgar el teléfono. ¿Cómo iba a decirle esto a Sebastián?

Tembló durante todo el camino hasta su destino. Sentía escalofríos, náuseas a ratos, porque bien sabía que el moreno sufriría terriblemente. "¡Qué no daría porque no te afectara esto tanto como sé que lo hará!"

Dio un vistazo a su alrededor. El Centro de Convenciones y Exhibiciones de Boston poseía una de las estructuras arquitectónicas más sofisticadas que el menor hubiera visto. Era simplemente exquisito. Desde que se entraba en él, la atmósfera era de elegancia y lujo. Ciel estaba orgulloso de saber hasta dónde Sebastián había llegado.

Caminó, preguntando por indicaciones y luego, dirigiéndose al lugar del concurso. Había bastante público pero, los cocineros aún no hacían su aparición. El ojiazul miró todo con emoción. El centro del escenario estaba dividido en pequeños cubículos acondicionados como pequeñas cocinas. Cada grupo utilizaría una durante el concurso.

Ciel leyó el programa. En la primera ronda, los chefs encargados de cocinar las entradas serían lo que participarían, luego los que preparaban el plato fuerte y finalmente los del postre. Cada participante tenía derecho a un ayudante y treinta minutos para preparar el platillo, exceptuando a los del plato fuerte, quienes tendrían cincuenta minutos. El menor suspiró. Sebastián aún tenía tiempo para encontrarle y él no quería mentirle.

Se giró para controlar todo su entorno. Entonces le vio, Sebastián estaba del otro lado del público. El menor tomó su programa y cubrió el costado de su rostro, perdiéndose entre el grupo de camareros que repartían canapés a los asistentes. Anduvo unos cuantos pasos y cuando le creyó perdido bajó el trifolio y tomó asiento en la primera fila.

Pasaron unos cuantos minutos y Ciel se recostó en la silla, pensando que el moreno no le había visto.

-Creí que nunca te encontraría entre toda esta gente. – Dijo una voz, cuyo dueño apoyo ambas manos en los hombros del ojiazul, provocándole a éste un respingo.

-Seb… Sebastián. – Ciel se dio la vuelta para verle. El mayor estaba usando una filipina blanca de mangas cortas y un delantal largo pero, sin sombrero.

-Sí, soy Seb-Sebastián. – Respondió el moreno, riendo. - ¿Te estabas ocultando de mí?

-No, claro que no. – Mintió el menor, poniéndose de pie y abrazando al mayor. - ¿Estás listo?

-Por supuesto. – Sonrió. – Hoy nada podría salir mal.

Ciel meneó la cabeza en gesto negativo y fingió una sonrisa. – Buena suerte, Sebastián. Estoy muy orgulloso de ti. – Las mejillas del menor se tiñeron de un auténtico rubor.

Sebastián tomó el rostro del ojiazul entre sus manos y se inclinó para besarle rápidamente. – Gracias. – Frotó sus labios suavemente contra los del otro y luego se enderezó. – Debo irme, Ciel. Me esperan.

-Lo sé. Estaré aquí, viéndote. – Sonrió. El moreno se marchó y una vez más pudo tomar asiento. "¿Cómo se lo voy a decir?" Se preguntó nuevamente, arrebatando un canapé de una de las bandejas de los camareros. Necesitaba comer algo para calmar sus nervios, a pesar que aún tenía esa sensación de vasca en el estómago.


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Los dos primeros grupos ya habían pasado y Ciel estaba realmente emocionado. Tanto, que por momentos olvidaba las malas nuevas. Simplemente quería ver a Sebastián haciendo magia con los ingredientes y creando el platillo perfecto.

Sebastián se tronó los dedos y Gordon Ramsay llegó hasta él. - ¿Nervioso? – Preguntó, mirando fijamente al moreno con una sonrisa en el rostro. El aludido asintió. – No tienes por qué estarlo. Sabes lo que vienes a hacer y lo has practicado suficientes veces.

-Andrew no estaba de acuerdo en que participara. – Comentó Sebastián, mordiendo su labio inferior. – Él dijo que alguien más debería venir en mi lugar y, que si osaba desobedecerle me despediría.

-Entonces tienes que ganar. – Musitó Ramsay arqueando una ceja. – Porque Andrew jamás dejaría ir al ganador del concurso. ¡Tendría que ser idiota para hacerlo! ¡La competencia te contrataría de inmediato!

-¿En verdad? – Preguntó el moreno, atento a la respuesta.

-Por supuesto. Dice todo eso por gilipollas pero, si ganas, no se atreverá a despedirte. – Gordon palmeó el hombro de Sebastián. – Ahora, a poner manos a la obra que quiero un primer lugar unánime.

-Seguro, chef. – Asintió el moreno y junto con su asistente fueron a tomar su posición al cubículo del escenario.

Sebastián no pudo evitar sonreír. El mundo era pequeño y, ahora era la chica "Salsa de fresa en el fregadero" la que le ayudaría durante la prueba. No era que tuviera que hacer demasiado. De cualquier forma, el moreno no se atrevería a dejarle hacer gran cosa en su mousse, a pesar de lo mucho que la joven había mejorado últimamente.

Uno de los jueces del evento se puso de pie y caminó hasta el centro del escenario. – Bien. Todos conocen las reglas. Treinta minutos y cuando el timbre suene, todos se alejan de las cocinas y dejan sus platillos en la mesa de los jueces.

Sebastián bajó la vista, preocupado de cómo haría a los jueces saber cuál era su platillo. Entonces vio los platos que utilizaría para servir, decían "Les Zygomates" en el borde. Se limitó a sonreír. Ramsay había pensado en todo. No se detuvo más tiempo y comenzó a preparar el postre.

Solo debía organizarse. Fundir el chocolate, batir la crema, enfriarlo un poco y luego mezclar con la gelatina, la menta y los demás ingredientes. La chica que le asistía le ayudó con el chocolate y luego, él se dedicó a hacer el resto. Solo levantó la vista unos instantes para ver a Ciel en la primera fila, comiendo de una bolsa de frituras de queso. – Ah, Ciel… - Musitó para sí pero, sin descuidar sus tareas.

Una vez estuvo listo, sirvió el primer plato y una pequeña gota ensuciaba el borde. Se apresuró a limpiarla pues, recordaba las muchas recomendaciones de Gordon y, ésa era una de las principales. Todo debía verse perfectamente limpio.

El timbre sonó y el juez que antes les hablara, se puso de pie. – Tomen sus platillos y tráiganlos al frente. – Sonrió. – Estamos ansiosos por saborearlos.

Sebastián se encaminó y miró los postres de los demás. Parecían mucho más complicados que el suyo, así que solo le restaba esperar que el suyo fuera lo suficientemente bueno. Pasó saliva y se alejó de la mesa. Más le valía ganar o ya podía comenzar a considerarse como un desempleado otra vez.

Fue a la parte trasera del escenario y el chef Ramsay le miró detenidamente. - ¿Sucede algo?

-No. – Musitó Sebastián. – Espero que nos vaya bien. – Esbozó una rápida sonrisa que desapareció en segundos.

-Nos tiene que ir bien. – Espetó secamente el rubio, cruzando los brazos. El moreno no pudo decir más. Mejor asintió y se alejó de ahí.

Bajó las escaleras y fue hasta donde se encontraba el ojiazul. Ciel parecía pensativo, como si toda la felicidad que mostraba mientras Sebastián cocinaba se hubiera apagado.

-Terminé. – Musitó Sebastián cuando estuvo frente al ojiazul.

-Sí. Así veo. – Ciel esbozó una sonrisa. - ¿Cuándo conoceremos al ganador?

-Dentro de unos minutos. Los jueces están deliberando ahora probablemente. – El mayor respondió mecánicamente. Estaba demasiado consciente que Ciel no se encontraba del todo bien. - ¿Sucede algo? Te noto como… preocupado.

-Hay algo pero, te lo contaré después, ¿de acuerdo? - Abandonó la bolsa de frituras de queso en el asiento y miró fijamente al moreno.

-¿Es algo malo?

-Sí. – Y Sebastián estaba a punto de continuar preguntando cuando el anuncio de la premiación le interrumpió.

"Damas y caballeros, hemos tenido el gusto de saborear cada platillo preparado por los participantes y, estamos gratamente satisfechos con los avances culinarios de todos. Sin embargo, siempre tenemos que elegir un ganador y, por unanimidad, decidimos que se dará un reconocimiento al establecimiento completo por patrocinar a éste excelente grupo de cocineros."

-¿Significa que solo hay un ganador? – Preguntó Ciel, apretando la mano de Sebastián.

-Así es. El establecimiento ha ganado los tres primeros lugares. – El moreno cerró los ojos. – No creo que seamos nosotros.

-¿Por qué?

-Porque mi postre era demasiado simple a la par de los otros. – Se mordió el labio inferior y Ciel se subió en la silla para rodearle con los brazos por el cuello.

-Pues yo creo que podrías ser tú. – Dijo alegremente el menor, recostando su mentón en la cabeza del moreno. – Así que cuando ganes, gritaré. – El mayor solo rió.

"El establecimiento ganador de los tres primeros lugares por la mejor entrada, plato fuerte y postre es…" El hombre hizo una pausa, solo para impacientar aún más a los espectadores. "El restaurante a cargo del chef Gordon Ramsay, Les Zygomates"

-¡Ah! ¡Lo sabía! – Gritó Ciel, saltando de la silla para abrazar a Sebastián. - ¡Ganaste! ¡Demonio de cocinero, ganaste!

-¡Sí! No sé cómo pero, ¡lo logré! – El moreno perdió hasta el aliento por unos instantes, abrazando al ojiazul con todas sus fuerzas.

"Suplicamos a los integrantes del grupo ganador que suban al escenario." Avisó una de las asistentes del evento.

-Ve, Sebastián. – El menor jadeó, separándose del abrazo. Se había acalorado solo de la emoción.

-Sí… Voy. – Musitó el moreno, componiéndose la filipina, la cual acabó toda arrugada por su celebración.

Todo el grupo subió al escenario y los jueces entregaron sendos trofeos dependiendo de la categoría. Pequeños cocineros de color dorado con la inscripción correspondiente al pie. Sebastián lo veía y no podía creerlo.

Ciel desde abajo contempló como todos se abrazaban y felicitaban. La felicidad del momento le había hecho olvidar que tenía aún una mala noticia por contar. Además, Sebastián se veía tan contento.

Al cabo de unos minutos, la celebración acabó y todos caminaron hacia la parte trasera del escenario. El menor tomó sus cosas y comenzó a buscar una entrada a ese lugar. No podía dejar pasar más tiempo. Bordeó el escenario con pasos apurados y cuando llegó al otro lado, vio que todo el grupo de compañeros del moreno hablaban y se organizaban para ir a celebrar.

El ojiazul divisó al mayor y avanzó hasta él, chaqueta colgada al brazo y con la bolsa de frituras en la mano. – Sebastián… - Musitó, jalándole de la manga cuando estuvo a su lado.

-Vamos, Sebastián. – Dijo alegremente uno de los otros cocineros. – Vayamos a tomar unas cervezas todos juntos.

-No… - Espetó Ciel, inseguro.

Sebastián miró al ojiazul y recordó que había algo que no quiso contarle. Suspiró. – Vayan ustedes. – Respondió a su compañero. – Ciel y yo tenemos algo que hacer.

El otro chico se encogió de hombros y ofreció un último saludo a ambos antes de apartarse de ellos y marchar junto a los demás. El moreno suspiró una vez más, en verdad quería ir con sus compañeros pero, no podía fallarle a Ciel. – De acuerdo. Me tienes. – Musitó, tomando la mano del ojiazul y caminando con él hacia la salida.

El aire golpeaba los mechones de su cabello y estaba tan nervioso que le costaba respirar. Era claro, el asma siempre le incomodaba en los peores momentos. Se detuvo y miró a Sebastián a los ojos. – Mi tía llamó esta mañana. – Ciel leyó en los ojos del moreno que estaba harto de esa mujer. – Espera. No es respecto a nosotros. – Tomó aire. – Tu padre sufrió un ataque al corazón y está en el hospital.

-¿Qué? – Sebastián parpadeó un par de veces, incrédulo de lo que acababa de escuchar.

Ciel tomó las cosas del moreno y las colocó en el suelo junto con las suyas. – No sé como sucedió pero, eso fue lo que me dijeron.

Los ojos del mayor se tornaron acuosos y solo atinó a abrazarse al ojiazul, escondiendo su rostro contra el hombro del menor. – No quiero que mi padre muera, Ciel.

-No pienses así. – Le consoló, abrazándolo también. – Tu padre es un hombre fuerte por lo que sé. Estoy seguro que se recuperará.

-¿Sabes si quiera como está? – Toda la felicidad de antes se había ido y ahora sentía como si un vacío dentro de él creciera a cada momento.

-Está… sedado. Ya sabes, para evitar complicaciones. – Mintió el menor. No era sano darle una noticia así de un solo.

-Ya veo. – El moreno cerró los puños sobre la camisa de Ciel. – No quería que esto terminara así. – Sollozó, aún ocultando su rostro. – Sé que me odia por amarte a ti pero, yo lo quiero. Es mi padre.

-Sé lo que se siente perder a un padre, Sebastián. Yo perdí a ambos el mismo día. – Ciel tragó en seco, acariciando los cabellos del moreno. – Ya verás que nada le sucederá al tuyo. Tendrá que ser más cuidadoso de ahora en adelante pero, seguro vivirá.

-Espero que tengas razón. – Tomó un respiro y limpió su rostro. – Quiero ir a verle pero, ¿cómo?

-Tu madre liberó la tarjeta de crédito para que puedas utilizarla. – Musitó y Sebastián apretó los labios. Eso significaba que era bastante grave o ella le diría simplemente que la llamara. Kate no era famosa por sus arranques de repentina nostalgia.

-Solo le faltó decir que llevara listo el traje negro, ¿no? – Rió mientras las lágrimas corrían por sus mejillas.

-No lo tomes en esa forma. Seguro quiere que compruebes como se encuentra por tus propios medios y no solo por lo que ella diga. – Ciel tomó su mano y detuvo a un taxi que pasaba frente a ellos. – Vamos. – El moreno solo se dejó meter dentro del vehículo y el ojiazul sabía que tendría que ser él quien le llevara hasta Nueva York.

Tomó su teléfono y llamó a Madame Red. Sebastián recargó su rostro en el hombro del ojiazul y, éste le acarició dulcemente. – No te preocupes… yo me encargaré. – Susurró, justo antes que la pelirroja respondiera al otro lado.

"Hola."

-Tía, necesito que me ayudes. – Espetó Ciel.

Angelina había regresado del viaje unos días atrás, quejándose de cómo el menor le había conseguido convencer de sus deseos de permanecer al lado de Sebastián pero, ahora que le escuchaba hablar por teléfono, se daba cuenta de cuánto su niño creció en esas pocas semanas. "¿Qué puedo hacer por ti, mi niño?"

-Llama a la agencia de viajes y consígueme dos boletos para Nueva York. – Musitó. – De preferencia para hoy mismo.

"¿Ya se lo has dicho a Sebastián?"

-Ya. No… no se encuentra bien y, no sé mucho sobre estas cosas, tía. – Suspiró. – Avísame, por favor, en cuanto los tengas. Nosotros estaremos listos para entonces.

"Te llamaré, Ciel. Y ten calma, podrías enfermarte. Sabes que la tensión es mala para ti." Y el ojiazul no pudo evitar reír en su fuero interno. ¿Desde cuándo Madame Red se preocupaba por su salud? Porque, a recordar en los últimos tiempos, no le había importado lo mucho que el sufría de pensar alejarse del moreno. Y eso no pareció importarle. No obstante, no era momento para reproches.

-Sí, tía, lo sé. Procuraré estar tranquilo. Hablamos luego. – Colgó la llamada y abrazó a Sebastián. – Pronto estaremos en casa. – Susurró.

El hombre del taxi les dirigió una mirada de curiosidad cuando vio al ojiazul besar la comisura de los labios del moreno. Ciel suspiró. No cabía duda que esa "morbosidad" de todos hacia ellos en su posición de homosexuales no acabaría nunca. Bajó la mirada y contempló al pequeño chef dorado del trofeo a quien nadie ponía atención


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NUEVA YORK

Claude había reprogramado cada una de sus asignaturas porque creía que los jóvenes se estaban volviendo descuidados ya al final del curso. Además, era importante que cada uno de los graduandos fuera perfectamente preparado y…

Mentía.

Había hecho todo eso porque desde el día en que Alois se fue su mundo había vuelto a ser lo que era antes, incluso peor. Sí, porque antes no sabía lo que se sentía compartir con alguien cada parte de su vida, reír con esa persona y sobre todo vivir algo en común. Quizás Alois nunca lo había amado pero, ambos habían compartido la pasión de pertenecerse uno al otro siquiera un instante.

La idea de no saber en dónde se encontraba el rubio le atormentaba cada día sin cesar. Cuando impartía las clases, le recordaba. Cuando estaba en su casa, le recordaba. No tenía paz. Siempre estaba deseando un contacto de sus labios o siquiera escuchar su voz pero, nada. Alois había sido borrado de su mundo.

Estaba enseñando algo acerca de fracciones esa tarde cuando se detuvo abruptamente.

-¿Le sucede algo, profesor Claude? – Le preguntó Bill con una sonrisa sarcástica.

-No. No me sucede nada joven Armstrong. – Masculló el pelinegro. Lo último que quería era hablarle un mocoso malcriado como ese.

-Sí, de seguro a su edad ya no se sabe qué le duele a uno más. – Murmuró y todos se echaron a reír.

Claude les dirigió una mirada llena de ira y se limitó a decir "Saldré un momento. Resuelvan el ejercicio mientras no estoy." Y salió de la clase. Sin rumbo siquiera. Tal vez, convenía que se detuviera en uno de los salones para charlas con los padres en los que le gustaba refugiarse. Ahí podría respirar un poco y tener algo de paz.

Entró en uno y cerró la puerta. No echó el pestillo porque no había nadie cerca. Además, no estaría ahí por mucho. Se apoyó en el escritorio y jadeó. Las mangas de su saco se estiraron, dejando ver la tensión que revelaban sus manos. – Ya no puedo más. – Musitó para sí. Cerró los ojos por unos segundos. – Quiero saber por lo menos dónde estás.

Alguien llamó a la puerta en ese momento. Claude bufó. ¿Qué no podían dejarle en paz unos minutos? – En seguida voy. – Respondió secamente.

-Claude. – Dijo una voz que reconocería en cualquier parte.

El pelinegro se giró y cuando vio que sus oídos no le engañaban, abrazó al rubio contra él. – Alois. – Susurró. Se contuvo para no llamarte "amor mío" o algún otro tratamiento que molestara al menor. –Volviste.

-Tenía que hacerlo. Perdóname por marcharme así. – Se separó un poco del mayor y miró fijamente. – Yo te amo, Claude. No sé si tú aún lo hagas pero, no podía guardarlo por siempre dentro de mí.

El pelinegro sonrió y acunó el rostro de Alois con sus manos. – No tengo nada que perdonarte. – Cepilló sus labios contra los del menor. – Yo también te amo. Estos días que he estado lejos de ti han sido lo peor que pudo sucederme porque ni siquiera sabía por dónde comenzar a buscarte.

-No quería enamorarme de ti. Es todo. – Miró hacia abajo. – Siempre había sido capaz de estar con muchos sin vincularme realmente con nadie. – Sonrió. – No sé qué me sucedió contigo.

-No te ha sucedido nada. Simplemente compartimos demasiado y nos dimos cuenta que cuando estábamos juntos todo era mejor. – Claude tomó su rostro una vez más y le besó lenta y profundamente. Alois suspiró y tomó el compás del beso del pelinegro.

-Te extrañé, Claude. – Dijo, sonriendo contra los labios del mayor.

-Y yo a ti… ¿Amor mío? – Y Alois echó a reír porque quien acabó sonrojado fue Claude. – Lo lamento, aún no consigo acostumbrarme a decirle esto a un hombre.

-Lo sé pero, te acostumbrarás. – Los ojos azul cielo del rubio se encontraron con los avellana del pelinegro. – Ahora vámonos… Les dije a mis padres que me había gustado demasiado Nueva York y que tenía un tutor excelente.

-¿Qué quiere decir todo eso? – Preguntó el pelinegro, confundido.

-Que ya no tienes por qué trabajar para este lugar. Ni tienes por qué soportar a estos alumnos tuyos. Mis padres quieren contratarte para que seas mi tutor particular. – Rió. – Seguramente quieren saber qué tanto me puedes enseñar.

-Lo pensaré. – Respondió Claude sonriendo. – Ah… Sí quiero, pero, terminaré este curso, ¿de acuerdo?

Alois asintió. – Es un trato.


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La noche se cernía sobre la ciudad de Nueva York. El viento soplaba fuerte y desde la altura se podía ver todo cubierto de pequeñas lucecillas. Enorme y habitada, así se podía describirla. Una mirada borgoña recorría todo el paisaje desde la pequeña ventana del avión. De repente, todos sus planes habían cambiado. Su pequeño amor y él tuvieron que dejar su nueva vivienda, pedir una licencia en su trabajo, rogar mentalmente porque Andrew no le despidiera mientras no estaba y, a la vez, considerar que si su madre le había aceptado nuevamente quizás ni siquiera volvería a necesitar el trabajo. Un suspiro. Largo ese día.

Descendieron del avión y finalmente Ciel pudo relajarse un poco. Sebastián parecía más tranquilo y eso ya era un alivio. Sin embargo, tenía algo de miedo de pensar en cómo realmente se encontraría Anthony Michaelis. "Por favor que no esté en sala de cuidados intensivos." Dijo el ojiazul para sus adentros.

El moreno se detuvo por un momento, alejándose del grupo de viajeros que caminaba por la pista hacia el interior del aeropuerto.

-Sebastián, ¿te encuentras bien? – Preguntó el menor. El aludido levantó la vista, contemplando cómo Ciel intentaba caminar mientras sostenía el enorme maletín que llevara en el espacio del equipaje de mano.

Sonrió. – Claro, Ciel. Solo quería darte las gracias. – Tomó la maleta del ojiazul con una mano y le abrazó con la otra. – Creo que el aeropuerto de Nueva York tiene algo contra nosotros.

-O a nuestro favor. – Refutó el menor, correspondiendo el abrazo. – Porque por alguna razón es la segunda vez que estamos juntos aquí.

-Te amo, Ciel. Y no sé qué haría sin ti. – Musitó el moreno, acariciando el rostro del ojiazul. – No me dejes solo en ningún momento, por favor.

-Yo también te amo. Y no te dejaré solo. Lo prometo. – Besó suavemente los labios de Sebastián. – Además, es nuestro amor de arcoíris.

-¿Arcoíris? – Sebastián no pudo evitar sonreír.

-Eso decía en un rótulo que vi en Boston. – Se encogió de hombros. – Decía que el amor de homosexuales es lleno de color como el arcoíris.

El moreno rió nuevamente. – De acuerdo. Entonces, tú eres mi amor arcoíris.

-Y tú eres el mío. – Tomó su mano. - ¿Ves? Te hice sonreír.

-Sí. Solo tú podías hacerlo. – Suspiró, reanudando la caminata junto con el menor. – Es que tengo demasiado miedo de lo que voy a encontrar.

-No creas, yo también tengo miedo.

-Además, me siento culpable porque yo estuve hablando con él y… no sé qué tanto pude haberle afectado. – Espetó el moreno, mientras chequeaban sus pasaportes y caminaban a la salida.

-¿Hablaste con él? Nunca lo dijiste. – Ciel abrió la puerta y alzó una mano al taxi que rodaba por la calle en ese instante.

-No. Es que fue una conversación corta y vergonzosa. – Arqueó una ceja. - ¿En qué hospital está? – El hombre que conducía el taxi se giró, esperando por instrucciones sobre hacia donde debería dirigirse.

-Está en el hospital Lenox Hill según me dijo mi tía. – Indicó el menor. El taxista asintió y emprendió la marcha.

No hablaron mucho en el camino. Casi toda su conversación giró alrededor de lo que Sebastián había hablado con su padre. Ciel no quería preguntar demasiado sobre el tema porque consideraba que era mejor que el moreno se mantuviera alejado de los pensamientos negativos.

Llegaron al hospital y preguntaron a varias asistentes y enfermeras por la habitación en que se encontraba Anthony. Ciel subió la vista en ese momento. En el televisor de la sala de espera estaban hablando sobre lo sucedido en el Centro de Convenciones de Boston. El ojiazul no pudo evitar sonreír cuando vio a todos los participantes, incluido Sebastián en la pantalla.

La enfermera que les atendía miró al menor y subió la vista. Luego, la bajó para comprobar que se trataba de la misma persona que tenía frente a ella. Sebastián sonrió. – Felicitaciones. – Musitó. El moreno asintió. – Sin embargo, me temo que las noticias sobre su padre no son igual de buenas.

Sebastián tragó en seco. - ¿Qué es exactamente lo que tiene? – Preguntó asustado.

-Sufrió un infarto menor. – Comentó e inmediatamente les guió a través de un pasillo. – Vamos, vengan por este pasillo. – Hizo una pausa. – Su padre está delicado. – El moreno se puso pálido y la enfermera lo notó. – Tranquilo. Se recuperará pero, primero debemos dejarle sedado para que no tenga ninguna emoción que pueda hacerle recaer.

Ciel suspiró de alivio. Era un poco mejor de lo que imaginaba.

-Usted debe quedarse afuera. – Indicó al ojiazul.

-Pero, ¿por qué? – Preguntó el mayor, aferrándose a la mano del menor.

-Solo familiares. – Espetó la mujer.

-Ve. – Dijo Ciel, zafándose de su agarre. – Yo esperaré aquí. – El moreno le miró. – Perdóname por faltar a mi promesa.

- No lo has hecho. Es por causa de alguien más. – Sebastián bufó pero, siguió a la mujer hasta la habitación. El ojiazul se quedó atrás, mirando a su alrededor, hasta que una voz llamó su atención.

Afinó el oído para escuchar mejor. Era ella. Nadie más poseía la misma voz que Elizabeth hasta donde él sabía. Provenía de una de las habitaciones, así que caminó lentamente, escuchando de puerta en puerta hasta dar con la correcta.

Llamó un par de veces y nadie le invitaba a pasar. Solamente se seguían escuchando las voces entremezcladas con la de la rubia. Ciel llamó una vez más y luego abrió muy suavemente, empujando la puerta despacio.

-¿Lizzy? – Jamás le llamaba así pero, de lo contrario no creerían que tenía alguna familiaridad con la joven.

La rubia miró al hombre y a la mujer con uniforme azul que se enderezaban de sus posiciones en las sillas para ver al visitante. Luego, rodó la vista hacia el ojiazul. – ¡Ciel! – Exclamó emocionada.

-¿Qué te ha sucedido? – Dirigió una mirada a la extraña pareja mientras hablaba con la joven.

-Yo… He tenido una recaída, Ciel. – Miró hacia abajo. – No pude contenerme. – Una lágrima rodó por su mejilla. – Me prometí que sería solo una línea.

-Cocaína. – Musitó en voz baja el menor. Era claro porque ese término solamente era utilizado con esa droga. - ¿Quién te la ha vendido, Elizabeth? – La rubia sollozó. - ¡Quién! – Gritó Ciel.

-¿Eres estudiante de la Green Academy? – Preguntó la dama del uniforme, con ese tono de "quiero ser tu amiga" que utilizan siempre los adultos con los jóvenes.

-Sí, lo soy. – Ciel habló sin siquiera verle bien, porque lo que realmente le interesaba era la respuesta de Elizabeth.

-Sebastián… - Respondió en medio de una pasión de lágrimas.

-¡Imposible! – El ojiazul se llevó una mano a la sien. – Sebastián ha estado conmigo todo el tiempo. ¿Cuándo te la vendió?

-¿Conoces al culpable? – Preguntó la mujer a Ciel.

-Sí… Es decir, no. ¡Sebastián no es ningún culpable! – Exclamó el menor.

La pareja de uniforme se miró y luego el hombre se dirigió al ojiazul. – Es claro que también gustas de consumir sus productos o no estarías defendiéndole con tanta pasión.

-No es pasión. – Masculló. – Sebastián es mi pareja. ¡Yo sé lo que es capaz de hacer y lo que no!

-Pues por el momento, tendrás que venir con nosotros para que te hagamos algunos análisis. – Espetó el hombre. – Nosotros somos agentes de la policía y llevamos varios meses detrás de la persona que vende sustancias ilegales en esa escuela.

-Por el nombre que nos das, creemos que conoces perfectamente al criminal. Sí estás implicado en el caso, lamentablemente ambos irán a una correccional de menores. – Habló ella.

-¡No iré a ninguna parte! – Exclamó el menor. - ¡Elizabeth! – Gritó a la rubia. - ¡Diles la verdad! Sebastián y yo ni siquiera hemos estado aquí. – Los policías le sujetaron por ambos brazos.

-Tienes derecho a guardar silencio. – Decía el hombre. – Todo lo que digas puede ser usado en tu contra. Si no posees los recursos para pagar un abogado, la fiscalía te asignará uno sin ningún costo.

-¡Basta! – Se retorció, mientras la policía le colocaba las esposas.

-Siempre regresan al lugar del crimen. – Dijo ella, asintiendo.

-¡Esperen! Un minuto nada más. – Ciel estaba jadeando por la impresión del momento, deseando en su mente que Sebastián se quedara más tiempo en la habitación y no fuera arrestado también.

-Un minuto. – Espetó el oficial.

Ciel tragó en seco y tomó el celular de su bolsillo. – Lizzy… - Jadeó. Estaba asustado, realmente asustado. – Mira esta fotografía. – Mostró a la joven el fondo de la pantalla de su móvil, en donde estaba la foto de Sebastián. - ¿Es él quien te vendió la droga?