Original: Spanish 2 Was All For You
Por: Polkahotness
Traducción: Tsubasaglz
Nota de traductora: Este fic en su idioma original se encuentra en inglés. La autora Polkahotness me dio el permiso para poder traducirle su excelente trabajo al español y espero poder hacer una buena adaptación a nuestro idioma, será algo difícil, ya que ella utiliza los dos idiomas, y aquí lo estaría traduciendo al español. Espero se entienda que es una clase de español y que los estudiantes no lo hablan del todo bien, para diferenciar lo que se encuentra en español desde la historia de origen he utilizado asteriscos (*). Hey Arnold! No me pertenece ni mucho menos el fanfic original (Spanish 2 was all for you). Yo solo estoy haciendo labor de traducción. Espero lo disfruten.
Capitulo 21: Un buen consejo de papá
~Helga~
Por supuesto que Miles había estado súper impresionado con Arnold y su rutina de chico listo lector de imágenes. Entre los dos, no tomó mucho tiempo para traducir la nota que Stella nos había enviado, aunque traducirla de ahí era una historia diferente.
"Esta primera oración aquí, creo que intenta decir, 'A través de un divino anfitrión,' pero entonces de nuevo, este arco de aquí pudiera hacerlo-"
"Cuarto. En un cuarto muy divino," dijo Arnold mientras se inclinaba para alcanzar y golpear la imagen, "el recuadro es más que un circulo ¿no crees? Y si es un circulo, entonces-"
"Eso lo hace una habitación. Bien pensado, Arnold." Miles le revolvió el cabello con una sonrisa.
Era fascinante observarlos traducir unas pocas tontas figuras – como el juego más intenso de Pictionary que había visto; y era una Pataki. No podía creer que un idioma completo pudiera divulgarse con solo unos cuantos dibujos; dibujos los cuales aparentemente tenían unas cuantas líneas al azar que podían significar cosas completamente diferentes.
Criminal, y yo que pensaba que el español era difícil. ¿Lo que Miles y Arnold estaban haciendo? Eso era otro nivel de difícil.
Sonreí para mí misma mientras los observaba inspeccionar cada imagen. Si los ojos verdes podían hacer todo esto con unas pocas imágenes, imaginen las historias que pudieran contar si tuvieran acceso a los emoticones.
"Esta luce como lleno, como llenar algo. Así que…" Arnold pensó un momento, aunque Miles estaba en la misma sintonía y terminó por él.
"Lleno con. Quiere decir lleno con. ¿Y ves esto?" Apunto al símbolo de al lado del que acababan de traducir. "Santo o sagrado. Este es el símbolo de su Dios, Xtil. Él es que se dice está atrapado en la Corazón." Miles explicó, entonces regresando su atención de nuevo al papel. "Santificado y gracia. Así que tenemos…"
Al unisonó, leyeron en voz alta mientras Miles apuntaba junto a cada imagen para guiarlos como una pelota de karaoke. "En la habitación más sagrada llena de santificado y gracia."
"Vaya instrucciones," murmuré mientras me movía para sentarme en el piso de la selva y recargaba la espalda contra el tronco de un árbol.
"Sólo son las dos primeras líneas, Helga." Dijo Arnold calmadamente mientras me miraba con una sonrisa.
"Stella me ha estado mandando notas como esta por años ¿recuerdas?" Dijo Miles con ánimo, aunque yo lo miré con escepticismo. "Ella escribe en acertijos." Se giró para mirar a Arnold con una sonrisa, "Tu mamá siempre ha sido una loca por la poesía."
Mis orejas se levantaron figurativamente y me senté derecha ante la mención de mi palabra favorita con p. "¿P-Poesía?" Pregunté, Miles girándose y asintiendo con la cabeza.
"Ajá, ¿por qué?" Miró entre Arnold y yo por una pista de lo que había levantado mi interés, pero solo me empujé para sentarme en mis rodillas y mirarlos mientras se amontonaban alrededor de la misteriosa carta con acertijos.
"Porque soy algo así como una maestra de la poesía." Admití sin medir mi orgullo. "Eso es lo que yo HAGO, ¿bien? Ustedes leen imágenes, yo escribo poesía."
Arnold asintió con la cabeza mientras Miles lo miraba por confirmación. "Es cierto."
"¿Así que cual era la primer línea de nuevo?" Pregunté mientras tomaba una varita cercana y la hacía girar en mis manos como un pequeño bastón.
Miles miró hacia el papel y repitió, "En la habitación más sagrada, llena de santificado y gracia…"
Puse el palito en el suelo y lo arrastré para escribir las palabras que Miles había dicho y luego señalé una por una mientras leía en voz alta. "En la habitación más DIVINA… llena de SANTIDAD y GRACIA, ¿eh?"
Tomé el palito de nuevo y lo golpeé contra mi barbilla un par de veces.
"¿Una habitación? ¿Cómo una casa?" Preguntó aunque su tono no parecía ser tan seguro.
Negando con la cabeza, enfoque mi concentración en las palabras. "¿Por qué diablos alguna habitación al azar en una casa aún más al azar sería santificada y sagrada? No…" golpeé la ramita sobre la palabra 'gracia' en el polvo. "¿Un templo?" Pregunté después de un momento; Miles y Arnold se giraron para mirarme.
"Un templo," Repitió Arnold, "¿En la ciudad antigua? ¡Eso-eso puede ser! ¿Crees que intente llevarnos de vuelta a la ciudad?" Preguntó a su papá entusiasmado.
Miles asintió con la cabeza pensando en la idea antes de asentir completamente. "Ajá… vale intentarlo. Su templo es conocido por ser el lugar más sagrado para todos los Ojos Verdes. Tampoco está tan lejos de dónde estamos ahora." Se giró para mirar sus alrededores como ubicándose a sí mismo y ver hacía dónde dirigirse.
"¿Siguiente frase?" Pregunté con una sonrisa.
Continuamos así casi por una hora, asegurándonos repasar cada frase cientos de veces antes de escribirla en el piso debajo de mí.
Desafortunadamente, cada frase no era tan fácil de descifrar de la misma manera que las primeras dos lo habían sido.
"¿Cómo La Corazón puede estar en el rostro de alguien? Quiero decir, ¿siquiera qué estamos buscando? ¿Algún tipo punk con la cara llena de perforaciones o algo?" Pregunté mientras el sol comenzaba a descender; el brillo cayendo sobre la selva para llenar las hojas verdes con fuego de la tenue luz.
"¿Tal vez es figurativo? Tal vez no está realmente en la cara de alguien…" Sugirió Arnold, Miles asintiendo afirmativamente.
"¿Así que ustedes dos no piensan que pudiera estar escondida dentro del cráneo de un cuerpo que tendremos que desenterrar de una cueva con murciélagos y fantasmas y con locos hechizos tantricos? ¿No creen que pueda ser eso?" Me crucé de brazos con una sonrisa juguetona.
"Helga…" Arnold frunció el ceño y giró los ojos.
"Criminal, era una BROMA. Cielos. Lo siento por intentar aligerar la situación con un poco de humor."
Miles al menos se rio, aunque Arnold parecía un poco molestó con mi pequeña rutina de stand-up en la selva. "¿Qué tal si solo vamos a la ciudad y lo averiguamos ahí? Estoy seguro que una vez que descansemos el resto del poema tendrá sentido."
Pero esa no era una respuesta lo suficientemente buena para mi ¿cierto?
Esto debería ser pan comido para mí. Esto debería ser el momento para brillar de Helga G. Pataki en el cual bajaría de los cielos y salvaría el día como la hermosa, inteligente, valiente y increíblemente independiente y brillante mujer que soy.
¿Era mucho pedir?
¿Por MI momento?
Ya era lo suficientemente malo que el super glorioso papá de Arnold estuviera en nuestra pequeña velada. No podía pensar directamente con él cerca. Todo lo que podía enfocarme era en que tanto necesitaba no estropear esto-no era cuestión de nada. TENÍA que impresionar al papá de Arnold, especialmente cuando Arnold ya lo había observado con ojos de corderito y adoración.
Ojos que no me habían mirado de la misma manera cuando pensé que casi teníamos algo. No me habían mirado de esa manera por todo un día.
Oh ajá, tenía que admitirlo. Estaba CELOSA.
TAN celosa.
Laser arroja fuego, flamas consumiendo mis entrañas, ESE tipo de celos.
Hacía mi piel gritar.
Habíamos estado en esta aventura de la selva juntos por casi una semana. Habíamos dicho lo que sentíamos y pasado (al menos algo así) por nuestros sentimientos ocultos del pasado y falsa bravuconería y toda esa basura, y eso estaba bien y todo eso. Pero no éramos ALGO aún. Al menos no oficialmente.
Y con nuestro viaje sin terminar y con el papá de Arnold haciendo nuestro pequeño dueto un trío, un había mucho tiempo para que todo se arruinara.
Sí permitía que mis nervios tomaran lo mejor de mí como siempre lo hacían cuando se trataba de ser yo misma frente a alguien más con Arnold cerca, podía arruinarlo todo en la manera que siempre lo hacia y regresar al principio.
Y no iba a regresar a ser la bravucona miedosa de sus propios sentimientos.
Sin embargo, Arnold parecía incansable por todo lo que había ocurrido hasta ahora. Me enloquecía la manera en la que estaba al lado de su papá y hablaba con él todo el camino a la ciudad mientras yo los seguía por detrás como una llanta de un triciclo.
No seas celosa, Helga. Me decía a mi misma mientras caminábamos. Acaba de encontrar a su papá, por Dios santo-¡dale al chico un respiro!
Pero no podía.
Había esperado casi tanto como Arnold había esperado para ver a sus padres para que me correspondiera mis sentimientos. Había pasado incontables noches tras noches llorando hasta dormir porque sabía que ese hermoso ángel con cabeza de balón nunca me amaría de la manera que yo lo amaba y lo adoraba.
Así que LO SIENTO si me sentía un poco timada ante mi posibilidad de convertirme en la novia de Arnold Shortman.
Sonreí distraídamente ante la idea.
La NOVIA de Arnold Shortman.
Miles parecía pensar que lo era… y si el propio papá de Arnold pensaba que éramos novio y novia, bueno entonces cielos, tenía que ser verdad ¿cierto?
¡¿Cierto?!
Mientras caminábamos por la selva con el sol bajando detrás de los árboles y haciendo espacio para la luna en el cielo oscuro, no pude evitar volver a pensar en las instrucciones que Arnold y Miles habían traducido del poema de Stella.
En la habitación más sagrada
Llena de santidad y gracia
La respuesta a lo que busca
Reside tras el rostro
Mis ojos se movieron hacia arriba y observaron como las nubes comenzaban a formar remolinos sobre mí. Su color carbón pintaba el cielo en pinceladas irregulares como pintura sobre un lienzo. Un pesado rocío brillaba sobre el horizonte como neblina, pintando efectivamente el brillo naranja de la luna sobre mi pálida piel mientras caminábamos. Las oscuras nubes grises se arrugaban como sábanas en el cielo; protegiendo con seguridad al orbe resplandeciente como un niño en una cama que ya está profundamente dormido.
Por los ojos de nuestro ángel
La luz guiará el camino
Has viajado alto, ahora viaja abajo
Lejano de la luz del día
Repetí el poema una y otra vez, las palabras grabadas bajo mis parpados cada vez que pestañeaba en la oscuridad; Miles deteniéndose al frente mientras decidía donde debíamos acampar.
En la habitación más sagrada
Llena de santidad y gracia
La respuesta a lo que busca
Reside tras el rostro
Por los ojos de nuestro ángel
La luz guiará el camino
Has viajado alto, ahora viaja abajo
Lejano de la luz del día
"Podemos dormir aquí esta noche," Dijo Miles con una sonrisa, aunque mi cerebro aun estaba enfocado en esas palabras.
Has viajado alto, ahora viaja abajo
Lejano de la luz del día
"Lo que no puedo creer es que ustedes sobrevivieran tanto tiempo por su cuenta aquí. Especialmente por la avalancha y tu brazo," Miles apuntó hacia el brazo de Arnold ahora recién curado; el listón que una vez estuvo seguro en el bolsillo de mi pantalón. "5 días aquí afuera. Ya han superado todas las probabilidades." Se maravilló, aunque no había parecido tan impresionado hasta ahora.
Parecía necesario.
"Ajá, para cuando regresemos a casa serás lo suficientemente bueno para estar en ese programa, 'Debería estar muerto'." Solté una risita mientras metía las últimas de mis frutillas en la boca y nos sentábamos alrededor del pequeño fuego.
Habíamos acampado justo bajo el acantilado por donde había caído y nos había guiado a la cueva; pensando que era mejor quedarnos lejos de la ciudad a esta hora de la noche 'por si las dudas'.
Después de todo, La Sombra podía estar en cualquier lado.
"Probablemente estaríamos muertos si no fuera por Taki. Fue la razón por la que logramos llegar al campamento de la Sombra en primer lugar." Dijo Arnold como un hecho seguido por un bostezo que le estiró el rostro.
"¿Taki? ¿Es un amigo suyo?" Preguntó Miles mirando entre nosotros dos.
Asentí con la cabeza, una sonrisa suave en los labios. "Ajá. Si lo es."
"Probablemente es tu amigo también, considerando que le salvaste la vida." Añadió Arnold, Miles reaccionó con una expresión asombrada.
"¿Cómo pude salvarle la vida? He estado en una celda durante 18 años."
"Era uno de los niños," Dije tranquilamente, sus ojos se dirigieron hacia mí. "Uno de los niños de la ciudad."
El silencio apareció entre nosotros sentados alrededor del fuego, el saber de lo que había dicho cayéndole en la cabeza.
"Pero todos ellos-" Intentó Miles, aunque Arnold respondió antes de que pudiera terminar.
"No todos ellos. Él se cayó y se escondió en otro lado. Vio todo-nos lo dijo." Aclaró Arnold, otro pequeño bostezo peleando contra él.
Esto pareció tener un gran efecto sobre Miles; sus ojos brillando una vez más mientras agitaba la cabeza con incredulidad. "Los vi… vi, vi a todos…" No podía lograr decir las palabras para explicar sus sentimientos porque NO había manera de explicar lo que estaba sintiendo.
Arnold tocó el hombro de Miles suavemente, casi tentativamente, y le ofreció una cálida sonrisa. "Sé que es difícil recordar a todos los niños que murieron ese día, pero Taki no murió." Dejó caer su mano y continuó, "Puede ser solo una persona, pero tú le SALVASTE la vida-tu y mamá salvaron una vida. Y a la vez… él nos ayudo a Helga y a mí. Algo loco cómo funciona la vida." Agitó su propia cabeza ante su reflexión antes de que Miles se uniera con una pequeña sonrisa.
"¿Alguien te ha dicho que eres muy bueno con los consejos? ¿Incluso para tu extraño padre?"
Arnold rio entre dientes y asintió con la cabeza, "Solo un millón de veces. Básicamente es el terapista gratuito de Hillwood. Intenté tomar su lugar una vez… pero digamos que nadie puede dar consejos como lo hace Arnold, aquí."
"Así que Taki," Miles nos redireccionó a nuestra conversación previa, "¿Qué fue lo que les dijo?"
"Algunas cosas que dijiste," respondí encogiéndome de hombros, "Quiero decir que nos dijo sobre la profecía y todo, pero estoy segura que sabes todo de eso."
Me miró sin expresión, ninguna indicación de que me entendiera en su rostro.
"Papá… en la celda-pensé que sabías que era yo. ¿Por lo de la profecía? No pensaste que-"
Aunque Miles ya estaba negando con la cabeza, "Era una suposición… con lo que La Sombra dijo y como actuaban los Ojos verdes después de que naciste…" Su voz se apagó, la mía propia interrumpiéndolo con más preguntas.
"¿Tú… no sabes sobre la profecía? ¿La que habla sobre Arnoldo y ustedes? ¿Quieres decir que no les dijeron?" Mis preguntas eran rápidas y no podía mantenerse lo suficiente para responder a una sola.
"Sabíamos sobre su… fascinación contigo, Arnold. Pero como dije-eso solo era por cómo habías nacido. Encontraron que fue… un milagro divino que detuvieras el volcán, pero nunca nos hablaron sobre sus historias o profecías. Sólo hablamos sobre la enfermedad…" Miraba entre los dos casi desesperado en la esperanza de entender de lo que estábamos hablando.
"¿Quieres hacerlo tu, o debo hacerlo yo, Salvador Arnold?" Pregunté con una sonrisa, Arnold regresándola al girar los ojos y luego aclarándose la garganta para comenzar la historia.
"De alguna manera profetizaron todo esto. La Sombra, la ciudad siendo destruida, la enfermedad, hasta que tú y mamá vinieran aquí y me tuvieran. Todo." Respiró profundamente y dejó salir un pequeño suspiro. "Taki dijo que piensan que YO soy la llave para regresar La Corazón. Que seré yo quien la encuentre y la entregue a su ciudad escondida y salve a todos." Emitió una pequeña risa y luego rio nerviosamente entre risas.
Intenté sonar tranquila, esperando que pudiera aligerar la última parte de la profecía, y que no sonara tan amenazante y completamente loca. "Ajá, y la mejor y más confusa parte es todo el asunto de que La Corazón necesita que él-"
Arnold me interrumpió al instante, "necesita que la entregue a su gente. Digo. YO. La idea completa suena chiflada ¿sabes?"
Lo miré curiosa, la frente fruncida confundida. "Arnold, ¿qué estás-"
Arnold me lanzó una mirada de advertencia, una mirada que no le había visto en años y me dio escalofríos. "Escuchaste lo que dijo Taki. Realmente creen que yo puedo hacer esto." Se impulsó para levantarse para abandonar la conversación tanto como fuera posible. "Lo cual puedo hacer ahora, con su ayuda." Le ofreció a su papá una sonrisa, quien la regreso desconfiado.
"¿Y a dónde vas?" Pregunté, mis ojos pegados a él mientras se levantaba.
"De repente estoy demasiado cansado. Estoy seguro que también estás cansada, Helga. ¿Estás lista para dormir? Tenemos un largo día mañana."
No pude evitar más que reír ligeramente ante su extraño comportamiento; un comportamiento que solamente Arnold poseía cuando estaba intentando mentir pero fallaba miserablemente.
"Ajá, ajá, estoy cansada pero aún tengo unas buenas horas más en mi." Levanté los brazos para estirarme hacia el cielo con un respiro profundo llenando mis pulmones. "Ve tu, Melenudo. Te alcanzo en un minuto."
"¿Estás segura, Helga? Digo, HAS estado despierta por casi dos días," estaba balbuceando, entrando en pánico al intentar alejarme de su papá quien nos observaba complemente confuso, "Y estoy seguro que tu-"
"En serio," respondí con una risa falsa que sirvió como una advertencia que el propio Arnold pareció captar, "estoy bien, adelántate, ¿a menos que necesites un cuento o algo? ¿Una canción de cuna? ¿Un vaso de leche caliente? ¿Ayuda para contar ovejas?" agité mis pestañas hacia él pero él solo frunció el ceño y cedió.
Arnold suspiró y giró los ojos y se dio la vuelta para ir dentro de nuestra tienda improvisada que Miles y él habían hecho mientras yo 'supervisaba'. "¿No tardarás, cierto? Es solo que-"
"Si, si, si. Criminal. ¿No puede una chica sentarse por unos pocos minutos más antes de ir a dormir?"
Sus ojos me rogaron por entendimiento en una plegaria silenciosa-una que completamente entendí pero estaba lista para desecharla en el momento que él desapareciera en la tienda de campaña.
Arnold me conocía bastante bien – tenía que haber dicho la verdad de nuestra historia. Y por cómo estaba actuando, sabía que yo estaba planeando en decir su secreto sobre el sacrificio.
Solamente no podíamos NO decirle, después de todo.
Especialmente desde que, por la manera en que Arnold lo miraba, Miles podría ser al que afectaría más.
"Ve, Arnold. Ella estará segura conmigo. Me aseguraré que no se quede despierta tan tarde." Miles lo animó con un guiño y una sonrisa que pareció relajar a Arnold un poco; lo suficiente para que cediera y finalmente entrara a la tienda.
Dejando a su querido y viejo papá y a mi solos.
La luz de la luna permaneció iluminándonos mientras la luz del fuego danzaba en nuestra piel en dónde estábamos sentados.
"¿Así que, qué piensas?" Pregunté después de un momento, "¿De la profecía?"
Miles sonrió y se encogió de hombros; tomando un sorbo de agua de la cantimplora que habíamos rellenado en un arroyo cercano. "Suena como una buena profecía."
Yo giré los ojos y me recargué en mis antebrazos sobre mis muslos mientras estaba sentada. "Aunque no te dijo toda la cosa."
Miles se giró para mirarme con la ceja levantada aunque no pareció muy sorprendido. "¿En serio?"
"¿Qué, pensaste que ese actuar era un comportamiento normal en el cabeza de balón?" Pregunté con una sonrisa, aunque respiré profundamente antes de continuar con mi historia. "Creo que piensa que te vas a asustar. Aunque, si fuera tu, probablemente me asustaría también."
"Ponme a prueba." Insistió antes de tomar otro trago de su cantimplora y luego ofrecerme algo, aunque yo negué con la cabeza en un silencioso 'no, gracias.'
"Cuando encontremos La Corazón," comencé tentativamente, "estará muerta. Lo que sea que eso signifique, aunque supongo que quiere decir rota."
Sus ojos azules me miraron intensamente y tragué saliva e intenté continuar. "Y la única manera de repararla… es que el Salvador sacrifique lo que más ama. Ósea Arnold y ósea tú y tu esposa… sus padres."
Miles asintió con su cabeza mientras yo hablaba, las palabras parecían no ser la amenaza que había pensado.
"¿Así que piensas que lo que más ama… somos nosotros? ¿En serio? ¿ESTÁS PREOCUPADA por mí?" No pude decir si estaba sorprendido o entretenido por la idea, así que me fui por la última idea y fruncí el ceño.
"No te hagas ilusiones, *padre*. Conozco lo suficientemente bien a Arnold para saber que no podría sacrificar a nadie en ese corazón suyo, mucho menos a sus padres. Solo pensé que tenían derecho a saberlo, eso es todo.
Él rio entre dientes y negó con la cabeza completamente. "No me preocuparía por mí, Helga. La mayoría de las leyendas y profecías solo son historias glorificadas. Creo que estaré bien."
"Lo que digas. Sé que me gustaría saber si una muerte segura estuviera sobre mí-con o sin lujosa profecía antigua." Resoplé, aunque mi afirmación de repente sonó como si no estuviera diciendo para nada la verdad.
¿Me gustaría saber que mi tiempo estaba contado? ¿Me gustaría saber si todo el esfuerzo que puse en la escuela (Ja, claro) y en casa (esfuerzo en casa… si claro) y aquí en la selva darían frutos al final?
Me senté perdida en mis pensamientos alrededor el fuego danzante. El aire era húmedo a pesar del viento, y mi cuerpo estaba sudando tanto por el calor y por el miedo de lo que vendría.
"Arnold hablo bastante sobre ti cuando estábamos en prisión." Miles dijo al azar, sacándome de mis pensamientos.
"¿He?"
"Dijo que eras su bravucona personal, pero que al parecer eres muy diferente a lo que aparentabas. Que siempre lo has sido."
Resoplé, "Seguro que lo hizo. Como si Arnold fuera a hablar sobre mí a un perfecto desconocido. A pesar de que resultaste ser su padre y todo eso."
"¿Por qué no lo haría? ¿Ustedes dos están juntos, cierto?"
Su pregunta me cayó como una cachetada; un comentario de 'en tu cara' que me molestó más que nada. ÉL era el que tenía todo el amor y la atención, no YO. Todo lo que había recibido era una palmada en la espalda por darme cuenta que teníamos que dirigirnos a la ciudad desde que él y sus instintos paternales habían aparecido.
¡Todo está en tu cabeza, idiota! Me alenté, Tomó tu mano cuando estábamos corriendo de La Sombra ¿cierto? Te dio esa mágica e increíblemente buena plática motivacional detrás de esa cabaña y te besó con esos delicados, dulces y deliciosos labios justo antes de que nos atraparan ¿cierto?
Aunque sin importar lo que había hecho, todo parecía como una fantasía que había imaginado-como un increíble sueño del que había despertado justo antes de que se pusiera bueno, muy bueno.
"¿Juntos como… cómo su novia?" Me burlé, tratando de parecer como si la idea nunca me hubiera pasado por la cabeza, "buen intento, pero no. No en tantas palabras al menos." Empecé a buscar más palabras para llenar el vacío pero era demasiado grande para llenarlo. "No es como si fuera importante, para nada, no es como si alguna vez fuera a ocurrir, incluso si lo hiciera, por alguna razón. Lo cual no pasa." Fruncí el ceño.
Ajá, porque eso era ser discreta. Estoy segura que realmente lo engañe, tonta.
Mi corazón se estremeció contra mi pecho, mis emociones se estaban volviendo locas. La tensión recorrió todo mi cuerpo y antes de que lo supiera, mi boca estaba diciendo palabras que aseguraban que arruinarían cualquier posibilidad de que le agradara a Miles siquiera por un segundo. "¿Por qué te importa a ti de todas formas? Quiero decir, no me conoces. Pudiera ser una completa psicópata con una obsesión por los cuchillos y una colección de trolls. Podría ser una espía secreta o una asesina serial o algo. NO me conoces."
"Pero Arnold si." Era una afirmación, del tipo que no estaba segura como tomar, pero me detuvo en seco.
No estaba actuando como si hubiera arruinado mis posibilidades por mi gran bocota…
Viéndolo curiosamente, le ofrecí una pequeña sonrisa, "¿Me estás 'shippeando' con tu hijo o algo, Miles?"
Él imitó mi mirada, confundido el mismo, "Bueno, no estoy seguro de lo que significa 'shipear'," sonrió, "pero él se preocupa mucho por ti. Y si mi hijo se preocupa tanto por alguien, quiero apoyarlo en lo que sea que su corazón le diga hacer." Sus palabras eran honestas y cálidas.
Era extraño lo natural que se sentía hablar con él.
Era el mismo tipo de atmosfera relajada que seguía a Arnold a dónde fuera; la atmosfera que arrastraba a la gente hacia él con nada más que una palabra.
Definitivamente era hijo de su padre.
"¿Y crees que su corazón le dice que sienta algo por su tormento de secundaria?" Pregunté mientras me inclinaba hacia atrás con mis manos.
"El tormento que lo siguió al otro lado del mundo para ayudarlo a encontrar a sus padres, si." Sonrió de nuevo, esta vez con una pizca de brillo alegre en sus ojos. "Tal vez."
Reí entre dientes y agité la cabeza con algo de incredulidad, "Claro, Miles. Por mucho que me gustaría que tuvieras razón, estoy segura que cuando todo esto termine las cosas volverán a la normalidad de la manera que siempre lo han sido. Caso cerrado."
Me dolió el corazón ante mis palabras-rogando porque me retractara y tirar lejos cualquier pensamiento pesimista, pero no pude evitar que ese sentimiento recurrente que siempre había estado ahí permaneciera justo, ahí.
Como esa mentalidad de 'Lo que pasa en Las Vegas, se queda en las Vegas', excepto que con cascadas, ladrones locos, jaguares y misteriosa gente de Ojos vedes obsesionada con una roca verde brillante.
Todas esas cosas estaba completamente segura que Las Vegas no las tenía.
De cualquier manera, no podía evitar el vacio de inseguridad creciendo en mi corazón que amenazaba con tragarme completa y escupirme como una goma de mascar usada. El fuego crujió frente a nosotros como una vieja televisión; mis ojos enfocados en él de la misma manera que cuando Bob ve sus novelas nada inteligentes y los tontos programas de juegos.
Miles se aclaró la garganta, "Cuando conocí por primera vez a Stella, de alguna manera me avergoncé a mí mismo," dijo arbitrariamente, su atención también en las crujientes llamas.
"¿En serio, cómo?"
"Me caí de un pequeño acantilado cuando la tierra se quebró bajo mis pies." Rió ante el recuerdo mientras agitaba la cabeza, avergonzado. "Vaya primera impresión que hice."
Sonreí imaginando la escena que había leído de su diario (no es como si le fuera algún día a decir eso), "¿Y aún así decidió darte una oportunidad, he? ¿Torpe y todo?"
Él asintió con la cabeza mientras miraba hacía su anillo de bodas aún envolviendo su dedo anular. "Era, ES la mujer más inteligente que he conocido. El hecho de que se enamoró de un tipo como yo… un milagro moderno."
"Bueno," comenté con una amplia sonrisa, "ahora eres algo viejo, así que no diría que es un milagro moderno."
"Ja, Ja." Replicó con sonrisa igual de amplia, "Aunque en serio, no estaba seguro si ella si quiera querría salir conmigo algún día. Así que nunca pregunté, aunque viéndolo bien ahora-definitivamente se sentía igual que cómo yo me sentía por ella."
Lo observé sospechosamente con los ojos entreabiertos y el corazón abierto.
"Aunque era demasiado lista, sabía todo sobre mi aún antes de que yo mismo lo supiera; era un médico, por el amor de dios y yo solo era un tipo cualquiera que podía leer pinturas en una pared. Si estaba interesada en mi, haría algo ¿cierto? Una mujer tan lista me lo haría saber ¿cierto?" No era una pregunta que necesitara ser contestada, la respuesta pasó hacia años antes en el recuerdo que me estaba contando.
Respondí de todas formas, "Supongo que estabas equivocado ¿he?"
"Completamente." Rió entre dientes, "En lugar de dar un paso, me senté y desperdicie cada oportunidad, humillación tras humillación-no tienes idea de cuantas veces esa mujer tuvo que arreglar mis huesos rotos y coserme de mis incontables caídas-aunque realmente la única cosa por la que estaba cayendo era… por ella."
Me empujé a mi misma para poder sentarme derecha y me giré del fuego para mirarlo. "Si, pero no es como si te avergonzaras a propósito. No es como si hubieras ido con la intención de ser una buena persona solo para estropearlo todo porque tuviste demasiado miedo de ser tu mismo o algo así." Me contuve por un momento y volví a empezar. "Digo… o algo como. COMO eso." ¡Tonta, Helga, tonta!
Miles solo negó con la cabeza aunque su atención permaneció en el fuego frente a él. "No, no es exactamente lo que hice. Sobrepensé todo. Estaba intentando TANTO impresionarla, que sólo me asusté más y me avergoncé a mi mismo aún más. Era un circulo vicioso."
"Ajá," murmuré por lo bajo, "conozco el sentimiento."
"Me tomó un tiempo antes de darme cuenta de que ser yo mismo era lo que iba a hacer que Stella viera que yo era tan listo como ella, no mis constantes intentos por probarlo. Y después de darme cuenta de eso…" se encogió de hombros, "Bueno, el resto de historia."
"Espera," lo detuve antes de que se convirtiera en un pudín enamorado, "¿Así que quién le preguntó a quien? ¿No era ese todo el motivo de tu historia? ¿Decirme cómo finalmente le preguntaste?"
Miles entonces giró su cabeza para mirarme, una sonrisa amplia en sus labios. "A veces, no necesitas una etiqueta para aclarar lo que eres con alguien." Se encogió de hombros, "Nunca le pregunté. Y ella tampoco."
Me crucé de brazos, claramente distraída con el repentino cambio de eventos en su historia. "¿Quieres decir que nunca la invitaste a salir y ella nunca te invitó a salir de alguna manera para… comenzar a ser pareja? ¿Sin decirlo?"
"Sip." Dijo como un hecho y ORGULLOSO de sí mismo por su pequeño cuento de papá.
"¿Cómo siquiera funciona eso?" Pregunté completamente atónita ante el concepto de tal cosa.
"Salir con alguien es…" se detuvo por un momento para acomodar sus pensamientos antes de decirlos en voz alta, "No todo está dictado. No necesitábamos un título porque éramos felices con lo que fuera que estábamos haciendo-siendo amigos, compañeros, amantes-no necesitábamos un nombre que nos confinara en una burbuja. Yo sabía lo que sentía por ella, y ella sabía lo que sentía por mí." Suspiró y uso una de las ramas que tenía a su lado para ajustar los troncos quemándose en el fuego. "Supongo que es algo que aprendes cuando creces. Cuando ya has estado por ahí algunas veces, por decirlo así."
Lo observé mientras apuntaba hacia la madera crujiente bajo el calor de las flamas, "Así que si ustedes no estuvieran saliendo juntos y solo estuvieran viviendo su vida o lo que fuera ¿cómo sabrías que ella diría que sí? ¿Cuándo le propusiste matrimonio? ¿Cómo siquiera deberías proponerle matrimonio?"
Ahora estaba sonriendo, una tonta sonrisa que me recordó a una conocida sonrisa que había visto en un cierto tonto cabeza de balón muchas veces antes, "Porque SABÍA que estábamos destinados a estar juntos. Desde el momento que la vi."
Su historia rondó en mi cabeza como si mi cerebro intentara procesar lo que me acababa de decir. La manera en que habló había sido tan cruda y tan real: el mensaje resonaba dentro de mí como una canción en una iglesia suspendida sobre vigas.
Aunque no tan poético como mis propios pensamientos.
¿Sin etiquetas? ¡¿Sin etiquetas?! Prácticamente grité dentro de mi cabeza, ¿Si quiera como tiene eso sentido?
Quiero decir, claro, supongo que no NECESITAS un nombre para estar con alguien porque realmente es sobre sentimientos y la conexión entre dos personas. Pero eso no quiere decir que no es agradable sentir que eres… que eres…
Como si fueras parte de esa otra persona.
Parte de Arnold.
Quería ser eso. Quería ese nombre adjunto a mí y algún día adjunto a mi dedo. Quería esa etiqueta que me atara a Arnold por siempre; su nombre por siempre adjunto al mío. Quería que esa 'T'se abalanzara sobre las cartas con mi futura firma:
Helga G. Shortman.
Así que, si, diría que las etiquetas son bastante IMPORTANTES.
Aún si solo era 'novia'.
Pero entonces de nuevo… ¿Qué tan importante era tal etiqueta cuando estabas corriendo por tu vida en medio de una imperdonable selva? ¿Qué era una etiqueta más que un mero clic en una página de Facebook? ¿Importaba si éramos amigos, enemigos, compañeros contra el crimen o… o…?
Juntos.
La manera en la que siempre soñé que estaríamos algún día.
Juntos… Arnold y Helga.
¿Realmente necesitaba una etiqueta para que fuera real?
"Sabes," Dijo Miles después de un momento de permitirme vivir en mi mente, "Arnold tiene razón-probablemente deberías ir a dormir. Tendrás suficiente tiempo para desvelarte cuando sea tu turno de vigilar."
"C-Correcto," Dije asintiendo con la cabeza y permitiendo que un bostezo se apoderara de mi cara, "He estado despierta por casi 72 horas."
"Casi." Respondió, su atención de nuevo en el fuego al frente.
Me di un empujón para levantarme y estirarme por un momento antes de respirar profundamente y lo dejé salir tan rápido que casi me hizo marearme. "Eh… te veré más tarde, supongo."
"Duerme bien, Helga."
Me quedé de pie un momento como si esperara que Miles dijera algo más, pero cuando no se volteó lentamente caminé hacia la tienda de campaña. Justo en la entrada desde dónde podía ver a Arnold ya bastante dormido adentro, miré sobre mi hombro hacia Miles mientras se sentaba en silencio frente al crujiente fuego. "¿Oye, Miles?"
"¿Si?" Preguntó mientras levantaba la mirada hacia mí.
"Gracias. Por eh… contarme esa historia." Le ofrecí una pequeña sonrisa que rápidamente regresó.
"Por supuesto. Es agradable tener gente a la cual contarle historias. Sólo espero no haberte aburrido tanto." Aunque por la mirada en sus ojos no parecía pensar que la historia fuera para nada aburrida.
Era como si me estuviera dando un… consejo de PADRE, o algo asi.
Mientras gateaba dentro de la tienda dónde Arnold estaba suavemente roncando lejos en la tierra de los suelos, me recosté sobre mi espalda en el suelo frio bajo nosotros y pensé en la historia que me había dicho una docena de veces.
No fue hasta que Arnold se dio la vuelta y rodeó mi cuerpo delgado con su brazo, que me sentí lo suficientemente relajada para silenciar mi mente y concentrarme en el calor que emanaba; la calidez que me había atraído mi vida entera.
"Porque sabía que estábamos destinados a estar juntos. Desde el momento en que la vi."
Suavemente cerré los ojos y escuché la rítmica respiración a mi lado; mis propios pulmones rápidamente tomando su ritmo y siguiéndole el paso.
Eso nos hace dos, Miles… pensé antes de caer por fin dormida.
La luz llegaba hacia mí a dónde estaba acostada a través de las grietas de las hojas que hacían el techo de nuestra tienda de acampar. Abrí los ojos bajo su calor y gruñí mientras me daba la vuelta para no ver a nadie junto a mí.
Nadie junto a mí.
"¿Arnold?" Pregunté algo ronca, mis ojos aún ajustándose a estar despiertos en el día.
La cortina de vegetación sombreando la luz de la mañana, evitando que se derramara completamente en el lugar; el rostro sonriente de Arnold asomándose dentro de la pequeña tienda de campaña. "Buenos días. ¿Dormiste bien?" Observé como jalaba la cortina completamente para dejar que la luz brillante me cegara temporalmente.
"No me despertaste." Mi voz estaba ronca e intenté limpiarla de la flema matutina deslizándose en la parte de atrás de mi garganta.
"Después de tu plan de escape y quedarte despierta la noche anterior, pensamos que merecías dormir un poco más." Explicó Arnold mirándose muy optimista a pesar de nuestros próximos planes para el día. Me miró expectante; sus ojos soñadores bloqueando los míos y manteniéndome en dónde estaba.
Esa hipnótica mirada suya mezclada con el calor de media mañana, me mandó en un frenesí en cuestión de segundos. Mi corazón golpeando rápidamente bajo sus ojos.
"Bueno, gracias, Melenudo. Que amable de tu parte." Logré decir, aunque mi tono no salió con su usual sarcasmo de tan temprano en la mañana. "¿Tú y tu querido papá pudieron ponerse al corriente esta mañana?" pregunté de repente mientras me impulsaba para sentarme; Miles viniendo a la tienda detrás de Arnold y colocando su mano firme sobre su hombro.
"La mayor parte de la noche también. Arnold se levantó una hora más o menos después de nuestra pequeña plática." Dijo con una sonrisa y un guiñó. "¿Lista para desayunar?"
Después de una muy bien balanceada dieta de más raíces y moras, destruimos nuestro campamento y lentamente hicimos nuestro camino-Miles liderando-hacia la ciudad una vez más; su apariencia permanecía igual que la última vez que habíamos estado aquí.
Nos detuvimos en la entrada de la ciudad desde la cueva. Pateé algunas de las rocas planas bajo mis pies desde dónde estábamos; mi atención en las diminutas goteras que rebotaban por el piso de la cueva. Arnold se paro detrás de mí, mi cuerpo palpitando ante el repentino calor de sus ojos preocupados puestos en mi dirección.
La última vez que habíamos estado aquí, no sabíamos nada. No sabíamos las historias de aquellos que amábamos; sus terribles experiencias aquí o los detalles sangrientos de lo que había pasado. Todo lo que teníamos eran pistas-esas montañas de cenizas, la sandalia de un niño, las incontables pilas de huesos; cada cosa solo una pequeña pista de algo más grande que no podíamos ver.
Y aún con esa vista limitada, la escena misma me había roto el corazón-tanto que las lagrimas habían llenado mis ojos y mi cuerpo había perdido completamente la sensación del mundo a nuestro alrededor en ese mismo momento. Todos los sentimientos de escenas de caza-escenas que actuaban como simples frases de lo que fue, pero que tampoco había conocido.
Aunque a través de los ojos de Taki y de Miles, nos mostraban la escena completa estos últimos días. Cada historia solo añadía detalles como si fueran colores en una página para colorear; ahora había una imagen final en nuestras cabezas mientras mirábamos hacia la alguna vez gran ciudad por segunda vez.
Era discordante.
Era alarmante.
Era mil veces desgarrador.
Recuerdos que nunca presencie con mis propios ojos llegaron a mi cerebro mientras observaba el pueblo fantasma. Mis ojos danzaron sobre cada remanente de las cosas horribles que habían tomado lugar a nuestro alrededor hacia tantos años. Los ojos de Arnold se sostuvieron fuertemente sobre mí, la empatía que siempre había tenido lo había hecho colocar un brazo gentilmente alrededor de mi cintura y atraerme hacía sus brazos los cuales eran cálidos y llenos de apoyo.
Apoyo, porque sabía que tanto me había afectado aún sin saber todo. ¿Así que con toda la información?
Era demasiado para soportar.
"Vamos, sigamos al templo." Me murmuró Arnold en el oído; su aliento fresco haciendo cosquillas en mi piel y haciendo que el vello del cuello se me erizara.
Solo nos tomo unos cuantos pasos en la ciudad conmigo a su lado para que Arnold se diera cuenta que Miles faltaba de seguirnos. Se giró, su brazo aún puesto protectoramente alrededor de mi cintura. "¿Vienes, papá?"
Desde dónde Miles estaba de pie, podías ver un suave brillo sobre sus ojos mientras observaba hacia lo que quedaba de la alguna vez gran ciudad que había conocido. La luz del sol rebotó en el camino de las manchas de lágrimas en sus mejillas, como hielo recién pulido de una pista de patinaje, y se quedó inmóvil; congelado en el precipicio de sus obsesivos recuerdos y de sus peores pesadillas.
El brazo de Arnold se apartó de mi cuerpo mientras se volvía para caminar hacia su padre, quien capturó su atención al instante. "¿Papá?" lo llamó mientras acercaba esos cálidos brazos para envolverlos alrededor de la persona que más amaba.
"Es peor de lo que imaginé…" Dijo Miles aunque su voz se quebró a la mitad, lo cual solo fue una señal para que Arnold pusiera esos hermosos ojos sobre los de su padre. "Todos están muertos-se fueron. Todos se fueron…"
"Vamos papá, no todos murieron. Mamá nos envió una carta-SABEMOS que no han muerto." Sus ojos se dirigieron hacia el paisaje de la ciudad, el sol iluminando detrás de los edificios que quedaban como una especie de resplandor angelical. "Están allá afuera; y están esperando para que los salvemos." Le sonrió cálidamente.
Lentamente lo alejó de la base de la ciudad; el brazo de Arnold ahora protectoramente envolviendo la cintura de su papá mientras lideraban el camino para la vieja yo justo detrás, como la llanta del triciclo que era, hacia la ciudad y hacia el templo que se avecinaba.
Era extraño estar en el Templo con esa sensación de deja vu entre nosotros mientras observábamos alrededor. Nada había sido tocado; cada partícula de polvo parecía estar en su lugar y cada mariposa muerta aún cubriendo el piso. En el centro de la habitación estaba el altar y a su lado estaba el santuario que tanto había admirado y hasta envidiado sobre el que estaba esculpido idéntico a la semejanza de Arnold; la estructura ahora iluminada por la luz que venía a través del aún extraño orificio en el techo.
Inmediatamente, sus ojos escanearon la habitación en búsqueda de algo que pudiera hacer claro el acertijo de Stella y más fácil de entender. Arnold y Miles caminaron hacia paredes opuestas; enfocándose en las intricadas imágenes pintadas y talladas en la antigua piedra. Yo, por otro lado, me quede por el altar y a penas miré como padre e hijo, par de geeks, discutían posibilidades y traducciones que ni me involucraban a mi ni necesitaban mi opinión.
En el templo hacía calor-una humedad que prácticamente podías derretirte mientras estábamos en la habitación principal del templo. Gotas de sudor bajaban por mi cuello y lentamente, gota a gota, desaparecían en mi brasier o se disolvían en la tela sucia de mi playera rosa.
Era incómodo.
Era caluroso.
Era sudoroso.
Todo era asqueroso.
Casi todo estaba oscuro excepto por lo que era iluminado por la luz llegando desde el tragaluz en el centro del curveado techo.
¿Pero todo esto junto? ESO era EXASPERANTE.
Primero que nada-No me gusta el calor. Eso suena un poco como Rhonda Lloyd pero era verdad. Me pongo nerviosa, sudorosa y tiendo a que la incomodidad por el sudor el calor me induzca al enojo y lo tome contra la víctima más cercana disponible- generalmente la más disponible siendo Arnold.
Y ya que estaba por aquí y probablemente estaba justo tan irritado y enojado como yo, parecía tan normal dejar que el 'calor del momento' tomara el peaje sobre mí una vez más.
De repente, la sensación me bañó por completo (no una ducha fría, aunque definitivamente necesitaba una de esas)-era la sensación de asistir a una fiesta en la que nadie notaría si de repente desapareces, algo así como la mayoría de las fiestas a las que fui durante la secundaria.
Aparentemente ese sentimiento, el sentimiento de sentirse fuera de lugar, innecesario y lo más importante: un cero a la izquierda, no era restringido para fiestas esnob y citas de tres.
Sentimientos como ese podía también acompañar momentos como este: momentos entre mi verdadero amor y su siempre fabuloso padre quien había robado el momento de Helga G. Pataki.
Mi piel goteaba frio sudor hacia el piso del templo; mi frente empapada de las lágrimas propias de mi cuerpo, mientras los celos inundaban mis entrañas con la cabeza llena de adrenalina que no podía ni soportar yo misma.
"¿Buenas bromas por ahí? ¿Historias graciosas que compartir?" Pregunté con astucia mientras me derretía contra la piedra que hacía el altar detrás de mí. "¿Horóscopos de los Ojos verdes? ¿Antiguas columnas de consejos?"
Miles pareció sonreír aunque Arnold mantuvo sus cansados ojos sobre la pared frente a él; el sudor manchando la sucia tela de rayas pegada contra su espalda.
Con un suspiro y limpiándome la frente con la palma de la mano, intenté de nuevo. "¿Chicos, necesitas alguna AYUDA o algo? ¿Refrescarse? ¿Palabras de aliento?" Intenté mientras leían y releían las muchas líneas de los jeroglíficos grabados en la pared.
"¿Quieres enfocarte solamente en el poema?" Respondió Arnold distraído; su tono un poco acusador pero calmado. "Una vez que hayamos terminado de leer la pared, podremos comparar las anotaciones con el poema."
"Tal vez una vez que juntemos todas la ideas, la siguiente frase tenga sentido y podamos irnos de aquí." Intervino Miles, aunque su voz sonaba distraída – pedido mientras traducía.
Rodé los ojos molesta ante su casi idéntica respuesta y permanecí en mi lugar mientras me recargaba contra el altar; mis pensamientos llenos con los acertijos de GPS que Stella nos había enviado por medio de un jaguar.
En la habitación más sagrada
Llena de santidad y gracia
La respuesta a lo que busca
Reside tras el rostro
Miré hacia el templo vacio, mi cerebro recordando la escena de nuestro trío desesperadamente buscando en el pequeño lugar. Los tres podríamos probablemente llenar una alberca infantil con lo que estábamos sudando, el sol se estaba acercando más y más en el horizonte, preparándose para la puesta de sol y estaba bastante segura que una ampolla se estaba formando en mi talón en este preciso momento.
Qué pintoresco.
Golpeé con la punta de mi bota hacia el apedreado suelo, con el propósito de sentarme y enfocar mi cabeza; en el poema de Stella.
Había repasado las siguientes frases más de un millón de veces que probablemente podría recitarlas en sueños con una piedra en la boca y algodón en los oídos de tan bien que lo sabía. Pero sin importar cuantas veces había pensando en este estúpido poema mientras los chicos leían incesantemente la pared, nada tenía más sentido que la ÚLTIMA vez que lo había pensado. Mi mente estaba tan llena de 'divino', 'gracia', 'rostros' y 'abajo' que podría explotar.
¡El poema era una locura! Cada frase tenía menos sentido que la anterior. Digo, ¿qué podría significar el esconder algo detrás de un rostro?
¿Y los ojos de un ángel? ¿Qué ángeles veneraban ellos? No era como si hubiéramos tomado clases de religión de los Ojos Verdes allá en Hillwood. Todo lo que sabíamos sobre sus creencias era que POR ALGUNA RAZÓN, Arnold era como un santo para ellos-otro Dios en realidad.
Mis ojos se abrieron ligeramente.
¿Cómo un ángel?
"¿Cómo vas por allá?" Preguntó Arnold, girando la cabeza para mirar hacia mí por encima del hombro, pequeñas gotas de sudor bajando por la parte detrás de su cuello. "¿Has tenido algo de suerte? ¿Alguna idea?"
"Deja de presionarme, Arnoldo ¿No crees que estoy trabajando en ello?" Dije de golpe, mis pensamientos intentando enfocarse en la posible epifanía que estaba teniendo en la niebla del pesado calor de la selva.
"Cielos, Helga, solo estaba preguntando…" Parecía lastimado y cuando levanté la mirada, sus ojos se cruzaron con los míos por un breve momento antes de que yo los alejara y mirara a la dirección opuesta de dónde él estaba.
"Ajá, bueno ¿no crees que si hubiera tenido una idea de repente o revelación no habría dicho ya algo?" Me giré para encararlo, el fuego inundaba mis mejillas después de no tener a dónde ir. Me crucé de brazos fuertemente y fruncí el ceño, "No crees que hubiera dicho algo como, 'Oigan, Cabeza de balón y papá del Cabeza de balón, ya resolví el pequeño y extraño poema, ¿quieren que se los diga o solamente los dejo mirando hacia la pared como un par de idiotas?'"
Esto pareció dar en el nervio con Arnold y entrecerró los ojos mientras apretaba ligeramente los labios. "¿Qué quieres decir con 'pequeño y extraño poema'? En primer lugar ese poema es la razón por la que hemos llegado tan lejos."
Sonreí y agité la cabeza desde dónde estaba justo al lado del altar y el santuario de Arnold. "Noticias de último momento, Arnold, no hemos llegado más lejos de lo que llegamos nosotros dos hace dos días. Estamos de regreso justo en dónde empezamos, solo que más sudados, más cansados e intentando alejarnos de un tipo loco antes de que NOS MATE."
Arnold se alejó ahora de la pared, un calor detrás de sus ojos que combinaba con nuestro ambiente caliente como el infierno. "Solo estamos de regreso aquí porque eso fue lo que TÚ dijiste que el poema intentaba decirnos. ¿Qué si es algún otro lado? ¿Qué sí este no es el lugar sagrado por el que supuestamente deberíamos estar buscando? ¿Qué pasa si lo interpretaste mal?"
Miles miró entre nosotros dos mientras continuábamos molestándonos el uno al otro; molestándonos como aves de rapiña sobre un cuerpo en descomposición.
Un cuerpo en descomposición bajo el sol.
El caliente, caliente sol.
¡Criminal! ¡¿Por qué hacía tanto calor?!
Jale el cuello de mi playera para secarme la húmeda cara, "¿Qué es más sagrado que un templo sagrado, sabiondo?" Mi rostro emergió de la tela de mi playera mientras la dejaba caer para descansar de nuevo sobre mi cuerpo y observaba en dirección de Arnold.
"En serio," continué, "¿Qué ideas tienes tú? ¿Qué es más sagrado y divino para ti? ¿Un baño o algo?" Me detuve para el efecto y luego continué más enojada, "Y sabes, ¿qué pasa si TÚ interpretaste algo mal, he? Digo, has estado leyendo esa pared por demasiado tiempo-¿estás seguro que sabes lo que estás haciendo, *Futbol-cabeza*?"
Saltó ante el apodo extraño que le había puesto hacía meses; los recuerdos adjuntos a él parecía que lo habían detenido a media frase, lo que le permitió a Miles la 'entrada' que necesitaba para calmarnos de rasgarnos las vestiduras al estilo de los animales salvajes de la selva como los que estábamos actuando en la tundra de Centroamérica.
"Chicos, chicos, vamos" Interrumpió Miles, su cuerpo en guardía para encararnos a los dos mientras nos mirábamos entre nosotros. "No vamos a resolver nada peleando. Ahora, Helga," se giró hacia mí mientras me sentaba sin entusiasmo contra el altar, "creo que estás en lo correcto, sobre estar en el lugar indicado. Estoy seguro que Stella nos estaba guiando hacia el templo. ¿Por qué no ves un poco más alrededor e intentas enfocarte en el resto del poema mientras Arnold y yo continuamos revisando estas paredes por alguna pista que podríamos haber perdido. ¿Suena como un plan?"
Arnold respiró profundamente para calmarse, sus ojos viéndome preocupado por un momento antes de girarse hacia la pared que había estado estudiando. Lo observé obstinadamente, pasando un minuto completo antes de también girarme y encontrarme cara a cara con el OTRO Arnold que estaba en la habitación.
La versión grabada en estatua de Arnold.
Detrás de los orificios dónde los ojos deberían brillar con el familiar brillo de las gemas verdes como lo había visto la última vez-una familiaridad que tenían todos los ojos verdes. Parecía que les gustaba poner ese toque en todo-ese pequeño toque esmeralda.
Pero al mirar de cerca esos orificios de verde, me di cuenta que la gema no estaban en la estatua-estaban casi escondidas dentro… dentro como DENTRO de la cabeza de la estatua y detrás de su rostro.
En la habitación más sagrada
Llena de santidad y gracia
La respuesta a lo que busca
Reside tras el rostro
"¿Cómo vas por allá, Helga?" Preguntó Miles mientras yo miraba fijamente dentro de los ojos de la estatua de Arnold frente a mí. "¿Encontraste algo interesante?"
Me atraían, ojos los verdes de la estatua, las sombras alrededor de la aburrida esmeralda que ocultaban su verdadera belleza, realmente escondiéndolo.
"De hecho," una sonrisa se filtró en mis labrios mientras el sudor se posaba sobre mi labio superior. "Encontré algo como… revelador."
Arnold se giró, sus pisadas acercándose mientras caminaba hacia dónde yo estaba y deteniéndose justo detrás de mí. "¿Qué es? ¿Encontraste una pista?"
"Mejor," Dije, mis ojos puestos al frente en el verde observándome desde los orificios de piedra de los ojos. "Creo que LA encontré."
"¿Cómo… como La Corazón?" La voz de Arnold sonaba emocionada; Miles al instante se giró para caminar hacia donde estábamos Arnold y yo amontonados junto al altar.
"¿La Corazón? ¿Dónde?" Pregunto Miles mientras miraba alrededor de la habitación esporádicamente.
El verde brilló una vez más como guiñándome en alguna manera de reconocimiento.
La respuesta a lo que busca
Reside tras el rostro
Por los ojos de nuestro ángel
Cada poética palabra hizo eco en mi cabeza como una cabeza como disco rayado; la respuesta sonando en mi cara y ahora directamente ante mis ojos, oculta en las sombras de una estoica mirada en mi dirección.
Criminal… la cosa había estado aquí todo el tiempo…
"Siempre ha estado aquí." Dije en voz alta, aunque Miles y Arnold parecieron perdidos ante lo que estaba diciendo.
"¿Dónde? ¿De qué estás hablando?" Preguntó Arnold, mi brazo apuntando hacia los ojos de piedra-puestos sobre cada uno de nosotros; un brillo familiar mirándonos desde dónde estaba atrapada.
En la habitación más sagrada
Llena de santidad y gracia
La respuesta a lo que busca
Reside tras el rostro
Por los ojos de nuestro ángel
La luz guiará el camino
Has viajado alto, ahora viaja abajo
Lejano de la luz del día
"Es el momento de romper esa cabeza de balón tuya," Dije con una sonrisa, mi cabeza ahora girándose para mirar hacia Arnold, quien estaba sonriendo con los ojos entrecerrados con la que me quedaba dormida imaginando cada noche.
Parece que ya estamos a medio camino…
