Nueva York
Viernes
Rachel se encontraba en la mansión Fabray empacando ropa entre una maleta. Hacia dos días que se había enterado que Frannie había sido quien implantó la droga entre la ropa de Quinn.
Tan sólo eran las 7 de la mañana, pero ella ya estaba ansiosa con viajar. A las amigas de Quinn les había dicho que viajaba directamente a Los Ángeles, pero la verdad, tenía una escala de tres horas en Washington, que sabía como utilizar perfectamente.
-Ya tengo todo listo – comentó Beth entrando a la habitación.
Había completado ya dos semanas sin ir a estudiar y antes de reanudar sus estudios, primero quería visitar a su madre y hacerle saber que ella estaba allí para ella.
Agustín había ido el día anterior a la mansión para disculparse con la chica, pero una fuerte cachetada y unas palabras no muy agradables, recibió por parte de Rachel y aunque grito que haría lo posible por hablar con Beth, ésta le prometió a Rachel, que no volvería a tener contacto con el chico.
-¿Te sientes bien? – preguntó Beth, al ver a la morena tan callada
-Sí – afirmó cerrando la maleta – sólo estaba pensando en lo raro que va hacer ver a Quinn en ese lugar
-Lo sé – suspiró la chica – no va hacer nada fácil ver a Quinn en esta situación.
Con sus maletas listas, ambas mujeres bajaron al Lobby, en donde la esperaba Ron, para llevarlas al aeropuerto. Aunque Trece les había informado que el avión privado de Quinn se encontraba disponible para ellas; la morena no quiso aceptar, así que en un vuelo comercial, en clase preferencial, viajarían a Washington.
Varias personas las reconocieron al entrar al aeropuerto, pues no era para menos, Rachel Berry iba en compañía de la hija de Lynx Pentreath, quien sin proponérselo se había convertido en una celebridad, tanto así que en los últimos días, las redes sociales de Beth, habían aumentado bastante en sus seguidores, pasando de tener cincuenta a más de cien mil. Todos querían saber quién era y a que se dedicaba la hija de Lynx. Varios fans se tomaron fotos con Rachel y aprovechando la compañía de la adolescente se tomaban fotos con ella. Cuando Beth reviso su Instangram, minutos más tarde, se encontró con una cantidad de fotos de ella, que no sabía en qué momento le habían tomado, su cuenta ya había sido actualizada con el apellido de Quinn, al igual que su Facebook y Twitter, el mundo empezaba a recordar cuál era el nombre real de Lynx Pentreath.
El trato preferencial que recibió Beth en el avión, fue bastante notorio, aunque era un vuelo relativamente corto de Nueva York a Washington, las azafatas se esmeraron en atender a la joven.
-Acostúmbrate porque de ahora en adelante así será tu vida – le había murmurado Rachel.
Finalmente, después de una hora de viaje, habían aterrizado en el Aeropuerto Nacional Ronald Reagan de Washington. Allí las esperaba Luke Hamilton, el abogado había sido avisado de la llegada de Rachel y Beth a la capital, con la exigencia de que todo se manejara con total discreción. El abogado se encontraba con un auto, discreto – una limusina – para transportarlas al centro penitenciario en donde se encontraba recluida Frannie Fabray desde hace unas horas atrás, cuando fue capturada.
-¿Cómo te ha ido Beth? – preguntó el abogado, una vez estuvieron en el auto.
-Bien, aunque ha sido todo muy rápido – murmuro mirando su teléfono, el cual no paraba de sonar, con la cantidad de notificaciones que le llegaban
-Eso se llama síndrome Kardashian – se burló Luke
-¿Kardashian?
-Hace un par de años, una familia que únicamente protagonizo un realitty show, se volvió famosa y los hijos menores de dicha familia, solo por el apellido o las conexiones también, así no hubiesen hecho nada importante, luego claro está, se convirtieron en modelos y otras cosas más – le explicó Rachel al ver la cara confundida de la chica.
-Tan raro – silencio su celular, pasándose las manos por el rostro.
-La otra semana podemos ir a realizar tu cambio de apellido – comentó Luke al percatarse de que ya iban llegando.
-Eso sería fabuloso.
-Rachel, los cargos con los cuales acusaremos a la hermana de Quinn, será por tentativa de homicidio – le informó una vez el auto se detuvo - ¿Entrarás tu sola?
-No – contestó Beth rápidamente – quiero verle la cara y que me diga porque quiso lastimar de esa forma a su hermana.
Los dos adultos asintieron y bajo estricta protección policiaca – los esperaban, a las afueras del auto, varios agentes armados – se bajaron del auto y en compañía de los oficiales entraron al centro penitenciario.
Los oficiales los escoltaron hasta la entrada de la sala de interrogatorios. Beth se sentó en una de las sillas, al ingresar les habían retenido los teléfonos celulares, por lo que se encontraba aburrida. Varios minutos más tarde, un oficial entraba con una rubia alta de ojos azules, esposada, en manos y piernas.
-¿No es un poco exagerado? – preguntó Rachel al oficial, cuando este le estaba quitando las esposas de las manos únicamente.
-Intentó escaparse anoche – comentó seriamente – por eso toda medida de seguridad, es importante – se guardo las esposas – estaré afuera esperando, tienen una hora – informó saliendo.
-Me siento alargadísima de ver a Rachel Berry visitando un pobre mortal – ironizo la mujer, sentándose frente a Beth
-¿Por qué lo hiciste? – preguntó Rachel sin rodeos.
-¿Eres Beth? – preguntó ignorando a Rachel. La joven asintió – la bastarda de Quinn.
-Seré una bastarda, pero al menos respeto mi sangre – contestó Beth, adelantándose a Rachel – Quinn una vez me habló de ti – comentó levantándose de la silla.
-Mi hermanita tan linda – empezó a reírse – ella estaría bien, si tu nunca hubieras aparecido
-¿De qué hablas? – Rachel frenó a Beth, que tenía toda la firme intención de golpear a Frannie.
-Sencillo – entrelazo sus manos sobre la mesa – todo iba bien, papá y mamá no hablaban con Quinn, pero estaban pendientes de ella por la televisión, los tres sabíamos que si Quinn, seguía por el camino que llevaba, solo era cuestión de tiempo para que tuviese una sobredosis que la matará y el dinero sería todo nuestro, no más si estando drogada era muy fácil sacarle el dinero – comento mirando a Beth, que tenia la mandíbula apretada – era solo buscar una casa, un auto, lo que quisiéramos y poner a Quinn como fiadora, nunca pagábamos ninguna cuenta y todo le llegaba a ella directamente y para no verse perjudicada en su historial crediticio pagaba lo que se debía y el excedente.
-¿¡Y eso te enorgullece!? – Exclamó Rachel enfurecida - ¡Únicamente veías a tu hermana como un cajero automático!
-Cajero automático no – aclaró con una sonrisa – de ser así, hubiese podido sacar dinero cuantas veces allá querido. Y todo iba bien hasta que está bastarda apareció – volvió a fulminar a Beth con la mirada – un día Quinn me llamó y me dijo que no podría seguir pagando mis gastos, porque ahora debía concentrarse en su hija, poco después me enteré que había decidido rehabilitarse y para mis planes eso no convenían.
-¿Así que esto solo era un plan para quedarse con el dinero de Quinn?
-¿Acaso sabes cuánto dinero tiene Quinn en sus cuentas Rachel? – Preguntó silbando – cantidades exorbitantes, apenas para vivir el resto de mi vida, sin tener que mover un solo dedo, incluso alcanzaría para dejarle a mis bisnietos.
-¿Acosta de la salud de tu hermana? Me das asco Frannie
-Ella solita se lo buscó, obviamente mis padres no sabían nada, el que mamá se hubiese infartado, me callo como anillo al dedo, solo era llamar a Quinn, sabía perfectamente que Remy no dejaría que Quinn no fuera a visitar a nuestra madre
-¿Conoces a Remy? – susurró Beth
-No, pero si he investigado un poco, acerca del circulo cercano de Quinn y me enteré, que ella había perdido a su madre por una sobredosis, así que era de lógica que obligará a Quinn a ir a visitarla y no me equivoque.
-Todo te salió a la perfección.
-No todo – se pasó las manos por el rostro – de haber salido a la perfección, Quinn estaría muerta y yo disfrutando de sus millones, muy lejos de aquí.
-Aquí es donde deben estar las ratas – Rachel la miraba fijamente, mientras que Beth se había sentando en el piso contra la pared, teniendo sus rodillas flexionadas.
-Casi lo logró – comentó esquivando la mirada de la morena – mi plan era, que Quinn se tomará las ocho dosis, antes de que alguna de sus amigas se diera cuenta de lo que estaba pasando y el que Remy se hubiese quedado para atender a mi madre, lo facilitaba mucho, pero la estúpida de Quinn no se tomó las ocho dosis, pero si había quedado mal de la cabeza.
-Y eso te servía – murmuró Rachel mirando a Beth, que ya estaba llorando.
-Por supuesto, era mejor incluso, porque todas las regalías de sus discos y demás, seguirían aumentando mientras ella estuviera viva – se paso la lengua entre los labios – pero luego tenía que aparecer tu madre – miró a Rachel, quien comprendió que se trataba de Shelby – la estúpida tenía que aparecer y demandar a Quinn por abandono a un menor, sabiendo que no tenía oportunidad alguna de siquiera ganar y si me jodio los planes, cuando nombraron a esa bastarda como heredera absoluta de Quinn.
-Beth se quedó con los millones, el reconocimiento y tú esperando una sentencia en prisión.
-¡Ella me lo quitó todo! – se levantó de golpe acercándose a Beth, aunque no pudo hacerlo, ya que Rachel se puso entre las dos - ¡Ese dinero me pertenecía!
-¡No! – Le gritó Beth, parada detrás de Rachel, limpiándose las lágrimas – ese dinero es de Quinn y de nadie más
-¡Pero tú puedes acceder a él cuando se te dé la gana! – exclamó abalanzándose sobre Rachel para llegar a Beth, pero con lo que no contaba, era que la pequeña morena, le daría un rodillazo en el estomago sacándole todo el aire y dejándola en el piso.
-¡Te vuelves a acercar a ella y te mató! – Exclamó Rachel acercándose a ella con los ojos desencajados - ¡No solo eres una basura, sino también intentas atacar la hija de tu hermana! ¡Madura Frannie! – fue lo último que dijo, porque en ese momento entró un oficial, levantando a Frannie y esposándola nuevamente.
-Lamento el inconveniente señora Berry – murmuró el oficial sacando a Frannie casi arrastrada del salón de interrogatorios.
-¿Estás bien? – le preguntó Beth
-Sí – suspiró tratando de calmarse
-Ahora entiendo muchas cosas – murmuró Beth saliendo con Rachel y caminando por el pasillo de la penitenciaria – si yo tuviera una familia así, también consumiría, había leído muchos casos, en que las familias se destruyen por la avaricia del dinero, pero nunca había visto en vivo.
-Pues ya ves.
Salieron en silencio hacia el auto en donde las esperaba Luke, partiendo directamente hacia el aeropuerto. En la sala VIP esperaron un rato hasta que el vuelo hacia Los Ángeles partiera. En todo momento se habían mantenido en silencio, cada una sumida en sus propios pensamientos.
-¿Crees que alcancemos a ver a Quinn hoy? – preguntó Beth con la mirada perdida.
-Estaremos llegando cerca de las seis de la tarde a Los Ángeles – murmuró Rachel mirando la hora en su teléfono – esperemos que sí, sino, nos toca mañana.
-No puedo creer que alguien sea capaz de hacerle eso a un hermano.
-La ambición puede acabar hasta con el vínculo más fuerte.
En el trayecto de Washington a Los Ángeles, nuevamente Beth fue consentida por las azafatas, quienes le dieron varios postres y cada rato le preguntaban si se le antojaba algo de comer. Rachel la molestó diciéndole que ya se había ganado un par de seguidoras y que no dudará que al aterrizar le pedirían una foto, dicho y hecho, cuanto aterrizaron en el Aeropuerto de Los Ángeles, varias azafatas se tomaron fotos con la chica de 15 años.
Varios fotógrafos las esperaban a la salida, Beth tuvo que colocarse sus anteojos negros, para que el flash no le fastidiara en los ojos. El conductor de Quinn, que las esperaba en Los Ángeles, tuvo que rodear a todos los fotógrafos para poder arrancar la camioneta y finalmente marcharse rumbo a la mansión de Quinn en la ciudad.
-Mi nombre es Edward – se presentó el chico de unos 24 años – siempre que la señorita Quinn está en Los Ángeles, soy el encargado de transportarla a donde guste, sino tiene deseos de conducir – les comentó mientras conducía – me tienen a su entera disposición en su estadía aquí
-Gracias
Luego de 40 minutos, llegaron a la mansión de Quinn.
-Permítanme les ayudo – se ofreció el chico, cuando bajaron de la camioneta – las habitaciones están en la planta de abajo – les informó una vez entraron a la mansión.
Las dos mujeres bajaron con Edward tras ellas, bajando las maletas, encontrándose con tres habitaciones.
-La primera, es donde la señorita Quinn guardaba sus guitarras, que ya fueron enviadas a Nueva York – les comentó – la del centro, es la habitación de la señorita Quinn y la del fondo, es la habitación de la señorita Isabella, cuando venía a quedarse. Ella me ha llamado y me ha indicado que en esa habitación se va a quedar la señorita Beth. Los tres cuartos tienes acceso a la piscina.
-Gracias – el chico dejó las maletas en las respectivas habitaciones – estaré arriba si me necesitan.
Una vez se vieron solas, recorrieron la habitación de Quinn, observando la gran cama que tenía, los cuadros con varios reconocimientos en las paredes, algunas fotos en la mesita de noche.
-Bueno – dijo Beth con las manos en los bolsillos – es mucho más pequeña que la de Nueva York, me gusta
-Es linda, me gusta la vista – dijo saliendo por la puerta corrediza
-Esa piscina está – murmuró Beth - ¿Es muy tarde para visitar a Quinn?
-Sí – ya era de noche, ninguna de las dos había contemplado el hecho de que en Los Ángeles, el día solo dura 9 horas – vamos a cenar y mañana temprano vamos a visitar a Quinn.
Los Ángeles
Sábado.
-Esa cama era realmente muy cómoda – mencionó Beth subiendo las escaleras con Rachel – Buenos días Edward – saludó al chofer.
-Buenos días, aquí les traje el desayuno – eran las siete de la mañana - ¿Qué tal su primera noche?
-Esas camas son como una nube – dijo Beth tomando uno de los vasos de café que había en el comedor - ¿Quién cuida la casa cuando Quinn no está? – preguntó, al ver que a diferencia de la mansión en Nueva York, está no tenia seguridad
-Viene un chico en las noches y la vigila, además muy pocas personas, saben que aquí vive la señorita Quinn.
Terminaron de desayunar y partieron rumbo al centro psiquiátrico, en donde tenían a Quinn. Beth iba mordiéndose las uñas, por los nervios que tenía de ver a su madre, después de tanto días, si bien la había visto en la audiencia, una cosa era verla en video y otra verla en vivo y en directo. La chica, observó a Rachel a su lado y entendió que la chica se encontraba igual que ella, nerviosa por ver a la chica que ama en estas condiciones.
-Rach – susurró levemente, atrayendo la atención de la morena – quería disculparme por mi comportamiento estos días.
-No te preocupes cariño, yo entiendo – contestó dejando una caricia en la mejilla de la joven.
Llegaron al centro psiquiátrico, en donde las esperaba el doctor Foreman, con una enfermera, después de las respectivas presentaciones, entraron al lugar.
-Debo advertirles que Quinn ha tenido momentos de lucidez, pero en los últimos días ha estado más ida – comento Foreman, llegando a un salón donde habían varias personas vestidas de blanco – allí está Quinn – susurró señalando a una rubia, sentada en un rincón aparentemente, charlando con alguien – está hablando con Stuard, no sabemos quién es Stuard, pero últimamente habla mucho con él.
Beth y Rachel se miraron y luego de un profundo respiro, se acercaron a Quinn, quien al percatarse de su presencia se quedó en silencio para mirarlas fijamente y luego sonreír.
-Te dije Stuard que eran muy bellas mis chicas – miró hacia el asiento desocupado a su lado antes de mirar nuevamente a las dos chicas – gracias Stuard – luego de unos segundos golpeo el asiento para que alguna de las dos se sentará – tranquilas, no ven que Stuard ya se fue y se pueden sentar.
-Claro – murmuró Rachel con la voz cortada, tanto ella como Beth tenían muchas ganas de llorar, al verla en ese estado.
-Hola ma – saludó Beth atrayendo la atención de Quinn – te extrañe mucho – sin pensarlo dos veces, la abrazó con fuerza, logrando que la rubia empezará a sollozar levemente – te quiero mucho.
-Yo también – cuando se separaron, ambas chicas vieron que el brillo juguetón que tenia Quinn antes en sus ojos, había cambiado por uno más nostálgico - ¿Qué hacen aquí? – esa pregunta, les hizo entender, que había vuelto en sí.
-Vinimos a visitarte Quinn – mencionó Rachel sentándose en la silla, en la que había estado Stuard
-¿Por qué? – preguntó confundida ¿Por qué querrían visitarla, luego de que ella les había fallado?
-Porque te amamos – ahora fue Rachel quien se abrazo con fuerza a Quinn, quien ahora sí, empezó a llorar – no llores – la morena hacia un esfuerzo gigante por no llorar enfrente de Quinn.
-Yo les falle – dijo con la mirada perdida, luego de un momento empezó a reír como si le hubiesen contado el mejor chiste del mundo – ¡Oh! – Exclamó al enfocarse en las dos chicas – dos ángeles vinieron a visitarme.
En la entrada den centro psiquiátrico, una mujer de rasgos latinos, se encontraba registrándose para poder visitar a una antigua amiga en el lugar. En su mano, tenía una antigua fotografía de ella y su amiga, en sus años de adolescencia. Cuando la enfermera le dio el visto bueno, entró al centro, siguiendo las indicaciones que anteriormente le habían dado, sorprendiéndose de ver a Rachel en el lugar.
Al girar su rostro pudo observar a Beth, la hija de la que una vez fue su mejor amiga y supuso que la que estaba sentada en aquella chica, era Quinn. Se escondió un momento, observando cómo Rachel trataba de no llorar, al presionar fuertemente sus ojos; cuando Beth se corrió pudo observar a Quinn, sonriente como si nada malo estuviera pasando a su alrededor. Al ver que Beth se iba del lugar, al parecer hacia el baño, observó como Quinn le acariciaba a Rachel el rostro, como si fuera el más hermoso que nunca hubiese visto. Tan concentrada estaba en la imagen que no se percato que había sido descubierta.
-¿Qué haces aquí? – la voz de Beth la hizo saltar
-Yo… - se quedo sin palabras al ver como Quinn volvía a tomar el rostro de Rachel para darle un beso en los labios.
-Puede que su mente este muy lejos de aquí – murmuró Beth también perdida en las dos mujeres – pero su corazón sabe quién es Rachel.
-¿Están juntas?
-Son pareja
En el próximo capítulo, vamos a tener un salto en el tiempo, para que lo tengan en cuenta. Esperó les guste y feliz jueves.
