¡Buenas!

Capítulo veintiuno.

En el capítulo anterior Dean y la Autumn de la realidad paralela conseguían, tras muchas idas y venidas, encontrar la dichosa caja en la que Dean había llegado a aquella realidad paralela. Pero se encontraron con la presencia de un demonio y de una bruja contra los que tuvieron que enfrentarse…

Agradezco comentarios (en la caja de comentarios) constructivos sobre qué os parece la historia. ¡Muchas gracias!

Disclaimer: El personaje de Dean Winchester pertenece a la cadena televisiva "The CW Network" y a los creadores. El personaje de Autumn es inventado, aunque basado en los vampiros de la serie de televisión "Crónicas Vampíricas".

Pero la historia es original y totalmente inventada por nosotras (mi mejor amiga y yo), aunque tomando referencias e ideas de ambas series de televisión

-BlxndeAutumn y Dean_Winches_ -

And I need you now tonight
And I need you more than ever
And if you only hold me tight
We'll be holding on forever
And we'll only be making it right
Because we'll never be wrong

21

Vuelve a casa

Autumn

En aquel asunto de protección contra brujas y contra magia, la rubia decidió dejar que Dean llevase la voz cantante. No es que Autumn no supiera hacer frente a la magia y a los efectos de esta, pero prefería dejar que fuera Dean quien dictase los pasos a seguir, pues era la cordura del cazador la que estaba en juego. Además, quería que los méritos por volver a su realidad fueran solamente suyos. Que nada le nublase el sabor de aquel éxito. Así pues, mientras él iba hablando durante la cena ella iba asintiendo y mirándole con convencimiento. Y sintiéndose aliviada de poder hacer algo bueno por alguien desde hacía tanto tiempo... Se sentía bien actuar para el bien de alguien y no para el propio. Cuando devolviese a Dean al lugar que pertenecía le gustaría poder hacer algo parecido a aquello... Tal vez, buscar la manera de ayudar a la gente a través del don que le había sido regalado ochocientos y pico años atrás. Durante todo aquel día siguiente, la rubia seguía a Dean de tienda en tienda, reuniendo los materiales protectores y amuletos que él le había dicho que puede que les ayudasen aquella noche en caso de encontrarse con la bruja y aquel feo demonio. Autumn fue la encargada de embolsar cada uno de los saquitos que él le pedía, ya que Dean estaba más preocupado e impaciente por el hecho de volver a casa y si aquello saldría bien. Antes de salir por la puerta del hotel aquella noche, Autumn le dedicó una sonrisa, al principio pequeña, pero que se fue ensanchando al verle delante con aquel brillo esperanzador en sus ojos. Saldría bien. Estaba segura. Llegaron pronto a la tienda, aparcando el coche en un callejón adyacente a la calle donde se encontraba el establecimiento y manteniéndose a la espera de cualquier movimiento extraño que les indicase que aquello era una trampa. Nunca podía uno estar seguro cuando jugaba contra brujas... Pero tras media hora de silenciosa vigilancia y justo a las doce exactas, Dean se situó frente a la tienda, recitando con convencimiento el hechizo que les había sido proporcionado. Y ante la vista de Autumn, la facha de la tienda se fue transformando hasta poder ver de nuevo el interior oscuro y los cristales adornados con símbolos rituales tan antiguos. Sin que ella pudiera decir nada, Dean ya se había arrodillado delante de la puerta para tratar de forzarla. A la rubia le costó varios intentos hacerle ver que ya estaba abierta, que aquella muchacha les había dejado todo preparado. Era tan mono cuando quería...

Entró por la puerta de la tienda y dejó que Dean, que era quien llevaba el arma, pasara delante de ella, caminando delante del mostrador e internándose tras este para dar con aquel pasillo que los condujo directos a la trastienda.

-Vaya... Es lo que se dice una mujer que barre de puertas para adentro...- bromeó la rubia tratando de aliviar la tensión al ver aquel percal. Joder. Más que una trastienda, aquello parecía una cripta ritual o cualquier cosa de esas que las brujas solían usar para sus trucos. Autumn había visto demasiadas. No solo Dean sonrió al ver la caja, ella lo hizo también, aliviada al comprobar que aquella caja realmente existía y que estaban a un minuto de devolver a Dean a su hogar. Podía escuchar el corazón de Dean latiendo alegre y chisporroteante en su pecho. Le dedicó una enorme sonrisa y fue a dar un paso hacia él para despedirse y decirle algo que recordara al regresar, pero antes de poder iniciar siquiera el movimiento sintió como una enorme fuerza la golpeaba y la lanzaba con violencia por los aires haciéndola estrellarse contra una estantería de aspecto algo antigua... De IKEA no era, desde luego, a juzgar por el sonido de la madera al crujir por el haber chocado con un cuerpo tan duro como era el de la vampira.

-Hmmmgg...- la rubia profirió un sonido de dolor al tratar de levantarse del suelo. Varios maderos resbalaron al suelo cuando la rubia trató de incorporarse, justo en el momento en que escuchaba la voz de Dean gritando su nombre. Quiso contestar, pero algo le impedía hablar pues le producía un dolor lacerante. Y es que, al chocar con la madera, un trozo de madera se había clavado en su costado.

-Mierda...- musitó ella tomando el trozo de madera con una mano y tirando de él dejando ir un jadeo de dolor que duró hasta que tiró aquel madero contra el suelo. Y entonces, sí... Pudo levantarse. Ahora sus sentidos puestos en la escena que se desarrollaba delante de sus ojos. Dean peleaba contra el tipo de ojos negros, el demonio... Y una mujer de cabellos rojizos la miraba con una sonrisa burlona en los labios. Joder.

- ¿Megan...? - preguntó Autumn atónita, pues hacía lo menos doscientos años que no veía a esa mujer. No desde que abandonó el aquelarre de Mattheus.

- ¿Me echabas de menos, Evangeline...? - preguntó la pelirroja con voz aterciopelada pero que no escondía el peligro y el veneno que inundaba su voz. Autumn fue a decir algo, pero Megan alzó su mano como si así agarrase algo. Y si lo agarró, no físicamente pero sí lanzó a Autumn contra la pared aprisionando su pecho y empujando así su cuerpo para inmovilizarla. Mientras tanto, avanzaba hacia ella. -Yo a ti sí... Y Mattheus también... Bueno, no el de esta realidad... Pero sí el de la mía... Al parecer tu amigo y tu... otro tú... le habéis causado un par de problemillas... No te preocupes... Le he prometido que me desharía de vosotros...

Mientras la bruja hablaba, Autumn buscaba en el bolsillo de su pantalón un saquito con unos polvos que serían suficientes para despistarla y que cesara aquel hechizo sobre ella. Abrió el saquito en su mano y, cuando la pelirroja se acercó lo suficiente a ella los sopló en dirección a su rostro. Inmediatamente el hechizo cesó y Autumn aprovechó para asestarle una patada en el estómago que derribó a su contrincante contra el suelo. Se puso en pie de manera rápida y cargó contra la vampira sacando una estaca de madera del cinturón que llevaba en un gesto asesino que Autumn esquivó agachándose y girando acrobáticamente sobre sí misma. Sin perder un segundo asestó un puñetazo con todas sus fuerzas contra el brazo de Megan que se partió con un crujido espeluznante, acompañado de un grito de dolor de la bruja. La estaca se resbaló y cayó al suelo con un golpe sordo al tiempo que la rubia inmovilizaba a la pelirroja y posaba sus manos en el rostro de ella. Vio su cara de terror puro en el segundo antes de que Autumn, en un movimiento seco, rompiera su cuello. Soltó el cuerpo muerto de la pelirroja que cayó al suelo totalmente inerte. Autumn alzó la mirada a Dean y esbozó una sonrisa aliviada al verle vivo y de una pieza mientras se levantaba tras dejar KO a aquel demonio. La rubia vio la culata de la pistola de Dean bajo una de las mesas y cogió el arma antes de acercarse al cazador y devolverle su arma.

-Lo hemos conseguido...- dijo ella posando una mano en el pecho de él y ascendiéndola hacia la mejilla del cazador- Estamos aquí... A exactos treinta centímetros de la dichosa caja que tantos quebraderos de cabeza te ha dado...- esbozó una sonrisa nerviosa y trató de calmarse para hablar de manera seria.

- Cuídate mucho, Dean... Y cuídala a ella, por favor... Y deja que ella te cuide a ti. No tienes que ser el superhéroe de todos...- deslizó su dedo pulgar por el labio inferior de él y en un movimiento atrevido y que le hizo pensar "de perdidos al río", posó su otra mano en el cuello de él antes de ponerse de puntillas frente a él. Acarició ligeramente su nariz y sin titubear besó los labios del cazador él antes de ponerse de puntillas frente a él. Acarició ligeramente su nariz y sin titubear besó los labios del cazador suavemente y se separó de él, notando que a la vez que le devolvía a su sitio una parte de su corazón se iba con él y ya no volvería. Volvió a acariciar la nariz del cazador y se separó de él. Abrió la puerta de la caja aquella y Dean entró.

-Échame un poco de menos...- bromeó ella con una sonrisa en sus labios- Yo lo haré... -pero no finalizó aquella frase como quería pues sintió un dolor lacerante en su espalda que la atravesaba por completo. Y es que algo realmente le había atravesado. La punta de una estaca asomaba en su pecho, sobre su corazón. Miró el arma notando como le era imposible hablar, y luego miró a Dean. No. Querría ayudarla. No podía permitirlo. No podía dejarle volver a traspasar aquel umbral. Así que haciendo un enorme esfuerzo con el último hálito de vida que le quedaba a su cuerpo cerró la puerta de la caja con fuerza antes de caer de rodillas en el suelo. Todavía resonaba en el ambiente el eco de la puerta al cerrarse con violencia y una lágrima resbaló por su mejilla mientras su cuerpo caía. Y para cuando su cabeza dio contra el suelo de aquella trastienda sus ojos miraban sin ver. La luz de sus ojos azules se había apagado. Y no volvería a iluminarse. Al menos en esa realidad...

Dean

El cazador se levantó del suelo para comprobar como su compañera terminaba con la vida de la maldita bruja que había sido quien le había mandado a esa realidad. Una realidad en la que había aprendido más de lo que el mismo cazador era consciente, donde se había dado cuenta del valor que tenía esa mujer de mirada clara y chisposa, de cabellos rubios. Donde había aprendido que era un hombre enamorado con una única razón de ser: proteger y cuidar a la mujer que quería con cada hálito de su vida, y con cada latido de ese maltrecho corazón. Descubriendo que pasaría el resto de sus días junto a la única persona que le quedaba, y que en unos meses se había convertido en una parte muy importante de su vida. Esa mujer que se acercaba para devolverle su arma y que miró con un brillo esperanzado y algo melancólico, sabedor de que tendría que separarse de esa Autumn con la que había pasado esos últimos días. Y es que si no hubiera sido por ella no estaría allí en ese instante. Le debía demasiado como para poder expresarlo con palabras. - Sí...- es lo primero que fue capaz de decir, descendiendo su mirada a la mano que se posaba sobre su pecho que resonaba por los ecos del latir de su corazón, y después volvió a ascender al rostro de ella para poder perderse una vez en el mar de sus ojos, esos que le transmitían la mayor calma y paz. Algo que, sin saber, siempre había estado buscando y ahora lo tenía a su lado…

Tendría que dejar a esa mujer para volver con la que quería y deseaba, pero eso no quería decir que ese momento no fuese duro y que no desease poder darle a esa mujer todo lo que se merecía, que no era poco. Aunque sabía que eso no estaba en su mano ya que no era esa su realidad

-Prometo que lo haré... - confirmó el joven antes de inclinarse ligeramente y rodear la cintura de la joven con uno de sus brazos, mientras su otra mano se posaba en el rostro de la mujer para caer en los labios de ella que atraparon los propios en un exquisito beso que estremeció al cazador, y le erizó la piel. No le preocupaba que no fuese ella a quien debía darle sus besos, pues a fin de cuentas eran la misma persona. Al separarse de ella, una parte del cazador deseó no tener que hacer lo correcto, pero no le quedaba más opción que dejar sola a esa Autumn para poder cuidar de quien quería. Dio unos pasos adelante y se giró para mirar por última vez a esa versión.

- Tranquila, no te olvida... - no terminó la frase pues sus ojos se abrieron de par en par al ver el rostro descompuesto en una mueca de dolor de la rubia, y al escuchar el sonido que profirió la estaca al atravesar la carne y hueso de ella. Y justo en el momento en que su mirada se cruzó por última vez con la de la rubia, Dean observó como la punta de una estaca atravesaba el pecho de la mujer en la zona de su corazón. La voz de Dean se quebró al gritar "No" y ver como la puerta se cerraba delante de él sin poder hacer nada. Las paredes de la caja se iluminaron mientras la luz de los ojos de la vampiresa perdía su brillo, y la más absoluta desesperación acudía al encuentro del cazador para sumirlo en la marea del dolor y el temor por la posibilidad de haber perdido a esa mujer para siempre. Su cuerpo golpeaba con todas sus fuerzas la puerta para intentar abrirla, mientras su corazón se destrozaba a cada segundo que pasaba, y la frustración le volvía loco. De pronto la puerta se abrió con un chirrido y ante sus ojos pudo ver a la persona más hermosa, una mujer que brillaba con luz propia. A paso dubitativo y mirando a su alrededor observó que era su Autumn, había vuelto a casa. Un suspiro salió de su pecho dejando que toda esa tensión desapareciese para sentir un poco de alivio. Caminó hasta ella y tomó su rostro entre sus manos con sumo cuidado y amor.

-Cariño... - fue lo único capaz de decir antes de estrecharla en un abrazo completamente necesario, buscando evitar que la volviesen a separar de él, mientras que una lágrima resbalaba por su mejilla - Pensé que te había perdido... - susurró el cazador con voz débil, y se separó de ella para poder mirar de nuevo ese rostro que alababa, para examinar que estuviese perfectamente. Paró a coger aire para intentar calmar a su corazón que latía con fuerza. Ella no entendería nada, pero él, incapaz de explicar nada por el momento, y necesitando los labios ajenos como una fuente de agua en pleno desierto, se inclinó y tomó sus labios con los propios en un pequeño masaje que parecía ser un beso tierno y cariñoso, pero que desembocó en la más absoluta pasión, terminando por internar su lengua en la boca ajena en busca de la contraria. Sus manos viajaron por el cuerpo de la fémina para volver a recordar cómo era cada una de sus curvas. Su cuerpo y deseo tomaron el control de la situación para pegar el de ella al propio, e ir empujándola hasta una estantería mientras devoraba sus labios sin tregua, como si no necesitase el oxígeno para poder respirar, como si ella fuese el único oxigeno que necesitase, y es que en ese instante era así.

Autumn

-De vuelta a la realidad de Dean...-

-No lo sé, Bobby... Había varios grabados en las paredes... y de repente la puerta se cerró... No consigo abrirla y no le oigo... No sé qué le ha hecho esa caja, pero no soy capaz de oírle...- decía ella al teléfono escuchando la voz de Bobby al otro lado de la línea.

-No hagas nada, hasta que te llame...- decía el experimentado cazador- Voy a repasar unos cuantos libros y ahora te llamo...

-Vale...- asintió ella- No haré nada absurdo...

-En qué lío se habrá metido este muchacho... Ni un solo segundo de paz...- masculló Bobby antes de colgar el teléfono.

La rubia se metió el teléfono en el bolsillo y suspiró suavemente apoyando una mano sobre la puerta de aquella estructura tan antinatural en aquel lugar.

- ¿Dean...? - preguntó de nuevo, preocupada, como si esperase una respuesta por parte de él. Pero no fue una respuesta lo que recibió. Al menos no de forma literal. La puerta se abrió con un suave chasquido y Autumn se apartó de la trayectoria de esta, mirando expectante al hombre al otro lado de aquel umbral.

- ¿Dean...? - le preguntó mirándole a los ojos y respirando de manera entrecortada. Era raro. Era él y a la vez no era el mismo que hacía escasos minutos había traspasado aquel umbral. Empezando por el hecho de que no llevaba la misma ropa, pues el traje que se había puesto esa mañana parecía haber desaparecido y ahora le acompañaban unos pantalones vaqueros, su habitual camiseta básica y una camisa de cuadros de color rojo.

El siguiente hecho que a la rubia le hizo sospechar que algo había ocurrido fue la manera cariñosa con que las manos de Dean acunaron su rostro. Y, para terminar, los labios de él pronunciaron aquella palabra que hizo que el estómago de ella diera un vuelco. "Cariño". Así la había llamado.

-Dean... ¿qué...? - su pregunta se quedó en el aire, pues los brazos de Dean rodearon su cuerpo estrechándola contra sí. Y, como siempre, ambos mecanizados, los brazos de Autumn rodearon el cuerpo de Dean hundiendo sus dedos en el corto cabello de él. Acariciándole con mimo y suavidad. No sabía qué mosca le había picado, pero le encantaba.

- Dean... No digas tonterías... Nunca vas a perderme... Separó su rostro del suyo y acarició con cariño las mejillas de él, delineando su labio inferior con la yema de su dedo pulgar. No pudo evitar esbozar una enorme sonrisa y llevar ese mismo dedo pulgar por la mejilla de él para limpiar esa lágrima que ya casi se había secado- Shhhh...- susurró con suavidad. No sabía qué había ocurrido con él, pero la verdad era que jamás había visto llorar a Dean. Ni siquiera derramó una lágrima tras los disparos o cuando ella le curó las heridas causadas por estos. Y, que recordase, apenas lo había visto llorar de pequeño... Sacudió la cabeza frunciendo el ceño ligeramente tratando de quitarse esas ideas y centrarse en ese momento. Le interesaba saber por qué Dean estaba tan... distinto... Pero no pudo siquiera preguntar pues los labios del cazador se cerraron sobre los suyos acariciándolos y mimándolos al principio.

La rubia se dejó llevar por aquellos besos y la manera en que las manos de Dean recorrían su cuerpo, y a medida que el de él se movía avanzando, ella retrocedía hasta topar con su espalda contra una estantería. Dejó ir un suave jadeo sonriendo con suavidad y posando sus manos en las mejillas de él antes de rodear su cuello con sus brazos.

- ¿Qué ocurre...? - susurró- Han pasado solo cinco minutos... Cielos... Voy a tener que perderte de vista más a menudo- rio suavemente y atrapó el labio inferior de él entre sus dientes para tirar luego de este con suavidad. Y en ese momento, ya no pudo parar. El cuerpo de Dean, su calor, sus manos repasando su cuerpo, el modo en que sus labios reclamaban los propios... Deslizó sus manos por los hombros de su cazador y comenzó a quitarle la camisa de cuadros haciéndola resbalar por sus brazos hasta quitársela y dejar que cayese en el suelo. Y como inflamada por el mismo calor de él, la rubia también se quitó su chaqueta americana, con la ayuda de Dean. Sus manos, inquietas se fueron directas al cinturón de los pantalones de él, y en un movimiento más que mecanizado y fluido, mientras sus labios se deshacían contra los masculinos, las manos de la mujer desabrochaban con agilidad el cinturón del pantalón, como también la bragueta y el botón de la prenda. Llevó una de sus manos a las de Dean con la intención de entrelazar sus dedos con los de él; pero en aquel ascenso por el brazo hasta la palma, tropezó con esa pulsera de hilo rojo que ella le había hecho antes de meterse de lleno en aquel raro caso. Miró un segundo la pulsera y la notó más avejentada que hacía unos minutos, ¿cómo era siquiera posible? Hizo un movimiento con la cabeza y volvió a dedicarse por entero a los labios de Dean sabedora de que no había otro lugar en el mundo para ella que no fueran esos labios y esos brazos que rodeaban su cuerpo. No había otro hogar para ella que las manos que hábilmente desabrochaban los botones de su camisa.

Dean

Al sentir sus manos sobre sus propias mejillas y escuchar la pregunta, el cazador dejo que su mirada se perdiese en la contraria, y su voz se tornó ronca sin dejar de ser tierna.

-Solo necesito hacerte mía... - confesó el cazador en un susurro, sin llegar a responder nada más al sentir los dientes de la mujer apresando su labio inferior. Sus ojos brillaron con ese toque de lujuria antes de cerrarlos para entregarse a un beso que, si por él fuese, no tendría fin. Sus manos incapaces de mantenerse quietas recorrían la cintura de la mujer para así poder mantenerla pegada a su cuerpo, o se perdían dibujando con las yemas de sus dedos sobre la dermis de la fémina. Solo rompiendo el contacto de su piel con la contraria cuando ayudó a la mujer a quitarle la camisa, y sus manos fueron a parar a las hombreras de la americana de ella y dejar que ésta resbalase por sus brazos hasta terminar en el suelo. Mientras Autumn se entretenía en desabrochar el pantalón de él junto al cinturón, su boca se alimentaba de besar y mimar la suave piel del cuello femenino. Al sentir la mano de la mujer sobre su brazo, y al ver que se paraba para mirar la pulsera de hilo que mantenía en su muñeca, Dean llevó una de sus manos al rostro de ella apartando su cabello, e intentando volver a llamar su atención con una mirada antes de volver a fundirse en un nuevo beso que le deshacía por dentro, hasta que con la necesidad de seguir saboreando ese cuerpo que tanto había necesitado y deseado, sus manos se enredaron en llevar a cabo la labor de desabotonar cada botón de la camisa de ella, pero con lentitud para poder observar la piel que quedaba al descubierto. Y besar y recorrer con su lengua cada uno de esos centímetros que enloquecían de pasión a un hombre muerto de deseo y amor. Cuando terminó la labor quedando parado sobre su vientre, junto a su ombligo, la miró desde esa posición un instante para deleitarse con el rostro de ella. Volvió a ascender parándose en la zona de sus costillas bajo sus senos para dejar algún que otro mordisquito juguetón y cariñoso que estimulase a la mujer, y le hiciese retorcerse. Tras un tiempo incontable en que el hombre se deshizo en atenciones, el cazador volvió a ascender y atrapar esos labios entre los suyos... Justo cuando escuchó el móvil de ella sonar y, sin dar opciones a la vampiresa, lo atrapó con una mano y miró quién le llamaba, se trataba de Bobby. Lo cogió, y mientras dejaba algún que otro beso en el cuello de ella, respondió.

- Aquí el contestador de Autumn, ahora mismo está siendo devorada por Dean Winchester, llame en otro momento... - Dicho eso, colgó y tiró el teléfono sobre la chaqueta de ella, volviendo a su labor de comerse a besos a la vampiresa

Autumn

El cuerpo de ella se estremecía y temblaba con suavidad con la sensación de los labios de Dean descendiendo a besos por todo el cuerpo femenino. Era excitante. Cómo besaba su cuello, la zona de sus pechos encima del sujetador, el escote... Y verle descender hasta el vientre. Ella no podía apartar la mirada de los ojos verdes de Dean, estaba hipnotizada por su manera de moverse, por ver como sus labios rodaban por la piel pálida de la mujer. Tragó saliva de manera pesada y observó como comenzaba a ascender de nuevo deteniéndose en las costillas y dedicándole una serie de mordisquitos allí que le hicieron gemir de manera entrecortada. Sus manos se vieron obligadas a agarrarse a la balda de la estantería de metal y a apretar esta con fuerza logrando combarla dejando las marcas de sus manos sobre esta. -Joder...- jadeó. No sabía qué diablos le había pasado a Dean en aquella caja, pero en aquel momento no iba a pararse demasiado a pensar en ello. Prefería disfrutar de la sensación y dejarse llevar. Vaya si se dejaría llevar... Cuando los labios de Dean volvieron a reclamar los propios casi pillándole por sorpresa, ella gimió y le rodeó con sus brazos posando sus manos en su cuello y acariciando las mejillas con los dedos pulgares y se entregó deliberadamente a aquel beso, a aquellos labios. Acariciando la lengua de él con la propia, antes de que un sonido llamase la atención de la rubia. El maldito teléfono. Pero no pudo evitar reír al escuchar la respuesta que Dean le espetó a Bobby, por que Autumn estaba segura de que era el cazador quien acababa de llamar. -Tomará represalias... -rio suavemente dejándose hacer y ladeando la cabeza mientras él besaba su cuello- Se va a enfadar...- pero no podía dejar de reír mientras el cazador mordisqueaba su oreja y ahora también él amenazaba con comenzar a quitar el pantalón de la mujer. Atrapó los labios de Dean y sin dejar de besarlos y lamer, de vez en cuando, el inferior se bajó de sus zapatos apartándolos con el pie. Acto seguido ella misma comenzó a desabotonar sus pantalones y descenderlos por sus piernas quedándose solamente en ropa interior delante de Dean. -Este es... sin lugar a duda... -susurraba a medida que besaba los labios de él- el sitio... más raro donde lo he hecho...- esbozó una media sonrisa y llevó sus manos a la cintura del pantalón de él que, ya desabrochado, no tardará mucho en descender por el cuerpo de él. Notaba el calor de Dean, su aliento, escuchaba su corazón latir apresurado... Y ella se moría de ganas de sentirse suya de nuevo, más aún después del chasco de hacía unos días en el mar... Ladeó una sonrisa algo lasciva y descendió una mano por el abdomen de Dean, solo para comprobar si allí abajo todo iba como debería. Deslizó una mano contra su miembro, por encima de la ropa interior de él y comprobó cómo a su paso por aquella zona de la anatomía de él, esta comenzaba a reaccionar.

Dean

Rio con ella al escuchar sus palabras que no estaban faltas de razón. Seguramente su impetuosa acción le llevaría a recibir alguna llamada cargada de insultos, pero en ese momento le daba exactamente igual. Solo le importaba una cosa en el mundo: ella. Y hacerla suya como no había podido hacerlo. Su único deseo era hacerla gemir como nunca y escuchar su nombre en sus labios.

- Shhhh...Solo quiero escucharte gemir mi nombre... Eres mía... - Proclamó el hombre con voz algo ronca por la excitación de la situación, y dejando muy claras sus intenciones, que no desagradarían en lo más mínimo a la vampiresa. Dicho eso y completamente llevado por la pasión, el hombre continuó con su recorrido de besos y mordiscos que le llevó a parar en su oreja, mientras sus manos hábiles y expertas se encargaban de desabotonar y bajar la cremallera de los pantalones de la mujer. Ladeó su cabeza para quedar frente a frente y dedicarle una mirada ladina que daba a entender lo mucho que estaba disfrutando de ese momento y de su cuerpo, entonces sus labios fueron reclamados por los de la rubia para ser tomados en un agradable masaje en que el hombre se deleitaba con el dulce sabor y carnosidad de éstos, esos que necesitaba como fuente de agua en una tarde calurosa en pleno verano.

- Me da igual el lugar, solo quiero saborear cada centímetro de tu piel y hundirme en ti una vez más hasta que no pueda más... - declaró el hombre que se deshacía de sus propios zapatos colocando la puntera en el talón de uno para quitárselo, y repetir la acción con el otro pie, y así, que su pantalón se deslizase por sus piernas para quedar en ropa interior para ella. La mano de ella y su tacto sobre su piel le hicieron retorcerse ligeramente al llegar a la parte más sensible de la anatomía masculina, y que ésta despertase de inmediato ante su roce, con pequeñas palpitaciones debido al riego de sangre por su apresurado y alocado corazón que latía no solo por la excitación, si no por poder tener sus manos por el cuerpo de ella al igual que su boca hambrienta. Su boca, comenzó a reclamar poder saborear más de ese majestuoso cuerpo que tenía semidesnudo para desfrute y degustación de él. Sus manos, que se posaron en la cintura de la vampiresa, ascendieron hasta el broche del sujetador para deshacer el enganche de éste y quitar la prenda de su cuerpo. Su boca habida de más carne por la que pasar, y estimular, descendió hasta sus pronunciados senos donde se centró en delinearlos con su lengua lentamente hasta llegar al centro de ellos, la zona más sensible donde poder dejar que sus dientes encarcelasen ese punto del placer con suavidad, tironeando con delicadeza con sus labios al final.

Su mirada no perdía detalle alguno de cada mueca o gesto que le dedicaba la vampiresa por sus atenciones, y es que no deseaba que eso parase y su cuerpo le pedía que continuase con su viaje que fue en un camino descendente hasta su bajo vientre, para terminar de rodillas ante ella. Sus manos se deslizaron con la yema de sus dedos por su espalda hasta el borde su ropa inferior para dejar caer esta al suelo y así poder tener ese hermoso cuerpo por completo desnudo. Una sonrisa traviesa y juguetona fue dibujándose en su rostro al tenerla así, solamente para él. Con sus manos encajadas a la perfección en sus nalgas, y su boca comenzando un recorrido, con destino de vuelta, comenzó a saborear sus piernas, primero por el exterior y más tarde por el interior para poder conseguir que poco a poco ella terminase por separarlas y volver de retorno a su ingle.

- Me encantas... - Susurró el cazador con voz aterciopelada que escondía todas las perversiones que en ese momento rondaban por su mente sin ningún tipo de control ni límite. Se mordió su propio labio inferior antes de besar su pubis y descender a su zona más sensible, donde se detuvo sin llegar a tocarla hasta no llevarse consigo el dulce olor de su excitación, que le provocó aún más, si así era posible. Sin hacerse de rogar más, su lengua pasó por la dimensión de esa zona llevándose consigo el sabor de su excitación, hasta dejar una suave succión antes de iniciar un juego deliberado que la llevase al segundo círculo del infierno, el de la lujuria, con la única consecuencia de explotar en una ola de placer.

Autumn

Cada caricia, cada beso, cada mordisco que Dean iba dejando por su piel provocaban leves jadeos excitados que escapaban inevitablemente de su garganta. Dejó que Dean le quitase el sujetador y se humedeció suavemente los labios retirando los brazos de los tirantes para dejar que la prenda resbalase por su cuerpo hasta reunirse con el resto de la ropa que descansaba sobre el suelo. Así mientras los labios de Dean paseaban por sus pechos delineándolos, saboreándolos, mordiéndolos a su paso, Autumn solo podía echar su cabeza hacia atrás y dejar que sus labios se curvaran en una suave sonrisa de placer. El mismo que trepaba por su columna vertebral provocándole suaves estremecimientos. Cuando los labios de él tironearon de la cumbre de sus pechos ella no se molestó en contener un pequeño gemido.

-Dios... sigue...- musitó mientras él descendía por su cuerpo hasta quedar de rodillas delante de ella. La visión más excitante que había tenido nunca delante de sus ojos. El suave tacto de la ropa interior resbalando por su cuerpo le hizo esbozar una sonrisa traviesa en sus labios acompañada de una suave risa que se convirtió en un jadeo cuando Dean comenzó a repasar sus piernas a base de besos. Ella obedeció a su muda petición y abrió sus piernas solo para morir de placer cuando la lengua de Dean repasó su intimidad.

-Joder...- jadeó volviendo a agarrarse a la estantería y notando como todo su cuerpo comenzaba a arder de puro deseo. Y ese calor comenzó a inflamarse mucho más a medida que los labios y la lengua de Dean repasaban su intimidad de aquella forma tan poco casta. Maldito fuera. La estaba volviendo completamente loca. Llegado un punto se vio obligada a alzar una pierna y colocarla encima del hombro de Dean dándole así completo y total acceso a esa zona tan privada de su cuerpo. Y él parecía emplearse a fondo, logrando que sus piernas temblaran y, de no ser porque las manos de él la estaban sosteniendo por las caderas, seguro hubiera resbalado.

-Dios... Dean...- musitó antes de gemir de forma entrecortada. No pudo decir nada más, pues de sus labios solo escapaban leves gemidos y respiraciones que eran la más pura explicación de los estragos que la boca del cazador estaba causando en su feminidad. - Si sigues así, creo que... -jadeó de nuevo al notar como una intensa oleada de placer se acumulaba en su bajo vientre y amenazaba por hacerla explotar.

Era suya, completamente suya. Nadie podría jamás quitarle aquello al cazador. La rubia jamás había sentido con nadie una infinita parte de lo que Dean le hacía sentir desde que lo había conocido en aquel bar. Lo que le había provocado con esa forma de llamarla, "cariño". Esa sola palabra casi le había hecho llorar de felicidad. Había conseguido que lo mirase no solo con el deseo irrefrenable que siempre sentía por él, sino también con infinita ternura. Pues la expresión de su rostro antes de abrazarla le hizo ver que fuera lo que fuese lo que le había sucedido dentro de esa caja, no había sido realmente agradable. Y no se había dado cuenta hasta ese momento, cuando los labios y las manos de Dean torturaban deliciosamente su piel de aquella forma tan característica en él, pero se moría de ganas de ser suya de nuevo (y más desde lo acontecido en la playa), se moría de ganas de volver a sentir que eran uno solo, porque era en el preciso momento en que él entraba por primera vez en ella, cuando se miraban a los ojos, cuando sentía que eran imparables, invencibles. Si permanecían juntos no habría nadie que pudiese con ellos.

Dean

No había nada mejor en ese mundo que estar sobre el frío suelo de ese sótano, entre las piernas de la vampiresa. Quizás suene algo cutre y tétrico, pero para un hombre como Dean que no necesitaba nada más que a esa mujer para sentirse completo y satisfecho, ese momento era el paraíso llevado a ese pequeño rincón en esa habitación que cumplía con lo suficiente como para poder hacer suya una vez más a esa mujer que tanto ansiaba y deseaba. No sería el escenario más romántico, ni el sitio más pulcro, pero era lo suficiente como para poder disfrutar de la intimidad de ambos cuerpos. Y como guinda del pastel, tenía como banda sonora la melodía más maravillosa, la voz de Autumn entre jadeos y gemidos pidiéndole más. Su boca no paraba de dar atenciones a esa zona tan íntima y sensible del cuerpo de la fémina para conseguir que se deshiciese en placer y deseos por él. No paraba de recorrer su intimidad, y al escuchar las últimas palabras que la mujer pronunció el cazador se centró en ese punto fijo del placer donde sus labios presionaban mientras su lengua se deslizaba con experiencia y frenesí para lograr el objetivo y llegar a la meta de que ella saltase por el acantilado del placer, y llegar a su preciado y merecido orgasmo. No paró hasta que el cuerpo de ella se contrajo y sus gemidos llenaron la habitación para satisfacción del cazador, quien no perdía detalle alguno con sus ojos, cada una de sus muecas y la expresión de su rostro. Ese era su premio, y lo que quería, y ahí lo tenía, a la mujer más hermosa y maravillosa del mundo muerta de placer solo por sus atenciones, por ser el hombre entregado por completo a ella. Dejó un último beso en esa zona, y con una sonrisa mientras pasaba su lengua perfilando sus propios labios, ascendió sin no antes coger su propia camiseta, hasta quedar frente a frente.

- Amor, esto no ha acabado... - Anunció el cazador, pasando a devorar esta vez los labios de la vampiresa, mientras colocaba su camiseta encima de una lavadora que tenía a su derecha, al lado de la estantería contra la que tenía aprisionado el cuerpo de ella. Tras terminar y pasar sus besos al cuello de ella, sus brazos rodearon el cuerpo de la mujer para elevarla y sentarla cobre la susodicha lavadora que sería el lugar idóneo para tomar a esa mujer como suya, y hundirse en ella. Tras tenerla tal y como deseaba, su boca ascendió al oído femenino para hablar con voz traviesa y juguetona.

-Todavía tengo demasiada ropa... - Dijo para incitarla a que se encargase ella de su ropa interior. Algo de lo que se encargó rápido la mujer, y que Dean aprovechó para tomar la mano de ella con la propia y comenzar a masajear su zona más sensible, mientras su otra mano recorría con la yema de sus dedos la curva perfecta que hacía la espalda de la fémina al estar arqueada hacía él. Volvió a tomar la boca de la mujer para iniciar una danza entre ambas lenguas, necesitando la suya de la caricias y compañía de la contraria, y su mano apartó la de la mujer para entrelazar sus dedos mientras que con la otra ejercía cierta presión para acercarla un poco más al borde y que fuese el inicio de su miembro lo que acariciase la zona intima de ella, con un suave movimiento de su cadera hasta quedar cerca de su entrada.

En ese momento, paró de besar a la mujer para mirar esos preciosos y claros orbes que le devolvían la mirada y en los que le era imposible no perderse. Solo soltó su mano para acariciar su rostro, y apartar sus dorados cabellos dejando que su mano terminase sosteniendo la cabeza de ella, y sus dedos enredados en los suaves y delicados mechones de su ondulada cabellera. Su otro brazo la mantenía presa y pegada a su cuerpo, y con una mirada que decía más que cualquier boca, perdiéndose en la que ella le devolvía se movió lentamente hacia delante, casi con parsimonia y una dulzura que distaban mucho de lo que solía ser el cazador habitualmente, internándose en ella para fusionar ambos cuerpos en uno. La sensación que recorrió el cuerpo del cazador le hizo temblar ligeramente, y abrir su boca en busca del aire que se escapa de sus pulmones sin regreso soltando un jadeo de placer, de un placer que nunca había sentido hasta estar con ella, más la unión tanto física como mental con ella. Casi parecía interminable ese instante hasta que llegó al límite de ella donde se quedó quieto soltando un suave y casi inaudible gemido, y ladeó la cabeza para rozar con la punta de su nariz la contraria, acariciando con ésta también la mejilla de ella, y que sus labios de forma inevitable se rozasen en un momento que él consideraba perfecto. Entonces, creyendo que solo había una cosa que pudiese mejorar tal instante, dijo con voz aterciopelada.

-No puedo vivir sin ti... - Y terminó por besarla, tomando su labio inferior entre los propios en un beso lleno de amor y ternura que erizaron la piel de él y que le hizo temblar por el calibre de sus palabras, y por la sinceridad de ella, haciendo que su cuerpo respondiese comenzando una suave y lenta danza con sus caderas.

Autumn

Se dejaba ir por la boca de Dean, se dejaba envolver en esa oleada de placer y leves estremecimientos que acompañaban a cada movimiento de los labios y la lengua del cazador. No se resistía, acogía cada gemido que escapaba de su propia garganta como si fuera el último que podría esbozar. Le deleitaba las sensaciones que el cazador le provocaba. Era la mejor de las torturas que pudiera imaginar. Adoraba estar a su merced y adoraba lo que él era capaz de hacer con el cuerpo de ella. Y ahora se encontraba al borde de ese abismo que tanto adoraba. Y no se resistió. Su cuerpo tembló de manera inevitable y ella gimió el nombre del cazador una y otra vez. Como un mantra.

-Dean... Dean...- gimió de manera algo más incontrolada mientras notaba como esa burbuja de placer. Un gemido acelerado que trataba de avisar al cazador de que aquel era el final, avisarle de que había logrado lo que tanto deseaba, lo que tanto ansiaba. Su primer orgasmo. Orgasmo que la recorrió de parte a parte: desde la raíz del cabello hasta la punta de los dedos de los pies. Ella tembló sin poderlo evitar, y le costó mantener sus manos agarradas al estante del que se sujetaba. A medida que Dean se ponía en pie, ella se pasó las manos por el cabello y posando sus dos pies en el linóleo del suelo dejó ir un suave hálito de risa por no creerse la suerte que tenía. Era la mujer más afortunada. Tenía consigo a un hombre maravilloso, un hombre que era capaz de hacerla ir al cielo y al infierno solo con sus labios y su lengua. No todos los hombres con los que se había acostado habían sido capaces de provocar aquello en la mujer. No todos habían sido capaces de hacerla reír como él lo hacía. No todos habían logrado que ella cambiase de vida. Una vida que no le molestaba ni lo más mínimo compartir con él. No le dio tiempo siquiera a decir nada ingenioso cuando Dean ya tomaba sus labios como si buscara devorarlos. Así pues, mientras las manos de Dean se ocupaban de adecentar la superficie de aquella polvorienta lavadora sin dejar de besarla, los brazos de la rubia rodearon el cuello de su cazador, estrechándose contra él a medida que él la rodeaba con sus brazos para alzarla. Inevitablemente las piernas de la rubia lo rodearon, notando su excitación a través, incluso, de la ropa interior de él. Se sentó sobre la camiseta que Dean había dispuesto allí y dejó una serie de cortos besos sobre la boca masculina y bajo su oído a medida que el cazador hablaba de aquella forma en el propio oído de la mujer.

Al escucharle esbozó una sonrisa traviesa y terminó apretando sus labios luchando por tomarse aquello en serio.

-Vale...- asintió y mordisqueó suavemente el labio inferior de él tirando suavemente de este a medida que sus dedos buscaban el elástico de la ropa interior de él. Deslizó la prenda por las caderas y las piernas de él hasta que cayó a sus pies. Y para cuando lo hizo vio que su mano era atrapada por la de él. Y los planes que tenía le gustaban demasiado. Así pues, se entretuvo a conciencia en masajear y estimular el sexo masculino. Con su otra mano sostenía el rostro de Dean por la mejilla y la barbilla mientras lo besaba de esa manera hambrienta que él tenía. Liberó el sexo de él y entrelazó sus dedos con los de la mano del cazador apretando con suavidad cuando Dean se las ingenió para acercarla a él terminando por dejar ir un gemido entrecortado contra sus labios al notar como ambos sexos se rozaban de tal manera. Un roce realmente excitante y que le hacía temblar a cada mínimo movimiento de alguno de los dos. Respiró de manera algo entrecortada cuando Dean soltó su mano para acunar su rostro con suavidad y ella lo miró en silencio. En absoluto silencio. No le hacían falta palabras para entender la mirada de él y tampoco para que él entendiese la mirada de la mujer. En ese mismo segundo no había ninguna palabra que explicase lo que los dos estaban sintiendo. Ella colocó una mano en su cuello y con el pulgar acarició con mimo su mejilla mientras con la otra mano ella delineaba suavemente el labio inferior de él con las yemas de dos de sus dedos, admirando la perfección de estos, la perfección de aquel sencillo momento entre los dos. Aquel momento mágico que se creaba entre un hombre y una mujer en un momento tan íntimo como ese. Ella arqueó su espalda con suavidad a medida que, poco a poco, él se fue profundizando en su intimidad con lentitud. No pudo observar la expresión de Dean al entrar del todo, pues sus ojos se cerraron de manera inevitable. Pero lo que sí escuchó fue el gemido que escapó de los labios de Dean al entrar en su interior en su totalidad. Ella también gimió, pues era lo que deseaba hacer, con todas sus fuerzas. Y entonces abrió sus ojos y le miró solo para entreabrir sus labios cuando fueron rozados por los masculinos. Y le escuchó decir aquello creyendo que se lo había imaginado.

"No puedo vivir sin ti". Cinco palabras que casi hicieron llorar a la mujer. Llorar de la más pura felicidad. Pero presionó sus labios para no cargarse un momento como aquel y cuando Dean la besó con ese amor impreso en ese movimiento de su boca ella respondió rodeando el cuello de él y estrechándose por completo contra su cuerpo, presionando sus piernas contra las caderas de él y acercándolo a ella. Le quería. Cielos. Le quería más que a su vida. Y se sentía... Viva. Al darse cuenta de aquello en un momento así. Pero era algo que era mejor que él no supiera. No sabía cómo reaccionaría. Huiría. Se alejaría de ella. Y por puro egoísmo no podía alejarlo de sí. Aun así, trató de decírselo en aquel beso, en mitad de aquel lugar nada romántico ni nada propicio para lo que ellos estaban haciendo. Y a medida que él comenzó aquel balanceo de sus caderas, ella lo acompañaba. besaba los labios del hombre, los mimaba, se deleitaba con su sabor. Se deleitaba con cada uno de los suspiros que escapaban de sus labios, con cada una de sus respiraciones y los latidos de su corazón. Debido a un inevitable impulso provocado por el placer que la invadía, los músculos de su intimidad se contrajeron en un espasmo inevitable que atrapó un momento a Dean en su interior. Y sintió que necesitaba decirle algo de la misma intensidad de las palabras que él había pronunciado. Se separó de sus labios un segundo y, conforme se movía contra él acariciaba sus labios con los propios y su nariz con la punta de la suya.

-Eres todo cuanto quiero y necesito...- susurró mirándole a los ojos, asintiendo después y acariciando su cabello desde la sien- Jamás hubiera podido imaginar que... -y se quedó en silencio observando los ojos del cazador sin saber cómo diablos continuar aquella frase sin verle correr calle abajo después. Al final sacudió la cabeza y decidió volver a atrapar sus labios con los propios moviéndose en una especie de arrullo contra las caderas de él, un movimiento que la hacía estremecer entre los brazos masculinos.

Dean

Un hombre como Dean que nunca se había propuesto comprometerse, o estar tan enamorado de alguien como para destrozarse y recomponerse en un minuto escaso, cuando sus ojos ven morir a la mujer que ama, y más tarde puede volver a contemplar su magnífica figura, puede llegar a temblar suavemente entre los brazos de esa fémina por el significado escondido que tiene esa acción tanto íntima como natural. Un acto que llevaba el sentimiento de amor impreso y a la vez escondido entre besos, y jadeos al sentirse unido a ella.
Y es que cuando una persona se da cuenta de algo así, todo a su alrededor cambia de golpe. El mundo deja de girar y el tiempo se para en ese instante en que todo tu cuerpo de centra en guardar ese recuerdo tanto en tu mente como en tu corazón. Poder grabar en tu memoria qué se siente al tocar a esa mujer, en como las yemas de tus dedos recorrían el suave y perfecto contorno del cuerpo femenino, y como sus dedos estaban memorizando los lunares y marcas que su piel tenía. Poder guardarse como era su delicioso y dulce aroma que llenaba sus fosas nasales, o como era la suavidad de sus dedos al entrelazarse con los mechones dorados de ella, al enredarse suavemente con estos cuando sus dedos se internaban en su cabello o cuando aparta un rebelde mechón y colocarlo tras su oreja, con el único propósito que acariciar la perfección de su rostro, su mejilla con cierta timidez que nunca antes había mostrado y con un cariño conmovedor que era más de lo que él pudiese imaginar, o creer que tenía en su interior. La manera en que se profundizaba en el interior de la mujer, con tanta lentitud que era hasta desquiciante, cómo su cuerpo se retorcía de puro placer al sentir la presión de sus músculos interiores, como era atrapado en esa cárcel de carne tan maravillosa que le hizo de gemir de auténtico placer. O la suave voz de ella al hablar, el significado de sus palabras que escondían más de lo que a simple vista uno puede llegar a interpretar, y que, en ese momento, hizo al cazador temblar de pánico. No porque temiese que le quisiese o que él fuese la base que la sostenía, pues era un sentimiento mutuo y correspondido. Es algo mucho más profundo y complejo que todo eso, y es que temía la idea de poder rozar la felicidad absoluta junto a ella y que se lo arrebatasen como siempre le había pasado. El temor de un hombre destrozado, a que lo único capaz de recomponer las piezas que lo formaban, le fuese arrebatado para hacerle volver a caer en esa espiral de soledad donde su única arma era esa fachada que durante años había creado para que nadie pudiese ver al verdadero hombre que se escondía tras ésta.
Teniendo en cuenta la situación en la que se encontraba, el escuchar las palabras que Autumn le había dedicado y sin poder decir nada que pudiese explicar lo que por su mente pasó, ella como siempre y acertando en sus decisiones, le besó. La mujer volvió a tomar sus labios a la par que hacía desaparecer esos miedos que atenazaron al joven cazador, para devolverle al momento y a esas cuatro paredes que eran testigos de un acto tan puro como perfecto.
Dean, cegado por el sabor de sus labios, por la carnosidad de estos, y ese juego tan profesional que su lengua comenzaba con la propia, dejó morir un gemido en la boca de la joven cuando su cuerpo reclamó con más ansía el de ella, internándose con mayor ritmo y algo más de dureza, y sus manos, que creían conocer a la perfección la espalda de ella, tomaron un nuevo recorrido y viaje que se basaba en su torso desnudo, y en sus senos perfectos. Se entretenía en poder volver a comprobar la perfección con la que estaban formados, y que le daba a entender que estaban hechos para ser acariciados con sus manos que los aprisionaban para hacerlos quedar perfectamente cubiertos por sus manos. Su boca descendió por el mentón de ella y delineó su rostro hasta llegar al lóbulo de su oreja donde un mordisquito lo atrapaba entre sus dientes antes de entretenerse a pasar a la piel de su cuello, donde su boca se encargaba de dejar sutiles marcas que desaparecían al cabo de unos segundos.

Autumn

Tuvo que separar su boca de los suaves labios del cazador para gemir de manera entrecortada al sentir el nuevo ritmo impuesto por el hombre. Un ritmo que la electrizaba y que le hacía aferrarse al cuerpo de él con ambas manos llegando a hundir sus dedos en la espalda de él y arañando esta con las yemas de sus dígitos. Temblaba de manera entrecortada mientras sus piernas se aferraban a él aún más, estrechándole todo cuanto podía hacia ella. Pero sus manos no podían estarse quietas sobre la piel de él. Había demasiado que acariciar, demasiado que morder, que besar...

Alzó una de sus manos para llegar a introducir sus dedos en los cortos cabellos de su cazador a tiempo que un leve y susurrado "Dean" era musitado de manera algo febril de los labios de la rubia. Todo su cuerpo se estremeció cuando las palmas de las manos de Dean se ocuparon de acariciar y cubrir los pechos de ella de tal manera que parecía que las manos del cazador habían sido hechas solo para ella, solo para uso y deleite de su propia piel. Llevó la mano que no estaba ocupada en el cabello de él, hasta cubrir una de las manos con las que él cubría uno de los pechos de la rubia. Fue a morder el labio inferior de él, pero los labios de Dean tenían otra idea en mente y se dedicaron a delinear el mentón de ella hasta ascender a su oído. Movimiento que a Autumn le hizo temblar a causa del cosquilleo que los labios de él iban provocando sobre su piel. Y ese cosquilleo fue acompañado de una sonrisa algo nerviosa a la par que ladeaba la cabeza.

Porque, como si presintiese cada uno de los «movimientos del hombre que la hacía sucumbir al mayor de los placeres, sabía que sus labios se desviarían hasta su cuello de manera traviesa. Efectivamente, sus labios comenzaron a iniciar un camino de descenso por su cuello marcándolo a base de mordiscos, y ella se mordió el labio evitando esbozar una sonrisa triunfal por conocerle tan bien. Se movía contra él con presteza felina, acompañando cada una de las acometidas de Dean con un movimiento acompasado de sus caderas hasta que, llegado un momento, se vio obligada a apoyar una de sus manos encima de la superficie de la lavadora mientras arqueaba ligeramente su espalda hacia atrás dejando a la boca de Dean total acceso a su torso. Pero las manos de Autumn también eran traviesas y la que estaba acomodada en los cabellos de Dean comenzó a descender por su cuello hasta llegar a su torso, acariciando suavemente su pecho con las yemas de sus dedos, delineando el tatuaje que él llevaba sobre el corazón. Repasando dulcemente aquella estrella de cinco puntas de color negro para luego volver a acercarse a él y besar aquel dibujo varias veces. Alzó la mirada y besó su nuez y su mentón mientras su mano continuaba aquel descenso por el torso de él.

Marcaba sus abdominales deleitándose en las formas del cuerpo de él, un cuerpo que la volvía loca y le hacía desear cada vez más. Se estaba volviendo loca, se sentía llena de un calor que había echado tanto de menos durante aquellos días, no se había dado cuenta hasta ahora, pero el hecho de sentirle ahora tan cerca y tan dentro le llenaba de la sensación de que aquel hombre estaba hecho para ella y ella para él, y que quizás de un modo absurdo, por aquella misma razón, la mujer jamás había encontrado un hombre con el que quisiese pasar más de una noche en la cama... O más de unos pocos años de su eternidad. Y de nuevo, creyó que aquella leyenda del hilo rojo tenía razón. Vaya si la tenía...

Dean

Las manos traviesas de la mujer sobre su abdomen y torso delineando sus abdominales, y estimulando la piel que sus dedos acariciaban haciéndole gemir de puro y exquisito placer para los deleites de esa mujer que tenía dispuesta y entregada a sus caprichos. Los cuales hacía realidad a cada segundo que pasaba en su interior, y con sus manos recorriendo su delicado y suave cuerpo que se estremecía a cada acometida que acompañaba con la de ella, como si ambos cuerpos estuviesen creados el uno para el otro, y poder iniciar ese tipo de danzas en cada uno de sus encuentros fortuitos en los que la pasión hacía de las suyas para llevarlos a la máxima locura y lujuria. Las manos de Dean se aferraron al cuerpo femenino para abrazarla en una cárcel de carne y hueso con la que poder levantar su cuerpo en el aire, y así cambiar a una nueva postura en la que cada una de sus acometidas eran más dura que la anterior, y en la que la profundidad era mayor. Provocando en ese hombre el mayor de los placeres, y su cuerpo tensándose ante la presión que ejercían sus paredes en su miembro, haciendo que su boca se curvase ante los gemidos y jadeos tanto como por el esfuerzo como por el momento vivido entre ambos. Terminó por volver a colocar a Autumn sobre la lavadora, pues su cuerpo necesitaba mayor precisión y fuerza en sus movimientos que cada vez tomaban mayor velocidad y ritmo. Su boca, que volvió a tomar los labios de la vampiresa entre los propios y masajearlos con suavidad y dulzura, terminó por separarse para poder hablarle un segundo.

- Tócate... - pidió el joven cazador con una sonrisa picarona y tomando el labio inferior de la mujer entre sus dientes con un suave tirón que le hizo soltar una suave risa ante la expresión que adquirió el rostro de ella.

Autumn

Cuando el cazador cerró sus brazos en torno a ella, la mujer rodeó el cuello de Dean con sus brazos para luego acariciar sus mejillas con suavidad. Gemía de manera dulce y entrecortada contra los labios de Dean mientras sus piernas se mantenían aferradas a las caderas del hombre provocando una deliciosa presión en su intimidad. Presión que Dean rompía a cada instante en que entraba dentro de ella. Mordió su labio inferior de Dean suavemente conteniendo un gemido que fue a morir, vibrando contra este. Todo su cuerpo tembló anunciándole en aquel espasmo, que nació en su bajo vientre y la recorrió de arriba abajo, que su final estaba muy cerca. Que pronto no podría contenerse más. Así que se centró en disfrutar al máximo de aquello. Segundo a segundo. Jadeó cuando Dean volvió a dejarla sobre la lavadora antes de que él reclamara su boca como quien reclama una tierra inexplorada como propia. Y los labios de ella se tornaron impacientes, sedientos, como si nunca tuviese suficiente del sabor de Dean Winchester. Y entonces, abrió los ojos algo curiosa, alzando sus cejas cuando escuchó aquella palabra, aquella orden, más bien. Mordisqueó suavemente el labio de él y se separó humedeciendo los suyos suavemente conforme una de sus manos fue deslizándose entre ambos cuerpos hasta encontrar su propia intimidad donde comenzó a acariciar con suavidad con las yemas de sus dedos, abriéndose paso poco a poco hasta aquel punto tan sensible de su anatomía. El roce que provocaban sus dedos en su clítoris fue aumentando de ritmo conforme también aumentaba el roce de las caderas de ambos y también los gemidos de ella, que se vio obligada a echar la cabeza hacia atrás notando sus gemidos crecer en intensidad, y su cuerpo cada vez más al borde de ese abismo de placer al que Dean era capaz de arrastrarla como nadie.

Dean

El cazador se encontraba entusiasmado al contemplar el rostro de ella por las oleadas de placer que él le regalaba con gusto, y más como hacía caso a su orden para ver como su mano iba recorriendo el suyo hasta llegar a su intimidad donde se centró. Algo que enloquecía a Dean, pues sus dedos hacían que vibrase más su intimidad para lograr que el placer que él sentía fuese mayor hasta el punto de que no solo ella estaba a punto de caer por ese delicioso abismo, si no que el cazador se encontraba también al borde sin poder contenerse demasiado tiempo. Aprovechando los pocos instantes que tenía antes de poder retorcerse entre los brazos de su amante, el cazador paso de sus labios suaves y carnosos a los pechos de ella, haciendo que la mujer se echase suavemente hacía atrás arqueando su espalda como si esperase llegar al cielo que el cazador le proporcionaba. Teniendo así a la mujer, el hombre descendió en un recorrido que marcó a base de besos y mordisquitos hasta la zona más sensible de sus protuberancias centrándose en la zona más sensible de estos, y recorrerlos con el inicio de su lengua saboreándolos y estimulándolos ante su recorrido. Cuando notó como los gemidos y jadeos de la mujer, y su cuerpo se retorcía estando a punto del colapso de ese placer que ambos sentían, Dean volvió a ascender hasta llegar a su cuello, y sus manos acunar el rostro de ella para observar con deleite como sus facciones se descomponían al llegar al límite y su mirada insistía en que le devolviese la mirada para poder expresar, en un silencio roto por los gemidos de ambos, lo mucho que ella le importaba, callando un "te quiero" que era incapaz de decir, pues nunca se lo había dicho a nadie. Se sentía a la vez extasiado y tan vulnerable por ser arrastrado por esa marea de sentimientos que le envolvían y le hacían temblar delicadamente por el calibre de esos sentimientos que solo esa mujer había despertado en él.

Autumn

Su cuerpo se vio tendido hacia atrás mientras Dean lo recorría con su lengua, sus dientes y sus labios, sus ojos cerrados y sus labios entreabiertos respirando de manera agitada a medida que gracias al grácil toque de sus dedos y el ritmo de las caderas de él la propulsaban fugazmente al orgasmo. Gimió de manera suave y entrecortada hasta que ni siquiera sus dedos pudieron seguir el ritmo de sus gemidos y de los estremecimientos y contracciones en su propio sexo. Contracciones que aprisionaban al cazador y que a su vez la arrastraban aún más al placer en su máxima expresión. Cuando las manos de Dean se dirigieron a sus mejillas y acunaron de esa manera su rostro, la vampira abrió los ojos, y la mano con que se ocupaba de darse placer fue a parar a la espalda baja del cazador para poder mantenerse erguida y cerca de él. gemidos entrecortados, el uno contra el otro hasta que ella tembló una última vez, aferrándose con ambas manos al cuerpo de él, arañando su espalda con las yemas de sus dedos y gimiendo el nombre de él como forma de mantenerse atada a la cordura. Y así, se dejó ir contra el cazador, explotando de manera irrefrenable mientras sus ojos no querían perder detalle de la expresión del rostro de él. Y estaba claro que aquel lúgubre sótano lleno de polvo no era el lugar idóneo para algo como aquello. Pero en ese preciso momento, Autumn no quería estar en ningún otro lugar. Allí, sobre aquella lavadora, entre os brazos de aquel hombre, aquel cazador cuyos ojos la miraban como si no hubiese nada más precioso en el mundo. Aquella mirada que le hacía sentir la mujer más importante de la tierra.

Dean

Uno no sabe hasta qué punto alguien es importante hasta que siente que podría explotar y recomponerse en una milésima de segundo por la mirada de la persona que lo tiene atrapado. Así se encontraba el cazador, atrapado entre esos brazos que se amarraban a su espalda, y su intimidad por la mujer que le arrebataba cada uno de sus gemidos y jadeos con una maravillosa presión que le llevaba a lo más alto y a la vez al mismísimo infierno. Algo que no le importaba cuando podría escuchar sus gemidos entremezclados con su nombre aclamando su cuerpo, y él, incapaz de hacer otra cosa, se movió con más dureza y más fiereza hasta que su cuerpo no soportó más la tensión del momento y se dejó ir en el interior de ella, explotando en una serie de pequeñas sacudidas de su cuerpo ante tal placer que le descomponía como el nombre de ella dicho por el cazador entre jadeos sonoros que acalló al dejar un beso lento y tierno en los labios de ella. Podía ser el hombre más basto y duro en la faz de la tierra, y en ese instante en que su cuerpo y mente estaban siendo desechos en una sacudida de sentimientos y placer, era como un flan entre los brazos de ella. Sus brazos se movieron suavemente hasta rodear el cuerpo de su mujer entre los propios en una especie de cárcel de hueso y carne, hundiendo su rostro en el hueco del cuello de ella y dejar pequeños besos, mientras sus caderas todavía se movían muy lentamente hasta terminar por quedarse quieto en su profundidad. No quería tener que separarse de ella, volver a perder esa calidez que tanto le hacía sentir en casa, y en verdad tampoco era capaz de moverse, su cuerpo seguía en tensión y su corazón latía de forma desenfrenada a causa del esfuerzo y de lo que sentía por ella.

- Cariño... ¿Estás bien? - Preguntó el cazador cuando fue capaz de salir de ese refugio improvisado que era el hueco del cuello de la fémina para volver a mirar el rostro de ella tomando éste con sus manos y acunarlo con mimo y cariño, apartando sus mechones dorados con sus dedos para dejarlos reposar tras sus orejas y volver a dejar que sus pulgares delinearan con la yema de sus dedos el contorno de esas delicadas y perfectas mejillas.

Autumn

Aguantó aferrada a su espalda, a su cuerpo mientras él continuaba moviéndose con ese ritmo algo más duro en aquel final. Pues ella era consciente de que, aunque ella había encontrado su liberación, el cazador seguía necesitando la propia. Y ella no se lo iba a negar en un momento como aquel. Por eso se aferraba a su cuerpo observando en silencio, solo roto por los gemidos que escapaban de los labios de ambos, el rostro del cazador. Sus muecas, la expresión de su rostro al sentir el calor de la intimidad de ella. Y sobre todo la tranquilidad, la liberación y el placer en su expresión cuando al final terminó dentro de ella. La vampira, cuando Dean acudió a buscar refugio en el hueco de su cuello, rodeó su cuerpo con sus brazos acariciando suavemente su cuello y su espalda suavemente perlada en sudor. Sudor que en ese momento le daba igual, a decir verdad. Una vez dejó de moverse, ella sintió que el cuerpo de él seguía tenso mientras su corazón latía de manera acelerada. De modo que lo acunó levemente, meciéndolo entre sus brazos con cariño. Cuando tuvo la mirada de Dean frente a la propia y las manos de él en sus mejillas, ella volvió a sentir aquel calor reconfortante en su abdomen al volver a escucharle llamarle "cariño". Una sola palabra. Una palabra que le hacía sentir que había tomado la decisión correcta al dejarlo todo por él aquel día. Las manos de ella acariciaron su pecho con suavidad y ella asintió llevando sus manos a las muñecas de él, acariciándolas con cariño.

-Estoy bien...- asintió- Claro que estoy bien- dijo con una enorme sonrisa en sus labios antes de buscar los de él- ¿Y tú? - preguntó llevando sus manos a las mejillas de él y alzando una de ellas a una de sus sienes para apartar una suave gota de sudor que caía por la piel del cazador.

- Ha sido...- y al no encontrar palabras rio suavemente- Lo necesitaba...-musitó antes de volver a besarle una, dos, tres veces.

Dean

Respondió ante la sonrisa que la rubia le dedicaba, y más cuando sus palabras afirmaban que estaba bien, que todo entre ellos estaba bien y que ella había disfrutado de aquel encuentro placentero. Eso era todo lo que él necesitaba en ese momento de debilidad en que se mostraba como el verdadero hombre que era, sin fachadas de por medio ni bromas sarcásticas, ni tampoco el cazador que solía ser casi a tiempo completo a excepción por esos momentos que le regalaba a esa mujer que le devolvía la mirada. Respondió a cada uno de sus cortos besos antes de responder a su pregunta.

- Genial, y también lo necesitaba... - Afirmó el joven con una especie de sonrisa amarga por todo lo que había vivido esos días atrás y que volvieron a sacar al Dean de siempre, o casi. Dejó un último beso en los labios de ella antes de separarse para coger la ropa de ella del suelo y dársela. Él hizo lo propio y se vistió en apenas un par de minutos en los que su mirada rehuía la ajena, por tener que contarle todo lo sucedido sin saber cómo hacerlo y tener que dar una explicación a por qué llevaba esos vaqueros en vez del traje con el que le había visto entrar en esa caja. El cazador estaba dispuesto a darle las explicaciones debidas y a contarle todo respecto a ese mundo alternativo, o, mejor dicho, darle un sencillo resumen en donde no meterse en detalles de cómo se sintió, lo que la echo de menos, o como fue la relación con la otra Autumn... Ella se lo imaginaría y tampoco deseaba torturar a su chica con todo aquello. Además, primero quería encargarse de deshacerse de esa maldita caja de una vez por todas, y que todo eso quedase atrás. Con esa idea en mente, subió escaleras arriba junto a su reencontrada Autumn y salió de la casa para encontrarse de frente su preciado y maravilloso coche esperándole aparcado en la acera. Se giró hacía la vampiresa con una gran sonrisa en sus labios, y con el dedo índice la señaló.

-Tú quieta aquí, donde te pueda ver... - Dicho eso, bajó las escaleras del porche de dos en dos y corrió hasta su vehículo, al cual abrazó como a un viejo compañero de aventuras. Tras esa alegría por el reencuentro con su coche, Dean rodeó éste para llegar al maletero y encontrarse con que las llaves del coche estaban en el bolsillo de su pantalón de donde nunca debieron haber salido ni desaparecido. Elevando éstas en el aire y dirigiéndoles una sonrisa de "complicidad", las metió en la cerradura del susodicho maletero para abrirlo y del doble fondo sacar una garrafa de gasolina con la que roció toda la casa y le prendió fuego para cerciorarse de que esa endiablada caja había llegado a su último día.

Ya en el coche y de camino al Motel, el cazador tuvo que explicarle a Autumn lo que había sucedido y responder a las preguntas que la rubia tenía preparadas para él.

- Cuando entré en esa caja... Encontré que había varias palabras escritas en un idioma que no reconocía y estas se iluminaron. Lo siguiente que recuerdo fue que al salir tú ya no estabas allí ni tampoco el coche, ni tampoco había reservado la habitación. Por la noche, pensé en qué mejor forma de meditar que con una buena copa en la mano, por lo que me dirigí a un bar donde te encontré... Pero no eras tú... En resumidas cuentas, era una especie de universo paralelo en el que tú y yo no llegábamos a conocernos. Mi otro yo moría, y tú te acostabas con cualquiera... Trabajamos juntos hasta que dimos con una bruja y un demonio que fueron los responsables de todo este entuerto, encontramos la caja y llegue de nuevo a mi realidad... Eso es todo... - Prefería no decir que la había visto morir, ni como fueron esos días en que se desesperaba al no encontrar pista alguna, o en sus dudas de volver a su realidad... Demasiadas cuestiones que temía que le sentasen mal a su Autumn, y perderla.

Al llegar al motel, Dean pidió recoger las cosas e irse de ese pueblo cuanto antes. No quería pasar ni un minuto más en esa zona y con eso en mente, metió todo en el coche y comenzó a conducir a uno de los pueblos más cercanos, a seis horas de camino. Ya se encargaría de dormir y comer... Lo primero era alejarse de allí y de toda esa mala experiencia.