Los adoro, juntos, bien revueltos. Me encanta eso de que Koganei comprenda todo lo que quiere decir y que Mitobe siempre esté a su lado. Su complicidad es demasiada. SE AMAN.
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Mitobe x Koganei: "Koganei le sonrió nuevamente y le dijo que no había problema, que podía entenderlo. Era verdad, el chico podía interpretar cada gesto de parte de Mitobe y este no podía sentirse más a gusto. Tenía un amigo. El mismo que al entrar a Preparatoria, se convirtió en su primer amor."
Su todo
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Cuando se conocieron, Koganei fue quién se acercó a él primero. Mitobe no era bueno tratando con las personas, desde pequeño, y debido a eso cuando entró a primaria sufrió de bullying. ¿Resultado? No se atrevía a hablar, era como si su garganta se cerrara con fuerza cada vez que alguien se acercaba para conversarle.
Sus padres lo llevaron a un montón de médicos y psicólogos, los que dieron por conclusión que su padecimiento era debido a una "autodefensa". Dijeron que Mitobe quería pasar desapercibido para no sufrir de acoso de nuevo, temiendo que su opinión o dichos pudiesen desatar una agresión.
Quizás fuese inconsciente, quizás no. Mitobe sólo sabía que no podía hablar y que a esas alturas tampoco quería hacerlo.
Como terapia, lo habían inscrito al club de básquetbol de su escuela y el azabache se dio cuenta de lo mucho que le gustaba el juego, además, eran varios niños, así que nadie se concentraba en él particularmente.
Excepto él.
—¡Hola! Mi nombre Koganei Shinji, te he visto jugar ¡lo haces increíble! También quiero hacerlo, parece divertido —dijo el chico sonriendo, sus labios felinos lo hacían ver muy agradable.
Mitobe no sabía si era su parecido con un gato, animales que a él le encantaban, o la singular simpatía del chico, pero terminó por asentir hacia él. Un gesto suave, sonriendo de lado.
—¿No eres de los que hablan mucho verdad? —Soltó el castaño y Mitobe negó lentamente, temiendo espantarlo debido a su silencio o que el chico ya no quisiera jugar con él.
Pero nada de eso pasó, porque Koganei le sonrió nuevamente y le dijo que no había problema, que podía entenderlo. Era verdad, el chico podía interpretar cada gesto de parte de Mitobe y este no podía sentirse más a gusto. Tenía un amigo. El mismo que al entrar a Preparatoria, se convirtió en su primer amor.
Koganei jamás se había separado de él, ni siquiera cuando la madre de Mitobe le contó por qué su hijo no hablaba. Siempre se mantuvo a su lado, observándolo con atención, percibiendo todas y cada una de sus emociones.
Jamás le exigió que dijera ni una sola palabra, ni siquiera cuando se dio cuenta de los sentimientos del más alto.
—Mitobe, yo… espero no estar malinterpretando las cosas, pero… yo también… digo, no sé si tú… ¡ah! ¡No puedo con esto! —Exclamó con frustración y el azabache sonrió con el sonrojo extendiéndose por sus mejillas.
Porque así como Koganei lo podía comprender perfectamente, él también. Sabía lo que Koganei quería decirle y él era bueno con la acción.
Mitobe se inclinó para besarlo, un suave toque de labios y sintió los de Koganei temblar entre los suyos. Él estaba igual de nervioso, aferrándose al bolso que colgaba de su hombro y la otra mano estrujando su uniforme, no se atrevía a tocarlo.
Se separó y le sonrió a Koganei, porque se sentía demasiado feliz, se sentía eufórico, con su corazón golpeteando con fuerza su pecho.
—Me gustas, Mitobe, mucho —soltó el castaño, tomándolo del borde de la chaqueta del uniforme y jalando para que volviera a reclinarse, besándolo de nuevo—. Demasiado.
Koganei se atrevió a abrir la boca para poder encajar sus labios, chupando, jalándolo y a veces mordisqueando. Saliva y dientes. Era el primer beso de ambos y aunque era un poco descoordinado a veces, se sentía demasiado bien. Tibio y dulce.
Cuando se alejaron de nuevo, Mitobe no podía dejar de mirar esos labios felinos, estaban mojados y rojos por su culpa. Le dio un beso sonoro, luego otro y otro más.
—Detente, me va a dar algo —dijo Koganei entre risas, para darle otro besito dulce.
Mitobe sonrió cuando el chico entrelazó los dedos con los suyos cuando comenzaron a caminar.
El azabache no sabía si alguna vez podría volver a hablar, porque Koganei era su voz. Más que eso, era su complemento, su otra mitad. Su primer amor. La recompensa a lo sufrido cuando era niño, porque si esa era la condición para conocer a Koganei, volvería a vivirlo una y otra vez.
Sus reviews siempre son amados...
Besos de gato~
