¡YAHOI! Y llega el veintiuno.

Espero que os guste.

Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.


Food play


Se imaginó en un lugar, muy lejos de allí, un lugar hermosos, una playa, siempre le había gustado mucho el mar. Se imaginó vistiendo un bañador o un bikini a la última moda, tumbada sobre su toalla con el sol calentando deliciosamente su piel, un libro en las manos y el olor a sal flotando en el aire.

Aquello consiguió relajarla lo suficiente como para que pudiera controlar su respiración, de forma que los pausados movimientos no provocaran que la comida que yacía sobre su cuerpo desnudo se precipitara al suelo.

Si alguien le hubiera dicho meses atrás que estaría haciendo algo como eso por dinero se habría reído en su cara, pensando que se trataba de una broma. Pero cuando te echan de casa solo porque quieres perseguir tus sueños y no cumplir los de tu padre, cuando no tienes donde caerte muerta y te ofrecen una cantidad más que aceptable de dinero por dejar que otras personas, en su mayoría hombres, coman sobre ti en estado de total desnudez… Bueno, para ella la elección había estado clara.

El murmullo del restaurante la acunó y luchó contra el sueño que siempre la invadía, como si su propio cerebro quisiera protegerla de la vergüenza y el bochorno de la situación en la que estaba. Intentó pensar en otra cosa que no fueran las manos de los desconocidos que estaban sentados a su alrededor, rozando su piel cada vez que alguno cogía alguna de las delicias que cubrían su cuerpo. Escalofríos la recorrían cuando alguna de esas manos se demoraba un poquito más de lo normal, especialmente en aquellos bocados que reposaban en sus pechos o peligrosamente cerca del interior de sus muslos, a pesar de que las normas del restaurante prohibían claramente cualquier clase de tocamiento inapropiado. La consecuencia de que la dueña pillara alguno de esos roces indecentes era perder el derecho a entrar en aquel exclusivo local donde podías tardar un año entero en encontrar una mesa.

Empezó a sentir los músculos agarrotados y rogó porque su turno terminara pronto. Las cenas siempre eran agotadoras porque era cuando los clientes se demoraban más en marcharse, alargando la velada con charlas insustanciales o a veces conversaciones más serias, como si ninguno de ellos tuviera las ganas de irse a su casa.

Ella siempre había intentado no prestar atención a las conversaciones que se desarrollaban a su alrededor, sabedora de que, muy probablemente, se ruborizaría de indignación. La noche parecía ser siempre testigo de lo peor del ser humano.

Suspiró de alivio cuando, tras unos minutos de no sentir nada, la encargada se acercó a ella y le dijo que ya podía levantarse.

Abrió los ojos y, esperando un poco más a que las camareras retiraran la comida sobrante de su cuerpo, se levantó, quedando sentada. Sus huesos y sus músculos protestaron por el cambio tan brusco de postura, e hizo una mueca cuando empezó a sentir que la sangre corría de nuevo, causándole el siempre incómodo hormigueo.

―¿Te encuentras bien?―le preguntó Tenten, una de las camareras, frotándole los brazos y los hombros.

―S-sí, gracias. ―Le castañetearon los dientes y se aferró al borde de la mesa, mientras Tenten le pasaba una manta por encima. Se arrebujó en la misma, agradecida, y cogió entre sus pálidas manos la taza de té caliente que Tenten le pasó. Por el rabillo del ojo vio como por todo el salón las demás camareras se ocupaban también de sus compañeras. Arrebujada en su propia manta unas mesas más allá, Ino le sonrió, levantando su propia taza de té en su dirección. Lo mismo hizo Sakura, en la mesa que estaba justo a su lado. Les devolvió el gesto. Aquellas chicas habían hecho más por ella en los últimos meses que su propia familia en toda una vida. Si no fuera por ellas, habría pedido el valor y habría vuelto a casa con el rabo entre las piernas, humillada y teniendo que soportar las miradas duras y condescendientes de todos sus parientes.

―¿Vas bien, Hinata?―Dio un sorbo al té caliente y asintió.

―Sí, ya voy mejor.

―La jefa ha dicho que podéis iros cuando queráis… ―Calló. Pareció repentinamente incómoda por algo y Hinata la miró, con curiosidad.

―¿Ocurre algo?

―No, bueno… Es que… no sé si debería…

―Hinata. ―Ambas muchachas se giraron. Tsunade Senju, la dueña del restaurante y a la que Sakura e Ino habían convencido para que la contratara, fue junto a ella―. Buen trabajo hoy.

―Gracias. ―La mujer quedó callada unos segundos. Hinata esperó a que ella o Tenten decidieran hablarle. Parecía ser algo importante y por experiencia sabía que presionar o apresurar a la gente no era la mejor vía para obtener información.

―No suelo hacer esto, Hinata, quiero que lo sepas. Es más, me negué en redondo al principio, pero fue tan insistente… Ese niño… no sé cómo lo hace, pero siempre consigue lo que quiere… ―Extrañada por su perorata, Hinata dejó la taza encima de la mesa y cogió las manos de su jefa, sonriéndole cálidamente.

―¿Qué es lo que pasa?―Tsunade tomó aire.

―Hay… hay alguien que quiere conocerte. Uno de los clientes habituales…

―No―cortó Hinata, con voz firme―. Lo dejé claro el primer día: si esto daba pie a-

―¡Por Dios, niña, claro que no! ¡Ni lo pienses siquiera!―Tsunade volvió a respirar hondo, tratando de calmarse―. El hombre es cuestión es más terco que una mula. Lleva semanas insistiéndome para que os presente. Suele venir de cuando en cuando y, en parte, sin él no hubiera sido capaz de salir adelante con el negocio. Le debo mi éxito y, además, lo conozco desde que era un bebé en pañales. Te garantizo que no hará nada que pueda hacerte sentir mal. Sabe que lo despedazaré si lo hace. ―El tono de feroz sobreprotección conmovió a Hinata.

Consideró su petición. Tsunade parecía realmente avergonzada de estarle pidiendo aquello, per por otra parte, ella le debía su supervivencia y su vida actual, al igual que a Ino y a Sakura. No le haría daño conocer al misterioso cliente ¿verdad que no?

―Está bien, Tsunade. Dile que lo veré en cuanto pueda y-

―Te está esperando. ―Hinata pestañeó.

―¿A-ahora?―tartamudeó.

―Uno de sus muchos defectos es que carece de paciencia. De hecho, ya habría irrumpido aquí como Atila el huno de no ser porque le dije que le prohibiría la entrada de por vida si se atrevía. Entenderé si no quieres verlo. Ahora mismo, ni yo misma quiero tenerlo delante―gruñó su jefa. Hinata reprimió una sonrisa.

―No… vale. Solo… me sorprendió. Deja que me vista y ya salgo. ―Tsunade asintió.

―Cuando estés preparada, ve al salón privado de la parte trasera. Izumo y Kotetsu estarán custodiando la puerta, así que no tienes que temer nada. Si en algún momento te quieres grita, solo chilla y yo misma acudiré a sacarte de allí. ―Hinata se conmovió aún más. Le apretó afectuosamente las manos.

―Gracias, de verdad. No sé qué haría sin ti. ―Tsunade le sonrió y luego se marchó para hablar con las demás chicas, comprobando que todas estuvieran en perfectas condiciones.

Muerta de curiosidad por quien podría ser el misterioso hombre que tanto ansiaba conocerla y al que Tsunade parecía tener en alta estima, se metió en lo que ellas llamaban los vestuarios y se cambió, volviéndose a poner su larga falda y su camiseta de manga larga. Se calzó sus sencillas deportivas blancas y se puso su chaqueta. Agarró su bandolera y, mirándose en el espejo para comprobar que todo estaba en su sitio, salió en dirección al salón privado de atrás.

Saludó a los dos guardias de seguridad que, tal y como había dicho su jefa, guardaban la puerta. Respirando hondo, empujó y atravesó la entrada, quedando momentáneamente cegada por la brillante luz del interior. Tardó unos segundos en habituarse de nuevo a la claridad y, cuando lo hizo, sus ojos toparon con el hombre más impresionante que había visto en sus veinte años de vida.

Alto, rubio, de ojos azules, unas curiosas marcas en sus mejillas, piel bronceada, boca de ensueño y cuerpo de Dios griego.

Sintió cómo se le cortaba la respiración al percatarse de que esos dos pozos azules como el cielo la observaban. Una sensual sonrisa curvó sus también sensuales labios y Hinata sintió que sus piernas se convertían en mantequilla.

Tragando saliva, intentó recomponerse todo lo que pudo, antes de avanzar unos pasos.

―Bu-buenas noches―maldijo su inoportuno tartamudeo―. Tsunade me ha dicho que quería verme…

―No hace falta ser tan formales, Hinata. ―Su voz envió una corriente eléctrica por todo su cuerpo. Era ronca, con un deje de diversión que la hizo estremecerse. Pestañeó al darse cuenta de que él la había llamado por su nombre de pila.

―Di-disculpe… ¿quién… ―Él rio, metiendo las manos en los bolsillos de una caro traje de marca, claramente hecho a medida.

―Oh, vamos, es imposible que te hayas olvidado de mí. No ha pasado tanto tiempo. ―Confusa por sus palabras, Hinata lo repasó con la mirada. El pelo rubio, los ojos azules, la piel morena, las marcas en las mejillas…

Fue como si le hubieran dado un puñetazo en el estómago cuando, escarbando en sus recuerdos, su mente dibujó un rostro más joven, extremadamente parecido al del hombre frente a ella. Los ojos se le llenaron de lágrimas.

―¿Na-Naruto-kun?―Él sonrió, quitándose la chaqueta y dejándole sobre el respaldo de una silla. Hinata creyó que el corazón se le saldría del pecho en cualquier momento. Hacía tantos años que no lo veía… ―. ¿Qué…

―Primero, comamos. Estoy seguro de que no has probado bocado en toda la noche. ―El estómago de Hinata escogió ese preciso momento para protestar, estropeando así el bonito reencuentro, un reencuentro que Hinata estaba segura de que nunca jamás se produciría, no al menos fuera de sus sueños.

Temblando como una hoja, se dejó caer en una de las sillas frente a Naruto. Bebió ávidamente de su copa de agua en cuanto la vio, intentando aflojar el nudo que sentía en la garganta.

―T-tú…

―Come. ―Le tendió un platito con sushi y tomó uno, mordisqueándolo, intentando distraerse de los furiosos latidos de su corazón―. Lo vas a destrozar. ―Antes de que Hinata pudiera saber lo que estaba pasando, él se había levantado, arrodillado a su lado y obligado a meterse el sushi en la boca. Se tensó como una cuerda de guitarra cuando notó el rostro masculino hundirse suavemente en su cuello, siguiendo en sentido contrario la trayectoria de su garganta al tragar el bocado.

Intentó apartarse pero él no se lo permitió, fijándola a la silla con sus manos grandes y cálidas.

―Naru-

―No tienes idea… de lo mucho que te extrañé. ―Aquella declaración, susurrada en su oído, hizo que su corazón martilleara con más fuerza si cabe contra sus costillas. Cerró los ojos, negándose a creer en sus palabras.

―N-no mientas… ―Un gemido escapó de sus labios en cuanto él acarició uno de sus senos por encima de la camiseta; aprovechando que había abierto la boca, le coló dentro otro bocado de sushi, usando su propia lengua para empujarlo hasta su garganta, en un beso que la hizo derretirse y echarle los brazos al cuello.

―No miento―le dijo, cuando terminaron el beso. La voz ronca la hizo temblar. Naruto subió sus manos y acunó sus mejillas dulcemente, mirándola fijamente con sus orbes azules―. Te extrañé como no tienes idea. ―Hinata cerró los ojos, negando.

―T-te fuiste… y m-me dejaste sola… p-prometiste que nunca… ―Un sollozo ahogó sus palabras.

―Tenía que hacerlo―gruñó, agarrando ahora un pedazo de un bizcocho relleno de nata que tenía una pinta estupenda. Lo pasó por los labios femeninos, manchándolos de nata, repasándolos luego con la lengua para retirarla y besarla nuevamente.

Hinata sabía que estaba jugando con ella, aprovechándose de la debilidad que ella siempre había sentido por la comida, por el placer de comer. Naruto Uzumaki era el único que conocía todas y cada una de sus debilidades, de sus más oscuros y secretos anhelos y deseos.

―Tenía que hacerlo―repitió él, cuando dejó de besarla―. O no habría sido capaz de contenerme, y tú no eras más que una niña. ―Hinata se quedó sin respiración.

―N-no es verdad… ―intentó protestar, débilmente. Naruto bajó por su cuello hasta el valle entre sus pechos. Levantó la camiseta por encima de los mismos, depositando un nuevo trozo de bizcocho entre el hueco que había entre el sujetador y su pálida piel. Lo fue saboreando lentamente, metiéndolo en la boca de forma pausada y tranquila, arremolinando su lengua una y otra vez, mordisqueando al mismo ritmo que iba tragando.

Hinata suspiró, echándose hacia atrás y permitiendo que él se recostara sobre ella.

―Lo es―asintió Naruto, mirándola fijamente a los ojos desde su posición dominante sobre ella, todos sus músculos tensos bajo la camisa―. Habría hecho una locura, tarde o temprano, y lo sabes, porque nuestros besos habían dejado de ser suficiente. Y tú lo sabes. ―Hinata cerró los ojos con fuerza, rememorando los encuentros clandestinos en los que él la besaba y la abrazaba, en los que le decía lo hermosa que era y lo mucho que la quería.

Sintió de nuevo los labios masculinos besándola, mientras que le desabrochaba el sujetador para poder tener acceso a sus senos.

―N-no…

―No tienes ni idea… ―empezó a decir Naruto, mientras impregnaba de algo que Hinata creyó identificar como nata, sus pezones. Aquello era la mar de surrealista, pero ella tampoco estaba segura de querer detenerlo―. De lo que sentí… ―Rozó los pulgares en sus puntas rosadas, endureciéndolas y manchándose de nata. Llevó los dedos a sus labios y la obligó a abrirlos y a chuparlos―. Cuando te vi ahí fuera… ―gruñó.

―Naruto-kun… ―Gimió ella en cuanto su boca se apoderó de uno de sus pechos, succionando la nata que los manchaba con las ganas de un recién nacido que estuviera hambriento de leche materna.

Era como si una puerta se hubiera abierto al pasado, como si el tiempo no hubiera pasado y como si el chico al que amaba, ahora convertido en todo un hombre, nunca se hubiese ido de su lado.

Sintió como sus faldas eran enrolladas en sus caderas y como una de las manos grandes y cálidas de su amante ahuecaba su sexo, acariciándolo luego sobre las bragas, sintiéndolas húmedas de su propia excitación. Gimió sin poderlo evitar, echando las caderas hacia delante, rogando por algo que ni ella misma sabía que quería.

Cuando se atrevió a abrir los ojos y a mirar a aquellos dos orbes azules, brillantes, observarla con deseo pero también con amor, supo que aquellos tres años de ausencia no significaban nada. No cuando podía volver a tenerlo entre sus brazos.

Se inclinó hacia delante, sintiéndose lo bastante osada como para embadurnar sus propios labios de nata, besándolo y obligándolo a chupar todo el dulce de su rostro. Naruto gimió, extasiado y encantado con su rendición, aferrando su cabeza para que no se volviera a alejar.

Había sido una auténtica tortura tener que aguantar ver cómo otros tocaban su cuerpo cubierto de deliciosas viandas mientras que él no podía hacer más que mirar. Casi había tenido que recurrir al chantaje para que Tsunade accediera a convencerla de que lo viera, seguro de que no querría verlo si sabía que era él.

Su intención había sido seducirla, castigarla por atreverse a mostrar su precioso cuerpo a otros que no eran él.

Pero ahora que podía volver a tenerla estaba perdido, tan perdido como cuando no era más que un chiquillo de veintidós años que babeaba por una niña de diecisiete.

―Te amo―le dijo cuando se separaron, jadeantes. Lamió con la punta de la lengua una gotita de nata, viendo como los ojos perlas se aguaban―. Y ahora no hay nada que me impida tenerte. Ya no.

―Naruto-kun… ―Lo abrazó contra ella, feliz, dejando que volviera a alimentarla con su propia boca.

Ahora que sabían que nada se interpondría entre ellos, podían darse el tiempo y el espacio para amarse sin condiciones.

Incluso con juegos tan placenteros como este.

Fin Food play


Dios mío, creo que este es el OS que he escrito para el reto... Os juro por Dios que no pretendía hacerlo ni tan largo ni tan sentimental pero... ¿sabéis eso que pasa que de repente estás escribiendo y la inspiración hace de las suyas impeliéndote a liberar todas esas ideas que de pronto te están llegando en casacada sin que puedas detenerlo porque es algo superior a ti?

Sí, eso mismo me acaba de pasar con este OS, porque está recién salidito del horno. Y tuve que frenar porque sino me salía casi una historia completa, os lo juro.

En fin ¿me dejáis un review? Porque, ya sabéis:

Un review equivale a una sonrisa.

*A favor de la campaña con voz y voto. Porque dar a favoritos y follow y no dejar review es como manosearme una teta y salir corriendo.

Lectores sí.

Acosadores no.

Gracias.

¡Nos leemos!

Ja ne.

bruxi.