Capítulo 21

Regina está sentada en el borde de la ventana de su cuarto en la casa de Morgana. Mira fijamente el horizonte, buscando el mar más allá de los árboles, caminos, jardines y montañas de la isla. Inhala profundamente y sus párpados se encuentran. La morena buscar en el aire el perfume de la mar y sonríe al olerlo mientras en sus oídos susurra el ondear de las olas.

La heredera de Avalon…

La revelación de su abuela retumba en su alma. ¿Cómo es eso posible? Regina entró en shock en la gruta de los espejos. Ya estaba frágil por las imágenes de su no-pasado, por la constatación de que su camino se entrelaza con tantos otros, en tantos niveles, que se había asustado. Y entonces se dio cuenta de que si hubiera desviado un paso hacia el lado de lo que presenció, jamás habría tenido a Henry, su niño, su pequeño príncipe. Tan suyo como si ella misma lo hubiera parido. Y jamás habría Emma Swan…la petulante rubia que le perturba todos los sentires y sentidos.

Morgana, al darse cuenta del estado de Regina, la había acogido en sus brazos y llevado a casa. Sabiendo que era el momento de dejar a la nieta sola, le preparó un té de flores y se marchó al jardín. Esperaría a que la reina la buscara.

Después de llenarse del mar y de sentirlo calmo dentro de sí, Regina toma valor para abrir el cuaderno que Taliesin le había entregado. Sonríe al encontrar la letra sencilla del padre, tan clara como siempre había sido su amor por ella. Hay anotaciones diversas en él, un trabajo botánico digno de toda una vida observando la naturaleza, estudiando sus minucias. Unas páginas más adelante, encuentra hechizos curativos detallados para las más diversas dolencias. El cuaderno le parece tan lleno de cariño y cuidado que Regina casi siente el toque de Henry en sus manos, al tocar el papel o pasar la página.

La noche ya se anuncia y la temperatura cae un poco en Avalon. La reina sabe que no puede huir para siempre de las preguntas que tiene y que tendrá que conversar con su abuela si quiere esclarecerlas. Aun así, no se siente preparada para escuchar lo que ya sospecha. La nostalgia de su hijo la invade con fuerza. La mirada perspicaz y tierna, sus maneras curiosas y tenaces, la testarudez. Su niño…tan parecido a Emma y a ella misma que, a veces, es difícil creer que Neal haya tenido alguna participación en él. La morena se recoge los cabellos en un sencillo moño y se encamina hacia el pequeño tocador que hay en el cuarto. Toma en sus manos un sencillo espejo, que le permite ver con precisión su propio rostro. Sin conseguir resistirse al impulso, hechiza el objeto y focaliza su pensamiento. En un instante, la imagen de Henry aparece y ella sonríe.

Mientras anochece en la isla, en Camelot aún parecer que es media tarde. Henry está sentado en una esquina del castillo con un instrumento de cuerda en sus manos que él no conoce. Parece conversar con alguien mientras intenta averiguar el mecanismo para producir sonidos del objeto que sujeta. Regina amplia su campo de visión y enseguida ve a Kevin, el arpista. Con algo más de magia, consigue escuchar la conversación entre los dos.

«¿Ya habéis estado en Avalon?» pregunta Henry

«Algunas veces…» el músico no lo mira, concentrada en su arpa

«¿Entonces tenéis magia?»

«Diría que las personas de la isla aprecian una buena música y les gusta entretenerse escuchando historias, cosa que es muy buena para mí, que soy un bardo. Y sinceramente creo que la música es un tipo de magia»

«Entonces, no es tan difícil atravesar las brumas, ¿verdad?» el muchacho lo mira, ansioso

«Ni lo piense, joven príncipe» Kevin lo mira a los ojos «Yo solo consigo atravesar las brumas sin perderme porque recibo un salvo conducto de la Dama del Lago. En caso contrario, jamás conseguiría pasar. Por favor, prometedme que no intentareis coger la barca» el arpista se pone serio y solemne.

Henry respira hondo. Piensa en esa posibilidad desde que había llegado a Camelot. Junto con Belle, había leído historias sobre la isla mágica, escuchado relatos de Branwen y de sir Elfen y cada día, al caer la tarde, iba a visitar los embarcaderos.

«Está bien, no iré…de todas maneras no tengo lo necesario para hacer la travesía» su voz es triste, lo que encoge el corazón de Regina al escucharlo.

«No seáis tonto, joven príncipe. Vos tenéis un don y tenéis que estar orgulloso de él» aconseja Kevin

«¿Y de qué me sirve tener el corazón del verdadero creyente si no poseo magia, si jamás seré como mis madres y no puedo ayudarlas ahora que es cuando más me necesitan?» frustrado, se echa a llorar.

«Henry, no…» Regina se parte por la mitad al escuchar las palabras del hijo. Querría poder abrazarlo en aquel momento, tenerlo junto a ella.

En el castillo, Kevin se acerca al muchacho y se sienta a su lado, como un buen amigo.

«Tenéis la esencia de la magia, Henry» la voz del arpista es tranquila y profunda «Nada es posible si no creemos que lo es. La primera lección que tu madre Regina aprendió, antes incluso del primer hechizo, fue creer. Y debes saber que no fue fácil para ella…»

«¿Cómo lo sabéis?» el adolescente pregunta, desconfiado

«Porque es la primera lección que todos los que practican magia aprenden y siempre es difícil. Quizás la más difícil. Porque no hay pruebas, no hay ninguna base científica, no es posible tener o dar garantías de nada. Es solo…¡creer! Es un acto de pura entrega y coraje. Mirar a lo desconocido, a un horizonte turbio, y creer sin ver, sin tocar…» el bardo sonríe «Vuestra otra madre, Emma Swan, ¿fue fácil convencerla de quién era?» los dos ya habían conversado antes y Kevin había querido saber más detalles sobre la historia de la salvadora.

«No, ni un poco. Creo que fue lo segundo más difícil que he sido capaz de hacer…» recuerda

«¿Lo segundo?»

«Sí…lo primero fue hacer que mi madre Regina creyera que no era la Evil Queen, que no necesitaba serlo si no lo quería» el muchacho sonríe

«Eso es un gran logro, muchacho»

«Estoy muy orgulloso de ella…y aún me avergüenzo de muchas cosas que hice y dije. Sé que herí el corazón de mi madre como poca gente ha hecho» baja la cabeza

«Vedlo por otro lado: fuisteis el primero, en años, en romper la barrera impuesta por vuestra madre alrededor de su propio corazón, Henry. Vos le devolvisteis la sonrisa y algo que ella consideraba perdido para siempre» el músico espera a que el pequeño lo mire a la cara «Le devolvisteis el poder de creer que ella podía ser feliz, que podía amar» los dos sonríen «Estoy seguro de que ella ya os perdono los errores cometidos» pone el brazo en los hombros del muchacho y vuelven a centrar su atención en el instrumento que está en el regazo de Henry.

En Avalon, Regina deshace la magia en el espejo y aprieta el objeto contra su pecho. Pues claro que ya había perdonado a Henry. La relación entre ambos está ahora en otro nivel de confianza, los dos se sienten a gusto para hablar, demostrarse el cariño y compartir cosas que son solo de ellos. Algo muy semejante a los primeros años de infancia del pequeño, cuando él ni siquiera desconfiaba de la maldición ni nada parecido. Ya más calmada e incluso feliz por el modo en que el arpista lidiaba con su hijo, decide ir a buscar a su abuela.

Regina encuentra a Morgana en la cocina, concentrada en sus quehaceres.

«¿Te sientes mejor?» la Dama del Lago pregunta sin girarse

«Sí, gracias»

«¿El joven príncipe está bien?»

La reina se sorprende. ¿Cómo podría saber aquello?

«Creo que sí…» responde insegura

«¿Por qué no hablaste con él?»

«¿Cómo sabes lo que he hecho?»

Morgana termina de colocar las verduras cortadas en el caldero para preparar una sopa para cenar y mira a la nieta.

«Estás en mi casa, criatura» sonríe «Sé cuando uno de sus objetos es hechizado. Y, si no fuera por eso, pertenecemos a la misma familia y te siento. Creo que ya has percibido también mi magia, ¿no?»

«Sí, pero pensé que era algo común por aquí»

«De hecho, lo es. Los demás habitantes de Avalon, sin embargo, no comparten conmigo un lazo de sangre. Creo que sabes lo poderoso que es eso»

«Lo sé»

«Bien, tú sientes mi magia de otra forma, más intensamente que los demás»

Regina se relaja y le ofrece una tímida sonrisa a la abuela. Es todo muy nuevo para ella, aquella relación cercana y cariñosa, ser cuidada y amada sin reservas, sin miedo a lo que su madre pueda hacer.

«Veo tu unión con la isla, el modo en que tu magia se entrelaza con todo…»

«Es un vínculo especial y también de gran responsabilidad»

«¿Qué significa?»

«¿A qué te refieres, mi pequeña?» Morgana sabe que Regina pregunta sobre el hecho de ser la heredera de Avalon, pero quiere alentarla a no tenerle miedo al asunto

«Sobre lo que me dijiste antes, en la gruta de los espejos» mira profundamente los ojos, también castaños, de la abuela «¿Qué significa que soy la heredera de Avalon?»

Al escuchar a la nieta, Morgana sonríe. Hace tanto que espera ese momento…

«Significa que eres mi heredera, Regina, que mi puesto de Dama del Lago y guardiana de la magia es tuyo»

«Entonces…¿tendré que vivir aquí?» las emociones de la reina entran en conflicto al escuchar aquella confirmación

«Sí, esa es una de las condiciones para ser la Señora de Avalon, mi pequeña, residir en la isla, nutriéndola con tu magia y siendo nutrida por ella»

Al mismo tiempo que se siente honrada y ansiosa escuchando a Morgana, Regina se entristece. Porque ser la Dama del Lago significa no tener a su hijo cerca.

«¿Me quieres contar el motivo de tanta tristeza en tus ojos?» Morgana se acerca, pero sin tocarla

«Henry…no quiero separarme de mi hijo»

«En ningún momento he dicho que eso ocurriría»

«¿No?» Regina la mira sin entender

«Como bien escuchaste, tu hijo posee la esencia de la magia, Regina. Él puede vivir en Avalon, si así lo desea su corazón» sonríe

Por un momento, Regina se permite soñar. Tener a su hijo a su lado, en un lugar donde su magia es completamente libre la hace sonreír. Ya casi puede sentir la plenitud de aquello haciéndose real. Está segura de que Henry hará mil preguntas a todos y no sosegaría hasta haber explorado cada canto de Avalon. Pero su alegría se deshace porque sabe que aquello nunca sucederá. Henry tiene otra madre.

«Sé que a mi hijo le gustaría mucho conocer Avalon, pero…» suspira «Henry tiene otra madre, tiene una vida que para nada está ligada a esta isla. Y yo jamás haría nada para…no puedo separarlos ni pedirle a Henry que escoja» Regina desvía la mirada de Morgana.

«Siempre pensando en tantas cosas, Regina…» la Dama del Lago le toma las manos y le pide a la nieta que la mire «¿Me permites que te haga una propuesta?»

«¿Cómo Rumpelstiltskin?»

«No, querida, no es un trato. Es una propuesta. Puedes aceptar o no, y yo jamás exigiré nada a cambio»

«Está bien…»

Morgana la invita a sentarse

«Has atravesado un largo camino, desarrollando y entrenado tu magia oscura mientras que tu magia de luz permanecía adormecida. Gracias a tu hijo, conseguiste despertarla y tu hada madrina te ha ayudado a fortalecerla. Aun así, me gustaría poder ayudarte a desarrollar este lado tuyo para que puedas realmente equilibrar las dos naturalezas de tu magia»

«¿Un entrenamiento? ¿Cómo los que ha pasé con Rumpel o con Maléfica?» Regina está nerviosa, no le gusta mucho evocar algunos recuerdos de sus lecciones con Rumpel, aunque el tiempo pasado con Mal había sido muy de su agrado.

«Te puedo garantizar que mis métodos son bastante diferentes, mi nieta adorada. Y ya tienes conocimientos suficientes para ser más que una aprendiz. Me puedes ayudar en la escuela con nuestros pequeños aprendices y ser la responsable de algunas otras tareas» sonríe

La reina escucha aquello y está tentada en aceptar. La consciencia de su poder la instiga. Siente la magia tan cerca de su piel que casi le quema. Reconoce la verdad en las palabras de Morgana y siente tanto amor en su abuela que ansia descubrir cómo sería ser entrenada por ella. Y Regina sospecha que, si no pasa por esa etapa, difícilmente encontrará a Merlín. De momento, heredera de Avalon solo es un título, no es algo que ya sea.

«No es necesario que me responsas ahora» la voz de Morgana le hace volver de sus pensamientos «Vamos a cenar y dejaré que pienses sobre lo que he dicho. Cuando tengas tu respuesta, búscame. ¿Está bien?»

«Está bien» responde con un suspiro y una ligera sonrisa «No creas que esto no especial para mí, porque lo es…mucho….Solo que…»

«No hay nada que justificar, Regina. Solo que sepas que te entiendo y que todo está bien» Morgana sonríe

Las dos comparten la cena, envueltas en conversaciones ligeras, la Señora de Avalon quiere conocer detalles de la vida de la nieta y ella le revela cosas de Henry cuando era pequeño, su entrenamiento como druida y recuerda cosas de su propia vida.

Ya es noche cerrada y Regina no concilia el sueño. Está agitada en su sencilla cama, girándose de un lado a otro. Ora piensa en Avalon, en todas las sensaciones que lleva experimentando y en cómo su magia parece más potente ahí; ora piensa en Henry y en cuánto desea acompañar todos los pasos de su hijo por la vida.

La morena se levanta vestida con su camisón blanco y sencillo, de un tejido suave que se acomoda a las curvas de su cuerpo. Regina parece relucir, como las estrellas. Tiene un brillo nuevo en su piel, quizás fruto de su llegada a la isla. Sin poder calmarse, baja hasta la sala, en donde camina un poco hasta que escucha un ruido proveniente de fuera de la casa. Con cautela, Regina se encamina hacia el jardín de Morgana. El lugar parece un santuario con todas aquellas especies de flores, tan bien cuidadas que parecen sonreír. El ruido la pone en alerta una vez más e identifica que proviene del borde del bosque que limita con el jardín. La reina evoca una bola de fuego y la suspende en el aire, un poco frente a ella, iluminando el camino.

Un nuevo ruido hace que se ponga en movimiento hacia los árboles. La sensación de que es observada la incomoda, aun así, sigue caminando. Sus pasos la llevan hasta un claro. El graznido de una lechuza se escucha bien cerca. Al mirar hacia arriba, Regina ve un cielo limpio y bordado de estrellas, tan parecido al que veía en la hacienda donde había nacido que se siente como en casa. Cuando piensa en moverse, su cuerpo entero se congela ante lo que ve. Un par de ojos oscuros y bellos la observa. La reina siente que su respiración le falla ante el unicornio negro que se presenta ante ella. Paralizada, no se atreve a dar ni un paso. El animal anda alrededor de ella, como si la reconociera. La morena sabe que había sido la responsable de la muerte de uno de aquellos magníficos seres. La orden de Rumpel le había dolido tanto…pero ella tenía que cumplir. Y aunque matara una parte de sí misma, ella lo hizo. De regreso al presente, la criatura mágica parece aceptarla. Y entonces una hube roja lo envuelve. En lugar del unicornio, aparece un hombre de ojos púrpura y facciones duras.

«La criatura de la profecía…» su voz es primitiva e impone respeto «Es un honor conoceros finalmente, Regina de Avalon» él inclina un poco la cabeza en señal de respeto

«¿Quién sois vos?» la reina se recupera del asombro y lo mira de frente

«No temáis, no he venido a heriros ni nada de eso» él parece sonreír, pero no puede estar segura.

«He preguntado que quién sois» un escudo mágico envuelve a Regina

«Soy Ciarán, guardián del Otro Mundo, señora. Mis respetos» él le hace una reverencia «Gracias por venir»

«¿Qué queréis de mí?» ella no baja la guardia

«Solo he venido para llevaros a un encuentro. Alguien que os estima mucho y a quien mucho estimo desea veros y os espera»

«¿Un encuentro?»

«No exactamente. Y debo advertiros que no es fácil abrir el portal para el Otro Mundo cuando no estamos en la Gran Noche, pero el deseo de quien os espera es grande y estoy feliz en colaborar. ¿Su Majestad puede hacer el favor de acompañarme?»

Ella duda. No sabe si debe creer en aquel ser misterioso. Aunque casi está hipnotizada por sus ojos de ese color tan diferente.

«No daré un paso a menos que sepa a dónde estoy yendo y quién está aguardándome»

«Siento deciros, Majestad, pero no hay coordenadas que me permitan localizarlo, ni puedo revelaros el nombre de quien os llama. Solo os pido que confiéis en mí»

Aquellas palabras le suenan como a una prueba. Sabe que no es prudente, pero…él es un unicornio, a fin de cuentas, un ser puro y mágico. Además de ser también un espíritu guardián.

«Vamos entonces» decide

Ciarán se ve satisfecho con la respuesta de la reina

«¿Por dónde vamos?»

«Perdón, Majestad, pero haremos nuestro camino de otra manera» el guardián se transformó otra vez en unicornio y se agachó junto a Regina, señalándole que montara.

La morena lo mira incrédula. Su sueño, después de que aprendiera a montar, había sido encontrar a un unicornio y poder cabalgar sobre él. Sabe que eso es muy raro que ocurra, al final, ellos son seres puros y superiores. Pero allí hay un unicornio negro como la noche autorizándole a montarlo. Con todo el respeto, sube y aprieta firmemente las piernas en el torso del animal, agarrándose en sus crines, pero sin tirar. El trote comienza suave y pronto Regina abre una inmensa sonrisa. El aire frío de la noche la envuelve, su cuerpo se estremece y, cuando se da cuenta de que el animal sagrado está preparado para galopar sin riendas que lo aseguren, inclina más el cuerpo, casi echándose sobre él. Al notar que está segura y confiada, el unicornio acelera el trote. Los dos se adentran en el bosque saltando sobre troncos caídos, como si dividiesen la madrugada por la mitad con el temblor del suelo bajo los cascos. La reina se encuentra en un estado de éxtasis con sus cabellos sueltos, arremolinándose con el viento.

Al entrar en un nuevo claro, el unicornio disminuye la velocidad hasta alcanzar un trote suave y finalmente se detiene. Los dos esperan a que sus corazones se calmen antes de cualquier movimiento. Regina baja y siente su ritmo cardiorespiratorio en armonía con la naturaleza que tiene alrededor, notando cómo una fuerza única se manifiesta en su interior. Está descalza y le gusta sentir la hierba, húmeda por el rocío, bajo sus pies.

«Majestad…» Ciarán le extiende la mano y ella lo sigue

Los dos caminan hasta tres árboles cuyos troncos se abrazan formando un pequeño hueco entre ellos. A una corta distancia del sitio, el guardián se detiene.

«Por favor, esperad aquí» Ciarán deja a Regina más atrás y se encamina hacia los troncos retorcidos del árbol

De sus raíces, extrae un objeto. De lejos, la reina puede ver que es un cayado. El guardián del Otro Mundo abre los brazos y evoca una magia antigua, en una lengua que hasta ella desconoce. Siente, sin embargo, que se trata de algo ancestral, que envuelve los grandes misterios de la magia.

El hueco entre los árboles comienza a ganar un brillo rojo intenso y se va ampliando hasta revelar una puerta. Tras ella, emana una luz en un tono lila claro, indicando misterio. Ciarán bate su cayado tres veces en la puerta y tres veces en el suelo mientras recita una palabra desconocida. Con los ojos aún más púrpuras, se gira hacia Regina y hace un gesto para que ella se acerque.

«Majestad, ¿aceptáis la visita de quien mucho desea veros?» no hay ninguna señal de quién puede ser. Aun así, superando la cautela y la racionalidad, desea abrir aquella puerta.

«Sí, acepto»

Tras resonar su voz firme y regia en la noche, la puerta cede y se abre. Un silueta envuelta en luz aparece y atraviesa el hueco abierto. Regino no logra creer quién está delante de ella. La reacción de su cuerpo es tan intensa que cae de rodillas.

«Mi niñita…» la voz de Henry abraza a la morena y él se agacha para reconfortarla

«Pa…papá, yo…»

«¡Shh!» la abraza para calmarla «¡Estoy tan orgulloso de ti, Regina, tan feliz de que finalmente estés en casa!»

«¿Tú…sabías todo esto?»

«Si tu pregunta se refiere al camino que tú atravesaste, tenía alguna idea, hija mía, pero no lo sabía todo. Solo tienes que creer cuánto me dolió acompañar tu sufrimiento y cuánto me entristecía verte tan triste. Pero no sabía, no en un comienzo, que eras la criatura de la profecía, tan esperada en Avalon» confiesa

«¿Por qué soy esperada en esta isla, papá?»

«Perdón, mi pequeña, pero no puedo revelarte eso. He venido esta noche para hacerte un pedido» atrae a Regina hacia él como hacia cuando era una niña y Cora la castigaba.

«Pensé que me echabas de menos…» la voz de ella sale triste

«Querida mía, claro que echo de menos nuestras conversaciones, las tardes en que dejabas de ser la reina y volvías a ser solo mi pequeña…» le da un beso en su cabeza «Pero siempre estoy contigo, hija mía, en todo momento. ¡Siempre seré tu padre!»

«¿Incluso después de todo, papá? ¿De todo lo que hice?»

«Has crecido tanto, Regina…puedo verlo. Estás abriendo tu corazón de nuevo y es de eso de lo que he venido a hablar»

«No te entiendo» se miran con las manos dadas

«Regina, amaste a Daniel sin miedo, te entregaste a ese sentimiento tan bonito y tan poderoso sin recelo ante lo que pudiera suceder y…»

«Y lo perdí, papá…murió por amarme, a manos de mi madre» Regina llora

«Así fue porque así debía de ser, no cargues con culpas que no te pertenecen, hija. Tienes que perdonarte»

«No consigo olvidar, no consigo…»

«No te pido que olvides, sino que te perdones»

«¿Es eso lo que has venido a pedirme?» ella desvía la mirada

«No, Regina, no es eso. Hija, mírame…» ella obedece «He venido para pedirte que no tengas miedo de entregar tu corazón de nuevo»

«Papá, yo…»

«Solo escúchame. Eres capaz de amar, Regina. Y de ser amada también intensamente. No te aferres al pasado, no te pierdas en miedos, deja que tu corazón te muestre el camino» pide Henry «¡Por favor!»

Regina baja la cabeza, quiere tanto creer en aquello, tanto…

«Aprovecha tu tiempo con tu abuela, mi madre es la mujer más sabia que he conocido y también la más poderosa. Tiene mucho que enseñarte, hija, y desea esto desde que naciste» el druida sonríe a su pequeña

«¿Cómo sabes que…que pretendo quedarme en la isla?»

«Tienes que quedarte…hasta encontrar a Merlín y convencerlo para que te ayude, ¿no es verdad?»

«Sí…creo que sí…pero, ¿y después? Yo…»

«Después piensas en el después, Regina. Deja que tu corazón se serene, permítete aprender con tu abuela, desarrolla la magia que posees. Eres alguien muy especial, hija. Y aunque no hubieras nacido con magia alguna, para mí, siempre serás la mayor preciosidad que podría querer en mi vida» Henry acaricia el rostro de la reina

«Papá, no lo merezco, yo…»

«Perdónate, hija mía. ¡Perdónate! Y entrega tu corazón al amor, acuérdate de esto cuando llegue la hora, ¡lo sabrás! ¿Puedes hacer eso por mí?» le pide agarrando su rostro

«Lo intentaré…» dice insegura

«Vamos, mi hija es una reina, en todos los sentidos, y puedes hacerlo mejor que eso» ella sonríe

«Lo haré lo mejor que pueda, papá»

«¡Ahora sí!» los dos se abrazan «Gracias por creer. ¡Gracias por venir!» Henry se pone de pie y ayuda a Regina a levantarse. Se despide de su hija con un beso demorado en su cabeza, y luego le da un abrazo «Te quiero, mi pequeña, siempre te querré…»

Henry se encamina hacia el portal, le agradece a Ciarán el esfuerzo y desaparece en medio de la luz. Regina, estática en el sitio donde su padre la dejara, se abraza a sí misma mientras las palabras de su padre se asientan en su interior. Ellas sabe que tendrá un largo camino por delante hasta conseguir perdonarse a sí misma. Al mismo tiempo, se pregunta qué ha querido decir Henry cuando le ha pedido que abra de nuevo su corazón al amor. ¿Acaso ya no lo había hecho? ¿Había amado de verdad a Robin Hood, su prometido desde el Bosque Encantado?

Hubo admiración, sí. Deseo, con certeza. Incluso podría haberse enamorado, pero…ser dejada atrás tantas veces y encima ver a su hermana envuelta en la historia había sido demasiado para ella. ¿Habría amado la reina al arquero? ¿Habría permitido que él entrara en su corazón? Lo duda.

«Majestad» Ciarán se acerca, sacándola de su estado de letargo

«Gracias por haberme traído hasta aquí, por permitirme este encuentro con mi padre. Ha significado mucho para mí.

«A vuestra disposición, Regina de Avalon» el guardián del Otro Mundo vuelve a transformarse en un unicornio negro y también se despide de la reina.

Ella se estremece al escuchar aquel título por segunda vez. Sí, se permitirá aprender con su abuela, desarrollar el otro lado de su magia que aún no domina por completo. Y si su futuro es permanecer en la isla, sabrá lidiar con aquello. De momento, necesita a Merlín para que él consiga librar a Emma Swan del cruel destino de ser la Señora Oscura hasta que otro tome su lugar. Y Regina no quiere ni pensar en la posibilidad de que aquello suceda, pues Rumpel tuvo que matar el Dark One anterior para poseer el poder de aquella daga.

La morena regresa a su cuarto llena de cuestiones. Entiende, no obstante, que está en proceso de conocerse, de descubrirse a sí misma. Necesita tener paciencia, un ejercicio siempre desafiante para ella. Sintiendo aún el abrazo de su padre, se acuesta y finalmente se duerme.

Regina se levanta temprano al día siguiente. Al mirarse en el espejo, reconoce una pequeña llama en el fondo de sus ojos. Sonríe algo tímida al reconocer aquel brillo. Ya lista y con tu túnica azul, baja a la cocina y toma la iniciativa de preparar el desayuno para la abuela, que pronto aparece.

Con pocas palabras, las dos se entienden. Morgana irradia felicidad al saber que la nieta ha aceptado su propuesta. Aquella mañana, la Dama del Lago lleva a Regina hasta la escuela de aprendices y la morena se ve interactuando con jóvenes niñas y niños, con las miradas atentas puestas sobre ella, llenos de preguntas y expectativas. Cuando se da cuenta, ya lleva la clase de hechizos y pociones de modo tan natural que parece que siempre ha hecho aquello.

Al final de la tarde, la Señora de Avalon lleva a la nieta hasta su espejo de agua, donde ella tiene sus visiones. Queda en una zona más al norte de la isla, de suelo más rocoso. Alrededor del espejo de agua, las formaciones pedregosas parecen formar pequeños bancos donde las dos se acomodan. Morgana y Regina se dejan envolver por la paz del silencio, sin ansiedad, solo meditan hasta que la luna creciente se ve reflejada en la superficie del agua.

«Regina, la magia oscura te fue enseñada por grandes maestros que la practicaban. Rumpelstiltskin, que era el propio Dark One; Cora, que fue aprendiz de Rumpel y se volvió una gran hechicera; y Maléfica, descendiente de un antiguo linaje de hechiceras metamorfas, las más poderosas, de hecho. No hay nada más que yo pueda decirte sobre ese lado de tu magia» la Dama del Lago se levanta y rodea el espejo de agua, quedando frente a Regina, con el gran cáliz de piedra entre las dos «Sobre la magia de luz, sin embargo, tu primer maestro fue tu hijo, el joven príncipe Henry Daniel. Desde entonces, has seguido algunos pasos sola contando con alguna ayuda de Tinkerbell» cuando la luna creciente se pone exactamente en medio del espejo de agua, Morgana se apoya en el borde y mira fijamente a la nieta «Ahora dime, Regina de Avalon, ¿cuál es la esencia de la magia de luz?»

Escuchar a Morgana llamarla de aquella forma parece despertar algo en su magia. Regina se siente vibrar por entero, pero no se asusta. Solo cierra los ojos y respira, permitiéndose, dejándose envolver por la magia que lleva en sí. La reina entiende con propiedad la magia oscura, había vivido todos los niveles de aquel camino. Ahora, está al borde de un nueve sendero.

«Yo…desconozco la respuesta»

«No juegues conmigo, criatura, ni te mientas a ti misma. Abandona el miedo, estamos aquí, ante la Luna, guía de nuestras emociones. Siéntete a ti misma, Regina, tienes la respuesta. Así que, dime: ¿cuál es la esencia de la magia de luz?» Morgana es incisiva, se deja ver en todo el esplendor de su exuberancia, la guardiana de la magia impresiona a su nieta y heredera.

En aquel momento, se siente envuelta por el suave viento que sopla en la isla y escucha en un susurro la voz de su padre. "No te aferres al pasado, no te pierda en miedos, deja que tu corazón te muestra el camino" Regina baja la cabeza, aún sin sentirse segura

«El amor…» responde en un hilo de voz

«Mírame a los ojos cuando me respondas, Regina de Avalon, yo soy la Dama del Lago» la voz de Morgana le llega cargada de intensidad, como nunca antes la había escuchado «Dime de modo que yo, todos los seres que se encuentran a nuestro alrededor y todas nuestras antepasadas que aquí estuvieron puedan escucharte. ¿Cuál es la esencia de la magia de luz?»

«La esencia de la magia de luz es el amor» Regina acepta la provocación y responde firme, con la cabeza erguida. Cuando su voz resuena en las piedras de alrededor, el espejo de agua gana un nuevo brillo, suave y reconfortante, haciendo sonreír a Morgana.

«Tu respuesta ha sido aceptada por Avalon, Regina. A partir de este momento, comenzamos tu entrenamiento. Ven aquí» hay una mezcla de emociones en la voz de aquella pequeña mujer.

Cuando la nieta se coloca a su lado, le pide que mire hacia el espejo de agua. Al principio, nada sucede. Poco a poco, el reflejo de la reina se deja ver. La Dama del Lago extiende su mano izquierda hasta mojarla y toca a Regina en la cabeza, marcándola con una señal, la luna creciente. En ese mismo momento, aquella se encuentra dentro del cáliz, y la señal de su frente comienza a brillar.

La magia de Regina se manifiesta fuertemente, envolviendo todo su cuerpo, expandiéndose por todos los lugares. Luz y oscuridad buscando la armonía y el entendimiento en el interior de la morena, buscando la conexión con la isla, génesis de toda magia. La reina levita poco a poco, no busca tener control del momento, se permite ampliar sus dones y sonríe. Cuando se siente una con las flores de Avalon, íntima con el núcleo de cada manzana, presente en las gotas de agua y en las profundidades de las montañas, Regina no puede aguantar por mucho tiempo la fuerza de aquella revelación. Antes de caer, sin embargo, los cuidadosos brazos de Morgana la acogen.

Después de aquella noche, Regina duerme durante tres días seguidos. Su magia continúa manifestándose, buscando nuevos caminos, surcando nuevos enredos. El sueño de la reina es tranquilo, restaurador, transformador. Poco a poco, sus células entienden el ritmo de vida en Avalon, se coordinan en aquella danza plena de vida. Al abrir los ojos, Morgana está a su lado, agarrando una de sus manos.

Los días en Avalon siguen con una rutina tranquila. Regina da algunas clases para los jóvenes aprendices de magia; cumple con las tareas a ella designadas por su abuela y estudia el libro dejado por su padre. Una semana tras otra, y pronto la reina completa seis lunas en su nueva vida. Es preciso recordar que el tiempo en la isla sigue otro compás, diferente al de Camelot, Storybrooke o cualquier otro reino.

A pesar de la añoranza que siente por su hijo, busca en el amor de Henry fuerzas para continuar. Su abuela y maestra es paciente y amorosa, le confía los secretos de la isla y las dos pasan algunas tardes a la sombra de los manzanos, practicando algunos ejercicios nuevos para Regina, a quien se le está dando muy bien realizar los verbos construir y cuidar.

En Avalon, se siente aceptada. Las personas no la temen. Se siente a gusto para conversar, mostrarse cercana e incluso hasta divertirse. Maeve, una de las aprendices más cercanas a Morgana, se ha llegado a convertir en una compañía constante e incluso una gran amiga. Las dos intercambian información sobre ingredientes y propiedades mágicas de muchos elementos. Regina permite que la joven hechicera tenga acceso a algunas anotaciones de su padre y acaban creando juntas dos nuevas pociones de sanación, que pronto son llevadas más allá de la isla para que puedan ayudar a quien las necesiten. La expresión de la reina, antes, sobria y cerrada, se torna leve, con una sonrisa acogedora.

En esa noche, tendrá lugar la celebración del equinoccio de primavera. La isla entera parece prepararse para el alineamiento especial de los astros y la luna llena que pronto se anunciará en el cielo. Profundamente integrada con todo aquello, Regina se siente plena, aunque algo aún la incomoda. Prefiere, no obstante, ignorar aquella sensación y se concentra en todo lo que tenía que hacer: los hechizos para el fuego ceremonial, la preparación del cuerpo y del espíritu, la mente enfocada en el corazón de Avalon y en su propio renacer ante un nuevo camino.

Las danzas y los cánticos alrededor de las grandes hogueras encendidas en campo libre llenan la noche. Cuando la luna alcanza su cenit en el cielo, todas ella se apagan, dejando que solo el brillo de la nocturna dama resplandezca sobre todos los cuerpos. A una señal de Morgana y Regina, las piras, candelabros y chimeneas de dentro de las casas, otrora apagados, se encienden con un fuego nuevo, que se mantendrá encendido hasta que se cierre otro ciclo de la rueda de la vida. Las ofrendas son entregadas a las divinidades celebradas, la abundancia de la isla es compartida entre todos y la alegría contagia a los presentes. El florecer de nuevos sentires para tantos parece afectar a la heredera de la Dama del lago.

En cuanto las festividades acaban, Morgana busca a su nieta y sabe que la encontrará cerca del lago, jugando con sus dedos en la superficie del agua, introspectiva y absorta.

«Gracias por estar a mi lado hoy, querida» se agacha un poco para besarle sus cabellos

«Es un placer, abuela» Regina sonríe ampliamente, la relación entre las dos se ha ido estrechando a lo largo de los meses y ya no había ningún recelo en llamar a Morgana abuela.

«Ahora dime, ¿qué es esa nube que pasa sobre tu corazón?» la guardiana de la magia se sienta quedando frente a su nieta

«Creo que tendré que esforzarme más si quiero esconderte algo, ¿no?»

«¿Y deseas de verdad esconderme algo?»

«No es eso, pero…»

«Intenta decirme qué está sucediendo, no te preocupes en darle sentido, solo habla»

«Está bien…» retira la mano del lago y la posa tranquilamente en su regazo, buscando así la mirada de su abuela, cuya profundidad jamás había sido capaz de medir «Desde que acepté la propuesta y comenzamos con este entrenamiento, si es que puedo llamarlo así, siempre que busco fuerzas, que necesito algo que me dé soporte, pienso en Henry, en mi hijo» ella sonríe al hablar de su pequeño.

«Puedo entender tus motivos» Morgana usa su voz para transmitir calma a la nieta

«Ha funcionado bien, pero no siempre. Cuando hago algo que exige más de mi magia, como cuando me pediste que me concentrara y entrase en contacto con todas las formas de vida que habitaban en la isla, eso no funcionó y no lo conseguí. Lo llevo intentando y aún no he tenido éxito. Hace días que no siento más progresos con mi magia de luz, sé que la balanza, digámoslo así, que existe en mí aún está desequilibrada. Intenté pensar en Daniel, intenté pensar en mi padre, incluso en mi madre porque…a pesar de todo, yo…la quiero» se desahoga «Pero nada parece apropiado, nada parece funcionar»

La Señora de Avalon ya esperaba aquellas palabras y siente deseos de abrazar a su nieta que, a pesar de ser dueña de una magia muy poderosa, que en breve deberá superar a la suya, aún no consigue encontrar ciertas respuestas tan sencillas.

«Querida mía…hay momentos en que necesitamos encontrar el más profundo significado del amor en nosotros. Solo cuando seas consciente de eso podrás entrelazar tu ser con todas las formas de vida de esta isla, expandiendo así tu magia a tantos niveles que sería imposible nombrarlos»

«¿Qué estoy haciendo mal?»

«No es lo que estás haciendo mal, Regina, pues, de hecho, no hay acierto o equivocación en tu proceso de crecimiento y desarrollo de la magia de luz. Recuerda, estás aquí para descubrir quién eres en todas las dimensiones de tu alma y eso significa encontrar algunas verdades que quizás…» la pequeña mujer busca una manera de decir aquello sin darle demasiadas pistas «Quizás te hayas tropezado con ellas ya antes, ¿comprendes?»

«¿Sería muy malo si digo que no?»

«Sería sincero, mi pequeña. Vamos a intentarlo así…Regina, ¿qué te viene a la mente cuando te pregunto cuál es el amor más profundo que sientes?»

Regina aprieta sus ojos. Realmente cree que el amor más profundo que es capaz de sentir es el que siente por su hijo.

«Henry…decidí tener un hijo, lo amé desde el primer momento en que lo tuve en mis brazos y, aunque descubrí la verdad de sus orígenes, decidí mantenerlo conmigo, aunque temía lo que aquello podía significar»

«¿Estás segura de eso?»

«¿Que si estoy segura de que amo a mi hijo?»

«No, mi pequeña, pregunto que si estás segura de que es solo Henry quien se encuentra tan enraizado en tu corazón como si hubiera nacido en él, como si no tuvieras alternativa si no amarlo»

Regina se deja llevar por sus sentimientos, que se desanudan de forma desordenada en su mente. Ve algunas escenas del Bosque Encantado, pero nada de aquello le llama la atención. Luego pasa a Storybrooke y entonces revive el momento en que toda su vida había cambiado completamente: Emma Swan llega a la puerta de la mansión de la alcaldesa de Storybrooke después de que su hijo fuera a buscarla a Boston.

A partir de aquel instante, el compás del corazón de Regina cambia. Siempre hubo tantos sentimientos alrededor de Emma Swan que casi siempre se perdía cuando pensaba en aquella mujer. Había detestado comprender la amenaza que ella representaba al mismo tiempo en que parecía atraída de una manera inaudita e irrevocable hacia ella. Había vuelto a alimentar la rabia, pero no era solo eso, había siempre una fuerte tensión entre ellas, un deseo latente siempre agazapado, aguardando un mínimo desliz.

Cuando su magia no era suficiente para realizar lo que era necesario, Emma Swan estaba a su lado. Juntas habían sido capaces de librarse del succionador de almas, de derrotar al chernabog, de absorber la magia del disparador de la maldición, de enfrentarse a los destinos trazados para ellas hasta entonces y se complementaban de una forma tal que hasta sus magias se entrelazaban.

Por más que intentaran seguir por caminos diferentes, hacer desvíos que parecían de verdad placenteros por momentos, algo siempre las hacía volver, siempre necesitaban encararse y parecían ser las únicas capaces de entenderse plenamente la una a la otra en aquella ciudad. Por eso, Regina había sido capaz de hacer que Emma no cruzara la línea con Lily, de traerla de vuelta cuando la razón y su esencia parecían haberla abandonado por completo.

De hecho, Emma Swan la hacía sentirse singular y especial. Y la rubia testaruda encima le había hecho la promesa de que no descansaría hasta que Regina no tuviera su final feliz. Y en un gesto que nunca nadie había sido capaz de hacer por la reina hasta entonces, Emma se había entregado a la magia de las tinieblas , la misma que envolvía a la morena y la conducía a las profundidades de la oscuridad, por donde ella ya había caminado. Emma Swan se había ofrecido a sí misma en sacrificio por Regina. Y, en aquel instante, la reina había sentido su pecho oprimirse de una forma inexplicable. Porque la luz que iluminaba sus oscuridades había sido llevada por un vórtice de magia para convertirse en la nueva Dark One. Y eso ella no lo podía permitir. No podía perder a Emma que, sin poder explicarlo o entenderlo, ya se había vuelto fundamental en su vida. No habría felicidad para la reina si la rubia no habría de estar presente.

Los recuerdos de los días pasados con Emma en la cabaña del árbol invaden la mente de Regina. Los pequeños gestos, los toques, los descubrimientos y las complicidades. Los dos besos rápidos que, en pocos segundos, la hicieron vibrar como si la vida entera estuviera dentro de ella. Las pocas noches compartidas, la sensación de pertenencia, las sonrisas que parecían no tener fin. Las discusiones, los aprendizajes. Con Emma, Regina no necesitaba ser una reina, alguien llena de certezas, la alcaldesa de la ciudad, una segunda oportunidad, nada de eso. Con Emma, Regina podía ser solo…Regina. Y cuando la rubia la miraba con aquel verde palpitante de sus ojos, ella sabía que podría entregarse, que podría permitirse sentir y que siempre se vería en aquella mirada.

Regina siente su corazón latir más rápido por la clarividencia de aquel momento. Ni aunque quisiera, sería capaz de levantar de nuevo las barreras alrededor de su corazón. Cuando finalmente mira a Morgana, la pequeña mujer le sonríe como si ya supiera lo que le pasaba por dentro.

La fuerza de aquella revelación hace que la magia de Regina trascienda. Siente su cuerpo multiplicarse, capaz de alcanzar todas las partes de Avalon, desde lo más profundo de la tierra al más alto cielo. Ella es agua, fuego, aire y tierra. Ella es el latir de la vida, el misterio de la existencia. Ella es el equilibrio entre los mundos restaurados. Ella es la entera señora de sí misma al mismo tiempo en que no se perteneces porque hay otro ser que existe en ella y en quien ella desea morar.

Gracias al reflejo de la luna llena sobre su cabeza, Regina se siente plena también, como nunca antes en su vida. La respuesta a la pregunta de su abuela sale en un tono que parece restaurarla de todos sus dolores y espanta todos sus miedos.

«Amo a Emma Swan»