Queridos lectores:
Debo reconocer que el recibimiento de este fic no me tiene contenta. Recibo como un 5% de reviews comparado con los hits de los capítulos. ¿Qué sucede?.
Espero que les guste este chap y me dejen sus comentarios. El que viene ya lo tengo escrito... y tiene algunas cosas interesantes.
Muchas gracias a los que me leen y apretan el go!. Por ustedes va la historia.
Un beso desde un Nunca Jamás que se va de paseo a la playa (xD)
Ember.
Capítulo XIX: Volviendo a la normalidad
Cerró la puerta del departamento medianamente aliviado de por fin quedarse a solas con ella. Toda la semana había estado preocupado de atender a la gente que lo iba a ver, y ese silencio del que disfrutaba se le hacía bastante cómodo.
Caminó con cuidado hacia el umbral de la puerta de su habitación, y la abrió despacio, sin intención de despertar a la pelirroja que ahora dormía sobre la cama, con su rostro algo más sonrosado que el pálido enfermizo del último tiempo.
Se sentó en la silla de siempre, admirando ese perfil fino, esas pecas graciosas sobre su nariz. Aún no podía borrar la sonrisa en su rostro al recordar cómo pronunció su nombre después de tanto tiempo, y sintió su corazón agitarse de sólo pensar que ella había vuelto a despertar… que había vuelto a la vida.
- Harry…- murmuró somnolienta estirándose bajo el cobertor que cubría su cuerpo delgado-. ¿Mi mamá ya se fue?-.
Los ojos verde esmeralda brillaron al escuchar esa voz suave, como el tintineo de una campana, dirigiéndose a él. Bajó su mirada hacia esos ojos chocolates que lo observaban.
- Todos salieron a hacer una y otra cosa- le señaló-. Ron a ver algo en la oficina, George a trabajar en la tienda, tu papá a hacer acto de presencia en el ministerio, y tu mamá a comprarte ropa porque la que tenías te queda muy grande…-.
Ginny asintió y buscó la mano de Harry para entrelazarla con sus dedos.
- Entoces… ¿estamos solos?- le interrogó, corriéndose a un lado para que Harry se recostara junto a ella.
- Sí, por fin solos- reconoció él, acomodando su brazo bajo el cuello de Ginny y atrayéndola a él, sintiendo el peso de su cabeza sobre su pecho.
Permanecieron durante unos minutos así, en silencio. Abrazados bajo el edredón floreado que los cubría, y sintiendo el mutuo calor de sus cuerpos, acompañados de sus respiraciones pausadas.
Aunque Harry se sentía bastante inquieto a la vez… porque desde que Ginny había despertado una pregunta pululaba en su cabeza, y aún no tenía la valentía de hacerla. Lo que Harry se cuestionaba una y otra vez era: ¿Qué había pasado con el embarazo de la pelirroja?.
OoOoOoO
Las invitaciones a tomar desayuno se estaban haciendo una rutina entre los dos, y no sólo eso, sino que la cena y hasta los cafés de media tarde eran cada vez más acostumbrados, como si el no verse significara perderse parte esencial del día.
Por lo general era Luna quien asistía a dichos encuentros en la gran mansión, exceptuando las veces que Theo se aparecía en su oficina como sorpresa, enviando sólo un par de segundos antes una lechuza con el aviso de que llegaría ahí… en cualquier momento.
Toc, toc.
Tocó la puerta añejada de la gran casa, enrollando el pañuelo en su cuello y cubriéndose la nariz.
La puerta se abrió y apareció el rostro arrugado de Mary Sue, quien ahora sonreía con su boca sin dientes a la chica rubia que a cada día le agradaba más. La verdad era imposible que una muchacha tan alegre fuera odiada por mucho tiempo.
- El señor la está esperando- dijo como forma de saludo, y la dejó pasar.
Luna arrastró la cola de su túnica celeste por el mármol blanco, siguiendo a la mujer hacia el gran comedor.
- Ya no tienes la piel irritada- le comentó con una sonrisa-. Te dije que las hojas de menta darían resultado, nada aleja más a los bimbimdin que ellas-.
La mujer asintió y abrió la puerta que llevaba al salón principal, el cual antecedía al comedor.
- Sí, dio más resultado de lo que esperaba la verdad, muchas gracias-.
Con una nueva sonrisa Luna se despidió de la empleada de la mansión Nott, y entró al gran comedor que ya se hallaba engalanado para la primera comida del día. Un mantel blanco con bordados verdes cubría una mesa larga para veinte personas. Y alrededor de racimos de flores y fuentes de frutas, se podían hallar mermeladas, dulces, quesos, huevos revueltos y un sinfín de alimentos que significarían para Ron el paraíso.
Theodore Nott la observaba desde el otro extremo de la mesa, poniéndose de inmediato de pie al verla entrar. Sus ojos castaños se posaron en aquella mujer de mirada soñadora y sonrisa dulce, y se adelantó unos pasos hacia ella.
- Buenos días- saludó, besando su mano con caballerosidad, él siempre era un caballero-. Durante un momento pensé que no llegarías-.
Luna sonrió y besó ambas mejilla de aquel rostro deformado, tomando asiento en la silla que él había corrido hacia atrás, justo a su lado.
- Es que me atrasé porque tuve que asegurarme que Hermione fuera a trabajar hoy, verla en ese estado de depresión me da mucha tristeza- confesó, bajando su mirada y recordando las lágrimas que su amiga le había soltado por la mañana.
El hombre asintió y se sentó a su vez. Tomó con sus manos una bandeja de dulces y se la ofreció a su acompañante.
- Lamento escuchar eso… sé lo difícil que es salir de una depresión, a veces realmente crees que no hay motivo para seguir viviendo-.
Tras aquellas palabras Luna levantó su mirada, encontrándose con aquellos ojos castaños que le parecían tan amables, tan bondadosos. ¿Cómo alguien tan afable puede caer en depresión?, se preguntó.
- ¿Cuándo creíste eso?- le cuestionó tomando un dulce y dejándolo en su plato, a la vez que se servía una taza de té aromático.
- Cuando me convertí en esto…- murmuró Theo mirándola-. Cuando me transformé en un monstruo-.
El corazón de Luna se apretó en su pecho. Para ella era inconcebible que alguien como Theo se considerara un monstruo, un ser despreciable sólo por su capa exterior. Con el pasar de los años y las vivencias de la guerra Luna había aprendido que lo de afuera no era más que un engañador envoltorio: sólo una vez que probamos el dulce le podemos sentir su verdadero sabor.
- No eres un monstruo- lo regañó tomando su mano con naturalidad, acariciando con sus dedos aquellas palmas repletas de cicatrices de guerra-. Cualquiera que sepa apreciar lo bueno reconocerá en ti lo maravilloso que eres-.
Thero sonrió, mas aún así la tristeza que sentía era obvia en su mirada melancólica. Sin importar cuánto le dijeran que lo exterior no era importante, él estaba seguro que el mundo jamás lo aceptaría con esa cáscara podrida, desarreglada… terrorífica.
- No debes sentir tristeza de estar así, porque estoy segura que cada cicatriz….- le murmuró rozando con sus yemas las marcas de su mentón-, cada mínima herida de tu rostro fue por una buena causa. Y no hay nada más noble que arriesgar lo superficial por lo trascendental-.
Y Theo sí se impresionó de aquellas palabras, porque Luna no podía ni imaginar cuánta razón tenían ellas.
- Luna, ¿a ti no te importa que yo sea así?-.
La mirada azulina chocó con aquellos ojos castaños que estaban invadidos por una mezcla de miedo y esperanza. Luna volvió a dejar su mano sobre la del hombre dañado y sonrió.
- No me importa en lo más mínimo- reconoció-. Sé que eres una buena persona, y eso me basta para confiar en ti-.
Perdido en esos ojos azules Theo se sintió absolutamente culpable…¿Confía en mí?, se cuestionó con sus ojos abiertos a más no poder, ¡Diablos!, no quiero que ella se arrepienta de depositar en mí su confianza… ¿qué haré cuando se entere del plan?.
OoOoOoO
Avanzar por los pasillos del ministerio había sido una de las cosas más difícil que le había tocado hacer. A su alrededor no podía dejar de escuchar los murmullos que se levantaban, a la vez que sus compañeros de oficina la miraban con lástima.
Luna tocó muy temprano la puerta de su departamento. Con una rosquilla en mano la había obligado a despertar, y sin aceptar un no por respuesta la llevó al baño y le mostró su propio reflejo en el espejo.
- A él no te gustaría verte así, Herms- le murmuró despejando de su rostro los enredados mechones castaños-. Debes sonreír por él, y nunca perder la esperanza… él jamás la perdió cuando tú desapareciste-.
Y con esas palabras logró convencerla de hacer algo por su vida. Estando ahora ahí… a unos pasos de su oficina.
- Hola, Señora Granger- saludó rápidamente Elsa, su secretaria-. ¿Está bien?, ¿quiere un café?-.
Hermione le sonrió de vuelta y miró las carpetas acumuladas en el escritorio de la chica.
- Un café cortado bien cargado y que te comuniques con el señor Lucius Malfoy, debo ir a hablar con él-.
Con un gracioso asentimiento la chica se sentó tras el mesón y comenzó a escribir un memorándum, con el cual comunicarse con la secretaria del primer ministro.
Hermione volvió a sonreír con esa curvatura de labios vacía y entró a su oficina, admirando que estaba tal cual ella la había dejado antes de partir a su horrendo viaje a Paris…
Sus ojos se repletaron de lágrimas tras aquel recuerdo.
En su cabeza no se podía dejar de atormentar por haber engañado a Oliver al final. No podía dejar de asquearse al pensar que los últimos labios besados habían sido los de su más horrible pesadilla, y no los de su adorado amor. Hermione no podía dejar de reprocharse por haber sido tan débil, tan estúpida.
¿Cómo se había dejado caer?, ¿cómo cambiar el pasado?.
En su vida ahora tenía dos misiones que cumplir, y sería capaz de morir por llevarlas a cabo: primero descubriría qué había sucedido con Oliver, encontraría su paradero y lo salvaría de cualquier penuria que estuviera sufriendo. Luego averiguaría todo sobre la marca, sobre aquella poción dorada que Malfoy la hacía beber, y averiguaría si Ginny fue tratada igual que ella durante su secuestro.
No se volvería un cadáver inútil. No permitiría que la dejaran aparte en la investigación. Hermione Granger tenía un gran motivo para seguir viviendo, y ese era encontrar a su esposo a salvo, sin importar qué dificultades pudiera encontrar en el camino.
Se sentó en su escritorio y se fijó de inmediato en un retrato de Oliver que tenía en un marco dorado. Aparecía con su uniforme de quidditch antes de la gran copa anual. En su sonrisa se podía leer determinación, habilidad y su bien conocido carisma. Y sus ojos castaños brillaban, antecediendo la victoria en el juego.
Un picoteo en su ventana la sacó de sus cavilaciones. Con paso tranquilo le abrió camino a la lechuza que se detuvo sobre su escritorio, la cual obedientemente esperó que Hermione soltara el pergamino antes de echar vuelo y desaparecer.
La nota que la castaña tenía en sus manos era de una caligrafía más que conocida. Abrió el sobre y reconoció la letra de Harry en su interior.
"Miembros de la Orden:
Hoy habrá reunión a las siete de la tarde. En el lugar de siempre y con la contraseña de siempre.
Los espero.".
Y sin más la nota se desintegró en sus manos, volviéndose ceniza grisácea sobre su escritorio.
- ¿Señora Granger?- llamó Elsa entrando al despacho y mirando extrañada la ceniza que ensuciaba la mesa que ella había limpiado hace sólo una hora atrás.
- Dime, Elsa- dijo Hermione, sacudiendo el polvo hacia el suelo y tomando asiento otra vez.
La secretaria suavizó su expresión y miró a su jefa.
- El Primer Ministro solicitó verla de inmediato, ¿le confirmo su asistencia?-.
La castaña asintió con cansancio y se puso de pie.
- Sí, entre antes mejor-.
OoOoOoO
Miraba a través de la ventana con una orgullosa sonrisa en su rostro. El trabajo iba de bien en mejor, y nada podía traerlo más contento que hacer bien aquel encargo que la ciudadanía mágica le había encomendado.
Sus ojos grises se fijaron en las túnicas algo más veraniegas que las personas habían comenzado a usar. La primavera ya estaba acabando y ello significaba que la época de vacaciones iniciaba, y con ello la búsqueda de reemplazos para los distintos puestos del ministerio.
Suspiró resignado y dirigió su mirada a la puerta cuando esta fue golpeada…
- Adelante- dijo ordenando los papeles de su escritorio.
De inmediato la puerta se movió y por ella entró una muchacha castaña, de túnica negra y piel pálida. El maquillaje no lograba ocultar las aureolas violáceas que rodeaban sus ojos hinchados, y el rictus serio de sus labios no era más que un reflejo del bajo ánimo que envolvía su alma destrozada.
- Señora Granger- saludó Lucius poniéndose de pie y llegando donde la muchacha-. Lamento mucho lo sucedido, pero le puedo asegurar que los mejores aurores del departamento lo están buscando-.
Ni las palabras amables de Lucius Malfoy, ni la verdadera- y atípica- mirada de preocupación que él le dirigía fueron suficientes para impresionarla. En ese momento lo único que quería era entregarle el informe a su jefe e irse, para encerrarse tras las torres de papeles que debía revisar.
- Gracias- respondió por inercia-. Tome, acá está el informe del viaje a Paris-.
Lucius asintió y tomó la carpeta con sus dedos delgados, mirando el gran grosor del informe que la castaña le había entregado.
- Tome asiento antes de irse- le solicitó, caminado hacia su propia silla y poniéndose cómodo en ella.
Sin mucha pleitesía Hermione tomó asiento. Al ir no había tenido intención de quedarse más de cinco minutos… y ahora que tomaba asiento, estaba segura que la reunión sería más larga de lo esperado.
- Le quiero decir desde ya que cuenta con todo el apoyo del Ministerio en lo que está viviendo- le dijo, mostrándose lo más humano nunca antes visto-, pero conociéndola lo que la conozco, que no será mucho, pero sí suficiente, sé que usted, Señora Granger, es una mujer que sabe separar lo emocional de lo estrictamente profesional… es por ello que tengo que informarle acerca de…-.
Las palabras de Lucius se vieron interrumpidas por el chillar de las bisagras, y Hermione no tuvo necesidad de mirar hacia atrás para saber quien había interrumpido la conversación- o el monólogo- que se llevaba a cabo en la oficina.
El aroma de Malfoy le llegaba perfecto a la nariz… tensándole toda la columna. Esos pasos elegantes avanzaban por el piso hasta el escritorio. Y sí, ella tenía razón… podía sentirlo llegar donde fuese, su sola presencia la incomodaba de sobremanera.
- Padre- dijo a modo de saludo-. Señora Granger, un gusto verla por fin por acá- señaló, inclinando su cabeza hacia ella y buscando su mirada que se negaba a enfrentarlo-. Quiero que sepa que lamento mucho lo sucedido, si hay algo que yo pueda hacer por usted, no dude en pedírmelo-.
La sangre de Hermione se concentró en sus mejillas. ¿Cómo ese pedazo de hombre podía ser tan descarado?. ¿Cómo se atrevía siquiera a hablarle así?. Apretó sus puños, concentrando en ellos toda la rabia. Y no lo miró, sabía que el negarle la vista lo enojaría.
- Gracias- murmuró sin mostrar mayor inquietud, aunque por dentro hirviera. Draco asintió y tomó asiento junto a ella.
El primer ministro tomó un par de carpetas azules que había dejado a un lado y se las pasó a ambos jóvenes sentados frente a él. Con su mirada leyó la expresión de sus gestos cuando ellos se detuvieron en el título del archivo… y algo le molestó del fruncimiento de Hermione… algo que no comprendía.
- El viaje está destinado para la próxima semana, claro está. Acaban de llegar y sería muy cruel de mi parte pedirles que partieran de inmediato- comentó Lucius acomodándose en su asiento-. Sé que suena bastante sacrificado, pero es un trato necesario que debemos llevar a cabo, no vaya a ser que en España…-.
Por segunda vez en el día Lucius se veía interrumpido al momento de dar una instrucción, y airado elevó la vista hacia la ventana y se dirigió a ella, permitiendo que el conjunto de lechuzas que ahí esperaban entraran a la oficina.
Con rapidez cada lechuza se posó junto a cada persona que le correspondía. Las tres llevaban una nota amarrada en su garra, y esperaban ansiosas llevar a cabo su trabajo e irse, como Draco se pudo percatar al desenrollar el pergamino…
"Señor Draco Malfoy:
Es un honor para la comunidad de Hogwarts invitarlo a usted a la celebración que se llevará a cabo el día viernes, 16 de Octubre, a causa del aniversario de los mil años de nuestra querida Institución.
Como ex alumno del colegio será bienvenido con los honores que ello significa, exigiendo solamente para su llegada la etiqueta que esté a la altura de lo celebrado.
Esperando que asista a tan esperado evento.
Profesora Minerva McGonagall
Directora de Hogwarts".
Draco sonrió y dobló el papel.
- No tenía idea de que el colegio estaba de aniversario- comentó.
Lucius asintió y dejó el papel a un lado. Posó su mirada en ambos jóvenes y esperó que Hermione lo mirara, como sucedió después de un prolongado silencio.
- Entonces, como les decía, deberán pegarse un viaje a España… hay muchos problemas que solucionar. Y ustedes demostraron ser una gran pareja en lo que a trabajo se refiere-.
La castaña pudo sentir el peso que las palabras de Lucius tomaban en ese momento. Aunque fuera a rango profesional, el ser pareja de Malfoy era algo que le producía asco.
Draco sonrió y se aclaró la garganta, rozando con su mano apenas la pierna de la muchacha cubierta por su túnica negra, en un movimiento casual, aunque él lo hiciera con un fin determinado.
- Claro, padre, toda la razón- señaló, enfatizando cada palabra-. Con la Señora Granger hacemos una pareja de lo mejor… ¿no es así?-.
Y una sonrisa traviesa se dibujó en sus labios, mientras veía como la castaña a su lado comenzaba a enrojecer, claramente nerviosa…
Ella, a pesar de todo, aún lo deseaba… y el viaje a España sería el lugar para saciarse de ese deseo.
&
Ok!
Se viene baile de Hogwarts!!! Y muchas sorpresas en el mismo.
También habrá reunión de La Orden.
Y... viaje a España!
¿Qué pasó con el embarazo de Ginny?.
¿Qué esconde Theo?.
¿Qué pretende Draco?...
Ya tendremos respuestas.
Espero sus comentarios...
Ember.
