Capítulo 21

MARINETTE

Me esperaba muchas cosas de aquel encuentro. Sobretodo, me esperaba muchas cosas de mí misma. Muchas reacciones que temía fueran incontrolables. Me asustaba. Sin embargo, cuando la calmada voz de Adrien me invitó a pasar y abrí la puerta, algo inexplicable me sucedió. Bastó con que nuestras miradas se encontraran al cruzar el umbral de la puerta para que una misteriosa tranquilidad me inundara el cuerpo, y no tenía nada que ver con la magia de Tikki. Era algo diferente, no me envolvía sino que nacía desde lo más hondo de mí.

—Hola Marinette —saludó Adrien con una sonrisa ligera. Su mirada era dulce.

—Hola Adrien —correspondí el saludo. Aunque tenía el pecho apretado por la emoción de verlo, mi voz era tranquila.

La última vez que lo había visto había sido cuando había traído el halcón, que dormitaba junto a su cama en el nido que yo misma había hecho, y había estado profundamente dormido. El rencor y la duda me habían acosado durante lo que ahora parecía una eternidad. Me había sentido como un ratón en una jaula, sin saber qué hacer para escapar. Y, sin embargo, había bastado un simple cruce de miradas para que mi corazón recordara qué era lo que verdaderamente sentía. Una sonrisa distraída me invadió los labios ante el pensamiento. La de tiempo perdido y sufrimiento que me habría ahorrado si hubiera sido consciente de ello…

— ¿Marinette? —me llamó Adrien, intentando erguirse de la cama con cuidado—. ¿Pasa algo?

Salté sin darme cuenta, sorprendida por haberme ensimismado tan profundamente en mis pensamientos.

— ¡Oh, no, nada de eso! —intenté justificarme, negando rápidamente con la cabeza—. Es solo que me alegro de verte tan bien, después de lo que pasó…

—Entonces, ¿por qué no te acercas? —me pidió con una sonrisa amable—. Se me hace raro hablarte desde la puerta.

Asentí y me obligué a inspirar hondo antes de avanzar hacia él y sentarme en la silla que había contigua a la cama. Él no era simplemente Adrien Agreste, mi compañero de clase y amor secreto; él era Chat Noir, el gato travieso que había cautivado mi corazón sin que yo me diera cuenta de ello. Ya era hora de dejar los nervios atrás.

— ¿Cómo te encuentras? —le pregunté una vez me acomodé en el asiento.

—Muy bien, me recupero rápido —contestó, quitándole hierro al asunto. Su respuesta despreocupada me hizo enarcar una ceja.

—No lo dudo. Cualquiera no habría logrado sobrevivir a lo que te sucedió.

Involuntariamente, me estremecí al recordar los afilados hierros atravesándolo macabramente, el enorme charco de sangre a sus pies y su rostro pálido y mortalmente frío. No quería volver a tener esa imagen frente a mí. Era una pesadilla.

—Sí, tuve suerte de que Ladybug me encontrara —admitió con un suspiro melancólico que me hizo estremecer nuevamente—. Y aparentemente soy fuerte, así que todo va bien.

Me lo dijo con tranquilidad, pero pude ver brillar el instinto bromista y ladino de Chat Noir en sus ojos.

—Es una suerte que tengas semejante fortaleza entonces —afirmé, tomando su mano sobre las sábanas y dándole un apretón amistoso—, aunque agradecería que no la pongas tan a prueba la próxima vez. Quizás tú lo cuentes, pero al resto de nosotros nos puede dar un infarto.

Adrien miró sorprendido nuestras manos unidas. En ese momento recordé que solo yo era consciente de toda la verdad. Para Adrien tenía que ser confuso que Marinette, quien se había distanciado de él por su amor a Chat, mostrara repentinamente esa cercanía. Su reacción me hizo sentir como si le fuera infiel a Chat, pese a que eso no tenía ningún sentido. El ser consciente de que Adrien y Chat Noir eran la misma persona habían causado que me dejara llevar.

Empecé a retirar la mano, obligándome a dejarlo como un mero acto amistoso, pero Adrien me lo impidió, entrelazando sus dedos con los míos. Su mirada se clavó en nuestras manos y su rostro se tornó serio.

— ¿Qué ocurrió?

La repentina pregunta me sorprendió.

— ¿A qué te refieres? —pregunté a su vez.

Él permaneció sin alzar la vista, así que le imité y clavé la mirada en nuestras manos entrelazadas. Tenía la impresión de que la charla amena había llegado a su fin. ¿Era porque él también había sido consciente de la corriente eléctrica que parecía habernos recorrido al entrar en contacto? ¿Él también sentía el hormigueo? ¿Era eso lo que lo había impulsado a dar un paso adelante?

—Durante las últimas semanas, solo tuve noticias vagas acerca de ti, ¿ocurrió algo?

Apreté mis labios, replanteándome qué contestar a una pregunta tan esquiva. Dulce y calmado como solo Adrien podría ser, pero por primera vez me estaba dando cuenta de que las intenciones del Chat Noir que conocía estaban debajo, bien camufladas. No me había enamorado de un engaño, sino de las dos caras de una misma moneda.

—Me surgió un problema —comencé a decir, dudando cómo explicarme—, algo que no sabía cómo resolver y me aisló del mundo. Descubrí algo que me hizo dudar de todo y ya no sabía qué debía hacer, qué era correcto y qué era lo que quería.

Sentía la mirada de Adrien clavada en mí. Yo, distando de lo que decía mi instinto cobarde de mantener la mirada totalmente alejada de la suya, alcé la vista. Sus ojos lucían serios e interesados. Apreté la mandíbula, obligándome a no mirar hacia otro lado.

No sé qué vio Adrien en mis ojos, pero me sonrió levemente y comenzó a acariciar con su pulgar la palma de mi mano. ¿Fue una reacción instintiva, quizás? Tuve que luchar contra la sonrisa tonta que intentaba invadir mis labios, aunque no pude vencer del todo.

— ¿Lo has resuelto? —cuestionó, irguiéndose de nuevo en la cama—. Puedes contar con mi ayuda, siempre.

Siempre. Esa era una gran verdad. Pese al gran secreto que nos distanciaba, siempre había podido contar con él, pasara lo que pasara.

—Lo sé —admití, sintiendo como definitivamente toda la tensión de mi cuerpo desaparecía.

Ya no había dudas, ya no había miedo. Adrien nunca me había contado su secreto, del mismo modo que yo jamás le había contado el mío; pese a que su situación como Chat y su amor por Ladybug y Marinette planteaba unas circunstancias muy similares a la mía con Adrien y Chat. La auténtica verdad estaba allí, entre nosotros, en ese momento. No importaba si había un antifaz en medio o no, me había enamorado de Chat al igual que me había enamorado de Adrien, de la misma forma, con los mismos sentimientos, porque eran la misma persona. Y la vibrante y dulce emoción que sentía en ese momento, siendo él Adrien y yo Marinette, no podía ser mentira. Le quería y estaba totalmente segura de que Adrien jamás me había mentido con sus sentimientos hacia mí.

—Me ha costado mi tiempo, pero ya sé la verdad y lo que debo hacer.

La mirada curiosa se intensificó en sus ojos verdes hasta el punto en que me dieron ganas de reír. En cualquier momento aparecerían sus orejas negras sobre su cabeza, erguidas por la mera curiosidad.

—¿Y esa verdad es…?

Puse mi otra mano sobre la suya, de manera que ambas manos sujetaran suavemente la suya. Adrien parpadeó sorprendido, pero me sonrió ante el gesto. Su sonrisa era un tanto confusa, aunque no era de extrañar. No estaba actuando para nada como de costumbre. La situación extrañamente me divirtió, pese al terror que me había supuesto ese encuentro. Acaricié su mano tranquilamente, tratando de transmitirte todo mi cariño con el gesto. Intenté lucir tranquila, pese a que mi corazón bombeaba con toda su fuerza contra mis costillas.

—Adrien, en realidad…

Antes de poder continuar, un estallido llenó el aire, sobrecogiéndonos a ambos.

—¿¡Qué ha sido eso!? —exclamó Adrien, alarmado.

Por su mirada, esa era una pregunta retórica. Ambos sabíamos muy bien qué era capaz de provocar semejante estruendo. Vi como intentaba levantarse de la cama en dirección a la ventana.

— ¡Detente! —exclamé, cogiéndolo de los hombros y obligándolo a recostarse nuevamente —. No estás en condición de hacer movimientos bruscos.

Me alejé de él y corrí a la ventana esperando poder encontrar la causa de todo a la vista. Y allí estaba. Una enorme nube negra cubriendo el centro de París y destrozándolo todo con sus rayos. Si era a causa de la mariposa huida, debía estar escondida en el centro de todo.

Un nuevo trueno impactó contra uno de los edificios más altos del centro, derritiéndolo y derrumbándolo. Era una auténtica pesadilla.

La ola eléctrica llegó hasta nosotros, poniéndonos los pelos de punta. El halcón se alborotó en su nido, asustado.

—Marinette.

Me giré en el acto ante el llamado de Adrien. Su rostro lucía preocupado y feroz. Él sabía tan bien como yo el desastre que se estaba desatando fuera. Estaba listo para el combate, para protegerme como ya había hecho en el pasado. Si el halcón se había centrado tanto en mi persecución en el pasado, no sería una sorpresa que el akuma siguiera manteniendo sus intenciones. Pero yo era consciente de que si Adrien entraba en el conflicto en su estado, no importaba con cuánta protección de su kwami contara, no saldría de ésta.

Definitivamente, había llegado la hora.

—Adrien —Me acerqué a él con el ademán más serio y seguro que había en mi interior—, debes mantenerte aquí, a salvo. No permitiré que ese akuma llegue hasta aquí.

— ¿Qué tú no…? —preguntó acongojado y palideciendo por segundos. Intentó levantarse, pero nuevamente se lo impedí—. ¡Marinette! ¡No estás preparada para eso! ¡TE MATARÁ!

Le sonreí calmadamente, pese a que sabía que un combate contra semejante akuma, en solitario, ciertamente podía acabar así.

—No eres el único que cuenta con el apoyo de la suerte, ¿lo sabías? —dije, intentando aportarle confianza. Le acaricié la mejilla, gentilmente, tratando de memorizar su tacto y su calor—. Suelo tener muy buena suerte, ¿no es así, Tikki?

Antes de que Adrien pudiera contestar, Tikki voló hacia mí con la velocidad de un cohete y rápidamente me envolvió con su poderosa mágica.

— ¡TIKKI, TRANSFÓRMAME!

El traje de Ladybug rápidamente me cubrió la piel, inundándome de su espíritu y su fuerza. Adrien me observaba ojiplático y sin capacidad de decir nada. Casi parecía haberse olvidado hasta de respirar.

Tentada por una despedida antes de adentrarme en la batalla, puse ambas manos en sus mejillas y me incliné hacia él. Uní mis labios con los suyos en lo que pretendí que fuera una caricia inocente. Quería marcharme con el sabor de sus labios. Sin embargo, Adrien pareció reaccionar en ese momento. Me aproximó más a él abrazándome por la cintura y paseando su mano por mi cuello. Intenté evitar cargar con mi peso a Adrien, cuyo pecho seguía herido, pero a él eso parecía importarle bastante poco. Su beso dulce y demandante me recordó a lo que habíamos vivido en la casa de su madre. No pude evitar corresponderle, acariciando con cuidado la piel de su rostro y peinando su cabello con sus manos.

Aunque el beso solo duró unos instantes, nos arrebató el aliento rápidamente. Nos separamos, manteniendo nuestras frentes unidas. Abrí los ojos, encontrándome con que Adrien los mantenía cerrados. No quería separarme de él, pero sabía que debía marcharme. Era mi deber.

—Te protegeré y volveré a salvo —le prometí con voz queda—, así que espérame, Chat Noir.

Adrien abrió los ojos, sorprendido. La verdad estaba totalmente a la luz y eso me produjo semejante sensación de libertad que me dieron ganas de llorar. Contuve las lágrimas, sabiendo que Adrien podía malinterpretarlas y no tenía tiempo para convencerle. Le di un último beso, tan fugaz como intenso, y me separé de él.

Salté por la ventana de la habitación sin mirar atrás.


¡Hola a todos, lindas flores!

¿Cómo se os ha quedado el cuerpo después de la despedida? No podéis decirme que aquí no ha pasado nada, ¡qué se ha desvelado todo el pastel!

En fin, esperaré con ansias vuestras opiniones acerca de este capi (sé que más de uno esperaba más salseo, pero..., ¡el chaval está convaleciente y la batalla ya ha estallado!).

Con un beso y un bizcocho, ¡nos leemos pronto!