Capítulo 20

Edward me sostiene firmemente y con facilidad logra apoyarme en la pared mientras que él maniobra para abrir la puerta sin interrumpir el beso. Sé perfectamente qué sigue después y no pienso detenerlo además de ser consciente de que mi cabeza no escuchara razones.

Edward cierra de una patada la puerta detrás de sí, camina a trompicones por la sala que está a oscuras y de golpe me deja caer en el sofá. Con cuidado se pone encima de mí y comienza a repartir suaves besitos por mi cuello, suelto un suspiro y cierro los ojos. Él desliza sus manos por mis brazos hasta llegar a mis piernas, luego empieza a subir de nuevo hasta llegar a mis muslos y juega con el dobladillo de mi vestido. Cada toque es como una descarga eléctrica que recorre todo mi cuerpo y termina en… Hmm, bueno, ahí.

Escuchó el ligero chasquido del interruptor al encender la luz. Abro los ojos de golpe y la luz deslumbra tanto mi visión que automáticamente tengo que llevarme una mano a los ojos. Edward sigue encima de mí pero su cuerpo se pone rígido en cuanto escucha lo mismo que yo. Me incorporó en un rápido movimiento y Edward cae al suelo con un gruñido. Frente a mí y a un lado de la puerta esta Alice.

"Mierda" pienso. No se supone que debería estar aquí. Me dijo que trabajaría hasta tarde y aun no es ni medianoche. ¿Qué diablos hace aquí? No escuche el sonido de la puerta al abrirse por lo que creo que estaba aquí cuando llegamos, quizás se encontraba en su habitación. Debió escucharnos al llegar, no fuimos muy silenciosos. La situación en si es bastante incomoda y al parecer nadie sabe qué decir. Edward aún no puede salir de la sorpresa y permanece en el piso, mientras que Alice nos mira a ambos alternativamente como si pidiera una explicación.

Alice ya me había dicho que Edward no era alguien confiable y aunque no me lo había dicho directamente sé que a ella no le gustaría que estuviera con él. De lo único que estaba segura era que ella sí preferiría verme con él y no con Emmett. No entendía la razón de eso pero algún día me enteraría. Mientras yo buscaba desesperadamente algo que decir, Edward salió al rescate con uno de sus comentarios ingeniosos aunque no muy adecuado para el momento.

–A veces puedes ser un poco inoportuna, Alice –dijo poniéndose de pie.

Me di cuenta de que estaba conteniendo la respiración y en ese instante sentí que la atmosfera comenzaba a aligerarse, aunque Alice seguía mirándome con la incógnita presente en su rostro. Me encogí de hombros levemente y me lleve las manos al cabello tratando de arreglarlo pues debía estar hecho un revoltijo, también me bajé el vestido con disimulo. Le sonreía a mi amiga con timidez, lamentablemente ella no pudo responder igual pero no me sorprendió.

–Creí que estarías acompañando a Esme, Bella –dice Alice y alcanzo a captar su tono de reproche.

–Me dijo que podía irme. No se quedaría mucho tiempo en la fiesta de Aro, mencionó una reservación –respondí a modo de explicación. Ella asintió como si recordará, al menos esa parte de la historia aunque sé que ella no entendía cómo había terminado con Edward. Sentí que debía explicar eso también y traté de sonar lo más casual posible: – Por suerte Edward estaba allí. Ocurrió un accidente y tuvimos que volver antes. Esme pensó que estaba bien.

–Está bien. Debes estar muy cansada. Trabajar para mi madre no es fácil. ¿Por qué no vas a dormir? –pregunta Alice. Asiento y camino en dirección a mi habitación.

Cuando cierro la puerta de mi dormitorio me recargo en ella y pongo una mano en mi pecho, mi corazón está latiendo muy rápido. Una vez que consigo calmarme me quito el vestido y los zapatos, busco mi pijama y la deslizo por mi cuerpo. Me siento mejor cuando siento la suave tela se presiona contra mi piel.

Me acuesto en la cama cubriéndome con la cobija. Intento dormir pero todos mis sentidos están más despiertos que nunca. Edward tenía razón, habían sido demasiadas emociones en una sola noche. La inquietud crece en mi interior de manera inesperada y las preguntas surgen con ella. Edward me dijo que yo lo había cambiado de alguna manera, obviamente él había hecho lo mismo conmigo pero ahora, sin estar bajo su desconcertante presencia, podía detenerme a pensar con detenimiento. ¿Qué pasaba si él tenía una gran habilidad persuasiva y sólo quería tener sexo conmigo? ¿Habría mentido para obtener lo que quiere? Dijo que nunca había tenido la necesidad de rogarles a las mujeres. Tampoco mantuvo en secreto que yo fui su próximo objetivo la primera vez que me vio.

Mis pensamiento no tardan en llevarme a la deriva y yo me dejo llevar por la pesadez del sueño.

Despierto agitada, sudorosa y jadeante a causa de la pesadilla. Miro por la ventana y compruebo que aún no sale el sol. Deben ser las cinco de la madrugada. Intento establecer mi respiración a un ritmo constante. Estiro la mano para encender la lámpara que reposa sobre la mesita de noche a un lado de mi cama, la tenue luz consigue tranquilizarme un poco.

Nunca pensé que me dolería perder a alguien hasta que soñé con Edward y veía cómo su cuerpo era absorbido por la siniestra oscuridad a pesar de gritarle y suplicarle que se quedara. Hasta que desperté. Afortunadamente era sólo una terrible pesadilla. Ya había tenido malos sueños antes de esta noche, pero la desesperación que me invadió no la sentí jamás, hasta ahora.

Decidí que una ducha era la mejor solución para todo. Me quitaría el asqueroso sudor viscoso que se aferraba a mi piel, además me ayudaría a despejar mi mente y el agua caliente relajaría mis músculos. Me puse de pie y agarre mis cosas en un rápido movimiento. Mi mano estaba sobre el pomo de la puerta, dispuesta a girarlo cuando una pequeña serie de susurros al otro lado me detuvo.

Sabía que Alice debía despertarse temprano pues nunca me encontraba con ella por las mañanas, también tenía la pequeña duda sobre si dormía o no. Por un momento creí que estaba hablando con alguien por teléfono, pero me sorprendió escuchar la voz de Edward respondiéndole. La curiosidad ardió en mi interior y antes de pensarlo pegue mi oído a la puerta para enterarme de más.

–No puedo creer que estés haciendo esto, Edward –le dijo Alice arrastrando las palabras. Por su tono de voz era obvio que estaba molesta.

–No es lo que piensas –Edward parecía más tranquilo, intentaba razonar con ella.

–Sí, claro. Anoche me mostraste bastante bien que no es lo que pienso –respondió Alice con sarcasmo–. Te conozco perfectamente, Edward.

Sí. Definitivamente están hablando de mí o de lo que paso anoche, de cualquier forma sé que estoy involucrada. El remordimiento por escuchar a escondidas no evita que siga pegada a la puerta, quiero conocer la respuesta de Edward.

–Las cosas son diferentes ahora. Bella es distinta y mi intención no es hacerle daño.

– ¿Esperas que te crea? –preguntó Alice.

Pasaron varios minutos en silencio y me pregunté si aún seguían allí.

–Edward, he vivido sola aquí por años. ¿Sabes lo horrible que es eso? Es un milagro que Bella aún siga aquí. Te agradecería que no intentaras seducir a mi amiga.

–Mi plan no es seducirla, quiero enamorarla –respondió Edward con determinación.

–Inténtalo con alguien más, Ed. Si insistes en engrandecer tu ego al querer conquistar a Bella tendré que pedirte que te marches de mi casa –dijo Alice. Después de eso escuche el sonido de la puerta principal al abrirse y cerrarse.

"¡No!" Edward no podía irse aún. "¿Por qué Alice no confiaba en él?" Me dolía pensar en la respuesta pero sabía que era verdad. Si Edward me hubiera dicho que me amaba un par de días antes habría pensado que estaba de broma. De alguna forma comencé a dudar mis conclusiones hacia los sentimientos de Edward ya que si de verdad me quería no habría intentado aprovecharse de mí en el sofá la noche anterior. Por otro lado, él le había confesado a Alice que su propósito era enamorarme aún sin saber que ya lo había hecho.

En ese momento decidí que lo mejor era volver a la cama y dormir. Deje mis cosas en sus respectivos lugares. Sentía mi cabeza pensada por tantas cosas en las que debía pensar pero no quería empezar el día con dudas que resolver. Buscaría otro momento y lugar para pensar con claridad.